Un par de días pasaron desde el misterioso desenlace de aquel empleado de almacén. La noticia caería como un balde de agua fría a Hachibi, posiblemente, por varios motivos que podrían haber pasado por su cabeza.
En primer lugar: su trabajo fue perfecto. Una investigación cuya resolución finalizaba con la cacería de un felino que atormentaba a un vigilante nocturno del almacén, que se emborrachaba noche tras noche y en sus viajes inducidos por el alcohol pudo haber tenido innumerables sugestiones provocadas por los ruidos de la noche. Ese propósito le llevó a solicitar a su jefe que llamara a los shinobis con el fin de investigar de noche lo que había ocurrido. El resultado: un gato de gran tamaño mezclado entre velas de barcos y pequeñas cadenas que se arrastraba por todos los sectores del enorme depósito generando extraños e inquietantes ruidos.
En segundo lugar: ¿Cómo ese hombre podría haber desaparecido si el ninja Hachibi estuvo explorando el almacén entero durante toda la noche? No tenía mucho sentido.
El oficinista encargado de entregar la misión rango C a los ninjas se paró frente a ellos y se rascó la barbilla. Él tenía la obligación de encomendar, pero también estudiar previamente para poder dar una explicación certera, con todos los detalles incluidos.
—Muy bien… Yato Hachibi y Sung… Terumi. Sin lugar a duda, su desaparición es extraña —concluyó, mientras se acomodaba en su silla y observaba a ambos jóvenes—. Según el reporte ingresado por Hachibi, el vigilante era alguien doblegado a las bebidas. Todo podría indicar que tuvo un accidente. Salió a pasear por el muelle, tuvo la mala suerte de pisar el borde y caer al río. Es una posibilidad. El rastrillaje lleva un tiempo. Sin embargo, ningún marinero reportó un cuerpo.
El hombre castaño se acomodó sus lentes, se acercó al mapa de la ciudad y apoyó el dedo índice sobre el viejo mapa urbano de Kirigakure que estaba en la pared. Señaló el almacén y sus alrededores.
—Empezaría la búsqueda por aquí. Es importante recordar a ambos que la zona del puerto y en especial donde está el gran almacén es peligrosa, pero tienen herramientas suficientes para cuidarse solos.
El oficinista volvió a su asiento y echó un vistazo a los expedientes. Después, a la información del caso.
—La otra hipótesis que barajan en la oficina es que haya estado involucrado con mafias alrededor del almacén. No sería estúpido pensar que el hombre después de su jornada se dirigiera al bar para seguir bebiendo. Por otro lado, su departamento está a cinco cuadras del almacén —miró a ambos ninjas y les entregó el pergamino con la misión—. Es aconsejable que Hachibi vuelva al almacén e investigue allí, gracias a su experiencia previa posiblemente pueda sacar buenas conclusiones. En cambio, Terumi podrá investigar el departamento de Gorō en la calle diecisiete. Es el departamento tres. Tenemos la llave, se halló entre las pertenencias de Gorō cuando desapareció. Entra al lugar y trata de conseguir algo que nos pueda servir.
Colocó ambas manos detrás de su espalda y sonrió.
—Éxitos en la misión.
Hachibi podría notar la enorme diferencia en ese lugar entre día y noche: los obreros se movían automatizados por sus monótonos trabajos. Operaban grúas, utilizaban redes de pesca, ingresaban la mercadería proveniente de los barcos de carga, generaban informes, varios guardias se paseaban por allí. Todo indicaba que las operaciones navales y el depósito funcionaban a la perfección a pesar de la desaparición.
Allí estaba el capataz, Tenma. Un hombre de aspecto similar a Goro: fornido, duro, de cabello y barba poblada, tosco y directo en el habla. Se encontraba dando indicaciones que sus hombres por miedo cumplían sin rechistar. Era hace años el encargado. Se lo había ganado. Resistir esa compleja vida de marinero no era fácil, desgastaba el cuerpo y la mente. Y muchos acompañaban bajo ese musculoso y temible cuerpo un silencioso sufrimiento que apagaban con la bebida.
El hombre notó que Hachibi estaba en el lugar y se acercó a él. Lo saludó y fue directo al grano.
No podía perder tiempo.
—Sí… Gorō. Demasiado extraño todo. Lo buscamos por todas partes y no hubo caso —de su bolsillo sacó una pipa y prendió el fuego. Le dio dos pitadas. El humo lo disparó directo al rostro de Hachibi—. Mira, ese hombre era misterioso. Hablaba mucho, y con el alcohol todavía más. Pero era una máquina de decir idioteces. Su vida… bueno, no sabemos nada de su vida. Sé que vivía cerca de aquí, y que se paseaba por el distrito marítimo. Le di trabajo porque era viejo conocido y aunque pareciese extraño, hacía bien su trabajo.
La voz ronca acompañaba sus palabras, cada tanto inhalaba por la nariz intentando contener los mocos que se deslizaban de ella. Hizo una mueca e intentó recordar algo más.
—Lo último que se vio de sus pertenencias fue en la zona de redes y aparejos. Allí encontramos… una lámpara, una botella de sake, nada más. Bueno, tampoco es que seamos detectives nosotros. El trabajo es tuyo.
Volvió a señalar hacia el sector de redes y luego le dio unos palmazos en el hombro derecho al joven.
—Suerte con eso.
El departamento de Goro.
La calle diecisiete contenía un edificio de dos plantas bastante viejo, situado en la zona obrera cercana al puerto. La humedad del lugar se desprendía por los canales que pasaban por las calles. Desde fuera Sung podría notar que el departamento de Gorō era pequeño. Su frente enseñaba poco, solo el indicio en la puerta de ser el indicado.
Al ingresar, se podía ver una habitación principal que funcionaba como dormitorio y comedor, con una cocina mínima separada por un tabique. Una ventana abierta dejaba entrar la brisa del mar empujando las cortinas y dejaba ver los tejados del distrito portuario. El olor era insoportable: tabaco, alcohol y humedad. Su hogar estaba compuesto por muebles baratos y antiguos. La cama estaba sin hacer, y al lado, una pequeña mesa donde guarda documentos, recibos y anotaciones. Un armario, utensilios de cocina y comida suficiente para varios días, varias botellas vacías repartidas por toda la casa. Sí, el lugar estaba desordenado, producto de un soltero descuidado. Pero no era tan grave.
Se podía ver un calendario de trabajo con sus turnos nocturnos; los días posteriores al a desaparición también se hallaban marcados. Algunos recibos de compras: comida, tabaco, bebida. Como siempre. Dinero, una cantidad modesta, nada exagerado ni escaso. En el armario se encontraban sus abrigos y más botellas cerradas. En la puerta izquierda de este una fotografía vieja: estaba su familia. Una hija, un hijo, una esposa.
Nada de señales de destrozos, cerraduras forzadas ni sangre.
Cita:Reglas del juego
—Cada uno podrá lanzar un dado para una tirada de investigación en la zona donde están. El resultado revelará información que está oculta en un hide, dependiendo el valor del dado.
—Es necesario que previo a realizar el post, cada uno lance un dado y me diga el resultado, para yo poder liberar la información que su personaje logra percibir.
—Cada uno tiene modificadores en el dado que influyen en el resultado final dependiendo sus virtudes, defectos y modificador de stat.
Yato Hachibi:
—1d20 + MINT + Brújula interna +3 (por conocer previamente el almacén) + Capacidad sensorial +1
Sung Terumi:
—1d20 + MINT
ALMACÉN — Resultado bajo (1-8)
DEPARTAMENTO — Resultado bajo[b] (1-8)[/b]