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  ›   [Misión Avanzada] Side Quest — Más Allá del Camino Cerrado
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Side Quest — Más Allá del Camino Cerrado
Narrador General
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11-09-2026, 07:49 PM
Última modificación: 11-09-2026, 07:50 PM por Narrador General.
Side Quest — Más Allá del Camino Cerrado
Side Quest desbloqueada en: https://shinobigaiden.net/showthread.php?tid=14822
Ubicación: Lago del Eco
Día 48 de Otoño, del año 150

[Imagen: lago-del-eco.png]

El otoño había cambiado por completo el aspecto del Lago del Eco. Entre los pinares que cubrían las laderas comenzaban a aparecer manchas ocres y rojizas, mientras una neblina baja se mantenía atrapada sobre el agua durante buena parte de la mañana. Más allá del Refugio del Lago, el camino principal se estrechaba conforme avanzaba junto a la orilla occidental, hasta convertirse en un sendero de tierra húmeda encajonado entre el bosque y las paredes de roca. Allí aparecía finalmente el cierre: dos caballetes atravesados, una cuerda gruesa y varios tablones clavados apresuradamente formando una advertencia de desprendimientos. Al otro lado, sin embargo, el sendero estaba demasiado limpio para llevar semanas abandonado.

Un hombre aguardaba junto a la barrera, cubierto con un abrigo de lana oscuro y sosteniendo bajo el brazo una carpeta protegida con cuero. Se presentó como Tadashi Morino, uno de los encargados de supervisar los caminos que comunicaban aquella zona del lago con las rutas del interior. Observó un momento hacia el tramo clausurado antes de dirigirse al ninja. —Gracias por venir. No voy a decirle que esto sea una emergencia, porque todavía no sabemos si hay una. Bajó la mirada hacia la advertencia de madera. —Ese camino fue cerrado hace varias semanas por riesgo de desprendimientos. Hasta ahí, nada extraño. El problema es que la cuadrilla encargada del mantenimiento continúa entrando después del anochecer... y nadie ha autorizado trabajos nocturnos.

Tadashi apartó uno de los documentos de la carpeta y señaló brevemente el camino que desaparecía entre los árboles. —Cuando preguntamos, dicen que están reforzando el sendero. Puede ser cierto. Pero algunos pescadores del Muelle del Eco aseguran haber visto luces moviéndose junto a esta parte de la costa, y hace tres noches alguien escuchó madera arrastrándose desde detrás de las rocas. No había acusaciones formales ni desaparecidos que buscar; únicamente demasiadas pequeñas contradicciones alrededor de un tramo de montaña que oficialmente debía permanecer vacío. Incluso desde la barrera podían distinguirse marcas recientes sobre el barro: huellas de botas, algún surco profundo y pequeñas astillas atrapadas entre las piedras.

Más allá del cierre, el sendero descendía lentamente hacia una sección mucho menos transitada del Lago del Eco, lejos del muelle, del refugio y de los caminos habituales de los viajeros. El viento otoñal hacía crujir las copas de los árboles mientras el agua golpeaba, invisible todavía, contra las paredes rocosas varios metros más abajo. A primera vista parecía solamente una inspección de rutina en un camino clausurado; pero aquellas marcas recientes dejaban claro que, mientras el resto del lago dormía, alguien seguía utilizando aquel sendero para llegar a un lugar que oficialmente no existía.
Para esta Incursión se escribió:
  • Incursión desbloqueada por: [Nodo de Exploración] El Camino Cerrado
  • Requisitos de inscripción: Estar en el País de las Montañas en esta fecha.
  • Dificultad: C
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⏳ Tiempo expirado
El límite de 72 horas para postear ya se cumplió.
Kishue
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11-09-2026, 09:50 PM
Kishue había atravesado la barricada procurando alterar lo menos posible el bloqueo. El aviso continuaba prohibiendo el paso y, aunque aquella orden no parecía oficial, no tenía intención de facilitar que otros viajeros menos preparados lo siguieran. Ajustó nuevamente el Kanabō no Samehada sobre su hombro y avanzó apenas lo necesario antes de encontrarse con alguien capaz de explicarle parte de lo sucedido.

Escuchó la información sin interrumpir. El camino había aparecido bloqueado sin autorización de la ciudad y no existía ningún derrumbe conocido que justificara el cierre. Alguien había levantado deliberadamente aquella barrera, colocado la advertencia y abandonado el lugar sin explicar qué peligro pretendía evitar. Desde entonces, algunos viajeros habían preferido tomar otra ruta, aunque nadie parecía haber confirmado qué se encontraba más adelante.

Kishue volvió la mirada hacia el bloqueo. Si se trataba de una precaución legítima, alguien debía comprobar la amenaza y colocar una advertencia apropiada. Si, por el contrario, una persona pretendía mantener el camino vacío para ocultar alguna actividad, ignorarlo solamente le concedería más tiempo. Cualquiera de las dos posibilidades justificaba continuar.

—Investigaré el camino. Hasta que regrese, será mejor que nadie más cruce. Si existe un peligro real, traeré información suficiente para que puedan cerrar la ruta correctamente.

No prometió resolver cualquier problema que encontrara ni aseguró que volvería de inmediato. Desconocía lo que había provocado aquella situación y se encontraba separado de Rin y Rei. Precisamente por eso comprobó su equipo antes de continuar. Revisó el portakunai, ajustó las correas de su equipaje y se aseguró de que la esfera de Mekka permaneciera protegida entre sus ropas.

Después cruzó definitivamente el límite marcado por la barricada.

Kishue evitó apresurarse. Mantuvo el oído atento a cualquier ruido procedente de más adelante e intentó distinguir olores que no pertenecieran al camino o a la vegetación cercana. No sacó sus armas ni activó la transformación; hacerlo sin conocer la amenaza solamente consumiría fuerzas y anunciaría su presencia. Sin embargo, mantuvo una mano libre y el enorme garrote dispuesto de manera que pudiera bajarlo rápidamente del hombro.

—Mekka, si alguien cerró todo un camino porque no quería visitas, estamos a punto de ser bastante descorteses.

La ocurrencia le arrancó una sonrisa breve, aunque no disminuyó su precaución. Sin las gemelas a su lado, debía vigilar tanto el frente como sus propios flancos. No podía depender de que Rin detectara una trampa antes de pisarla ni de que Rei observara un movimiento distante. Aquella parte de la investigación le correspondía únicamente a él.

Mientras avanzaba, Kishue procuró no interpretar prematuramente cuanto pudiera encontrar. El bloqueo podía esconder criminales, un peligro natural o el temor exagerado de alguien. Hasta contar con evidencias, todas eran posibilidades y ninguna una respuesta.

—Primero miramos, después decidimos si hace falta golpear algo. Ese es un plan perfectamente responsable, así que no se lo cuentes a Rin como si hubiera dicho lo contrario.

Con Mekka protegido y el Kanabō sobre el hombro, Kishue continuó más allá del camino cerrado. Su atención permaneció fija en cualquier señal que pudiera explicar la barricada, dejando que aquello que aguardaba delante fuera revelado cuando el narrador decidiera mostrarlo.
—Life Ends Whenever You Decide—
[Imagen: chBNIhB.jpeg]
Virtudes y Defectos
VIRTUDES
V006: Presencia Carismática
V017: Líder Nato
V032: Rostro Común
V033: Investigador
V035: Capacidad Sensorial Aumentada II (Olfato y Oído)
V090: Disciplina Ascética

DEFECTOS
V048: Adicción (Hablar con su pez)
V054: Último Acto
V057: Fobia III (Arañas)
V065: Lealtad
V069: Sinceridad
V077: Prosopagnosia
V083: Traicionable
V085: Venganza (Hoshigaki)
V088: Psicopatía
Rin to Rei
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14-09-2026, 12:28 PM
Apenas habían transcurrido un par de días desde que los tres decidieron separarse para abarcar más territorio. Aunque la decisión tenía sentido, Rei seguía encontrando extraño cada camino donde no aparecía el enorme garrote de Kishue delante de ellas, mientras Rin había sustituido aquella ausencia por una vigilancia todavía más estricta. Ninguna lo decía abiertamente, pero las dos prestaban atención a cualquier rumor que pudiera indicar por dónde había continuado su compañero.

La exploración terminó conduciéndolas hasta un camino interrumpido por una barricada. La advertencia colocada sobre ella no explicaba el peligro ni parecía formar parte de un cierre formal. Mientras Rin examinaba el acceso principal, Rei se desplazó hacia uno de los costados para comprobar si el bloqueo se extendía fuera del sendero. Aquella separación era solamente momentánea, pero bastó para que ambas observaran acontecimientos diferentes.

Rin fue la primera en reconocer a Kishue. Lo distinguió más allá de la barricada, avanzando con el Kanabō no Samehada sobre el hombro y Mekka protegido entre sus pertenencias. La sorpresa no llegó a modificar su expresión, aunque sí interrumpió cualquier análisis que estuviera realizando. Después de dos días recorriendo rutas distintas, acababa de encontrarlo exactamente donde una tabla advertía que nadie debía continuar.

Kishue ya se alejaba cuando Rin atravesó el bloqueo detrás de él. No lo llamó de inmediato. Primero procuró reducir la distancia, observando hacia dónde se dirigía y manteniéndose atenta a cualquier peligro que justificara aquella prohibición. Si él había cruzado, probablemente poseía alguna información; si no la tenía, entonces continuaba siendo perfectamente capaz de investigar un lugar desconocido acompañado únicamente por su curiosidad.

Rei, situada en uno de los laterales del camino, vio pasar primero a Kishue y segundos después reconoció a Rin siguiendo sus pasos. Durante un instante permaneció inmóvil, tratando de decidir cuál de los dos había encontrado al otro y por qué ninguno parecía haberla visto. Después abandonó su posición y salió al sendero para perseguirlos.

La diferencia de distancia la obligó a acelerar. El ruido de sus pisadas terminó anunciando su presencia y logró que los otros dos se detuvieran. Rei redujo el ritmo al alcanzarlos, recuperó el aliento y miró primero a su hermana.

<Dos días separadas de Kishue, unos minutos separada de ti y ambas terminamos persiguiendo al mismo tiburón detrás de una barricada. Empiezo a creer que nuestra estrategia necesita ajustes>
Rin comprobó rápidamente que Rei estuviera ilesa antes de responder. El breve movimiento de sus ojos resultó más revelador que cualquier demostración abierta de alivio.
<Tardaste demasiado en alcanzarnos>
<También me alegra verte, Rin>
La respuesta de Rei llegó acompañada por una sonrisa. Después volvió la atención hacia Kishue. La familiaridad de su presencia redujo parte de la inquietud acumulada durante aquellos días, aunque encontrarlo siguiendo un camino prohibido generaba preguntas nuevas.
<Kishue, esperaba que nuestro reencuentro empezara con una pista sobre los Sellos, no contigo atravesando una advertencia como si la hubieran colocado para despertar tu curiosidad. ¿Qué descubriste?>

Rin se colocó cerca de él, orientando su atención hacia la ruta que se extendía delante. No necesitaba decir que se alegraba de encontrarlo. Permanecer a su lado y prepararse para continuar con él cumplía la misma función.

Los tres volvían a estar reunidos. Ahora solamente faltaba que Kishue explicara por qué había cruzado la barricada y qué esperaba encontrar más allá.
[Imagen: ffIFI3H.jpeg]
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14-09-2026, 05:15 PM
Última modificación: 14-09-2026, 05:17 PM por Narrador General.
La llegada de Rin y Rei terminó de romper el silencio que había acompañado a Kishue desde la barricada, pero nada respondió desde más adelante. El camino continuaba vacío y, gracias a que Kishue había avanzado sin alterar innecesariamente las marcas del terreno, todavía conservaba buena parte de la historia de quienes lo utilizaban. Los dos surcos paralelos observados cerca de la entrada continuaban allí, acompañados por numerosas huellas de botas. Había, sin embargo, una particularidad difícil de ignorar una vez observada con atención: los surcos del carro solamente avanzaban hacia el interior. Las pisadas humanas iban y regresaban, algunas incluso superpuestas varias veces, pero no existía una segunda pareja de marcas correspondiente a un carro volviendo hacia la barricada. Aquello había ocurrido más de una vez. Lo que entraba por aquel camino, por alguna razón, no regresaba de la misma manera.

Tadashi no los había seguido. Permanecía varios cientos de metros atrás, junto a la barricada, cumpliendo precisamente con lo que Kishue le había pedido: mantener vacío el acceso mientras los shinobi investigaban. Desde aquel punto, por tanto, cualquier cosa que encontraran más adelante pertenecía únicamente a quienes llevaban semanas utilizando el camino después del anochecer. Unos minutos de recorrido conducían hasta la zona que aparentemente justificaba todo el cierre. Parte de la ladera se había venido abajo y varias rocas cubrían el sendero de lado a lado. Junto a ellas habían dejado una pala, un pico, dos tablones y una lámpara apagada, formando a primera vista exactamente la clase de pequeño puesto de trabajo que cabría esperar de una cuadrilla reparando un desprendimiento. La escena, sin embargo, empezaba a desmoronarse cuanto más se observaba. La pala tenía barro seco en el mango pero ninguna tierra adherida a la hoja. El pico mostraba óxido uniforme hasta la punta, como si llevara mucho tiempo sin golpear piedra alguna. Los tablones estaban recién cortados, aunque no había serrín alrededor, y la lámpara tenía combustible suficiente pero una mecha completamente limpia. Todo estaba colocado donde debía estar para parecer una obra en marcha; casi nada mostraba señales de haber sido utilizado.

Las propias rocas resultaban todavía más extrañas. Las piedras pequeñas acumulaban hojas húmedas, agujas de pino y tierra arrastrada por las últimas lluvias, mientras tres de los bloques mayores permanecían sorprendentemente limpios alrededor de su base. Detrás de uno aparecía atrapada una tira de tela oscura; detrás de otro, varias fibras gruesas de cuerda. Y sobre el suelo, justo antes del supuesto derrumbe, los surcos del carro no terminaban de manera irregular como habría ocurrido si alguien simplemente hubiese descargado allí. Ambos acababan exactamente en la misma línea. Las últimas huellas humanas tampoco apuntaban hacia las rocas: varias mostraban los talones hundidos con mayor profundidad que la punta, como si quienes estuvieron allí hubiesen apoyado el peso hacia atrás mientras tiraban de algo pesado.

El viento añadió una última anomalía. Las ramas de los pinos se movían sobre el camino, pero una pequeña telaraña tendida entre dos de las rocas principales oscilaba periódicamente hacia fuera, incluso cuando el aire exterior quedaba completamente quieto. Debajo de ella, las hojas acumuladas contra la piedra tampoco permanecían inmóviles; alguna se levantaba ligeramente y volvía a caer. Desde aquel punto podía percibirse además un olor tenue diferente al bosque húmedo que los rodeaba: madera almacenada, aceite y agua estancada. No provenía de la ladera abierta ni del lago visible detrás de ellos, sino de algún lugar situado directamente más allá de aquel supuesto desprendimiento.

El camino cerrado había conducido finalmente hasta su primer verdadero obstáculo, aunque no tenía la forma de un enemigo ni de una trampa evidente. Frente a Kishue, Rin y Rei había simplemente un montón de piedras, herramientas abandonadas y un sendero que oficialmente terminaba allí. Pero las huellas afirmaban que la gente regresaba; el carro, que algo continuaba adelante; las herramientas, que alguien había querido representar una reparación que nunca ocurrió; y hasta el aire parecía contradecir la pared de roca. Alguien había construido aquel lugar para que cualquiera que llegara hasta allí creyera haber encontrado el final del camino.
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Kishue
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18-09-2026, 04:18 AM
Cuanto más observaba aquel supuesto derrumbe, menos lograba verlo como un accidente. Las herramientas estaban colocadas donde cualquiera esperaría encontrarlas, pero ninguna parecía haber servido para trabajar. Incluso las rocas resultaban demasiado convenientes: cerraban el camino por completo, ocultaban el destino de los surcos y dejaban delante de ellas una escena preparada para convencer a los curiosos de que no había nada más allá. Kishue frunció el ceño y miró a las gemelas antes de señalar el conjunto con una mano.

—Esto está demasiado bien acomodado. Parece que alguien preparó un derrumbe en vez de limpiar uno. Rin, Rei, será mejor que no confiemos en nada de lo que dejaron aquí.

También bajó la mirada hacia la esfera protegida entre sus pertenencias, procurando que Mekka pudiera escucharle. La tela oscura atrapada entre dos bloques llamó nuevamente su atención. No parecía haber caído sobre las piedras después del desprendimiento, sino haber quedado aprisionada cuando las colocaron. Las fibras de cuerda cercanas reforzaban aquella impresión. Kishue no necesitaba comprender cada detalle para reconocer que alguien había tirado de algo pesado y después se había esforzado por esconderlo.

—Tú tampoco te dejes engañar, Mekka. Si esto fuera una montaña cayéndose sola, dudo que se hubiera detenido para poner una pala de adorno.

Se acercó únicamente lo necesario para observar la telaraña tendida entre las rocas. La brisa que rozaba su ropa llegaba desde el camino y movía las ramas sobre ellos en una dirección clara. Sin embargo, la fina red se inclinaba periódicamente hacia fuera, empujada desde el lado contrario. Kishue levantó una mano, sintiendo el aire contra los dedos, y esperó otra oscilación. No podía asegurar qué había detrás, pero aquel viento no provenía del bosque ni del lago.

—El aire sale de entre las piedras. Hay una tela atrapada, restos de cuerda y el carro llegó exactamente hasta aquí. Creo que puede haber una entrada detrás de los escombros. Es muy extraño, pero no perdemos nada comprobándolo… salvo quizá tiempo y una explicación sencilla.

Kishue retiró el Kanabō no Samehada de su hombro y lo dejó sobre el suelo, lo bastante cerca para recuperarlo si aparecía algún peligro. Antes de tocar las piedras volvió la cabeza hacia Rin y Rei. Su intención era apartar los bloques, no exponerlas a aquello que pudiera encontrarse detrás. Además, mientras utilizara ambas manos necesitaría confiarles la vigilancia del sendero y de sus alrededores.

—No se acerquen demasiado. Si esto se mueve de una forma rara, quiero que tengan espacio para apartarse. Vigilen el camino y avísenme si escuchan algo; yo quitaré las rocas una por una.

Comenzó por uno de los bloques cuya base permanecía limpia. Flexionó las piernas, introdujo ambas manos bajo el borde y aplicó su enorme fuerza de manera gradual, evitando un tirón brusco que pudiera desestabilizar todo el montón. Al levantarlo, lo desplazó hacia un costado y lo depositó con cuidado, procurando no dejarlo rodar pendiente abajo. Después estudió el hueco recién abierto antes de escoger la siguiente piedra, atento a cualquier corriente más fuerte, ruido o cambio en la estructura.

No había abandonado la cautela; simplemente la estaba aplicando de la forma que mejor comprendía. Si alguien había construido una pared falsa, Kishue podía desmontarla. Continuó retirando las rocas individualmente, alternando la fuerza con pausas para observar entre los espacios. No pretendía derribar la barrera de una vez ni confirmar antes de tiempo que existiera una cueva. Solamente buscaba abrir lo suficiente para descubrir qué escondía aquella corriente y por qué alguien se había tomado tantas molestias para hacerla parecer un camino sin salida.

—Si encontramos una puerta, prometo llamar antes de entrar. Eso debería compensar un poco que estemos desmontando la pared.
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V057: Fobia III (Arañas)
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V069: Sinceridad
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V085: Venganza (Hoshigaki)
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18-09-2026, 04:22 AM
Después de reunirse con Kishue, las hermanas continuaron detrás de él por el sendero, prestando atención a las huellas que el muchacho había procurado no alterar. Rin se mantuvo próxima a su espalda, aunque sin obstaculizar el movimiento del enorme kanabō, mientras Rei alternaba la mirada entre los surcos del carro y los márgenes del camino. Encontrarlo había reducido la inquietud de los últimos días, pero ninguna permitió que aquel alivio reemplazara la cautela. Si alguien había cerrado esa ruta deliberadamente, quizá todavía tuviera interés en vigilarla.

El supuesto desprendimiento confirmó sus sospechas. Rei examinó las herramientas sin tocarlas y reparó en la diferencia entre el barro seco del mango de la pala y la limpieza de su hoja. El pico tampoco mostraba señales recientes de uso, mientras la lámpara parecía preparada para iluminar únicamente en apariencia. Luego observó los surcos, detenidos frente a las rocas con una precisión difícil de atribuir a un accidente. Aquello no parecía el abandono apresurado de una cuadrilla, sino una escena organizada para sostener una mentira sencilla.

<Las herramientas dicen que alguien trabajó aquí, pero ninguna parece recordar haberlo hecho. Incluso el carro tuvo la cortesía de detenerse exactamente frente a la pared>

Rin centró su atención en aquello que podía haber requerido fuerza. Los bloques mayores permanecían limpios alrededor de la base y las huellas más cercanas mostraban el peso cargado sobre los talones. Quienes habían estado allí no empujaron hacia el derrumbe; tiraron de algo desde aquella dirección. La tela y las fibras de cuerda atrapadas entre las piedras completaban una conclusión que la corriente de aire volvía todavía más evidente. Tras comprobar la inclinación de la telaraña, dirigió a Kishue una breve mirada afirmativa.

<Hay espacio detrás. O algo que necesita aire>

<Entonces coincidimos. No es el final del camino, solamente quieren que lo parezca>

Cuando Kishue les pidió que conservaran la distancia y vigilaran, ninguna discutió. Rin observó cómo apartaba el primer bloque y esperó lo suficiente para comprobar hacia dónde podían desplazarse las piedras si el montón perdía estabilidad. Después retrocedió varios pasos y se situó orientada hacia el camino por el que habían llegado. Desde allí podía vigilar tanto la ruta como uno de los márgenes del bosque, manteniendo las manos libres y el cuerpo preparado para interponerse si alguien intentaba acercarse mientras Kishue estaba ocupado.

<Mueve las piedras. Nosotras evitaremos que alguien te sorprenda mientras llamas a la puerta>

Rei tomó el lado contrario sin alejarse tanto como para perder de vista a su hermana. No buscaba únicamente viajeros casuales. Cualquiera podía aparecer siguiendo el sendero, pero quien hubiera construido aquel escenario quizá prefiriera permanecer oculto y observar qué hacían los intrusos. Por eso examinó las separaciones entre los troncos, las elevaciones cercanas y cualquier punto desde el cual pudiera vigilarse el falso derrumbe. También permaneció atenta a sonidos que no coincidieran con el roce de las ramas o el peso de las rocas desplazadas por Kishue.

<Si aparece un trabajador indignado, le preguntaré por qué su pico envejeció sin trabajar. Si no sabe responder, puedes dejar de preocuparte por tratarlo como a un viajero perdido>

Rin respondió únicamente con una breve inclinación de cabeza. Las dos continuaron recorriendo sectores distintos con la mirada, cruzándola cada cierto tiempo para confirmar que ninguna había detectado movimiento. No necesitaban llamarse ni abandonar sus posiciones para coordinarse: Rei atendía los lugares desde donde alguien podría observar el obstáculo; Rin protegía la aproximación más directa y volvía ocasionalmente la atención hacia las rocas, preparada para advertir a Kishue si la estructura se desplazaba de manera peligrosa.

Mientras él realizaba el trabajo pesado, las gemelas sostuvieron aquella vigilancia sin acercarse al hueco ni anticipar qué podía existir detrás. El falso derrumbe ya había demostrado que alguien quería mantener alejados a los curiosos. La posibilidad más preocupante no era que un caminante apareciera por casualidad, sino que su creador hubiese permanecido cerca para comprobar si el engaño funcionaba. Rin y Rei aguardaron en silencio, cubriendo los alrededores y dejando que Kishue retirara las piedras sin tener que descuidar su espalda.
[Imagen: ffIFI3H.jpeg]
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18-09-2026, 05:42 PM
Última modificación: 18-09-2026, 05:43 PM por Narrador General.
El primer bloque cedió con mucha menos resistencia de la que habría ofrecido una roca incrustada por un desprendimiento real. Al levantarlo, Kishue dejó al descubierto una franja de tierra compactada casi perfectamente lisa bajo su base; no había raíces rotas, grava prensada ni barro acumulado en los bordes. Los siguientes confirmaron lo mismo. Su decisión de retirarlos uno por uno evitó que el conjunto se desplomara y, conforme desaparecieron las piedras de la zona central, quedó expuesto algo que desde fuera había sido imposible distinguir: detrás del supuesto derrumbe existía una estructura de vigas oscuras formando una cuadrícula. Las rocas no sostenían la montaña....No...La madera sostenía las rocas. Alguien había construido primero aquella armazón y después había encajado los bloques delante para fabricar una pared que pareciera natural. La corriente que agitaba la telaraña se volvió inmediatamente más fuerte en cuanto se abrió el primer espacio entre las vigas.

Durante aquellos minutos, la vigilancia de Rin y Rei tampoco encontró movimiento alguno acercándose desde el bosque ni desde el sendero. Sin siluetas ni pasos tratando de aprovechar el ruido de las piedras para aproximarse. Mucho más atrás, visible únicamente en algunos tramos cuando el camino se alineaba entre los troncos, y el confiable Tadashi Morino que continuaba exactamente donde Kishue le había pedido que permaneciera, junto a la barricada. No había cruzado ni permitido que ningún viajero lo hiciera. Por aquel lado, al menos, nadie había seguido a los tres shinobi. El único detalle fuera de lugar estaba delante de ellos: con cada piedra retirada, el olor a aceite, madera húmeda y agua encerrada aumentaba en vez de disiparse.

Tras abrir espacio suficiente, la explicación apareció detrás de la armazón. La montaña continuaba unos pocos centímetros y después se interrumpía bruscamente en un arco de mampostería antigua. Más allá comenzaba un corredor artificial de poco más de dos metros de ancho que descendía ligeramente hacia el interior de la roca. El suelo estaba compuesto por grandes losas rectangulares y, sobre ellas, reaparecían inmediatamente los mismos surcos que habían seguido desde la barricada. Allí ya no podían confundirse con marcas dejadas por un carro convencional: eran dos canales desgastados en la piedra, separados siempre por la misma distancia, como si durante años hubiese circulado por ellos una plataforma de carga. Sobre el polvo podían distinguirse pisadas mucho más recientes. Entraban y salían. Algunas todavía conservaban barro oscuro del exterior. Aquello no llevaba décadas abandonado.

El corredor terminaba unos veinte metros más adelante en una cámara rectangular excavada parcialmente en la montaña. Varios estantes vacíos cubrían una de las paredes y permanecían allí restos de cuerda, dos ganchos de hierro, un trozo de lona y pequeñas escamas de madera arrancadas recientemente. Una placa casi cubierta por óxido conservaba parte de una inscripción: «ESTACIÓN DEL LAGO — PLATAFORMA DE CARGA II». No había nombres de propietarios ni referencias a Altacumbre. Al fondo de la habitación, sin embargo, el verdadero camino volvía a detenerse. Una pesada compuerta de hierro descendía desde el techo hasta encajar en dos raíles excavados en el suelo. A través de sus estrechas aberturas podía verse que los surcos continuaban al otro lado y descendían todavía más hacia la montaña. También llegaba desde allí el sonido irregular del agua golpeando piedra.


[Imagen: Imagen-Side-Quest.jpg]


A la derecha de la compuerta ocupaba casi toda la pared un mecanismo antiguo de contrapesos. Un grueso eje horizontal sostenía una barra metálica con cinco puntos de anclaje, todos a distinta distancia del centro y marcados claramente con los números 1, 2, 3, 4 y 5. Sobre el suelo descansaban cuatro bloques de hierro con asas, cada uno grabado con una cifra diferente: 7, 11, 13 y 17. Las marcas alrededor de los soportes demostraban que aquello seguía utilizándose: los anclajes 1, 2, 4 y 5 tenían el metal pulido por rozamiento reciente, mientras que el número 3 conservaba una fina capa de polvo incluso sobre su gancho. Las cuatro pesas también presentaban arañazos nuevos en sus bordes, como si hubiesen sido retiradas y colocadas muchas veces.

Una segunda placa explicaba la función del aparato. Parte del texto se había perdido, pero el diagrama permanecía perfectamente legible: una pesa colgando de una barra, una flecha indicando la distancia hasta el eje y, bajo ambas, una multiplicación. Debajo podía leerse todavía: «Índice de equilibrio = valor del contrapeso × distancia al eje. Sumar los soportes ocupados.» Más abajo aparecía una única cifra rodeada por un rectángulo: 158. Finalmente, casi borrada junto a la palanca que liberaba la compuerta, sobrevivía una advertencia: «CUATRO CONTRAPESOS. UN SOPORTE LIBRE. NO LIBERAR EL FRENO FUERA DEL ÍNDICE DE EQUILIBRIO.» No parecía tratarse de una contraseña inventada para ocultar aquella operación; era un antiguo sistema de seguridad diseñado para equilibrar el peso de la plataforma antes de moverla. Quienes utilizaban actualmente el lugar simplemente habían descubierto cómo aprovecharlo.

Las señales recientes añadían una última pieza al problema. En el suelo, delante del mecanismo, había cuatro semicírculos limpios entre el polvo donde los bloques habían descansado antes de ser retirados. Ninguno coincidía con la posición actual de las pesas, amontonadas deliberadamente junto a la pared. Alguien había atravesado la compuerta, había vuelto a cerrar el paso y después había desmontado la configuración necesaria para abrirla de nuevo. No habían destruido el mecanismo ni ocultado sus instrucciones; habían confiado en algo bastante más sencillo: que cualquiera que llegara hasta allí no supiera reconstruir el equilibrio correcto sin entender cómo funcionaba.

Más allá de aquellas barras seguía el rastro que había comenzado en la barricada. Las ruedas, las pisadas y el olor del agua continuaban hacia las profundidades, pero entre los tres shinobi y esa parte de la estación quedaba ahora una máquina que no respondía a la fuerza bruta con una cerradura rota ni con una roca que pudiera apartarse. Cinco distancias, cuatro valores, un único espacio vacío y un índice exacto de 158 separaban el camino cerrado de aquello que sus usuarios llevaban semanas transportando bajo la montaña.
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22-09-2026, 01:56 PM
Rin y Rei conservaron las posiciones de vigilancia mientras Kishue retiraba las rocas una por una. Ninguna intentó ayudarlo. Él poseía fuerza suficiente para mover aquellos bloques sin compañía, mientras ellas apenas habrían conseguido entorpecer el espacio que necesitaba para trabajar. Rin continuó observando el sendero y Rei mantuvo la atención sobre el bosque, volviendo ambas la mirada hacia Kishue cada vez que una piedra golpeaba el suelo. Si alguien aparecía, lo interceptarían; mientras tanto, levantar rocas seguía siendo responsabilidad del más fuerte.

<Podríamos ayudarlo si quisiéramos convertir cada piedra en una misión para tres personas>

<Estorbaríamos>

La respuesta de Rin cerró cualquier discusión. No tardaron en comprobar que habían elegido correctamente. Conforme Kishue despejaba la zona central, detrás de las rocas comenzó a revelarse una cuadrícula de vigas oscuras. La disposición invertía por completo lo que aparentaba ser aquel obstáculo: la madera no reforzaba una ladera derrumbada, sino que sostenía las piedras colocadas delante. Rei abrió ligeramente los ojos ante el descubrimiento, mientras Rin se aproximaba lo suficiente para observar la corriente que escapaba entre los espacios recién expuestos.

Cuando el paso quedó abierto, las hermanas ingresaron con cuidado. Rin avanzó primero, comprobando las losas y las vigas antes de apoyar completamente el peso; Rei observó los estantes, las cuerdas y los surcos paralelos que continuaban hacia las profundidades. La inscripción de la estación confirmó que se encontraban dentro de una antigua instalación de carga. Sin embargo, la compuerta de hierro bloqueaba nuevamente el camino y aquella vez no existía una acumulación de piedras que Kishue pudiera retirar simplemente con fuerza.

Rin examinó los cinco puntos de anclaje mientras Rei leía la placa. Los números uno, dos, cuatro y cinco presentaban marcas recientes; el tercero conservaba polvo y debía permanecer libre. Frente a ellas estaban las pesas de siete, once, trece y diecisiete, mientras la cifra ciento cincuenta y ocho indicaba el equilibrio necesario. Rin levantó una mano antes de que cualquiera se acercara a la palanca.

<No se libera el freno hasta tener la suma>

<Cuatro pesas, cuatro soportes usados y el tercero intacto. Al menos quienes desmontaron esto dejaron más pistas que paciencia>

Las dos se agacharon frente al mecanismo. Rei señaló el diagrama: cada pesa debía multiplicarse por el número del gancho, pues aquel número representaba su distancia respecto al eje. Después debían sumarse los cuatro resultados hasta alcanzar ciento cincuenta y ocho. Primero consideró colocar los valores de menor a mayor sobre los soportes disponibles, pero aquello producía ciento sesenta y seis. Rin intercambió las posiciones de siete y once; Rei hizo lo mismo con trece y diecisiete entre los dos anclajes más alejados. Cada cambio reducía cuatro puntos.

<Entonces no se suman simplemente los números. Cada peso se multiplica por la distancia indicada en su gancho y después se suman los cuatro resultados>

Rin comprobó la cuenta en silencio: once por uno daba once; siete por dos, catorce; diecisiete por cuatro, sesenta y ocho; y trece por cinco, sesenta y cinco. La suma alcanzaba exactamente ciento cincuenta y ocho. El tercer soporte permanecía vacío, coincidiendo además con el polvo acumulado sobre su gancho. Ambas se incorporaron y observaron las pesas de hierro. Comprender la solución no las volvía más capaces de levantarlas, y comprobarla físicamente seguía correspondiendo a Kishue.

<La distribución es correcta>

Rei se volvió hacia su amigo y señaló cada soporte en el orden correspondiente, procurando que no quedara ninguna ambigüedad antes de que tocara los bloques.

<Kishue, el once va en el uno, el siete en el dos, el diecisiete en el cuatro y el trece en el cinco. El gancho tres queda libre. Nosotras resolvimos la parte de los números; ahora te corresponde discutir con el hierro>
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22-09-2026, 02:13 PM
Cuando terminó de apartar la última roca necesaria, Kishue permaneció unos segundos frente al hueco, recuperando el aliento. El trabajo no había resultado complicado por falta de fuerza, pero mover cada bloque sin provocar un derrumbe exigió más cuidado del que acostumbraba utilizar. Después recogió el Kanabō no Samehada y entró detrás de Rin y Rei, atravesando la cuadrícula de vigas hasta alcanzar el corredor. La estructura oculta confirmó que alguien había dedicado bastante esfuerzo a convertir una entrada en una pared aparentemente natural.

Kishue observó los surcos sobre las losas, las pisadas recientes y los restos abandonados en la cámara. También leyó la inscripción oxidada, aunque necesitó hacerlo más despacio que sus amigas. Cuando alcanzaron la compuerta, se detuvo frente al mecanismo de contrapesos e intentó comprender el diagrama. Había cinco ganchos, cuatro bloques y una cifra final. Entendió que la barra debía quedar equilibrada, pero todavía estaba relacionando los pesos con las distancias cuando las hermanas comenzaron a discutir la solución.

—Creo que estoy entendiendo lo del eje… o al menos ya entendí que no debo tirar de la palanca todavía.

Escuchó la explicación sin interrumpir. Cada bloque debía multiplicarse por el número del soporte y luego sumarse con los demás hasta alcanzar ciento cincuenta y ocho. Kishue dirigió la mirada entre las pesas y los anclajes, tratando de repetir mentalmente las operaciones, pero Rin y Rei ya habían encontrado la distribución exacta. No sabía comprobarla con la misma rapidez. Sin embargo, tampoco necesitaba fingir que desconfiaba solamente porque ellas habían resuelto aquello antes que él.

Kishue confiaba en ambas para proteger su espalda, advertirle de los peligros que no veía y encontrar respuestas que a él le tomaban demasiado tiempo. Ellas, a su vez, acababan de permanecer vigilando mientras él despejaba las piedras porque sabían que cumpliría su parte. Si Rin y Rei afirmaban que aquella era la solución, Kishue estaba dispuesto a confiarles incluso algo más importante que una compuerta. Se acercó a los bloques y flexionó las piernas frente al primero.

—Ustedes se encargan de que los números no nos aplasten. Yo me encargo de levantar las cosas que sí podrían hacerlo.

Tomó el bloque marcado con el número once por sus asas, lo elevó utilizando ambas manos y lo colgó del primer punto de anclaje. Después hizo lo mismo con la pesa de siete, colocándola en el gancho número dos. Cada pieza hizo descender la barra ligeramente al recibir su peso. Kishue evitó acercarse a la palanca durante el proceso y continuó siguiendo las indicaciones en el mismo orden, sin intercambiar posiciones por iniciativa propia.

El bloque de diecisiete fue colocado en el cuarto soporte y el de trece terminó suspendido del quinto. Kishue dejó libre el gancho número tres, cuya capa de polvo confirmaba la deducción de las hermanas. Al terminar, retrocedió un paso y examinó la disposición completa. No intentó resolver nuevamente el cálculo ni mover una pesa para comprobar una idea tardía. Miró primero a Rin y luego a Rei, buscando en ellas la confirmación final.

—Once en el uno, siete en el dos, diecisiete en el cuatro y trece en el cinco. El tres queda vacío. ¿Así está bien?

Tras comprobar que había seguido las instrucciones, Kishue se dirigió hacia la palanca situada junto a la compuerta. La advertencia la identificaba como el mecanismo que liberaba el freno, por lo que apoyó ambas manos sobre ella y afirmó los pies contra las losas. Antes de aplicar fuerza, volvió la cabeza hacia sus amigas con una sonrisa breve, más confiada en ellas que en su propia comprensión del aparato.

—Si esto funciona, la respuesta fue de ustedes. Si hace un ruido horrible, diremos que todavía seguíamos investigando.

Kishue sujetó la palanca y tiró de ella con firmeza, asumiendo que liberaría el freno del mecanismo. No apartó las manos inmediatamente ni dio por sentado que la compuerta comenzaría a elevarse. Permaneció preparado para sostenerla o devolverla a su posición si algo reaccionaba de manera inesperada, dejando que el funcionamiento de aquella antigua estación revelara si la confianza depositada en la solución había reconstruido correctamente el equilibrio.
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23-09-2026, 01:51 AM
La palanca ofreció resistencia durante apenas los primeros centímetros. Después llegó un golpe seco desde el interior de la pared y los cuatro contrapesos descendieron simultáneamente una distancia mínima. El soporte número tres permaneció inmóvil, todavía cubierto por aquella capa de polvo que había permitido descartarlo. Por encima de la compuerta, una aguja que hasta entonces descansaba fuera de escala avanzó lentamente hasta coincidir con la marca grabada de 158. El freno se liberó. Engranajes que llevaban años sin moverse comenzaron a girar detrás de la piedra y la pesada puerta de hierro ascendió centímetro a centímetro hasta desaparecer parcialmente dentro del techo. No hubo sacudidas ni sonidos de rotura. La combinación reconstruida por Rin y Rei, y colocada físicamente por Kishue, era correcta.

Al otro lado continuaba el mismo par de canales excavados en el suelo. El corredor descendía durante varias decenas de metros, suficiente para que la entrada terminara desapareciendo detrás de una curva de la montaña. Antes de perderla completamente de vista, todavía podía distinguirse a Tadashi Morino muuuuuuy a la distancia, junto a la barricada exterior, manteniendo el paso cerrado tal como Kishue le había pedido ¿Sería que ya podía irse? ¿Sería que nadie necesitaba de él?. Después solo quedaron piedra, humedad y el ruido cada vez más presente del agua. Las huellas también continuaban. Al principio conservaban el mismo patrón ordenado observado anteriormente, pero cerca del final del descenso aparecía algo distinto: varios pasos se superponían unos sobre otros y algunos talones habían resbalado sobre el polvo, como si quienes habían pasado por allí hubieran cambiado repentinamente de dirección. En una de las paredes había además una argolla gruesa destinada a sujetar carga. Seguía anclada a la piedra, aunque torcida varios centímetros hacia fuera... El hierro no presentaba cortes y la roca alrededor del perno sí mostraba una fractura reciente.

El corredor desembocaba finalmente en una cámara mucho mayor que las anteriores. Allí la explicación para parte del antiguo sistema resultaba evidente. Un canal subterráneo atravesaba la montaña de lado a lado, alimentado por alguna conexión con el Lago del Eco. El agua corría varios metros por debajo de una plataforma de carga y desaparecía después bajo otro arco de piedra. Al otro extremo del canal continuaban los raíles y se distinguía un segundo corredor, pero no existía suelo entre ambas partes. Un puente metálico rectangular permanecía completamente retraído dentro de la plataforma donde se encontraban los mecanismos, dejando un vacío de casi seis metros sobre el agua. No se trataba de una pasarela improvisada: los raíles de la estación estaban montados directamente sobre aquel puente. Los cargamentos habían cruzado por allí.

Junto al borde se levantaba un segundo panel de control, considerablemente más pequeño que el de los contrapesos. Tres válvulas de hierro ocupaban su superficie, identificadas simplemente como A, B y C. Sobre ellas había un manómetro dividido del cero al quince. La aguja permanecía actualmente sobre el 5. La zona comprendida entre 3 y 10 estaba pintada de blanco; por debajo del tres y por encima del diez, la escala cambiaba a una franja oscura acompañada por dos símbolos de advertencia. Una placa fijada debajo había perdido parte de la pintura, aunque las cifras continuaban perfectamente visibles:


CICLO DE TRANSFERENCIA
  • A: +4
  • B: +6
  • C: −5
  1. ACCIONAR CADA VÁLVULA UNA VEZ
  2. RANGO DE PRESIÓN: 3 — 10
  3. LIBERACIÓN DE PLATAFORMA: 10

Las consecuencias de ignorar aquellas cifras tampoco necesitaban demasiada imaginación. Otro texto, mucho más pequeño, identificaba el extremo inferior como PÉRDIDA DE RETENCIÓN y el superior como DESCARGA DE EMERGENCIA. Cerca del canal sobrevivían las pruebas de que ambas cosas podían ser violentas. Una sección de la baranda estaba doblada hacia el agua y sobre la pared opuesta existía una franja de piedra mucho más limpia que el resto, extendiéndose horizontalmente desde una antigua boca de desagüe. Alguna vez una descarga había atravesado aquella cámara con fuerza suficiente para arrancar años de suciedad de la mampostería. Debajo del puente retraído, una cadena de seguridad colgaba sin tensión sobre la corriente.

Había todavía otro detalle. Cerca de las tres válvulas aparecían manchas recientes de grasa sobre las empuñaduras y pequeñas gotas de agua que aún no habían desaparecido completamente de las juntas. Aquel mecanismo también había sido utilizado hacía poco. Sin embargo, nadie había dejado marcada la secuencia. La estación solo proporcionaba las reglas: la presión comenzaba en 5, cada una de las tres válvulas debía ser accionada exactamente una vez, la aguja jamás debía abandonar el intervalo comprendido entre 3 y 10, y el ciclo tenía que terminar exactamente en 10 para liberar el puente.

Desde la posición del mecanismo podía verse parte del otro lado del canal. Allí permanecían dos cajones vacíos, una lámpara volcada y varios metros de cuerda abandonados sobre el suelo. Más cerca del siguiente corredor, una segunda argolla de carga sobresalía de la pared. A diferencia de la primera, aquella ya no conservaba nada sujeto a ella: uno de sus gruesos eslabones permanecía abierto hacia los lados, deformado en lugar de cortado. Justo alrededor, las huellas humanas perdían otra vez cualquier formación reconocible. Algunas apuntaban hacia el interior. Otras regresaban varios pasos hacia la plataforma. Ninguna evidencia permitía explicar todavía qué había ocurrido allí.

El silencio regresó después del último eco de la compuerta que acababan de abrir. No había nadie esperándolos en aquella cámara ni movimiento visible en el corredor de enfrente. Solamente el agua bajo sus pies, el puente retraído y una máquina antigua que convertía tres simples válvulas en una secuencia donde el orden importaba tanto como el resultado. Esta vez, equivocarse no significaría que una puerta permaneciera cerrada.
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26-09-2026, 03:04 PM
Al tirar de la palanca, Kishue contempló cómo la aguja alcanzaba la marca correcta y el portón protector comenzaba a elevarse. Los engranajes se quejaron, pero nada se rompió ni cayó sobre sus cabezas, lo cual ya le parecía una buena señal. El guardián había mantenido el exterior despejado y ahora les correspondía decidir si continuar. Kishue miró a Rin, después a Rei y nuevamente a Rin antes de asentir con firmeza.

—Vamos… Con mucho cuidado y detrás de mí. Si algo intenta aplastarnos, será mejor que me encuentre primero.

Kishue cruzó el umbral y dejó atrás al desconocido. Supuso que aquel hombre se marcharía cuando se cansara de esperar o cuando tuviera hambre; él habría escogido lo segundo, pero ya no era asunto suyo. Avanzó por el corredor descendente mientras los sonidos del exterior desaparecían. Al descubrir que las pisadas se superponían y cambiaban bruscamente de dirección, levantó una mano con la palma abierta y se detuvo, indicándoles a sus amigas que hicieran lo mismo.

Sus ojos recorrieron primero el suelo y la argolla torcida. Después examinó las paredes, el techo y, finalmente, el camino que acababan de recorrer. La roca fracturada alrededor del anclaje le desagradó más que el hierro deformado. Algo había tirado con mucha fuerza desde allí, aunque no podía saber qué. Kishue mantuvo su cuerpo entre las gemelas y el resto del descenso antes de volver a caminar, apoyando cada pie con mayor cuidado sobre la piedra húmeda.

—Tengan cuidado. Que una puerta nos dejara pasar no significa que las demás cosas sean igual de amables. Miren bien dónde pisan.

Mientras descendía, Kishue buscó los indicios más evidentes de una trampa: grietas, placas hundidas o alguna abertura en las paredes. También vigiló cuesta arriba, por si una roca gigantesca decidía perseguirlos como en aquella película que había visto con su madre mediante uno de esos extraños proyectores de luz. No recordaba el nombre del aventurero, pero sí que corría muchísimo más rápido que él. Por eso prefería encontrar la piedra antes de que la piedra lo encontrara.

La cámara subterránea terminó explicando buena parte de la instalación. El agua atravesaba la montaña bajo las plataformas, los raíles continuaban al otro lado y el puente retraído parecía construido para transportar cargamentos con rapidez. Kishue observó aquellas conexiones con creciente interés. Todavía ignoraba si aquel sistema había sido secreto o formaba parte de la economía del país, pero, restaurado, podría facilitar mucho el movimiento de suministros por Kirigakure y quizá por todo el País del Agua.

Entonces encontró las tres válvulas, el manómetro y otra placa llena de números. Kishue leyó las instrucciones una vez, soltó un suspiro y volvió a leerlas, sin encontrarles mayor simpatía. Comprendía que cada válvula debía accionarse una vez, que el orden importaba y que salir del intervalo señalado podía provocar una descarga violenta. También comprendía que Rin y Rei llegarían a la respuesta bastante antes que él. Señaló el panel con el pulgar y luego dirigió la mirada hacia el canal.

—Rin, Rei, este problema tiene números, un orden exacto y una forma de lanzarnos al agua si nos equivocamos. Es más suyo que mío. Resuélvanlo y hagan funcionar el puente; yo investigaré qué hay debajo.

Sujetando con firmeza el Kanabō no Samehada, Kishue dejó que la transformación recorriera su cuerpo. Su piel adquirió una tonalidad azulada y quedó cubierta por duras escamas; las branquias aparecieron a los costados de su cuello, sus dientes se afilaron y una aleta dorsal sobresalió de su espalda. Se aproximó al borde, comprobó la corriente y saltó de cabeza hacia el agua. Mientras las hermanas estudiaban el mecanismo, él intentaría explorar el canal y averiguar adónde conducía antes de que activaran el puente.
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26-09-2026, 05:25 PM
El ascenso del portón confirmó que la distribución de los contrapesos era correcta. Rei levantó ambos brazos con una sonrisa satisfecha, celebrando que sus cálculos no hubieran terminado derribando parte de la montaña sobre ellos. Rin se limitó a observar la aguja detenida en ciento cincuenta y ocho y el movimiento estable de los engranajes. No sonrió ni reclamó mérito alguno, pero alzó ligeramente el mentón mientras cruzaba el umbral. Había esperado que la combinación funcionara; comprobarlo solo reforzaba su silencioso orgullo.

<Sabía que los números no iban a matarnos. Al menos no estos>

Las hermanas siguieron a Kishue tal como les había indicado. Rin avanzó inmediatamente detrás de él, manteniendo una distancia suficiente para reaccionar sin perderlo de vista. Rei cerró la formación unos dos metros más atrás. Mientras descendían, ella contemplaba las vigas, las argollas y los surcos con una curiosidad difícil de esconder, imaginando el tránsito que alguna vez habría recorrido aquella instalación. Rin observaba las mismas estructuras de una manera diferente: cada grieta podía ocultar un mecanismo y cada losa irregular podía ser el inicio de una trampa.

Cuando Kishue levantó la mano, Rin se detuvo en el mismo instante. Rei, distraída siguiendo con la mirada una unión de piedra que recorría el techo, dio un paso adicional y chocó contra la espalda de su hermana. Retrocedió llevándose una mano a la frente, más ofendida por la sorpresa que lastimada. Rin volvió apenas el rostro hacia ella, sin apartar por completo la atención de las huellas desordenadas que habían provocado la advertencia.

<Podrías avisar antes de convertirte en pared>

<Kishue avisó. Tú estabas mirando la pared>

El intercambio terminó allí. Rin reanudó el avance con la mirada en movimiento constante, desplazando los ojos entre suelo, techo y paredes mientras pequeños giros de su cuello ampliaban el espacio vigilado. Rei adoptó un método bastante menos discreto: giraba lentamente el cuerpo con cada pocos pasos, completando vueltas cuidadosas como un trompo perezoso. Había algo juguetón en el movimiento, pero no dejaba ángulos sin revisar y siempre recuperaba su posición detrás de Rin antes de continuar el descenso.

La cámara del canal detuvo sus exploraciones. Ambas observaron el puente retraído, la corriente bajo la plataforma y los raíles que continuaban al otro lado. Cuando Kishue anunció que investigaría bajo el agua mientras ellas resolvían el mecanismo, Rei aceptó de inmediato. Rin tardó más. Sus ojos fueron del manómetro a la corriente y después regresaron a Kishue; no consideraba prudente dividirse en un lugar que mostraba señales recientes de violencia, pero tampoco encontró una alternativa mejor antes de verlo prepararse para saltar.

<De acuerdo. Ten cuidado ahí abajo y no permitas que la corriente investigue contigo>

Rin adelantó una mano como si fuera a detenerlo, aunque terminó cerrándola antes de alcanzarlo. No discutió el plan. Permaneció observando hasta que Kishue desapareció bajo el agua y solo entonces se volvió hacia el panel. Rei ya estaba leyendo la placa en voz baja. La presión comenzaba en cinco; las válvulas añadían cuatro, añadían seis y restaban cinco. Todas debían utilizarse exactamente una vez, sin permitir que la aguja descendiera de tres ni superara diez.

Rei señaló primero la válvula B. Accionarla al inicio llevaría la presión hasta once y activaría la descarga. Comenzar con C la reduciría a cero, por debajo del margen seguro. Por tanto, solamente A podía abrir la secuencia: cinco más cuatro alcanzaba nueve. Desde allí, C reducía la presión a cuatro y dejaba espacio suficiente para que B sumara seis, terminando exactamente en diez. Rin repitió las operaciones en silencio, comprobando cada transición antes de ofrecer un asentimiento breve.

<Ya está. Primero giramos A para subir de cinco a nueve; después C para bajar a cuatro; y por último B para terminar en diez>

<A, C y B. Ese es el único orden seguro>

Rei apoyó la mano cerca de la primera empuñadura, sin girarla todavía. Ambas habían encontrado la solución, pero aguardaron un instante para comprobar nuevamente la escala y las advertencias antes de comenzar.
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26-09-2026, 06:04 PM
La deducción de Rin y Rei no dejaba ninguna contradicción. A → C → B era, efectivamente, la única secuencia capaz de llevar la presión desde cinco hasta diez sin abandonar en ningún momento el intervalo seguro. Sin embargo, mientras Rei mantenía la mano junto a la primera válvula sin llegar a girarla, el manómetro permaneció exactamente donde estaba. Nada se movió todavía en la plataforma. La estación parecía esperar aquella última orden. Tadashi el olvidado tampoco apareció tras ellos; muy atrás, más allá de corredores y de la primera compuerta, continuaba respetando la instrucción de mantener cerrado el acceso exterior, plantéandose la aventura que hubiera tenido si alguien lo hubiera invitado a seguir.  En aquella parte de la montaña no quedaba nadie más que los tres shinobi... al menos nadie que hubiese decidido mostrarse.

El salto de Kishue produjo una breve explosión de espuma antes de que el agua volviera a cerrarse sobre él. Bajo la superficie, la construcción resultaba mucho mayor de lo que permitía imaginar la cámara superior. La plataforma no descansaba directamente sobre el canal: estaba sostenida por pilares de mampostería entre los que corrían gruesas tuberías, cadenas y dos cilindros hidráulicos conectados al puente retraído. Las ranuras de los raíles continuaban incluso bajo el borde, confirmando que todo aquel sistema había sido construido para desplazar cargamentos de un lado al otro. El agua avanzaba con fuerza pero de manera uniforme, y la transformación de Kishue le permitía distinguir entre la penumbra varios metros por delante. Allí encontró el primer detalle que no pertenecía al diseño original: una pesada rejilla de alivio situada bajo la plataforma aparecía hundida hacia dentro, con tres de sus barras dobladas casi formando un arco.

Aquello explicaba también parte de lo ocurrido en la superficie. Una cuerda gruesa atravesaba dos de las barras deformadas y terminaba en el mismo tipo de gancho utilizado para asegurar cargamentos. Más allá había restos de un cajón destrozado, pero no se habían acumulado allí simplemente por la corriente. Uno de sus tablones permanecía incrustado contra el sentido del agua, profundamente clavado entre dos piedras. La cadena que debía proteger aquella abertura estaba rota; varios de sus eslabones no presentaban un corte limpio, sino que habían sido estirados hasta abrirse. Y sobre la mampostería, comenzando junto a la rejilla y desapareciendo dentro de un conducto lateral completamente oscuro, podían distinguirse cuatro surcos paralelos. Eran demasiado regulares para pertenecer a un desprendimiento y demasiado anchos para haber sido producidos por cualquiera de las herramientas encontradas hasta entonces.

Entonces Kishue pudo ver por qué aquello importaba inmediatamente. Sobre uno de los cilindros había una pequeña placa de mantenimiento que desde arriba resultaba imposible leer. Tres líneas conectaban las válvulas A, C y B con diferentes cámaras del sistema, terminando todas en el mismo conducto de alivio donde estaba la rejilla deformada. Junto al esquema sobrevivían apenas unas palabras: «ANTES DE CICLO: ALIVIO LIBRE». La secuencia calculada por Rin y Rei seguía siendo correcta; el problema era que el mecanismo había sido diseñado suponiendo que el agua desplazada durante el ciclo tendría por dónde escapar. Ahora una mezcla de hierro retorcido, madera y cuerda obstruía buena parte de esa salida. Si el sistema recibía presión en esas condiciones, el agua tendría que buscar otro camino.

Como respondiendo a aquel descubrimiento, algo cambió dentro del conducto lateral. No fue una silueta ni un movimiento visible. Primero llegó una vibración débil a través de la piedra, suficientemente profunda para sentirse más que escucharse. Después, una nube de sedimento salió lentamente desde la oscuridad y atravesó los cuatro surcos de la pared antes de dispersarse en la corriente. Uno de los fragmentos del cajón atrapados junto a la rejilla se desplazó unos centímetros por sí solo y volvió a quedar inmóvil. Arriba, Rin y Rei no podían ver nada de aquello, pero sí pudieron percibir un único golpe sordo transmitido por la estructura bajo sus pies. La aguja del manómetro tembló apenas sobre el 5 y regresó a su sitio.

El último obstáculo de aquella estación ya no consistía en descubrir una combinación. La combinación estaba resuelta. Frente a Rin y Rei quedaban las tres válvulas preparadas para ejecutar A → C → B; debajo de ellas, Kishue había encontrado el conducto que debía absorber la presión del ciclo parcialmente bloqueado, junto con evidencias de que la última gente que había utilizado aquella instalación no había abandonado el lugar con calma. Entre los restos incluso permanecía atrapado un pequeño fragmento de tela idéntico al encontrado mucho antes entre las piedras del falso derrumbe. El rastro que había comenzado junto al camino cerrado terminaba allí abajo, frente a una abertura oscura donde algo había doblado hierro, arrancado una cadena y dejado marcas que ninguna carreta podía explicar. Y desde ese mismo conducto llegó entonces un segundo golpe. Esta vez, considerablemente más cerca.
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26-09-2026, 08:07 PM
Bajo la superficie, Kishue abrió los ojos y permitió que las branquias trabajaran mientras la espuma producida por su entrada se alejaba con la corriente. La plataforma ocultaba mucho más de lo que había podido observar desde arriba: pilares de mampostería, cadenas, tuberías gruesas y dos cilindros conectados al puente retraído. Nadó alrededor de las estructuras sin tocarlas al principio, distinguiendo qué piezas pertenecían al mecanismo y cuáles habían llegado hasta allí arrastradas por el agua.

La rejilla hundida llamó inmediatamente su atención. Entre sus barras dobladas había una cuerda enganchada, restos de madera y una cadena rota que reducían el espacio disponible para el paso del agua. Los cuatro surcos de la pared y la oscuridad del conducto lateral resultaban mucho menos fáciles de explicar. Kishue sintió la vibración transmitida por la piedra y observó la nube de sedimento salir de aquella abertura. El segundo golpe, más cercano, lo hizo apretar los dientes y orientar el cuerpo hacia ella.

Kishue no comprendía cada parte de aquella máquina, pero había estudiado con Aiko lo suficiente sobre el sistema hidráulico de Kirigakure para reconocer un conducto de alivio. Ella le había enseñado una idea sencilla que incluso él podía recordar sin llenar una pizarra: si el agua entraba empujada por un lado, necesitaba otro lugar por donde salir. Activar las válvulas con aquella rejilla obstruida podía romper algo o enviar toda la presión hacia donde no debía.

La placa de mantenimiento confirmó su sospecha. Kishue leyó las palabras conservadas y siguió con la mirada las líneas que conectaban las válvulas con el conducto bloqueado. Rin y Rei podían tener la secuencia correcta, pero todavía no era seguro utilizarla. Miró una vez hacia la superficie, aunque sabía que sus amigas no podrían distinguir su expresión desde allí. Después dejó el Kanabō no Samehada apoyado sobre el fondo, cerca de uno de los pilares y al alcance de su mano.

Se impulsó contra la corriente hasta llegar a la rejilla y comenzó por los restos más sueltos. Introdujo ambas manos entre las barras, sujetó una sección del cajón y tiró de ella procurando no forzar las tuberías cercanas. Cuando una tabla demasiado larga quedó atravesada entre las piedras, hundió sus garras en la madera para debilitarla. Intentó partirla en fragmentos menores, utilizando después los dientes afilados para quebrar las fibras que todavía mantenían unidas las piezas.

No trabajó con delicadeza, pero tampoco golpeó todo cuanto encontró. Apartó la madera, desgarró las partes de cuerda que podía retirar sin tirar de las conexiones y trató de liberar los eslabones abiertos de la cadena. Cada fragmento separado fue empujado corriente arriba o arrojado con fuerza hacia la superficie, buscando sacarlo del canal para que no volviera a atascarse más adelante. Cuando encontraba resistencia, afirmaba los pies contra la mampostería y tiraba con todo el peso de su cuerpo transformado.

La rejilla deformada representaba el problema más difícil. Kishue sujetó dos de sus barras arqueadas e intentó separarlas lo suficiente para recuperar el espacio original del conducto, cuidando que ninguna pieza suelta penetrara en la abertura oscura. Luego introdujo un brazo entre ellas y buscó restos atrapados detrás, empleando las garras para arrancarlos y los dientes para reducir cuanto resultara demasiado grande. Su objetivo era despejar por completo el paso antes de que Rin y Rei accionaran la primera válvula.

Aun así, Kishue no olvidó los golpes procedentes del túnel lateral. Entre cada tirón dirigía la mirada hacia los cuatro surcos y la nube de sedimento, preparado para apartarse o tomar el Kanabō si algo surgía de la oscuridad. El miedo permanecía allí, pegado a su espalda como la corriente, pero no dejó de trabajar. Si aquel conducto era la única salida segura para la presión, pensaba limpiarlo tan rápido como pudiera y sacar los últimos obstáculos hasta la superficie.
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V090: Disciplina Ascética

DEFECTOS
V048: Adicción (Hablar con su pez)
V054: Último Acto
V057: Fobia III (Arañas)
V065: Lealtad
V069: Sinceridad
V077: Prosopagnosia
V083: Traicionable
V085: Venganza (Hoshigaki)
V088: Psicopatía
Rin to Rei
Rango Chuunin
Clan Akizu
Nivel 11
Estadísticas
Generales
Fuerza25(2)
Destreza100(5)
Ctrl. de Chakra15(1)
Inteligencia25(2)
Especiales
Salud11
Velocidad16
Tenketsu11
Sigilo11
460
525
Enlace al Post
28-09-2026, 02:08 PM
Última modificación: 28-09-2026, 02:09 PM por Rin to Rei.
Rin y Rei comprobaron una última vez la secuencia. La presión comenzaba en cinco; A la elevaría hasta nueve, C la reduciría a cuatro y B la dejaría exactamente en diez. Ninguna encontró un error en el cálculo, pero tampoco accionó todavía la primera válvula. Ambas observaron el puente retraído y después el agua bajo la plataforma. Algunos fragmentos removidos por Kishue alcanzaban la superficie, aunque desde aquella posición no podían saber cuánto había conseguido despejar ni qué provocaba los golpes transmitidos por la estructura.

Rin se acercó al borde y examinó la corriente, la salida del canal y el arco de piedra por donde desaparecía el agua. Las señales de violencia encontradas durante el descenso seguían sin explicación: huellas desordenadas, argollas deformadas y una cadena rota mediante fuerza. La combinación matemática podía ser correcta y aun así activar algo para lo cual no estaban preparadas. Rin regresó al panel sin tocarlo y miró a su hermana con una rigidez que Rei reconoció inmediatamente.

<Será mejor que nos preparemos por si algo sale mal>

Rin volvió brevemente la vista hacia el corredor por el cual habían llegado.

<Rei, ve a avisarle al hombre que vigila la entrada. Cuéntale lo que encontramos y regresa. Si algo ocurre aquí, al menos alguien sabrá dónde buscarnos>

Rei tardó en responder. No le agradaba abandonar a Rin en la plataforma mientras Kishue permanecía bajo el agua, menos aún después de escucharla admitir que tenía un mal presentimiento. Sus ojos fueron del panel a la corriente y terminaron sobre su hermana. <Acabas de decir que algo puede salir mal y tu siguiente idea es quedarte sola junto al mecanismo que puede provocarlo>

<Kishue está abajo. No voy a dejarlo>

Rin sostuvo su mirada sin suavizar la decisión.

<Ve. Corre y vuelve antes de que tenga que contradecirte dos veces>

Rei no consideraba aquel plan bueno, pero tampoco podía negar su utilidad. Si la compuerta se cerraba, el canal se desbordaba o la estructura cedía, nadie en el exterior conocería la situación de los tres. Retrocedió unos pasos antes de girarse y emprendió el regreso a toda velocidad. Atravesó la cámara de los contrapesos, continuó por el corredor y cruzó el acceso despejado, procurando memorizar cualquier cambio para contárselo a Rin cuando volviera.

Rin quedó sola frente al panel. El sonido del agua parecía mayor sin los comentarios de Rei, y cada vibración de la plataforma le recordaba que Kishue trabajaba debajo. Soltó lentamente el aire y apoyó la mano sobre la válvula A. Habían resuelto el problema y necesitaban avanzar; esperar sin nueva información no volvería más segura la cámara. Giró A hasta completar su recorrido, pasó inmediatamente a C y la accionó una sola vez. Después sujetó B y realizó el último giro de la secuencia establecida, atenta al manómetro, al puente y al agua.

Rei encontró al vigilante todavía cerca de la barricada exterior. Se detuvo frente a él recuperando el aliento, aunque no perdió tiempo con explicaciones innecesarias.

<Encontramos una estación subterránea, un canal conectado al lago y un puente hidráulico. Kishue está explorando bajo el agua y Rin acaba de iniciar el mecanismo. Hay huellas recientes, hierro deformado y señales de que algo ocurrió dentro. Si no regresamos o escucha una descarga, avise a Kirigakure y no entre solo>

Tras asegurarse de haber transmitido todo lo necesario, Rei se preparó para correr de vuelta hacia su hermana.
Narrador General
Rango Genin
Clan Senju
Nivel 6
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra0(1)
Inteligencia90(4)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu9
Sigilo15
390
300
Enlace al Post
29-09-2026, 02:40 PM
La primera respuesta del mecanismo llegó desde abajo. El trabajo de Kishue había retirado suficiente madera, cuerda y hierro suelto para que, cuando Rin completó la secuencia A → C → B, el conducto de alivio pudiera asumir nuevamente la presión para la que había sido construido. La aguja recorrió nueve, descendió hasta cuatro y terminó exactamente en diez; entonces una masa de agua atravesó la rejilla deformada, arrancando los últimos fragmentos que Kishue había debilitado sin reventar las tuberías ni devolver la descarga contra la cámara. Sobre la superficie, dos cilindros hidráulicos comenzaron a extenderse y el puente metálico salió lentamente de su alojamiento hasta completar los seis metros del vacío, alineando por primera vez los raíles de ambos extremos. Mientras aquello ocurría, Tadashi recibió la advertencia de Rei sin minimizarla: abandonó por unos instantes su puesto únicamente para enviar a uno de los trabajadores del camino hacia el Refugio del Lago con un informe dirigido a las autoridades, y volvió después junto a la barricada. Nadie entraría allí sin saber exactamente lo que se había encontrado. 

El otro extremo de la plataforma terminó de ordenar las piezas que habían acompañado toda la investigación. Tras el puente aparecía un pequeño almacén de transferencia y, junto a sus paredes, tres carros vacíos del mismo ancho que los surcos encontrados desde el camino exterior. Allí estaban también las herramientas que realmente habían sido utilizadas, tablas convertidas en cajas, rollos de cuerda y un libro de movimientos abandonado abierto sobre una mesa. Sus últimas páginas no describían reparaciones: durante varias semanas una parte de la cuadrilla había aprovechado el conocimiento de aquella antigua Estación del Lago para extraer piezas metálicas, herramientas y mercancías olvidadas en sus depósitos, empaquetarlas allí dentro y trasladarlas por la plataforma hasta un embarcadero secundario conectado con el lago. Los carros entraban desde el camino y quedaban almacenados en la estación; los cargamentos salían por agua. El falso desprendimiento, las herramientas de adorno, los trabajos nocturnos, las luces observadas por los pescadores y los cajones arrastrados habían servido únicamente para mantener vacía una ruta desde la cual nadie debía descubrir aquella operación. Sin embargo, las últimas anotaciones cambiaban abruptamente de tono: una jornada había sido interrumpida después de que algo golpeara repetidamente la rejilla inferior; la siguiente registraba una cadena arrancada y la pérdida de un cargamento. Después de eso, no había más movimientos.

La explicación del estaba completa, pero no explicaba aquello que había obligado a sus propios responsables a abandonar un escondite que hasta entonces les había funcionado perfectamente. Bajo la plataforma, una vez despejada la salida, el flujo de agua removió años de sedimento del conducto lateral y dejó expuesto algo que antes permanecía enterrado: los cuatro surcos continuaban varios metros hacia la oscuridad y, entre dos piedras, permanecía enganchada una placa curva de materia endurecida que no pertenecía a ninguna máquina ni cargamento de la estación. Más adentro llegó otro impacto; esta vez no contra la rejilla, sino contra alguna superficie profunda del túnel, seguido por un arrastre lento que hizo vibrar el agua y luego se perdió en dirección al lago. Aquellos hombres habían ocultado la estación para poder saquearla; algo distinto había conseguido que dejaran de volver. Con el fraude descubierto, la ruta identificada y las autoridades ya advertidas, la investigación podía darse por concluida. Lo que habitaba o utilizaba aquel conducto era otro problema completamente diferente.

Fin de Side Quest C — Más Allá del Camino Cerrado.
Desbloqueado: Incursión en el Lago del Eco.
Masashi Kishimoto
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29-09-2026, 06:44 PM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: Side Quest — Más Allá del Camino Cerrado (TID 14864)
Tipo: Side Quest · Rango: C
  • Rin to Rei — Participante (100%): 1000 Ryos, 10 Tobis, 90 Exp
  • Kishue — Participante (100%): 1000 Ryos, 10 Tobis, 90 Exp

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
Moderador Shinigami
Rango Staff
Clan Sin Clan
Nivel 3
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra0(1)
Inteligencia45(2)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu12
Sigilo9
270
255
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29-09-2026, 06:44 PM
[Imagen: 2SIowDu.jpeg]
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