Konohagakure no Sato
Campos de Cultivos de Konohagakure
La misión fue entregada a Argeon en una de las oficinas administrativas de Konohagakure. El lugar permanecía ocupado desde primeras horas de la mañana; varios shinobi entraban y salían con documentos, mientras los encargados distribuían tareas según su urgencia y dificultad. Tras comprobar el nombre del joven en el registro, un chūnin de cabello oscuro, recogido en una coleta corta, le indicó que tomara asiento frente a su escritorio.
El hombre vestía el uniforme reglamentario de la aldea y llevaba un lápiz sujeto detrás de la oreja. Su expresión era seria, aunque no hostil. Extendió sobre la mesa un informe acompañado por un mapa sencillo de los campos situados en las afueras. Dos sectores habían sido marcados con tinta roja: los almacenes principales y varios tramos del cercado perimetral.
—No encontrarás enemigos ni secretos de Estado —explicó el chūnin, señalando el primer punto—. Los agricultores terminaron la cosecha, pero todavía quedan cajones en los campos. Deben trasladarse antes del anochecer; si permanecen otra noche a la intemperie, la humedad podría estropear parte del contenido.
Su dedo avanzó después hacia las marcas distribuidas alrededor de los cultivos. Algunos animales silvestres habían atravesado los cercados durante las noches anteriores, rompiendo tablones y aflojando varios soportes. El trabajo consistía también en revisar el perímetro, sustituir las piezas dañadas y comunicar cualquier desperfecto que no pudiera solucionarse con las herramientas disponibles.
—Es una tarea sencilla, pero no la hagas a medias. Un cajón mal colocado puede perder una cosecha, y una abertura pequeña basta para que los animales regresen. Cuando termines, el responsable de los campos firmará el informe.
Horas después, los edificios de la aldea habían quedado atrás. El sol iluminaba las extensiones cultivadas sin resultar sofocante, mientras una brisa fresca descendía desde los bosques y agitaba las hojas que todavía permanecían adheridas a algunos tallos. La temporada de cosecha se encontraba en sus últimos días. La mayor parte de los campos había sido despejada, aunque varios trabajadores continuaban reuniendo herramientas, atando sacos y preparando carros.
Los cajones pendientes estaban agrupados junto a un sendero de tierra. Algunos contenían tubérculos cubiertos por restos de suelo; otros guardaban frutas protegidas con capas de paja. A cierta distancia se alzaban los almacenes principales, construcciones amplias de madera con techos inclinados y puertas dobles preparadas para permitir el paso de las carretas. A lo largo del perímetro podían distinguirse varios huecos irregulares donde los tablones habían cedido.
El encargado esperaba cerca de una carreta cargada con herramientas. Era un agricultor de edad avanzada, ancho de hombros y piel curtida por años de trabajo bajo el sol. Llevaba las mangas remangadas, un sombrero de paja sujeto a la espalda y un pañuelo alrededor del cuello. Al advertir la llegada de Argeon, dejó sobre la carreta el martillo que estaba revisando y consultó el documento de la misión.
—Llegas a buena hora. La brisa ayuda, pero esos cajones pesan igual con buen clima que bajo la lluvia —comentó, devolviéndole el informe—. Comenzaremos por los que están junto al canal. Los alimentos van al almacén de la izquierda; las semillas reservadas para la próxima temporada, al de la derecha. No deben mezclarse.
Después señaló la carreta. Sobre ella había martillos, clavos, una palanca, cuerda y varios tablones cortados con medidas diferentes. Los daños más evidentes estaban en el cercado meridional, aunque el agricultor advirtió que también debía revisarse el tramo cercano al bosque. No bastaba con observar la madera: cada tabla debía probarse con cuidado para descubrir clavos sueltos o soportes debilitados.
—Si el poste está firme, cambia el tablón y clávalo. Si el poste se mueve desde la base, márcalo con esta pintura y déjalo para los carpinteros. No quiero que una reparación bonita se venga abajo cuando el primer jabalí apoye el hocico.
El agricultor dejó un par de guantes sobre los cajones más próximos y se apartó del sendero, permitiendo que Argeon evaluara por dónde comenzar. Frente a él aguardaban la última parte de la cosecha, los almacenes abiertos y un perímetro de madera que debía quedar asegurado antes de terminar la jornada.
![[Imagen: pBeQreq.jpeg]](https://i.imgur.com/pBeQreq.jpeg)
![[Imagen: uYoQ0If.jpeg]](https://imgur.com/uYoQ0If.jpeg)