Shinobi Gaiden Foro Rol
  • Guías
  • Técnicas
  • Información ▾
    • Mapa del Mundo
    • Virtudes y Defectos
    • Registro de Personajes
    • Objetos
    • Calc. de Estadísticas
    • Censo y Estadísticas
  • Iniciar Sesión
  • Regístrate
  • Primeros pasos
Hachibi vs Daeru y Chota
忍 SG
知
¿Sabías que… algunos Senju usaban su propio Mokuton para transformarse voluntariamente en árboles y morir?
Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?
Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto   ›   Mundo   ›   Pais del Fuego   ›   Konohagakure no Sato   ›   Zona Residencial
1 2 3 4 5 6 Siguiente »
  ›   [Común] Misión Rango E: Un Recuerdo Perdido
Responder
Misión Rango E: Un Recuerdo Perdido
Argeon
Rango Genin
Clan Senju
Nivel 11
Estadísticas
Generales
Fuerza90(4)
Destreza10(1)
Ctrl. de Chakra80(4)
Inteligencia5(1)
Especiales
Salud9
Velocidad17
Tenketsu12
Sigilo14
525
550
Enlace al Post
19-09-2026, 05:53 PM
[Imagen: f52dm4j.jpeg]
Un Recuerdo Perdido
Verano 36 del año 150 - Konohagakure no Sato


El sol del verano cae a plomo sobre Konohagakure no Sato, envolviendo la aldea en un manto de calor y luz dorada. El aire estival está saturado de vida: el aroma tentador de la barbacoa que sale de los puestos de comida, el murmullo constante de los aldeanos regateando en el mercado, y el eco lejano y alegre de los niños jugando cerca de la Academia Ninja. Es un día bullicioso y vibrante, donde la vida fluye con normalidad bajo la atenta mirada de los rostros de piedra de los Hokage que se alzan imponentes en la distancia.

En medio de este ajetreo, en una pequeña y tranquila casa residencial, comienza la historia de esta misión. Aoi, una joven de cabello castaño y ojos soñadores, se encuentra sola en la habitación que alguna vez perteneció a su madre. En un impulso de nostalgia y desafío silencioso, abre la vieja caja de madera donde su madre guardaba sus tesoros más preciados. Entre recuerdos y cartas antiguas, brilla con luz propia un pequeño colgante de plata con forma de hoja. Es una reliquia familiar, un objeto cargado de historia y amor que ha pasado de generación en generación. Aoi, sabiendo que no debería tomarlo sin permiso, lo hace de todos modos, sintiendo una mezcla de culpa y emoción al colgarlo alrededor de su cuello. Cierra la caja rápidamente, asegurándose de que nadie la vea, y sale de la casa con la intención de hacer unos recados para el almuerzo.

Mientras camina hacia el distrito comercial del este, Aoi está sumergida en sus propios pensamientos. El peso del colgante sobre su pecho es un secreto reconfortante pero también una fuente de ansiedad. Camina sin prestar mucha atención a lo que sucede a su alrededor, absorta en la memoria de su madre y la sensación de llevar su legado consigo. Los colores y sonidos de Konoha se convierten en un borrón a su paso mientras cruza el puente de piedra sobre el arroyo y se adentra en los callejones aledaños a los campos de entrenamiento residenciales.

Es precisamente esta falta de atención, este caminar distraído, lo que sella su destino. Cuando finalmente llega a una intersección cercana a la plaza central, con las bolsas de víveres en sus manos y los ojos clavados en el suelo, una sensación helada recorre su cuerpo. El contacto del colgante con su piel ha desaparecido. Tantea desesperadamente el bolsillo de su abrigo ligero de verano, pero lo encuentra abierto y vacío. El colgante ya no está.

La realidad la golpea con la fuerza de un rayo. El mundo bullicioso a su alrededor se detiene. Sus ojos se llenan de lágrimas de angustia y desesperación, y sus ropas ligeras de verano parecen no protegerla del frío repentino que siente en su interior. Es en este momento, en ese preciso instante de pánico, cuando te encuentras con ella.

-¡Por favor, shinobi-sama!-, exclama Aoi con un hilo de voz, deteniendo tu paso con su desesperación. -¡Necesito ayuda! He perdido... ¡he perdido el recuerdo más preciado que me queda de mi madre!-

Entre sollozos, te explica que se trata de una reliquia familiar irremplazable. -No sé exactamente dónde se cayó-, continúa, secándose las lágrimas con el dorso de la mano y con una voz cargada de tristeza y preocupación. -Recuerdo haber cruzado el puente de piedra sobre el arroyo y haber pasado por los callejones cercanos a los campos de entrenamiento residenciales. Pudo haberse caído en cualquier lugar, con tanta gente y tanto movimiento... y lo peor... lo peor es ese sentimiento en mi interior... como un nudo, un vacío aquí en el pecho- , dice, señalándose el corazón con la mano temblorosa. —Siento que si no lo encuentro ahora mismo, una parte de ella, de mi madre, se habrá ido para siempre. Es un presentimiento terrible, shinobi-sama. Como si una pequeña luz que me guiaba se hubiera apagado.—

El bullicio de la aldea a su alrededor parece desvanecerse, sofocado por el peso de su propia culpa. Aoi da un paso atrás, con la mirada perdida en el suelo empedrado, mientras las palabras comienzan a atropellarse en sus labios, temblorosas y quebradas por el pánico:

—¿Y si... y si nunca lo encuentro? —susurra, con los ojos anegados en lágrimas que ya no puede contener, mientras un escalofrío recorre todo su cuerpo a pesar del calor del verano. —Si pierdo esto... siento que pierdo el único rastro de que ella realmente existió, de que estuvo conmigo. Si ese colgante desaparece para siempre, ¿qué queda de su memoria en este mundo? ¿Qué queda de mí si ni siquiera fui capaz de cuidar lo único valioso que me dejó? Quizás... quizás mi madre se avergonzaría de mí ahora mismo. Todo esto es por mi culpa, por mi desobediencia...—

Las piernas le fallan de repente, incapaces de soportar el peso de su angustia y el vacío helado que siente en el pecho. Aoi se desploma lentamente contra el suelo duro y polvoriento de la calle, arrodillándose en medio del camino sin importarle las miradas curiosas de los transeúntes. Con las manos aferradas con fuerza a su propio abrigo y la bolsa de víveres a un lado, rompe a llorar de forma inconsolable.

Estirando los brazos hacia ti, con la desesperación reflejada en cada fibra de su ser, se inclina en una súplica desesperada:

—¡Por favor... te lo ruego, shinobi-sama! — llora amargamente, con la voz rota y suplicante. —Ayúdame a buscarlo, te lo suplico con toda el alma. No puedo regresar a casa con las manos vacías... ¡Sálvame de este vacío!—

El llanto de Aoi resuena con fuerza en la concurrida calle de Konoha, rompiendo la dinámica habitual del bullicioso mediodía. A su alrededor, el ir y venir de los aldeanos se detiene de golpe. Varios transeúntes que caminaban cargando bolsas de compras o regresaban de sus labores se detienen en seco, formando un círculo silencioso a su alrededor.

Algunos vecinos la reconocen y se murmuran entre ellos con genuina preocupación, lanzando miradas compasivas hacia la joven arrodillada en el suelo polvoriento. Comentarios apagados flotan en el aire: —Pobre muchacha, miren cómo sufre...—, —¿Qué le habrá pasado?— mientras otros observan con curiosidad a la espera de ver cómo reaccionará el shinobi ante la dramática escena. El murmullo general de la aldea parece contener la respiración, dejando todo el peso de la atención pública sobre ti. Aoi sigue postrada en el suelo, con el rostro bañado en lágrimas y las manos estiradas hacia ti en un gesto de absoluta vulnerabilidad, esperando una respuesta que puede cambiar el rumbo de su desesperación.
[Imagen: uYoQ0If.jpeg]
Narro           ||        -Hablo-     ||      "Pienso"    ||  Ninja Médico  ||  Cronología
Natsu Ashida
Rango Genin
Clan Uchiha
Nivel 11
Estadísticas
Generales
Fuerza75(4)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra80(4)
Inteligencia10(1)
Especiales
Salud10
Velocidad22
Tenketsu10
Sigilo10
510
505
Enlace al Post
20-09-2026, 08:14 PM
Había salido de casa a dar una vuelta por la zona, pensando en encontrar algo rico para comer, cuando una voz desesperada me hizo detenerme en medio de la calle. Al principio, no entendí muy bien qué estaba pasando. Una muchacha se había acercado a mí, llorando desconsoladamente mientras me suplicaba que la ayudara a encontrar algo que había perdido. Me quedé mirándola, algo desconcertado, intentando comprender lo que me estaba diciendo entre tantos sollozos.

¿Un colgante?

Bajé la mirada hacia ella, escuchando con atención mientras me explicaba lo sucedido. Parecía bastante afectada por la pérdida, mucho más de lo que habría imaginado por un simple objeto. Sin embargo, por la manera en que hablaba de su madre, comenzaba a entender que aquello significaba mucho más para ella. No sabía exactamente qué se sentía perder un recuerdo tan importante de alguien querido, pero podía imaginarlo.

– O-Oye, tranquila... – Murmuré, rascándome la mejilla con cierta incomodidad.

No estaba acostumbrado a encontrarme con alguien llorando de aquella manera, y menos aún en medio de una calle tan concurrida. Eché un vistazo a los transeúntes que se habían detenido a observarnos, frunciendo ligeramente el ceño al escuchar sus comentarios de lástima.

Si tanto les preocupaba, ¿¡por qué no la ayudaban también!?

Volví mi atención hacia la muchacha, agachándome un poco para quedar más cerca de su altura.

– Bien, te ayudaré a encontrarlo. – Le dije, intentando calmarla. – Así que no llores tanto, ¿de acuerdo? – Le tendí una mano. – Vamos, levántate.

No sabía muy bien qué más decirle. No podía asegurarle que encontraríamos el colgante, pero tampoco iba a quedarme de brazos cruzados mientras ella seguía sufriendo por haberlo perdido. Me incorporé y me llevé una mano a la nuca, tratando de ordenar un poco la información que acababa de recibir.

– A ver... Dijiste que cruzaste un puente y pasaste por unos callejones, ¿verdad? – Pregunté, señalando en dirección al camino que llevaba hacia esa zona. – Entonces podemos empezar por ahí.

Miré hacia el camino que se extendía frente a nosotros, pensando por dónde sería mejor comenzar. Si el colgante se había caído mientras caminaba, todavía existía la posibilidad de encontrarlo antes de que alguien más lo recogiera.

– ¿Recuerdas si te detuviste en algún sitio? ¿O si alguien chocó contigo mientras llevabas las bolsas? – Añadí, volviendo a mirarla.

Me parecía que cualquier detalle podía servirnos para reducir el área de búsqueda. Aunque, con tanta gente caminando de un lado a otro, no iba a ser precisamente sencillo. Solté un suspiro y me ajusté la bufanda, preparándome para comenzar a buscar.

– ¡Bueno, vamos! No tiene sentido quedarnos aquí parados. ¡Encontraremos ese colgante!

Dicho eso, esperé a que la muchacha estuviera lista para acompañarme, dispuesto a comenzar por el puente que había mencionado. No sabía cuánto tardaríamos ni dónde acabaríamos encontrándolo, pero al menos podía intentar ayudarla a recuperar aquel recuerdo de su madre.
[Imagen: 9oeXPFe.gif]
« Hablo || "Pienso" || Narro »
CodeColor : #D66673
Argeon
Rango Genin
Clan Senju
Nivel 11
Estadísticas
Generales
Fuerza90(4)
Destreza10(1)
Ctrl. de Chakra80(4)
Inteligencia5(1)
Especiales
Salud9
Velocidad17
Tenketsu12
Sigilo14
525
550
Enlace al Post
21-09-2026, 12:36 AM
El Suspiro de Aoi y el Silencio de la Calle

El calor del verano de Konoha castigaba las calles principales con una pesadez densa, haciendo que el aire vibrara ligeramente sobre el asfalto y los techos de tejas de arcilla. El bullicio matutino de la aldea, es decir, ese  ir y venir de los mercaderes, el chisporroteo de los puestos de comida y las risas de los niños que corrían entre los callejones parecía, por un instante, haberse detenido a nuestro alrededor.

Aoi se encontraba de pie junto a la esquina del camino principal, con los hombros contraídos y las manos aferradas con tanta fuerza a las asas de su bolsa que los nudillos se le habían vuelto completamente blancos. Su respiración, inicialmente agitada y cortada por el pánico, comenzó a desacelerarse a medida que escuchaba mis palabras. Sintió el peso de la mirada inquisitiva del shinobi frente a ella, pero en lugar de ceder al llanto que amenazaba con quebrarle la voz, cerró los ojos un segundo y tragó saliva. Inhaló profundamente por la nariz y exhaló despacio, conteniendo el temblor de su mandíbula.

—Yo... estoy bien. Lo siento, de verdad —murmuró Aoi con un hilo de voz que poco a poco fue ganando firmeza, secándose el rabillo del ojo con el dorso de la manga. — No ha sido nada. Solo... un descuido tonto. Gracias por la ayuda. —

Los pocos transeúntes y vecinos que se habían detenido a mirar el altercado con curiosidad, esperando un drama mayor o la intervención de la policía militar, parpadearon desconcertados ante el repentino cambio de actitud de la joven. Al ver que ya no había gritos, ni lágrimas descontroladas, ni un peligro inminente, el interés colectivo se desvaneció con la misma rapidez con la que había surgido. Las conversaciones cotidianas retomaron su curso, el mercader de la esquina volvió a pregonar sus verduras y las personas continuaron su camino, ignorando por completo la profunda angustia que todavía martillaba el pecho de la chica.

—El colgante... no puede estar muy lejos de donde empecé a caminar —susurró Aoi en un tono apenas audible, mirándome con una mezcla de esperanza y temor, lista para decidir cuál será el primer lugar que investigaremos.

Dinámica de la misión


Vamos a emplear el lanzamiento de un dado para ubicar donde se encuentra el colgante. 1D4
  • Resultado 1: El colgante nunca salió de casa (se cayó en la habitación al ponérselo).
  • Resultado 2: El colgante está en el puente de piedra (se aflojó con el susto de los niños).
  • Resultado 3: El colgante está en el callejón empedrado (se perdió entre las piedras irregulares).
  • Resultado 4. Los puestos de mercado o manos ajenas (Alguien lo recogió del suelo antes de que Aoi se diera cuenta y lo dejó temporalmente en un puesto cercano, o un transeúnte despistado lo tiene).

Esta opción te abrirá la decisión para así dirigirte directamente a ese lugar o bien realizar ese planteamiento de ir directo al puente que has propuesto en tu rol. Luego de tomar esta decisión deberás lanzar otro dado. 1D6
  • Resultado 1 o 2 — Fracasa la búsqueda (Silencio y desinterés):

Efecto: Preguntas a los presentes o revisas el área, pero nadie presta atención o el bullicio del mercado ahoga tus palabras. No obtienes ninguna información útil y el tiempo transcurre, aumentando la angustia y el llanto de Aoi.
  • Resultado 3 o 4 — Pista Falsa (Testigo confundido o bromista):

Efecto: Te topas con un testigo (un vecino distraído o un mercader bromista) que te asegura haber visto a alguien tomar el collar, pero resulta ser una confusión (alguien que recogió una moneda, una chapa brillante o el dije de otra persona). Sigues esa pista errónea por un callejón o puesto equivocado, perdiendo valioso tiempo mientras Aoi se desespera al ver que la pista no era real.
  • Resultado 5 o 6 — Pista Verdadera (Testigo clave):

Efecto: Encuentras a un testigo confiable que vio exactamente lo que pasó. Dependiendo de si estás en el lugar correcto o no, te dará una descripción real de quién se agachó a recoger la reliquia o en qué rincón exacto quedó sepultado el colgante, acercándote de inmediato al objetivo.

El siguiente rol te daré la dinámica para buscar el objeto según tus decisiones y resultaos.


Lugar — La casa de Aio

El sol de la tarde comenzaba a inclinarse sobre los tejados de Konoha, proyectando sombras alargadas y doradas que se colaban por las rendijas de las contraventanas de papel de arroz. Tras caminar en un silencio tenso pero firme, cruzamos el umbral de la modesta vivienda de Aoi. El ambiente en el interior era fresco, impregnado con el leve aroma a madera vieja, papel de arroz y el tenue incienso que solía quemarse en los altares familiares.

Aoi cerró la puerta corrediza con una suavidad extrema, como si temiera que un golpe seco pudiera ahuyentar los pocos recuerdos que le quedaban de su madre. Sus pasos resonaron con ligereza sobre las tablas de madera del pasillo mientras se dirigía directamente al rincón principal de la habitación. Allí, sobre una pulcra mesa de tatami, descansaba el verdadero motivo de nuestra visita: la vieja caja de madera tallada con intrincados motivos florales. Era el cofre heredado que guardaba las cartas antiguas, los retratos descoloridos y la memoria de su familia. La tapa se encontraba apenas entreabierta, delatando la prisa y el nerviosismo con el que la muchacha se había arreglado esa misma mañana antes de salir disparada hacia las calles de la aldea.

—Aquí fue donde lo guardé anoche... o al menos eso creía —susurró Aoi, con un nudo evidente en la garganta, mientras sus dedos temblorosos se posaban sobre los bordes de la caja—. Estaba segura de que me lo había colocado antes de salir, pero con el apuro de las sirenas y el aviso de los escuadrones, tal vez... tal vez se resbaló y cayó antes de que siquiera cruzara la puerta.

El espacio a nuestro alrededor era un refugio de absoluta tranquilidad, pero la tensión emocional lo llenaba todo. Cada rincón de la pequeña estancia parecía guardar una expectativa silenciosa. Si el destino y el azar dictaminaban que el objeto jamás había abandonado el hogar, el delicado colgante plateado debía encontrarse oculto entre los pliegues oscuros del futón deshecho, en el fondo vacío del cofre de madera, o quizás sepultado bajo el fino polvo acumulado en el borde del tatami, producto de algún tropiezo matutino.

El Testigo en el Área

Antes de que decidiéramos revisar cada centímetro de la habitación, una presencia familiar interrumpió la quietud desde el exterior del portal. Kenji, el vecino anciano, se encontraba barriendo las hojas secas del pasillo comunal con una escoba de ramas crujientes. Al vernos con la puerta medio abierta, se detuvo, apoyó las manos en el mango de madera y nos miró con sus ojos cansados pero avispados.

—¿Buscando algo de valor, muchachos? — preguntó Kenji con su voz áspera, carraspeando ligeramente antes de continuar. —Verán... muy temprano hoy, justo cuando el sol apenas levantaba la neblina, vi una sombra extraña merodeando por este corredor exacto. Al principio pensé que era un gato callejero o algún genin despistado entrenando temprano, pero alguien se detuvo frente a esta misma puerta abierta antes de que Aoi saliera corriendo despavorida. No alcancé a verle la cara, pero juraría que llevaba un bolso y se agachó un instante junto al umbral...—

Aoi se quedó congelada ante las palabras del anciano, con los ojos abiertos de par en par, atrapada entre la esperanza de que el objeto estuviera dentro de la casa y el terror de que alguien más hubiera puesto sus manos en su reliquia antes de iniciar la búsqueda. Este predicamento se encontraba ocurriendo en la mente de la joven, sus nervios, y cautela dejo que el tiempo pase y ahora se encuentran con el sol de la tarde  que continuaba inclinándose sobre los tejados de Konoha, proyectando sombras alargadas y doradas que se colaban por las rendijas de las contraventanas de papel de arroz. Tras caminar en un silencio tenso pero firme, cruzo el umbral de la modesta vivienda e invito al shinobi. El ambiente en el interior era fresco, impregnado con el leve aroma a madera vieja, papel de arroz y el tenue incienso que solía quemarse en los altares familiares.

Aoi cerró la puerta corrediza con una suavidad extrema, como si temiera que un golpe seco pudiera ahuyentar los pocos recuerdos que le quedaban de su madre. Sus pasos resonaron con ligereza sobre las tablas de madera del pasillo mientras se dirigía directamente al rincón principal de la habitación. Allí, sobre una pulcra mesa de tatami, descansaba el verdadero motivo de nuestra visita: la vieja caja de madera tallada con intrincados motivos florales. Era el cofre heredado que guardaba las cartas antiguas, los retratos descoloridos y la memoria de su familia. La tapa se encontraba apenas entreabierta, delatando la prisa y el nerviosismo con el que la muchacha se había arreglado esa misma mañana antes de salir disparada hacia las calles de la aldea.

—Aquí fue donde lo guardé anoche... o al menos eso creía —susurró Aoi, con un nudo evidente en la garganta, mientras sus dedos temblorosos se posaban sobre los bordes de la caja. —Estaba segura de que me lo había colocado antes de salir, pero con el apuro de las sirenas y el aviso de los escuadrones, tal vez... tal vez se resbaló y cayó antes de que siquiera cruzara la puerta.—

Orientación desde el resultado del segundo dado


[*][b]La Posibilidad del Fracaso Total (La búsqueda vacía): [/b]Comenzamos levantando con delicadeza el futón deshecho, sacudiendo las sábanas y revisando centímetro a centímetro el piso de madera y los bordes del tatami. Sin embargo, el polvo acumulado solo ensució nuestras manos y, tras largos minutos de inspección minuciosa en los rincones más oscuros de la habitación, la realidad se hizo evidente: no había absolutamente nada. El silencio de la casa se volvió pesado, y Aoi, con los hombros caídos, sintió que el tiempo se escurría entre sus dedos sin arrojar una sola respuesta útil.

[*][b]La Posibilidad de la Pista Falsa (El testimonio confuso del testigo): [/b]En medio de la revisión, una presencia interrumpió la quietud desde el exterior del portal. Kenji, el vecino anciano, se encontraba barriendo las hojas secas del pasillo comunal con una escoba de ramas crujientes. Al vernos con la puerta medio abierta, se detuvo y nos miró con sus ojos cansados pero avispados. —¿Buscando algo de valor, muchachos? —preguntó Kenji con su voz áspera—. Verán... muy temprano hoy, vi una sombra extraña merodeando por este corredor exacto. Alguien se detuvo frente a esta misma puerta abierta antes de que Aoi saliera corriendo. Juraría que llevaba un bolso y se agachó un instante junto al umbral... Siguiendo esa pista con el corazón en la boca, revisamos con desesperación el umbral exterior buscando huellas o marcas. No obstante, al profundizar en el relato del anciano, descubrimos que el misterioso merodeador solo era un gato callejero que había tirado una vieja bolsa de tela vacía. Una falsa alarma que hizo que Aoi se ilusionara por un segundo para luego caer en una profunda decepción.

[*][b]La Posibilidad de la Pista Verdadera (El hallazgo o la certeza): [/b]Finalmente, agotando las opciones del recinto, centramos la atención en el interior del cofre de madera tallada y los compartimentos secretos de la base del tatami. Tras una revisión profunda y milimétrica, apartando las cartas antiguas de su madre, un sutil destello metálico llamó nuestra atención. Al fondo, atorado en una rendija interior de la madera donde el mecanismo de cierre se había trabado por la humedad, yacía el objeto. No era el colgante principal que buscaba en la calle, sino el pasador secundario que confirmaba que el collar jamás había salido de la habitación, habiéndose desprendido en el instante exacto en que Aoi abrió el cofre a altas horas de la madrugada anterior.


Lugar — El Puente de Piedra sobre el Arroyo

El sol de la tarde continuaba elevándose sobre los tejados de Konoha, arrojando un calor denso que hacía vibrar el aire sobre las calles principales, cuando finalmente dejamos atrás el distrito residencial para adentrarnos en las rutas que conectan con los sectores comerciales. El murmullo constante y cristalino del arroyo comenzó a escucharse con mayor claridad entre el bullicio de la aldea, anunciando nuestra llegada al viejo puente de piedra.

Esta estructura arqueada, construida con bloques de granito gris y marcada por el paso de décadas de historia, era uno de los puntos de tránsito más transitados y concurridos de la zona. El suelo de piedra estaba desgastado por el ir y venir constante de los aldeanos, y sus bajas barandas acumulaban musgo en las esquinas donde la humedad lograba aferrarse. Fue precisamente en este mismo lugar donde, horas antes, se había desatado el caos matutino: un grupo de niños de la academia, corriendo con estrépito y agitando palos simulando kunais, había arremetido a toda velocidad contra los transeúntes, obligando a Aoi a dar un salto repentino hacia la baranda para evitar ser arrollada. El impacto del susto, el movimiento brusco de su cuerpo y el choque contra la piedra habrían sido el escenario perfecto para que el frágil hilo del colgante cediera y el metal se deslizara silenciosamente hacia las rendijas o la orilla.

Testigo clave

Y fue que vieron a un anciano, Kenji un comerciante observo a la jovencita quien en ocasiones le solía traer algo de comer y le vio preocupaba, por eso le comento algo en son de chisme, ya que había observado un hecho extraño cercano al puesto de Sora, la cual era una comerciante de un puesto de flor de papel. 

—Según dicen, no lo digo yo, sino la misma Sra. Aghata del puesto de kunais, ella me conto que le dijo el pescadero que Sora vio a un individuo huir desde el puente de piedra hacia el área comercial.—

Las palabras de Kenji era simples y con un tono cálido, por lo que desato la curiosidad de la joven, y fue por eso que se dirigió al puesto de su amiga Sora, la cual le regalaba en ocasiones algunas flores de papel, ya que su madre le había ayudado cuando era más joven, y en virtud de eso

—Si esa persona pasó por aquí corriendo después de salir del distrito residencial con algo brillante...—

Resultado según el dado

  • La Posibilidad del Fracaso Total (La búsqueda vacía): Comenzamos a revisar cada uno de los bloques de granito, palpando las grietas y apartando la hierba crecida en las orillas del arroyo con sumo cuidado. Sin embargo, el constante flujo de transeúntes y el ruido del agua dificultaban la labor. Tras varios minutos de tensión, nos damos cuenta de que el puente se encuentra completamente limpio de cualquier rastro metálico. No hay absolutamente nada entre las piedras, lo que deja a Aoi con una sensación de vacío y frustración al ver que el tiempo sigue corriendo sin resultados.

  • La Posibilidad de la Pista Falsa (El testimonio confuso del testigo): En la bajada del puente, instalado sobre un carretón de madera con sombrilla de lona desteñida, se encontraba Sora, el vendedor de dangos ambulante. Con un delantal blanco manchado de almíbar y una sonrisa cansada, el hombre se asomó al vernos revisar el suelo. —¿Buscando algo valioso, muchachos? —preguntó Sora con tono conspirativo—. Si buscan un objeto brillante... justo después del tropiezo de los niños con los críos de la academia, vi a alguien detenerse de golpe aquí mismo, en el centro del arco. Se agachó con mucha sospecha, como si hubiera pillado algo valioso entre los adoquines, y luego echó a correr hacia el callejón de los mercaderes... Siguiendo esa pista con el corazón en la boca, interrogamos a los comerciantes cercanos y revisamos el sendero indicado, solo para descubrir que el individuo al que se refería Sora no era más que un cliente despistado que había recogido una chapa de metal oxidada. Una falsa alarma que hizo que Aoi se desmoronara anímicamente por unos instantes.

  • La Posibilidad de la Pista Verdadera (El hallazgo o la certeza): Agotando las alternativas en el borde del arroyo, donde la corriente forma un pequeño remanso contra las rocas cubiertas de musgo, una inspección minuciosa bajo la estructura del puente arrojó indicios definitivos. Al apartar las hojas secas acumuladas por el viento, descubrimos una pequeña muesca en la piedra donde el collar, al recibir el golpe del salto de Aoi, había quedado enganchado por un instante antes de caer al agua o deslizarse hacia la siguiente ruta. Aunque el objeto no yacía allí en ese preciso momento, las huellas dejadas en el lodo de la orilla confirmaban de manera irrefutable que alguien había cruzado por ese mismo punto con prisa inusual, abriendo el camino hacia el siguiente escenario de la búsqueda.


Lugar — El Callejón Empedrado
El sol de la tarde comenzaba a perder su fuerza al descender tras las altas estructuras de Konoha, dejando que la penumbra se adueñara paulatinamente de los rincones más ocultos de la aldea. Cruzando el viejo puente de piedra y adentrándonos por completo en el sector comercial secundario, el camino experimentó un cambio drástico y opresivo. Las avenidas amplias y bulliciosas se desvanecieron de repente, dando paso a un desfiladero urbano donde dos muros altos, formados por bloques de piedra oscura y carcomida por el tiempo, se cerraban amenazantes a ambos lados, convirtiendo el paso en un callejón empedrado tan sombrío como silencioso.

Aquí, la luz del día apenas lograba rasguñar la superficie del suelo durante unos pocos minutos al mediodía, y a esta hora avanzada, el ambiente se sentía húmedo, denso y cargado de un frío sutil que parecía filtrarse directamente a través de la ropa. El piso de este tramo no guardaba ninguna similitud con el asfalto o las planchas pulidas de la plaza principal; estaba compuesto por piedras de río irregulares, colocadas de manera tosca y mal aplanadas por el paso de las décadas. Entre los adoquines se abrían profundas rendijas oscuras, repletas de tierra compactada, musgo espeso y los pequeños desperdicios arrastrados por la lluvia de la noche anterior. Era una zona de tránsito frecuente para mensajeros taciturnos, ninjas de bajo rango que buscaban atajos en sus patrullajes o transeúntes que intentaban esquivar el ajetreo del mercado.

El eco de nuestras botas resonaba con un golpe seco y hueco contra las paredes de piedra, rompiendo la quietud sepulcral del lugar. Aoi avanzaba un paso detrás de mí, con la mirada clavada rígidamente en el suelo irregular, sintiendo que la presión en su pecho se contraía con cada metro recorrido. El miedo a que su reliquia familiar se hubiese perdido para siempre en este laberinto de sombras pesaba más que el cansancio físico.

Testigo del lugar
Justo en ese instante, antes de que pudiéramos avanzar más hacia el fondo del pasadizo, una ventana de madera situada en el segundo piso de uno de los muros se abrió con un chirrido estridente. Maki, una joven aprendiz de costurera que pasaba sus tardes sacando retazos de tela a ventilar en el pequeño balcón del callejón, se asomó con una mezcla de curiosidad y cautela, ajustándose las gafas con una mano manchada de tinte azul añil. —¿Buscaban algo importante por aquí abajo, muchachos? —preguntó Maki, inclinándose sobre el barandal de madera mientras el viento mecía las telas colgadas. —Verán... hace un rato, mientras organizaba los rollos de hilo, escuché un leve tintineo metálico contra las rocas, muy cerca de la tubería de drenaje. Juraría que vi una silueta encapuchada rebuscar apresuradamente entre los adoquines, justo antes de que Aoi pasara por este mismo con algunas compras, parecía estar ese sujeto alegre con lo que consiguió..—

Desde el resultado del segundo dado
  • La Posibilidad del Fracaso Total (La búsqueda vacía): Decidimos comenzar dividiendo el tramo en secciones, revisando minuciosamente entre las grietas de las rocas y los montones de hojas podridas acumuladas en las esquinas más oscuras. Utilizando la punta de un kunai con extremo cuidado, removí la tierra acumulada entre los adoquines, mientras Aoi inspeccionaba palmo a palmo la base de los muros altos. Sin embargo, el terreno demostró ser abrumadoramente vasto, irregular y traicionero. Tras más de una hora de búsqueda exhaustiva bajo la penumbra asfixiante, nuestras manos terminaron entumecidas, sucias de lodo y raspadas por la roca viva, sin haber encontrado el menor rastro del metal plateado. El desaliento se apoderó por completo de Aoi, quien exhaló un suspiro largo y tembloroso, consciente de que este callejón oscuro parecía no guardar más que sombras, silencio y frustración.

  • La Posibilidad de la Pista Falsa (El testimonio confuso de la testigo): Siguiendo la advertencia de Maki con el corazón latiendo desbocado en el pecho, corrimos a inspeccionar el balcón y el tramo señalado por la costurera. No obstante, al profundizar en la revisión de la zona y cuestionar a los vecinos contiguos, descubrimos la cruda realidad: la supuesta "silueta encapuchada" descrita por la joven no era más que un mapache callejero que había volcado una lata vieja de pintura, y el tintineo metálico provenía de una simple moneda de cobre perdida por un transeúnte horas antes de nuestra llegada. Una falsa alarma monumental que dejó a Aoi con el ánimo por los suelos y la sensación de haber perdido un tiempo valioso.

  • La Posibilidad de la Pista Verdadera (El hallazgo o la certeza): Agotando implacablemente cada alternativa en el rincón más estrecho y recóndito del callejón, justo donde una vieja tubería de drenaje goteaba de forma constante sobre las piedras formando un pequeño charco fangoso, una inspección milimétrica reveló finalmente lo que estábamos buscando. Atorado de manera casi imperceptible entre una rendija profunda y una raíz seca que lograba aferrarse al muro de piedra húmeda, un diminuto y familiar destello plateado llamó nuestra atención de inmediato. Al estirar la mano con sumo cuidado y remover el lodo acumulado, Aoi soltó un grito ahogado de absoluta sorpresa y lágrimas de inmenso alivio al sostener entre las yemas de sus dedos el legítimo colgante de su madre. Estaba intacto, aunque cubierto de tierra y humedad, confirmando sin lugar a dudas que se había desprendido de su cuello durante el ajetreo de la carrera matutina.


Lugar — Los Puestos de Mercado y Manos Ajenas

Finalmente, tras abandonar la penumbra asfixiante del callejón empedrado y dejar atrás el frío de los muros de piedra oscura, el sendero abrupto desembocó de golpe en el bullicioso, colorido y vibrante mercado al aire libre de Konoha. Este sector de la aldea constituía un auténtico laberinto viviente compuesto por decenas de toldos de lona multicolores que ondeaban con fuerza bajo la brisa vespertina, impregnando el ambiente con una densa y característica mezcla de aromas a especias exóticas importadas, pescado fresco directo del río, incienso aromático y verduras recién cosechadas en los invernaderos circundantes. El contraste con el tramo anterior resultó absolutamente abrumador para nuestros sentidos: aquí, la vida comercial latía con una intensidad incesante, ruidosa y desbordante que parecía desafiar el cansancio acumulado de la jornada.

El lugar entero representaba un hervidero constante de aldeanos negociando los precios con los locatarios, shinobis de rango genin cargando pesadas provisiones para futuras misiones fuera de la aldea y mercaderes pregonando sus ofertas a todo pulmón con la firme intención de capturar la atención de la clientela distraída. La concentración masiva de personas que abarrotaban los estrechos pasillos formados por los puestos de madera y las lonas tejidas creaba un flujo humano tan denso y caótico que resultaba sumamente fácil perder de vista cualquier detalle minúsculo, por no hablar de un objeto pequeño que hubiera caído accidentalmente al suelo entre tantas botas, sandalias y carretillas de carga.

Testigo del lugar

Justo en ese preciso instante, en medio de aquel bullicio ensordecedor y a escasos centímetros de uno de los puestos más atestados de baratijas y cachivaches de segunda mano, una figura sumamente familiar se cruzó de manera providencial en nuestro camino, alterando por completo el ritmo y la dirección de la inspección. Daiki, el viejo comerciante de antigüedades y baratijas locales, cuyo puesto desbordaba de metales oxidados, figuras de barro agrietadas y reliquias de dudosa procedencia, nos interceptó al percatarse de que buscábamos con desesperación y la mirada perdida entre las sandalias de los transeúntes. Con una sonrisa astuta y socarrona asomándose por debajo de su espeso bigote entrecano, Daiki se cruzó de brazos con lentitud, apoyando el peso de su cuerpo sobre un barril de madera, y carraspeó con fuerza para llamar nuestra atención.

—¿Buscando algo brillante y de valor sentimental, jóvenes shinobi? —preguntó Daiki con su característica voz áspera y rasposa, señalando de forma sugerente hacia el interior de su mostrador atestado de objetos polvorientos. —Si se trata de ese esquivo dije de plata que anda buscando la muchacha, es menester que sepan que hace apenas unas horas un muchacho travieso del barrio lo dejó apoyado descuidadamente aquí mismo, creyendo que se trataba de una simple chatarra sin valor, antes de que el gentไง y las manos ajenas de la multitud comenzaran a moverlo de un lado a otro...—

Posibilidad según los dados

[*]
  • La Posibilidad del Fracaso Total (La búsqueda vacía y el colapso del tiempo): Decidimos comenzar la exhaustiva revisión agachándonos entre los montones de mercancía mal ordenada, los cestos de verduras desbordados y las rendijas de los tablones de madera del suelo del mercado, soportando los empujones de la gente. Sin embargo, el incesante e imparable movimiento de la multitud, el gentílico que nos atropellaba sin mirar y el desorden generalizado de la plaza convirtieron la labor en una misión imposible. Tras horas enteras de esfuerzo infructuoso bajo el calor asfixiante de la tarde, comprendimos con amargura que el rastro se había esfumado por completo entre los miles de pasos que transitaban diariamente el lugar. Aoi sintió cómo el plomizo peso de la derrota absoluta la envolvía por dentro, asumiendo con lágrimas contenidas que el mercado se había tragado para siempre su preciado recuerdo familiar, cerrando la jornada sin respuestas ni consuelo.

  • La Posibilidad de la Pista Falsa (El testimonio confuso del testigo y la ilusión rota): Siguiendo de cerca la pista proporcionada por las palabras de Daiki con el corazón latiendo desbocado a causa de una renovada esperanza, nos dedicamos a interrogar minuciosamente a los locatarios vecinos y a revisar uno por uno los cajones de baratijas del viejo comerciante. No obstante, al profundizar de manera rigurosa en la verificación de los objetos hallados, descubrimos con profunda decepción que el artículo al que se refería el anticuario en su confuso relato no era en absoluto el collar perdido de Aoi, sino una simple moneda conmemorativa de latón sin valor que un turista extranjero había perdido horas antes cerca de los toldos. Una falsa alarma monumental que dejó a la joven sumida en una desesperación desoladora al comprobar que la última pista del día se desvanecía entre los dedos como el humo.

  • La Posibilidad de la Pista Verdadera (El hallazgo definitivo y la certeza cumplida): Agotando de manera implacable y férrea hasta el último rincón oculto del mostrador de Daiki, justo en la parte posterior y escondido detrás de una vieja caja registradora de metal oxidado donde el comerciante solía apartar con celo sus hallazgos más valiosos para evitar que fueran vendidos por error a los clientes distraídos, una inspección milimétrica reveló la verdad indiscutible. Allí, perfectamente resguardado del caos exterior, yacía el auténtico, brillante e inconfundible colgante principal de Aoi. Daiki, esbozando entonces una sincera y cómplice sonrisa bajo su bigote, se lo entregó con delicadeza a la joven, explicando que lo había tomado al reconocer de inmediato su procedencia antes de que cualquier otro comprador curioso pudiera llevárselo. Las lágrimas de profunda emoción, alivio y inmensa felicidad que brotaron de los ojos de Aoi marcaron el glorioso y satisfactorio final de una agotadora, tensa y compleja investigación desarrollada a lo largo y ancho de cada rincón de la aldea de Konoha.


off

[*]Te planteo los escenarios para que según la tirada puedas saber que te puedes conseguir, eres libre de añadir detalles o situaciones según tu personaje y desarrollo, además puedes manejar Ao u otro personaje planteado.

Aclaración:
[*]Libertad absoluta de elección: Eres libre de ir a todos los escenarios (la casa, el puente, el callejón o los puestos de mercado) según lo que dicte la intuición de tu personaje. No hay un camino único u obligatorio, sin embargo, el objeto y las consecuencias reales del objeto se marcará según el resultado que te dio el dado, el fracaso de la información no quiere decir que no pasa la misión, sino que será más complicado en conseguir el objeto.
[Imagen: uYoQ0If.jpeg]
Narro           ||        -Hablo-     ||      "Pienso"    ||  Ninja Médico  ||  Cronología
Natsu Ashida
Rango Genin
Clan Uchiha
Nivel 11
Estadísticas
Generales
Fuerza75(4)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra80(4)
Inteligencia10(1)
Especiales
Salud10
Velocidad22
Tenketsu10
Sigilo10
510
505
Enlace al Post
23-09-2026, 05:42 AM
Al ver que la muchacha finalmente parecía haberse calmado un poco, asentí con la cabeza. Al menos ya no estaba llorando como antes. Eso facilitaría bastante las cosas.

– Entonces vamos al puente. – Dije al ver su mirada perdida y suplicante sobre mí. – Si se te cayó mientras cruzabas por allí, seguramente podremos encontrarlo. – La animé. – Me llamo Natsu, por cierto.

Tras presentarnos, comencé a caminar junto a Aoi, manteniendo la mirada atenta al camino. No sabía exactamente cómo buscar algo tan pequeño entre tanta gente, pero supuse que empezar por el lugar donde recordaba haberlo tenido sería lo más lógico.

Después de avanzar durante un rato, finalmente llegamos al puente de piedra que había mencionado. El lugar estaba bastante transitado, y el sonido del agua mezclándose con las voces de los aldeanos hacía que fuera complicado concentrarse.

Me agaché para echar un vistazo entre algunas de las piedras, buscando cualquier destello que pudiera llamar mi atención.

– ¿Por aquí fue donde pasaste? – Le pregunté, levantándome nuevamente.

Aoi asintió mientras señalaba el punto exacto por donde había cruzado. Volví a mirar alrededor, intentando imaginar dónde podría haberse desprendido el colgante. Entonces, una voz cercana llamó mi atención. Giré la cabeza y vi a un hombre junto a un pequeño puesto de dangos, observándonos con curiosidad. Al parecer, había estado pendiente de nuestra búsqueda.

Me acerqué rápidamente.

– ¿Has visto algo? Estamos buscando un colgante de plata con forma de hoja. – Pregunté directamente.

El hombre pareció pensarlo durante unos segundos antes de comenzar a explicarnos que, después de un incidente con unos niños de la Academia en el lugar, había visto a alguien detenerse en medio del puente y agacharse como si hubiera recogido algo del suelo. Según él, aquella persona había salido corriendo en dirección al callejón donde se encontraban los comerciantes.

Mis ojos se abrieron un poco al escuchar aquello.

– ¡Entonces alguien debió encontrarlo! – Dije emocionado, volteando a ver Aoi, esperando que aquellas palabras fueran suficientes para devolverle un poco de esperanza. Sin embargo, esta parecía estar más preocupada por la posibilidad de que aquel individuo sospechoso se lo hubiera robado. No dije nada al respecto y señalé hacia el camino que nos había indicado el hombre. – ¡Vamos! ¡Todavía podemos alcanzarlo!

Sin pensarlo demasiado, eché a andar rápidamente en aquella dirección. Si alguien había recogido el colgante y se había marchado hacia allí, no tenía sentido quedarnos perdiendo el tiempo en el puente.

– ¡Vamos, Aoi! ¡Tenemos que encontrarlo antes de que se vaya muy lejos! – Le dije mientras giraba la cabeza por encima del hombro, procurando que me estuviera siguiendo.

Aceleré el paso hacia el callejón de los mercaderes, convencido de que finalmente habíamos encontrado una pista que nos acercaría al colgante. Una vez allí, no tardamos en comenzar a preguntar a los comerciantes cercanos si habían visto a alguien pasar por el lugar. Yo repetía la descripción del colgante mientras señalaba el camino que habíamos seguido, intentando encontrar alguna pista que nos llevara hasta aquella persona. Después de varios minutos, uno de los comerciantes pareció reconocer al individuo del que hablábamos. Seguí la indicación que nos dio junto a Aoi, avanzando por el sendero mientras miraba a nuestro alrededor en busca de alguien que pudiera coincidir con la descripción. Pero, cuando finalmente encontramos al supuesto sospechoso, la situación resultó ser muy distinta de lo que esperaba. El hombre parecía ser simplemente un cliente despistado que había recogido algo del suelo. Lo que llevaba consigo no era un pequeño colgante de plata, sino una simple chapa de metal oxidada.

Me quedé en silencio durante unos segundos, mirando la pieza.

– ¿Eh...? ¿En serio? – Murmuré, claramente decepcionado e incrédulo.

¿Por qué alguien se agacharía a recoger algo como eso?

Miré a Aoi, esperando que al menos aquello no hubiera terminado de desanimarla, pero su expresión cambió en cuanto comprendió que tampoco habíamos encontrado el colgante. Sus hombros parecieron caer mientras volvía a bajar la mirada, y su rostro reflejaba nuevamente aquella tristeza que había visto antes.

Fruncí ligeramente el ceño, no me gustaba verla así.

Me acerqué un poco y le di una ligera palmada en el hombro.

– Oye, tranquila. No pasa nada. – Le dije, intentando animarla. – Solo era una pista equivocada. Todavía podemos seguir buscando.

Miré entonces hacia el camino que teníamos delante. El colgante seguía perdido, pero al menos ahora sabíamos que no estaba allí.

– ¡Vamos! No podemos rendirnos tan rápido. ¡Todavía tenemos que encontrarlo!

Off
Resultado de los Dados:
  • D4 = 4: el colgante está realmente en los puestos de mercado o en manos de alguien.
  • D6 = 4: al comenzar por el puente, aparece una pista falsa.
[Imagen: 9oeXPFe.gif]
« Hablo || "Pienso" || Narro »
CodeColor : #D66673
Argeon
Rango Genin
Clan Senju
Nivel 11
Estadísticas
Generales
Fuerza90(4)
Destreza10(1)
Ctrl. de Chakra80(4)
Inteligencia5(1)
Especiales
Salud9
Velocidad17
Tenketsu12
Sigilo14
525
550
Enlace al Post
23-09-2026, 07:14 AM
Última modificación: 23-09-2026, 07:15 AM por Argeon.
En las sombras más profundas y olvidadas de las Cinco Grandes Naciones Shinobi, el fracaso y la deserción tienen un rostro que nadie desea recordar. Lejos del brillo de las aldeas ocultas y del falso honor de los grandes clanes, existen aquellos que rompieron sus bandas con una raya vertical y terminaron devorados por los páramos. Juzo y Sora alguna vez pertenecieron a los escalones más bajos de una unidad de rastreo y sabotaje. Eran ninjas de rango inferior, carne de cañón utilizada en misiones suicidas durante las pasadas guerras, hasta que decidieron desertar para salvar el pellejo. Sin embargo, la vida fuera del sistema militar no fue una liberación, sino una lenta condena a la miseria. Sin lealtades, sin misiones asignadas y perseguidos tanto por los cazadores ninja como por el desprecio de la gente común, terminaron reducidos a la condición de parias. Vivían como bestias en alcantarillas y templos abandonados, consumidos por una paranoia constante y, sobre todo, por un hambre voraz que les carcomía las entrañas desde hacía tres días enteros. Para ellos, la moral y el código ninja ya no existían; solo importaba el próximo bocado y cómo sobrevivir a la siguiente helada noche.

La Aldea Oculta entre las Hojas, discurría con una falsa sensación de seguridad tras sus grandes muros y portones principales. Sin embargo, en los amplios puentes de piedra que cruzaban los ríos internos , lejos de las rondas habituales de los ANBU y las patrullas chunnin,  mientra en las sombras oscuridad guardaban secretos peligrosos. Por allí avanzaban Aoi y Natus, dos jóvenes procedentes de familias nobles venidas a menos, al menos eso pensaban esos maleantes de la más baja calaña, los cuales ni dominiman técnicas de combate, solo pensando que con sus armas podían asustar a los demás. Sin embargo, esa pareja que se había pasado un largo tiempo buscando algo, estos desconocía que ajenos tenían horas siendo el blanco de dos pares de ojos hambrientos y desesperados.

Las tripas de Juzo emitieron un rugido sordo, un recordatorio furioso de que llevaban setenta y dos horas sin probar más que agua estancada y el amargo sabor del hambre en la boca. Agazapado en lo alto de la estructura del puente, con los nudillos sucios aferrados al bastón de bambú y el trapo mugriento apretado sobre la nariz para disimular su propia peste, miró de reojo a su compañero.

—Mira nada más a esos dos, Sora —siseó Juzo con su voz rasposa, las encías secas apretadas contra sus dientes amarillentos. —Vienen caminando con esa falsa seguridad de los que se creen intocables. Dicen que buscan algo por la aldea, que van de nobles con sus abrigos oscuros. Pero mira sus manos, mira las alforjas. No dominan técnicas de combate avanzadas; son solo un par de presas fáciles que llevan oro y comida mientras nosotros nos estamos pudriendo por dentro.— Esto era lo que percibían porque en ocasiones alucinaba por el hambre, ya que tenían tiempo sin comer.

A su lado, Sora relamió sus labios agrietados, sintiendo que el delirio del hambre agudizaba su visión. Sus dedos sucios jugaban nerviosos con la cadena de hierro y la hoz oxidada oculta bajo los jirones de su túnica de mendigo.

—Tienen comida, Juzo. Lo olfateo desde aquí —murmuró Sora, con un brillo salvaje y desquiciado en los ojos. —Pan, cecina, quizás algo de plata líquida para comprar una estufa y carne de verdad. Pero la plata se acaba rápido y el estómago vuelve a rugir al día siguiente. A mí no me basta con robarles las alforjas y dejarlos marchar asustados.—

—¿Qué tienes en mente? —preguntó Juzo, entornando los ojos inyectados en sangre mientras el viento helado del río les azotaba los harapos.

—Que nos quedemos con la chica —respondió Sora con una sonrisa torcida, apretando el mango de su arma improvisada. —que se llama Aoi y anda con un desconocido— Hace una leve pausa.  —En fin, es la fortuna de hoy, porque el día de hoy vendí su collar en el mercado a una extraña mujer.— Les observo con malicia. — Por eso te propongo el siguiente plan.— Hizo una pausa. —Si interceptamos al tipo y dejamos a la mujer a nuestra merced, su compañero nos entregará hasta la última moneda y se dejará romper la espalda con tal de que no la toquemos. Y si no lo hace... bueno, tendremos nuestra propia diversión para calentar este maldito cuerpo hambriento antes de largarnos a los páramos.—

Juzo soltó una carcajada ronca, un sonido áspero que ahogó el fluir del agua bajo el puente.

—Me parece bien. No tenemos ninjutsu sofisticado ni pergaminos de alta gama, pero tenemos el filo de la desesperación y la ventaja de la sorpresa sobre estos idiotas. Prepárate, Sora. Cuando crucen la línea del pilar central, caemos sobre ellos. Hoy cenamos a la fuerza.—

posibiles resultados

La fortuna jugará a tu favor o en contra para conseguir una pista real a través de una tirada de 1D5. 

Si sacas 1 o 2, los asaltantes sufren una torpe caída y, al notar que no tienes malas intenciones, confían en ti por pura buena voluntad para confundirte sobre donde esta el collar; sin embargo, la memoria les falla. 

Si obtienes un 3 o 4, el pánico se apodera de ellos al verte y salen corriendo despavoridos, logrando escapar pero dejando atrás un valioso rastro: un recibo con el pagaré del collar vendido a una mujer llamada Aiko. Pero no puedes afirmar que la consigues.

Finalmente, si sacas un 5, la mala suerte se apodera del momento y los asaltantes logran huir por completo sin dejar ningún tipo de rastro, por lo que no consigues ninguna pista.
Natsu Ashida
Rango Genin
Clan Uchiha
Nivel 11
Estadísticas
Generales
Fuerza75(4)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra80(4)
Inteligencia10(1)
Especiales
Salud10
Velocidad22
Tenketsu10
Sigilo10
510
505
Enlace al Post
23-09-2026, 09:37 AM
Seguía caminando junto a Aoi, todavía pensando en la pista que acabábamos de seguir, cuando algo extraño llamó mi atención.

– "¡Puaj! ¿Qué es ese olor?" – Fruncí ligeramente el ceño, llevándome ambas manos a la nariz.

Había un olor desagradable cerca. No era exactamente el de la gente que pasaba a nuestro alrededor ni el de los puestos del mercado. Era algo mucho más rancio, como ropa vieja y suciedad acumulada durante demasiado tiempo.

Me detuve durante un instante y miré alrededor.

– ¿Qué...?

Antes de que pudiera decir nada más, dos figuras salieron de las sombras cercanas al puente. Mi cuerpo reaccionó por instinto y di un paso hacia delante, quedando entre ellos y Aoi mientras fijaba la mirada en los desconocidos. Ambos parecían bastante desaliñados y llevaban armas improvisadas, aunque no tardaron demasiado en cambiar de actitud al verme.

– ¿¡Quienes son ustedes!? – Pregunté con tono amenazante. Sin embargo, tan pronto como alcé la voz, uno de ellos retrocedió y, para mi sorpresa, ambos se dieron la vuelta y comenzaron a correr tan rápido como pudieron. – ¡Oigan! ¡Esperen! – Reclamé, dando un par de pasos detrás de ellos, pero terminaron alejándose por el camino antes de que pudiera alcanzarlos. Me quedé mirando en la dirección por la que habían escapado, completamente confundido. – Maldición... ¿pero qué demonios les pasa a esos dos? – Gruñí por lo bajo. Entonces distinguí algo en el suelo. – ¿Hm? – Me agaché y recogí un pequeño papel arrugado que parecía habérseles caído durante la huida. – ¿Qué es esto? – Lo estiré con cuidado para poder leerlo.

Aoi finalmente se acercó tras el susto y me preguntó qué tenía en las manos.

– No lo sé. Parece una especie de recibo. – Respondí.

Había varias anotaciones que no entendía demasiado bien, pero entre ellas podía distinguirse claramente una referencia a un collar y el nombre de una mujer. Aoi se acercó un poco más y, al percatarse de aquello, sus ojos finalmente brillaron con esperanza.

– ¿Aiko...? – Repetí el nombre en voz alta, curioso. Luego me volví hacia Aoi. – ¿Conoces a alguien llamada Aiko?

Volví a mirar el recibo, todavía intentando entender qué relación podía tener todo esto con el colgante que estábamos buscando. Según lo que podía leer, alguien había vendido un collar a aquella mujer...

Espera.

Mis ojos se abrieron de par en par.

– ¡Espera! ¡Entonces ellos saben qué pasó con tu colgante! – Exclamé, mirando a Aoi. Por su expresión, parecía que ella tampoco podía creer que a penas me hubiese dado cuenta de algo tan evidente.

Me guardé el recibo con cuidado para no perderlo y volví a mirar el camino por el que los dos hombres habían escapado. Ya no tenía sentido perseguirlos. Se habían marchado, pero al menos habían dejado algo atrás.

– Puede que esta sea nuestra nueva pista. – Le dije a Aoi con una sonrisa. – Todavía no hemos encontrado el colgante, pero al menos ahora sabemos que alguien lo tuvo antes que nosotros. ¡Vamos a averiguar quién es esa tal Aiko! – Exclamé, decidido.

Di un paso hacia adelante, dispuesto a ponerme en marcha...

Y entonces me detuve.

...¿Cómo íbamos a hacerlo?

Off
Resultado del Dado:
  • D5 = 3: los ninjas renegados huyen de miedo dejando atrás un recibo del pagaré de un collar a una persona llamada Aiko.
PD: Esto ya no parece una misión E (?) xD
[Imagen: 9oeXPFe.gif]
« Hablo || "Pienso" || Narro »
CodeColor : #D66673
Argeon
Rango Genin
Clan Senju
Nivel 11
Estadísticas
Generales
Fuerza90(4)
Destreza10(1)
Ctrl. de Chakra80(4)
Inteligencia5(1)
Especiales
Salud9
Velocidad17
Tenketsu12
Sigilo14
525
550
Enlace al Post
23-09-2026, 11:04 AM
El sol de la mañana comienza a elevarse con fuerza sobre la imponente aldea oculta entre las hojas, iluminando los tejados tradicionales de arcilla y madera que conforman el bullicioso distrito comercial de Konoha. Al fondo, recortadas contra el cielo azul y despejado, las efigies esculpidas en la roca de los Hokage vigilan con solemnidad y eterna protección cada rincón del hogar de los shinobi. El aire matutino está impregnado de una energía vibrante: los ninjas de rango chunin y genin regresan de sus primeras misiones nocturnas con paso ágil, los tenderos despliegan con entusiasmo sus coloridos toldos, y el trinar de las aves se mezcla con el murmullo incesante de cientos de aldeanos que comienzan sus rutinas diarias.
 
En el corazón de esta algarabía, frente a la concurrida plaza principal, se encuentra el modesto pero acogedor puesto de ramen de Aiko. Los banderines de tela tradicional, o noren, ondean suavemente al compás de la brisa, luciendo con orgullo el símbolo del remolino de la Hoja. Las grandes ollas de hierro fundido ya han comenzado a hervir, desprendiendo un vapor denso, espeso y aromático que impregna toda la calle con el inconfundible y reconfortante olor del caldo de miso, huesos de cerdo cocinados a fuego lento y un toque sutil de salsa de soja añeja. Apilados a un costado de la barra, pulcros cuencos de cerámica blanca esperan impacientes, mientras que en las estanterías de bambú descansan canastas rebosantes de cebollino fresco, finas láminas de algas nori y trozos de carne de cerdo chashu perfectamente jugosos.
 
Detrás de la barra principal, Aiko se mueve con la destreza y la gracia de una auténtica artesana culinaria. Su cabello oscuro está recogido con firmeza bajo su banda ninja oficial de la aldea, y un chaleco tradicional complementa su impecable delantal azul marino. A pesar del intenso calor que emiten los fogones, su rostro irradia una alegría inusual y desbordante esta mañana. Mientras remueve el caldo con un cucharón de madera, sus dedos se detienen por un instante, rozando con absoluta delicadeza un objeto metálico que cuelga de su cuello: un collar nuevo, cuyo colgante de plata pura con la forma exacta de una media luna atrapa los primeros rayos del sol, brillando con una intensidad casi mágica.
 
Sentada en uno de los taburetes de madera situados al otro lado de la barra se encuentra Yuna, su vecina inseparable y dueña del puesto de verduras y hortalizas frescas ubicado justo enfrente. Yuna sostiene entre sus manos un tazón humeante de ramen recién servido, pero en lugar de comer, sus ojos se han quedado fijos, completamente hipnotizados por el destello plateado que adorna el cuello de su amiga.
 
El bullicio de los transeúntes parece desvanecerse por un momento mientras el diálogo entre ambas comienza a fluir en medio de la atmósfera matutina.
 
—Aquí tienes, Yuna. Un buen tazón de caldo especial bien cargado de energía para aguantar el ritmo de este día que pinta tan movido —dice Aiko con una sonrisa de oreja a oreja, apoyando ambas manos sobre la superficie de madera pulida de la barra.
 
Yuna inhala profundamente el vapor aromático, cerrando los ojos un segundo para disfrutar del aroma, pero de inmediato los abre con curiosidad, inclinándose hacia adelante mientras señala sutilmente con la mirada el pecho de su amiga.
 
—Gracias, Aiko, como siempre huele de maravilla. Pero detente un segundo... mírame bien. Ese collar que llevas ahí no lo tenías ayer, ni antier, ni en todos los años que llevo viviendo al lado de tu puesto. ¡Es totalmente nuevo! Y brilla de una forma tan extraña... parece como si reflejara una luz propia.—
 
Aiko suelta una risa ligera, contagiosa y llena de entusiasmo. Su mano sube instintivamente para acariciar la fría superficie del metal lunar.
 
—¿Verdad que es hermoso? Pues agárrate bien, Yuna, porque no vas a creer lo que pasó. ¡Lo conseguí hoy mismo, hace apenas poco más de una hora, antes de que abrieras tu puesto! Y te juro por mi vida como cocinera que este pequeño amuleto es el responsable de que este día haya empezado de la manera más loca y maravillosa posible.—
 
Yuna deja los palillos sobre la mesa con un leve golpe seco, completamente intrigada por el tono de voz de su vecina.
 
—¿En serio? ¿Lo compraste esta misma mañana y ya le atribuyes milagros? Venga ya, cuéntame los detalles porque me estás dejando con la intriga a flor de piel. ¿Cómo fue posible?
 
Aiko suspira aliviada, acomodándose un mechón rebelde de cabello que ha escapado de su banda ninja antes de comenzar su relato.
 
—Bueno, ya sabes cómo han estado las cosas por el mercado estas últimas semanas. La competencia con los nuevos restaurantes del distrito oeste ha estado brutal, los clientes pasaban de largo y, para serte totalmente sincera, esta mañana temprano me sentía con el ánimo por los suelos. Sentía que el esfuerzo de levantar este negocio cada madrugada se estaba desvaneciendo y no sabía qué hacer para atraer a la gente.—
 
Yuna asiente con empatía, apoyando la barbilla sobre su mano.
 
—Sí, noté que estabas un poco más callada de lo normal al montar tu puesto, pero pensé que era el cansancio acumulado de la semana pasada.—
 
—Era una mezcla de cansancio y desesperación —continúa Aiko con los ojos brillantes de emoción—. Así que, decidí dar una vuelta rápida por los callejones traseros del mercado secundario, buscando un respiro del calor de las hornillas y esperando encontrar algo de inspiración. Fue entonces, en un rincón olvidado donde nunca antes me había fijado, que vi un tenderete improvisado sobre una manta vieja en el suelo. Estaba atendido por un anciano de aspecto extraño, con arrugas profundas que parecían mapas de viejas guerras y una mirada tan penetrante que helaba la sangre.—
 
Yuna se acerca un poco más a la barra, conteniendo el aliento ante la atmósfera misteriosa de la historia.
 
—¿Y qué tenía ese anciano en su manta? ¿Era un ninja renegado o algo por el estilo?—
 
—No lo sé con certeza, pero sobre esa tela polvorienta descansaba este collar de plata —respondió Aiko, levantando con orgullo el colgante para que brillara ante los ojos de su vecina. —Estaba un poco empolvado, pero cuando mis ojos se posaron en él, sentí una especie de tirón en el pecho, como si me llamara. Cuando le pregunté el precio al anciano, él ni siquiera abrió los ojos; se limitó a sonreír de una forma enigmática y me dijo: “Llévalo contigo. Es el amuleto de hoja; trae fortuna repentina y cambia el sino de los que están dispuestos a creer”. Pensé que era un estafador local intentando vender chatarra barata, pero el precio era tan ridículamente bajo que decidí arriesgarme y me lo puse de inmediato.—
 
—¿Y bien? ¿Qué pasó después de ponértelo? ¿Se abrió el cielo o apareció un pergamino con dinero? —pregunta Yuna, arqueando una ceja con una mezcla de escepticismo y diversión sana.
 
—¡Pues casi ocurre algo así! —exclama Aiko, dando una pequeña palmada sobre la madera. —Apenas regresé corriendo a mi puesto para encender los fogones, antes de que llegara el primer cliente habitual, aparecieron de la nada tres ninjas de élite de un escuadrón ANBU que acababan de regresar de una misión de rango S en el País del Fuego. Por lo general, esos tipos van a comer a los restaurantes de lujo del centro, pero decidieron sentarse aquí mismo. Pidieron los tazones más grandes de ramen de cerdo, elogiaron el caldo como si fuera el manjar de los dioses y dejaron una propina generosa que cubrió los gastos de toda la semana.—
 
Yuna abre los ojos de par en par, sorprendida por el giro de los acontecimientos.
 
—¿Los ANBU comiendo aquí? ¡Imposible! Si esos tipos son los más exigentes de toda Konoha.—
 
—¡Y eso no es todo! —prosigue Aiko, con la energía a tope. —Inmediatamente después, mi proveedor de verduras frescas— hizo una pausa con algo de pesar en el gesto. —tú sabes lo estricto que es con los horarios— la observo con una mirada de asombro, y continuo relatando lo ocurrido con algo de asombro en su tono. —apareció media hora antes de lo habitual, trayéndome los brotes de bambú más tiernos y el cebollino más fresco de la temporada sin cobrarme el recargo por entrega rápida. ¡El puesto no ha dejado de tener gente desde que abrí las cortinas! El anciano desapareció del callejón poco después, y cuando volví a mirar su manta, ya no quedaba rastro de él. Llámalo casualidad, destino o locura, pero este collar me ha traído una suerte brutal desde el primer segundo en que tocó mi piel.—
 
Yuna se queda en completo silencio durante unos segundos, procesando cada palabra de la historia mientras observa el brillo hipnótico de la media luna de plata. Una sonrisa cómplice y cálida se dibuja lentamente en su rostro.
 
—Pues, amiga mía, si ese amuleto tiene ese tipo de poder, más te vale guardarlo como si fuera un tesoro de la aldea —dice Yuna con una carcajada suave, levantando su tazón de ramen en dirección a Aiko a modo de brindis. —Porque si sigues así, vas a tener que ampliar el local y contratar ayudantes antes de que termine el mes. ¡Por tu buena suerte y por este ramen que sigue siendo el mejor de todo el vecindario!—
 
—¡Salud, Yuna! —responde Aiko con una sonrisa radiante, chocando simbólicamente su cucharón contra el tazón de su vecina. —Que la fortuna se quede con nosotras por un buen rato. ¡Ahora, si me disculpas, tengo un pedido de fideos humeantes que atender!—
 
Con el corazón lleno de optimismo y la convicción de que Konoha le sonríe más que nunca, Aiko se gira de nuevo hacia sus ollas humeantes, mientras el mercado sigue su curso bajo la atenta y eterna mirada de los Hokage en la montaña.
 
Datos curioso para tomar en consideración
Misión Cumplida.
 
Queda en vos de darle final a la misión, darle ese cierre donde ella lo consigue y recupera o lo pierde para siempre, puedes manejarlo como consideres
[Imagen: uYoQ0If.jpeg]
Narro           ||        -Hablo-     ||      "Pienso"    ||  Ninja Médico  ||  Cronología
Natsu Ashida
Rango Genin
Clan Uchiha
Nivel 11
Estadísticas
Generales
Fuerza75(4)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra80(4)
Inteligencia10(1)
Especiales
Salud10
Velocidad22
Tenketsu10
Sigilo10
510
505
Enlace al Post
23-09-2026, 11:33 PM
Después de quedarme unos segundos mirando el recibo, finalmente decidí que lo mejor sería preguntar por aquel nombre directamente. Si la persona a la que habían vendido el colgante estaba en el distrito comercial, encontrarla no debería ser tan difícil. Comenzamos a recorrer las calles mientras preguntábamos a los comerciantes que encontrábamos por el camino. Por suerte, no tardamos demasiado en recibir una indicación que nos llevó hasta un pequeño puesto de ramen frente a la plaza principal. Apenas nos acercamos, un aroma increíblemente bueno llegó hasta mi nariz y mis ojos se iluminaron.

– ¡Ramen...! – Exclamé, olvidándome por completo del objetivo durante un instante y mirando hacia el puesto, casi hipnotizado por el olor que salía de las ollas.

Sin embargo, antes de que pudiera acercarme, algo más llamó mi atención. Una pequeña pieza plateada colgaba del cuello de la mujer que estaba detrás de la barra. Al ver esto, tanto Aoi como yo nos quedamos completamente quietos. La forma de aquella pieza...

– ¡Es ese! – Dije en voz alta, señalando hacia el colgante sin siquiera pensar en que varias personas se voltearon al escuchar mi grito.

Aoi también lo reconoció al instante y se acercó rápidamente al puesto.

– ¡Ese es mi colgante! – Exclamó, con una mezcla de desesperación y emoción.

La mujer detrás de la barra pareció quedarse confundida. Su mano se dirigió de inmediato hacia el colgante que llevaba alrededor del cuello, mientras miraba a Aoi con cierta incomodidad.

– ¿Tuyo? – Preguntó.

Aoi asintió repetidamente y sacó el recibo que habíamos encontrado antes.

– Encontramos esto. Unos tipos lo habían vendido a una mujer llamada Aiko. – Explicó, mostrándole el papel.

La mujer bajó la mirada hacia el recibo y luego hacia el colgante. Su expresión fue cambiando poco a poco hasta que finalmente pareció comprender lo que estaba ocurriendo.

– Así que... ¿este colgante era tuyo? – Preguntó con un tono mucho más serio.

Aoi volvió a asentir.

– Sí. Era de mi madre. Lo tenía guardado en casa y... lo tomé sin permiso. Quería llevarlo conmigo. – Hizo una pequeña pausa, bajando la mirada. – Y lo perdí. – Su voz volvió a quebrarse ligeramente al recordar lo sucedido. – Pensé que no volvería a verlo.

La mujer observó el rostro de Aoi durante unos segundos. Después, miró nuevamente el recibo y dejó escapar un suspiro.

– Yo no sabía que había sido robado. – Explicó con honestidad. – Esta mañana lo compré en el mercado. Pensé que era una pieza especial y… – Se llevó los dedos al colgante, acariciándolo ligeramente. – Me ha traído muchísima suerte desde entonces.

La mujer sonrió con cierta nostalgia, aunque su expresión cambió al notar la forma en que Aoi la observaba. Desde el otro lado de la barra, la otra muchacha que estaba comiendo ramen también había dejado de prestar atención a su comida.

– Espera... ¿ese era el collar del que me hablabas antes? – Preguntó, mirando a Aiko.

Aiko asintió lentamente.

La muchacha entonces miró a Aoi y luego volvió a observar a su amiga.

– Entonces... ¿Ella es la dueña?

Aiko no respondió inmediatamente. Su mano continuó sobre el colgante durante unos segundos más, hasta que finalmente dejó escapar un suspiro.

– Supongo que sí. – Dijo con cierta resignación, llevando ambas manos hacia su cuello, desatando la cadena. – Ten. Puedes recuperarlo.

Aoi extendió las manos casi de inmediato, aunque tomó el colgante con muchísimo cuidado, como si incluso un movimiento brusco pudiera volver a arrebatárselo. Durante unos segundos, no dijo nada, simplemente lo sostuvo entre sus manos y lo llevó contra su pecho, cerrando los ojos. Su respiración tembló ligeramente antes de soltar un profundo suspiro de alivio.

– Mamá... – Fue apenas un murmullo.

La observé en silencio. Después de haberla visto llorando en medio de la calle y desesperándose cada vez que una pista resultaba ser falsa, verla finalmente recuperar el colgante me hizo sonreír.

– Te dije que lo encontraríamos. – Le dije, orgulloso.

Aoi levantó la mirada hacia mí. Sus ojos todavía estaban húmedos, pero esta vez había una sonrisa en su rostro.

– Gracias, Natsu. De verdad. No sé qué habría hecho si no te hubiera encontrado.

Me rasqué la mejilla, algo incomodo ante el agradecimiento.

– Tranquila, no fue para tanto. Solo tuvimos que buscar un montón. – Bromeé.

La chica que aún no había terminado su plato en la barra soltó una pequeña risa desde su asiento.

– ¿"Un montón"? Por la cara que trae, yo diría que pasaron por muchos aprietos.

– ¡Así fue! – Respondí inmediatamente, comenzando a contarle todo lo que nos había ocurrido, haciendo varios gestos con las manos mientras hablaba. Aoi incluso tuvo que interrumpirme un par de veces para corregir algunas cosas.

Mientras tanto, Aiko volvió a mirar el recibo.

– Supongo que tendré que tener más cuidado con lo que compro en el mercado. – Comentó, soltando una pequeña risa nerviosa.

– Sí, deberías. – Respondió su amiga con una sonrisa. – Aunque parece que tu famoso amuleto sí te trajo suerte.

Aiko bajó la mirada hacia el colgante que ahora descansaba entre las manos de Aoi y soltó otra pequeña risa.

– Al menos me alegra saber que terminó en las manos de su verdadera dueña.

Aoi asintió con una sonrisa y guardó cuidadosamente el colgante. Fue entonces cuando mi estomago decidió recordarme algo mucho más importante, rompiendo el ambiente con un rugido.

– ... – Me quedé completamente quieto. Miré a Aoi, luego a la chica, después a Aiko y, finalmente, hacia las enormes ollas de ramen que tenía a sus espaldas. – ...Ah. – Me llevé una mano al estómago. – Ahora que lo pienso, yo también había salido por una razón.

Aiko arqueó una ceja.

– ¿Y cual era esa razón? – Preguntó inquisitiva, sonriendo.

– Comida.

La amiga de Aiko soltó una carcajada, mientras Aoi comenzaba a reírse también.

– Después de todo lo que me has ayudado, creo que te mereces un plato. – Dijo Aoi, sonriendo contenta.

– ¡¿De verdad?! – La miré, emocionado.

En cuanto el cuenco llegó frente a mí, no tardé ni un segundo en empezar a devorarlo. Aoi pagó por él y luego se despidió, diciendo que se iría de vuelta a casa. Esta había sido una aventura bastante curiosa para algo que solo consistía en encontrar un objeto perdido, pero al menos todo había terminado bien. Aoi había recuperado el recuerdo de su madre y yo había conseguido comida gratis.

No podía pedir un final mejor.
[Imagen: 9oeXPFe.gif]
« Hablo || "Pienso" || Narro »
CodeColor : #D66673
Masashi Kishimoto
Enlace al Post
24-09-2026, 01:10 PM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: Misión Rango E: Un Recuerdo Perdido (TID 14969)
Tipo: Misión Normal · Rango: E
  • Natsu — Participante (100%): 250 Ryos, 2 Tobis, 50 Exp
  • Argeon — Narrador No Oficial (100%): 250 Ryos, 0 Tobis, 35 Exp, Pergamino PERG001

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
Moderador Shinigami
Rango Staff
Clan Sin Clan
Nivel 3
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra0(1)
Inteligencia45(2)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu12
Sigilo9
270
255
Enlace al Post
24-09-2026, 01:11 PM
[Imagen: 2SIowDu.jpeg]
閉
🔒 Tema cerrado
Este tema ha sido cerrado.
Responder
Salto de foro:

Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)