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  ›   [Misión Avanzada] [Side Ques|C] La Arboleda de los Perdidos
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[Side Ques|C] La Arboleda de los Perdidos
Narrador Hebi-kun
Rango Genin
Clan Yamanaka
Nivel 5
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra0(1)
Inteligencia75(4)
Especiales
Salud9
Velocidad14
Tenketsu9
Sigilo9
355
280
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10-10-2026, 06:25 PM


La Arboleda de los Perdidos



[Imagen: OABTqaR.jpeg]



Konoha conoció la oscuridad a mitad del día.

El invierno había llegado, aunque del cielo caía una calina oscura en lugar de nieve. Una espesa concentración de nubes había sepultado el sol, extendiendo sobre la aldea una penumbra semejante a las últimas horas del crepúsculo. Los animales permanecían refugiados en sus madrigueras y el bosque que rodeaba la muralla había adquirido una quietud extraña. Apenas se escuchaba el crujido ocasional de las ramas, agitadas por un viento que recorría las copas de los árboles.

Cerca de las puertas de la aldea, donde durante generaciones había existido una arboleda conocida por sus habitantes, el paisaje había cambiado. Los árboles se agrupaban ahora en dos enormes murallas de troncos retorcidos, con raíces endurecidas que se entrelazaban bajo la tierra y ramas que formaban una bóveda sobre un sendero desconocido. Aquella espesura reclamaba para sí una porción del País del Fuego, ocultándola tras una barrera de madera, hojas marchitas y espinos.

Entre ambas murallas se levantaba un viejo torii de madera oscurecida, cubierto por cuerdas, telas y máscaras ceremoniales. Más allá de sus pilares, una sucesión de lámparas envejecidas iluminaba el camino con pequeños resplandores anaranjados, semejantes a estrellas extraviadas entre los árboles. El sendero se internaba en la arboleda hasta desaparecer en una neblina grisácea, acompañado por estandartes que pendían inmóviles entre las ramas.

Las raíces y los troncos formaban una barrera casi impenetrable a ambos lados. El paso bajo el torii permanecía despejado, ofreciendo una entrada directa hacia las profundidades del bosque.

Frente a aquel umbral aguardaba una figura pequeña, envuelta en ropajes desgastados y adornada con hojas secas, plumas y amuletos. Sostenía un bastón de madera retorcida, mientras una máscara de facciones exageradas cubría por completo su rostro. Sus ojos brillaban tenuemente desde las cavidades de aquella expresión grotesca, cuyos rasgos recordaban a los de un demonio tallado por manos poco acostumbradas a representar figuras humanas.

El extraño anfitrión extendía uno de sus brazos hacia el interior del sendero. Permanecía junto al torii, con el bastón apoyado contra la tierra y el rostro vuelto hacia las puertas de Konoha, aguardando a quienes decidieran acercarse.

Un crujido recorrió la arboleda. Las ramas comenzaron a agitarse entre los troncos, deslizándose unas sobre otras como serpientes que despertaban de un prolongado letargo. Algunas descendían lentamente hacia el sendero, mientras otras se enroscaban alrededor de los pilares y se entrelazaban sobre el torii. Las raíces sobresalían de la tierra húmeda y los árboles parecían estrechar cada vez más el espacio que separaba ambas murallas.

El pequeño anfitrión observó aquel movimiento antes de volver la máscara hacia las puertas de Konoha. Alzó ligeramente su bastón y reiteró la invitación con un ademán de su brazo, señalando el sendero que todavía permanecía abierto entre las raíces.

Reglas de Participación

¡Bienvenidos al Evento de Halloween de Shinobi Gaiden!

Este tema corresponde a la introducción del evento para los personajes de Konohagakure y se desarrollará bajo las condiciones de una Misión Rango C.

Participación e inscripción

Para participar, deberán responder a la primera ronda dentro del plazo establecido. La primera publicación equivaldrá al registro oficial del personaje en el evento.

Los participantes deberán narrar su llegada a las inmediaciones de la arboleda y su ingreso al sendero señalado por el misterioso anfitrión. Para incorporarse a esta misión, deberán atravesar el torii durante la primera ronda.

Una vez concluido el plazo y publicada la siguiente intervención del narrador, los árboles cerrarán el acceso al sendero, impidiendo la incorporación de nuevos participantes a este tema.

Cada jugador tendrá libertad para decidir las acciones y reacciones de su personaje durante el ingreso, respetando las intervenciones del narrador y las condiciones del escenario.

Rondas y plazos

Cada ronda comenzará con una publicación del narrador, a partir de la cual los participantes dispondrán de 48 horas para responder.

Transcurrido este plazo, la ronda quedará cerrada y ya no podrán realizarse publicaciones correspondientes a ella. El narrador dispondrá de hasta 36 horas adicionales para publicar la siguiente actualización.

Sistema de Vidas y ausencias

Cada personaje dispondrá de 4 Vidas durante el evento.

Si un participante deja transcurrir las 48 horas sin responder, perderá automáticamente una Vida y quedará retirado de la misión en curso. Esta consecuencia se aplicará desde la primera ausencia.

También podrá perder una Vida como consecuencia de una derrota o muerte durante las misiones. La muerte dentro del evento no será permanente.

Agotar las 4 Vidas impedirá continuar participando en las misiones ON-Rol del evento.

La retirada de una misión no implica la expulsión del evento completo, siempre que el personaje conserve al menos una Vida.

Continuidad y recompensas

La participación en esta misión introductoria es opcional. Los personajes podrán incorporarse a las etapas posteriores del evento sin necesidad de haber completado este tema.

Quienes sean retirados por inactividad también podrán participar en futuras misiones, siempre que conserven Vidas. Sin embargo, perderán la oportunidad de obtener las recompensas correspondientes a la finalización de esta misión.

Las indicaciones particulares de cada escenario serán comunicadas por el narrador conforme avance la historia.

¡Disfruten del evento y procuren mantenerse activos!
Argeon
Rango Genin
Clan Senju
Nivel 11
Estadísticas
Generales
Fuerza90(4)
Destreza10(1)
Ctrl. de Chakra80(4)
Inteligencia5(1)
Especiales
Salud9
Velocidad17
Tenketsu12
Sigilo14
525
550
Enlace al Post
10-10-2026, 07:02 PM
El silencio dominaba el espacio de trabajo en la residencia Senju. Sobre la mesa de madera, expuesta a la escasa claridad que se filtraba por la ventana, reposaban en perfecto orden únicamente los materiales de combate. Argeon desplegó sobre la superficie pulida las tiras de papel reactivo junto a los kunais de acero templado. Con la paciencia y precisión características de su disciplina, tomó el primer sello entre sus dedos. Una ligera presión en la base de la empuñadura permitió que una corriente mínima de chakra fluyera desde las yemas de sus dedos hacia el papel, logrando que la fórmula explosiva se adhiriera de forma impecable y limpia a la estructura del metal. Repitió el procedimiento con cada una de las hojas, asegurando los mangos con hilo reforzado mediante nudos firmes para prevenir cualquier desprendimiento durante la ejecución de movimientos bruscos. Una vez concluida la labor, introdujo las armas preparadas en la cartuchera sujeta a su muslo derecho, asegurando la solapa de cuero con un chasquido seco. Reajustó el chaleco táctico sobre su torso, verificó la solidez de los vendajes en sus antebrazos y abandonó el recinto.



La atmósfera en Konohagakure presentaba un matiz denso e inusual para la época. La luz habitual del mediodía parecía sofocada por una calina oscura que cubría la totalidad de la bóveda celeste en lugar de la nieve característica del invierno. La penumbra se extendía sobre las calles y los tejados de madera, proyectando sombras alargadas sobre el suelo de la aldea. Las viviendas permanecían cerradas y la habitual actividad de los pobladores se había reducido casi por completo. El viento frío recorría las vías desiertas con un susurro constante, agitando la tela de sus ropajes mientras avanzaba con paso uniforme y resuelto en dirección a los límites del asentamiento. 



Al aproximarse a las puertas principales de la aldea, el camino de tierra comenzó a transformarse drásticamente. La arboleda habitual que resguardaba el acceso había cedido su lugar a una formación vegetal imponente. Dos enormes murallas de troncos retorcidos se alzaban a ambos lados del trayecto, con raíces endurecidas que emergían de la tierra húmeda entrelazándose con violencia. Las ramas superiores formaban una bóveda espesa que bloqueaba la escasa luz ambiental, ocultando un sendero desconocido tras un entramado impenetrable de madera, espinos y hojas marchitas.



En la entrada de aquella brecha se erigía un viejo torii de madera oscurecida, del cual colgaban cuerdas, telas raídas y varias máscaras ceremoniales. Más allá de sus pilares, una hilera de lámparas envejecidas proyectaba pequeños destellos de luz anaranjada que se perdían gradualmente en la neblina grisácea del fondo. Argeon redujo la velocidad de su marcha al divisar a la pequeña figura envuelta en mantos desgastados que aguardaba junto a la estructura de madera. La entidad sostenía un bastón de madera retorcida y cubría su rostro con una máscara demoníaca de facciones exageradas, cuyos ojos emitían un tenue fulgor desde las cavidades oscuras. El anfitrión mantenía el brazo extendido hacia el interior del camino, señalando el paso abierto entre los troncos.



Un crujido sordo resonó en la arboleda cuando las ramas superiores comenzaron a agitarse y deslizarse unas sobre otras, descendiendo lentamente hacia el suelo y enroscándose en las columnas del torii. Las raíces se elevaban desde el fango, estrechando paulatinamente el espacio entre las dos murallas de madera. Argeon se detuvo a pocos metros de la estructura, observando el movimiento autómata de la vegetación y la quietud de la figura enmascarada. Acomodó la postura de sus hombros, colocó la mano derecha a escasa distancia de la cartuchera de kunais y dio un paso firme hacia adelante, cruzando la línea marcada por el viejo torii para adentrarse definitivamente en el sendero iluminado por las lámparas anaranjadas.



El suelo bajo sus sandalias de shinobi se volvió blando al traspasar el límite del umbral ceremonial. Las tiras de tela y las máscaras colgadas en el marco de la estructura se mececían levemente con el paso de la brisa. Argeon no volvió la vista atrás; mantuvo la mirada clavada en la hilera de luces anaranjadas que se extendía en la penumbra. A medida que sus pasos se internaban en el sendero, la claridad difusa que provenía de las puertas de Konohagakure fue reduciéndose a una simple franja luminosa a sus espaldas.



El crujido de la madera continuaba a su alrededor mientras las raíces endurecidas se acomodaban en el barro, reduciendo el ancho del camino. Argeon de forma sigilosa avanzó a un ritmo constante, regulando la distribución de su peso corporal para mantener el equilibrio exacto sobre el terreno resbaladizo. A su paso, las primeras lámparas envejecidas proyectaban destellos sobre la tela de su atuendo y sobre el metal expuesto de los kunais fijados a su pierna. El denso olor a corteza marchita y vegetación encerrada sustituyó por completo el aire frío de la aldea, envolviendo la figura del ninja mientras la neblina grisácea del sendero terminaba por cubrir su silueta en la profundidad de la arboleda.



Cada pisada sobre la hojarasca mojada producía un sonido sordo que se extinguía rápidamente entre la densidad de los troncos. El Senju mantuvo los brazos relajados a los costados del cuerpo, listos para canalizar su chakra de manera inmediata a través de la red Tenketsu ante cualquier alteración brusca del entorno. La niebla se volvía más espesa a medida que la distancia con respecto al torii aumentaba, tornando los contornos del follaje en sombras difusas. Las lámparas de aceite, sujetas a estacas clavadas a lo largo del margen del camino, balanceaban sus pequeñas llamas con una cadencia irregular. Argeon se detuvo esperando que su  manta de camuflaje le ocultará.

efecto de la manta
Con el empelo de la manta aumenta su siglo en 1 o 2, aún no lo comprendo del todo.





off


Resumen.
Argeon Senju prepara sus kunais explosivos con chakra en su hogar y atraviesa una Konohagakure ensombrecida. Al llegar a la entrada, cruza el torii de la arboleda transformada frente al anfitrión enmascarado y se adentra en el sendero neblinoso para ocultarse bajo su manta de camuflaje.


Iventario
Bolsa Ninja
Bolsa Ninja 0 ryos
OtroIntangible
La Bolsa Ninja es uno de los elementos más representativos del equipamiento básico del shinobi. Se trata de una bolsa diseñada para transportar diversos objetos de utilidad durante las misiones, viajes y actividades cotidianas, permitiendo al ninja disponer rápidamente de herramientas, provisiones y otros implementos necesarios para su labor.

Este accesorio es entregado por las aldeas como parte del equipamiento militar estándar y constituye un elemento habitual dentro de la indumentaria shinobi. A diferencia de otros accesorios, su contenido puede variar según las necesidades de la aldea, aunque todas las Bolsas Ninja cuentan con Píldoras Soldado en su interior. Estas píldoras constituyen provisiones de emergencia que pueden ser utilizadas para Regenerar Chakra por Tenketsus, realizar una Curación Básica o Alimentar al usuario en situaciones donde no sea posible disponer de alimentos convencionales.

Durante una Misión de Guerra o determinadas narraciones, el narrador podrá establecer reglas especiales respecto al uso de las Píldoras Soldado, pudiendo limitar su consumo o incluso establecerlas como un recurso necesario para atravesar determinadas zonas o pagar un peaje durante el desarrollo del conflicto.
Efecto Píldoras Soldado (Munición: 5)
Efecto Herramienta: Botiquín (Munición: 5)
Efecto Herramienta a Elección: Bomba de Humo o Sello Explosivo (Munición: 3)

Píldoras Soldado (Munición: 5/5)
Herramienta: Botiquín (Munición: 5/5)
Herramienta a Elección:  Sello Explosivo (Munición: 3/3)

Porta Kunais
Porta Kunais 0 ryos
OtroChico1
El Porta Armas, conocido comúnmente como Porta Kunais, es uno de los elementos más representativos del equipamiento ninja. Se trata de un estuche diseñado para transportar kunais, shuriken y otras herramientas de uso frecuente durante las misiones.

Este accesorio es entregado por las aldeas como parte del equipamiento militar estándar y constituye un distintivo propio de los shinobi, por lo que únicamente los ninjas autorizados pueden portarlo. Habitualmente se ajusta al muslo de la pierna predominante del usuario, permitiendo una extracción rápida y natural de las armas con la mano dominante, optimizando así el tiempo de respuesta durante el combate.
Efecto Arma Arrojadiza: Kunai (Munición: 3)
Efecto Arma Arrojadiza: Shurikens (Munición: 5)
Efecto Herramienta: Hilo Metálico (Munición: 10)

Arma Arrojadiza: Kunai (Munición: 3/3)
Arma Arrojadiza: Shurikens (Munición: 5/5)
Herramienta: Hilo Metálico (Munición: 10/10)

Manta de Camuflaje
Manta de Camuflaje 1.470 ryos
HerramientaMediano1
Esta herramienta solo sirve para esconderse detrás o debajo de ella, siendo completamente inútil si el usuario se mueve o intenta combatir mientras la utiliza. Su diseño permite ver parcialmente el exterior desde el interior, lo que facilita identificar el momento oportuno para abandonar el escondite. Es una herramienta útil para infiltración, vigilancia o emboscadas, siempre que el usuario permanezca quieto y no sea detectado.
Efecto 1 (MINT) de Sigilo
Efecto 1 (MDES) de Sigilo
Efecto Efecto de camuflaje


Boomerang de Madera
Boomerang de Madera 1.470 ryos
ArrojadizaChico1
El Boomerang de Madera es considerado por muchos un simple juguete; sin embargo, su versatilidad va mucho más allá. Con la fuerza suficiente, puede alcanzar distancias mayores que la mayoría de las armas arrojadizas convencionales y, gracias a su diseño, regresar a la mano de su usuario al describir una amplia curva durante su trayectoria. Aunque no posee un gran poder destructivo, su comportamiento lo convierte en un arma difícil de anticipar y especialmente útil para quienes saben aprovechar sus posibilidades.

Debido a la naturaleza errática de su vuelo, resulta complicado predecir su recorrido, ya que no siempre se dirige directamente hacia el objetivo y puede realizar curvas con facilidad, llegando incluso a impactar durante su trayecto de regreso y aprovechando puntos ciegos. Esto le permite aumentar el sigilo de su ejecución e incluso ocultar parte de su trayectoria si deja de ser observado directamente. Aun así, sigue siendo un arma de madera, por lo que su capacidad de causar daño es limitada.
Efecto 1 (MDES) de Lesión
Efecto 1 (MDES) de Sigilo
Efecto Puede Regresar al usuario


Chakram
Chakram 1.470 ryos
ArrojadizaChico3
Arma arrojadiza con forma de circunferencia metálica de aproximadamente 20 cm de diámetro, con filo a lo largo de todo su perímetro exterior, salvo por una pequeña sección sin filo que permite sujetarlo de forma segura. Su diseño ligero y equilibrado lo convierte en un proyectil eficaz, capaz de causar cortes limpios y veloces al ser lanzado.

Cuando se empuña, el filo del chakram queda alineado por sobre los nudillos, lo que lo diferencia de las armas convencionales como cuchillos o espadas. Debido a esta particularidad, el chakram no puede usarse como un arma cuerpo a cuerpo tradicional, pero sí permite potenciar los ataques de Taijutsu realizados con la mano que lo sostiene, añadiendo capacidad de corte al impacto físico sin interferir con la técnica marcial.
Efecto 4 (MFUE) de Lesión
Efecto 1 (MDES) de Sangrado
Efecto Compatible con golpes de Taijutsu


[Imagen: uYoQ0If.jpeg]
Narro           ||        -Hablo-     ||      "Pienso"    ||  Ninja Médico  ||  Cronología
Akira Hyuuga
Rango Chuunin
Clan Hyuga
Nivel 20
Estadísticas
Generales
Fuerza100(5)
Destreza100(5)
Ctrl. de Chakra100(5)
Inteligencia20(1)
Especiales
Salud15
Velocidad25
Tenketsu20
Sigilo8
755
885
Enlace al Post
10-10-2026, 08:29 PM
La oscuridad que había caído sobre Konoha no pasaría inadvertida para Akira. Al avanzar por las proximidades de las puertas de la aldea, el Chūnin alzaría ligeramente el rostro, buscando entre aquella masa de nubes algún indicio del sol que debería seguir iluminando el camino a esas horas. No encontraría más que una penumbra impropia del mediodía y un viento frío que se colaba entre las prendas, agitando algunos mechones de su cabello castaño.

Makey viajaría sobre sus hombros, con las patas delanteras apoyadas a ambos lados de su cuello. El felino mantendría las orejas erguidas, sus ojos dispares recorriendo los alrededores con una atención poco habitual incluso para él. Akira giraría ligeramente la cabeza al sentir las uñas del animal afirmándose sobre la tela de su chaleco.

—¿Qué pasa, Makey? ¿Hoy sí te has dado cuenta de que algo no anda bien?

Un maullido corto rozaría su oído.

—Vaya, gracias por la observación. Menos mal que te tengo conmigo.

La sonrisa burlona que acompañaría sus palabras no conseguiría disipar del todo la cautela con la que recorrería el camino. Conforme se aproximara a las puertas, sus pasos perderían parte de su despreocupación. El bosque que debería extenderse más allá de la muralla parecía haberse transformado en algo distinto. Dos paredes de troncos retorcidos se elevaban donde antes habría encontrado una arboleda conocida, sus ramas entrelazándose hasta formar una bóveda oscura sobre un sendero que se perdía entre la niebla.

Akira se detendría a una distancia prudente del primer entramado de raíces. Sus ojos examinarían las paredes de madera, siguiendo los nudos de las ramas, la disposición de las espinas y los espacios entre los troncos. No tardaría en reparar en el torii que se levantaba entre ambas murallas, ni en las lámparas antiguas que señalaban el camino hacia el interior. Las máscaras y los amuletos que adornaban los pilares le arrancarían un leve movimiento de cejas.

—Bueno... esto es nuevo.

El comentario escaparía en voz baja. No habría nadie a su alrededor a quien dirigirlo, salvo el felino que seguía acomodado sobre sus hombros.

—¿Tú qué dices? ¿Una bienvenida turística o una forma especialmente elaborada de decirnos que no somos bienvenidos?

Makey emitiría un sonido gutural y se incorporaría sobre sus hombros, estirando el cuello en dirección al sendero. Akira seguiría su mirada hasta descubrir la pequeña figura que aguardaba junto al torii. La máscara de facciones exageradas, los ropajes cubiertos de hojas secas y el bastón retorcido componían una estampa que habría resultado ridícula de no ser por el escenario que la rodeaba.

El Hyūga ladeó ligeramente la cabeza.

—Ah, estupendo. También tenemos anfitrión.

La figura extendía un brazo hacia el interior del bosque. Akira no respondería inmediatamente a la invitación. En cambio, permanecería observando durante unos segundos, atento a la manera en que las lámparas iluminaban el sendero y a la espesura que parecía cerrarse alrededor de aquel único acceso. La quietud del lugar resultaba tan extraña como la oscuridad del cielo; incluso el viento parecía encontrar dificultades para atravesar aquella barrera de ramas.

Un crujido rompería el silencio.

Akira desviaría la mirada hacia los troncos justo cuando las ramas comenzaran a deslizarse unas sobre otras. Sus ojos seguirían el movimiento de las raíces que asomaban de la tierra y se entrelazaban cerca del sendero. El muchacho no retrocedería, aunque la mano derecha abandonaría el costado de su cuerpo y quedaría libre, preparada para reaccionar si aquella vegetación decidía estrechar también el espacio que ocupaba.

Makey soltaría un maullido más agudo y saltaría de sus hombros antes de que Akira pudiera girarse por completo. El felino aterrizaría sobre el suelo y avanzaría unos pasos hacia el torii, con la cola levantada y las orejas orientadas hacia el bosque.

—Eh, eh. ¿Adónde crees que vas?

El gato se detendría apenas un instante antes de continuar, atraído por aquella sucesión de luces y sombras que se extendía más allá de la entrada.

Akira chasquearía la lengua. Se agacharía para sujetarlo con cuidado por debajo del pecho y lo alzaría de nuevo, acomodándolo contra su cuerpo. Makey protestaría con un maullido mientras sus patas delanteras se estiraban en dirección al sendero.

—No. Tú te quedas aquí.

El felino giraría la cabeza hacia él. El ojo violeta se fijaría en su rostro, mientras el cian permanecería dirigido hacia el camino.

—No me pongas esa cara. Has visto lo mismo que yo. No pienso meterte en una maraña de árboles que se mueven como si quisieran tragarse a cualquiera que pase por delante.

Makey respondería con otro maullido y trataría de girarse entre sus brazos, insistiendo en volver al suelo.

Akira apretaría los labios, conteniendo una risa breve, y le daría un par de caricias firmes entre las orejas.

—Ni lo intentes, bribón. Por una vez vas a hacerme caso.

Lo llevaría hasta un punto despejado, a un lado del acceso, donde no quedara directamente bajo las ramas que se agitaban sobre el sendero. Allí lo depositaría con suavidad, arrodillándose un instante para alisarle el pelaje que se le había revuelto durante el forcejeo.

—Me esperas aquí. Si ves que no vuelvo en un rato, buscas el camino a casa. Nada de seguirme, nada de meterte en agujeros raros y, por favor, intenta no robarle la cena a nadie mientras no estoy.

Makey maullaría, claramente poco conforme con aquellas condiciones.

Akira sonreiría de lado y le rascaría la cabeza una última vez antes de ponerse en pie.

—Sí, ya sé que puedes cuidarte solo. Pero no te he preguntado, señorito.

El gato permanecería junto al borde del sendero, siguiéndolo con la mirada mientras el Hyūga volvía a centrar su atención en la entrada. Akira ajustaría las correas de su chaleco y flexionaría los dedos de las manos, comprobando que nada obstaculizara sus movimientos. Después, sus ojos regresarían a la figura enmascarada que aguardaba bajo el torii.

—Muy bien. Ya que te has tomado tantas molestias para montar todo esto, supongo que lo mínimo es averiguar de qué va.

La sonrisa que aparecería en su rostro sería pequeña, ladeada, con aquella chispa competitiva que solía asomar cuando algo despertaba su curiosidad. No confundía la prudencia con la obligación de dar media vuelta ante cualquier misterio, pero tampoco tenía intención de atravesar aquella entrada sin prestar atención a lo que pudiera esperarle al otro lado.

Daría un primer paso hacia el torii, deteniéndose justo antes de cruzar su umbral. Desde allí observaría una vez más el sendero, las lámparas anaranjadas y la niebla que ocultaba su destino.

—Espero que al menos el anfitrión sepa explicar las reglas. Sería bastante desagradable descubrir que he venido hasta aquí para terminar convertido en abono.

Una risa breve abandonaría sus labios. Sin apartar la atención de la entrada, Akira cruzaría finalmente bajo los pilares y se internaría por el camino iluminado, dejando a Makey fuera de la espesura, tal como le había ordenado.

El gato soltaría un último maullido desde el exterior.

Akira alzaría una mano por encima del hombro, sin detenerse.

—¡He dicho que te quedes!

Y continuaría avanzando entre las lámparas, con la mirada fija en el sendero que desaparecía bajo la niebla y los sentidos atentos a cada crujido que surgiera de aquella arboleda imposible.
[Imagen: JK2RddW.png]
Daeru Uchiha
Rango Genin
Clan Uchiha
Nivel 14
Estadísticas
Generales
Fuerza5(1)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra150(5)
Inteligencia55(3)
Especiales
Salud12
Velocidad16
Tenketsu9
Sigilo13
535
595
Enlace al Post
11-10-2026, 03:17 AM
Daeru se encontraba descansando en su habitación cuando notó que algo extraño ocurría en el exterior. A pesar de que todavía era de día, la luz que ingresaba por su ventana había disminuido considerablemente. Se levantó de su cama y se acercó para observar el cielo, completamente cubierto por unas oscuras nubes que apenas permitían distinguir el sol. «¿Qué está pasando...? Todavía es temprano.» Por un momento pensó que se aproximaba una tormenta, pero aquella oscuridad le resultaba bastante extraña. Movido por la curiosidad, decidió abandonar su hogar para averiguar qué estaba ocurriendo.

Mientras recorría las calles de Konoha, Daeru distinguió algo extraño en dirección a las puertas de la aldea. Una enorme concentración de árboles parecía haberse levantado donde antes existía una arboleda mucho más pequeña. «¿Desde cuándo hay tantos árboles allí...?» Decidió acercarse y, al llegar, descubrió que los enormes troncos formaban una especie de muralla natural. En medio de aquella extraña vegetación se levantaba un antiguo torii que daba acceso a un sendero iluminado por pequeñas lámparas. Sin embargo, lo que más llamó su atención fue la pequeña figura enmascarada que aguardaba junto a la entrada.

Daeru se detuvo unos instantes, observando con desconfianza al desconocido. «¿Y ese sujeto...?» De pronto, las ramas comenzaron a moverse por sí solas, provocando que retrocediera instintivamente un paso. Aquello definitivamente no era normal. El extraño individuo levantó su bastón y señaló el sendero, invitándolo a ingresar. Daeru tragó saliva mientras observaba el camino que desaparecía entre la neblina. «No sé si sea buena idea...» Sin embargo, su curiosidad terminó por vencer al miedo.

—E-Eh... gracias... —murmuró tímidamente hacia el extraño anfitrión, aunque ni siquiera sabía por qué le estaba agradeciendo. Finalmente, reunió algo de valor y cruzó bajo el antiguo torii, internándose lentamente en aquel desconocido sendero. Mantuvo una mano cerca de sus armas mientras avanzaba entre las lámparas, atento a cualquier movimiento extraño que pudiera surgir desde la vegetación. «Espero no arrepentirme de esto...»
[Imagen: 1bb5716d6be2fa2b4e048ccb8fb0d90a.gif]
Hablo - «Pienso» - Narro
Cronología
Natsu Ashida
Rango Genin
Clan Uchiha
Nivel 11
Estadísticas
Generales
Fuerza75(4)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra75(4)
Inteligencia0(1)
Especiales
Salud9
Velocidad22
Tenketsu10
Sigilo10
475
485
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11-10-2026, 03:24 AM
El día había comenzado como cualquier otro. Después de levantarme, asearme y prepararme algo para desayunar, me senté a la mesa para disfrutar de un sándwich antes de salir de casa. No tenía ningún plan particularmente emocionante para aquella mañana. Lo más probable era que terminara dirigiéndome a la oficina de misiones para que me asignaran algún trabajo, tal y como había hecho en otras ocasiones.

Sin embargo, a mitad del desayuno, algo llamó mi atención.

Con el sándwich todavía entre las manos, alcé la mirada hacia la ventana y observé el cielo.

– ¿...?

¿Desde cuándo estaba tan oscuro?

Una extraña calina gris cubría el firmamento, apagando la luz del día hasta darle a la aldea un aspecto bastante diferente al habitual. Me quedé contemplándolo durante unos instantes, con la cabeza ligeramente ladeada, tratando de comprender qué clase de cambio repentino era aquel.

Los murmullos procedentes del exterior no tardaron en llamar también mi atención. Algunas voces se escuchaban desde la calle, acompañadas de los comentarios de varios vecinos que parecían tan desconcertados como yo. Me quedé escuchando un momento, tratando de entender qué decían, pero no logré aclarar mucho.

– ¿Y ahora qué pasa? – Murmuré, mirando nuevamente hacia la ventana.

Podría haber terminado de desayunar tranquilamente y haber preguntado por lo ocurrido después, pero la curiosidad pudo más que cualquier otra consideración. Di un último mordisco a mi sándwich y me puse en marcha, apresurándome a salir a la calle. La oficina de misiones podía esperar un poco. Primero, quería saber qué demonios estaba sucediendo.

A medida que avanzaba por la aldea, no tardé en comprobar que la extraña oscuridad no era lo único fuera de lugar. Las conversaciones de los vecinos, las miradas dirigidas hacia las puertas de Konoha y aquella sensación de desconcierto que flotaba en el ambiente solo consiguieron avivar mi interés. No tenía ni idea de lo que estaba pasando, pero cada vez tenía más ganas de llegar al fondo de aquello, así que continué hasta llegar a la entrada de la aldea.

Y entonces lo vi.

– ... ¡¿Pero... qué?!

Ante mis ojos se extendía un espectáculo que difícilmente habría imaginado encontrar allí. La arboleda que siempre había estado frente a las puertas de Konoha se había transformado hasta volverse casi irreconocible. Enormes árboles se alzaban a ambos lados del camino, formando unas murallas naturales con sus raíces y ramas retorcidas. Entre ellas se erguía un antiguo torii, adornado con máscaras y amuletos ceremoniales. Algunas linternas iluminaban la entrada, mientras que las ramas se entrelazaban alrededor de la estructura como si estuvieran reclamando el paso para sí mismas.

Me quedé contemplándolo durante unos segundos, con los ojos bien abiertos. Por un instante, incluso me pregunté si todavía estaría soñando. Aunque, pensándolo bien, si aquello era un sueño, ¡definitivamente era uno muy interesante!

¡Aquello era rarísimo!

Nunca había visto nada parecido, y precisamente por eso quería verlo más de cerca. Ni siquiera las enormes raíces que se alzaban alrededor del camino consiguieron quitarme las ganas de investigar.

Mi atención terminó recayendo en el individuo enmascarado que aguardaba junto al torii. Llevaba un bastón y señalaba hacia el sendero que se extendía al otro lado, como si estuviera invitando a todo el mundo a pasar. Me acerqué directamente, observándolo de arriba abajo antes de dirigirle la palabra.

– Oye, ¿qué demonios está pasando aquí? – Le pregunté, refiriéndome al escenario que nos rodeaba. – ¿Tú has hecho todo esto?

Esperé unos instantes, pero el enigmático anfitrión no pareció tener intención de ofrecerme una respuesta. En su lugar, se limitó a señalar nuevamente hacia el camino.

Miré en aquella dirección y después volví la vista hacia él, levantando ligeramente una ceja.

– ¿Que vaya por ahí? ¿Eso es todo lo que tienes que decir?

Al no recibir ninguna otra respuesta, solté un pequeño resoplido. ¡Menudo tipo más raro! Primero, la arboleda de siempre había adquirido aquel aspecto de pesadilla y después, el sujeto que parecía tener algo que ver ni siquiera se molestaba en explicar qué estaba ocurriendo.

Volví a dirigir la mirada hacia el torii y me entretuve observando los adornos que lo cubrían. Entre los amuletos y las linternas colgaban numerosas máscaras, cada una con un diseño diferente. Algunas tenían expresiones grotescas que parecían sacadas de alguna historia de terror, mientras que otras resultaban bastante curiosas.

¡Hasta el propio anfitrión llevaba una!

Me acerqué un poco más para examinar las que colgaban por ahí. Había unas con los ojos muy abiertos, otras con sonrisas exageradas y unas cuantas que lucían las muecas más horribles de la existencia.

Por supuesto, no pude resistirme a intentar imitarlas.

Frente a una de las máscaras más grotescas, arrugué la nariz, torcí la boca y enseñé los dientes, tratando de reproducir aquella expresión tan peculiar. Después pasé a otra, ladeando la cabeza y abriendo los ojos tanto como pude.

Esto era divertido.

Continué examinándolas hasta que una de ellas me llamó especialmente la atención. No sabría decir exactamente qué tenía de especial, pero su diseño me pareció bastante genial. La tomé entre mis manos, me la puse sobre el rostro y solté una carcajada.

– ¡Mira! ¡Ahora soy como tú!

Le dije al enmascarado, aunque mi atención no tardó en desviarse hacia el sendero. Entre los troncos, algunas ramas parecían agitarse; otras descendían lentamente y se enroscaban alrededor de los pilares. Era un fenómeno de lo más extraño, y el anfitrión también lo había notado. Pero, lejos de hacerme retroceder, aquello solo me daba más motivos para averiguar qué había detrás.

Bajé la máscara mientras volvía a mirar al hombre con una sonrisa curiosa dibujada en mis labios. Esta vez, no me molesté en hacerle más preguntas. Si no quería hablar, allá él. Ya descubriría por mi cuenta qué estaba pasando.

– ¡Tú ganas! ¡Iré a ver qué hay por allí!

Y, sin pensármelo demasiado, crucé el torii y me adentré en la misteriosa arboleda, dispuesto a descubrir qué clase de sorpresa me aguardaba al otro lado.

Off
Resumen: Natsu nota la extraña oscuridad que cubre Konoha y, movido por la curiosidad, se dirige a las puertas de la aldea. Allí descubre que la arboleda ha adquirido un aspecto siniestro y se encuentra con un anfitrión enmascarado que lo invita a cruzar el torii, aunque se niega a responder sus preguntas. Tras curiosear entre las máscaras, probarse una y observar el extraño movimiento de las ramas, Natsu decide adentrarse en la arboleda para descubrir qué lo espera.

PD: Natsu se ha llevado consigo la máscara que ha tomado del torii (?)
[Imagen: 9oeXPFe.gif]
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Farahan
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11-10-2026, 08:53 AM
El sol no fue más.

El murmullo del restaurante se había convertido en ruido de fondo. Farahan escuchaba a la mujer de treinta años sentada frente a él, quien le contaba una historia sobre cómo había terminado con dos anzuelos encajados en el mismo dedo. Ya había alcanzado a advertir que lo único brillante de aquella muchacha era su cabello, de un rubio peculiarmente claro, pero su historia terminaba por confirmar sus sospechas. Aun así, permanecía con los ojos abiertos, fingiendo probar algún bocado, riendo cada tanto y utilizando un repertorio bastante limitado de comentarios.

—No... ¿Cómo?... ¡No me lo creo!

La chica, por su parte, ya había consumido más de la mitad de su comida. Hablar mientras comía parecía preocuparle bastante poco; estaba tan encantada con el sabor y tan concentrada en terminar su historia que apenas prestaba atención a cuanto sucedía alrededor. La luz del restaurante comenzó a apagarse bajo una oscuridad que irrumpía desde el exterior y, a medida que los comensales advertían aquel fenómeno, sus conversaciones fueron atenuándose hasta dejar la voz de la muchacha prácticamente sola entre las mesas.

La mirada filosa de Farahan se dirigió hacia la ventana del costado. Era como si la noche hubiera tomado posesión del día y descendiera desde los cielos hasta la tierra, arrastrando consigo una calina oscura que devoraba la claridad de las calles. El silencio terminó por apoderarse del restaurante y, cuando la muchacha escuchó el eco de sus propias palabras, interrumpió finalmente su relato.

—¿Ya anocheció?

Cuestionó mientras buscaba algún reloj que le permitiera comprobar la hora, pues apenas unos momentos antes todavía era de mañana.

—No creo que sea eso.

Farahan alcanzó a distinguir a varios shinobi movilizándose por los tejados y las calles, mientras otros salían de los establecimientos cercanos. Incluso dentro del restaurante, un Jōnin que disfrutaba de su descanso pareció recibir una alerta y abandonó inmediatamente el lugar. El Yamanaka comprendió entonces que aquello podía ser algo más que un nublado repentino.

—Bueno, el deber llama. Yo te llamo, ¿sí?

Colocó sobre la mesa dinero suficiente para cubrir ambos alimentos y una propina generosa para la bella mesera.

—Pero aún te queda...

Farahan salió del lugar sin apenas haber tocado sus alimentos. Al pasar junto a una ventana, aprovechó para acomodarse el cabello y continuó su camino. Poco a poco, las farolas de la aldea comenzaron a encenderse para luchar contra aquella noche que había descendido en pleno mediodía.

Apenas se detuvo un momento para comprar un café. Aquel día carecía de una misión asignada, pero consideraba posible recibir alguna, motivo por el que llevaba su indumentaria completa. Lo que jamás habría imaginado era que la misión terminaría presentándose in situ.

Al llegar a las puertas de Konoha encontró una considerable concentración de testigos, de los cuales solo unos cuantos se aventuraban a ingresar por un camino surgido de la nada, cercado por enormes murallas de árboles retorcidos.

Las raíces amenazaban con cerrar el paso y las ramas se deslizaban unas sobre otras, estrechando lentamente el sendero. Entre los presentes tampoco parecía existir una instrucción concreta por parte de los altos mandos, quienes apenas comenzaban a movilizarse ante aquella anomalía.

Farahan observó a los shinobi que ya se internaban en la arboleda y decidió seguirlos. Ajustó sus pertenencias y se llevó el café a los labios, apurando su contenido de un solo trago. El líquido todavía estaba demasiado caliente y le arrancó una breve mueca al abrasarle la lengua. Contuvo el impulso de escupirlo, tragó con cierta dificultad y observó el vaso vacío con una expresión de profundo desagrado, como si este tuviera la culpa de semejante inconveniente.

Finalmente, lo guardó entre sus pertenencias para desecharlo más tarde y cruzó bajo el torii, aceptando la silenciosa invitación del extraño anfitrión.


Resumen

Farahan se presenta en las inmediaciones de la arboleda y decide adentrarse en ella junto a sus compañeros, atravesando el torii.

Vicio y Adicción: Saciados.

A partir de la siguiente ronda, las acciones de Farahan serán incorporadas a las publicaciones del narrador.
Kuroto Uchiha
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11-10-2026, 12:34 PM
La oscuridad había llegado a Konohagakure a una hora en la que nadie esperaba verla. Kuroto se encontraba recorriendo las calles de la aldea cuando advirtió que la luz comenzaba a desaparecer. Levantó la mirada hacia el cielo, donde una espesa calina negra había terminado por ocultar el sol. Los comentarios de algunos vecinos terminaron por confirmar que algo extraño estaba sucediendo en las inmediaciones de las puertas de Konoha. Con la guerra todavía en marcha, cualquier anomalía de semejante magnitud merecía, como mínimo, una inspección. Sin embargo, lo que encontró al llegar superaba considerablemente sus expectativas.

- ¿Qué demonios ha pasado aquí...?

La arboleda que conocía había adquirido un aspecto completamente diferente. Enormes árboles retorcidos flanqueaban un sendero iluminado por lámparas anaranjadas, mientras un antiguo torii marcaba la entrada. De sus travesaños colgaban máscaras y diversos adornos ceremoniales. Para rematar, algunas raíces parecían moverse por voluntad propia. Kuroto frunció ligeramente el ceño. Aquello difícilmente podía considerarse un fenómeno natural.

- Estupendo. Ahora también tenemos árboles que caminan.

Murmuró para sí mismo, sin apartar la mirada de la vegetación. Junto al torii aguardaba una pequeña figura con una máscara demoníaca y un bastón de madera. Parecía empeñada en invitar a los presentes a internarse en el bosque. Kuroto se aproximó con cautela. Algunos shinobi ya habían aceptado aquella invitación. Entre ellos alcanzó a reconocer a Daeru, aunque no llegó a intercambiar palabras con él antes de verlo desaparecer por el sendero. Finalmente, se detuvo frente al enmascarado.

- ¿Eres tú quien ha provocado todo esto?

Ante la ausencia de explicaciones, Kuroto observó nuevamente el camino que aquella figura insistía en señalar.

- No sé qué pretendes, pero supongo que no vas a decirme nada, ¿verdad?

Dejó escapar un pequeño suspiro. Entrar sin saber qué aguardaba al otro lado no parecía especialmente inteligente. Sin embargo, ignorar semejante fenómeno tan cerca de la aldea tampoco era una opción. Acomodó la funda de Homurakiba y, tras dedicar una última mirada al enmascarado, atravesó el torii, atento a cualquier movimiento sospechoso. Ya descubriría qué clase de problema acababa de encontrarse.
-Hablo-
-Pienso-
-Narro-
Itsuki Senju
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11-10-2026, 04:16 PM
El sudor frío del entrenamiento aún humedecía la nuca de Itsuki cuando el cielo de Konohagakure decidió extinguirse. No había sido una transición gradual hacia el ocaso, sino un ahogamiento súbito, una bruma espesa y cenicienta que devoró la luz del mediodía sin derramar un solo copo del invierno que correspondía a la estación. En el campo de prácticas, el chasquido metálico de sus nudilleras contra los postes de madera se detuvo en seco. El aire se tornó espeso, cargado de una quietud anormal que empujó a las bestias a callar. Sin dudarlo, ajustó las correas de su chaleco táctico, comprobó la firmeza de los vendajes en sus antebrazos y siguió el flujo de la perturbación hacia los confines de la aldea.

Al alcanzar las inmediaciones de las puertas principales, el panorama habitual había sido suplantado por una pesadilla de madera retorcida. Frente a él se levantaba una imponente garganta vegetal: dos murallas de troncos nudosos y ennegrecidos que se alzaban como barricadas vivientes, entrelazando sus raíces sobre la tierra fangosa y tejiendo una bóveda asfixiante de ramas secas y espinas.

Itsuki frenó en seco, con las plantas de los pies afirmadas contra el fango. Sus ojos claros recorrieron cada nudo de aquella vegetación con una intensidad quirúrgica. Para alguien de su linaje, la visión de madera retorcida y marchita no era un simple capricho de la naturaleza; era un eco perturbador. Por un instante, una punzada de memoria histórica tensó los tendones de su cuello.
¿La maldición...? La idea de que algún residuo del Mokuton corrompido, aquel que convirtió la carne de sus antepasados en corteza inerte durante la Era de las Llamas Eternas, pudiera estar brotando a las puertas de la villa le erizó la piel. Sin embargo, la disonancia visual y la ausencia de ese hedor a chakra ancestral sofocante lo hicieron descartar la sospecha casi de inmediato. Aquello no era la caída trágica de un Senju; era algo deliberado, una trampa o un artificio orquestado.

Frente al viejo torii oscurecido que marcaba la entrada, adornado con cuerdas viejas y máscaras ceremoniales grotescas, aguardaba la causa evidente del enigma: una figura pequeña, cubierta por mantos harapientos entretejidos con hojas secas y plumas. Sostenía un bastón retorcido y su rostro permanecía oculto tras una máscara demoníaca de rasgos toscos y exagerados, desde cuyas cavidades titilaba una mirada tenue. El individuo mantenía el brazo extendido, invitando a entrar como quien señala un matadero.

Itsuki adoptó de inmediato una postura baja y contenida, distribuyendo el peso sobre los metatarsos para reaccionar ante cualquier agresión súbita. Para su percepción afectada por la prosopagnosia, las máscaras de los demás eran idénticas a los rostros humanos comunes: superficies de madera plana, mudas e impenetrables. No buscó descifrar gestos en aquel rostro artificial; en su lugar, analizó la postura del anfitrión. Notó la total inmovilidad de sus hombros, el apoyo ligero sobre el báculo y la ausencia de tensión muscular combativa. Aquel ser no pretendía pelear en el umbral; su propósito era puramente funcional, como el de un heraldo o un centinela.

Un crujido sordo partió el aire. Las ramas de la arboleda comenzaron a agitarse con lentitud reptiliana, descendiendo y enroscándose sobre los maderos del torii mientras las raíces estrechaban paulatinamente el único sendero disponible. Quedaba poco tiempo antes de que la entrada quedara sellada.

Fue entonces cuando un detalle fuera de lugar atrajo su atención. A un costado del torii, apartado del área donde las raíces amenazaban con aplastar el terreno, una pequeña silueta se recortaba contra la hojarasca. Un felino de pelaje reconocible aguardaba con la cola tensa y las orejas orientadas hacia la espesura. Los ojos del animal —uno violeta y el otro cian— brillaron al cruzarse con los suyos.

Makey.

No necesitó indagar más para atar cabos. Reconocía el patrón de ese gato tanto como el andar ligero y engreído del Chuunin de ojos pálidos que solía llevarlo al hombro. Si la mascota de Akira estaba apostada allí como un vigía involuntario, significaba dos cosas: los shinobi que le precedieron ya se habían internado en el bosque —incluido el propio Akira— y el animal había intentado seguirlo hasta ser relegado al exterior.

Dejar a una criatura indefensa en el perímetro de una anomalía tan inestable contradecía su lógica operativa. No por ternura , sino porque el gato era un elemento disperso de un camarada de Konoha que podía atraer problemas o terminar devorado por las raíces.

Con un movimiento fluido y carente de brusquedad, Itsuki avanzó hacia el costado del sendero, se agachó con la guardia alta y sujetó con firmeza a Makey por el lomo, levantándolo del suelo antes de que pudiera escurrirse. El felino soltó un bufido de descontento, pero la sujeción de Itsuki, firme como el hierro, no admitió réplica. Acomodó al animal contra su costado, asegurándolo con el brazo izquierdo bajo los pliegues de su chaleco para mantener su mano diestra libre y próxima a sus herramientas de combate.

—Te vienes. No pienso dejar que te conviertas en abono aquí fuera si tu dueño fue tan imbécil como para adelantarse —murmuró entre dientes con frialdad cortante.

Ignorando la máscara demoníaca del anfitrión y el ademán persistente de su bastón, el Senju plantó las sandalias con fuerza sobre la tierra húmeda y cruzó definitivamente bajo el dintel del torii.

Apenas sus pisadas sobrepasaron la línea ceremonial, la brisa de la aldea murió a sus espaldas, sustituida por un vaho tibio y denso impregnado de humedad, corteza marchita y vegetación atrapada. A ambos lados del estrecho sendero, las lámparas anaranjadas chisporroteaban con una cadencia fantasmal, recortando sombras alargadas sobre la niebla espesa que se tragaba el camino unos metros más adelante. Los crujidos de la madera cerrándose tras él confirmaron que la arboleda no concedería un camino de regreso sencillo. Con los sentidos al límite y la tensión acumulada en cada músculo, Itsuki se internó en la penumbra tras los rastros de quienes habían partido antes.
AsunaMatata
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11-10-2026, 05:45 PM
Última modificación: 11-10-2026, 11:33 PM por AsunaMatata.
No tardé demasiado en darme cuenta de que algo no iba bien. La luz del día había comenzado a desaparecer poco a poco, y cuando alcé la mirada hacia el cielo, me encontré con una capa de nubes oscuras que apenas dejaba pasar la claridad. Fruncí ligeramente el ceño. No era precisamente extraño que el tiempo cambiara, pero aquello tenía algo que no terminaba de convencerme. “¿Desde cuándo se ha puesto así el cielo...?”- Con esa pregunta rondándome la cabeza, decidí acercarme a las puertas de Konoha. Quizá allí pudiera entender qué estaba pasando, aunque, siendo sincera, tampoco tenía demasiadas esperanzas de encontrar una explicación sencilla.

No tardé en descubrir que el cielo no era lo único que había cambiado.

Donde debería encontrarse la arboleda cercana a la entrada, se alzaban ahora dos enormes paredes de árboles retorcidos. Las ramas se entrelazaban unas con otras, formando una especie de techo sobre un sendero que desaparecía entre la niebla. Me detuve a unos pasos de la entrada, observándolo todo en silencio. - Que raro. - No recordaba que hubiera nada parecido allí. De hecho, estaba bastante segura de que no lo había. Me habría gustado pensar que existía alguna explicación lógica para aquello, pero me costaba encontrarla mientras contemplaba unas raíces que parecían haberse apoderado del terreno de la noche a la mañana.

Mi atención terminó centrándose en el torii que se levantaba entre ambas paredes. Era antiguo, de madera oscura, y estaba adornado con cuerdas, telas y unas máscaras que no me resultaban precisamente tranquilizadoras. Más allá, varias lámparas iluminaban el camino con una tenue luz anaranjada, aunque la niebla impedía distinguir qué había al otro lado.

- ¿Em?. - Incliné un poco la cabeza mientras observaba a la pequeña figura enmascarada. Llevaba unos ropajes extraños, cubiertos de hojas secas y amuletos, y sostenía un bastón entre las manos. No podía verle el rostro, así que tampoco tenía manera de saber qué expresión ocultaba aquella máscara. Me quedé a cierta distancia, intentando decidir qué pensar de todo aquello. El desconocido señaló el sendero, invitándome a pasar, pero no me apresuré a aceptar. Antes prefería echar un vistazo a mi alrededor. Las paredes de árboles no parecían dejar demasiadas alternativas y, para terminar de empeorar las cosas, las ramas comenzaron a moverse con un crujido que me hizo tensar los hombros.

Di un pequeño paso atrás cuando algunas raíces asomaron de la tierra. No es que tuviera miedo de los árboles, claro, pero tampoco acostumbraba a encontrarme con bosques que parecían tener vida propia.

“¿Donde están los guardias?” . - Los altos mandos debían estar enterados de aquello, la guardia de la muralla, pero realmente a nadie parecía importarle. Volví a mirar al anfitrión. Seguía allí, esperando, como si todo aquello fuera de lo más corriente. Casi me daban ganas de preguntarle si pensaba explicarme que estaba ocurriendo, aunque dudaba que fuera a obtener una respuesta solo por mirarlo con insistencia.

Podía dar media vuelta y regresar a la aldea. No tenía ninguna obligación de internarme en aquel lugar desconocido, y una parte de mí me recordaba que seguir a un extraño enmascarado por un sendero cubierto de niebla no era precisamente la decisión más sensata.

- Te seguiré el juego, a la menor señal de algo extraño, bueno. Procura que no pase nada, por tu bien. - Finalmente, crucé bajo los pilares y comencé a internarme por el sendero. Las lámparas iluminaban el suelo a intervalos, mientras la niebla ocultaba todo lo que se extendía más allá de unos pocos pasos. Eché un vistazo por encima del hombro antes de continuar, comprobando cómo la entrada iba quedando atrás.



OFF: Voy con mi cosplay de la fotito!
[Imagen: Captura-de-pantalla-2026-10-12-100635.png]
Uchiha Keisuke
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11-10-2026, 07:13 PM
Keisuke se encontraba en las afueras de su casa, el jardín por así llamarlo, pintando al óleo en un lienzo de tela de lino. A sus alrededores tenía muchos dibujos de sujetos llamados Miguel Angel Buonarroti, Rembrandt, y otros artistas históricos que habían dejado una huella en la pintura del mundo que nos rodea. Él estaba en su día libre haciéndo estudios artísticos de anatomía humana, luz y sombra, y aprovechaba la buena luz al aire libre, cuando derepente…

Cita:Una espesa concentración de nubes había sepultado el sol, extendiendo sobre la aldea una penumbra semejante a las últimas horas del crepúsculo. 

-¡¡¡ME CAGO EN LA M…!!!

Pero no dijo las groserías porque había oscuridad, sino porque la oscuridad llegó cuando él estaba pintando. ¡Puta vida! ¡No lo dejaban pintar en paz! ¡Primero el Hokage con sus putas cosas! ¡Luego las responsabilidades! ¡Ya basta, vida! ¡El arte también es una responsabilidad pero nadie lo ve así!

Las hermanas de Kei subieron los escalones a la casa un poco asustada y se escondieron detrás de él. Su padre salió afuera a averiguar.

-¿Qué es eso, hermanito? ¿Por qué se puso el cielo oscuro? TwT

-Nos protegerás, ¿verdad? ;__;

-Tal parece que tendrás que ir de misión otra vez, Kei. No te sueltan el brazo. - Keisuke le pasa el pincel lleno de pintura brown sienna a su padre, y también la paleta de colores. -Oye, te ha quedado muy bien eso que hiciste. Has mejorado.

-No tanto como quiero por culpa de… Ya sabes. Pero… Me alegra escuchar eso. - Esto último lo dijo con un tono de voz más agradecido. Las hermanas de Kei entran a la casa y van al cuarto del chico a preparar sus cosas de ninja. -¿Las protegerás, cierto? - Miró a su padre a los ojos.

-Sabes que si. - Lo miró, dándole su palabra. -Tu asegúrate de volver a casa. - Kei miró a su padre y ascintió con la cabeza.

-A pesar de todo, me gusta esta oscuridad.  - Llegan las hermanas con una mochila adiccional para Kei. -¡Kei, Kei! ¡Te pusimos ropa de vampiro dentro de la mochila!

-¡Por favor, ponte esta primero! - Le dan ropa de Thresh (?). Kei les sonríe. Hacer cosplay era una de las actividades favoritas que tenía con sus hermanas. Una de ellas había salido con una cola y orejas de Lycantropo, y la otra con oreja y cola de un conejo sangriento asesino. Kei se ausentó por unos momentos para cambiarse la ropa. Se puso la mochila adiccional en la espalda, se puso la bandana y sus cosas de ninja incluyendo el famoso botiquín médico en la mochila, kit de analgesicos, libreta de dibujo con lápices, sellos explosivos, kunais, shurikens, hoz, senbons, boomerang de madera y etc.

-¡Gracias! - Se da un abrazo familiar con sus hermanas. Mira a su padre, choca el puño con él. Las cosas parecían estar mejorando un poco aunque sea. Detrás de su padre vió a su madre con sus ojos apagados y como “ida” de la realidad. Pero su instinto de madre le decía que él estaba ahí.

-…. Kei …. Mátalos … a todos … Mátalos, hijo mio… Mátanos… - Kei sonríe levemente.

-Volveré a casa, mamá. - Se da la vuelta y se va, porque si se acerca se formaba un quilombo. (?)

Caminando hacia el lugar de los hechos, Kei le dió más importancia a la calina oscura que caía del cielo, en lugar de nieve. Miró al cielo y vió las nubes oscuras que oscurecían el sol. -…Ah… Espero que no esté explotando un volcán desconocido…. - Siguió el sendero animado. -¡Excelente! ¡Oscuridad hermosa, temática de miedo! :3 ¡Como me gusta! - Divirtiéndose con la ambientación nueva de la aldea.

-Después el loco soy yo, ¿no? - Le respondió Skelly, su amigo esquelético imaginario.

-Si. No se de donde saliste, así que si, sigues siendo el loco.

Vió conejos escondidos en madrigueras. -Hasta ellos tienen respeto. - Llegó cerca de las puertas de la aldea y vió una arboleda, con árboles agrupados en dos enormes murallas. -¡Oye, Skelly! ¿Esto estaba así antes?

-No lo había visto.

-Yo tampoco. Pero somos metiches. Vamos a investigarlo. - Le deja saber a un guardia cercano que va a investigar el suceso para hacer legal su investigación ninja. (?) Se metió por el camino con muchos árboles, ramas curvas, hojas secas. Un lobo aullando “Auauuuuuuuuuuuuu” en la lejanía, tarantula subiendo por un árbol, ardillas ocultas, el sonido de los búhos haciendo “uuh uuuh uuh uuhhh” o como hagan (?), raíces endurecidas… Lámparas desgastadas ”¿Otra vez?” - Pensó porque le dió un deja-vú que ya había vivido antes. Pero bueno, era parte de la ambientación.

Apareció una neblina grisácea y se puso un pañuelo en la nariz por si acaso era veneno. -…… - Ah, pero era solo neblina así que se quitó el pañuelo al rato. -Excelente ambientación para que me ataquen a traición. - Dijo en voz alta para dejarle saber a quien quiera que le estuviera emboscando que sabía que era una emboscada.

Kei llegó hasta un Torii dando saltitos, porque a todas estas le pareció buena idea dar saltitos en un momento dado del camino… Y allí bajo el Torii vió…

-¡¡¡UN ENANO!!! :v - Señaló la criatura su esqueleto imaginario.

-¡¡¡UN GOBLIN!!! - Señaló al extraño anfitrión. -¡¡Siiiiii!! ¡Me da gusto conocerte! ¡Sabía que existían! - Se acercó emocionado al Anfitrión y le tomó la mano para saludarlo. -¡Mucho gusto! ¡Me llamo Keisuke! - Lo soltó. -Uh… ¿Quieres que entre ahí? - Miró el Torii y a la extraña criatura a los ojos.

-Oye, pero eso está como peligrosito, ¿no? - Mirando el sendero, y luego mira al Anfitrión que le sigue señalando con el bastón a que entre. -¡Jaja! ¡Bueno! ¡Vale, vale! No se si es usted el causante de estos fenómenos ambientales, y esta oscuridad… Pero te dejo saber que me gusta. ¡Toma! - Le da su tarjeta de Artista. -¡Si en algún momento quieres que te pinte un cuadro, me dejas saber, por favor! ¡Luego podemos tomar té! - Le hace una reverencia al Anfitrión. -¡Bien, entraré! ¡Espero que hayan más criaturas míticas! - Kei veía eso como todo un cuento de hadas / terror / fantasía.

-Oh, antes de irme… ¿Puedo saber tu nombre…?

Se quedó mirando el Anfitrión a ver si le decía su nombre….

-Mejor entremos antes que pierda la cabeza, te de con el bastón y te patee en el culo para allá dentro. - Le dijo Skelly. Keisuke le sonríe al anfitrión.

-¡Me pueden contactar la próxima vez…! B-Bueno, bueno, ya, ya, entro. - Le hizo una reverencia. -¡Ha sido un placer conocerte! ¡Muchas graciaaaaaaas! ¡Bye byeeeeeeeeeeee! - Se va corriendo emocionado y pasa por debajko del Tobii despidiéndose del Anfitrión con la mano. Skelly su amigo imaginario lo sigue. -¡WoHooooooooooooooo! - Para Kei eso era emocionante y siguió el camino hasta desaparecer entre la neblina.

Cuervo: ¡¡Caw caw!!


-¡Wepa, mi hermano cuervo! - Le hace la señal de la paz.

Cuervo: o.O  ...   D: 
Uchiha buenazo :3

Ficha || [Registro] - Uchiha Keisuke || Cronologias del Doctor de la Muerte
[Imagen: Kei-Thresh1.png]
[Imagen: Kuroto-Kei1Firma.png]
Ibuki Inuzuka
Rango Chuunin
Clan Inuzuka
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11-10-2026, 07:16 PM
Última modificación: 11-10-2026, 07:27 PM por Ibuki Inuzuka.
Ibuki se había levantado temprano aquel día, un día como cualquier otro, salvo por el pequeño detalle de que, por alguna extraña razón, la gente había comenzado a disfrazarse y a actuar de maneras poco cotidianas, y claro, ¡ella no iba a ser la excepción!

Tenía muchísimas ideas sobre cómo vestirse aquel día. Había pensado en ir de bruja, utilizar un corsé bien apretado, un traje de látex negro, ¡todo parecía ser una buena alternativa! Incluso llegó a probarse uno de esos trajes ceremoniales típicos de las kunoichis que aparecían en ciertas interpretaciones eróticas, pero nada le resultaba particularmente convincente. Se miraba al espejo, giraba sobre sí misma, se acomodaba la ropa y volvía a cambiarse, una y otra vez, sin conseguir encontrar aquello que realmente estaba buscando.

La idea era ser espeluznante, que la gente le temiera con solo verla y que, además, pudiera identificar inmediatamente de qué iba disfrazada. El traje de Gatúvela no era precisamente reconocible, había leído algunas historietas sobre aquella mujer, pero no todo el mundo conocía esa clase de historias. Por otro lado, el de kunoichi era precioso, ¡precioso!, pero fácilmente podría confundirse con un traje de batalla de cualquier otro día... Entonces... ¿Qué? ¿Qué demonios podía ponerse? No paraba de pensar una y otra vez, revisando sus pertenencias y contemplando las distintas alternativas, hasta que, de repente, lo vio.

Su habitación había sido recientemente remodelada. Le habían traído unas preciosas cortinas de visillo blanco, ligeramente translúcidas, que se movían delicadamente con el viento cada vez que dejaba la ventana abierta. Era un espectáculo relajante y calmante, pero que, con la iluminación adecuada... ¡Podría verse exactamente igual que un fantasma! ¡Sí! ¡Como aquellos que aparecían en las historias de terror y en los relatos de los trovadores de las tabernas! Quizás... Quizás aquello podría funcionar. ¡Era perfecto!

Ibuki tomó unas sábanas y varias fundas de almohada de su cama. No le importó demasiado estropearlas, sabía que serían repuestas al finalizar el día. Con bastante entusiasmo comenzó a confeccionar su nuevo disfraz, dibujando un par de ojos sobre la tela y agregando unas pequeñas mejillas rojizas que, según ella, le darían un aspecto muchísimo más aterrador. Luego, utilizando una de las fundas de almohada, confeccionó un pequeño disfraz para Mochi, su cachorro tanuki, pues Kiro seguramente preferiría quedarse durmiendo la siesta antes que participar en semejante espectáculo. También preparó trajes para varios de sus otros tanukis, quienes colaboraron como pudieron en la confección de aquellas pequeñas vestimentas. Finalmente, después de bastante trabajo, ¡todos estaban listos!

Como la sábana era ligeramente translúcida, y no quería que se le vieran los pezones, Ibuki decidió pegarse un par de papeles sobre el pecho para evitar mostrar más de la cuenta. También se colocó ropa interior blanca, pequeñita y cómoda, para que no estorbara bajo su elaborado disfraz. Su cuerpo todavía se encontraba algo adolorido después de la última batalla, con algunas zonas vendadas y otras que protestaban cada vez que realizaba determinados movimientos, pero aquello no iba a impedirle disfrutar de su día. Se calzó un par de botas negras tachonadas y se dispuso a salir a las calles para aterrorizar a cualquiera que tuviera la desgracia de encontrársela.

Sin embargo, justo cuando estaba terminando sus preparativos, comenzó a enterarse de que algo extraño estaba sucediendo en los alrededores de Konoha. El cielo se había oscurecido inexplicablemente y, según los rumores, una arboleda cercana a las puertas de la aldea había sufrido una transformación tan absurda como inquietante. Al parecer, aquello requería la atención de los shinobis y, por mucho que quisiera ignorarlo, sabía perfectamente que no podía hacerlo.

Escondió bajo sus sábanas todo el armamento que consideró necesario, preparó su portakunais y se lo ajustó bien arriba del muslo para evitar que sobresaliera de su tan elaborado disfraz. Finalmente, se dispuso a ir hasta ese puto árbol de mierda, con ese puto torii y toda la corneta de la que tanto estaban hablando... ¡Daaah! ¿Acaso no tendría un respiro? ¿Acaso no podía pasar un solo día tranquila, vagueando por la aldea y haciendo absolutamente nada productivo? ¡Qué mierda era esta vida! ¡Qué mierda era todo!

El camino fue bastante desanimado para ella. Apenas salió de su residencia se percató de que sus piernas no estaban para nada cubiertas por las sábanas y, lamentablemente, ya era demasiado tarde como para regresar y arreglar semejante desastre. Por suerte, a último momento había decidido separar la cabeza del resto del disfraz, haciéndole un agujero a la sábana para pasar la cabeza y permitir que la tela descansara sobre sus hombros. De aquella manera, al menos conseguiría cubrirse el trasero, pues antes de salir había descubierto, para su absoluta desgracia, que ni siquiera esa parte de su cuerpo quedaba completamente oculta con el diseño original.

- Daaah... Así no asustaré a nadie... - murmuró pesimista mientras caminaba por las calles, con aquella funda de almohada sobre la cabeza y la sábana cubriendo el resto de su cuerpo.

Su pequeño tanuki, por el contrario, parecía estar disfrutando de uno de los mejores días de su vida. Mochi caminaba alegremente a su lado, comiendo sandía como si nada estuviera ocurriendo, luciendo su diminuto disfraz de fantasma con una felicidad envidiable. Por las calles había muchísima gente disfrazada de cosas bonitas, monstruos, criaturas extrañas y personajes de toda clase. Ibuki podía distinguirlos a través de la tela, aunque no con demasiada claridad, y observaba cómo algunos pasaban corriendo a su alrededor mientras otros se detenían para reírse de su disfraz. Incluso había quienes la contemplaban durante unos instantes, se sonrojaban y apartaban rápidamente la mirada, como si hubieran visto algo que no debían... Pero nadie, absolutamente nadie, se asustaba.

¡Aquello era un desastre!

Para cuando finalmente llegó a las proximidades de la arboleda, la oscuridad era tan profunda que cualquiera habría pensado que ya era tarde por la noche. No había llegado corriendo ni saltando de tejado en tejado, simplemente había caminado durante todo el trayecto, intentando darse ánimos mientras sus heridas le recordaban que todavía no estaba en condiciones de realizar demasiadas tonterías. El lugar era bastante más extraño de lo que había imaginado, con enormes árboles retorcidos, raíces que parecían moverse por su cuenta y un antiguo torii que daba acceso a un sendero iluminado por pequeñas lámparas anaranjadas. Sin embargo, antes de prestar demasiada atención a semejante espectáculo, algo mucho más interesante consiguió llamar su atención.

Un pequeño gato estaba siendo regañado por su dueño.

Ibuki ladeó ligeramente la cabeza al escuchar aquella voz. Era alguien que conocía bastante bien, tanto por su tono como por su contextura y aquella manera tan particular de hablar. ¡Era Akira! ¡El joven sexy y fortachón de los ojos blancos! No necesitaba verle el rostro para reconocerlo, aunque tampoco es que aquello le hubiese servido de demasiado. Y, por supuesto, al verlo tan distraído con su pequeño acompañante, una idea maravillosa comenzó a formarse en su cabeza.

¡Esta era su oportunidad!

- ¡He dicho que te quedes! - escuchó decir a Akira, quien levantaba una mano por encima de su hombro mientras continuaba avanzando hacia el interior del sendero.

Ibuki aprovechó aquel preciso instante para realizar un pequeño sprint y alcanzarlo por un costado, procurando acercarse tan sigilosamente como le fuera posible. Se detuvo a escasos centímetros de su cuerpo, prácticamente pegada a él, mientras la sábana terminaba de acomodarse sobre sus hombros.

- ¿Y no puedo ir? - preguntó de repente, apareciendo a su lado - ¡BUUU!

Levantó ligeramente ambos brazos, intentando adoptar una postura amenazante bajo aquella ridícula sábana blanca, y permaneció unos segundos esperando alguna reacción.

- ¿Y? ¿Y? ¿Te asusté? - preguntó emocionada, inclinando un poquito la cabeza hacia él, con la esperanza de que, por fin, alguien hubiera sentido miedo de su terrorífico disfraz. Ibuki al decir esto, se percato de un aroma en el aire, empezó a mirar a todos lados y a buscar los dueños de esos aromas, hasta que por fin lo descifro, vio a la distancia a un par de personas que también atravesaban aquel Torii - ¡Asuna-chaaan! ¡Kei-saaan! ¡¡espérenme!! - diría, mientras dejaba a Akira para ir con sus compañeros de equipo.


OFF

Inventario:
Arrojadizas:
Chakram x1
Fuma Shuriken x1
Senbon Diminutas x1
Shuriken x1

Empuñadas:
Arco y Flechas x1
Tanto x2
Nudillera Kunai x1

Herramientas:
Kit de Trampas x1
Manta de Camuflaje x1

Estadísticas de Ibuki Inuzuka
Ibuki Inuzuka
Estadísticas Generales
Fuerza
75 M: 4
Inteligencia
75 M: 4
Destreza
75 M: 4
Ctrl. Chakra
0 M: 1
Estadísticas Especiales
Salud
10
Tenketsu
10
Sigilo
11
Velocidad
25
Vida 655 Chakra 580 Reg. Chakra 40
Tokuma
Rango Genin
Clan Senju
Nivel 7
Estadísticas
Generales
Fuerza25(2)
Destreza10(1)
Ctrl. de Chakra30(2)
Inteligencia10(1)
Especiales
Salud10
Velocidad11
Tenketsu10
Sigilo10
315
320
Enlace al Post
12-10-2026, 04:58 AM
Tokuma abrió los ojos sobre un banco de piedra en un parque que no reconoció de inmediato, con la nuca rígida y la boca seca como arena. Tardó unos segundos en recordar por qué llevaba una capa negra enrollada al cuello, y unos segundos más en entender qué le molestaba en la encía superior. Los colmillos de plástico seguían donde los había dejado la fiesta de disfraces.
 
Muy pocas veces el ojiazul tenía la oportunidad de divertirse libremente como lo había hecho la noche anterior. Misaka, una compañera de trabajo de su madre, pero de la misma edad que el genin, le había invitado a una fiesta de disfraces. Originalmente se iba a negar, pero tenía tanto tiempo que no tiraba, y Misaka ya se le había insinuado unas cuantas veces, que decidió asistir en busca del pan de cada día. Todo se salió de control en la caza de la mujer cuando alguien apareció con unas setas un tanto extrañas y lo que ya era una fiesta de proporciones considerables se convirtió en una de las noches más locas de su vida. A pesar de eso, su disfraz estaba intacto, muestra de que tendría que buscar otra manera de mojar la brocha.
 
Había ido de Drácula, basado en una historia canónica sobre un hombre de tierra lejanas que chupaba sangre humana para sobrevivir. La capa y los colmillos fueron lo único que su bolsillo permitió, y el resto del disfraz, el que costaba de verdad, quedó fuera de su alcance. Así que hizo lo que haría cualquier shinobi sin dinero: se puso su propio equipo militar y lo llamó ambientación. Un vampiro soldado. Nadie en la fiesta preguntó, y él no ofreció explicaciones.
 
Sus clásicas botas negras, pantalón blanco, camisa negra, y un chaleco negro con adornos dorados completaban la parte del disfraz que ya poseía en su armario. Su brillante, y nuevo, tantō lo llevaba envainado en la parte derecha de su cintura cual sable de general caído. Su porta kunais iba amarrado en la pierna derecha, a la altura del muslo donde su mano alcanzaría sin muchos estragos, mientras que su bola ninja reposaba encima de su nalga izquierda, amarrada de su cinturón. La típica bandana blanca culminaba su aparencia.
 
Se incorporó con un tirón seco de la capa y echó a andar hacia casa. Su madre llevaba horas sin saber de él, y eso pesaba más que la resaca. El camino lo llevó junto a las puertas de la aldea, y fue ahí donde algo le erizó la piel de los antebrazos. No era frío, aunque el viento había cambiado. Era como entrar a una habitación donde acaban de callarse todos.
 
Levantó la vista y el cielo le devolvió una penumbra impropia de la hora. El sol seguía ahí, sepultado bajo una masa de nubes espesas. Después miró hacia donde debía estar la arboleda de siempre, y la arboleda ya no estaba.
 
Dos murallas de troncos retorcidos se alzaban en su lugar, con raíces entrelazadas y ramas que formaban una bóveda sobre un sendero desconocido. Entre ambas se levantaba un torii oscuro, cubierto de cuerdas y máscaras, y más allá una hilera de lámparas anaranjadas se perdía en la niebla. Junto al umbral esperaba una figura pequeña, con una máscara de rasgos grotescos y un bastón de madera torcida, que le tendía un brazo como quien invita a pasar a un huésped. ¿Era aquello el resultado de aquellas setas de la noche anterior? ¿Seguía bajo los efectos del alcohol? ¿O quizás el queso dentro de sí ya se estaba poniendo rancio? No, aquello no parecía producto de su imaginación.
 
Se quedó quieto, con los brazos a los costados y la capa meciéndose a su espalda. Lo sensato era seguir de largo. Había una cama esperándolo, y la lavandería de su madre con sus turnos interminables. Pero la zona empezaba a llenarse de gente. Distinguió siluetas que se acercaban desde distintos puntos, algunas con equipo, otras claramente sin entender nada, y se dio cuenta de que él tampoco entendía. Si aquello era una amenaza, prefería conocerla antes de que cruzara las puertas. Por una vez, el equipo militar del disfraz resultaba útil.
 
Entonces reconoció a alguien. Un muchacho de cabello castaño, de pie frente al torii, con un gato blanco en brazos que protestaba con todo el cuerpo. Lo vio dejar al animal junto al borde del camino, arrodillarse a alisarle el pelaje y ponerse de pie con una sonrisa ladeada que Tokuma habría reconocido en cualquier parte. Akira.
 
Se sacó los colmillos de plástico de un tirón y los guardó en un bolsillo con la poca dignidad que le quedaba. Después aceleró el paso, esquivando a los curiosos que se agrupaban en la entrada, con una mano cerca del tantō por si acaso. El cielo oscuro le pesaba sobre los hombros y el sudor le bajaba por la sien hasta la mandíbula, aunque no hacía calor.
 
Pasó junto al gato sin detenerse del todo. Dos ojos de colores distintos lo siguieron con una atención que le resultó incómoda.
 
— Quédate ahí. — Le dijo en voz baja, sin alterar el gesto. — Yo me encargo de que vuelva.
 
Makey tenía una actitud temeraria, muy típica de un gato. Era dueño y señor de todos los que pertenecían a su “manada,” ya lo sabía Tokuma de primera mano gracias a aquella noche en el bar: la forma en que el gato le exigía cosas a Akira era digno de un mandamás.
 
El torii se alzaba delante. A ambos lados, las ramas se deslizaban unas sobre otras con un crujido que le erizó la nuca, y las raíces asomaban de la tierra como dedos. Tokuma no redujo el paso. Cruzó bajo los pilares con la capa ondeando y los músculos tensos, atento a cada movimiento de la espesura, y sintió el aire cambiar al otro lado: más denso, más quieto, con olor a madera mojada y a algo viejo que no supo nombrar.
 
El sendero se abría ante él, iluminado por lámparas que no parecían sostenerse de nada. A unos pasos, Akira avanzaba entre ellas con las manos libres y el paso despreocupado de quien no ha decidido todavía si está asustado.
 
— ¡Akira! — Llamó, sin elevar la voz más de lo necesario.
 
Aceleró hasta quedar a un paso de distancia, respirando un poco más fuerte de lo que le habría gustado. Echó un vistazo atrás, hacia el torii, y comprobó que el camino aún estaba abierto. Después volvió la mirada al Hyūga, y su expresión, por lo demás impasible, endureció apenas la mandíbula.
 
— Antes de que preguntes: anoche hubo una fiesta. Esto es un disfraz. No preguntes más, por favor. — Tener que dar detalles detrás de porque había decidido ir a una fiesta de disfraces lo pondría en evidencia. Tokuma no era bueno para mentir sobre cosas que lo avergonzaban.
 
Dejó que la frase asentara un segundo y fue al punto.
 
— ¿Sabe qué está pasando aquí? Pasaba por las puertas y esto apareció de la nada. No quise entrar solo, pero te vi y decidí entrar. — Hizo una pausa breve, con los ojos azules recorriendo la bóveda de ramas. — Pero veo que ya tienes compañía. — Dirigió su mirada a la persona que se encontraba envuelta en sabanas, por la silueta del cuerpo parecía ser una mujer, pero no quería asumir nada.
 
Siguió caminando, yendo al paso de los demás, la capa moviéndose a su espalda. Porque si algo puede salir mal, saldrá mal, y a Tokuma le tocaba comprobarlo con colmillos de plástico en el bolsillo.


Fuera de Rol (FDR)
Estadísticas de Tokuma Nanahoshi
Tokuma Nanahoshi
Estadísticas Generales
Fuerza
25 M: 2
Inteligencia
10 M: 1
Destreza
10 M: 1
Ctrl. Chakra
30 M: 2
Estadísticas Especiales
Salud
10
Tenketsu
10
Sigilo
10
Velocidad
11
Vida 315 Chakra 320 Reg. Chakra 40

Apariencia
[Imagen: image.png?ex=6acd7488&is=6acc2308&hm=58f...93fea7deb&]


Empuñadas:
• Tantō: 1/1


Herramientas:
• Sello Explosivo: 3/3

Porta Kunais:
• Kunais: 3/3
• Shuriken: 5/5
• Hilo Ninja: 10/10

Bolsa Ninja:
• Píldora de Soldado: 5/5
• Botiquín: 5/5
• Bomba de Humo: 3/3
Chota Akimichi
Rango Genin
Clan Akimichi
Nivel 10
Estadísticas
Generales
Fuerza100(5)
Destreza2(1)
Ctrl. de Chakra51(3)
Inteligencia2(1)
Especiales
Salud12
Velocidad10
Tenketsu13
Sigilo10
477
438
Enlace al Post
12-10-2026, 03:31 PM
Última modificación: 12-10-2026, 03:49 PM por Chota Akimichi.
Estadísticas de Chota Akimichi
Chota Akimichi
Estadísticas Generales
Fuerza
100 M: 5
Inteligencia
2 M: 1
Destreza
2 M: 1
Ctrl. Chakra
51 M: 3
Estadísticas Especiales
Salud
12
Tenketsu
13
Sigilo
10
Velocidad
10
Vida 477 Chakra 438 Reg. Chakra 52
[Imagen: 8JUSZnc.png]El problema de ir a buscar un disfraz a última hora era que siempre quedaban pocas opciones. Ya había recorrido casi toda la tienda apartando máscaras, sombreros y trajes que parecían sacados de un orto tenebroso, pero nada era de mi talla. Unos eran demasiado pequeños, otros demasiado incómodos.

Al final, cuando ya estaba a punto de marcharme con las manos vacías, encontré aquella cosa colgada en un rincón. Era una especie de disfraz de espíritu encapuchado, cubierto de harapos negros, con cadenas por todo el cuerpo, una máscara que apenas dejaba ver los ojos y una lampara amarrada a una cadena que venía incluida con el disfraz. No tenía ni idea de qué clase de criatura se suponía que era, pero era de mi talla.

—Bueno, algo es algo —murmuré observándome en el espejo.

No era precisamente el disfraz de mis sueños pero era el único que quedaba. Además, las cadenas tenían su gracia. Si caminaba lo bastante despacio hasta podía hacerlas sonar para asustar a alguien.

Una vez vestido, me aseguré de que la capucha no se me cayera, tomé la lampara y salí de la tienda. Eso sí tambien hice una parada obligatoria para comprar una bolsa de Doritos. Porque una cosa era disfrazarse y otra muy distinta era pasar toda la noche sin comer nada.
Y así fue como terminé caminando por Konoha vestido como una criatura salida del mismísimo infierno y una bolsa de Doritos en las manos. La verdad no me quedaba nada mal, incluso me reafirmaba las nalgas.

CRUNCH CRUNCH CRUNCH CRUNCH

— Me pregunto si a Ibuki le gustaria verme asi disfrazado —pensé mientras pensaba fugazmente en la Inuzuka—. Aunque porque me importaria lo que esa mujer piense —pensé sonrojandome debajo del disfraz.

CRUNCH CRUNCH CRUNCH CRUNCH

Cuando llegué a las inmediaciones de la arboleda me encontré con que varios conocidos ya se habían adelantado. Reconocí algunas siluetas entre los disfraces y no tardé en decidir que lo mejor sería seguirlos. Total si ellos sabían adónde había que ir yo solo tenía que caminar detrás.

— Me pregunti si ella tambien irá a ese lugar —pensé en voz alta.

Me limité a mantener cierta distancia, aprovechando la capucha y lo aparatoso del disfraz para pasar desapercibido. No sabía si alguno me reconocería, pero tampoco iba a ponérselos fácil. Después de todo, ¿qué gracia tenía ir disfrazado si no podía intentar asustar a alguien por el camino?

Me llevé un Dorito a la boca y continué caminando tranquilamente detrás del grupo. Fue entonces cuando el cielo comenzó a oscurecerse.

CRUNCH CRUNCH CRUNCH CRUNCH

Al principio pensé que se trataba de una nube particularmente grande, pero aquello no tenía sentido. La luz del día se desvanecía de una manera demasiado repentina como si alguien hubiese decidido apagar el sol. Frente a nosotros la arboleda había cambiado por completo. Los troncos se retorcían formando dos enormes paredes de madera, las ramas parecían moverse por voluntad propia y un sendero iluminado por lámparas anaranjadas se internaba entre la niebla.

Me detuve un instante, con el Dorito a medio camino de la boca.

—Que mierda… CRUNCH CRUNCH… es eso… —dije sin dejar de masticar.

Aquello sí que estaba bastante bien montado. Quien sea que estuviera detras de la decoración y efectos especiales le había salido genial. ¿Cómo lo habrán hecho?

Seguí con la mirada el sendero hasta llegar al viejo torii que se alzaba en la entrada. Había máscaras y amuletos colgando de su estructura, y junto a él se encontraba una figura pequeña, enmascarada que sostenía un bastón. No parecía especialmente amenazante, aunque con aquella iluminación tampoco me habría fiado ni de una abuela vendiendo caramelos.

CRUNCH CRUNCH CRUNCH CRUNCH

—Bueno, Chōta, ya que te gastaste los ryōs en el disfraz, por lo menos entra —me dije a mí mismo.

Los demás continuaban avanzando y yo no tenía intención de quedarme atrás. Guardé la bolsa de Doritos bajo los harapos, aunque dejé una abertura a mano para poder seguir comiendo durante el recorrido. Después subi la lampara para alumbrar el camino, iluminaba con luz verde, era de lo más cool y util. Crucé el torii detrás de mis conocidos sin llamar la atención de ninguno.

Justo cuando pasé bajo la estructura, escuché el crujido de la madera a mis espaldas. Las raíces y las ramas comenzaban a cerrarse alrededor de la entrada.
Me giré para echar un vistazo masticando despacio.

CRUNCH CRUNCH

Volví a mirar hacia el sendero cubierto de niebla. Si aquello era parte de la decoración, alguien se había tomado demasiadas molestias. Me acomodé la capucha para ocultar mejor el rostro y seguí avanzando detrás del grupo, haciendo tintinear las cadenas con cada paso.

off
inventario

Herramientas:

Código:
sello explosivo
sello explosivo 1.960 ryos
HerramientaChico3
El sello explosivo es una herramienta clásica de combate utilizada para causar daño en un área mediante una explosión generada por chakra. El daño que produce está determinado por el Control de Chakra del usuario al momento de activar el sello, y se distribuye en un área alrededor del punto de detonación. Cualquier persona dentro del rango de explosión recibe daño y sufre lesiones directas por el impacto.

Este sello puede activarse de distintas formas, lo que lo convierte en una herramienta versátil. Puede ser detonado a distancia mediante una señal de chakra, programado con retardo funcionando como una mecha con tiempo, o activado por una fuente externa como parte de un sistema de trampa, siempre y cuando el detonador utilizado sirva específicamente para activar trampas. Esto lo hace ideal para emboscadas, control de zonas o estrategias de distracción.
Efecto 51 (CCK) de Daño
Efecto 3 (MCCK) de Lesión
Efecto 3 (MCCK) de Radio
Manta de Camuflaje
Manta de Camuflaje 1.470 ryos
HerramientaMediano1
Esta herramienta solo sirve para esconderse detrás o debajo de ella, siendo completamente inútil si el usuario se mueve o intenta combatir mientras la utiliza. Su diseño permite ver parcialmente el exterior desde el interior, lo que facilita identificar el momento oportuno para abandonar el escondite. Es una herramienta útil para infiltración, vigilancia o emboscadas, siempre que el usuario permanezca quieto y no sea detectado.
Efecto 1 (MINT) de Sigilo
Efecto 1 (MDES) de Sigilo
Efecto Efecto de camuflaje
Kit de Analgésicos
Kit de Analgésicos 1.470 ryos
HerramientaChico5
El Kit de Analgésicos está compuesto por ungüentos, parches, hierbas medicinales, inciensos y aceites de rápida aplicación. Todos estos elementos son, en esencia, drogas de uso médico que introducen una Infección controlada en el organismo para aliviar el dolor y favorecer la recuperación natural del cuerpo. No fortalecen al usuario ni mejoran sus capacidades físicas; simplemente actúan como analgésicos que reducen el dolor y permiten recuperar parte del rendimiento perdido. Por cada punto de Infección aplicado, el usuario recuperará 1 punto en una única Estadística de Cuerpo, sin poder superar su valor máximo natural.

Tras su aplicación, cada vez que el usuario dedique 1 segundo a recuperar Chakra durante los turnos siguientes, el usuario recuperará 1 punto de la estadistica tratada. Sin embargo, la Infección disminuirá en 1 punto al final de cada turno, además de la reducción de Infección por Sangrado que ocurre de forma habitual (revisar guía de Efectos).
Efecto 1 (MINT) de Infección
Efecto Regenera 1 punto de Cuerpo cada vez que recupere Chakra.
Efecto 1 (MINT) de Curación

Empuñadas:


Código:
Kunai
Kunai 980 ryos
ArrojadizaChico3
Arma ninja de tamaño reducido, con forma de daga de hoja ancha y punta aguda. En uno de sus extremos posee un anillo circular que facilita un agarre rápido y seguro, permitiendo cambiar entre lanzamiento y combate cuerpo a cuerpo con fluidez.

Su uso arrojadizo provoca sangrado moderado y lesiones leves en el objetivo al impactar, siendo ideal para hostigar o debilitar a distancia. Sin embargo, cuando es un ataque empuñado, la lesión que provoca el arma es mayor al que provoca cuando es lanzado, convirtiéndola en una herramienta letal y versátil.
Efecto 2 (MDES) de Sangrado
Efecto 5 (MFUE) de Lesión
Efecto 5 (MFUE) de Lesión (Solo Ataque Empuñado)

Otros:


Código:
Bolsa de Doritos infinita XD

Bolsa Ninja
Bolsa Ninja 0 ryos
OtroIntangible
La Bolsa Ninja es uno de los elementos más representativos del equipamiento básico del shinobi. Se trata de una bolsa diseñada para transportar diversos objetos de utilidad durante las misiones, viajes y actividades cotidianas, permitiendo al ninja disponer rápidamente de herramientas, provisiones y otros implementos necesarios para su labor.

Este accesorio es entregado por las aldeas como parte del equipamiento militar estándar y constituye un elemento habitual dentro de la indumentaria shinobi. A diferencia de otros accesorios, su contenido puede variar según las necesidades de la aldea, aunque todas las Bolsas Ninja cuentan con Píldoras Soldado en su interior. Estas píldoras constituyen provisiones de emergencia que pueden ser utilizadas para Regenerar Chakra por Tenketsus, realizar una Curación Básica o Alimentar al usuario en situaciones donde no sea posible disponer de alimentos convencionales.

Durante una Misión de Guerra o determinadas narraciones, el narrador podrá establecer reglas especiales respecto al uso de las Píldoras Soldado, pudiendo limitar su consumo o incluso establecerlas como un recurso necesario para atravesar determinadas zonas o pagar un peaje durante el desarrollo del conflicto.
Efecto Píldoras Soldado (Munición: 5)
Efecto Herramienta: Botiquín (Munición: 5)
Efecto Herramienta a Elección: Bomba de Humo o Sello Explosivo (Munición: 3)
con sellos explosivos
Porta Kunais
Porta Kunais 0 ryos
OtroChico1
El Porta Armas, conocido comúnmente como Porta Kunais, es uno de los elementos más representativos del equipamiento ninja. Se trata de un estuche diseñado para transportar kunais, shuriken y otras herramientas de uso frecuente durante las misiones.

Este accesorio es entregado por las aldeas como parte del equipamiento militar estándar y constituye un distintivo propio de los shinobi, por lo que únicamente los ninjas autorizados pueden portarlo. Habitualmente se ajusta al muslo de la pierna predominante del usuario, permitiendo una extracción rápida y natural de las armas con la mano dominante, optimizando así el tiempo de respuesta durante el combate.
Efecto Arma Arrojadiza: Kunai (Munición: 3)
Efecto Arma Arrojadiza: Shurikens (Munición: 5)
Efecto Herramienta: Hilo Metálico (Munición: 10)
Bandana Ninja
Bandana Ninja 0 ryos
OtroIntangible
La Bandana Ninja es uno de los elementos fundamentales del equipamiento shinobi y representa un acuerdo establecido entre las aldeas y los países para identificar oficialmente a sus ninjas. Está prohibido abandonar una aldea sin portar esta identificación, aunque cada shinobi puede decidir dónde llevarla; si bien es habitual utilizarla en la frente, algunos la colocan en la cintura, el brazo u otras partes del cuerpo. Su función principal es identificar la aldea de procedencia del ninja y permitir su reconocimiento incluso después de su muerte, momento en el que la información contenida en ella puede ser recuperada por los encargados de administrar el Bingo y comunicar el fallecimiento a la aldea correspondiente.

Detrás del símbolo de cada aldea existe un grabado único, imposible de descifrar por cualquier persona ajena a los encargados del Bingo. Este grabado contiene la información necesaria para identificar al portador y registrar oficialmente su fallecimiento. En caso de muerte, los encargados del Bingo pueden recuperar dicha información y, mediante el pago correspondiente según el nivel de Bingo del fallecido, dar de baja oficialmente al ninja y notificar a su aldea. Este sistema permite recuperar información vital de los shinobi caídos y garantiza que sus respectivas aldeas puedan conocer su destino y disponer de los medios necesarios para otorgarles un funeral. Además de su función identificativa, la Bandana Ninja posee una placa metálica capaz de cubrir y proteger una parte del cuerpo. Esta puede utilizarse defensivamente para bloquear un ataque una vez por combate, funcionando a efectos reglamentarios de la misma manera que un bloqueo realizado con un arma.
Efecto Debe portarse a la Vista
Efecto Puede usarse para Bloquear 1 Ataque
Efecto 1 (MDES) de Resistencia extra a dicho Bloqueo
Ryusuke Uchiha
Rango Genin
Clan Uchiha
Nivel 6
Estadísticas
Generales
Fuerza5(1)
Destreza20(1)
Ctrl. de Chakra45(2)
Inteligencia20(1)
Especiales
Salud10
Velocidad11
Tenketsu11
Sigilo10
320
370
Enlace al Post
13-10-2026, 04:50 AM


Ryusuke llevaba un rato sentado en el borde de un muro bajo, en una calle lateral del barrio Uchiha, con un cigarro a medio consumir entre los dedos. No esperaba a nadie ni tenía ninguna misión asignada. Había salido de casa sin rumbo y, como casi siempre, los pies lo habían llevado a un lugar donde no tenía que hablar con nadie. Apoyó los codos en las rodillas y dejó que el humo subiera frente a su cara. Era la hora en que las calles solían llenarse de comerciantes, niños de la Academia y shinobi que iban y venían de la oficina de misiones. Esa tarde sonaba menos gente de la que debería, y él no se había dado cuenta hasta entonces.

La luz empezó a bajar mientras daba la siguiente calada. No fue una nube que pasara y se fuera. El cielo se fue cerrando de a poco, como una mano que se cierra, hasta que las tejas de las casas de enfrente perdieron el brillo y las sombras de los aleros se alargaron sobre el suelo. Ryusuke alzó la vista con el cigarro todavía en los labios. Donde debía estar el sol había una masa gris oscura, espesa, sin huecos. La miró un buen rato sin moverse. Luego bajó la mano y se sacudió algo de la manga. Era una partícula fina, gris, que se deshizo contra la tela. Cayó otra sobre su rodilla, y otra en el dorso de la mano. No era nieve. No se derretían ni dejaban humedad. Eran cenizas, o algo que se parecía mucho, que bajaban lentas, sin viento que las empujara.

Se quedó quieto un momento más. A su alrededor la calle seguía vacía y las ventanas de las casas estaban cerradas. En una de ellas alguien corrió una cortina con un tirón brusco. No se oía ningún perro, ni pájaros, ni el trajín habitual de los techos. Solo el viento, que bajaba frío por el callejón y movía el borde de su manga. Ryusuke apretó el cigarro entre los dientes, se puso de pie y se pasó la palma por el cuello. Tenía la piel erizada y no hacía tanto frío. Dio una última calada, más larga que las anteriores, y notó que el cigarro se había consumido mucho más rápido de lo normal. La brasa ya le quemaba casi los dedos. Lo tiró al suelo y lo aplastó con la suela de la sandalia, girando el pie hasta que no quedó nada encendido. Metió las manos en los bolsillos y echó a andar. No se lo planteó. Hacia el centro de la aldea las farolas se estaban encendiendo una tras otra, y cada llama pequeña dejaba un círculo de luz naranja sobre el empedrado. Entre un círculo y el siguiente la penumbra era total. Ryusuke caminaba de uno a otro sin apurarse, con el protector sujeto bajo su cinto, y sus pasos sonaban más fuertes de lo que correspondía. Era como si el silencio se tragara todo lo demás y dejara solo eso. Se cruzó con una mujer que cerraba la puerta de una tienda con llave, de espaldas a la calle, que no se volvió a mirarlo. Más adelante, un anciano con una escoba se había quedado de pie en medio de la acera, mirando hacia el este sin decir nada. Ryusuke pasó a su lado y el hombre no pareció notarlo.

Cuando alcanzó la avenida principal, la calle ya no estaba vacía. Había gente que iba en la misma dirección que él, en grupos pequeños, sin hablar mucho. Algunos llevaban el chaleco táctico puesto y otros todavía el delantal de casa. Dos chicos de la Academia corrían por el borde de la calzada y una mujer los llamó en voz baja para que no se alejaran. Por los tejados pasaron siluetas oscuras que saltaban de un alero a otro con rumbo a las puertas. Ryusuke levantó la mirada un segundo para verlas. Nadie las acompañaba con órdenes ni con silbatos, y tampoco vio rastro de la guardia en las esquinas. Solo shinobi sueltos que seguían el mismo camino, como si cada uno hubiera llegado por su cuenta a la misma conclusión.

Una ráfaga de aire frío le trajo olor a madera mojada y a hojas que llevaban mucho tiempo pudriéndose. Lo reconoció enseguida, aunque la última vez que lo había olido fue en lo profundo de un bosque, lejos de la aldea. Aquí no tenía ningún motivo para estar. Ryusuke entrecerró los ojos y no aminoró el paso. Las puertas de Konoha aparecieron al final de la avenida, y delante de ellas, una multitud. Había decenas de personas amontonadas en el espacio de entrada, shinobi con equipo completo, civiles que no se atrevían a acercarse más, un par de ancianos apoyados el uno en el otro. Nadie parecía dirigir nada. Hablaban en voz baja, casi susurrando, como si temieran que alguien más los oyera. Ryusuke se detuvo al borde de la muchedumbre, justo donde la luz de la última farola dejaba de alcanzar, y levantó la vista.

La arboleda ya no estaba. En su lugar se alzaban dos murallas de troncos negros y retorcidos, mucho más altas que cualquier árbol que hubiera visto allí. Las raíces salían de la tierra y se entrelazaban unas con otras como nudos de cuerda mojada. Arriba, las ramas formaban una bóveda cerrada sobre un sendero que se perdía en una niebla gris. Entre las dos murallas había un torii viejo, de madera oscurecida, con cuerdas y telas colgando de los travesaños y una fila de máscaras que se movían apenas. Más allá, las lámparas del camino ardían con una luz naranja pequeña y fija, cada vez más lejos una de otra, hasta que la niebla las cubría.

Ryusuke se quedó mirándolo. Alguien a su lado murmuró algo sobre llamar a un Jōnin. Otra voz dijo que ya habían ido por alguno. Él no contestó. Metió una mano en el bolsillo del chaleco, sacó la cajetilla y la abrió con el pulgar. Quedaban trece. Se llevó uno a los labios, lo encendió con el encendedor protegiendo la llama con la palma, y el humo salió recto hacia arriba antes de torcerse y desaparecer en el aire inmóvil. Guardó la cajetilla. Tenía los hombros sueltos y las manos tranquilas, y la mirada le iba de un punto a otro del torii sin quedarse en ninguno. Entonces notó una figura junto a la entrada. Era pequeña, mucho más baja que cualquier adulto de los que lo rodeaban. Estaba envuelta en trapos gastados, cubierta de hojas secas, plumas y amuletos que se balanceaban sin que ninguna brisa los tocara. Sostenía un bastón de madera retorcida con las dos manos, apoyado en la tierra, y llevaba una máscara de rasgos demasiado grandes: cejas gruesas, colmillos torcidos, una boca abierta en una mueca que no era ni risa ni grito. Dos puntos de luz débil se movían dentro de las cavidades de los ojos. El brazo derecho estaba extendido hacia el sendero, muy recto, y no se había movido en todo el rato que Ryusuke llevaba mirando.

No se veía el rostro de nadie dentro de esa máscara. Aun así, tuvo la sensación incómoda de que lo estaba mirando a él. Un grito rompió el murmullo de la multitud. Era una voz joven, entusiasmada, que venía de la zona del torii. Ryusuke giró la cabeza y vio a alguien frente al anfitrión con una máscara ceremonial puesta sobre la cara, de esas que colgaban de los travesaños, riéndose a carcajadas. La cara de madera era grotesca, con los ojos hundidos y los dientes a la vista. Debajo de ella, la postura, los gestos amplios y el pelo desordenado le resultaron familiares. Natsu. Lo había visto muchas veces por la oficina de misiones. Ryusuke exhaló humo por la nariz. Natsu bajó la máscara, dijo algo más que Ryusuke no alcanzó a oír, y cruzó el torii con un paso decidido y alegre. Un momento después, la niebla le tapó la espalda.

Ryusuke se quedó con el cigarro entre los dedos. Alguien así entrando en un lugar como ese era, por lo menos, algo que no había visto antes. Hacia su derecha, entre los curiosos, un hombre rubio se llevaba un vaso de papel a los labios. Llevaba el equipo completo y el cabello arreglado de una forma que no cuadraba con la hora ni con el día. Bebió todo el contenido de un trago, y la cara se le torció en una mueca de dolor que intentó disimular tragando despacio. Se miró el vaso un segundo, ofendido, y lo guardó entre sus cosas. Farahan. El Yamanaka, con quien habia compartido una mision hace no mucho. Farahan miró el torii, luego la fila de lámparas, y echó a andar hacia la entrada. Pasó junto al anfitrión sin detenerse y se perdió bajo la bóveda de ramas.

Un crujido seco recorrió las dos murallas de troncos. Ryusuke levantó la cabeza. Las ramas se estaban moviendo de nuevo, deslizándose unas sobre otras con un sonido de cuero viejo que se estira. Algunas descendían despacio hacia el suelo. Otras se enroscaban en los pilares del torii, apretando la madera hasta que crujía. Las raíces se levantaban de la tierra húmeda y se acercaban unas a otras, y el espacio entre las murallas, que antes permitía pasar cuatro o cinco personas a la vez, ahora dejaba pasar a dos. Un murmullo recorrió la multitud. Una mujer dio un paso atrás. Un niño preguntó algo en voz alta y lo callaron de inmediato. Ryusuke no se movió. Tenía la mirada fija en el sendero, donde una figura vestida con harapos negros y cadenas avanzaba hacia el torii con una lámpara de luz verde balanceándose en la mano. Cada paso hacía sonar el metal contra el metal. De debajo de la capucha salía un ruido rítmico y seco, como el de alguien masticando algo crujiente, que sonaba absurdo en medio de tanto silencio. La figura cruzó el umbral sin mirar atrás. El resplandor verde de la lámpara se alejó entre las lámparas naranjas, cada vez más pequeño, hasta que la niebla lo cubrió. Ryusuke se quedó mirando el punto donde había desaparecido. Dio otra calada. Contó mentalmente a los que había visto entrar desde que llegó y a los que no había visto. No eran pocos. Alguien había dejado atrás un montón de pisadas en el barro, y las huellas se alejaban en fila hacia las lámparas.

— Tarde o temprano alguien tiene que ir a mirar. — Dijo en voz baja. No se lo decía a nadie en particular.

Nadie a su alrededor contestó. El camino se cerraba. Las raíces del lado izquierdo ya rozaban las del derecho a la altura de las rodillas, y entre ellas quedaba un hueco por donde apenas pasaría un hombre de lado. El crujido de la madera se hacía más grave. Los amuletos del anfitrión tintineaban todos a la vez, aunque el aire seguía inmóvil. Ryusuke se sacó el cigarro de la boca, lo sostuvo un momento entre los dedos y lo apagó contra la suela de la sandalia. Se guardó la colilla en el bolsillo del chaleco. Después se ajustó el protector, comprobó con un movimiento rápido de la mano que el portaarmas seguía en su sitio y echó a andar. Atravesó la multitud en línea recta. Un par de personas se apartaron sin que él lo pidiera. Le llegaron susurros desde atrás, un nombre dicho a medias, alguien que lo reconocía como Uchiha. No se volteó a mirar.

Llegó frente al torii y se detuvo a un paso del umbral. De cerca, la madera estaba cubierta de un polvo gris que se pegaba a los dedos. Las máscaras colgaban muy juntas, cada una con una expresión distinta: una sonreía con demasiados dientes, otra tenía los ojos cerrados, otra lloraba sin lágrimas. Una de ellas tenía un ojo menos que las demás, y al mirarla de frente pareció que se movía. Ryusuke apartó la vista. El anfitrión seguía con el brazo tendido hacia el sendero, y los puntos de luz de sus ojos lo habían seguido todo el camino hasta allí. Se plantó delante de él. La figura le llegaba más o menos a la altura de la cintura. Desde esa distancia podía oler las plumas viejas y la humedad de los trapos.

— Buena entrada. — Dijo, con la voz baja y seca. — Habría bastado con una puerta. —

La máscara no se movió. El brazo tampoco. Ryusuke mantuvo la mirada fija en las cavidades oscuras un par de segundos, esperando algo, y no ocurrió nada. Del sendero llegó un crujido largo, y las lámparas más cercanas parpadearon todas a la vez. Una raíz se deslizó por el suelo hasta tocarle la punta de la sandalia y se retiró enseguida. Ryusuke bajó la vista a ella, luego a la niebla que se tragaba el camino. Ya no quedaba nadie entre el torii y las primeras lámparas. Detrás de él, la multitud había callado del todo. — Entonces vamos. — Murmuró. Dio un paso adelante y cruzó el umbral. Las máscaras tintinearon sobre su cabeza. El suelo, que hasta ese momento había sido tierra dura, se volvió blando bajo la suela de la sandalia. A su espalda, el crujido de la madera se hizo más fuerte, y la luz gris de la aldea empezó a estrecharse. Delante, la primera lámpara naranja ardía a unos metros, y el olor a corteza podrida le llenó la nariz. Ryusuke metió las manos en los bolsillos y siguió caminando.



[Imagen: pFQK5cD.png]


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Resumen: Ryusuke fumaba en una calle del barrio Uchiha cuando el cielo se cerró y empezó a caer una ceniza fina que no se derretía. Vio a shinobis sueltos saltando por los tejados hacia las puertas y los siguió. Llegó a la entrada de Konoha, donde había una multitud en silencio. Desde el borde del grupo vio la arboleda transformada, el torii y al anfitrión enmascarado. Reconoció a Farahan, con quien compartió una misión hace poco y que entró tras beber su café. También vio pasar a Chōta. Cuando las ramas empezaron a cerrar el paso, apagó el cigarro, atravesó la multitud y cruzó el torii.
Narrador Hebi-kun
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16-10-2026, 08:40 AM
La indecisión puede llevar a muchas cosas, sobre todo, a la muerte.

El enmascarado fue recibiendo, uno a uno, a los trece que se decidieron. La interacción con Natsu solo obtuvo una inclinación de cabeza de un lado a otro antes de que insistiera en que avanzara. Cuando el Uchiha de cabellera rosada se retiró la máscara, pudo percibir que un aroma dulzón había quedado impregnado en él. Su rostro ahora presentaba marcas ennegrecidas de una sustancia oscura y pastosa, coagulada en el interior de aquella máscara.

Kuroto tampoco obtendría respuesta, solo la insistente invitación a continuar caminando.

Detrás de Ryusuke, las raíces comenzaron a entrelazarse sobre el suelo, formando un borde que crecía lentamente. Pronto el enmascarado comenzó a caminar, primero apoyándose en su vara a modo de bastón, pero después la tomó con ambas manos y comenzó a trotar. Parecía que su intención era adelantarse a los aventureros, tal vez para guiarlos.

─¡OH, yo también voy!

Se escuchó desde atrás. Un último atarantado había decidido arriesgarse y saltó sobre aquel borde de raíces serpentinas. Pero, cuando intentó cruzar, el bosque se cerró.

Su cuerpo fue aplastado con tanta brusquedad que se convirtió en una enorme explosión carmín que salpicó al desfile de ninjas de Konoha. Incluso Argeon, a pesar de su camuflaje, encontraría un fragmento de hueso adherido a su cabello, mientras que Chota descubriría un ojo entero dentro de su bolsa de papitas.

Al frente, incluso después de superar a la formación, el enmascarado no se había detenido. Por el contrario, apresuraba todavía más el paso mientras, detrás de los shinobi, una segunda sección de árboles comenzaba a cerrarse, amenazando con hacerles lo mismo que a su compatriota imprudente.

Dinámica
¡El bosque se está cerrando! ¡Corred o acabaréis hechos puré!

Al finalizar su publicación, deberán lanzar un dado de diez caras, usando el comando [Dado*=1d10] (sin el asterisco). Dependiendo del resultado, las consecuencias se narrarán durante la siguiente ronda:

1 — ¡No viste esa raíz!
¡Tu pie ha quedado atrapado! Los árboles se cierran sobre ti y ahora eres puré.

2 a 5 — ¡Cuidado con las espinas!
Te has golpeado contra una rama espinosa. Pierdes 50 puntos de Vida, sufres Lesión Básica e infección Básica.

6 a 9 — ¡Buen ritmo!
Corres sin descuidar lo que tienes delante y consigues mantenerte a salvo.

10 — ¡Te has adelantado al mismísimo enmascarado!
Pero un misterioso dardo te ha alcanzado en el brazo. ¿Por qué tus venas comienzan a ennegrecerse? ¿Y por qué tu piel se está poniendo tan pálida?




Para alguien con un tacto sensible y un gusto desarrollado, una lengua quemada era más que una simple molestia; era una pulsante irritación que le restaba un grado de tolerancia. Farahan miraba con una sonrisa ligera, pero con una leve arruga en la nariz; una sutil señal de desagrado que buscaba camuflar.

Había quienes hablaban e interactuaban y, aunque no desconocía a todos los presentes, su sistema de alerta le impedía hacer uso de sus habilidades sociales, al menos por el momento, pues había un traje de sábana que buscaba indagar más adelante.

Absorto en sus observaciones a diestra y siniestra, su mirada siguió al enmascarado. Pasar de caminar a trotar le resultó extraño. Luego giró parte de su cuerpo hacia atrás cuando escuchó que alguien más se aventuraba. No reconocía la voz y, al girarse, tampoco la figura, mas toda necesidad de hacerlo desapareció de golpe. Cubrió su rostro con un brazo y miró el lugar del aplastamiento sin dejar de caminar hacia el frente.

Con muchas dudas, volvió la mirada hacia delante y entonces decidió simplemente imitar al enmascarado, que ahora corría. Al parecer, ni siquiera este se salvaba de ser aplastado, pues su carrera delataba que huía de lo mismo que ahora comenzaba a perseguirlos.

Dado
賽
[ID 1] Narrador Hebi-kun · 1d10
D1
1
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Natsu Ashida
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16-10-2026, 10:18 AM
Mientras avanzaba por el sendero, no tardé en notar una extraña sensación en el rostro. Me pasé los dedos por una mejilla, descubriendo una sustancia oscura y pastosa que se me había quedado pegada a la piel. ¿Qué demonios era aquello? Además, aquel olor dulzón que había percibido al quitarme la máscara todavía parecía estar impregnado en mí. Arrugué ligeramente la nariz, sin detenerme demasiado a examinarlo. Ya tendría tiempo de averiguar qué era después.

Al parecer, no había sido el único que había decidido seguir las indicaciones del enmascarado. Por el camino alcancé a distinguir a varios shinobi que también se habían aventurado a cruzar el torii. Incluso reconocí algunas caras con las que ya había coincidido en otras misiones, aunque no pude prestarles demasiada atención.

Fue entonces cuando escuché una voz procedente de atrás.

– ¡OH, yo también voy! – Gritó alguien, corriendo a toda prisa hacia nosotros.

Giré la cabeza por instinto, justo a tiempo para ver cómo el último de los participantes intentaba cruzar el borde de raíces que comenzaba a extenderse por el suelo. Por un instante, no comprendí qué estaba pasando. Las ramas se entrelazaron a una velocidad aterradora, cerrándose sobre él antes de que pudiera alcanzar el otro lado.

– ¿Eh...?

Lo siguiente ocurrió tan deprisa que apenas pude reaccionar.

Las raíces se cerraron sobre aquel hombre con una violencia brutal y, de pronto, su cuerpo desapareció entre ellas en una explosión carmesí que salpicó a quienes nos encontrábamos cerca. Me quedé mirando, con los ojos abiertos de par en par, incapaz de asimilar lo que acababa de presenciar.

¡¿Lo habían... aplastado?!

– ¿Qué demonios...?

La pregunta escapó de mis labios mientras sentía algunas salpicaduras alcanzarme. Hasta hacía unos instantes, aquel lugar me había parecido extraño, sí, pero también interesante. Ahora, en cambio, acababa de ver a alguien morir de la forma más espantosa que pudiera imaginar.

Sin embargo, no me quedé contemplando la escena por mucho más tiempo. Detrás de nosotros, las raíces continuaban extendiéndose, mientras otra sección de árboles comenzaba a cerrarse sobre el camino. Si nos quedábamos allí, podíamos terminar igual que aquel tipo.

– ¡Tenemos que...! ¡Tenemos que salir de aquí! – Les grité a los demás.

No esperé una respuesta. Más adelante, el enmascarado había acelerado el paso y avanzaba por el sendero con la vara sujeta entre ambas manos.

Yo tampoco pensaba quedarme atrás.

Apreté los dientes y eché a correr tras él, procurando no perder de vista el camino ni las raíces que se enroscaban a nuestro alrededor. Ya no tenía ninguna intención de detenerme a curiosear ni de hacerle más preguntas a aquel sujeto. No sabía qué demonios estaba ocurriendo en esa arboleda ni cómo era posible que los árboles se comportaran de aquella manera, pero una cosa estaba clara: tenía que salir de allí antes de que el bosque decidiera cerrarse también sobre mí.

Dado
賽
[ID 1] Natsu Ashida · 1d10
D1
4
Total 4
[Imagen: 9oeXPFe.gif]
« Hablo || "Pienso" || Narro »
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Argeon
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16-10-2026, 02:28 PM
El crujido de la madera resonaba con fuerza a sus espaldas mientras la niebla grisácea devoraba el sendero a pasos agigantados. Agazapado bajo la manta de camuflaje en medio de la penumbra, el margen de reacción se reducía a nada. Unos metros más atrás, la precipitada carrera de aquel individuo terminó de forma violenta cuando los troncos se cerraron de golpe sobre su cuerpo, aplastándolo en una detonación carmín que salpicó de restos todo el terreno. En ese mismo instante, un minúsculo fragmento de hueso atravesó el aire y terminó adherido con fuerza entre las hebras de su cabello a pesar del camuflaje.

Lejos de ceder al pánico ante la sorpresa, el hijo del traidor mantuvo la frialdad para actuar de inmediato. Sin frenar la marcha ni un solo instante, alzó una mano con presteza, retiró la astilla ósea con dos dedos de un movimiento seco y la dejó caer al barro. Delante de él, la figura enmascarada corría a toda prisa para escapar de la segunda sección de árboles que amenazaba con atrapar a los rezagados. Al ver al sujeto acelerar el paso de esa forma, comprendió que no había tiempo para dudar ni para mirar atrás.

El ninja evaluó la situación con rigurosidad táctica. Quedarse atrás significaba quedar expuesto al peligro evidente, pero correr a ciegas equivalía a tropezar con la misma piedra. Sin perder el sigilo pero inyectando velocidad a sus piernas, el Senju aceleró el paso de forma drástica, buscando mantenerse apegado al grupo sin descuidar el terreno fangoso.

Con la mano derecha cerca del bolsillo de herramientas en el muslo y el chakra fluyendo por su red interna para ganar agilidad, el médico fijó los ojos en el camino. Cada zancada sobre la hojarasca mojada buscaba ser rápida y medida, sorteando los baches mientras examinaba las sombras de la bruma. La presión del ambiente dejaba claro que el entorno se volvía cada vez más hostil. Procuró no separarse de los márgenes y mantuvo la manta ajustada a su silueta, intentando avanzar a gran velocidad sin descuidar las amenazas ocultas en la neblina.

Avanzar entre la vegetación retorcida exigía atención absoluta. Cada obstáculo que surgía obligaba al médico a corregir el rumbo con breves apoyos, manteniendo el peso al frente para no perder impulso. La visibilidad era pésima, así que confió en sus reflejos para reaccionar ante cualquier irregularidad en el suelo. Su única prioridad inmediata era acortar distancia con el grupo y no quedar atrapado en la zona trasera mientras la ruta continuaba transformándose a sus espaldas. 


off
Resumen. Tras el brutal aplastamiento del rezagado, el Senju se quita rápidamente del cabello el fragmento de hueso que le arrojó la explosión y acelera el paso con urgencia. Cubierto con su manta de camuflaje y con la mano cerca de sus herramientas, intenta huir tras el grupo midiendo cada pisada en la niebla sin saber qué depara el trayecto.

賽
[ID 1] Argeon · 1d10
D1
10
Total 10
[Imagen: uYoQ0If.jpeg]
Narro           ||        -Hablo-     ||      "Pienso"    ||  Ninja Médico  ||  Cronología
Ibuki Inuzuka
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16-10-2026, 04:30 PM
Ibuki había llegado finalmente junto a sus compañeros, abrazando con entusiasmo por la espalda a Keisuke mientras llamaba a Asuna para que se acercara también, soltando una enorme risotada de felicidad. - ¡Jajaja! ¡Qué bueno que los encontré! - diría alegremente, para luego separarse de ellos durante un segundo y observarlos de pies a cabeza, sujetándolos de las manos mientras admiraba sus disfraces. - ¡Guauuu! ¡Qué guapos y escalofriantes! ¡Me encantan! - exclamaría emocionada, mientras su pequeño tanuki levantaba unos cartelitos para calificarlos a ambos con una maravillosa nota de 10 sobre 10. Ibuki estaba realmente alegre en aquella situación, no le importaba dónde estuviese, qué clase de lugar fuera aquel o qué demonios estuviera ocurriendo a su alrededor, mientras ellos estuviesen ahí, junto a ella, todo estaba bien. Después de todo, eran su amada familia.

Reía completamente despreocupada y, de repente, se levantó la máscara de fantasma para poder verlos mejor y aprovechar de comer un poco de sandía. El pequeño tanuki que llevaba consigo se subió al hombro de Asuna para convidarle también un trozo de aquella deliciosa fruta, ofreciendo otro a Keisuke mientras sostenía orgullosamente su propia porción. Ibuki, por su parte, masticaba despreocupada, disfrutando de aquel pequeño encuentro hasta que un sonido peculiar consiguió llamar su atención. Su oreja derecha se estremeció ligeramente, giró la cabeza en aquella dirección y entonces pudo verlo. Un hombre grande, fornido, musculoso, bien formado, bien alimentado, con una peculiar manera de pararse y un disfraz bastante parecido al suyo, como si también fuese un fantasma, pero en tonos negros y verdes, acompañado de una espeluznante linterna verdosa que completaba su apariencia.

¡Era genial! Y pues... no pudo evitar morderse ligeramente el labio inferior mientras lo contemplaba. Ahí estaba, completamente parado, comiendo sus Doritos como si nada estuviera ocurriendo, con aquellos brazos musculosos, esas manos enormes y aquella fuerza descomunal que parecía desprenderse de su sola presencia. Era alguien que, extrañamente, le hacía sentir segura, como si estuviera frente a una persona que difícilmente caería en batalla. ¡Qué hombre! ¡Qué músculos! ¡Qué manos más grandes y qué brazos más fuertes! Mientras aquel desconocido se acercaba al sector, Ibuki no pudo evitar levantar una mano para saludarlo, dedicándole una sonrisa bastante coqueta desde debajo de su improvisado disfraz. - Hola, chico sexy - diría con voz sexy, pero totalmente natural, como si aquello fuese la cosa más normal del mundo, hasta que, de repente...

¡PAFF!

No. No estaba prestando atención para nada. Un tipo que se encontraba detrás de todos había sido aplastado por aquellas malditas ramas y raíces que se cerraban sobre el sendero, y luego otro, ambos reventando entre aquella maraña de madera y quién sabe qué mierda más, convirtiendo lo que hasta hacía unos segundos parecía una divertida celebración de Halloween en una auténtica carnicería. ¡¿Pero qué mierda?! ¡¿Qué demonios acababa de pasar?! Todo el coqueteo, las sonrisitas, los disfraces y toda aquella mierda tenían que irse directamente al carajo, su sonrisa se esfumo, y lo peor de todo es que, por mirar hacia atrás y ver al sexy playboy, pichulotote, pecho peludo, brazos de mastodonte, lomo plateado, alfa entre alfas, trípode, fibroso, sabroso, con manotas de manoseador, con olor a queso, potente y exitante de Chota, Ibuki terminó viendo de primera mano como aplastaban a esos dos ninjas de Konoha entre raices - ¡¡¡CORRAAAAAAAAAAAAAAN!!! - gritaría Ibuki, dándose la vuelta a toda velocidad mientras levantaba su capa y la abría por delante sin importarle demasiado que cualquiera pudiera ver lo poco que llevaba puesto debajo de aquellas sábanas, requeria acceso a sus armas y alertar a sus compañeros. ¡A la mierda el pudor! ¡A la mierda el disfraz! ¡A la mierda todo! Lo único que importaba ahora era salir de aquella maldita trampa.

Sin perder un segundo, emprendió carrera hacia adelante, buscando con la mirada a aquel puto enmascarado que los había invitado a entrar. Extrajo su Fuma Shuriken en su forma compacta y, tras un rápido movimiento, descendió sobre sus cuatro extremidades, adoptando aquella peculiar manera de desplazarse tan característica de los Inuzuka. Corrió con muchísimo cuidado entre las putas ramas y raíces de mierda que amenazaban con cerrarles el paso. Y entonces, en cuanto tuvo oportunidad de hacerlo, realizó un giro rápido sobre sí misma para lanzar su arma directamente contra aquel extraño anfitrión, con unas intenciones claramente asesinas.

✔Aprendida · 17-06-2026
◈Bukijutsu
✦Nivel: Cero
#ID: BUKI002R
◔Coste
Sin coste indicado
▣Descripción

Las armas arrojadizas se utilizan en combate mediante el Modificador de Destreza, el cual determina cuántas armas pueden lanzarse simultáneamente. Cada arma tiene un Valor de Tamaño (1 para pequeñas, 2 para medianas y 3 para grandes), y el usuario podrá lanzar tantas armas como su destreza pueda cubrir, pagando el valor correspondiente por cada una. Todas las armas lanzadas pueden ser arrojadas al mismo tiempo, siempre que la suma de sus valores no supere el modificador del usuario. Esta mecánica permite realizar ofensivas variadas combinando múltiples proyectiles de diferentes tamaños y efectos.

Cuando dos armas arrojadizas con el mismo Valor de Tamaño colisionan en el aire, ambas se desvían de su curso, anulando sus trayectorias. Si se utilizan únicamente armas más pequeñas para intentar desviar una de mayor tamaño, estas deben superar de forma combinada el Valor de Tamaño del proyectil objetivo para tener éxito. Además, cada arma adicional utilizada en un lanzamiento aumenta en +1 el nivel del jutsu base, funcionando como si fueran mejoras aplicadas al ataque, y permitiendo acumular efectos especiales, bonificaciones o propiedades propias de las armas lanzadas. Esta combinación convierte los ataques arrojadizos en herramientas de gran versatilidad táctica.

Atención: Arrojar múltiples Armas aumenta los efectos del ataque y aumenta el nivel del Jutsu Base consumiendo las municiones del arma, pero esto conlleva a un sacrificio, ya que esto impide usar las Mejoras del Jutsu Arrojadizo.

✧Efecto
37,5 (FUE) de Daño - 20 (MFUE) de Rango - 4 (MDES) de Destreza para Valor de Tamaño
Fūma Shuriken
Fūma Shuriken 3.185 ryos
ArrojadizaMediano1
Arma arrojadiza de gran tamaño compuesta por cuatro hojas con filos anchos y letales. Existen dos variantes comunes: una versión rígida, de estructura sólida, y otra desplegable, que permite plegar sus hojas para facilitar el transporte y almacenamiento. Ambas presentan el mismo nivel de letalidad y funcionalidad en combate.

Su uso provoca sangrado severo y lesiones graves debido al tamaño y forma de sus hojas, diseñadas no solo para cortar, sino también para desgarrar. Además, puede ser empuñada con naturalidad, girándola con una mano antes del ataque, lo que la convierte en una amenaza tanto a corta como a larga distancia. Ya sea lanzada con fuerza o utilizada en combate cercano, la Fūma Shuriken es una herramienta devastadora en manos hábiles.
Efecto 4 (MDES) de Sangrado
Efecto 4 (MFUE) de Sangrado
Efecto 8 (MFUE) de Lesión


¡Ese sujeto! ¡Ese maldito hijo de puta! Lo más probable era que fuese un espía de Kirigakure, uno de esos malditos demonios que habían venido a vengarse, y ellos, como unos completos idiotas, habían caído directamente en su trampa. ¡Claro! ¡Todo tenía sentido! ¡Los árboles! ¡Las máscaras! ¡La oscuridad! ¡Ese puto enano invitándolos a entrar como si estuviera ofreciéndoles dulces! ¡¿Cómo no se había dado cuenta antes?!

¡Malditos demonios de mierda!


賽
[ID 1] Ibuki Inuzuka · 1d10
D1
2
Total 2
resumen
Ibuki interactúa con Asuna y Keisuke, luego encuentra sexy a Chota y luego corre entre las ramas y ataca al anfitrión enmascarado con un fuma shuriken

Si es posible, quiero convertir esto en un combate ;D pasa ser que para mi, coherentemente es más creíble que el tipo ese sea un ninja de Kiri atacandonos.
[Imagen: 9NUo9td.gif][Imagen: He8J1ft.gif]
Akira Hyuuga
Rango Chuunin
Clan Hyuga
Nivel 20
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755
885
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16-10-2026, 07:53 PM
El sonido de unos pasos apresurados a su costado apenas alcanzó a llamar la atención de Akira antes de que una figura envuelta en una sábana se plantara prácticamente contra él.

—¿Y no puedo ir? ¡BUUU!

El Hyūga giró la cabeza de golpe, con los hombros tensándose por puro reflejo. Sus ojos pálidos se clavaron en aquella aparición, recorriendo durante un instante la silueta fantasmal que acababa de interponerse en su camino. La reacción inicial dio paso rápidamente a una expresión de desconcierto; no porque hubiera encontrado aterrador el disfraz, sino porque no esperaba que alguien decidiera abordarlo de aquella manera en semejante lugar.

—¿Pero qué...?

Parpadeó una vez. Después ladeó la cabeza, examinando la sábana que cubría a la desconocida.

—¿En serio? ¿Eso es lo que llevas para asustar a alguien?

Una sonrisa torcida apareció en sus labios. Akira soltó una breve risa por la nariz y negó con la cabeza, recuperando la compostura mientras la muchacha esperaba una reacción más contundente.

—Casi me das un infarto. Voy a tener que pedirte que me devuelvas los segundos de vida que acabo de perder.

La burla tenía un tono deliberadamente ligero, aunque su mirada no abandonó por completo los alrededores. Las raíces continuaban crujiendo a ambos lados del sendero y la niebla ocultaba buena parte de lo que les aguardaba. No era precisamente el mejor sitio para una broma, pero tampoco tenía intención de comportarse como si cualquier extravagancia ajena fuera motivo suficiente para perder la paciencia.

Sin embargo, antes de que pudiera añadir algo más, la muchacha pareció reconocer a otras personas entre los participantes.

—¡Asuna-chaaan! ¡Kei-saaan! ¡¡Espérenme!!

Akira siguió fugazmente la dirección de su llamada. Alcanzó a distinguir que se alejaba para reunirse con sus conocidos y no hizo ademán de detenerla.

—Sí, sí. Ve con cuidado, fantasma.

La despedida salió acompañada de un gesto despreocupado de la mano. Después volvió a concentrarse en el sendero, ajustándose las correas del chaleco mientras retomaba la marcha.

No había avanzado demasiado cuando una voz conocida lo llamó desde atrás.

—¡Akira!

El Hyūga giró ligeramente la cabeza al reconocer a Tokuma. Redujo lo justo el ritmo para permitirle acercarse sin detenerse por completo y lo observó de reojo, reparando en su indumentaria y, sobre todo, en los colmillos de plástico que llevaba consigo.

Sus cejas se elevaron lentamente.

—Vaya, vaya. ¿Qué tenemos aquí? ¿Ahora te dedicas a aterrorizar civiles con esos dientes?

La sonrisa burlona se acentuó durante un instante, pero Tokuma se apresuró a explicar que aquello era un disfraz y que prefería no dar más detalles sobre la fiesta de la noche anterior.

Akira soltó una risita breve.

—Tranquilo, no iba a preguntarte qué clase de fiesta requiere semejante dentadura. Aunque ahora tengo más curiosidad que antes.

Le dio una última mirada a los colmillos, claramente divertido, y después volvió los ojos hacia el camino que se extendía delante de ambos.

La pregunta importante llegó a continuación.

—¿Sabes qué está pasando aquí? Pasaba por las puertas y esto apareció de la nada. No quise entrar solo, pero te vi y decidí entrar.

La expresión de Akira perdió parte de su ligereza. Se encogió de hombros sin dejar de caminar, observando las lámparas anaranjadas que desaparecían gradualmente entre la niebla.

—Si lo supiera, te lo habría dicho al entrar. Me encontré con la misma sorpresa que tú.

Hizo una pausa y volvió ligeramente el rostro hacia Tokuma.

—El cielo se oscureció, los árboles empezaron a moverse y apareció un enmascarado invitándonos a pasar. Una bienvenida bastante elaborada para alguien que todavía no se ha molestado en explicar las reglas.

Su mirada se desvió brevemente hacia el lugar donde había dejado a Makey, aunque desde allí ya no podía distinguir al felino entre los troncos y la distancia que los separaba del acceso.

—Por cierto, he dejado a Makey fuera. No pienso arriesgarme a que termine atrapado en este sitio por culpa de mi curiosidad.

La mención del gato arrancó una sonrisa fugaz de su rostro. Después volvió a mirar a Tokuma, esta vez con una expresión ligeramente más seria.

—Y sí, la sábana que acabas de ver pertenece a una chica que decidió aparecer de la nada para intentar asustarme. No parece que le preocupe demasiado dónde estamos.

Akira no añadió nada más. No conocía las razones que habían llevado a Tokuma hasta allí ni pretendía interrogárselo mientras avanzaban. Bastaba con que ambos estuvieran dentro y pudieran vigilarse mutuamente las espaldas si la situación empeoraba.

Por desgracia, la arboleda no tardaría en demostrarles que sus preocupaciones estaban más que justificadas.

Un crujido seco recorrió las murallas de troncos.

Akira volvió la cabeza hacia el sonido justo cuando las raíces se levantaban del suelo y comenzaban a entrelazarse a espaldas del grupo. La madera se retorcía con una violencia que ya no permitía confundir aquellos movimientos con el balanceo provocado por el viento.

El anfitrión, que hasta entonces había avanzado con su bastón a modo de apoyo, cambió de ritmo. Sus pasos se hicieron más rápidos y terminó sujetando la vara con ambas manos para echar a trotar por el sendero.

—¿Ahora sí te has acordado de que tenemos prisa, enmascarado?

La pregunta salió cargada de irritación. Akira aceleró el paso sin esperar una respuesta que, a esas alturas, dudaba que fuera a recibir.

Entonces una voz se alzó desde atrás.

—¡OH, yo también voy!

Akira apenas tuvo tiempo de girar la cabeza hacia el recién llegado. Vio al último participante intentar saltar por encima de las raíces que se extendían sobre el terreno, buscando alcanzar el sendero antes de que se cerrara por completo.

No llegó.

Las murallas vegetales se cerraron sobre él con una brusquedad aterradora. Durante una fracción de segundo, Akira no alcanzó a comprender lo que estaba viendo; después, el cuerpo desapareció entre los troncos en una explosión carmesí que salpicó el camino y a los participantes más próximos.

El muchacho se quedó rígido durante un instante.

Una gota caliente le alcanzó la ropa. Bajó los ojos hacia la mancha y, lentamente, volvió a mirar el lugar donde había estado aquel hombre.

—...¿Qué demonios?

La expresión burlona había desaparecido por completo. Sus pupilas se contrajeron y la mandíbula se le endureció mientras asimilaba lo ocurrido.

No había sido un accidente. Tampoco una advertencia que pudiera ignorar.

Aquel hombre acababa de morir ante sus ojos, aplastado por unos árboles que se movían como si tuvieran voluntad propia.

Akira sintió cómo se le tensaban los músculos de la espalda. La escena le provocó una repulsión inmediata, pero no permitió que esta lo inmovilizara más de lo estrictamente necesario. No era la primera vez que presenciaba las consecuencias de la violencia, aunque la brutalidad de aquella muerte resultaba difícil de procesar incluso para alguien acostumbrado al peligro.

El grito de Natsu llegó desde algún punto cercano.

—¡Tenemos que...! ¡Tenemos que salir de aquí!

Akira no necesitó que terminara la frase. La segunda sección de árboles ya comenzaba a cerrarse detrás de ellos y las raíces invadían el terreno con una velocidad alarmante.

—¡Eso intento, joder!

La respuesta salió por encima del hombro, dirigida hacia la voz que acababa de advertirles. No se detuvo a buscar a Natsu entre los participantes ni a comprobar quién más había reaccionado. En aquel momento, detenerse podía significar la diferencia entre alcanzar el siguiente tramo del sendero o acabar como el desconocido que acababa de desaparecer bajo las raíces.

Akira se inclinó hacia delante y echó a correr.

Mantuvo la vista fija en el terreno inmediato, atento a las irregularidades de la tierra húmeda, las raíces que sobresalían y las ramas que descendían desde las alturas. No pretendía dejarse arrastrar por el pánico hasta perder la capacidad de observar dónde ponía los pies. Correr a ciegas podía resultar tan peligroso como quedarse atrás.

A unos metros, el enmascarado seguía apresurándose con su bastón sujeto entre ambas manos.

—¡Eh, tú! ¡Más te vale saber adónde nos estás llevando!

La exigencia de Akira se perdió entre el estruendo de la madera y las pisadas del grupo. El anfitrión no se detuvo y el Hyūga tampoco esperó una contestación.

Su mano derecha permaneció libre, cerca del cuerpo, preparada para reaccionar si una raíz se alzaba directamente ante él. No intentó atacar aquella vegetación ni desviar su trayectoria con una técnica improvisada; todavía no conocía sus límites y no estaba dispuesto a sacrificar una oportunidad de escapar por una reacción precipitada.

Las lámparas anaranjadas se sucedían frente a él, cada una señalando apenas unos metros del camino antes de que la niebla volviera a tragárselo todo.

Akira apretó los dientes y aumentó el ritmo, procurando no perder de vista al anfitrión ni el terreno que se extendía delante de sus pies.

—Como salga vivo de esta, voy a arrancarle la máscara a ese desgraciado y voy a exigirle una explicación.

La amenaza escapó entre respiraciones agitadas. Ya no quedaba rastro de la diversión con la que había cruzado el torii ni de la curiosidad despreocupada que lo había llevado a internarse en aquella arboleda.

Ahora solo tenía una prioridad: avanzar sin cometer un error, mantenerse lejos de las raíces que se cerraban a sus espaldas y encontrar la manera de salir de aquel lugar antes de que el bosque decidiera que también había llegado su turno.

Estadísticas de Akira Hyuuga
Akira Hyuuga
Estadísticas Generales
Fuerza
100 M: 5
Inteligencia
20 M: 1
Destreza
100 M: 5
Ctrl. Chakra
100 M: 5
Estadísticas Especiales
Salud
15
Tenketsu
20
Sigilo
8
Velocidad
25
Vida 755 Chakra 885 Reg. Chakra 80

賽
[ID 1] Akira Hyuuga · 1d10
D1
9
Total 9
[Imagen: JK2RddW.png]
Itsuki Senju
Rango Chuunin
Clan Senju
Nivel 12
Estadísticas
Generales
Fuerza75(4)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra100(5)
Inteligencia5(1)
Especiales
Salud10
Velocidad15
Tenketsu25
Sigilo10
485
655
Enlace al Post
16-10-2026, 10:03 PM
El crujido que quebró el aire a su espalda no fue el chasquido seco de una rama al partirse, sino el bramido sordo de dos prensas colosales de madera encontrándose en el centro.

Itsuki ni siquiera necesitó girar el torso por completo. Por el rabillo del ojo alcanzó a percibir el destello fugaz del imprudente que había intentado forzar el paso sobre el entramado de raíces a destiempo; una fracción de segundo después, el sendero se cerró como una mandíbula de hierro. El impacto no dejó espacio para el forcejeo ni para un alarido articulado: fue un estallido húmedo, violento y brutal. Una nube carmesí pulverizada salpicó el tronco del torii, el fango y la retaguardia de la columna shinobi.

Una mota viscosa y tibia golpeó la placa metálica de su hombrera izquierda; un par de gotas densas le mancharon la comisura del labio. Itsuki no se inmutó ni parpadeó. Se pasó el dorso del guante blindado por la mandíbula con un gesto seco, retirando el fluido sin perder una décima de segundo en registrar la masa informe de carne y astillas que yacía empalada tras de sí. En una guerra, vacilar ante la muerte ajena era la antesala del propio entierro.

Bajo su brazo izquierdo, Makey soltó un bufido eléctrico, erizando el pelaje y clavando instintivamente las uñas a través de la tela de su chaleco táctico ante el hedor a hierro y vísceras que inundó el aire.

—
Tranquilo. Si te mueves, te aplastan —siseó entre dientes con voz rasposa y glacial, ajustando la presión de su antebrazo contra el costado del felino para inmovilizarlo sin sofocarlo.

No había tiempo para evaluaciones anatómicas ni para eludir la evidencia: el anfitrión no era un guía benevolente, era el cebo de un embudo mortal. Al frente, la pequeña silueta enmascarada corría sujetando la vara con ambas manos, escapando con la misma urgencia animal que comenzaba a propagarse entre los ninjas rezagados. Detrás de la formación, el fango tembló; una segunda hilera de raíces nudadas y troncos retorcidos se desgajó de la tierra, avanzando en un colapso en cadena que amenazaba con convertir el sendero restante en un sarcófago vegetal.

Itsuki flexionó las rodillas, inclinó el centro de gravedad hacia delante y descargó un pulso reactivo de chakra directamente sobre las plantas de sus sandalias. El barro resbaladizo cedió bajo la tracción de su arrancada, levantando una estela de hojarasca podrida mientras salía disparado hacia el frente. Aceleró el ritmo con zancadas largas, calculadas y firmes, eludiendo las raíces transversales que emergían como costillas rotas del suelo. Con la diestra libre oscilando cerca de su cartuchera y las nudilleras listas para cualquier obstrucción inmediata, acortó distancia con las sombras que se debatían entre la bruma y los faroles anaranjados, decidido a no ser devorado por la arboleda que su propia sangre alguna vez creyó dominar.


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Tuve que borrar porque no salio el dado antes, aqui esta:

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[Imagen: cGSLlcj.png]


賽
[ID 1] Itsuki Senju · 1d10
D1
4
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