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[Misión Rango D] El ladrón de espadas
Chota Akimichi
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02-10-2026, 08:54 PM
Distrito comercial de Kirigakure no Sato
Año 150, verano, día 49.

Una mañana normal, nada raro en los alrededores. Los comerciantes abrían sus establecimientos, y entre los negocios de aquella zona se encontraba una pequeña herrería cuyo propietario Daigo llevaba décadas trabajando el metal y formando nuevas generaciones.

Precisamente de aquel establecimiento procedía una solicitud de ayuda que había llegado a las autoridades de la aldea. El encargado de recibirla había sido un funcionario encargado de distribuir las misiones de menor rango. El documento llevaba el nombre de Genzō, un aprendiz de herrero que ya había solicitado la colaboración de los shinobis anteriormente para probar algunas de las hojas que fabricaba. Pero esta vez el motivo de su petición era bastante distinto.

La solicitud había sido clasificada como una misión de rango D porque no parecía existir una amenaza importante para la seguridad de la aldea, ni había indicios de que el responsable fuera un ninja. Se trataba en principio de un robo común, aunque no dejaba de ser un asunto urgente.

Kamitawa Funato recibió la información correspondiente a través de los canales habituales de la aldea. En la oficina de misiones le entregaron un pequeño documento con los datos y las instrucciones para presentarse ante el solicitante.
Debajo de los datos principales había una nota escrita por el funcionario que había registrado la solicitud:

"Se recomienda actuar con rapidez y evitar daños innecesarios en los establecimientos comerciales."

La dirección del establecimiento también estaba en el documento y era muy sencillo ubicarlo.

Lo primero que cualquier persona podía ver al llegar era el letrero de madera que ponía el nombre de la tienda. La puerta principal estaba abierta y desde afuera se escuchaban golpes de martillo.

Un joven permanecía de pie junto a la puerta de entrada mirando constantemente hacia la calle. Llevaba un delantal sobre la ropa y tenía las mangas recogidas hasta los codos. Al ver acercarse al shinobi levantó inmediatamente la cabeza.

—¡¿Kamitawa Funato?! —preguntó para poder confirmar la identidad del visitante.

Cuando tuvo la certeza de que se trataba del shinobi enviado por la aldea, el joven se acerco.

—¡Menos mal! ¡Pensé que iban a tardar más!

Se pasó una mano por el cabello y miró hacia el taller, como si temiera que alguien fuera a salir de allí.

—Soy Genzō. Yo fui quien solicitó la misión. Necesito que me ayudes a encontrar algo que me han robado.

Parecía alguien apurado porque no esperó demasiado antes de continuar hablando.

—¡Mi espada! ¡La espada que iba a presentar mañana en el examen del gremio! ¡Ha desaparecido! —dijo mientras sujetaba al ninja con fuerza.

—Perdona. Es que... llevo meses trabajando en ella. Mi maestro me dijo que si conseguía terminar una pieza que cumpliera con los requisitos, podría presentarme al examen de ingreso. Y la terminé. Ayer mismo estaba lista.

Se hizo a un lado para dejar que Kamitawa pudiera entrar en la herrería.

El interior estaba organizado alrededor de una zona de trabajo donde se encontraban el horno, el yunque y distintas herramientas que se usaban para esa clase de oficioq. Había varias piezas de metal sobre una mesa y cerca de una de las paredes había un soporte vacío que claramente estaba destinado a sostener una espada.

Un hombre mayor trabajaba junto al yunque. Al ver al shinobi entrar dejó el martillo sobre la mesa y observó.

—Así que este es el shinobi que has pedido —comentó.

—Sí, maestro. Va a ayudarnos a encontrarla.

El hombre soltó un suspiro antes de volver a su trabajo, aunque permaneció atento a la conversación.

Genzō condujo entonces a Kamitawa hasta el soporte vacío.

—La espada estaba aquí. La dejé ayer por la tarde después de terminar los últimos ajustes. Esta mañana vine a revisar que todo estuviera en orden y... bueno, ya no estaba.

El joven señaló una ventana lateral que daba a un callejón estrecho.

—La puerta principal estaba cerrada cuando llegué. No había señales de que la hubieran forzado. Pero esta ventana suele quedarse abierta porque el taller se calienta demasiado cuando trabajamos con el horno.

Se acercó a ella y señaló el marco.

—No sé si entraron por aquí. No he tocado demasiado las cosas desde que vi que la robaron.

Genzō volvió a mirar al ninja.

—No tengo mucho tiempo. El examen es mañana y si no presento esa espada tendré que esperar quién sabe cuánto para volver a intentarlo. No puedo fabricar otra en un solo día —el muchacho apretó sus puños por la impotencia que aquello le hacía sentir—. Por favor, ayúdame a encontrarla.
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03-10-2026, 09:14 AM
Kamiwata notaba su respiración agitada mientras recorría el distrito comercial, el mismo aprendiz al que había ayudado con sus pruebas para el exámen había sido víctima de un robo en el peor momento. Sabía que no debía tomarlo de manera personal, pero aquel chico le había caído bien, valoraba su destreza forjando y el esfuerzo que destinaba a ello.

Una vez llegó al comercio, Kami escuchó a Genzō sin interrumpirlo. La preocupación del muchacho era evidente, aunque Kami no quería contagiarse de aquella sensación de urgencia. No porque no entendiera lo que significaba para él perder aquella espada, sino porque apresurarse en una búsqueda solía ser una buena manera de pasar por alto algo importante.

Cuando Genzō terminó de señalar la ventana, Kami dirigió la mirada hacia ella, luego miró al soporte y finalmente al maestro herrero. 

Se acercó al soporte vacío y se agachó frente a él, observando con detenimiento el lugar donde, según Genzō, había permanecido la espada. Buscaba fibras, restos o alguna pista que hubiese podido dejar el ladrón.

- ¿A qué hora te marchaste ayer? ¿Había alguien más aquí? -. Dejó unos segundos antes de continuar. - Y, sobre todo... ¿quién sabía que la espada estaba terminada?

No tenía sentido que entraras en el comercio de un maestro forjador y te llevases la espada de un aprendiz. ¿Porqué no otras? ¿Las herramientas o incluso quizás materiales?
 
Mientras esperaba la respuesta, Kami levantó ligeramente la mirada hacia el maestro de Genzō, había suspirado sin mucho ánimo antes. No dijo nada sobre él, simplemente lo observó durante un instante antes de volver a centrarse en el soporte, pero la duda y las posibilidad ya recorrían su mente. 

Después se acercó a la ventana, era estrecha, lo suficiente para que alguien pudiera entrar si realmente se lo proponía, aunque aquello no significaba que necesariamente hubiese ocurrido así. Examinó primero el marco y después el suelo situado justo debajo, buscando cualquier cosa fuera de lugar: suciedad, marcas, arañazos o pequeños fragmentos que pudieran haber quedado atrás.

- Dices que la puerta estaba cerrada cuando llegaste.

 Kami miró de nuevo a Genzō. - ¿Tú tienes la única llave?

Volvió a mirar la habitación, había herramientas por todas partes y varias piezas de metal todavía sobre la mesa. Si alguien había entrado únicamente para robar una espada concreta, había tenido que saber exactamente qué buscaba o quizás fue sólo mala suerte...

- ¿Había alguien trabajando aquí después de que te fueras ayer? 

Primero necesitaba saber quién podía haber tomado la espada. Después decidiría por dónde empezar a buscarla.

- Y no te preocupes, yo te ayudaré a encontrarla.
Chota Akimichi
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03-10-2026, 03:53 PM
—Ayer... me fui poco después de las seis de la tarde —respondió el muchacho a la pregunta del ninja mientras intentaba recordar la hora exacta—. Quizás seis y cuarto, seis y media. Ya habíamos terminado de trabajar con el horno y mi maestro me dijo que podía marcharme.

Daigo continuó trabajando durante unos segundos más antes de intervenir.

—Se fue a las seis y veinte —corrigió el hombre sin apartar la vista del metal que tenía delante—. Yo me quedé hasta después de las siete.

Genzō miró a su maestro y asintió.

—Sí. Eso que dice mi maestro.

Aquello aclaraba al menos una parte de lo sucedido. Genzō no había sido el último en abandonar el establecimiento. Daigo había permanecido allí durante un tiempo considerable después de que su aprendiz se marchara.

El anciano colocó finalmente la herramienta que utilizaba sobre la mesa y miró al shinobi.

—Yo salí por la puerta principal poco después de las siete. La espada seguía en ese soporte de allí cuando me fui —dijo señalando el soporte vacío.

—Eso significa que desapareció después de que mi maestro se marchara y antes de que yo regresara esta mañana.

Luego la pregunta sobre quién conocía la existencia de la espada pareció incomodarlo más que las anteriores. Se llevó una mano a la nuca antes de responder.

—Bueno... mi maestro, yo y algunos de los aprendices que trabajan aquí.

Daigo lo miró de reojo.

—Los demás aprendices sabían que estabas preparando una espada para el examen. Eso no significa que todos supieran dónde estaba.

Genzō pareció darse cuenta de que aquello era importante.

—También se lo conté a un par de personas del distrito —admitió—. Simplemente... estaba orgulloso de haber terminado. Ya sabes cómo es.

—Ya te he dicho antes que hablas demasiado. Yo he llegado a viejo precisamente por no ser tan amiguero.

—¡No pensé que alguien fuera a robarla!

—Precisamente por confiado es que te pasan las cosas.

El muchacho bajó la mirada durante un momento.

—Unos cuantos comerciantes sabían que estaba preparando la pieza. También algunos clientes habituales. Pero no creo que eso ayude demasiado.

Cuando Kamitawa preguntó por la llave Genzō negó inmediatamente con la cabeza.

—Solo hay dos juegos, uno lo tiene mi maestro y el otro juego lo tengo yo. La puerta se cerró con llave, pues yo mismo fui quien abrió esta mañana. Lo único seguro es que no entraron por la puerta.

—Nadie más tiene una copia —dijo el anciano mientras metia una mano en uno de los bolsillos de su ropa y sacó una pequeña llave metálica—. Y la mía estuvo conmigo toda la noche.

Todas las afirmaciones hacían que la ventana adquiriera más importancia aún como el posible metodo de entrada y salida.

Si alguien examinaba con mayor detenimiento la zona situada bajo la ventana, había algo que no encajaba del todo. No era una huella clara, pero era una huella con restos de barro ya seco justo al pie de la ventana. Además en uno de los clavos situados en la parte inferior del marco había quedado enganchado un hilo de tela marrón.
Kamitawa
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04-10-2026, 08:57 AM
Kamitawa permaneció en silencio mientras escuchaba las respuestas de ambos. La diferencia entre los horarios no había pasado desapercibida. Genzō se había marchado primero, pero Daigo había permanecido allí hasta después de las siete, y según sus propias palabras, la espada seguía en su sitio cuando abandonó la herrería.

El joven dirigió entonces su atención hacia la ventana. Se acercó con cuidado, evitando tocar el marco, y se agachó junto al suelo para observar con mayor detenimiento el barro seco. No era una huella especialmente clara. Aun así, estaba justo debajo de la ventana.

Kamitawa mantuvo la mirada sobre ella durante unos segundos antes de levantarla hacia el pequeño hilo de tela marrón que había quedado enganchado en el clavo.

- ¿Alguien de aquí suele llevar ropa de ese color?

Si alguien había utilizado aquella ventana, lo que le interesaba era saber si había alguna otra marca que pudiera indicar por dónde había continuado después. Kami se incorporó lentamente.

- Quiero que me describas la espada. Todo lo que recuerdes: empuñadura, funda, color, cualquier marca que tenga... incluso algún defecto que todavía tuviera. Hizo una breve pausa. - Si la encontramos, necesito estar seguro de que es la tuya.

Una vez tuvo su respuesta, cruzó al otro lado de la ventana, buscaba cualquier rastro que pudiese percibir. Huellas parciales, ramas rotas o incluso simplemente si había algún camino lógico a seguir si fueses un ladrón escapando con su botín.

También examino la fachada del edificio desde ese ángulo para revisar que no hubiese nada extraño.
Chota Akimichi
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06-10-2026, 07:49 PM
—No sabría decirte. Por aquí hay bastante gente que utiliza ropa de trabajo de ese color —dijo Genzō.

—El muchacho que vino ayer. El que preguntó por la espada. Llevaba una chaqueta marrón.

El aprendiz se quedó pensativo.

—Es verdad...

Al otro lado de la ventana el callejón no ofrecía demasiadas respuestas. Era estrecho y estaba bastante transitado por lo que distinguir unas huellas de otras era tarea imposible. Si Kamitawa examinaba el exterior regresaría sin encontrar ninguna respuesta.

—Sobre la espada... —respondió—. Es una katana de tamaño normal. La funda es negra y tiene una pequeña línea roja cerca de la parte inferior. La empuñadura es blanca y en uno de los laterales tiene una pequeña marca que hice yo mismo.

El muchacho señaló aproximadamente la zona.

—La hoja también tiene una pequeña imperfección cerca de la base. Mi maestro dijo que no era importante y que podía corregirla después del examen.

—Es suficiente para reconocerla. —agregó el maestro.

Genzō volvió a mirar el soporte vacío.

—No hay otra igual en este taller.

Kamitawa ya tenía una descripción bastante precisa del arma. Y al observar nuevamente el interior de la herrería podría notar que el taller no era especialmente grande pero estaba lleno de objetos. Cajas con materiales, herramientas, piezas de metal y distintos elementos que ocupaban buena parte del espacio.

Eso también significaba que había varios lugares donde alguien podría esconderse. Detrás de una pila de cajas situada en una de las esquinas había un pequeño espacio que desde la entrada no resultaba demasiado visible. Y fue allí donde apareció algo que no estaba antes en el campo de atención de Kamitawa.

Entre dos cajas sobresalía un pequeño pedazo de tela marrón. Era apenas un fragmento pero el color era prácticamente idéntico al del hilo que había hallado el shinobi. Desde aquella misma zona llegó un ruido muy leve. Un pequeño roce y después silencio. Ni Genzō ni Daigo podrían darse cuenta de algo así, pero un shinobi tal vez lo notara. La pista estaba delante de Kamitawa ahora solo quedaba decidir qué hacer con ella.
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07-10-2026, 07:50 AM
Hacía unos segundos que sólo escuchaba la conversación de los herreros a medias, su atención se había fijado en un pedazo de tela similar en color al hilo que sostenía.

Kamitawa permaneció unos segundos observando el pequeño fragmento de tela marrón que sobresalía entre las cajas. El color era prácticamente idéntico al hilo que había encontrado anteriormente en el marco de la ventana, algo que difícilmente podía considerar una simple coincidencia. Además, acababa de escuchar un pequeño roce procedente de aquella zona.

El joven entrecerró ligeramente los ojos y decidió acercarse para comprobarlo por sí mismo. No quería precipitarse ni sacar conclusiones antes de tiempo.

- Esperad aquí un momento —dijo a Genzō y al maestro mientras señalaba las cajas.

Kamitawa comenzó a avanzar hacia la esquina del taller, procurando hacer el menor ruido posible. El espacio era bastante reducido y estaba lleno de herramientas, materiales y objetos que podían caer al suelo si no tenía cuidado. Por eso, en lugar de apartar las cajas bruscamente, se agachó y comenzó a moverlas una a una, dejando espacio suficiente para poder observar lo que había detrás.

La tela marrón seguía allí. Se detuvo antes de retirarla por completo y mantuvo la mirada fija en el pequeño hueco durante unos segundos, tratando de percibir cualquier otro sonido o movimiento que pudiera confirmar sus sospechas.

Su mano se acercó instintivamente a la empuñadura de su propia katana, aunque no llegó a desenvainarla. No sabía qué podía encontrarse detrás de aquellas cajas y no tenía intención de convertir una investigación en un enfrentamiento innecesario.

Finalmente, apartó otra de las cajas con cuidado, ampliando un poco más su campo de visión.

- Si hay alguien ahí será mejor que salgas, sino iré yo con la espada por delante - dijo con voz firme, pero sin levantar demasiado el tono.

Kamitawa permaneció en aquella posición, preparado para reaccionar si era necesario, pero sin realizar ningún movimiento adicional.

Ahora solo quedaba descubrir si realmente había alguien escondido allí y, sobre todo, qué relación tenía con la espada desaparecida.
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12-10-2026, 02:48 AM
Durante unos segundos desde el otro lado de las cajas no llegó ninguna respuesta aunque el pequeño fragmento de tela marrón volvió a moverse cuando algo se agitó en el espacio que había detrás. Pero pasados esos segundos una voz joven rompió el silencio.

—¡Está bien, está bien! ¡Ya salgo!

Unas cajas se desplazaron torpemente y después de varios intentos un muchacho emergió del estrecho escondite. Llevaba ropa de trabajo y una chaqueta marrón bastante desgastada. Al incorporarse tuvo que sacudirse el polvo de los pantalones y apartar una pequeña telaraña que se le había quedado pegada en el hombro.

Su primera reacción fue mirar a Kamitawa. La segunda, comprobar si tenía alguna posibilidad de escapar pero no parecía que fuese a intentarlo de inmediato.

—¡Yo no he hecho nada! —se apresuró a decir, levantando las manos—. Bueno... ¡no he hecho nada que sea asunto de ustedes!

Desde el otro extremo del taller Genzō se giró al escuchar la voz que se le hacia conocida.

—¿Shōma? ¿Qué demonios haces ahí?

Daigo dejó las herramientas sobre la mesa y se acercó con el ceño fruncido.

—¿Te has vuelto loco? ¿Desde cuándo te escondes entre mis cosas?

El muchacho tragó saliva.

—¡Puedo explicarlo!

—Pues empieza por explicar por qué estás escondido en mi maldita herrería —respondió el anciano.

Shōma miró hacia la puerta, después hacia la ventana y finalmente al shinobi que tenía delante. No parecía encontrar una respuesta que le permitiera salir bien parado de aquella situación.

—Yo... solo quería recuperar una cosa.

—¿Recuperar qué?

—¡Nada! Olvídalo.

—¡¿Cómo que lo olvide?! 

El joven dio un pequeño respingo ante el grito del aprendiz.

—¡Baja la voz, idiota! ¿Quieres que venga todo el distrito?

La respuesta provocó que Genzō se quedara mirándolo con una mezcla de incredulidad e indignación.

—¡¿Encima me dices que baje la voz?!

Daigo se frotó el puente de la nariz, visiblemente arrepentido de tener que presenciar aquella discusión dentro de su propio establecimiento.

—Por todos los dioses...

Shōma comprendió que discutir con Genzō no iba a ayudarlo. Así que volvió a mirar a Kamitawa y al percatarse de que seguía sin tener una salida clara, terminó por bajar los brazos.

—Está bien. Fui yo.

La expresión de Genzō cambió inmediatamente.

—¿Qué?

—Yo tomé la espada —admitió Shōma en un tono mucho más bajo—. Pero no pensaba quedármela para siempre.

—¡¿Me has robado la espada que llevo meses fabricando?!

—¡Ya te he dicho que puedo explicarlo!

—¡Pues explícate!

Shōma apretó los labios, visiblemente incómodo por tener que confesar delante de todos.

Trabajaba como ayudante en una tienda de artículos usados del distrito comercial. Había visto a Genzō trabajando en la espada y escuchado que pretendía presentarla al examen de ingreso del gremio. También sabía que el aprendiz estaba orgulloso de aquella pieza y que si conseguía superar la prueba tendría mejores oportunidades para progresar como herrero. Al principio Shōma había sentido envidia. Él llevaba tiempo trabajando en el comercio de su patrón sin conseguir nada que considerara importante, mientras que Genzō estaba a punto de dar un paso decisivo en su vida y carrera.

La tarde anterior había acudido a la herrería con la excusa de preguntar por la espada. Quería verla de cerca y comprobar si realmente merecía tanta atención. Genzō se había negado a enseñársela, pero aquello no hizo más que alimentar su frustración. Cuando Daigo abandonó el taller Shōma regresó al callejón y aprovechó que la ventana lateral seguía abierta para entrar. Encontró la espada en el soporte, la envolvió en una tela y salió por el mismo lugar. Al hacerlo rasgó la manga de su chaqueta contra uno de los clavos del marco.

Había conseguido sacar el arma sin que nadie lo viera pero su plan empezó a torcerse cuando intentó venderla. El comerciante al que acudió sospechó de la procedencia de la espada y se negó a comprarla sin una explicación convincente. Temiendo que lo denunciaran Shōma decidió esconderla en un pequeño almacén detrás de la tienda donde trabajaba. Después regresó a la herrería para averiguar si alguien había descubierto el robo. Al encontrar al shinobi investigando el taller se había asustado y había optado por ocultarse entre las cajas esperando una oportunidad para marcharse sin que lo vieran.

—No iba a hacerle daño a nadie —terminó diciendo—. Solo quería venderla y conseguir algo de dinero. Pensé que cuando pasara el examen ya nadie le daría tanta importancia.

Genzō se quedó mirándolo, incapaz de disimular su enfado.

—¡Era mi examen, imbécil!

Shōma bajó la cabeza.

—Ya lo sé.

—¡No, no lo sabes! ¡Llevo meses trabajando en ella!

Daigo levantó una mano para detener al aprendiz antes de que continuara gritándole.

—Basta, Genzō. Ya tendremos tiempo de discutir cuando este muchacho haya respondido por lo que ha hecho.

El anciano dirigió una mirada severa hacia Shōma.

—¿Dónde está la espada?

—En un almacén detrás de la tienda donde trabajo. La escondí allí.

Genzō se volvió inmediatamente hacia Kamitawa.

—¡Tenemos que ir a buscarla!

El aprendiz parecía dispuesto a salir corriendo en ese mismo instante, pero Daigo lo sujetó por el hombro.

—Tú te quedas aquí. No pienso permitir que salgas corriendo por el distrito y termines metido en otro problema.

—¡Pero, maestro...!

—La espada no va a desaparecer por segunda vez mientras discutimos.

Con Shōma identificado como responsable del robo y su ubicación conocida, la recuperación del arma no resultó especialmente complicada. El muchacho consciente de que intentar engañar nuevamente al shinobi solo empeoraría su situación, condujo a Kamitawa hasta el almacén y señaló el rincón donde había escondido la pieza.

Detrás de varias cajas de madera, envuelta en una tela oscura se encontraba la katana. No había dudas. Era la espada robada. Genzō la recibió con ambas manos y la examinó cuidadosamente. Revisó la funda, la empuñadura y la hoja, asegurándose de que no hubiera sufrido daños durante el robo. Cuando comprobó que seguía en condiciones de ser presentada, soltó un suspiro de alivio.

—Está bien... está bien —murmuró mientras sujetaba la espada contra su pecho—. Sigue aquí.

Por primera vez desde que Kamitawa había llegado a la herrería, el aprendiz parecía haber recuperado la calma.

—Gracias —dijo finalmente, dirigiéndose al shinobi—. De verdad. No sé qué habría hecho si no la encontraba.

Daigo se acercó para comprobar personalmente el estado de la pieza. Después de examinarla, asintió con satisfacción.

—No parece que la haya dañado. Tendremos que revisar algunos detalles antes del examen, pero todavía estamos a tiempo.

Genzō volvió a mirar la espada y después al shinobi.

—Mañana tengo que presentarme ante el gremio a primera hora. Esta noche no voy a dormir ni un minuto, pero al menos podré hacerlo con la espada delante.

En cuanto a Shōma, el asunto no terminó con una simple reprimenda. El robo fue comunicado a las autoridades correspondientes de Kirigakure para que se hicieran cargo del caso. El joven tendría que responder por sus actos, mientras que la espada regresaba a manos de su legítimo propietario.

Con el arma recuperada y el responsable identificado, la misión podía darse por concluida.

El examen de Genzō todavía estaba pendiente, y nadie podía garantizar que consiguiera ingresar al gremio. Aquello dependería de la calidad de su trabajo y de su habilidad como herrero. Sin embargo, al menos tendría la oportunidad de intentarlo y para un aprendiz que llevaba meses trabajando eso era más que suficiente.
Kamitawa
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16-10-2026, 10:03 AM
Kamitawa permaneció en silencio mientras Shōma terminaba de confesar lo ocurrido. Su mirada pasó del muchacho a Genzō, que sostenía la katana con un alivio comprensible. Al menos, la parte más importante de la misión había concluido sin que la pieza sufriera daños.

- Podrías haber pedido ayuda -comentó, dirigiéndose a Shōma-. En lugar de eso, has puesto en peligro el trabajo de otra persona por envidia.

No elevó la voz ni buscó prolongar la reprimenda. El joven ya tendría que responder ante las autoridades por sus actos y Kamitawa no veía sentido en añadir más amenazas de las necesarias.

Después se volvió hacia Genzō y Daigo.

- Me alegro de que hayamos encontrado la espada a tiempo. Ahora podrás presentarte al examen con tu trabajo intacto.

Observó brevemente la hoja, sin tocarla. No sabía demasiado sobre herrería, pero entendía lo que significaba dedicar meses a una tarea y descubrir que alguien había estado a punto de arrebatarte el fruto de ese esfuerzo.

- Aunque, si vas a pasar la noche sin dormir, procura que sea revisando la espada y no preocupándote por lo que podría haber ocurrido.

La última frase salió con cierta sequedad, aunque sin verdadera intención de burlarse del aprendiz. Kamitawa acomodó la vaina de su propia katana y se dispuso a regresar. La misión había sido bastante sencilla una vez localizado el responsable, pero eso no significaba que no pudiera haber terminado de otra manera. Si Shōma hubiera conseguido vender el arma, recuperarla habría sido mucho más complicado.

Antes de marcharse, dirigió una última mirada al muchacho.

- No hagas más tonterías, otro shinobi con más nervio podría haberte herido.

No esperó una respuesta. Con una inclinación de cabeza hacia el herrero y su maestro, abandonó el lugar, dispuesto a informar de la conclusión de la misión y dejar que las autoridades se ocuparan del resto.

Al menos, por una vez, el trabajo estaba terminado sin que hubiera sido necesario desenvainar la espada.
Masashi Kishimoto
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16-10-2026, 05:05 PM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: [Misión Rango D] El ladrón de espadas (TID 15038)
Tipo: Misión Normal · Rango: D
  • Chota Akimichi — Narrador No Oficial (100%): 500 Ryos, 0 Tobis, 50 Exp, Pergamino PERG001
  • Kamitawa — Participante (100%): 500 Ryos, 5 Tobis, 70 Exp

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
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