Bosque de Sakura
Argeon recibió la asignación durante la mañana en una de las oficinas administrativas de Konohagakure. El movimiento dentro del edificio ya era constante: mensajeros entregaban informes, varios shinobi aguardaban nuevas órdenes y los encargados organizaban las labores cotidianas de la aldea. Tras confirmar su identidad en el registro, fue conducido hasta un escritorio apartado, donde un chūnin de cabello castaño y barba cuidadosamente recortada revisaba un documento sujeto a una tablilla.
El hombre llevaba el chaleco reglamentario de Konoha sobre una camisa oscura y tenía varias manchas de tinta en los dedos. Extendió frente a Argeon un mapa del Bosque de Sakura, en el cual los senderos principales aparecían señalados con líneas verdes. Tres puntos de acopio habían sido rodeados con tinta roja y algunas señalizaciones dañadas estaban marcadas mediante pequeñas cruces.
—La misión consiste en dejar transitables estas rutas antes de que aumente la cantidad de visitantes. —explicó el chūnin mientras recorría el mapa con la punta de su lápiz—. Las últimas ráfagas desprendieron ramas secas y arrastraron suficiente hojarasca como para cubrir varios tramos del sendero.
Además de retirar los restos vegetales, Argeon debía revisar las señales de madera distribuidas por el bosque. Algunas se habían inclinado por la fuerza del viento; otras tenían los soportes flojos o apuntaban en direcciones incorrectas. Cerca de la entrada encontraría carretillas, rastrillos, cuerdas, martillos y clavos. Todo lo recolectado debía trasladarse a los puntos de acopio, sin abandonar montones nuevos a los costados del camino.
—No retires ramas que continúen unidas a los árboles ni abandones la hojarasca entre los arbustos. —añadió con tono firme—. Una chispa convertiría un montón seco en un problema mayor. Despeja primero el sendero central y después revisa las bifurcaciones.
El trayecto hasta el Bosque de Sakura transcurrió sin incidentes. Al llegar, el cielo permanecía despejado y el sol atravesaba las copas floridas, proyectando manchas de luz sobre el suelo. Una brisa fresca recorría constantemente el bosque y hacía oscilar las ramas cargadas de flores. Los pétalos rosados se desprendían con cada ráfaga y flotaban entre los árboles antes de depositarse sobre los caminos.
La belleza del lugar contrastaba con el estado de sus senderos. Las ramas secas aparecían dispersas sobre la tierra, algunas lo bastante gruesas para obligar a los viajeros a rodearlas. Junto a las curvas se habían formado cúmulos de hojas, pétalos y pequeñas ramificaciones empujados por el viento. En ciertos tramos, la acumulación cubría completamente el camino y ocultaba tanto sus límites como las piedras irregulares que podían hacer tropezar a quien avanzara sin precaución.
Las señales también mostraban las consecuencias del clima. Una permanecía inclinada hacia el sendero; otra giraba libremente sobre un clavo flojo, señalando alternativamente dos direcciones distintas cada vez que soplaba el viento. Más adelante, una tabla se había desprendido por completo y descansaba entre la hojarasca, todavía unida a su soporte mediante un fragmento de cuerda.
Cerca de la entrada aguardaban dos carretillas vacías y las herramientas mencionadas en el informe. Cada una llevaba pintado el símbolo de Konoha y una marca correspondiente a los puntos de acopio. El sendero central se extendía frente a Argeon bajo una capa irregular de restos vegetales, mientras otra ráfaga desplazaba nuevas hojas hasta aumentar el primer montón que debía retirar. Todo estaba dispuesto para que comenzara el trabajo.
![[Imagen: pBeQreq.jpeg]](https://i.imgur.com/pBeQreq.jpeg)
![[Imagen: uYoQ0If.jpeg]](https://imgur.com/uYoQ0If.jpeg)