16-09-2026, 01:31 PM
La mañana del sexagésimo tercer día de verano comenzó cubierta por la niebla habitual de Kirigakure. La humedad se acumulaba sobre las ventanas del edificio administrativo y convertía los tejados de la aldea en siluetas difusas. Dentro de una de las oficinas destinadas a distribuir misiones, una chūnin de cabello negro mantenía extendido un mapa sobre su escritorio. Tres marcas azules seguían el recorrido del canal oriental; la última había sido rodeada varias veces con tinta roja.
La mujer se llamaba Nozomi. Llevaba el chaleco reglamentario cerrado hasta el cuello y tenía las mangas recogidas para evitar mancharlas con la tinta de los numerosos informes acumulados a su derecha. Cuando Rin y Rei estuvieron frente al escritorio, colocó tres fichas de madera sobre las marcas del mapa.
—Estos son los puestos de señalización que guían a las embarcaciones desde la costa hasta los canales interiores. —explicó—. El primero conserva su luz; el segundo comenzó a señalar una dirección incorrecta y el tercero dejó de verse por completo anoche.
Dos barcos mercantes habían tenido que detenerse fuera del canal después de advertir la contradicción entre las señales. Un tercero siguió la luz equivocada y encalló temporalmente sobre un banco de barro. Nadie resultó herido y la carga fue recuperada, pero otro error semejante podría provocar una colisión contra las barreras de piedra que protegían la entrada de la aldea.
La misión consistía en recorrer los tres puestos, comprobar sus lámparas y recuperar cualquier componente ausente. Nozomi entregó a las hermanas una caja de mantenimiento que contenía herramientas, mechas, aceite y dos cristales de repuesto. También colocó sobre el escritorio una autorización sellada para inspeccionar los almacenes situados junto al canal.
—Los faroles no se desorientan solos y una lente tampoco abandona su soporte para salir a caminar. —añadió, apoyando un dedo sobre la tercera marca—. Si encuentran indicios de manipulación, dejen de tratarlo como una avería. Identifiquen al responsable y eviten que vuelva a acercarse a las señales.
El recorrido comenzaba en una compuerta secundaria de Kirigakure. Allí las esperaba Iwao, supervisor del canal, un hombre ancho de hombros, vestido con un impermeable oscuro y botas cubiertas de barro seco. La barba gris le cubría buena parte del rostro y de su cinturón colgaba un pesado manojo de llaves.
Más allá de la compuerta, el canal se internaba entre muros de piedra húmeda y almacenes construidos sobre pilotes. La niebla permitía distinguir la luz blanca del primer puesto, aunque ocultaba los otros dos. Varias embarcaciones permanecían amarradas a la espera de que la ruta fuera declarada segura.
Iwao observó la caja de herramientas y señaló una pasarela estrecha que avanzaba junto al agua.
—La primera señal está a doscientos metros. Desde allí podrán ver si la segunda continúa apuntando hacia los bajos. —indicó—. No pienso autorizar otra salida hasta que alguien me asegure que esas luces obedecerán al canal y no a quien las haya tocado.
El supervisor abrió la compuerta. La pasarela quedó disponible y, con ella, el comienzo de la inspección.
![[Imagen: chBNIhB.jpeg]](https://i.imgur.com/chBNIhB.jpeg)
![[Imagen: ffIFI3H.jpeg]](https://i.imgur.com/ffIFI3H.jpeg)