20-09-2026, 07:00 PM
En condiciones normales el Hospital de Konohagakure era un ambiente controlado, donde los pasillos lucían despejados y los cirujanos experimentados atendían cada caso con parsimonia. Sin embargo, La reciente movilización de tropas debido al estallido de las hostilidades con Kirigakure había dejado a la aldea con un personal médico desprovisto de sus figuras más experimentadas. La gran mayoría de los Iryō-nin capacitados para cirugías complejas habían sido desplegados hacia la zona de conflicto para establecer carpas médicas en el campo. En el hospital solo quedaba un puñado de médicos veteranos encargados de la supervisión general y jóvenes aprendices que intentaban sostener la rutina diaria de Konoha.
En medio de esta delicada escasez, las puertas dobles del área de triaje se abrieron de golpe, rompiendo el tenso silencio del pasillo. Un murmullo de angustia y varios pasos apresurados precedieron la llegada de un grupo de reclutas de la Academia Ninja. No eran combatientes heridos en el frente, sino niños que acababan de sufrir un grave accidente durante una práctica de campo en los sectores periféricos de la aldea. Un ejercicio se había salido de control, dejando a varios estudiantes con cuadros de deshidratación y severas quemaduras en sus brazos, rostros y torso.
—¡Necesitamos camillas en la zona tres!—gritó uno de los ninjas medicos—. ¿Qué fue lo qué pasó?
— Uno de los niños estaba practicando un jutsu de elemento fuego y perdio el control. Lastimo a todos estos chicos accidentalmente —dokp uno d de los instructores de la Academia que los acompañaba, con el rostro sucio de hollín y la mirada desencajada por la culpa.
El vestíbulo se convirtió en un torbellino de movimiento. Las ruedas de las camillas chirriaron contra el suelo mientras los pocos enfermeros disponibles corrían a socorrer a los pequeños. Los llantos de dolor de los estudiantes resonaban en las paredes y sus uniformes estaban chamuscados y pegados a la dermis abrasada. Sus cuerpos temblaban violentamente debido al shock.
Entre el bullicio, el Dr. Kazama, el cirujano principal a cargo de la guardia esa tarde, avanzaba a paso firme con una tabla de expedientes bajo el brazo. Las ojeras marcadas en su rostro revelaban que llevaba horas sin descansar, asumiendo solo el control de un hospital casi vacío. Al divisar a Argeon y a otros genin aprendices sus ojos reflejaron un alivio inmediato.
—¡Ustedes! —exclamó Kazama, deteniéndose frente a ellos y señalandolos directamente con la pluma que llevaba en la mano—. ¿Son genin aprendices no es así? Sé perfectamente que están lejos de ser ninjas medicos pero desde este momento les asigno la misión de colaborar con el hospital. Con este caso no vamos a tener el lujo de poder prescindir de nadie. Como saben, la guerra con Kirigakure se ha llevado a casi todo el personal, y nosotros nos hemos quedado sin manos para atender una emergencia tan simple como esta.
El médico veterano señaló hacia el grupo de niños heridos que comenzaban a ser acomodados en los camastros improvisados.
—Son niños de la Academia. Un mal manejo de fuego y calor en la periferia los ha dejado destrozados. Tienen abrasiones severas en la dermis, deshidratación y contracturas musculares agudas por la exposición térmica directa. Si no actuamos rápido, las quemaduras se infectarán o dejarán cicatrices rígidas que arruinarán sus fibras musculares antes de que puedan convertirse en genin. Por si fuera poco, la demanda imprevista ha obligado a poner a trabajar la caldera de esterilización a máxima capacidad para limpiar el instrumental quirúrgico, y la máquina se está sobrecalentando peligrosamente.
Kazama miró fijamente a los jóvenes genin, depositando en ellos una responsabilidad real pero acorde a sus capacidades de apoyo.
—Necesito que sean mi punto de apoyo. Necesito su chakra, su disciplina y su capacidad para mantener la calma mientras reciben ordenes bajo presión. Yo me ocupo de los casos más graves. Decidan como distribuirse en el servicio porque no podemos abarcar todo al mismo tiempo.
El cirujano extendió la mano, mostrando tres zonas clave del área de urgencias que requerían atención urgente:
—En la sala contigua, el sistema de esterilización de agua está echando vapor hirviendo por el uso continuo; si la caldera explota por la sobretemperatura, nos quedamos sin instrumental limpio para lavar y tratar las quemaduras de estos niños. El que manipule la naturaleza del chakra y tenga elemento agua puede enfriar desde afuera el equipo para estabilizarlo. Por otro lado necesito un asistente con pulso firme que me alcance el instrumental y lo sostenga mientras intervengo las quemaduras más profundas.
—El que vaya al quirófano conmigo, no hay tiempo que perder —dijo antes de empezar a caminar con paso apresurado hacia el quirófano.
La urgencia era clara y el tiempo comenzaba a correr.
En medio de esta delicada escasez, las puertas dobles del área de triaje se abrieron de golpe, rompiendo el tenso silencio del pasillo. Un murmullo de angustia y varios pasos apresurados precedieron la llegada de un grupo de reclutas de la Academia Ninja. No eran combatientes heridos en el frente, sino niños que acababan de sufrir un grave accidente durante una práctica de campo en los sectores periféricos de la aldea. Un ejercicio se había salido de control, dejando a varios estudiantes con cuadros de deshidratación y severas quemaduras en sus brazos, rostros y torso.
—¡Necesitamos camillas en la zona tres!—gritó uno de los ninjas medicos—. ¿Qué fue lo qué pasó?
— Uno de los niños estaba practicando un jutsu de elemento fuego y perdio el control. Lastimo a todos estos chicos accidentalmente —dokp uno d de los instructores de la Academia que los acompañaba, con el rostro sucio de hollín y la mirada desencajada por la culpa.
El vestíbulo se convirtió en un torbellino de movimiento. Las ruedas de las camillas chirriaron contra el suelo mientras los pocos enfermeros disponibles corrían a socorrer a los pequeños. Los llantos de dolor de los estudiantes resonaban en las paredes y sus uniformes estaban chamuscados y pegados a la dermis abrasada. Sus cuerpos temblaban violentamente debido al shock.
Entre el bullicio, el Dr. Kazama, el cirujano principal a cargo de la guardia esa tarde, avanzaba a paso firme con una tabla de expedientes bajo el brazo. Las ojeras marcadas en su rostro revelaban que llevaba horas sin descansar, asumiendo solo el control de un hospital casi vacío. Al divisar a Argeon y a otros genin aprendices sus ojos reflejaron un alivio inmediato.
—¡Ustedes! —exclamó Kazama, deteniéndose frente a ellos y señalandolos directamente con la pluma que llevaba en la mano—. ¿Son genin aprendices no es así? Sé perfectamente que están lejos de ser ninjas medicos pero desde este momento les asigno la misión de colaborar con el hospital. Con este caso no vamos a tener el lujo de poder prescindir de nadie. Como saben, la guerra con Kirigakure se ha llevado a casi todo el personal, y nosotros nos hemos quedado sin manos para atender una emergencia tan simple como esta.
El médico veterano señaló hacia el grupo de niños heridos que comenzaban a ser acomodados en los camastros improvisados.
—Son niños de la Academia. Un mal manejo de fuego y calor en la periferia los ha dejado destrozados. Tienen abrasiones severas en la dermis, deshidratación y contracturas musculares agudas por la exposición térmica directa. Si no actuamos rápido, las quemaduras se infectarán o dejarán cicatrices rígidas que arruinarán sus fibras musculares antes de que puedan convertirse en genin. Por si fuera poco, la demanda imprevista ha obligado a poner a trabajar la caldera de esterilización a máxima capacidad para limpiar el instrumental quirúrgico, y la máquina se está sobrecalentando peligrosamente.
Kazama miró fijamente a los jóvenes genin, depositando en ellos una responsabilidad real pero acorde a sus capacidades de apoyo.
—Necesito que sean mi punto de apoyo. Necesito su chakra, su disciplina y su capacidad para mantener la calma mientras reciben ordenes bajo presión. Yo me ocupo de los casos más graves. Decidan como distribuirse en el servicio porque no podemos abarcar todo al mismo tiempo.
El cirujano extendió la mano, mostrando tres zonas clave del área de urgencias que requerían atención urgente:
—En la sala contigua, el sistema de esterilización de agua está echando vapor hirviendo por el uso continuo; si la caldera explota por la sobretemperatura, nos quedamos sin instrumental limpio para lavar y tratar las quemaduras de estos niños. El que manipule la naturaleza del chakra y tenga elemento agua puede enfriar desde afuera el equipo para estabilizarlo. Por otro lado necesito un asistente con pulso firme que me alcance el instrumental y lo sostenga mientras intervengo las quemaduras más profundas.
—El que vaya al quirófano conmigo, no hay tiempo que perder —dijo antes de empezar a caminar con paso apresurado hacia el quirófano.
La urgencia era clara y el tiempo comenzaba a correr.
![[Imagen: uYoQ0If.jpeg]](https://imgur.com/uYoQ0If.jpeg)