28-09-2026, 04:37 PM
LINK A LA PETICIÓN DE LA MISIÓN
La oficina de misiones de Konoha mantenía abiertas tres ventanillas aquella mañana. Shinobi recién llegados entregaban informes en una, mientras comerciantes y aldeanos aguardaban frente a las otras dos. Farahan fue asignado a un escritorio apartado del tránsito principal, donde un funcionario había preparado un expediente delgado, un mapa del territorio oriental de Hi no Kuni y la copia de una denuncia sin pruebas documentales que permitieran resolverla por medios administrativos.
El encargado era Iori Matsuda, un hombre delgado próximo a los sesenta años, con gafas rectangulares y los dedos manchados permanentemente de tinta. Llevaba tres décadas revisando contratos, reclamaciones y herencias. Su paciencia con los documentos era considerable; con las personas que afirmaban recordar perfectamente aquello que nunca habían leído, bastante menor. Antes de explicar la misión, alineó los bordes de las hojas y colocó una piedra sobre cada esquina.
—La denunciante se llama Chiyo Arahara. Afirma que una parcela agrícola perteneciente a su familia fue transferida utilizando un contrato que ella jamás firmó. El problema es sencillo de explicar y difícil de demostrar: el título original desapareció de su casa poco antes de que el registro cambiara.
El actual poseedor figuraba como Tetsuo Mibara, intermediario de tierras de cincuenta y dos años. Era un hombre de estatura media, cabello canoso recortado sobre las orejas y una cicatriz curva debajo de la mandíbula. Caminaba con una ligera cojera en la pierna derecha y acostumbraba vestir un haori verde oscuro. La investigación preliminar lo situaba en una residencia cercada al norte de la aldea de Matsukawa, aproximadamente a una jornada de Konoha siguiendo el camino comercial oriental.
Mibara no vivía solo. Tres guardias habían sido observados alrededor de la propiedad durante los últimos días: uno controlaba la entrada principal, otro recorría el patio y un tercero alternaba entre la vivienda y un almacén separado. Ninguno portaba una bandana ninja, aunque los tres llevaban armas visibles. El título probablemente permanecía dentro de la casa o en aquel almacén, pero la oficina no había confirmado su ubicación exacta.
Iori apoyó un dedo sobre la denuncia antes de continuar. Su expresión no cambió al mencionar la acusación.
—La señora Arahara lo llama ladrón. Esta oficina lo llama investigado hasta que aparezca el documento. La tarea consiste en recuperar el título original sin entregárselo a ninguna de las dos partes.
El papel debía regresar primero a Konoha. Los funcionarios compararían nombres, medidas, sellos, fechas y firmas con los registros fiscales conservados en la aldea. Si la propiedad realmente pertenecía a Chiyo, el título sería devuelto mediante el procedimiento correspondiente y Mibara quedaría sujeto a investigación. Si los datos no coincidían, el documento permanecería bajo custodia y la denunciante tendría que explicar su reclamación.
—No cambie un posible robo por otro cometido en nombre de una historia convincente. Traiga el título, informe dónde estaba y deje que los sellos decidan a quién pertenece.
Sobre el escritorio quedaron el mapa, la descripción física de Mibara y un croquis aproximado de la propiedad. La residencia aparecía al oeste del camino principal, detrás de un huerto y una cerca de madera. Una acequia bordeaba el terreno por el norte, mientras el almacén se encontraba separado de la vivienda por un patio descubierto.
---
Más tarde, el sol iluminaba las puertas de Konoha y proyectaba sombras cortas bajo los aleros. El tránsito era intenso: carretas con verduras aguardaban la inspección, varios comerciantes discutían el orden de salida y dos mensajeros cruzaban entre los viajeros con paquetes sellados. Farahan se encontraba en el sector destinado a quienes abandonaban la aldea, frente al camino oriental indicado en el expediente.
Más allá de las puertas, la ruta se dividía después de varios kilómetros. El camino comercial conducía directamente hacia Matsukawa y ofrecía tránsito constante; un sendero junto a las acequias permitía aproximarse desde el norte con menos testigos, aunque tardaba más y atravesaba terrenos abiertos. La casa de Tetsuo Mibara aguardaba al final de cualquiera de las dos rutas, junto con sus guardias y un documento cuya legitimidad todavía debía demostrarse.
La oficina de misiones de Konoha mantenía abiertas tres ventanillas aquella mañana. Shinobi recién llegados entregaban informes en una, mientras comerciantes y aldeanos aguardaban frente a las otras dos. Farahan fue asignado a un escritorio apartado del tránsito principal, donde un funcionario había preparado un expediente delgado, un mapa del territorio oriental de Hi no Kuni y la copia de una denuncia sin pruebas documentales que permitieran resolverla por medios administrativos.
El encargado era Iori Matsuda, un hombre delgado próximo a los sesenta años, con gafas rectangulares y los dedos manchados permanentemente de tinta. Llevaba tres décadas revisando contratos, reclamaciones y herencias. Su paciencia con los documentos era considerable; con las personas que afirmaban recordar perfectamente aquello que nunca habían leído, bastante menor. Antes de explicar la misión, alineó los bordes de las hojas y colocó una piedra sobre cada esquina.
—La denunciante se llama Chiyo Arahara. Afirma que una parcela agrícola perteneciente a su familia fue transferida utilizando un contrato que ella jamás firmó. El problema es sencillo de explicar y difícil de demostrar: el título original desapareció de su casa poco antes de que el registro cambiara.
El actual poseedor figuraba como Tetsuo Mibara, intermediario de tierras de cincuenta y dos años. Era un hombre de estatura media, cabello canoso recortado sobre las orejas y una cicatriz curva debajo de la mandíbula. Caminaba con una ligera cojera en la pierna derecha y acostumbraba vestir un haori verde oscuro. La investigación preliminar lo situaba en una residencia cercada al norte de la aldea de Matsukawa, aproximadamente a una jornada de Konoha siguiendo el camino comercial oriental.
Mibara no vivía solo. Tres guardias habían sido observados alrededor de la propiedad durante los últimos días: uno controlaba la entrada principal, otro recorría el patio y un tercero alternaba entre la vivienda y un almacén separado. Ninguno portaba una bandana ninja, aunque los tres llevaban armas visibles. El título probablemente permanecía dentro de la casa o en aquel almacén, pero la oficina no había confirmado su ubicación exacta.
Iori apoyó un dedo sobre la denuncia antes de continuar. Su expresión no cambió al mencionar la acusación.
—La señora Arahara lo llama ladrón. Esta oficina lo llama investigado hasta que aparezca el documento. La tarea consiste en recuperar el título original sin entregárselo a ninguna de las dos partes.
El papel debía regresar primero a Konoha. Los funcionarios compararían nombres, medidas, sellos, fechas y firmas con los registros fiscales conservados en la aldea. Si la propiedad realmente pertenecía a Chiyo, el título sería devuelto mediante el procedimiento correspondiente y Mibara quedaría sujeto a investigación. Si los datos no coincidían, el documento permanecería bajo custodia y la denunciante tendría que explicar su reclamación.
—No cambie un posible robo por otro cometido en nombre de una historia convincente. Traiga el título, informe dónde estaba y deje que los sellos decidan a quién pertenece.
Sobre el escritorio quedaron el mapa, la descripción física de Mibara y un croquis aproximado de la propiedad. La residencia aparecía al oeste del camino principal, detrás de un huerto y una cerca de madera. Una acequia bordeaba el terreno por el norte, mientras el almacén se encontraba separado de la vivienda por un patio descubierto.
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Más tarde, el sol iluminaba las puertas de Konoha y proyectaba sombras cortas bajo los aleros. El tránsito era intenso: carretas con verduras aguardaban la inspección, varios comerciantes discutían el orden de salida y dos mensajeros cruzaban entre los viajeros con paquetes sellados. Farahan se encontraba en el sector destinado a quienes abandonaban la aldea, frente al camino oriental indicado en el expediente.
Más allá de las puertas, la ruta se dividía después de varios kilómetros. El camino comercial conducía directamente hacia Matsukawa y ofrecía tránsito constante; un sendero junto a las acequias permitía aproximarse desde el norte con menos testigos, aunque tardaba más y atravesaba terrenos abiertos. La casa de Tetsuo Mibara aguardaba al final de cualquiera de las dos rutas, junto con sus guardias y un documento cuya legitimidad todavía debía demostrarse.
![[Imagen: pBeQreq.jpeg]](https://i.imgur.com/pBeQreq.jpeg)