16-09-2026, 01:34 AM
La convocatoria condujo a Rin y Rei hasta una oficina del ayuntamiento de Kirigakure durante las primeras horas de la mañana. La neblina cubría todavía los canales y convertía las construcciones del otro lado del agua en siluetas grises. Dentro del edificio, una lámpara de aceite permanecía encendida sobre una mesa ocupada por mapas, informes portuarios y tres pequeñas placas de vidrio coloreado.
El responsable de explicar la misión era Seijun Hozuki, un chūnin de mediana edad y complexión delgada. Llevaba el cabello negro recogido detrás de la cabeza, el chaleco abierto sobre una camisa azul y varias manchas de tinta alrededor de los dedos. Su forma de ordenar los documentos revelaba una paciencia considerablemente menor que la necesaria para redactarlos.
Seijun extendió un mapa del canal norte. Tres torres pequeñas aparecían marcadas junto a la ruta utilizada por embarcaciones mercantes. Cada baliza poseía una combinación distinta de lentes: blanco para indicar paso seguro, rojo para señalar peligro y verde para autorizar el ingreso a los embarcaderos secundarios.
—Alguien ha estado cambiando las señales después del anochecer. La primera baliza mostró rojo cuando el canal estaba libre; la segunda indicó paso seguro sobre una zona de poca profundidad. Una barcaza cargada de madera casi perdió el casco por seguir esa luz
No se trataba de errores aislados. Los mecanismos habían sido revisados una semana antes y los cuidadores conocían perfectamente el código. Además, una de las placas rojas legítimas había desaparecido del depósito portuario. En su lugar encontraron una imitación fabricada con vidrio barato, cuya tonalidad variaba al calentarse.
La situación había empeorado durante la noche anterior. Haru, auxiliar encargado de revisar la tercera baliza, no regresó al finalizar su turno. Sus superiores no sabían si había sido atacado, había huido o participaba voluntariamente en la manipulación.
—Esta noche atravesará el canal una embarcación con medicinas. Si recibe una señal falsa, puede terminar contra las rocas o en un embarcadero donde alguien ya la esté esperando. Tienen hasta el anochecer para averiguar qué ocurre
La inspección comenzaría en la primera baliza. Allí aguardaba Etsu, la cuidadora principal, una mujer de rostro estrecho, cabello entrecano y abrigo impermeable. La torre se levantaba sobre una plataforma de madera conectada a tierra mediante una pasarela. Su puerta no presentaba daños, pero la cerradura estaba cubierta por una sustancia oscura y pegajosa.
En el interior, el mecanismo de rotación permanecía intacto. La lente blanca había sido sustituida por una placa rojiza mal pulida. Cerca de la ventana aparecían pequeñas gotas de resina, una fibra de cuerda y una marca semicircular sobre el polvo. La trampilla inferior, utilizada para revisar los soportes, estaba cerrada, aunque uno de sus tornillos parecía más nuevo que los demás.
Etsu dejó sobre una mesa el registro de turnos y observó las lentes sin tocarlas.
—Yo cerré esta torre mostrando blanco. Cuando regresé al amanecer, la puerta seguía asegurada y el canal llevaba horas recibiendo una advertencia que nadie ordenó. Quien hizo esto conocía la cerradura o encontró otra entrada
La cuidadora podía responder preguntas, mientras la torre, la plataforma y sus mecanismos permanecían disponibles para una inspección completa.
El responsable de explicar la misión era Seijun Hozuki, un chūnin de mediana edad y complexión delgada. Llevaba el cabello negro recogido detrás de la cabeza, el chaleco abierto sobre una camisa azul y varias manchas de tinta alrededor de los dedos. Su forma de ordenar los documentos revelaba una paciencia considerablemente menor que la necesaria para redactarlos.
Seijun extendió un mapa del canal norte. Tres torres pequeñas aparecían marcadas junto a la ruta utilizada por embarcaciones mercantes. Cada baliza poseía una combinación distinta de lentes: blanco para indicar paso seguro, rojo para señalar peligro y verde para autorizar el ingreso a los embarcaderos secundarios.
—Alguien ha estado cambiando las señales después del anochecer. La primera baliza mostró rojo cuando el canal estaba libre; la segunda indicó paso seguro sobre una zona de poca profundidad. Una barcaza cargada de madera casi perdió el casco por seguir esa luz
No se trataba de errores aislados. Los mecanismos habían sido revisados una semana antes y los cuidadores conocían perfectamente el código. Además, una de las placas rojas legítimas había desaparecido del depósito portuario. En su lugar encontraron una imitación fabricada con vidrio barato, cuya tonalidad variaba al calentarse.
La situación había empeorado durante la noche anterior. Haru, auxiliar encargado de revisar la tercera baliza, no regresó al finalizar su turno. Sus superiores no sabían si había sido atacado, había huido o participaba voluntariamente en la manipulación.
—Esta noche atravesará el canal una embarcación con medicinas. Si recibe una señal falsa, puede terminar contra las rocas o en un embarcadero donde alguien ya la esté esperando. Tienen hasta el anochecer para averiguar qué ocurre
La inspección comenzaría en la primera baliza. Allí aguardaba Etsu, la cuidadora principal, una mujer de rostro estrecho, cabello entrecano y abrigo impermeable. La torre se levantaba sobre una plataforma de madera conectada a tierra mediante una pasarela. Su puerta no presentaba daños, pero la cerradura estaba cubierta por una sustancia oscura y pegajosa.
En el interior, el mecanismo de rotación permanecía intacto. La lente blanca había sido sustituida por una placa rojiza mal pulida. Cerca de la ventana aparecían pequeñas gotas de resina, una fibra de cuerda y una marca semicircular sobre el polvo. La trampilla inferior, utilizada para revisar los soportes, estaba cerrada, aunque uno de sus tornillos parecía más nuevo que los demás.
Etsu dejó sobre una mesa el registro de turnos y observó las lentes sin tocarlas.
—Yo cerré esta torre mostrando blanco. Cuando regresé al amanecer, la puerta seguía asegurada y el canal llevaba horas recibiendo una advertencia que nadie ordenó. Quien hizo esto conocía la cerradura o encontró otra entrada
La cuidadora podía responder preguntas, mientras la torre, la plataforma y sus mecanismos permanecían disponibles para una inspección completa.
![[Imagen: chBNIhB.jpeg]](https://i.imgur.com/chBNIhB.jpeg)
![[Imagen: ffIFI3H.jpeg]](https://i.imgur.com/ffIFI3H.jpeg)
![[Imagen: g8IfIJt.jpeg]](https://i.imgur.com/g8IfIJt.jpeg)