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Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto   ›   Mundo   ›   Pais del Fuego   ›   Konohagakure no Sato   ›   Hospitales   ›   [Misión Simple] [Misión de Rango C] Apoyo Clínico.
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[Misión de Rango C] Apoyo Clínico.
Chota Akimichi
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20-09-2026, 07:00 PM
En condiciones normales el Hospital de Konohagakure era un ambiente controlado, donde los pasillos lucían despejados y los cirujanos experimentados atendían cada caso con parsimonia. Sin embargo, La reciente movilización de tropas debido al estallido de las hostilidades con Kirigakure había dejado a la aldea con un personal médico desprovisto de sus figuras más experimentadas. La gran mayoría de los Iryō-nin capacitados para cirugías complejas habían sido desplegados hacia la zona de conflicto para establecer carpas médicas en el campo. En el hospital solo quedaba un puñado de médicos veteranos encargados de la supervisión general y jóvenes aprendices que intentaban sostener la rutina diaria de Konoha.

En medio de esta delicada escasez, las puertas dobles del área de triaje se abrieron de golpe, rompiendo el tenso silencio del pasillo. Un murmullo de angustia y varios pasos apresurados precedieron la llegada de un grupo de reclutas de la Academia Ninja. No eran combatientes heridos en el frente, sino niños que acababan de sufrir un grave accidente durante una práctica de campo en los sectores periféricos de la aldea. Un ejercicio se había salido de control, dejando a varios estudiantes con cuadros de deshidratación y severas quemaduras en sus brazos, rostros y torso.

—¡Necesitamos camillas en la zona tres!—gritó uno de los ninjas medicos—. ¿Qué fue lo qué pasó?

— Uno de los niños estaba practicando un jutsu de elemento fuego y perdio el control. Lastimo a todos estos chicos accidentalmente —dokp uno d de los instructores de la Academia que los acompañaba, con el rostro sucio de hollín y la mirada desencajada por la culpa.

El vestíbulo se convirtió en un torbellino de movimiento. Las ruedas de las camillas chirriaron contra el suelo mientras los pocos enfermeros disponibles corrían a socorrer a los pequeños. Los llantos de dolor de los estudiantes resonaban en las paredes y sus uniformes estaban chamuscados y pegados a la dermis abrasada. Sus cuerpos temblaban violentamente debido al shock.

Entre el bullicio, el Dr. Kazama, el cirujano principal a cargo de la guardia esa tarde, avanzaba a paso firme con una tabla de expedientes bajo el brazo. Las ojeras marcadas en su rostro revelaban que llevaba horas sin descansar, asumiendo solo el control de un hospital casi vacío. Al divisar a Argeon y a otros genin aprendices sus ojos reflejaron un alivio inmediato.

—¡Ustedes! —exclamó Kazama, deteniéndose frente a ellos y señalandolos directamente con la pluma que llevaba en la mano—. ¿Son genin aprendices no es así? Sé perfectamente que están lejos de ser ninjas medicos pero desde este momento les asigno la misión de colaborar con el hospital. Con este caso no vamos a tener el lujo de poder prescindir de nadie. Como saben, la guerra con Kirigakure se ha llevado a casi todo el personal, y nosotros nos hemos quedado sin manos para atender una emergencia tan simple como esta.

El médico veterano señaló hacia el grupo de niños heridos que comenzaban a ser acomodados en los camastros improvisados.

—Son niños de la Academia. Un mal manejo de fuego y calor en la periferia los ha dejado destrozados. Tienen abrasiones severas en la dermis, deshidratación y contracturas musculares agudas por la exposición térmica directa. Si no actuamos rápido, las quemaduras se infectarán o dejarán cicatrices rígidas que arruinarán sus fibras musculares antes de que puedan convertirse en genin. Por si fuera poco, la demanda imprevista ha obligado a poner a trabajar la caldera de esterilización a máxima capacidad para limpiar el instrumental quirúrgico, y la máquina se está sobrecalentando peligrosamente.

Kazama miró fijamente a los jóvenes genin, depositando en ellos una responsabilidad real pero acorde a sus capacidades de apoyo.

—Necesito que sean mi punto de apoyo. Necesito su chakra, su disciplina y su capacidad para mantener la calma mientras reciben ordenes bajo presión. Yo me ocupo de los casos más graves. Decidan como distribuirse en el servicio porque no podemos abarcar todo al mismo tiempo.

El cirujano extendió la mano, mostrando tres zonas clave del área de urgencias que requerían atención urgente:

—En la sala contigua, el sistema de esterilización de agua está echando vapor hirviendo por el uso continuo; si la caldera explota por la sobretemperatura, nos quedamos sin instrumental limpio para lavar y tratar las quemaduras de estos niños. El que manipule la naturaleza del chakra y tenga elemento agua puede enfriar desde afuera el equipo para estabilizarlo. Por otro lado necesito un asistente con pulso firme que me alcance el instrumental y lo sostenga mientras intervengo las quemaduras más profundas.

—El que vaya al quirófano conmigo, no hay tiempo que perder —dijo antes de empezar a caminar con paso apresurado hacia el quirófano.

La urgencia era clara y el tiempo comenzaba a correr.

detalles de misión
¡Bienvenido a la misión, Argeon! Como habrás leído en la introducción, te encuentras en un escenario de alta tensión dentro del Hospital de Konoha en mitad del conflicto con Kirigakure. Tu personaje actuará como asistente y tu desempeño (tu suerte con los dados XD) influirá directamente en el éxito de la guardia.

En tu primer post debes responder al Dr. Kazama e indicarle a qué área te dirigirás. Cada camino activa una mecánica con dados diferente:

Opción A

Control de Esterilización (Soporte Técnico con Suiton)

Rango Seguro de Esterilización: 120 °C a 135 °C.

Estado Inicial: 125 °C.

Dinámica Térmica: Al inicio de cada turno (del 2 al 5), la caldera descontrolada sube +15 °C automáticamente.

Mecánica de Dado (Lanzar 1d20 a partir del Turno 2):
  • 1 - 4 (Falta de Enfriamiento / Malla Fina de Suiton): La humedad evaporada es insuficiente. La máquina sube +10 °C extra ese turno (incremento total de +25 °C).
  • 5 - 9 (Shock Térmico por Exceso de Agua): Introduces un chorro de agua fría abrupto. La temperatura baja -30 °C, pero la caída brusca agrieta los conductos del autoclave (+1 Punto de Enseres Dañados).
  • 10 - 16 (Enfriamiento Estándar): Creas una fina capa de vapor frío de Suiton alrededor de la cámara. La temperatura baja -15 °C (estabiliza exactamente el incremento del turno).
  • 17 - 20 (Control de Presión Perfecto): Dominio absoluto del agua y el vapor. Eliges si reducir la temperatura en -15 °C, -20 °C o -25 °C.

Condiciones de Victoria y Fallo:

Fallo Inmediato: Si la temperatura supera los 140 °C dos turnos seguidos (explotan las válvulas), si cae por debajo de los 110 °C dos turnos seguidos (se arruina el ciclo de esterilización) o si acumulas 2 Puntos de Enseres Dañados.

Éxito: Completar el Turno 5 manteniendo la máquina dentro del rango seguro (120 °C – 135 °C).
Opción B

Manos de Cirujano

Objetivo: Mantener o elevar la Barra de Sincronía (inicia en 5 Puntos) hasta alcanzar 7 o más al final de la misión.

Mecánica: En cada turno el cirujano te pedirá una acción asistencial. Lanzarás 1d20:
  • 1 - 5 (Fallo): Error de coordinación o entorpecimiento. -2 Puntos de Sincronía.
  • 6 - 15 (Éxito Normal): Asistencia precisa. +1 Punto de Sincronía.
  • 16 - 20 (Éxito Excepcional): Anticipación impecable. +3 Puntos de Sincronía.

Condición de Fallo: Si la Sincronía cae a 0 Puntos, quedas fuera del quirófano.
Argeon
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02-10-2026, 07:52 PM
El ambiente en el vestíbulo del Hospital de Konohagakure se mantiene como un torbellino caótico, denso y profundamente ensordecedor. El eco persistente de los llantos infantiles, el chirrido metálico de las camillas desplazándose a toda velocidad contra el suelo de cerámica y el olor acre a tela quemada y desinfectante saturan cada rincón del aire, creando una atmósfera de intensa presión psicológica que oprime el pecho. Ante la magnitud de la emergencia y la urgencia generalizada en el recinto, la decisión de Argeon se toma en una fracción de segundo, evaluando con rigor que la prioridad más crítica y directa para canalizar su esfuerzo requiere su presencia inmediata en el quirófano principal.

Descartando cualquier otra alternativa disponible y sin emitir sonido ni directriz hacia los demás presentes en el vestíbulo, fija la mirada de forma inflexible en el acceso principal de la zona quirúrgica. Ajusta la banda ninja en su frente con un movimiento rápido, consciente y sumamente firme, tomando una profunda bocanada de aire frío para despejar cualquier rastro de duda, titubeo o vacilación de su mente. Como miembro del linaje Senju, lleva en la sangre el deber imperativo de priorizar la resistencia física, la estabilidad mental y el apoyo directo en los momentos más oscuros de crisis para la aldea, sabiendo con absoluta certeza que en este punto crítico no hay espacio para el miedo ni para la parálisis emocional ante la adversidad.

Cruzando el umbral hacia el interior del quirófano, el contraste con el exterior es inmediato y abrumador. La atmósfera dentro de la sala quirúrgica es densa, pesada, iluminada por lámparas cenitales que parpadean ligeramente debido al consumo eléctrico masivo e inestable de todo el hospital. El instrumental médico descansa ordenadamente sobre las bandejas auxiliares de acero inoxidable y los equipos de monitoreo emiten zumbidos constantes mientras el entorno de la sala se prepara para intervenir las quemaduras más profundas y severas de los estudiantes heridos. Argeon se sitúa de inmediato junto a la mesa de operaciones, manteniendo las manos listas para actuar, pero la tensión ambiental acumulada y el cansancio físico pesan sobre sus hombros de manera notable, mermando su capacidad y colocándolo lejos de un estado óptimo o infalible.

Ante la exigencia inminente y la necesidad absoluta de rapidez en el procedimiento, Argeon intenta moverse con agilidad para alcanzar el instrumental quirúrgico requerido sobre la mesa de trabajo. Sin embargo, un leve pero persistente entumecimiento en la yema de los dedos y una marcada inestabilidad en la concentración de su chakra, profundamente afectada por el estrés del entorno y las horas acumuladas sin descanso, provocan que sus movimientos pierdan de forma drástica la precisión milimétrica que exige una intervención de este nivel de complejidad. Al intentar asir con firmeza el bisturí especial destinado al delicado desbridamiento de tejido necrótico, el pulso le falla de manera abrupta y total, haciendo que el mango metálico resbale de entre sus dedos con una velocidad imprevista y golpee de lleno contra el borde de la bandeja de acero inoxidable antes de precipitarse al vacío y caer ruidosamente hacia el suelo del quirófano.

El sonido metálico del instrumento al impactar corta el aire del quirófano como una cuchilla afilada, evidenciando de la manera más cruda, directa e inapelable que Argeon fracasa por completo en su labor de asistencia y que no se encuentra en absoluto al cien por ciento de sus capacidades operativas. Las consecuencias directas de esta falla técnica imperdonable, la reacción del espacio físico que lo rodea y el desenlace inminente de la intervención quirúrgica quedan completamente abiertos, vulnerables y suspendidos en el aire, a la espera absoluta de lo que el rol master decida dictar sobre el desarrollo de los acontecimientos y el destino del procedimiento médico.


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Se conserva el resultado de 4 del dado , dando resultado, por otro lado se borra uno de los post por instrucción del rol master, el otro fue por accidente.
[Imagen: uYoQ0If.jpeg]
Narro           ||        -Hablo-     ||      "Pienso"    ||  Ninja Médico  ||  Cronología
Chota Akimichi
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03-10-2026, 02:14 AM
El golpe del bisturí contra el suelo sonó en todo el quirófano. Por un segundo la sala se quedó en silencio porque todos los presentes sabían lo que aquel error significaba. El Dr. Kazama detuvo las manos dentro de la herida del niño y levantó la cabeza para mirar a Argeon a través de la mascarilla con clara molestia. Aunque los accidentes le podían pasar a cualquiera, un quirofano era el tipo de lugar donde no se podia tener el lujo de comerter errores.

—¡Senju! —dijo el médico—. ¡Acuérdate de dónde estás! ¡Un bisturí caído en el suelo es material contaminado, no puedes distraerte así! ¡Pásame uno de los adicionales! ¡Rápido!

El regaño llegó en el peor momento. Al girarse bruscamente para hablarle a Argeon, la pinza con la que Kazama sujetaba el borde de la piel quemada se le resbaló de los dedos y se escuchó un chasquido debajo de la piel. De repente un chorro de sangre saltó directamente contra la mesa y contra la bata de Argeon.

Uno de los miembros que estaba en la sala quien era el encargado de monitorear los signos vitales avisó de lo que estaba pasando.

—¡Parece que se rompió una arteria! —gritó acercando un tubo para aspirar aquella sangre—. ¡La presión está cayendo en picada Doctor! 

—¡Aspiración manual, rápido! —ordenó Kazama metiendo los dedos en la herida para buscar el vaso a ciegas—. La arteria se escondió debajo del músculo. Si intento meter la pinza sin ver lo puedo lastimar aún más.

Kazama miró a Argeon con la frente llena de sudor. La sangre del paciente goteaba desde la mesa hasta el suelo justo al lado del bisturí caído.

—Déjate de torpezas. No podemos perder a este niño por una herida tan rutinaria. No es momento de perder la cabeza. No vayas a contaminar tus manos y usa los separadores para abrirme paso a la herida. ¡Ya!
Argeon
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03-10-2026, 09:40 AM
El sonido seco y metálico del bisturí resbalando de los dedos de Argeon e impactando violentamente contra las losetas blancas del quirófano golpeó su conciencia como un latigazo implacable, disipando de inmediato cualquier atisbo de desconcentración en el instante más crítico del procedimiento. El peso severo de la mirada del doctor Kazama, reflejada a través de la mascarilla con una mezcla palpable de reproche e incredulidad, se cernió sobre sus hombros mientras comprendía la gravedad absoluta de haber contaminado material estéril en un entorno donde el margen de error era nulo. Sin embargo, antes de que pudiera enmendar la falta por cuenta propia, la situación colapsó en un violento efecto dominó: al girarse bruscamente el médico superior para reconvenirle el error, un espasmo de tensión hizo que la pinza se le resbalara en el interior del paciente pediátrico, desatando un chasquido sordo bajo la dermis y un chorro violento de sangre arterial que manchó la bata de Argeon mientras las alarmas de los signos vitales advertían un desplome hemodinámico inminente.

Lejos de paralizarse por la culpa o por el caos de las voces que exigían aspiración y localización a ciegas, la respuesta de Argeon ante la crisis demostró una mejoría táctica notable y un dominio superior de su disciplina médica. En lugar de ceder al pánico ante la exigencia de no contaminarse y abrir paso, canalizó su voluntad con una precisión impecable, haciendo que un fulgor denso, estable y puro de chakra verde azulado brotara instantáneamente de sus palmas para esterilizar y blindar sus manos frente al foco infeccioso de la salpicadura. Con movimientos sumamente fluidos, adelantados a la hesitación del momento, extendió los brazos y tomó los separadores metálicos de la bandeja auxiliar con una seguridad férrea, adoptando una postura de apoyo milimétricamente calculada que denotaba madurez ante la presión.

Posicionó las puntas de los separadores en los bordes de la incisión con una delicadeza experta, aplicando una tracción lateral firme y progresiva que ensanchó el campo operatorio profundo con mayor eficiencia que en intervenciones previas. Cada fibra muscular retirada por su intervención abrió una ventana visual nítida y despejada hacia el lecho hemático, facilitando de inmediato la labor del cirujano para cazar el vaso retraído y estabilizar la presión del niño, mientras Argeon mantenía el pulso inalterable y el chakra fluyendo con un control absoluto sobre el soporte vital. Conforme los segundos transcurrían bajo la presión asfixiante de las alarmas del monitor, la coordinación mental del joven Senju se mantuvo tan perfectamente calibrada que cada ajuste en la tensión de los separadores respondía con antelación a los movimientos de búsqueda del cirujano principal, demostrando que la dolorosa lección del bisturí caído no había hecho más que endurecer su enfoque profesional y refinar su destreza en el campo de batalla.


Mientras la tensión en el quirófano alcanzaba niveles críticos y el monótono pitido del monitor de constantes vitales continuaba advirtiendo el peligro inminente de un colapso hemodinámico total en el paciente pediátrico, Argeon consolidó su postura con una rigurosidad marcial que dejaba atrás cualquier rastro de duda inicial. Con el pulso perfectamente sincronizado y el flujo constante de chakra verde azulado envolviendo sus manos como una segunda piel estéril, el joven Senju intensificó sutilmente la presión ejercida sobre los separadores metálicos, adaptándose de manera intuitiva y milimétrica a los desesperados movimientos de búsqueda que el doctor Kazama realizaba en el fondo de la herida abierta. Su mente, entrenada bajo los parámetros más estrictos de la medicina táctica de Konoha, calculaba la resistencia de los tejidos musculares y la elasticidad de los vasos sanguíneos con una precisión casi matemática, asegurándose de que cada milímetro de apertura lateral maximizara el campo visual sin comprometer la integridad estructural de la zona circundante. La sangre que continuaba brotando y salpicando su bata blanca dejó de ser un factor de distracción para convertirse en un simple indicador visual del ritmo cardíaco del niño, recordándole que la supervivencia del paciente dependía directamente de su capacidad para mantener la firmeza, la concentración y el control absoluto de sus emociones en medio de la tormenta.

Aprovechando la estabilidad temporal que su asistencia milimétrica brindaba al equipo quirúrgico, Argeon reguló su respiración en un compás pausado y profundo, permitiendo que la energía medicinal de su clan fluyera con mayor fluidez y uniformidad desde sus palmas hasta las empuñaduras de los instrumentos. Cada fibra muscular apartada por su intervención revelaba con mayor claridad el lecho hemático profundo donde el vaso arterial se había retraído a causa del espasmo, transformando su labor de un simple soporte mecánico a una participación activa, coordinada y de alta eficiencia clínica que disipaba gradualmente la hostilidad inicial del ambiente quirúrgico. Con la mirada fija en el punto de incisión y la mente completamente blindada frente al caos exterior, el joven shinobi reafirmó su compromiso inquebrantable con el juramento médico, dispuesto a sostener la tensión de los separadores el tiempo que fuera necesario hasta que el peligro de la hemorragia quedara totalmente neutralizado y la vida del infante fuera asegurada con éxito.

La sincronía alcanzada entre la firme tracción de los separadores y el ritmo frenético de la intervención quirúrgica comenzó a surtir efecto en el interior del lecho tisular, permitiendo que el caos inicial de la emergencia diera paso a una contención metódica y disciplinada. Argeon, con los músculos de los antebrazos tensos por el esfuerzo sostenido y el rostro completamente imperturbable bajo las luces cenitales del quirófano, mantuvo la concentración absoluta en cada microvariación de la resistencia del tejido muscular. Su respiración, acompasada y profunda, servía como el ancla rítmica que estabilizaba el sutil pero constante fulgor de su chakra verde azulado, asegurando que la barrera de esterilidad alrededor de sus manos no sufriera la más mínima alteración a pesar de la fatiga acumulada. Cada segundo que pasaba exigía un dominio milimétrico de la fuerza aplicada; un exceso de presión habría provocado un desgarro irreversible en los tejidos circundantes, mientras que una fuerza insuficiente habría cerrado la ventana visual que el equipo necesitaba desesperadamente para neutralizar el sangrado arterial.

Manteniendo los ojos fijos en la cavidad abierta y sin permitir que el persistente pitido del monitor de constantes vitales mermara su enfoque mental, Argeon continuó ajustando la apertura lateral con una destreza propia de un especialista veterano en medicina de combate. Su postura corporal, firme y perfectamente equilibrada, reflejaba la asimilación total de las duras lecciones impartidas por la disciplina de su linaje y las exigencias del entorno hospitalario de Konoha, donde el margen entre la vida y la muerte se medía en fracciones de milímetro y segundos de reacción. Consciente de que la crisis aún no había concluido por completo y de que cualquier fallo posterior invalidaría el esfuerzo realizado hasta ese instante, el joven shinobi se mantuvo inamovible en su posición, preparado para sostener el soporte instrumental con absoluta lealtad al protocolo médico hasta que la arteria fuera finalmente localizada, suturada y el paciente alcanzara un estado de estabilidad hemodinámica definitiva.

La persistencia férrea en la postura de Argeon comenzó a consolidar el control sobre el campo operatorio, transformando la desesperación inicial de la emergencia en un entorno de trabajo milimétricamente regulado por la disciplina médica. Con los brazos firmes y la musculatura adaptada al peso de la tensión continua, el joven Senju no permitió que la fatiga física empañara la precisión de su asistencia, manteniendo el fulgor verde azulado de su chakra brillando con una intensidad estable y calmada sobre sus dedos. Cada fibra muscular apartada por los separadores respondía a un cálculo mental exacto, diseñado para proteger la fragilidad del tejido pediátrico mientras el equipo de cirujanos operaba en el epicentro de la lesión arterial. La sincronía entre su labor de separación y las maniobras internas demostraba una evolución notable en su temple, reflejando cómo la severidad del regaño previo y el peso del error inicial habían sido canalizados en una concentración absoluta y sin fisuras.

Sabiendo que un solo titubeo bastaría para echar por tierra el esfuerzo colectivo, Argeon profundizó su enfoque, ignorando por completo el sudor que comenzaba a acumularse en su frente y el eco persistente de las alarmas del monitor clínico. Su respiración se mantuvo acompasada, sirviendo como el eje rítmico que equilibraba la fuerza de sus manos y aseguraba que la ventana visual hacia el vaso sanguíneo se mantuviera perfectamente despejada y accesible. En la estricta escuela médica de Konoha, la redención ante un fallo operativo no se conseguía con excusas ni lamentos, sino con un rendimiento impecable en el momento de mayor exigencia, y Argeon estaba decidido a honrar ese principio hasta el último segundo de la intervención quirúrgica.

El esfuerzo sostenido en los brazos de Argeon comenzó a reflejar los frutos de su férrea disciplina cuando la tensión en el quirófano experimentó un cambio sutil pero definitivo hacia la estabilidad. Con el pulso inalterable y la energía de su chakra verde azulado fluyendo con una consistencia impecable a través de sus palmas, el joven Senju mantuvo la apertura milimétrica de los tejidos con una precisión que ya no dejaba lugar a dudas sobre su temple profesional. La experiencia traumática del bisturí caído y el posterior accidente con la pinza se habían transformado, en su mente, en un recordatorio constante de que la maestría médica no nace de la perfección absoluta, sino de la capacidad inquebrantable de corregir el rumbo y sostener el rigor técnico cuando la vida de un paciente pende de un hilo. Cada segundo que transcurría bajo las luces cenitales consolidaba su papel como un eslabón confiable dentro del equipo quirúrgico, demostrando que su formación en las artes médicas de Konoha poseía la solidez necesaria para sobreponerse a la presión más asfixiante de la sala de operaciones.

Manteniendo la mirada fija en el fondo de la cavidad abierta y con la respiración perfectamente acompasada para evitar cualquier microtemblor en sus extremidades, Argeon continuó ejerciendo la fuerza exacta sobre los separadores metálicos a la espera de la resolución final del procedimiento. La sangre que manchaba su bata blanca ya no representaba el caos de un error desatado, sino el testimonio tangible de una batalla campal librada contra la muerte en el terreno más delicado posible. Consciente de que la estabilización definitiva del infante estaba cada vez más cerca gracias a la ventana visual que sus manos sostenían con tanto empeño, el joven shinobi reafirmó su compromiso absoluto con el deber clínico, preparado para mantener su posición con disciplina marcial hasta que el último vestigio de peligro se desvaneciera por completo del quirófano.

La última fase de la intervención quirúrgica comenzó a transcurrir bajo un manto de profunda concentración donde el tiempo parecía discurrir a un ritmo distinto, dictado únicamente por el latido pausado pero constante del monitor que monitoreaba los signos vitales del pequeño paciente. Argeon, con los músculos de los brazos firmemente adaptados a la tensión estática de los separadores metálicos, mantuvo el fulgor de su chakra verde azulado brillando con una constancia inquebrantable que garantizaba la asepsia absoluta de sus manos en todo momento. Cada fibra de su ser respondía a la disciplina militar y médica con la que había sido instruido, bloqueando cualquier rastro de fatiga física o distracción mental mientras observaba cómo el lecho tisular comenzaba a estabilizarse bajo la meticulosa labor del cirujano principal. La tormenta desatada por el error inicial se había disipado gracias a una respuesta impecable, fría y calculada, demostrando que su evolución en el quirófano no era una simple promesa, sino una realidad palpable consolidada bajo la más alta presión.

Manteniendo el pulso firmemente inalterable y la mirada fija en la cavidad abierta hasta el último instante, Argeon sostuvo la separación milimétrica con la certeza de que cada segundo de rigor técnico había valido la pena para rescatar la vida del infante. Conforme el ambiente en la sala comenzaba a relajarse y el peligro inminente de la hemorragia quedaba completamente neutralizado, el joven Senju preparó mentalmente sus manos para el momento de retirar los instrumentos, reafirmando su compromiso absoluto con el juramento médico y con el estricto código de excelencia de su clan.

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Resumen. Tras el incidente inicial del bisturí caído y el violento efecto dominó que desató una hemorragia arterial severa en el paciente pediátrico, Argeon Senju transformó la crisis en una demostración magistral de disciplina médica y control táctico. Lejos de ceder al pánico ante el reproche inicial, el joven shinobi blindó la esterilidad de sus manos con un flujo constante de chakra verde azulado, tomando los separadores con una precisión milimétrica. Mediante una tracción firme, calculada y progresiva, ensanchó el campo operatorio para despejar una ventana visual nítida que permitió al equipo cazar el vaso sanguíneo dañado. A través de un dominio absoluto de su respiración y una postura inquebrantable frente al desgaste físico, Argeon superó el error inicial para consolidar un soporte clínico impecable, manteniendo la estabilidad y honrando el rigor de su formación en Konoha hasta asegurar por completo la vida del infante.

Este resultado corresponde a lanzada del dado numero 9. Y así obtiene un procedimiento normal que suma +1 
[Imagen: uYoQ0If.jpeg]
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03-10-2026, 03:37 PM
El chakra verde azulado envolviendo las manos de Argeon hizo que la tracción lateral ejercida por los separadores metálicos fuera suficientemente buena, no fue perfecta pero era entendible debido a su poca experiencia. Pero si fue suficiente para poder abordar el vaso afectado.

—¡Aspiración ahí! ¡Mantén esa tracción Senju! —ordenó el Dr. Kazama aprovechando la apertura para introducir la pinza y detener el sangrado temporalmente. El pinzado de la arteria fue exitoso gracias a las buenas manos del cirujano.

El chorro de sangre se detuvo y los signos vitales mejoraron. El paciente tenía el pulso débil pero era un pulso constante y rítmico. Sin embargo no era el final de la intervención ni mucho menos.

La decisión de Argeon de mantener un flujo continuo y denso de chakra curativo sobre sus manos era una decisión de alto riesgo sobre todo en las manos de un genin. La manipulación de chakra con fines medicos involucraba un alto consumo del mismo y un desgaste fisico innecesario. Quizá el muchacho no se habia fijado pero nadie dentro del quirofano estaba utilizando habilidades ninja precisamente para administrar su energía. En un hospital no se atiende un unico paciente, por lo que ponerse a gastar recursos cuando puedes resolverlo solo con un poquito de esfuerzo era error de novato.

—¡No te relajes todavía! —advirtió Kazama con aspereza—. El vaso está pinzado, pero la pared arterial está demasiado lacerada por el error previo. Si vas a sostener esos separadores mientras realizo la sutura necesito que tus manos sean de piedra.

El cirujano tomó el porta-agujas con el hilo de sutura. La aguja rozó el borde del vaso sangrante.

—Vas a tener que sostener esa posición sin que te tiemble un solo músculo durante unos cinco minutos más —dijo el doctor sin quitar la mirada de la herida.

sincronia
Tienes actualmente 4 puntos de sincronía.

Qué la suerte de los dados te acompañe.
Argeon
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03-10-2026, 04:16 PM
El sudor frío comenzó a gotear desde la frente de Argeon, descendiendo por el puente de su nariz hasta perderse por completo en el borde de su mascarilla quirúrgica, impregnada con el olor punzante a desinfectante y sangre fresca. La tensión dentro del quirófano era completamente palpable, cortante como una cuchilla, y el peso de los minutos se cernía de forma implacable sobre cada una de las fibras musculares de su cuerpo. Mantener los separadores metálicos fijos, ejerciendo exactamente la tracción lateral necesaria para permitir la visibilidad en el desgarro arterial, exigía un esfuerzo físico que rebasaba con creces su resistencia habitual como un genin de bajo rango, obligando a cada uno de sus tendones a trabajar al límite de su capacidad actual.

Recordando de inmediato la severa advertencia recibida sobre la estricta economía de recursos energéticos, el joven shinobi había decidido reducir drásticamente la saturación de chakra en sus manos. Ya no quedaba rastro de aquel brillo denso y llamativo que había empleado de forma imprudente en los primeros instantes de la urgencia; ahora, la energía vital apenas revestía sus palmas con una capa translúcida y sutil. Era la cantidad justa y necesaria para evitar que la fatiga mental y el desgaste físico colapsaran sus reservas prematuramente. En un entorno hospitalario de alta demanda donde las emergencias jamás daban tregua, derrochar energía representaba un grave error de novato que un ninja médico en formación no podía permitirse bajo ningún concepto.

"Cinco minutos enteros... " pensó para sí mismo en un susurro casi inaudible, ahogado por el ruido constante de los monitores, controlando su respiración de forma acompasada, inspirando en dos tiempos pausados y exhalando con suma lentitud para evitar cualquier oscilación o temblor en el torso que pudiera comprometer la estabilidad de sus brazos.

Sus antebrazos comenzaron a entumecerse con rapidez, perdiendo sensibilidad de manera progresiva. El ácido láctico acumulado debido a la contracción isométrica y sostenida hacía que cada uno de sus tendones protestara con un dolor sordo y punzante. Sin embargo, Argeon se aferró con fuerza mental a las directrices básicas de control de chakra aprendidas en la academia y reforzadas durante sus prácticas clínicas cotidianas. No existía espacio alguno para hazañas extraordinarias, milagros de última hora o demostraciones de un poder que no poseía; su asistencia era la de un estudiante promedio que se enfrentaba por fin a una complicación real, donde el éxito dependía enteramente de la constancia mecánica, la paciencia inquebrantable y la férrea disciplina para soportar la incomodidad física sin perder el pulso.

Mientras al otro extremo de la herida se desarrollaban las acciones sin su intervención directa, cada mínimo roce del instrumental contra el borde de la pared arterial lacerada parecía resonar con eco metálico en la mente del muchacho. Argeon fijó la mirada con fijeza absoluta en el punto de referencia, ignorando por completo el zumbido leve que comenzaba a formarse en el interior de sus oídos debido al esfuerzo físico prolongado y la falta de relajación muscular. Sus manos, aunque extremadamente tensas y rígidas como el propio metal que sujetaban, mantuvieron la firmeza milimétrica requerida. Sabía perfectamente que un milímetro de desviación o un espasmo involuntario provocado por el agotamiento echarían por tierra todo el trabajo ajeno, obligando a reiniciar un procedimiento crítico en un paciente cuyo margen de tolerancia biológica era ya sumamente estrecho.

El tiempo transcurría con una lentitud exasperante, casi dolorosa, transformando cada segundo en una prueba de resistencia mental. Cada instante que pasaba se medía rigurosamente en latidos rítmicos y constantes que monitoreaban la frágil estabilidad del herido. Argeon se concentró de manera exclusiva en el anclaje firme de sus pies sobre el suelo esterilizado del quirófano, distribuyendo el peso de su cuerpo de manera completamente uniforme para evitar que las piernas le flaqueasen en el momento más inoportuno. Su afinidad innata con el Yin y el Yang, latente en su interior, permanecía en un plano estrictamente secundario y reposado, utilizada de forma conservadora solo para regular su propia estabilidad biológica y resistir el desgaste del procedimiento sin recurrir a ninguna técnica avanzada que rebasara su modesto nivel actual.

La fatiga mental comenzó a nublar levemente su periferia visual, obligándole a parpadear con fuerza para despejar la vista. En la academia, los instructores siempre repetían que un ninja médico no solo debía dominar la teoría de los sellos y el flujo de la energía curativa, sino también poseer el temple necesario para soportar horas de presión estática sin cometer errores fatales. Aquella lección abstracta cobraba ahora una forma física sumamente real mientras sentía cómo el sudor le picaba en los ojos y el dolor en sus muñecas se intensificaba segundo a segundo. No obstante, ajustó ligeramente su agarre milimétrico, asegurándose de que la fuerza aplicada sobre el separador se mantuviera perfectamente constante, sin tirones que empeoraran el desgarro.

El parpadeo constante no sirvió de mucho contra el cansancio acumulado, pero le ayudó a mantenerse anclado en el presente, rechazando cualquier atisbo de distracción. Cada fibra de su ser respondía únicamente a una orden interna: resistir. La respiración continuaba saliendo de su mascarilla en ráfagas tibias que empañaban sutilmente el borde superior, recordándole el ritmo mecánico al que se había sombreado su existencia durante esos minutos eternos. Sus dedos, entumecidos y rígidos, continuaban cumpliendo su labor con la fría precisión de una herramienta inanimada, a pesar de que por dentro cada músculo suplicaba un momento de descanso.

La asistencia del genin no estaba resolviendo la crisis por sí sola ni alterando el curso de la operación de forma milagrosa; era sencillamente el engranaje más modesto pero indispensable que permitía mantener el campo operatorio abierto el tiempo necesario. Y en el riguroso entorno quirúrgico de una aldea ninja, cumplir con ese rol de manera limpia, silenciosa y libre de errores innecesarios constituía la prueba más clara de que estaba aprendiendo a soportar el peso real de la profesión médica, un turno a la vez, mientras los segundos seguían cayendo pesadamente en la quietud tensa de la sala de operaciones.



off
Asistencia normal desde este dado

Resumen. Durante una tensa intervención quirúrgica en un entorno hospitalario ninja, el joven genin Argeon Senju lucha contra el agotamiento físico y la fatiga muscular mientras mantiene firmemente los separadores metálicos. Consciente de la necesidad de conservar chakra y evitar errores de novato, el shinobi regula su energía a un nivel sutil y translúcido, soportando el dolor y la presión estática para permitir que el cirujano complete la sutura arterial de manera limpia y sin pretensiones extraordinarias.
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05-10-2026, 11:07 PM
La sutura a la arteria había conseguido detener el sangrado sin complicaciones y por primera vez desde que había comenzado la intervención el Dr. Kazama pudo trabajar sin tener que preocuparse de que la presión del niño se desplomara

—Bien… —murmuró el médico mientras comprobaba la zona—. Parece que este problema está controlado.

Con cuidado el doctor retiró la pinza que había usado para cerrar el vaso y esperó unos segundos antes de continuar. Tras esos segundos no apareció ningún nuevo sangrado.

—Ahora si puedo trabajar sobre el tejido. Sequenme la frente por favor—dijo el medico.

Kazama tomó nuevamente el porta-agujas y comenzó a trabajar sobre el tejido que había quedado afectado. La quemadura había dañado bastante la zona y el inconveniente con lo de la arteria hizo que manipularan más de la cuenta la herida.

El cirujano intentó aproximar los bordes de la herida para comenzar el cierre pero uno de los puntos cedió.

—Tch… —se escuchó de la boca del doctor—. El tejido está demasiado debilitado.

No había vuelto a producirse una hemorragia importante, pero aquello podía complicar el cierre si no se corregía correctamente.

—No hemos terminado todavía Senju — le dijo Kazama a Argeon mientras le señalaba con la cabeza los bordes de la herida—. Voy a reforzar esta parte antes de cerrar. Necesito que mantengas los tejidos juntos mientras trabajo. No tires demasiado.

El cirujano colocó una mano cerca de la zona y esperó a que Argeon adoptara la posición adecuada.

—Olvídate del chakra. Solo necesito tus manos —dijo—. Unos minutos más y podremos cerrar esto.

El quirófano había recuperado parte de la calma. Parecía estar todo bajo control. El paciente estaba estable. Aún así, nadie se relajaba completamente.

Kazama introdujo la aguja en el tejido debilitado y comenzó a preparar el primer punto de refuerzo.

—Alla voy Senju. Concéntrate. Ya hemos llegado demasiado lejos como para echarlo a perder ahora.
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09-10-2026, 11:32 AM
El ambiente dentro de aquel recinto aséptico y silencioso mantenía una atmósfera densa, donde cada segundo parecía dilatarse ante la delicadeza de la tarea que Aregon Senju estaba a punto de ejecutar con sus propias manos. Ante la instrucción directa que acababa de recibir de mantener los tejidos juntos sin utilizar ningún tipo de chakra, la respuesta del joven genin fue inmediata y completamente desprovista de cualquier vacilación innecesaria. No se trataba en absoluto de un despliegue de poder desmedido ni de técnicas avanzadas que escaparan de forma flagrante a sus competencias actuales como un simple estudiante de la academia ascendido a genin; era pura y llana asistencia manual, una labor estrictamente mecánica de sujeción física que exigía un control absoluto de los movimientos corporales y una estabilidad férrea en las articulaciones de los dedos. La jerarquía y el cumplimiento riguroso de las órdenes recibidas representan los pilares fundamentales sobre los cuales se sostiene cualquier operación coordinada, ya sea en medio de un campo de batalla táctico o dentro de la sala aséptica de un quirófano de urgencias. Cuando se señaló con claridad los bordes de la herida y se exigió su colaboración directa sin el menor atisbo de uso de energía espiritual, su postura interna fue de total aceptación y de un enfoque disciplinado impecable, consciente de que cualquier error de apreciación podía alterar por completo el desarrollo de la maniobra en curso.

Como Aregon Senju, el muchacho comprendía perfectamente los límites estrictos impuestos por su estatus actual en esta etapa de desarrollo. No era un ninja médico versado en técnicas de regeneración celular avanzada, ni un especialista dotado con la capacidad de curar heridas complejas con un simple destello de energía verde o mística. Era únicamente un genin en pleno proceso de formación, y su contribución en este preciso momento debía centrarse exclusivamente en aquello que sí podía controlar con absoluta certeza: la destreza física pura, la firmeza inquebrantable de sus manos y la obediencia ciega a las directrices técnicas impartidas por la autoridad superior en la sala. Mantuvo la mirada fija y clavada en los bordes lacerados del tejido dañado, observando con detenimiento cómo la fibra muscular y cutánea mostraba signos evidentes de fatiga tras la intervención previa en la arteria y la quemadura inicial. Colocar sus manos en la posición exacta requerida significaba convertirse en una extensión temporal y perfectamente estática, un soporte físico que intentaba impedir de manera eficaz que la debilidad celular colapsara por completo bajo la presión de la aguja que se aproximaba lentamente.

—Entendido. Posición asegurada, las manos están listas. Indicaré cuándo procede continuar si es necesario, pero estaré atento a la ejecución —articuló Aregon con voz pausada, cuidando en extremo de no generar ninguna vibración innecesaria en el aire que pudiera alterar la concentración requerida en un entorno de esta naturaleza.

La indicación categórica de prescindir por completo del chakra resonó en su mente, alineándose a la perfección con dicha directriz operativa. En ocasiones, los jóvenes shinobi caen en el grave error de sobreestimar sus propias capacidades energéticas, intentando resolver problemas estrictamente mecánicos con técnicas místicas que solo consiguen empeorar el panorama general debido a un control deficiente. Aquí no había espacio alguno para semejantes errores. Confió únicamente en la fuerza isométrica de sus manos, en el entrenamiento básico recibido en los recintos de la academia y en la rigurosidad con la que había aprendido a acatar las órdenes en situaciones críticas de campo. Al confiar de manera exclusiva en la fuerza mecánica de su musculatura y en la estabilidad milimétrica de sus articulaciones, eliminó por completo ese factor de riesgo latente que suele sabotear las intervenciones delicadas. Sintió de inmediato el roce de los guantes estériles y la ligera humedad del ambiente quirúrgico. El pulso se mantuvo totalmente firme, regulando con suma cautela el ritmo respiratorio para evitar cualquier temblor involuntario en las falanges. Cada milímetro de presión aplicada contaba de forma decisiva. Si apretaba con excesiva fuerza, el tejido debilitado cedería inevitablemente y se desgarraría aún más; si por el contrario aflojaba la tensión de manera prematura, los bordes corrían el riesgo de separarse, comprometiendo aquel frágil equilibrio provisional que se intentaba sostener en ese instante.

Aregon colocó sus dedos a ambos lados de la zona afectada con la extrema delicadeza con la que se manipula un artefacto sumamente frágil a punto de fracturarse. El tejido presentaba un aspecto sumamente vulnerable debido a la combinación de la quemadura previa y el traumatismo vascular que acababa de ser atendido. Cualquier exceso de fuerza habría significado un desgarro irreparable que echaría por tierra el esfuerzo previo. Por esta razón, bloqueó mentalmente cualquier atisbo de distracción, centrando toda su atención sensorial en el tacto directo de la piel y la resistencia de los tejidos bajo la yema de sus dedos. Mantuve la concentración fija en los microdetalles, consciente de que la forma en que se aproximaba el instrumental denotaba la tensión del momento. Su enfoque requería una sincronía absoluta en la contención física, manteniendo la estabilidad mientras aguardaba el desarrollo de la acción sin dar por sentado ningún resultado definitivo en una fase tan delicada.

Observó cómo el instrumental quirúrgico descendía con una lentitud milimétrica sobre la zona afectada. La aguja de sutura se aproximó al margen del tejido dañado con un leve reflejo metálico, anticipando el contacto que pondría a prueba la resistencia de la zona. En ese preciso instante, mantuvo preparado un microajuste en la presión ejercida por sus pulgares, listo para contrarrestar la resistencia del material y ofrecer la contraparte necesaria en cuanto comenzara la maniobra. Cuando la aguja continuó su trayectoria para intentar consolidar la puntada, ajustó con cautela la tensión ejercida con los dedos, sintiendo la firmeza y la respuesta del tejido ante la presión del metal. En ese preciso microsegundo, vigiló atentamente para evitar cualquier desplazamiento imprevisto de los bordes, manteniendo la alineación requerida mientras la acción se desarrollaba bajo la atenta mirada de los presentes en la sala.

El sudor frío que descendía por su propia frente contrastaba vivamente con la gélida quietud del quirófano. Nadie pronunciaba palabra alguna más allá de lo estrictamente necesario para mantener el orden y la concentración colectiva. La estabilidad del paciente, aunque mejorada, seguía exigiendo la máxima precaución, recordándole que un solo error de cálculo de su parte podría alterar el curso de la intervención. Su rol en este momento crítico era el de un engranaje menor pero absolutamente indispensable: sostener, resistir y acompañar el compás de la operación sin protagonismos absurdos ni desvíos del protocolo establecido. El silencio en la sala era profundo, roto únicamente por el sonido constante del monitor de constantes vitales que marcaba el ritmo de la situación. Cada segundo que transcurría exigía mantener el esfuerzo conjunto, sabiendo que el desenlace de esta maniobra dependía tanto de la precisión del cirujano como de la firmeza con la que sus propias manos lograban contener la debilidad del tejido afectado sin alterar su estructura base.

Mantuve la concentración clavada en el nivel más alto posible, visualizando mentalmente la estructura frágil de la herida para anticiparse a cualquier microdesplazamiento mientras la acción principal continuaba desarrollándose. Todavía quedaban instantes cruciales por delante antes de poder hablar de un control total de la zona. Y allí permanecería, inamovible, cumpliendo estrictamente con su deber con la sobriedad que exige la jerarquía y la disciplina en un escenario de esta magnitud. Continuó sosteniendo el tejido con idéntica firmeza, sin permitir que la fatiga física alterara la posición de sus manos, a la espera de cómo evolucionaría esta compleja fase de la intervención. 



off
Resumen. En el tenso ambiente de un quirófano, el joven genin Aregon Senju asume con estricta disciplina su rol de asistencia manual sin recurrir al chakra, posicionando firmemente sus manos para estabilizar los tejidos debilitados de un paciente mientras aguarda en completo silencio el desarrollo de la delicada sutura.

Dado. 8, asistencia normal.
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11-10-2026, 10:10 PM
La aguja atravesó el tejido na vez más, esta vez sin que los bordes de la herida volvieran a separarse. La presión que Argeon mantenía con sus manos era suficiente para conservar la posición necesaria permitiendo que el Dr. trabajara con mayor comodidad sobre la zona afectada.

—Así está bien, no te muevas —indicó el cirujano concentrado en la sutura.

Durante los siguientes minutos el médico completó los puntos de refuerzo. No había prisa por terminar antes de tiempo; lo último que necesitaba era otro error que pudiera evitarse con un poco de paciencia. Argeon por su parte consiguió mantener la posición hasta que Kazama dio por concluida aquella parte del procedimiento.

—Bien. Puedes soltar.

Kazama apartó el instrumental y examinó la sutura durante unos instantes. Comprobó que los bordes del tejido permanecieran correctamente unidos y que no hubiera señales de un nuevo sangrado. Después solicitó una gasa limpia para retirar los restos de sangre de la zona y terminó de preparar la herida para su posterior vendaje.

—Presión estable. El pulso también se está recuperando.

Todavía quedaba trabajo por hacer con las quemaduras y el niño necesitaría vigilancia durante las siguientes horas, pero la complicación había quedado resuelta y no había indicios de que la sutura estuviera fallando.

—De acuerdo. Que lo trasladen a observación cuando terminemos de vendarlo. Quiero que controlen sus constantes y que revisen la herida periódicamente. Si aparece cualquier signo de infección o vuelve a sangrar, me avisan inmediatamente.

Una de las enfermeras se acercó para preparar el material necesario mientras otro asistente comenzaba a retirar los instrumentos que ya no hacían falta. El quirófano recuperó poco a poco su ritmo habitual. Las voces dejaron de sonar tan tensas.

Kazama se quitó los guantes y los depositó en el recipiente correspondiente. Después se apartó de la mesa para permitir que el personal terminara de atender al niño. Solo fue hasta entonces que dirigió su atención hacia el joven Senju.

—Puedes descansar las manos, Argeon.

El médico lo observó durante unos segundos antes de continuar.

—Al principio de la intervención dejaste caer un bisturí. Después, cuando la situación se complicó, conseguiste corregir tu actuación y mantener los separadores mientras trabajábamos para detener la hemorragia. Y ahora has podido ayudarme a terminar el cierre sin recurrir al chakra.

Kazama cruzó los brazos con el cansancio todavía marcado en el rostro.

—No voy a decirte que lo has hecho todo bien, porque no sería cierto. En un quirófano, un descuido puede tener consecuencias graves, y hoy has tenido la oportunidad de comprobarlo por ti mismo. Pero también has demostrado que eres capaz de escuchar una corrección, adaptarte y seguir trabajando cuando las cosas se ponen difíciles.

El cirujano señaló con la cabeza la mesa donde descansaba el instrumental utilizado durante la operación.

—Recuerda algo: tener chakra no significa que debas utilizarlo para resolver cada problema. A veces, unas manos firmes y una cabeza fría sirven mucho más que cualquier técnica. Aprende a distinguir cuándo necesitas tus habilidades y cuándo solo necesitas hacer bien lo que te han pedido.

Antes de que pudiera añadir algo más una enfermera se acercó para comunicarle que el paciente estaba listo para ser trasladado. Kazama le hizo un gesto para que procediera y observó cómo el equipo comenzaba a mover la camilla hacia la zona de recuperación.

El niño continuaba inconsciente bajo los efectos de la anestesia, pero sus constantes se mantenían estables y la herida había quedado cerrada. Aún necesitaría cuidados para recuperarse de las quemaduras y permanecería bajo observación aunque ya no se encontraba en el peligro inmediato que había obligado al personal a intervenir con tanta urgencia.

Kazama soltó un suspiro y se frotó el puente de la nariz por encima de la mascarilla.

—Bueno, por hoy es suficiente. Ve a lavarte y a cambiarte esa bata. Misión cumplida. 

offrol
Mision cumplida. Puedes hacer tu ultimo post y solicitar la recompensa de la misión.
Argeon
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11-10-2026, 10:31 PM
El Senju se quedo pensando en las palabras del médico, mientras que terminaba de asearse. Luego de un tiempo el shinobi regreso donde se pudiera encontrar Kazana y le agradeció por su enseñanza en forma más noble que conocía, la cual consistía en inclinarse como lo hace un discípulo a su maestro, este no espero respuesta y se marchó del hospital. 

En el trayecto de regreso su hogar paso a comer en su local de ramen favorito, pero camino lentamente desprendiendo en su mano el chacra verdoso característico de su profesión.—Quizás tenga razón y no todo este en emplear ninjutsu médico, pero no todos los shinobi de Konoha pueden hacerlo. — Hizo pausa. —Pero aún así pueden realizar tratamiento básico, incluso curar a otros ¿Entonces que me hace ser un ninja Médico? — Se cuestiono.

Al llegar al puesto pidió la comida y escucho a los demás comensales, cada uno narrando lo que habían pasado en ese día, muy pocos eran shinobis, porque la mayoría eran civiles o ninjas retirados. Este destino casual le permitió meditar sobre las palabras del encargado de esa misión, ese hombre llamado Dr. Kazama y su actitud ante el empleo de los jutsus de la especialidad Yan, este se cuestiono si su deber no debería ser siempre sanar y observo su piel.

“Quizás no deba especializarme en ayudar a otros, sino en fortalecer mi propio cuerpo.” Pensó y observo como su piel pudiera ser empleada como arma. “Esto pudiera ser una pieza clave para una futura investigación, sin embargo, deberé ir a la biblioteca sobre el uso de los usuarios de la aldea con ese raro elemento Yan.” Este desconocía ampliamente las ramificaciones de su chacra, porque solo había manifestado su capacidad curativa. Este predicamento paso sin ser notado por otros, solo se limitó a comer y sentirse alegre por haber terminado la misión.
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Narro           ||        -Hablo-     ||      "Pienso"    ||  Ninja Médico  ||  Cronología
Masashi Kishimoto
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12-10-2026, 05:39 AM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: [Misión de Rango C] Apoyo Clínico. (TID 14976)
Tipo: Misión Normal · Rango: C
  • Chota Akimichi — Narrador No Oficial (100%): 1000 Ryos, 0 Tobis, 65 Exp, Pergamino PERG002
  • Argeon — Participante (100%): 1000 Ryos, 10 Tobis, 90 Exp

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
Moderador Shinigami
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12-10-2026, 05:42 AM
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