02-10-2026, 08:54 PM
Distrito comercial de Kirigakure no Sato
Año 150, verano, día 49.
Año 150, verano, día 49.
Una mañana normal, nada raro en los alrededores. Los comerciantes abrían sus establecimientos, y entre los negocios de aquella zona se encontraba una pequeña herrería cuyo propietario Daigo llevaba décadas trabajando el metal y formando nuevas generaciones.
Precisamente de aquel establecimiento procedía una solicitud de ayuda que había llegado a las autoridades de la aldea. El encargado de recibirla había sido un funcionario encargado de distribuir las misiones de menor rango. El documento llevaba el nombre de Genzō, un aprendiz de herrero que ya había solicitado la colaboración de los shinobis anteriormente para probar algunas de las hojas que fabricaba. Pero esta vez el motivo de su petición era bastante distinto.
La solicitud había sido clasificada como una misión de rango D porque no parecía existir una amenaza importante para la seguridad de la aldea, ni había indicios de que el responsable fuera un ninja. Se trataba en principio de un robo común, aunque no dejaba de ser un asunto urgente.
Kamitawa Funato recibió la información correspondiente a través de los canales habituales de la aldea. En la oficina de misiones le entregaron un pequeño documento con los datos y las instrucciones para presentarse ante el solicitante.
Debajo de los datos principales había una nota escrita por el funcionario que había registrado la solicitud:
"Se recomienda actuar con rapidez y evitar daños innecesarios en los establecimientos comerciales."
La dirección del establecimiento también estaba en el documento y era muy sencillo ubicarlo.
Lo primero que cualquier persona podía ver al llegar era el letrero de madera que ponía el nombre de la tienda. La puerta principal estaba abierta y desde afuera se escuchaban golpes de martillo.
Un joven permanecía de pie junto a la puerta de entrada mirando constantemente hacia la calle. Llevaba un delantal sobre la ropa y tenía las mangas recogidas hasta los codos. Al ver acercarse al shinobi levantó inmediatamente la cabeza.
—¡¿Kamitawa Funato?! —preguntó para poder confirmar la identidad del visitante.
Cuando tuvo la certeza de que se trataba del shinobi enviado por la aldea, el joven se acerco.
—¡Menos mal! ¡Pensé que iban a tardar más!
Se pasó una mano por el cabello y miró hacia el taller, como si temiera que alguien fuera a salir de allí.
—Soy Genzō. Yo fui quien solicitó la misión. Necesito que me ayudes a encontrar algo que me han robado.
Parecía alguien apurado porque no esperó demasiado antes de continuar hablando.
—¡Mi espada! ¡La espada que iba a presentar mañana en el examen del gremio! ¡Ha desaparecido! —dijo mientras sujetaba al ninja con fuerza.
—Perdona. Es que... llevo meses trabajando en ella. Mi maestro me dijo que si conseguía terminar una pieza que cumpliera con los requisitos, podría presentarme al examen de ingreso. Y la terminé. Ayer mismo estaba lista.
Se hizo a un lado para dejar que Kamitawa pudiera entrar en la herrería.
El interior estaba organizado alrededor de una zona de trabajo donde se encontraban el horno, el yunque y distintas herramientas que se usaban para esa clase de oficioq. Había varias piezas de metal sobre una mesa y cerca de una de las paredes había un soporte vacío que claramente estaba destinado a sostener una espada.
Un hombre mayor trabajaba junto al yunque. Al ver al shinobi entrar dejó el martillo sobre la mesa y observó.
—Así que este es el shinobi que has pedido —comentó.
—Sí, maestro. Va a ayudarnos a encontrarla.
El hombre soltó un suspiro antes de volver a su trabajo, aunque permaneció atento a la conversación.
Genzō condujo entonces a Kamitawa hasta el soporte vacío.
—La espada estaba aquí. La dejé ayer por la tarde después de terminar los últimos ajustes. Esta mañana vine a revisar que todo estuviera en orden y... bueno, ya no estaba.
El joven señaló una ventana lateral que daba a un callejón estrecho.
—La puerta principal estaba cerrada cuando llegué. No había señales de que la hubieran forzado. Pero esta ventana suele quedarse abierta porque el taller se calienta demasiado cuando trabajamos con el horno.
Se acercó a ella y señaló el marco.
—No sé si entraron por aquí. No he tocado demasiado las cosas desde que vi que la robaron.
Genzō volvió a mirar al ninja.
—No tengo mucho tiempo. El examen es mañana y si no presento esa espada tendré que esperar quién sabe cuánto para volver a intentarlo. No puedo fabricar otra en un solo día —el muchacho apretó sus puños por la impotencia que aquello le hacía sentir—. Por favor, ayúdame a encontrarla.