● Lugar: Konohagakure no Sato, Zona Comercial.
Un almacén abandonado de miradas indiscretas de toda clase, ¿Qué daño podía hacer un lugar así?, las personas necesitaban desconectar de su día a día, estar en un ambiente distendido donde poder jugarse todos sus ahorros, un sitio para la depravación, el morbo y los deseos más oscuros se hacían realidad, los carruajes iban llegando a horas intempestivas mientras que, los que venían disfrutaban de toda clase de espectáculos, personas de a pie, gente con ryos de sobra y personas con la suficiente picaresca de creer que podrían arreglar su vida con un juego de cartas, la gama de clientes del sitio era enormes y los organizadores bueno, no dejaban pasar ni un cabo suelto, era una especie de grupo mas o menos exclusivo, ese lugar está bien apartado y los demás complejos lo protegían, zona de almacenes que servían como escondites y distintos negocios no del todo lícitos, y ahí estamos esperando que alguien vea a cerrarlo ¿no?
Físicamente aquel sitio no destacaba en nada, era un lugar como otro cualquiera, un almacén abandonado de la mano de cualquier dios piadoso, mas cerrado que un convento y, sin embargo los carruajes llegan, ¿era acaso magia?, si te adentrabas un poco más en la madriguera del conejo podrías ver que había guardias, hombres de una fuerza física clara custodiando el complejo, a la entrada, distintas gradas y un pasillo que llegaba hacia la zona de ring, en los lados una serie de mesas que formaban unas timbas, juegos de cartas apuestas y fichas, donde se juntaba toda la morralla que pudieras imaginar, jugadores endeudados, visionarios y algún que otro servidor del lugar, dando bebidas y copas a la gente para que se mantuvieran jugando, pese a que el lugar contaba con una iluminación notable nadie parecía estar preocupado por ser visto o reconocido, todos compartían esa sensación de anonimato, como si nadie viniera a buscarlo o tuvieran algún problema con estar ahí, tocaba muy mucho con la labor encomiable que hacia el servicio de seguridad, quizás hasta fueran ninjas que, se sacaban una especie de sobresueldo en esas tareas, la verdad es que diversión no paraba, cada día de la semana era un show, podían ser peleas clandestinas, combates en desventaja hasta pruebas de resistencia o golpes en la mandíbula, pensar y fantasear estaban a la orden del dia, ¿te atreves a entrar?