08-09-2026, 11:22 PM
La misión reunió nuevamente a Kishue, Rin y Rei en el ayuntamiento. Esta vez no se trataba de proteger un establecimiento y esperar a que los criminales aparecieran, sino de aprovechar la información obtenida durante la captura anterior para terminar con ellos. Los nueve detenidos habían confirmado la existencia de Los Tres Arpones, pero los interrogatorios posteriores revelaron que la banda no se encontraba sola. Otro grupo empezaba a compartir sus negocios y parte de su territorio: la Pandilla Tritón.
El encargado extendió sobre la mesa un mapa de los canales orientales. Una marca señalaba el antiguo almacén de salazón situado al final del canal, detrás del mercado de pescado abandonado. La ubicación provenía de las preguntas realizadas por Kishue después del ataque al Akai Koi y coincidía con declaraciones de comerciantes que habían visto movimiento nocturno en la zona. Daigo, dirigente de Los Tres Arpones, utilizaba el edificio como punto de reunión y depósito de mercancía robada.
<Los Tres Arpones comenzaron cobrando protección a pequeños negocios, pero ahora también organizan hurtos, asaltos y robos de cargamentos. La captura de doce integrantes debilitó su presencia en las calles, aunque no terminó con la banda. Daigo sigue libre junto con al menos seis de sus hombres>
La Pandilla Tritón poseía un origen diferente. Sus integrantes trabajaban alrededor de los muelles, robaban embarcaciones pequeñas y atacaban cargamentos antes de que fueran registrados al entrar en Kirigakure. Se distinguían por llevar alguna prenda verde azulada y utilizaban arpones, ganchos o cuchillos propios de los trabajadores portuarios. Durante las últimas semanas empezaron a colaborar con Los Tres Arpones: unos identificaban negocios vulnerables y exigían dinero; los otros trasladaban lo robado por los canales.
La alianza había permitido que ambas bandas crecieran con rapidez. También explicaba por qué tantos hombres acudieron al Akai Koi después de la primera captura. Los Tres Arpones buscaban recuperar a sus compañeros, mientras la Pandilla Tritón necesitaba impedir que los interrogatorios condujeran hasta las rutas empleadas para transportar las mercancías. Llevarse a Kishue habría servido como intercambio y como advertencia contra cualquier otro shinobi que intentara intervenir.
<La misión consiste en entrar al almacén, capturar a Daigo y neutralizar a ambas bandas. La prioridad es detenerlos con vida y recuperar cualquier registro sobre negocios amenazados, informantes o cargamentos robados. No sabemos cuántos permanecen dentro, pero podrían ser entre quince y veinte. El edificio tiene una entrada desde el mercado y otra directamente sobre el canal>
Rei observó el mapa pensando en las personas cuyos nombres podían estar escritos en aquellos registros. Después de lo ocurrido con Tadayoshi, algunos comerciantes posiblemente continuaban pagando sin atreverse a denunciar. Para ellos, capturar a unos cuantos delincuentes no sería suficiente si otro grupo aparecía la semana siguiente para ocupar su lugar.
<Si trabajan juntos, también caerán juntos. Eso debería evitar que una banda venga a vengarse cuando atrapemos a la otra>
Rin prestó mayor atención a los accesos. La entrada del canal podía utilizarse para escapar en embarcaciones y la fachada del mercado probablemente estaría vigilada. Atacar solamente por un lado permitiría que los cabecillas abandonaran el almacén por el opuesto. Necesitaban observar el lugar antes de decidir dónde colocar a cada integrante del equipo.
<Primero confirmaremos las salidas. Daigo no puede saber que vamos por él hasta que estén cerradas>
El grupo abandonó el ayuntamiento poco después. Kirigakure se encontraba cubierta por una neblina baja, acompañada por una llovizna que se acumulaba sobre las calles sin llegar a convertirse en una lluvia fuerte. La actividad disminuía conforme avanzaban hacia los canales orientales. Los negocios abiertos mantenían sus mercancías cerca de las puertas y algunos propietarios vigilaban el exterior con una atención impropia de una jornada normal.
Rei notó cómo varias conversaciones se interrumpían al ver pasar a tres shinobi armados. No era desconfianza hacia ellos, sino miedo a que cualquier interés de las autoridades fuera observado por informantes. Rin no miró directamente a los comerciantes. Si Los Tres Arpones habían pagado ojos entre los trabajadores de la zona, lo mejor era avanzar como si ya conocieran exactamente su destino.
El olor a pescado y sal se hizo más intenso cerca del mercado abandonado. Los puestos permanecían cerrados, algunos con tablones sobre las entradas, y el canal discurría detrás de las construcciones sin el tránsito habitual de otras zonas. Desde allí divisaron el antiguo almacén. Era una estructura amplia, de dos niveles, con las ventanas cubiertas y parte del techo hundido por los años. La entrada principal miraba hacia el mercado; las compuertas de carga se abrían sobre un embarcadero posterior.
Rin condujo la observación desde una posición protegida entre dos puestos cerrados. Contó ocho enemigos visibles. Dos vigilaban la entrada principal: uno era un hombre corpulento con una hoja ancha en la cintura; el otro llevaba una cuerda roja alrededor del brazo y sostenía una tonfa. Ambos pertenecían a Los Tres Arpones y revisaban a cualquiera que se aproximara desde el mercado.
Tres sujetos más ocupaban el embarcadero. Vestían prendas verde azuladas propias de la Pandilla Tritón y descargaban cajas desde una embarcación estrecha. Uno tenía un arpón corto, otro llevaba dos cuchillos curvos y el tercero mantenía un gancho de carga apoyado sobre el hombro. La barca permanecía amarrada, pero orientada hacia la salida del canal, preparada para partir sin necesidad de girar.
El sexto hombre se encontraba sobre el techo bajo del almacén, protegido parcialmente por una chimenea. Portaba una ballesta y podía observar tanto el mercado como una parte del canal. Los últimos dos recorrían el callejón occidental, alternándose entre una puerta lateral y las compuertas posteriores. Uno llevaba la cuerda roja de Los Tres Arpones; el otro, un pañuelo verde alrededor del cuello. La vigilancia mezclada confirmaba que las dos bandas compartían el lugar.
Rei comprobó las ventanas del nivel superior. Algunas tablas dejaban espacios pequeños por donde escapaba luz, pero desde aquella distancia no podía distinguir cuántas personas permanecían dentro. Escuchó voces, el movimiento de cajas y varios golpes metálicos. El almacén estaba ocupado por más hombres que los ocho distribuidos en el exterior.
Rin señaló silenciosamente las tres rutas disponibles. El mercado conducía directamente hasta los dos guardias principales; el callejón llegaba a la puerta lateral, aunque era patrullado; el canal ofrecía acceso al embarcadero, donde se encontraban los integrantes de la Pandilla Tritón y su embarcación de escape. Ninguna entrada podía tomarse sin alertar al menos a una parte del grupo.
<Ocho afuera y más dentro. Por una vez, Kishue no tendrá que esforzarse para conseguir que todos quieran golpearlo> comentó Rei en voz baja.
Rin mantuvo la mirada sobre el ballestero del techo. La broma de su hermana no modificaba el problema, aunque describía con bastante precisión aquello que probablemente ocurriría cuando empezaran. Aún no habían sido descubiertos y conservaban unos instantes para decidir cómo cerrar las salidas antes de atacar.
Los Tres Arpones y la Pandilla Tritón estaban reunidos dentro del mismo almacén. Frente a ellos aguardaban ocho vigilantes, una embarcación preparada para escapar y un número desconocido de enemigos en el interior. La misión finalmente podía comenzar.
![[Imagen: ffIFI3H.jpeg]](https://i.imgur.com/ffIFI3H.jpeg)
![[Imagen: chBNIhB.jpeg]](https://i.imgur.com/chBNIhB.jpeg)