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[Misión Autonarrada - Rango D] Una Sombra en el Tejado
Natsu Ashida
Rango Genin
Clan Uchiha
Nivel 11
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Inteligencia10(1)
Especiales
Salud10
Velocidad22
Tenketsu10
Sigilo10
510
505
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12-10-2026, 12:36 AM
Verano 48 del Año 150
Konohagakure no Sato – Zona Residencial
Petición de la Misión

Cuando me explicaron el motivo de la misión, no pude evitar preguntarme si de verdad hacía falta enviar a un shinobi para investigar algo así. Un vecino de la zona residencial aseguraba haber visto una figura moviéndose por los tejados durante las últimas noches. No había desaparecido nada, nadie había encontrado daños en sus casas y tampoco se habían registrado otros incidentes. Simplemente había alguien paseándose por los techos cuando todos deberían estar durmiendo.

Aun así, si alguien se había tomado la molestia de informar sobre aquello, supuse que lo mejor sería averiguar qué estaba pasando. Después de todo, tampoco tenía sentido esperar a que ocurriera algo malo para empezar a preocuparse.

Así que, al caer la noche, me dirigí a la zona residencial para hablar con el vecino que había solicitado la investigación. El hombre me recibió en la entrada de su casa y me explicó lo que había visto con un poco más de detalle. Según él, la figura solía aparecer a una hora parecida, cruzaba un par de tejados y desaparecía entre las casas antes de que pudiera distinguir su rostro. No sabía si se trataba de un ladrón, pero le preocupaba que alguien estuviera merodeando tan cerca de las habitaciones de los residentes.

– ¿Y nunca has intentado hablar con él? – Pregunté.

El hombre me miró como si acabara de decir una tontería.

– ¿A esas horas de la noche? ¡Ni siquiera sé quién es! – Exclamó.

– Ya... – Me crucé de brazos y me quedé pensando durante un instante. – ¡Bueno, no te preocupes! ¡Iré a averiguar quién es!

Con eso, me despedí del vecino y comencé a recorrer las calles cercanas, procurando no llamar demasiado la atención. Si aquella persona llevaba varias noches haciendo lo mismo, lo más probable era que volviera a aparecer. Solo tenía que esperar un poco y mantener los ojos abiertos.

Al principio no ocurrió absolutamente nada.

Las casas permanecían en silencio, iluminadas de vez en cuando por la luz que escapaba de alguna ventana. Los pocos vecinos que todavía caminaban por la calle fueron desapareciendo poco a poco, mientras los sonidos habituales de la aldea dejaban paso al canto de los insectos y al ocasional ladrido de algún perro.

Yo, por mi parte, comenzaba a impacientarme.

Estar quieto durante tanto tiempo no era precisamente mi actividad favorita, y tampoco ayudaba que el asunto pareciera demasiado sencillo como para necesitar tantas vueltas. Si alguien estaba saltando de tejado en tejado, ¿por qué no aparecía de una vez?

Me apoyé contra una pared y crucé los brazos.

– ¿Por qué siento que me han tomado el pelo...? – Murmuré, aburrido.

Y, como si hubiera escuchado mi queja, algo se movió sobre una de las casas cercanas.

Levanté la cabeza inmediatamente. Una silueta acababa de cruzar el tejado, agachándose durante un instante antes de saltar hacia la siguiente vivienda. El movimiento fue rápido, pero alcancé a distinguir su figura contra el cielo nocturno.

– "¡Ahí estás!" – Pensé, aliviado de comprobar que el vecino no se lo había inventado.

Me separé de la pared y eché a correr hacia el callejón más cercano, buscando una manera de subir sin tener que atravesar la casa de nadie. Encontré una escalera apoyada contra un cobertizo y trepé hasta alcanzar un tejado bajo. Desde allí pude ver a la figura avanzando entre las casas, justo como había descrito el vecino.

No parecía tener demasiada prisa, pero tampoco se detenía durante mucho tiempo en un mismo sitio.

Comencé a seguirla, procurando mantener cierta distancia. No era que tuviera una gran experiencia vigilando desconocidos desde los tejados, pero al menos sabía saltar de un lugar a otro sin caerme de inmediato. Además, no quería que aquella persona se diera cuenta de que la estaba siguiendo antes de averiguar qué hacía allí.

El recorrido nos llevó por encima de varias viviendas hasta llegar a una construcción más antigua, situada en la parte trasera de una de las casas. La figura descendió hasta un pequeño alero y desapareció detrás de una estructura de madera.

Me detuve sobre el tejado contiguo.

¿Adónde se había metido?

Me acerqué un poco más, prestando atención a los sonidos que venían de abajo. Al principio solo escuché un leve roce, como si alguien estuviera acomodando algo en el suelo. Después, un maullido rompió el silencio.

Parpadeé.

¿Un gato?

Antes de que pudiera sacar una conclusión, la figura volvió a moverse. Esta vez pude distinguir mejor su tamaño y la forma en que cargaba una pequeña bolsa a un costado. No parecía llevar nada parecido a un arma, aunque tampoco podía asegurarlo desde donde estaba.

Decidí dejar de perder el tiempo. Me impulsé desde el borde del tejado y aterricé sobre el alero, a poca distancia de aquella persona.

– ¡Oye! – Le llamé.

La figura dio un respingo tan brusco que casi dejó caer la bolsa. Cuando se giró hacia mí, descubrí que no era ningún adulto misterioso, sino un muchacho de unos doce años, con el cabello revuelto y la cara completamente pálida por el susto.

Nos quedamos mirando durante unos segundos.

– ¿Qué demonios haces aquí a estas horas? – Pregunté, señalando el tejado con una mano.

– ¡Yo no he robado nada! – Respondió el chico de inmediato, apretando la bolsa contra su pecho.

Fruncí el ceño.

– ¡Ni siquiera te he preguntado eso!

El muchacho pareció darse cuenta de que había hablado demasiado rápido. Bajó un poco la mirada y comenzó a juguetear nerviosamente con el borde de la bolsa.

– Es que... pensé que eras alguien que venía a atraparme. – Admitió.

– Bueno, no te equivocas del todo. – Respondí, apoyando ambas manos en las caderas. – Me mandaron a investigar quién anda por los tejados durante la noche.

Al escuchar aquello, el muchacho terminó de encogerse sobre sí mismo.

– Pero no estoy haciendo nada malo...

– Eso ya lo veremos. – Dije, sonriendo de lado con cierta malicia. – ¿Por qué estás subiendo a las casas? ¿Y qué llevas ahí?

Durante un momento pensé que intentaría inventarse alguna excusa, pero terminó suspirando y abrió un poco la bolsa para mostrarme su contenido. Dentro había un pequeño recipiente con agua y varios trozos de pescado.

– Hmm... – Miré la bolsa y después al muchacho. – ¿Vienes a cenar aquí arriba? – Pregunté.

– ¡No! – Exclamó, negando rápidamente con la cabeza. – ¡Es para la gata!

Señaló con el dedo hacia la estructura de madera por la que había desaparecido antes. Al otro lado, escondida entre unas vigas y el alero, se encontraba una gata de pelaje oscuro. A su alrededor había dos pequeños bultos que no tardé en reconocer como un par de gatitos. La madre nos observaba con cautela, protegiendo a sus crías mientras mantenía las orejas levantadas.

– Oh... – Ahora empezaba a tener sentido.

El muchacho me explicó que había encontrado a la gata varios días atrás, cuando escuchó maullidos procedentes de aquella casa desocupada. Al acercarse, descubrió que el animal había tenido crías en un hueco bajo el tejado y que parecía asustarse cada vez que alguien intentaba aproximarse demasiado. Desde entonces, había estado llevándole agua y comida durante las noches, cuando había menos gente en las calles y la gata se atrevía a salir.

Como no había una manera sencilla de alcanzar aquel rincón desde el suelo, había empezado a utilizar los tejados para llegar hasta allí. El problema era que no se lo había contado a nadie, y mucho menos a los vecinos que podían verlo pasar de una casa a otra.

Me quedé callado unos segundos.

Así que aquella figura misteriosa no estaba robando, espiando ni preparando alguna clase de sabotaje. Solo era un muchacho que había decidido alimentar a unos gatos callejeros sin pensar demasiado en lo que los demás podían imaginar al verlo.

Me rasqué la cabeza.

– ¿Y no se te ocurrió avisar a alguien?

– ¡No quería que echaran a la gata! Además, pensé que podía hacerlo yo solo...

Miré hacia el borde del tejado y después volví a mirarlo.

– Pues podrías haberte caído tú también, ¿sabes?

– Pero...

El muchacho no añadió nada más y bajó la mirada. Yo solté un suspiro. Al fin y al cabo, solo había intentado ayudar a la gata, aunque su manera de hacerlo fuera bastante peligrosa.

– Mira, podemos buscar otra manera. – Dije, volviendo a mirar hacia el hueco. La gata había comenzado a acercarse a la comida, aunque todavía nos observaba de reojo. – Mmm... Tengo una idea.

Con cuidado, me agaché y dejé que el muchacho colocara el recipiente de comida en un rincón accesible, sin intentar sacar a los animales a la fuerza. Después le indiqué que bajáramos y buscáramos al vecino que vivía junto a aquella casa. Si explicábamos lo ocurrido, quizá pudiera ayudarnos a encontrar una forma segura de dejarles comida y agua sin que nadie tuviera que subir a los tejados.

El muchacho aceptó, aunque antes de marcharse volvió a mirar a los gatitos.

– ¿Crees que estarán bien?

– ¡Claro! – Respondí con más seguridad de la que realmente tenía. – Solo tenemos que asegurarnos de que puedan quedarse ahí sin que tengas que arriesgar el cuello cada noche.

Una vez abajo, encontramos al vecino y le explicamos lo sucedido. Al principio pareció sorprendido al enterarse de que la misteriosa figura era solamente un muchacho del barrio, pero, cuando vio a los gatitos desde un lugar seguro, su expresión cambió. Acordó ayudar a buscar una solución para alimentar a la gata y sus crías sin molestar a los residentes ni poner a nadie en peligro.

El muchacho prometió dejar de cruzar los tejados sin permiso, y yo me aseguré de que el vecino entendiera que no había ningún ladrón rondando por la zona.

Con todo aclarado, me despedí de ambos y regresé para dar por concluida la misión.

Al final, la supuesta amenaza no había sido más que un niño tratando de ayudar a unos animales abandonados. Una intención bastante buena, aunque su manera de llevarla a cabo hubiera terminado preocupando a medio vecindario.

Me estiré un poco mientras caminaba de regreso, satisfecho de haber resuelto el asunto sin mayores problemas.
[Imagen: 9oeXPFe.gif]
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Masashi Kishimoto
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12-10-2026, 05:58 AM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: [Misión Autonarrada - Rango D] Una Sombra en el Tejado (TID 15130)
Tipo: Misión Normal · Rango: D
  • Natsu — Participante (100%): 500 Ryos, 5 Tobis, 70 Exp

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
Moderador Shinigami
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12-10-2026, 05:58 AM
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