16-09-2026, 02:32 PM
[Misión Rango C Autonarrada] Protección del Taller
Petición: Aquí
Día 66 del Verano del Año 150 - Konohagakure no Sato, Zona Comercial.
El taller se encontraba en una calle secundaria de la Zona Comercial. Desde fuera parecía uno más, salvo por una ventana cubierta con tablas y una palabra todavía visible sobre la puerta, pese a que alguien había intentado borrarla.
PAGA.
Kuroto se detuvo unos segundos antes de entrar. Cerca del marco había una hendidura reciente y aún quedaban pequeños cristales en el suelo.
Dentro, un hombre de unos cincuenta años trabajaba sobre una mesa llena de piezas metálicas y herramientas.
- ¿Sí?
- Kuroto Uchiha. Me han enviado por la solicitud de protección.
El hombre dejó las pinzas y se limpió las manos con un paño.
- Isao. Pensaba que mandarían a alguien ayer.
Kuroto señaló la ventana.
- ¿Eso lo hicieron ellos?
- Anteayer. La pintura fue antes.
También había una estantería torcida, con dos baldas partidas y varias cajas colocadas provisionalmente en el suelo.
- ¿Y eso?
- La primera vez que entraron. Al principio solo venían a hablar. Decían que ofrecían protección a los negocios de esta calle. Les dije que llevaba veinte años sin necesitarla.
- Y no les gustó.
- No especialmente. Después rompieron eso, pintaron la puerta y luego la ventana. Ayer me dijeron que la próxima vez no romperían una ventana.
Aquello explicaba la petición.
- ¿Cuántos?
- Tres. Siempre los mismos.
- ¿Armas?
- Uno lleva un cuchillo. Otro suele traer un bastón.
- ¿Han atacado a alguien?
Isao dudó.
- A mí todavía no.
Kuroto lo miró.
- No he preguntado eso.
- A un comerciante de telas le rompieron la nariz. Pagó después.
- ¿Y tú?
- No pienso darles nada.
- Bien.
Isao arqueó una ceja.
- ¿Bien?
- Es más fácil protegerte si no estás pensando salir detrás de ellos con una bolsa de dinero.
El artesano soltó una risa y regresó a su mesa. Kuroto pasó las siguientes horas dentro del establecimiento. No tenía necesidad de esconderse. Si los hombres veían que el taller estaba bajo protección de Konoha y decidían marcharse, también servía. Tras comprobar la puerta trasera y asegurarse de que podía vigilar la entrada desde una silla junto a la ventana, sacó de su mochila un libro que llevaba varios días leyendo. Isao levantó la vista.
- ¿Te han mandado a protegerme o a estudiar?
- Las dos cosas no son incompatibles.
El capítulo hablaba de Eiyu Sarutobi y de los primeros años de la comunidad que terminaría convirtiéndose en Konoha. Kuroto había leído ya parte de aquella historia: los Hijos del Alba, las negociaciones entre clanes y la unión de Sarutobi, Senju y Uchiha bajo una misma causa. Se detuvo un poco más al llegar a la parte dedicada a su propio clan. Le resultaba extraño pensar que familias que durante tanto tiempo habían defendido sus propios intereses hubieran acabado aceptando que necesitaban a las demás. Pasó una página.
- ¿Historia? -Preguntó Isao.
- Sí.
- Nunca tuve paciencia para eso.
- Se nota.
El martillo dejó de sonar.
- ¿Eso era una broma?
Kuroto bajó la vista al libro.
- No.
Isao negó con la cabeza, divertido.
- Definitivamente era una broma.
La espera terminó poco después del mediodía. Kuroto vio acercarse a tres hombres desde el extremo de la calle. Uno era ancho de hombros, otro llevaba un bastón corto en la cintura y el tercero caminaba algo retrasado. Cerró el libro.
- Son ellos. -Dijo Isao.-
- Sigue trabajando.
Los tres se detuvieron frente al taller. El más ancho entró primero.
- Isao. Te dimos hasta hoy.
- Y yo ya os respondí.
Entonces reparó en Kuroto. Su mirada bajó un instante hacia Homurakiba.
- ¿Y este?
- Kuroto Uchiha.
El del bastón dejó de sonreír por un momento. El primero, en cambio, soltó una carcajada.
- ¿Has llamado a un shinobi por una ventana rota?
- Por eso y por las amenazas. -Respondió Kuroto.-
- Esto es un asunto entre nosotros y él.
- Ya no.
El hombre miró a Isao.
- Dos mil.
- No.
El del bastón entró también y golpeó con los nudillos una mesa.
- Creo que no lo estás entendiendo. Ya rompimos una ventana. Podemos romper más cosas.
Kuroto levantó la mirada.
- No toques nada.
- ¿Qué?
- Has venido a hablar. Habla.
El más ancho avanzó hacia él.
- Tú no sabes cómo funcionan las cosas por aquí.
- Parece sencillo. Pedís dinero y, si no os pagan, rompéis cosas. -Nadie respondió.- Eso no es protección.
La sonrisa del hombre desapareció. Su mano derecha comenzó a buscar el interior de la chaqueta. Kuroto lo vio.
- No.
- ¿No qué?
- No saques el cuchillo.
Durante un instante ninguno se movió. El hombre decidió probar suerte. Kuroto atrapó su muñeca antes de que terminara de sacar el arma, la giró y bloqueó el brazo a su espalda. El cuchillo cayó al suelo. El del bastón reaccionó casi al mismo tiempo. Lanzó un golpe horizontal hacia la cabeza de Kuroto, que se inclinó para dejarlo pasar y sujetó su muñeca al finalizar el movimiento. Tiró de él hacia delante y lo recibió con el hombro en el pecho antes de barrerle una pierna. El hombre cayó de espaldas.
- ¡Hijo de...!
Intentó levantarse, pero Kuroto puso una bota sobre el bastón.
- Quédate ahí.
El primero volvió a abalanzarse sobre él. Kuroto dejó pasar el puñetazo junto a su cara, abrió su guardia con el antebrazo y le clavó un golpe seco en el abdomen. Cuando se dobló, lo sujetó por el hombro y lo llevó al suelo. No necesitó Sharingan ni Homurakiba. El tercero seguía junto a la puerta. Miró a sus dos compañeros. Luego a Kuroto.
- Yo no llevo nada.
- No he preguntado.
El hombre retrocedió.
- Esto no merece la pena.
Se dio la vuelta y salió corriendo. Kuroto no lo siguió. Tenía dos hombres delante y a Isao detrás. Perseguir al tercero solo dejaría al artesano sin protección.
El del bastón miró hacia la salida.
- Yo también me voy.
- No.
- Ni siquiera he hecho nada.
Kuroto miró el bastón.
- Has intentado golpearme con eso.
- Porque estabas atacando a mi amigo.
Kuroto señaló el cuchillo del suelo.
- Tu amigo estaba sacando un arma.
El hombre decidió callarse. Una patrulla llegó poco después, avisada por uno de los comerciantes cercanos. Ambos fueron puestos bajo custodia y Kuroto entregó el cuchillo y el bastón. El tercero había escapado, pero media calle lo había visto salir corriendo y no sería difícil identificarlo. Cuando todo terminó, Isao regresó a su mesa.
- Supongo que ahora tendré que arreglar la ventana.
- Sí.
- Esperaba que dijeras que Konoha se hacía cargo.
- No.
- Tenía que intentarlo...
Kuroto recogió su mochila. El libro de Eiyu Sarutobi quedó unos segundos a la vista.
- ¿Te ha dado tiempo a terminar el capítulo?
- No.
- Una pena.
Kuroto se colocó la mochila al hombro.
- Puede esperar.
Antes de salir, miró una última vez hacia Isao.
- Si vuelve alguien, informa otra vez.
- ¿Y mandaréis otro Uchiha?
Kuroto abrió la puerta.
- Si tienes suerte.
La carcajada del artesano todavía podía escucharse cuando abandonó el taller.
Petición: Aquí
Día 66 del Verano del Año 150 - Konohagakure no Sato, Zona Comercial.
El taller se encontraba en una calle secundaria de la Zona Comercial. Desde fuera parecía uno más, salvo por una ventana cubierta con tablas y una palabra todavía visible sobre la puerta, pese a que alguien había intentado borrarla.
PAGA.
Kuroto se detuvo unos segundos antes de entrar. Cerca del marco había una hendidura reciente y aún quedaban pequeños cristales en el suelo.
Dentro, un hombre de unos cincuenta años trabajaba sobre una mesa llena de piezas metálicas y herramientas.
- ¿Sí?
- Kuroto Uchiha. Me han enviado por la solicitud de protección.
El hombre dejó las pinzas y se limpió las manos con un paño.
- Isao. Pensaba que mandarían a alguien ayer.
Kuroto señaló la ventana.
- ¿Eso lo hicieron ellos?
- Anteayer. La pintura fue antes.
También había una estantería torcida, con dos baldas partidas y varias cajas colocadas provisionalmente en el suelo.
- ¿Y eso?
- La primera vez que entraron. Al principio solo venían a hablar. Decían que ofrecían protección a los negocios de esta calle. Les dije que llevaba veinte años sin necesitarla.
- Y no les gustó.
- No especialmente. Después rompieron eso, pintaron la puerta y luego la ventana. Ayer me dijeron que la próxima vez no romperían una ventana.
Aquello explicaba la petición.
- ¿Cuántos?
- Tres. Siempre los mismos.
- ¿Armas?
- Uno lleva un cuchillo. Otro suele traer un bastón.
- ¿Han atacado a alguien?
Isao dudó.
- A mí todavía no.
Kuroto lo miró.
- No he preguntado eso.
- A un comerciante de telas le rompieron la nariz. Pagó después.
- ¿Y tú?
- No pienso darles nada.
- Bien.
Isao arqueó una ceja.
- ¿Bien?
- Es más fácil protegerte si no estás pensando salir detrás de ellos con una bolsa de dinero.
El artesano soltó una risa y regresó a su mesa. Kuroto pasó las siguientes horas dentro del establecimiento. No tenía necesidad de esconderse. Si los hombres veían que el taller estaba bajo protección de Konoha y decidían marcharse, también servía. Tras comprobar la puerta trasera y asegurarse de que podía vigilar la entrada desde una silla junto a la ventana, sacó de su mochila un libro que llevaba varios días leyendo. Isao levantó la vista.
- ¿Te han mandado a protegerme o a estudiar?
- Las dos cosas no son incompatibles.
El capítulo hablaba de Eiyu Sarutobi y de los primeros años de la comunidad que terminaría convirtiéndose en Konoha. Kuroto había leído ya parte de aquella historia: los Hijos del Alba, las negociaciones entre clanes y la unión de Sarutobi, Senju y Uchiha bajo una misma causa. Se detuvo un poco más al llegar a la parte dedicada a su propio clan. Le resultaba extraño pensar que familias que durante tanto tiempo habían defendido sus propios intereses hubieran acabado aceptando que necesitaban a las demás. Pasó una página.
- ¿Historia? -Preguntó Isao.
- Sí.
- Nunca tuve paciencia para eso.
- Se nota.
El martillo dejó de sonar.
- ¿Eso era una broma?
Kuroto bajó la vista al libro.
- No.
Isao negó con la cabeza, divertido.
- Definitivamente era una broma.
La espera terminó poco después del mediodía. Kuroto vio acercarse a tres hombres desde el extremo de la calle. Uno era ancho de hombros, otro llevaba un bastón corto en la cintura y el tercero caminaba algo retrasado. Cerró el libro.
- Son ellos. -Dijo Isao.-
- Sigue trabajando.
Los tres se detuvieron frente al taller. El más ancho entró primero.
- Isao. Te dimos hasta hoy.
- Y yo ya os respondí.
Entonces reparó en Kuroto. Su mirada bajó un instante hacia Homurakiba.
- ¿Y este?
- Kuroto Uchiha.
El del bastón dejó de sonreír por un momento. El primero, en cambio, soltó una carcajada.
- ¿Has llamado a un shinobi por una ventana rota?
- Por eso y por las amenazas. -Respondió Kuroto.-
- Esto es un asunto entre nosotros y él.
- Ya no.
El hombre miró a Isao.
- Dos mil.
- No.
El del bastón entró también y golpeó con los nudillos una mesa.
- Creo que no lo estás entendiendo. Ya rompimos una ventana. Podemos romper más cosas.
Kuroto levantó la mirada.
- No toques nada.
- ¿Qué?
- Has venido a hablar. Habla.
El más ancho avanzó hacia él.
- Tú no sabes cómo funcionan las cosas por aquí.
- Parece sencillo. Pedís dinero y, si no os pagan, rompéis cosas. -Nadie respondió.- Eso no es protección.
La sonrisa del hombre desapareció. Su mano derecha comenzó a buscar el interior de la chaqueta. Kuroto lo vio.
- No.
- ¿No qué?
- No saques el cuchillo.
Durante un instante ninguno se movió. El hombre decidió probar suerte. Kuroto atrapó su muñeca antes de que terminara de sacar el arma, la giró y bloqueó el brazo a su espalda. El cuchillo cayó al suelo. El del bastón reaccionó casi al mismo tiempo. Lanzó un golpe horizontal hacia la cabeza de Kuroto, que se inclinó para dejarlo pasar y sujetó su muñeca al finalizar el movimiento. Tiró de él hacia delante y lo recibió con el hombro en el pecho antes de barrerle una pierna. El hombre cayó de espaldas.
- ¡Hijo de...!
Intentó levantarse, pero Kuroto puso una bota sobre el bastón.
- Quédate ahí.
El primero volvió a abalanzarse sobre él. Kuroto dejó pasar el puñetazo junto a su cara, abrió su guardia con el antebrazo y le clavó un golpe seco en el abdomen. Cuando se dobló, lo sujetó por el hombro y lo llevó al suelo. No necesitó Sharingan ni Homurakiba. El tercero seguía junto a la puerta. Miró a sus dos compañeros. Luego a Kuroto.
- Yo no llevo nada.
- No he preguntado.
El hombre retrocedió.
- Esto no merece la pena.
Se dio la vuelta y salió corriendo. Kuroto no lo siguió. Tenía dos hombres delante y a Isao detrás. Perseguir al tercero solo dejaría al artesano sin protección.
El del bastón miró hacia la salida.
- Yo también me voy.
- No.
- Ni siquiera he hecho nada.
Kuroto miró el bastón.
- Has intentado golpearme con eso.
- Porque estabas atacando a mi amigo.
Kuroto señaló el cuchillo del suelo.
- Tu amigo estaba sacando un arma.
El hombre decidió callarse. Una patrulla llegó poco después, avisada por uno de los comerciantes cercanos. Ambos fueron puestos bajo custodia y Kuroto entregó el cuchillo y el bastón. El tercero había escapado, pero media calle lo había visto salir corriendo y no sería difícil identificarlo. Cuando todo terminó, Isao regresó a su mesa.
- Supongo que ahora tendré que arreglar la ventana.
- Sí.
- Esperaba que dijeras que Konoha se hacía cargo.
- No.
- Tenía que intentarlo...
Kuroto recogió su mochila. El libro de Eiyu Sarutobi quedó unos segundos a la vista.
- ¿Te ha dado tiempo a terminar el capítulo?
- No.
- Una pena.
Kuroto se colocó la mochila al hombro.
- Puede esperar.
Antes de salir, miró una última vez hacia Isao.
- Si vuelve alguien, informa otra vez.
- ¿Y mandaréis otro Uchiha?
Kuroto abrió la puerta.
- Si tienes suerte.
La carcajada del artesano todavía podía escucharse cuando abandonó el taller.
-Hablo-
-Pienso-
-Narro-
-Narro-
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