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[Misión C] Pandilla Tritón
Rin to Rei
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08-09-2026, 11:22 PM
Misión
● Nombre de la Misión: Pandilla Tritón
● Información de la Misión: Se sabe que hay una pandilla que se está haciendo de renombre en Kiri por extorsión, hurto, atraco, entre otros crímenes, las noticias llegaron a los altos cargos de la aldea y quieren que les pongan un alto antes de que se salgan de control.
● Rango y Tipo de la Misión: Misión simple Rango C
● Fecha y Lugar: 35 Verano 150
● Cantidad de Usuarios: Kishue
● Cantidad máxima de horas por ronda: 72 Horas

La misión reunió nuevamente a Kishue, Rin y Rei en el ayuntamiento. Esta vez no se trataba de proteger un establecimiento y esperar a que los criminales aparecieran, sino de aprovechar la información obtenida durante la captura anterior para terminar con ellos. Los nueve detenidos habían confirmado la existencia de Los Tres Arpones, pero los interrogatorios posteriores revelaron que la banda no se encontraba sola. Otro grupo empezaba a compartir sus negocios y parte de su territorio: la Pandilla Tritón.

El encargado extendió sobre la mesa un mapa de los canales orientales. Una marca señalaba el antiguo almacén de salazón situado al final del canal, detrás del mercado de pescado abandonado. La ubicación provenía de las preguntas realizadas por Kishue después del ataque al Akai Koi y coincidía con declaraciones de comerciantes que habían visto movimiento nocturno en la zona. Daigo, dirigente de Los Tres Arpones, utilizaba el edificio como punto de reunión y depósito de mercancía robada.

<Los Tres Arpones comenzaron cobrando protección a pequeños negocios, pero ahora también organizan hurtos, asaltos y robos de cargamentos. La captura de doce integrantes debilitó su presencia en las calles, aunque no terminó con la banda. Daigo sigue libre junto con al menos seis de sus hombres>

La Pandilla Tritón poseía un origen diferente. Sus integrantes trabajaban alrededor de los muelles, robaban embarcaciones pequeñas y atacaban cargamentos antes de que fueran registrados al entrar en Kirigakure. Se distinguían por llevar alguna prenda verde azulada y utilizaban arpones, ganchos o cuchillos propios de los trabajadores portuarios. Durante las últimas semanas empezaron a colaborar con Los Tres Arpones: unos identificaban negocios vulnerables y exigían dinero; los otros trasladaban lo robado por los canales.

La alianza había permitido que ambas bandas crecieran con rapidez. También explicaba por qué tantos hombres acudieron al Akai Koi después de la primera captura. Los Tres Arpones buscaban recuperar a sus compañeros, mientras la Pandilla Tritón necesitaba impedir que los interrogatorios condujeran hasta las rutas empleadas para transportar las mercancías. Llevarse a Kishue habría servido como intercambio y como advertencia contra cualquier otro shinobi que intentara intervenir.

<La misión consiste en entrar al almacén, capturar a Daigo y neutralizar a ambas bandas. La prioridad es detenerlos con vida y recuperar cualquier registro sobre negocios amenazados, informantes o cargamentos robados. No sabemos cuántos permanecen dentro, pero podrían ser entre quince y veinte. El edificio tiene una entrada desde el mercado y otra directamente sobre el canal>

Rei observó el mapa pensando en las personas cuyos nombres podían estar escritos en aquellos registros. Después de lo ocurrido con Tadayoshi, algunos comerciantes posiblemente continuaban pagando sin atreverse a denunciar. Para ellos, capturar a unos cuantos delincuentes no sería suficiente si otro grupo aparecía la semana siguiente para ocupar su lugar.

<Si trabajan juntos, también caerán juntos. Eso debería evitar que una banda venga a vengarse cuando atrapemos a la otra>

Rin prestó mayor atención a los accesos. La entrada del canal podía utilizarse para escapar en embarcaciones y la fachada del mercado probablemente estaría vigilada. Atacar solamente por un lado permitiría que los cabecillas abandonaran el almacén por el opuesto. Necesitaban observar el lugar antes de decidir dónde colocar a cada integrante del equipo.

<Primero confirmaremos las salidas. Daigo no puede saber que vamos por él hasta que estén cerradas>

El grupo abandonó el ayuntamiento poco después. Kirigakure se encontraba cubierta por una neblina baja, acompañada por una llovizna que se acumulaba sobre las calles sin llegar a convertirse en una lluvia fuerte. La actividad disminuía conforme avanzaban hacia los canales orientales. Los negocios abiertos mantenían sus mercancías cerca de las puertas y algunos propietarios vigilaban el exterior con una atención impropia de una jornada normal.

Rei notó cómo varias conversaciones se interrumpían al ver pasar a tres shinobi armados. No era desconfianza hacia ellos, sino miedo a que cualquier interés de las autoridades fuera observado por informantes. Rin no miró directamente a los comerciantes. Si Los Tres Arpones habían pagado ojos entre los trabajadores de la zona, lo mejor era avanzar como si ya conocieran exactamente su destino.

El olor a pescado y sal se hizo más intenso cerca del mercado abandonado. Los puestos permanecían cerrados, algunos con tablones sobre las entradas, y el canal discurría detrás de las construcciones sin el tránsito habitual de otras zonas. Desde allí divisaron el antiguo almacén. Era una estructura amplia, de dos niveles, con las ventanas cubiertas y parte del techo hundido por los años. La entrada principal miraba hacia el mercado; las compuertas de carga se abrían sobre un embarcadero posterior.

Rin condujo la observación desde una posición protegida entre dos puestos cerrados. Contó ocho enemigos visibles. Dos vigilaban la entrada principal: uno era un hombre corpulento con una hoja ancha en la cintura; el otro llevaba una cuerda roja alrededor del brazo y sostenía una tonfa. Ambos pertenecían a Los Tres Arpones y revisaban a cualquiera que se aproximara desde el mercado.

Tres sujetos más ocupaban el embarcadero. Vestían prendas verde azuladas propias de la Pandilla Tritón y descargaban cajas desde una embarcación estrecha. Uno tenía un arpón corto, otro llevaba dos cuchillos curvos y el tercero mantenía un gancho de carga apoyado sobre el hombro. La barca permanecía amarrada, pero orientada hacia la salida del canal, preparada para partir sin necesidad de girar.

El sexto hombre se encontraba sobre el techo bajo del almacén, protegido parcialmente por una chimenea. Portaba una ballesta y podía observar tanto el mercado como una parte del canal. Los últimos dos recorrían el callejón occidental, alternándose entre una puerta lateral y las compuertas posteriores. Uno llevaba la cuerda roja de Los Tres Arpones; el otro, un pañuelo verde alrededor del cuello. La vigilancia mezclada confirmaba que las dos bandas compartían el lugar.

Rei comprobó las ventanas del nivel superior. Algunas tablas dejaban espacios pequeños por donde escapaba luz, pero desde aquella distancia no podía distinguir cuántas personas permanecían dentro. Escuchó voces, el movimiento de cajas y varios golpes metálicos. El almacén estaba ocupado por más hombres que los ocho distribuidos en el exterior.

Rin señaló silenciosamente las tres rutas disponibles. El mercado conducía directamente hasta los dos guardias principales; el callejón llegaba a la puerta lateral, aunque era patrullado; el canal ofrecía acceso al embarcadero, donde se encontraban los integrantes de la Pandilla Tritón y su embarcación de escape. Ninguna entrada podía tomarse sin alertar al menos a una parte del grupo.

<Ocho afuera y más dentro. Por una vez, Kishue no tendrá que esforzarse para conseguir que todos quieran golpearlo> comentó Rei en voz baja.

Rin mantuvo la mirada sobre el ballestero del techo. La broma de su hermana no modificaba el problema, aunque describía con bastante precisión aquello que probablemente ocurriría cuando empezaran. Aún no habían sido descubiertos y conservaban unos instantes para decidir cómo cerrar las salidas antes de atacar.

Los Tres Arpones y la Pandilla Tritón estaban reunidos dentro del mismo almacén. Frente a ellos aguardaban ocho vigilantes, una embarcación preparada para escapar y un número desconocido de enemigos en el interior. La misión finalmente podía comenzar.
[Imagen: ffIFI3H.jpeg]
Kishue
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09-09-2026, 12:03 PM
Kishue recibió la misión junto con Rin y Rei mediante una explicación breve. Los objetivos se encontraban reunidos en el lugar señalado y debían ser capturados antes de que descubrieran la presencia de los shinobi y escaparan por alguna de sus salidas. La cantidad exacta de enemigos en el interior todavía era incierta, pero aquello no modificaba demasiado la parte que Kishue podía cumplir. Si alguien debía entrar primero y atraer todas las miradas, el puesto parecía hecho especialmente para él.

Al llegar, Kishue estudió aquello que podía observar sin aproximarse demasiado. El edificio poseía una entrada principal y otras rutas por donde los ocupantes podrían escapar en cuanto comenzara el enfrentamiento. Tratar de ingresar los tres desde la misma dirección solo empujaría a los criminales hacia las salidas restantes. En cambio, mantenerlas vigiladas permitiría encerrarlos entre Kishue y las hermanas, obligándolos a escoger entre avanzar contra él o retroceder hacia Rin y Rei.

—Yo entraré por el frente. Ustedes cubran las otras salidas y devuelvan a cualquiera que intente escapar. —propuso mientras señalaba las rutas observadas—. No tienen que perseguirlos hacia dentro. Si corren en mi dirección, me estarán haciendo el trabajo más fácil.

La idea no necesitaba demasiadas instrucciones. Kishue cerraría el camino hacia el interior y haría suficiente ruido para que los primeros enemigos acudieran hasta él. Rin y Rei eran más rápidas, discretas y precisas, por lo que no tendrían dificultades para impedir que alguien abandonara el lugar. Una vez encerrados, la cantidad de criminales dejaría de importar tanto; no podrían dispersarse ni obligarlos a correr en varias direcciones.

Kishue salió de la posición donde habían observado el edificio. Vestía ropa de misión sencilla, una camisa azul oscura de mangas cortas y pantalones negros que no limitaban sus movimientos, acompañados por vendas en los antebrazos y las sandalias habituales. Las prendas dejaban suficiente libertad para utilizar su transformación sin quedar completamente atrapado en ellas. Su equipo era ligero y estaba distribuido alrededor del cuerpo para permitirle luchar sin detenerse a buscar nada.

Dos nudilleras permanecían aseguradas al alcance de sus manos. El porta-kunai rodeaba su pierna izquierda y el bolso de objetos descansaba sobre el lado derecho de su cadera, ligeramente hacia atrás. No llevaba el Kanabō no Samehada en aquella ocasión; si el espacio interior era reducido, sus propios puños y las nudilleras resultarían mucho más cómodos. La esfera de Mekka continuaba protegida entre sus ropas, lista si llegaba a necesitarlo.

Kishue avanzó directamente hacia la entrada. No se agachó, no buscó desplazarse entre las sombras ni intentó esconder el sonido de sus pasos. El sigilo nunca había sido su mejor herramienta y fingir lo contrario solo le haría perder tiempo. Su ventaja estaba en permanecer de pie cuando los demás esperaban verlo caer, soportar el primer golpe y devolver uno mucho más fuerte.

—Vamos a tocar la puerta, Mekka. —murmuró con una sonrisa—. Si tienen buenos modales, quizá se rindan antes de que tenga que derribarla.

Sin temor a ser descubierto, Kishue alcanzó el frente del edificio y comenzó a buscar a los primeros enemigos. No pretendía avanzar profundamente hasta saber quién lo esperaba, pero tampoco les permitiría esconderse durante mucho tiempo. Él ya había ocupado la entrada y, si el plan funcionaba, cualquier intento de escapar terminaría conduciéndolos directamente hacia las gemelas.
—Life Ends Whenever You Decide—
[Imagen: chBNIhB.jpeg]
Virtudes y Defectos
VIRTUDES
V006: Presencia Carismática
V017: Líder Nato
V032: Rostro Común
V033: Investigador
V035: Capacidad Sensorial Aumentada II (Olfato y Oído)
V090: Disciplina Ascética

DEFECTOS
V048: Adicción (Hablar con su pez)
V054: Último Acto
V057: Fobia III (Arañas)
V065: Lealtad
V069: Sinceridad
V077: Prosopagnosia
V083: Traicionable
V085: Venganza (Hoshigaki)
V088: Psicopatía
Rin to Rei
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10-09-2026, 12:54 PM
La estrategia de Kishue no necesitó una discusión prolongada. Consistía en convertirlo en el punto más visible del lugar y dejar las rutas de escape bajo la vigilancia de las gemelas. No era precisamente una maniobra sutil, pero la sutileza nunca había sido el recurso predilecto del muchacho. Si los ocupantes del edificio decidían enfrentarlo, él los mantendría lejos del interior. Si intentaban huir, tendrían que cruzarse con Rin o Rei.

Las hermanas intercambiaron una mirada. Para cualquiera habría sido un gesto insignificante, apenas un segundo de silencio compartido. Entre ellas bastó para repartir las direcciones y aceptar que ninguna debía abandonar su posición, aunque escuchara comenzar el combate al otro lado del edificio.

—Kishue acaba de pedirnos que le enviemos a todos los que intenten escapar. Qué considerado de su parte —comentó Rei, observando cómo el muchacho comenzaba a avanzar hacia la entrada principal.

Rin no apartó la mirada del edificio.

—Procura que lleguen al suelo antes de enviárselos

Rei sonrió de medio lado y se desplazó hacia la izquierda. Rin tomó el camino contrario.

El escondite de los bandidos se levantaba detrás de una extensión de terreno irregular, delimitada por una cerca parcialmente derribada y varios cobertizos demasiado pequeños para utilizarse como algo más que almacenes. La humedad había convertido el suelo en una mezcla de barro oscuro, piedras sueltas y charcos donde la escasa claridad se reflejaba de manera opaca. Frente a las puertas principales permanecían abandonados dos carros de carga. Uno conservaba varias cajas cubiertas por una lona; el otro descansaba inclinado sobre un eje roto, formando un obstáculo desde el cual podía vigilarse buena parte del acceso.

El costado derecho era más estrecho. Entre la pared del edificio y una hilera de barriles quedaba un corredor que conducía hasta una puerta de servicio. La madera alrededor de su cerradura estaba arañada y su bisagra inferior se encontraba ligeramente vencida, señales de que era utilizada con frecuencia y sin demasiado cuidado. Más adelante, el paso se abría hacia la parte posterior.

Rin se deslizó por aquel corredor procurando que el barro no revelara el sonido de sus pisadas. Avanzaba cerca de la pared, aprovechando las cajas y los toneles como interrupciones visuales. No necesitaba saber quién aparecería por aquella puerta para comprender cómo se movería: cualquiera que huyera de Kishue saldría deprisa, mirando hacia atrás y preocupado por aumentar la distancia. Difícilmente dedicaría atención al suelo.

Extrajo un carrete de hilo metálico y aseguró uno de los extremos en la base de un barril pesado. El hilo cruzó el corredor a poca altura y desapareció entre la penumbra, tensado hasta una argolla oxidada del marco contrario. Rin colocó una segunda línea un poco más atrás y en dirección oblicua. La primera atraparía los tobillos; la otra impediría recuperar el equilibrio con un paso apresurado. No pretendía herir de gravedad a nadie. Una caída contra el barro sería suficiente para robarle al fugitivo los segundos que necesitaba.

Una vez comprobó la tensión, Rin ocultó el carrete y retrocedió hasta el espacio existente entre dos grupos de cajas. Desde allí podía ver la puerta sin exponerse a cualquiera que mirara directamente hacia el corredor. Mantuvo una mano cerca de su arma y la respiración controlada, aunque su atención se desviaba, inevitablemente, hacia los sonidos procedentes del frente.

Rei encontró una salida distinta en el lateral izquierdo. Allí el espacio era más amplio y había sido empleado como una zona secundaria de carga. Una puerta doble, de menor tamaño que la principal, comunicaba el interior con una rampa de madera. A ambos lados se acumulaban cestos vacíos, redes húmedas y herramientas deterioradas. Más allá de la rampa comenzaba un sendero capaz de conducir a los ocupantes hacia otros edificios sin obligarlos a cruzar la entrada frontal.

Rei examinó la distancia entre la rampa y un poste inclinado. Podía colocar un hilo fijo como Rin, pero la claridad que llegaba desde una lámpara cercana amenazaba con hacerlo visible. En lugar de tensarlo desde el principio, dejó parte del hilo descansando entre el barro y las tablas. Ató un extremo al poste y conservó el otro consigo. Cuando alguien cruzara la salida, bastaría con tirar para levantar la línea delante de sus tobillos.

—Salir corriendo, tropezar y despertar amarrado. Casi parece una lección educativa —murmuró para sí mientras comprobaba que el hilo se deslizara sin atascarse.

Se refugió detrás del carro averiado, desde donde podía controlar la puerta lateral y una parte del sendero. Preparó el arco, pero mantuvo la flecha inclinada hacia el suelo. Su prioridad era cerrar la salida; únicamente dispararía si alguno descubría la trampa o aparecía con intenciones de atravesarla utilizando a otra persona como protección.

Mientras las gemelas completaban el cerco, Kishue continuó avanzando por el frente sin molestarse en ocultar su presencia. Las pisadas sobre las piedras y el movimiento de su figura bastaron para llamar la atención de los hombres apostados alrededor de la entrada. Uno de ellos fue el primero en separarse del carro cubierto. Era ancho de hombros, de cuello grueso y vestía un chaleco de cuero abierto sobre el torso. De su cintura extrajo una cuchilla pesada, semejante a un machete acortado y con el filo oscurecido por el uso.

A su izquierda se incorporó un sujeto mucho más delgado. Llevaba vendas sucias alrededor de los antebrazos y sostenía una lanza corta cuyo extremo había sido modificado con dos puntas adicionales. No parecía un arma fabricada por un herrero competente, pero sí una herramienta capaz de mantener a Kishue lejos de la puerta.

El tercero abandonó el espacio comprendido entre las hojas del acceso principal. Era bajo y compacto, con la cabeza afeitada y una cicatriz irregular que le deformaba una ceja. Enrollada alrededor de su brazo llevaba una cadena rematada por un gancho. La soltó lentamente, permitiendo que varios eslabones golpearan el suelo antes de comenzar a hacer girar el extremo armado.

Un cuarto hombre permaneció unos pasos por detrás, casi dentro del edificio. Vestía una capa corta manchada de salitre y sostenía una ballesta apoyada contra el hombro. No se apresuró a disparar. Su posición le permitía cubrir la entrada sin exponerse como los demás, además de alertar a quienes todavía permanecieran en el interior.

Los tres primeros se abrieron formando un arco delante de Kishue. El hombre de la cuchilla ocupó el centro y cortó el camino más directo hacia las puertas. El lancero avanzó por el flanco izquierdo, aprovechando el alcance de su arma para reducir el espacio disponible. El de la cadena tomó la derecha y extendió el gancho a ras del suelo, preparado para sujetar una pierna si el muchacho intentaba atravesar el cerco. Detrás de ellos, el ballestero mantuvo la línea de tiro entre dos compañeros.

—Ese es el mocoso del que hablaron. No permitan que ponga un pie dentro; rómpanle las piernas aquí fuera —ordenó el hombre de la cuchilla.

Las palabras alcanzaron ambos costados del edificio. Rei dejó de sonreír y desplazó ligeramente la punta de su flecha, buscando un ángulo desde el cual pudiera vigilar la salida sin perder por completo la referencia del frente. No veía a Kishue con claridad desde aquella posición, pero reconocía el sonido de las armas y la manera en que los bandidos habían concentrado toda su atención sobre él. El plan funcionaba. Aquello no significaba que le gustara escucharlo rodeado por tres hombres mientras un cuarto esperaba con una ballesta.

Rin reaccionó de una manera distinta. Contó las voces, calculó las distancias y mantuvo su sitio. Abandonarlo para acercarse al frente abriría una ruta de escape. Kishue no necesitaba que ella rompiera la estrategia al primer indicio de peligro; necesitaba que cumpliera exactamente la parte que le había confiado.

Desde el interior llegaron pasos apresurados y una pregunta ahogada que ninguno de los hombres de fuera respondió. Alguien se movió detrás de la puerta derecha. Rin bajó un poco más el cuerpo, escondiendo su silueta entre las cajas, y fijó la vista en la rendija del marco. Sus dos hilos permanecían inmóviles, prácticamente confundidos con las sombras del corredor.

En el lateral opuesto, Rei envolvió una vez el extremo del hilo alrededor de su mano y apoyó el arco contra el borde del carro. La trampa continuaba caída e invisible sobre el terreno. Si las puertas se abrían, esperaría hasta que los fugitivos hubieran comprometido el primer paso antes de tensarla.

El cerco había quedado completo. Delante, cuatro bandidos bloqueaban el acceso a Kishue y preparaban sus armas para impedirle avanzar. A la derecha, Rin aguardaba frente a la estrecha puerta de servicio, con dos líneas metálicas dispuestas para derribar a cualquiera que huyera por allí. A la izquierda, Rei permanecía oculta junto al carro roto, sosteniendo una trampa que solo existiría ante los ojos de los enemigos cuando ya fuera demasiado tarde para evitarla.

Los hombres creían estar rodeando a Kishue. Ninguno parecía haber comprendido todavía que las salidas acababan de cerrarse detrás de ellos.
[Imagen: ffIFI3H.jpeg]
Kishue
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11-09-2026, 01:28 AM
Las amenazas de los bandidos no modificaron el avance de Kishue. Su atención pasó del hombre armado con la cuchilla a los dos que comenzaban a rodearlo y, finalmente, al ballestero apostado detrás de ellos. Cuatro enemigos, tres trayectorias de ataque inmediatas y una entrada que debía atravesar para alcanzar al resto. No necesitaba una estrategia complicada. Rin y Rei se encargarían de cerrar las salidas; a él le correspondía convertirse en el problema que nadie dentro pudiera ignorar.

—Mekka, se acabó mirar. Es hora de pelear.

La transformación recorrió su cuerpo antes de que los hombres completaran el cerco. Su piel adquirió una tonalidad azulada y las escamas surgieron endureciéndose sobre sus brazos, torso y rostro. Las branquias se abrieron a ambos lados de su cuello, una aleta dorsal deformó parcialmente la espalda de sus ropas y sus dientes crecieron hasta llenar su boca de puntas serradas. Kishue encajó una nudillera kunai en cada mano y, ya sin rastro de su sonrisa, se lanzó directamente sobre el hombre del centro.

El bandido levantó la cuchilla para recibirlo. Kishue no redujo la velocidad ni intentó esquivarla. El filo descendió contra su hombro y raspó las escamas con un chirrido áspero, incapaz de atravesarlas. Para cuando el atacante comprendió que el golpe no lo había detenido, Kishue ya estaba dentro del alcance de su arma. El primer puñetazo se hundió en el pecho; el segundo impactó unos centímetros más arriba y le vació los pulmones. El tercero ascendió violentamente contra la mandíbula, levantándolo antes de dejarlo desplomarse de espaldas sobre el terreno húmedo.

La lanza llegó desde la izquierda. Una de sus puntas arañó las escamas que cubrían las costillas de Kishue, pero él permitió que el asta continuara deslizándose junto a su cuerpo. Giró sobre la pierna de apoyo y lanzó el empeine contra el costado del cuello del lancero. El impacto quebró su postura y lo obligó a inclinarse. Kishue completó el movimiento con un golpe breve de la nudillera contra la sien, utilizando la parte metálica y no el filo. El hombre cayó inconsciente antes de poder recuperar su arma.

La cadena del tercero alcanzó la pierna de Kishue y el gancho golpeó su muslo sin penetrar la armadura natural. En lugar de liberarse retrocediendo, el muchacho tiró de la cadena para arrastrar al bandido hacia él. Una barrida derribó sus piernas y le hizo golpear el barro con la espalda. Kishue cayó sobre una rodilla a su lado y descargó un único puñetazo en la sien. El cuerpo quedó inmóvil, con los dedos todavía cerrados alrededor de varios eslabones.

Los tres habían atacado. Ninguno había conseguido obligarlo a defenderse. Las escamas le permitían aceptar cada ofensiva, avanzar a través de ella y emplear los instantes que sus adversarios desperdiciaban esperando una reacción de dolor. Cuando Kishue levantó la mirada, una saeta abandonaba la ballesta desde el interior. La recibió contra el pecho. La punta se astilló al chocar con su protección y cayó partida frente a sus pies.

Kishue caminó hacia las puertas, pasando entre los tres cuerpos derribados. El ballestero retrocedió mientras trataba de colocar un segundo proyectil, pero sus manos no trabajaban con suficiente rapidez. Kishue soltó una de sus nudilleras, extrajo un kunai del portaarmas de su pierna izquierda y lo lanzó en un solo movimiento. La hoja atravesó la entrada y se hundió en el cuello del tirador, interrumpiendo la recarga y arrojándolo contra el marco.

—Ahora voy por los de adentro.

Sin detenerse a comprobar las salidas confiadas a Rin y Rei, Kishue recuperó la posición de combate y atravesó el acceso principal en busca de los enemigos restantes.
—Life Ends Whenever You Decide—
[Imagen: chBNIhB.jpeg]
Virtudes y Defectos
VIRTUDES
V006: Presencia Carismática
V017: Líder Nato
V032: Rostro Común
V033: Investigador
V035: Capacidad Sensorial Aumentada II (Olfato y Oído)
V090: Disciplina Ascética

DEFECTOS
V048: Adicción (Hablar con su pez)
V054: Último Acto
V057: Fobia III (Arañas)
V065: Lealtad
V069: Sinceridad
V077: Prosopagnosia
V083: Traicionable
V085: Venganza (Hoshigaki)
V088: Psicopatía
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11-09-2026, 01:40 AM
Desde sus posiciones en los laterales del edificio, Rin y Rei no pudieron observar cada detalle del enfrentamiento, pero los sonidos bastaron para reconstruir buena parte de lo ocurrido. El choque del machete contra las escamas de Kishue produjo un chirrido semejante al de una hoja arrastrándose sobre piedra. Después llegaron tres impactos consecutivos, secos y pesados, seguidos por el desplome del primer bandido. El lancero y el hombre de la cadena apenas tuvieron tiempo para ocupar sus flancos antes de correr la misma suerte.

Las armas empleadas por aquellos hombres podían intimidar a comerciantes y pescadores, pero no habían sido fabricadas para atravesar la protección natural de Kishue. Tampoco sus portadores poseían el entrenamiento necesario para encontrar una abertura entre las escamas o cambiar de táctica después del primer ataque fallido. Golpeaban con fuerza, esperando que el dolor detuviera a cualquier adversario común. Kishue, sin embargo, avanzaba aceptando cada impacto como si solamente fueran obstáculos menores entre él y el siguiente cuerpo.

El machete no consiguió abrirle el hombro. Las puntas de la lanza se desviaron sobre las escamas de sus costillas y el gancho golpeó su muslo sin penetrarlo. Cada bandido perdió unos instantes intentando comprender por qué su ofensiva no había funcionado; Kishue utilizó esos mismos instantes para derribarlos. El primero cayó tras la combinación de golpes contra el pecho y la mandíbula. El segundo perdió el equilibrio por la patada recibida en el cuello. El tercero terminó de espaldas en el barro después de que su propia cadena sirviera para atraerlo.

Para quienes contemplaban la escena desde el interior, la transformación del muchacho resultaba menos parecida a una armadura y más a una monstruosidad salida de las aguas que rodeaban Kirigakure. La piel azulada, las branquias abiertas y la hilera de dientes afilados contrastaban con su estatura. Aquellos hombres habían esperado intimidar a un joven que avanzaba sin refuerzos visibles; en su lugar, habían descubierto que ninguna de sus armas conseguía obligarlo siquiera a retroceder.

El ballestero fue quien peor recibió aquella evidencia. Había permanecido protegido por la entrada, convencido de que la distancia le permitiría disparar mientras los otros tres retenían al intruso. Cuando la primera saeta se rompió contra el pecho de Kishue, su seguridad desapareció. Trató de tomar un segundo proyectil, pero sus dedos temblaban tanto que no consiguió asentarlo sobre el canal de la ballesta. Miraba el arma, después al muchacho que se aproximaba y nuevamente el arma, como si repetir el gesto pudiera darle el tiempo que había perdido.

No llegó a completar la recarga. El kunai de Kishue atravesó el espacio existente entre ambos y se hundió en su cuello. El ballestero soltó el arma para llevarse las manos a la herida, aunque la reacción no sirvió para detener la sangre. Se desplomó contra el marco y terminó tendido junto a la entrada. Fue el primero de los bandidos en no levantarse porque ya no podía hacerlo, no por haber perdido el conocimiento.

La muerte quebró la poca seguridad que permanecía entre los ocupantes del edificio.

Uno de los hombres situados detrás del ballestero retrocedió de inmediato. Era joven, de cabello recogido y llevaba una porra corta colgando de la cintura, aunque ni siquiera intentó sacarla. Corrió hacia el interior chocando con una mesa y apartando varias cajas de su camino. Su aviso atravesó el edificio por encima del ruido de sus propios pasos.

<¡La entrada cayó! ¡El de piel azul derribó a los tres y atravesó el cuello de Gorō! ¡No pueden herirlo!>

El interior respondió con órdenes superpuestas. Algunos exigieron cerrar las puertas; otros propusieron lanzarse todos juntos contra Kishue. La noticia de que las armas no penetraban sus escamas convirtió ambas opciones en discusiones inútiles. Los hombres más próximos a la entrada comprendieron que ya no podían bloquearla, pero también sabían que permitirle avanzar sin resistencia dejaría al resto sin tiempo para alcanzar las salidas posteriores.

Tres bandidos ocuparon el corredor principal. El primero era un hombre corpulento con un pequeño escudo redondo reforzado por placas metálicas y una cuchilla ancha en la mano contraria. Se colocó delante, preparado para recibir el avance de Kishue aunque su respiración agitada revelaba que había visto lo ocurrido afuera. A su derecha se ubicó un sujeto desgarbado armado con un bichero de pesca, cuya punta curva podía atrapar una extremidad. El tercero, más joven que los demás, sostenía una barra de hierro con ambas manos y mantenía los pies demasiado separados, como si necesitara convencerse de que aquella postura impediría que lo derribaran.

No pretendían vencerlo. Su labor consistía en ocupar el pasillo, trabarse contra su avance y comprar algunos segundos para quienes retrocedían hacia el fondo. Detrás de ellos, varias figuras desaparecieron entre las cajas y las divisiones internas del almacén. Dos escogieron rutas distintas hacia las salidas laterales sin saber que las gemelas ya habían convertido ambos caminos en trampas.

El primero apareció por el lado derecho. Era un hombre de espalda encorvada, protegido por una chaqueta de cuero mal cerrada y armado con dos cuchillos cortos. Abrió la puerta de servicio con el hombro y salió mirando hacia atrás, más preocupado por averiguar si Kishue lo perseguía que por observar el estrecho corredor frente a él. Su primer pie superó el hilo de Rin. El segundo quedó atrapado a la altura del tobillo.

La carrera convirtió el tropiezo en una caída violenta. Intentó adelantar la otra pierna para recuperar el equilibrio, pero encontró la segunda línea dispuesta en diagonal. Su cuerpo giró antes de golpear el suelo, y uno de sus cuchillos escapó de su mano para deslizarse entre los barriles. El otro permaneció bajo su pecho.

Rin abandonó las sombras antes de que pudiera incorporarse. Plantó una rodilla entre sus omóplatos, le torció el brazo que todavía alcanzaba el cuchillo y lo obligó a soltarlo. No necesitó desenvainar su arma. Un golpe corto y preciso en la base del cráneo terminó de neutralizarlo, dejándolo inconsciente contra el barro. Después retiró ambos cuchillos de su alcance y volvió la mirada hacia la puerta abierta.

<Si el siguiente mira el suelo, tendrá la oportunidad de rendirse. Si corre como tú, caerá encima de ti>

No esperaba una respuesta del hombre inconsciente. La advertencia estaba dirigida a cualquier ocupante que escuchara desde el otro lado.

Casi al mismo tiempo, la salida izquierda se abrió con fuerza. Por ella escapó un bandido alto, vestido con pantalones amplios y una camisa sin mangas que dejaba visibles varios tatuajes de peces sobre sus brazos. Cargaba una bolsa abultada contra el pecho y una pequeña hacha en la mano derecha. A diferencia del fugitivo capturado por Rin, este sí miró frente a él. No encontró ningún hilo porque la trampa de Rei continuaba descansando entre el barro y las tablas de la rampa.

Esperó hasta que el hombre comprometió todo su peso sobre el siguiente paso. Entonces tiró.

El hilo metálico se levantó frente a sus tobillos. El bandido perdió el apoyo y salió despedido hacia delante, soltando la bolsa para protegerse la cara durante la caída. El hacha chocó contra la madera y quedó fuera de su alcance. Rei apareció desde detrás del carro averiado con el arco preparado. Antes de que el hombre pudiera volverse, la punta de una flecha ya estaba apoyada contra el espacio existente debajo de su mandíbula.

<Has elegido una salida vigilada, llevabas un hacha y además intentabas marcharte con la bolsa. Te aconsejo no añadir un movimiento estúpido a una colección tan completa de malas decisiones>

El fugitivo separó lentamente las manos del suelo. Rei apartó el hacha con el pie, examinó la bolsa sin abandonar su posición y comprobó que contenía dinero, documentos y varios objetos que probablemente pertenecían a las víctimas de la pandilla. Lo obligó a colocar ambos brazos detrás de la espalda y utilizó el mismo hilo de la trampa para atarle las muñecas. Un golpe con la empuñadura del arco lo dejó inconsciente solo cuando intentó girarse para alcanzarla.

Las dos capturas fueron escuchadas desde el interior. El golpe de los cuerpos contra el suelo, las órdenes de las gemelas y la ausencia de pasos alejándose confirmaron que aquellas rutas tampoco se encontraban libres. Los hombres que habían enviado a los fugitivos esperaron unos segundos, pero ninguno regresó para anunciar que había encontrado una salida segura.

Más atrás permanecían quienes parecían dirigir la organización: los Tres Arpones. El primero era un hombre de brazos largos cubierto por un abrigo impermeable y sostenía un arpón de asta oscura con una cabeza dentada. A su lado se encontraba una mujer robusta, de cabello rapado en uno de los costados, equipada con dos arpones cortos sujetos mediante cadenas a sus muñecas. El tercero era mayor y considerablemente más delgado; llevaba una red enrollada sobre el hombro y una espada curva en la cintura, además de varias cicatrices pequeñas alrededor de la boca.

Habían comenzado a retroceder convencidos de que sus subordinados mantendrían ocupado a Kishue mientras ellos abandonaban el almacén. El hombre del arpón largo se dirigió hacia la salida derecha, pero se detuvo al encontrar la puerta abierta y distinguir el cuerpo neutralizado bajo la vigilancia de Rin. La mujer comprobó el lateral izquierdo y alcanzó a ver a Rei terminando de asegurar a su prisionero. Ninguna ruta ofrecía ya una retirada limpia.

Los líderes se miraron sin necesidad de explicar lo evidente. Frente a ellos, Kishue avanzaba desde la entrada después de atravesar a los primeros defensores. Detrás, Rin y Rei controlaban las únicas salidas que habían preparado. Intentar abrirse paso contra una de las gemelas significaba combatir en un corredor estrecho, cruzar las trampas y confiar en que la otra no acudiera antes de lograr escapar.

La orden de retirada cambió. Los Tres Arpones abandonaron las puertas laterales y se internaron nuevamente en el almacén, desplazándose hacia sus secciones más profundas mientras llamaban a los hombres que todavía permanecían en pie. El del arpón largo ocupó la retaguardia; la mujer avanzó delante con ambas armas preparadas y el mayor comenzó a desenrollar su red mientras desaparecían detrás de una división de madera.

Rin mantuvo vigilada la salida derecha. Rei hizo lo mismo desde el lado contrario. No los persiguieron ni abandonaron el cerco que Kishue les había confiado. Los dos fugitivos permanecían neutralizados, los caminos exteriores continuaban cerrados y cualquier nuevo intento de escape acabaría frente a ellas.

Dentro, los líderes ya no buscaban abandonar el edificio.

Ahora retrocedían para escoger dónde presentar resistencia antes de que Kishue los alcanzara.
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Kishue
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11-09-2026, 02:10 AM
Los tres hombres que bloqueaban el corredor no parecían tan seguros ahora que Kishue había cruzado la entrada. El primero sostenía un escudo reforzado y una cuchilla; el segundo mantenía extendido el bichero, aprovechando el alcance de su punta curva, mientras el tercero levantaba una barra de hierro con ambas manos. Sus posiciones cubrían casi todo el pasillo, pero también los obligaban a permanecer dentro del alcance del muchacho si deseaban impedirle avanzar.

Kishue no se detuvo. Las escamas azules que cubrían su cuerpo comenzaron a recibir una segunda protección cuando canalizó chakra a través de ellas. Una película tenue se extendió desde sus brazos hacia el torso y las piernas, ajustándose a cada placa como una armadura adicional. Aquel recubrimiento reforzaba una defensa que las armas de los bandidos ya habían sido incapaces de superar y concentraba más fuerza alrededor de sus extremidades.

—Mekka, más duro. No pienso dejarles un hueco.

El hombre del escudo constituía el centro de aquella defensa, así que Kishue se lanzó primero contra él. En lugar de intentar rodearlo, bajó el hombro y buscó golpear directamente la protección para quebrar su postura. Preparó un segundo impacto contra las costillas expuestas detrás del borde metálico y un tercero ascendente hacia la mandíbula. Con el chakra reforzando sus brazos, cualquiera de aquellos golpes podía dejar inconsciente a un civil sin entrenamiento como los que tenía delante.

El bichero descendió desde un costado y la barra de hierro comenzó a recorrer el espacio desde el contrario. Kishue no interrumpió su combinación para esquivarlos. Permitió que ambos encontraran sus escamas, confiando en que la capa de chakra absorbiera y desviara la fuerza antes de que alcanzara su cuerpo. Defenderse de manera convencional solamente les concedería tiempo. Recibir sus ofensivas le permitía continuar golpeando sin ceder terreno.

Tras completar el avance contra el primero, Kishue giró hacia el portador del bichero. Buscó atrapar el asta bajo un brazo y reducir la distancia con un codazo al pecho, seguido por un golpe corto dirigido a la sien. Después aprovechó el mismo giro para bajar el cuerpo frente al hombre de la barra, lanzar una barrida contra sus piernas y preparar un puñetazo descendente en cuanto perdiera el equilibrio.

No esperó a descubrir cuál de los tres conseguiría mantenerse en pie. Su intención era atravesar la formación encadenando cada movimiento con el siguiente, obligándolos a responder a una fuerza que sus armas comunes no podían frenar. Las salidas laterales estaban bajo el control de Rin y Rei, mientras Kishue ocupaba el único camino hacia la entrada principal. Cuanto más avanzaba, menor era el espacio disponible para retirarse.

Al llegar a la sección interior del corredor, levantó el rostro y dejó que su voz atravesara las divisiones de madera, las cajas acumuladas y cualquier habitación donde los demás intentaran ocultarse.

—¡Los que sigan dentro, salgan y ríndanse! Sus compañeros ya demostraron cuánto duran sus armas contra mí. Si me obligan a ir a buscarlos, no esperen terminar mejor que ellos.

Kishue mantuvo ambas nudilleras preparadas y siguió avanzando hacia el interior, dispuesto a cerrar el cerco sobre los enemigos restantes, pero dejando que fueran ellos quienes decidieran si aceptaban la rendición o enfrentaban aquello que acababa de atravesar la puerta.
—Life Ends Whenever You Decide—
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11-09-2026, 02:46 AM
La formación levantada en el corredor duró poco más que los hombres apostados frente a la entrada. El escudo recibió el primer impacto de Kishue y retrocedió contra el pecho de su propio portador, incapaz de disipar toda la fuerza concentrada sobre él. El bandido trató de corregir su postura, pero los golpes siguientes atravesaron su defensa y acabaron con su voluntad de permanecer en pie. Cayó junto a la pared, dejando desprotegido el centro del pasillo.

Desde los costados llegaron el bichero y la barra de hierro. Ambas armas poseían fuerza suficiente para desgarrar o partir los huesos de cualquier civil alcanzado de lleno. Contra Kishue, sin embargo, produjeron poco más que impactos metálicos. La punta curva resbaló sobre sus costillas y la barra descargada contra su espalda se detuvo en la combinación de escamas y chakra. Aquella protección resultaba tan sólida como una armadura de placas, pero no presentaba correas, uniones ni espacios fáciles de aprovechar.

La sorpresa de los bandidos se convirtió en temor cuando Kishue ni siquiera se molestó en retroceder. Cada ataque fallido les demostraba que sus armas eran inútiles; cada golpe recibido de vuelta reducía la poca voluntad que todavía conservaban. El portador del bichero terminó doblegado por el codazo y el impacto dirigido a su sien. El tercero perdió las piernas bajo la barrida y cayó antes de que pudiera levantar nuevamente la barra. Una última ofensiva bastó para dejarlo inmóvil.

Los tres permanecieron tendidos en el corredor. Algunos respiraban con dificultad y otros habían perdido el conocimiento, pero ninguno volvió a interponerse. Kishue los dejó atrás y prosiguió hacia la parte más profunda del almacén. Su advertencia atravesó las divisiones de madera, exigiendo la rendición de cuantos continuaran escondidos. No recibió contestación.

El silencio no significaba que hubieran aceptado.

Los Tres Arpones aguardaban dentro de la antigua sala de procesamiento, un espacio ancho cuyas paredes conservaban manchas de humedad y sal. Habían apartado varias mesas para despejar el centro y debilitado con anticipación una sección del muro. Entre dos soportes ocultaron pequeños recipientes de pólvora, unidos mediante una mecha corta a un hilo tendido sobre el umbral. No necesitaban perforar las escamas de Kishue si podían aplastarlo bajo una parte del edificio.

El hombre del arpón largo permanecía detrás de unas cajas apiladas. La mujer de las armas encadenadas ocupaba el lateral contrario, mientras el mayor esperaba junto al mecanismo improvisado. Dos subordinados más se ocultaban detrás de una división, reservados para intervenir cuando el intruso quedara atrapado. Ninguno respondió al desafío. Necesitaban que Kishue creyera que su avance había destruido la última resistencia.

<Déjenlo cruzar por completo. La piel puede detener el hierro, pero no sostendrá el techo>

Mientras Kishue se aproximaba desde el corredor central, Rin y Rei comenzaron a avanzar desde las salidas laterales. Ambas habían dejado a los fugitivos neutralizados y asegurado nuevamente las trampas para advertirles si alguien intentaba escapar detrás de ellas. Rin progresó por el costado derecho, revisando cada esquina antes de comprometer el siguiente paso. Rei hizo lo mismo desde la izquierda, aunque el silencio procedente del interior le resultaba cada vez menos natural.

No escuchaban órdenes de retirada ni hombres disputándose las últimas rutas disponibles. Tampoco había armas siendo arrojadas al suelo en señal de rendición. Solo llegaban las pisadas de Kishue, constantes, aproximándose a la habitación central. Rin percibió un olor extraño entre la humedad del almacén, pero la pólvora ya formaba parte del ambiente debido a varios recipientes viejos almacenados en las proximidades. Cuando distinguió la línea tensada sobre el umbral, Kishue ya estaba entrando.

El hilo se rompió bajo su avance.

La explosión convirtió el silencio en un estruendo. Una llamarada salió desde la base del muro y la presión recorrió la sala, lanzando astillas, polvo y fragmentos de piedra en todas direcciones. Incluso las escamas reforzadas de Kishue recibieron parte del daño. El suelo tembló debajo de él y la sección debilitada de la pared cedió hacia dentro. Ladrillos, tablones y una viga gruesa descendieron sobre el muchacho hasta ocultar su cuerpo bajo los escombros.

Rei apareció en la entrada lateral justo a tiempo para verlo desaparecer.

<¡Kishue!>

La cautela que había mantenido hasta entonces se rompió con el grito. Corrió hacia el derrumbe sin comprobar los rincones ni atender a las figuras escondidas alrededor de la sala. El polvo le dificultaba respirar y apenas permitía distinguir la silueta de la viga principal, pero Rei se arrodilló junto a ella y trató de levantarla. La madera no cedió. Debajo había bloques de piedra entrelazados, restos del muro y parte de una estantería caída.

Introdujo ambas manos entre los fragmentos, retirando cuanto podía cargar. Cada piedra revelaba otra debajo. No sabía si Kishue estaba consciente, si podía respirar o si su transformación había resistido el peso después de recibir la explosión. Precisamente porque confiaba en su defensa, verlo enterrado resultaba todavía más aterrador: aquellos hombres habían necesitado derribar una pared para encontrar algo capaz de detenerlo.

Rin entró segundos después y comprendió el peligro que Rei había ignorado. La explosión no había sido un último recurso desesperado, sino el inicio de una emboscada. Alcanzó a distinguir al hombre del arpón largo abandonando su cobertura y a los otros ocupantes cerrando el espacio alrededor de su hermana.

<Rei, apártate de los escombros. Ya>

La advertencia llegó demasiado tarde. Rin se interpuso entre ella y el primer ataque, desviando la punta del arpón antes de que alcanzara su espalda. Respondió con un golpe contra el asta y obligó al hombre a retroceder, pero la mujer atacó desde el costado contrario. Uno de sus arpones cortos pasó junto al hombro de Rin; la cadena que lo acompañaba se enrolló alrededor de su antebrazo cuando intentó apartarlo.

Rin tiró de ella y arrastró a la mujer un paso hacia delante. Habría podido aprovechar el desequilibrio si el tercero no hubiera lanzado su red desde atrás. Los pesos de sus bordes golpearon sus piernas y envolvieron parte de su torso. Rin cortó uno de los hilos y liberó una rodilla, pero los dos subordinados ocultos abandonaron la división en ese momento. Uno descargó una vara contra su costado; el otro se aferró a su brazo libre.

Aun atrapada, Rin consiguió golpear al primero en el rostro y hacerlo trastabillar. Giró para liberar el hombro, tensó la cadena y casi obligó a la mujer a perder su arma. No obstante, enfrentaba demasiadas direcciones al mismo tiempo. El hombre del arpón largo utilizó el asta como una palanca contra su espalda, obligándola a inclinarse, mientras el mayor ajustaba la red alrededor de sus piernas.

Una patada detrás de la rodilla terminó por derribarla. Rin apoyó una mano en el suelo y trató de levantarse, pero el subordinado recuperado se lanzó sobre ella y le sujetó el otro brazo. La mujer tiró de la cadena, llevándole la muñeca hacia atrás, y el líder del arpón largo aseguró ambos brazos detrás de su espalda. Los pesos de la red se cerraron alrededor de sus piernas hasta impedirle recuperar el equilibrio.

Rei escuchó la lucha, pero todavía intentaba retirar la viga. Cuando miró hacia atrás encontró a Rin de rodillas, retenida por tres personas mientras los otros dos se volvían hacia ella. Había dejado el arco junto a la entrada para utilizar ambas manos entre los escombros. Intentó alcanzarlo, pero el hombre de la vara se interpuso y golpeó el arma lejos de sus dedos.

Rei esquivó el siguiente ataque y alcanzó a clavar el codo contra el pecho del bandido. El segundo la sujetó por la cintura desde atrás. Ella pisó su pie, lanzó la cabeza hacia atrás y consiguió aflojar el agarre, pero la mujer de los arpones utilizó la otra cadena para envolverle un brazo. Un tirón brusco la separó de los escombros. El hombre de la vara atrapó su otra muñeca y ambos le llevaron los brazos hacia atrás.

La resistencia de Rei se volvió más desesperada cuando comprendió que la apartaban de Kishue. Pateó, trató de girarse y estuvo cerca de liberar una mano, hasta que el líder apoyó la punta del arpón contra su costado. No necesitó perforarla. La amenaza bastó para obligarla a detener el movimiento mientras terminaban de inmovilizarla junto a Rin.

<Necesitaron explosivos, una pared y cinco hombres para ponernos de rodillas. No confundan esto con una victoria>

Las hermanas quedaron retenidas en el centro de la habitación, ambas con los brazos asegurados detrás de la espalda. A pocos metros, el montón de piedras y madera permanecía inmóvil, ocultando por completo a Kishue. Los Tres Arpones conservaron sus armas preparadas y observaron los escombros sin atreverse a aproximarse demasiado.

Habían atrapado a Rin y Rei, pero ninguno sabía todavía si la explosión había conseguido derrotar al muchacho bajo la pared o solamente lo había enfurecido.
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11-09-2026, 03:40 AM
Durante unos segundos no existió nada para Kishue. Ni el peso de las piedras, ni el dolor que recorría su cuerpo, ni el estruendo que todavía resonaba dentro del almacén. La explosión había borrado todo pensamiento y lo había dejado suspendido en un vacío negro. Incluso el vínculo con Mekka pareció quedar distante, oculto detrás del zumbido que ocupaba su cabeza.

La consciencia regresó acompañada por el dolor. Una viga le presionaba el hombro, varios bloques cubrían su espalda y una piedra rota se clavaba contra sus costillas. Las escamas y el chakra habían impedido que la explosión destrozara su cuerpo, pero no podían eliminar la fuerza del derrumbe. Kishue respiró con dificultad a través del polvo y apoyó ambas manos bajo la madera.

—Mekka... todavía no terminamos.

Sus brazos temblaron durante el primer intento. En el segundo, el chakra volvió a extenderse sobre las escamas y la viga comenzó a levantarse. Kishue empujó con las piernas, ignorando el dolor que atravesaba su espalda, hasta abrir un espacio entre los escombros. Las piedras rodaron a ambos lados y la madera terminó desplazándose con un crujido violento. El muchacho salió del derrumbe cubierto de polvo, sangre y pequeños cortes entre las partes menos protegidas de su cuerpo.

Entonces vio a Rin y Rei.

Ambas estaban sometidas, con los brazos inmovilizados detrás de la espalda y varios enemigos rodeándolas. La imagen eliminó cualquier rastro de confusión. Kishue no preguntó qué había sucedido ni advirtió a los hombres que se apartaran. Sus ojos se fijaron en los dos sujetos que retenían directamente a las gemelas y su cuerpo desapareció de junto a los escombros con una aceleración explosiva.

Alcanzó a ambos antes de que pudieran emplearlas como escudos. Extendió los brazos y atrapó sus cabezas con las manos abiertas. Las escamas afiladas de sus dedos se hundieron en los rostros, trazando cortes desde las sienes hasta las mejillas. Kishue tiró de ellos para separarlos de las muchachas y los estrelló contra el suelo. El impacto hizo vibrar las tablas y dejó a los dos cuerpos inmóviles.

Los Tres Arpones intentaron reaccionar. El primero levantó su arma larga; Kishue cruzó por debajo de la punta y abrió su garganta con un movimiento de la mano. La mujer lanzó uno de sus arpones encadenados, pero las escamas recibieron el impacto. Kishue atrapó la cadena, la arrastró hacia él y hundió los dedos endurecidos a través de su pecho antes de arrojarla junto al primer cadáver.

El último retrocedió desplegando la red. Kishue la atravesó sin reducir la velocidad, soportó los pesos contra su cuerpo y alcanzó al hombre antes de que pudiera sacar la espada. Una mano cortó su antebrazo; la otra recorrió su torso en diagonal. El bandido cayó sobre las rodillas y terminó desplomándose dentro de la sangre de sus compañeros.

El silencio regresó a la habitación. Sangre, polvo y fragmentos de madera cubrían el suelo, formando un charco oscuro alrededor de los hombres abatidos. Kishue permaneció en medio de ellos con las manos teñidas de rojo y la respiración pesada. No había mostrado piedad. Después de ver a Rin y Rei capturadas por quienes habían intentado enterrarlo, tampoco quedaba ninguna para ofrecer.

Se volvió hacia las gemelas, todavía con la furia endureciendo su semblante.

—Nadie vuelve a ponerles una mano encima.
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11-09-2026, 03:52 AM
La aparición de Kishue entre los escombros terminó con cualquier sensación de victoria que los Tres Arpones hubieran alcanzado a experimentar. La viga se levantó, las piedras rodaron sobre las tablas y una figura cubierta de escamas azules emergió del derrumbe que debía haberla sepultado. Los líderes apenas tuvieron tiempo de comprender que su trampa había fallado antes de que el muchacho reparara en las gemelas capturadas.

La distancia desapareció con una aceleración violenta. Los dos hombres que retenían a Rin y Rei fueron arrancados de sus posiciones cuando las manos de Kishue atraparon sus rostros. Las escamas abrieron cortes sobre su piel y el impacto contra el suelo los dejó inmóviles. La presión que mantenía los brazos de las hermanas desapareció, aunque ninguna consiguió reaccionar de inmediato. Todavía tenían delante la imagen de la pared cayendo sobre su compañero y, después, la furia con la que había salido de ella.

Los líderes trataron de emplear sus armas. El arpón largo, las cadenas y la red que habían servido para someterlas resultaron inútiles contra Kishue. No les ofreció una nueva oportunidad de rendirse ni buscó conservarlos para un interrogatorio. El primero murió con la garganta abierta por las escamas de sus manos. La mujer fue arrastrada mediante su propia cadena y recibió un corte que terminó con ella antes de que pudiera recuperar los arpones. El tercero apenas llegó a desenvainar su espada.

Cuando el último cuerpo cayó, la habitación quedó en silencio.

La sangre se extendía entre el polvo y los restos de madera. Los Tres Arpones habían planeado utilizar aquel almacén como una fortaleza, pero encontraron su final dentro del mismo espacio donde escondían los bienes arrebatados a otros. Aquella vez no habría líderes para encabezar nuevamente a la pandilla, organizar represalias ni reconstruirla después de pasar una temporada en prisión.

Rei observó a Kishue sin prestar atención a las ataduras flojas alrededor de sus muñecas. El polvo cubría sus escamas y había sangre sobre su cuerpo, alguna propia y demasiada perteneciente a sus enemigos. Aun así, estaba de pie. La presión que había acumulado desde la explosión se quebró de inmediato. Sus ojos se llenaron de lágrimas y, apenas consiguió liberar los brazos, cruzó la distancia para aferrarse a él.

<Pensé que esa pared te había matado. Pensé que habíamos llegado hasta ti demasiado tarde y que lo último que habías visto era a nosotras cayendo en su trampa>

Rei apoyó el rostro contra el pecho escamoso sin preocuparse por el polvo ni por la sangre. No lloraba por miedo a los cadáveres ni por haber sido capturada. Era alivio puro, desordenado y difícil de contener. Kishue había salido herido, pero vivo; eso bastaba para que todo cuanto había intentado reprimir desde el derrumbe terminara escapando.

Rin se liberó de los restos de la red con mayor lentitud. Su expresión permaneció controlada mientras comprobaba el estado de sus brazos y recogía una de las cadenas caídas. Después se acercó a Kishue y apoyó una mano sobre su hombro, evaluando los cortes visibles y la estabilidad de su postura. No lo abrazó como su hermana, pero mantuvo el contacto unos segundos más de lo necesario. Para Rin, aquello decía suficiente.

La tranquilidad duró hasta que volvió la mirada hacia Rei.

<Dejaste tu arco, abandonaste la salida y ofreciste la espalda a cinco enemigos para intentar levantar una viga que no podías mover. Nos capturaron porque corriste antes de mirar. Si Kishue no se hubiera levantado, habrías conseguido que los tres termináramos aquí>

Las palabras fueron duras porque el error también lo había sido. Rin no pretendía humillarla ni negar el miedo que ambas habían sentido. Ella misma había abandonado su ruta para protegerla. Sin embargo, Rei necesitaba recordar que su impulso no solo la había puesto en peligro a ella: había obligado a Rin a combatir rodeada y entregado a los bandidos dos rehenes con los cuales podrían haber controlado a Kishue.

Rei se separó finalmente del muchacho, secándose el rostro con una manga. Miró el arco abandonado cerca de la entrada y luego las cuerdas que habían sujetado sus brazos. No intentó defenderse con una excusa.

<Lo sé. Fue estúpido. Pero si vuelvo a verlo desaparecer bajo una pared, probablemente vuelva a correr antes de recordar que soy incapaz de cargarla>
Rin sostuvo su mirada. La respuesta no era la que habría preferido escuchar, aunque al menos resultaba honesta. Se inclinó para recuperar el arco y se lo entregó después de revisar que la cuerda no hubiera sufrido daños.
<Entonces la próxima vez correré contigo antes de que consigas que nos aten por separado. Eso no convierte tu decisión en una buena idea>

La reprimenda concluyó allí. Rin comprobó discretamente que su hermana no presentara heridas graves y ajustó una de las protecciones de su brazo. Rei todavía respiraba con dificultad, pero podía caminar y mover las manos. Ambas estaban a salvo. Kishue también continuaba en pie. Era suficiente para volver a concentrarse en la misión.

No todos los bandidos habían muerto. Los hombres derrotados frente al edificio, los tres que intentaron bloquear el corredor y los dos fugitivos atrapados en las salidas seguían respirando. También permanecían inconscientes los subordinados que Kishue había estrellado contra el suelo al liberar a las gemelas. Los líderes habían encontrado un final diferente, pero todavía quedaban prisioneros capaces de responder por la extorsión, los hurtos y los ataques cometidos por la Pandilla Tritón.

Rin comenzó por retirar todas las armas. Reunió cuchillas, cadenas, el bichero, la barra de hierro y las ballestas lejos de los cuerpos. Rei recuperó su equipo y registró las habitaciones con precaución, buscando otro ocupante escondido o una trampa preparada para quienes sobrevivieran al enfrentamiento. No encontraron más combatientes, aunque sí suficientes pruebas para relacionar el almacén con los delitos denunciados.

Detrás de una división había cajas marcadas con símbolos pertenecientes a comercios de la zona portuaria. Varias contenían herramientas, telas, redes y objetos domésticos que difícilmente formaban parte de un negocio de salazón. En un escritorio encontraron un libro de cuentas donde figuraban nombres de comerciantes, cantidades exigidas y fechas de cobro. Algunas entradas estaban acompañadas por amenazas breves o anotaciones sobre familiares y horarios.

Rei cerró el libro después de revisar las primeras páginas. Aquel registro explicaba cómo la banda había escogido a sus víctimas y demostraba que sus actividades se extendían mucho más allá del ataque que condujo a la misión. Guardó los documentos dentro de una bolsa, junto con varios recibos, sellos falsificados y una lista de integrantes.

Rin se encargó de los supervivientes. Utilizó las cuerdas encontradas en el almacén y parte del hilo recuperado de sus trampas para asegurarles las muñecas y los tobillos. Comprobó uno por uno que respiraran y separó a quienes presentaban lesiones más graves. No ofreció atención a los cadáveres más allá de cubrirlos y evitar que fueran alterados antes de que las autoridades examinaran la escena.

Debido al número de detenidos, Rei salió hasta una calle cercana y avisó a una patrulla. Los agentes acudieron con refuerzos, camillas y grilletes suficientes para sustituir las ataduras improvisadas. Recibieron una explicación inicial de la explosión, comprobaron la sección derrumbada y establecieron vigilancia alrededor del edificio mientras reunían los bienes robados.

Los prisioneros conscientes no intentaron resistirse. Habían visto a Kishue atravesar sus armas, sobrevivir al derrumbe y terminar con quienes dirigían la banda. Caminar atados hasta la prisión parecía una alternativa considerablemente mejor que obligarlo a intervenir nuevamente.

Rin y Rei acompañaron el traslado. Las evidencias fueron registradas por separado: primero el libro de cuentas, después las listas, los sellos y finalmente los objetos recuperados. Los detenidos quedaron bajo custodia de Kirigakure y los más heridos recibieron atención antes del interrogatorio. Los cadáveres permanecieron en el almacén hasta que un equipo pudiera retirar los cuerpos y documentar lo ocurrido.

Solo cuando las puertas de la prisión se cerraron detrás del último superviviente, Rei volvió a mirar a Kishue. El alivio todavía resultaba evidente en sus ojos, aunque ya no lloraba. Rin permaneció cerca de ambos con el arco de su hermana bajo un brazo y sus propias armas nuevamente aseguradas.

La Pandilla Tritón había perdido su escondite, sus dirigentes y los registros que protegían sus operaciones. La misión había terminado, pero para las gemelas el resultado no se medía únicamente por los criminales entregados ni por las evidencias recuperadas. Habían estado demasiado cerca de abandonar aquel almacén sin uno de los tres.

Esta vez, pese a la explosión, los escombros y sus propios errores, regresaban juntos.
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Kishue
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11-09-2026, 03:55 AM
La furia de Kishue comenzó a disminuir cuando comprobó que ningún enemigo permanecía en condiciones de acercarse a Rin y Rei. El silencio posterior al enfrentamiento le permitió escuchar nuevamente sus respiraciones, confirmar que ambas podían mantenerse en pie y comprender que, pese a las ataduras y los golpes, seguían a salvo. Aquello fue suficiente para devolver cierta calidez a su expresión, aunque la sangre y las escamas todavía hicieran difícil reconocerla.

—Están bien. Eso es lo único que necesitaba saber.

Cuando la tensión abandonó su cuerpo, también desapareció parte de la fuerza que lo había sostenido después del derrumbe. El chakra dejó de recubrir sus escamas y la transformación comenzó a retraerse lentamente. Las branquias se cerraron, la aleta dorsal desapareció y el azul de su piel recuperó su tonalidad habitual. Los cortes, las quemaduras y los hematomas causados por la explosión se volvieron mucho más evidentes sin aquella armadura natural.

Kishue tenía dificultades para enderezar la espalda y cada respiración profunda provocaba una punzada en sus costillas. Aun así, se negó a permanecer sentado mientras las gemelas aseguraban a los supervivientes. Ayudó a retirar las armas del alcance de los prisioneros y comprobó sus ataduras, reforzando los nudos de quienes todavía conservaban fuerzas suficientes para intentar escapar.

—Si alguna vez vuelvo a quedar debajo de una pared, esperen a que termine de salir antes de permitir que las capturen. Me ahorrarán tener que derribarla enfadado.

La broma llegó acompañada por una sonrisa cansada. No pretendía restarle importancia al error de Rei ni al peligro que habían afrontado. Era su forma de dejar claro que no las culpaba y que, mientras las tres figuras importantes para él pudieran abandonar aquel almacén, todavía quedaba algo por lo cual sonreír.

Los detenidos fueron unidos mediante una cuerda larga, formando una fila que impedía que alguno se separara sin arrastrar a los demás. Kishue ocupó un costado durante el traslado, atento a cualquier intento de resistencia. Su paso era más lento de lo habitual y en varias ocasiones tuvo que apoyar una mano contra su costado, pero no abandonó la formación. Rin y Rei habían protegido su espalda al entrar; ahora le correspondía ayudarlas a terminar el trabajo.

Las pruebas recuperadas viajaron con ellos: el libro de cuentas, las listas de comercios extorsionados, los sellos falsificados y varios paquetes de objetos robados. Al llegar a la prisión, los guardias sustituyeron las cuerdas por grilletes y separaron a los heridos para que recibieran atención antes del interrogatorio. Kishue informó también de los cadáveres y del derrumbe, permitiendo que otro equipo asegurara el almacén.

Solo después de ver cerrarse las puertas detrás del último prisionero se permitió apoyar la espalda contra una pared. Estaba cubierto de polvo, caminaba con dificultad y probablemente necesitaría una larga visita al hospital. A pesar de ello, miró a Rin y Rei con una sonrisa sincera.

—La próxima misión debería tener menos explosiones. Pero si ustedes regresan conmigo, puedo soportar una o dos paredes.

La Pandilla Tritón había perdido a sus líderes, su escondite y las pruebas de sus operaciones. Kirigakure podría devolver los bienes recuperados y utilizar los registros para localizar a los miembros restantes. Con los supervivientes bajo custodia y sus amigas a salvo, Kishue consideró terminada la misión.
—Life Ends Whenever You Decide—
[Imagen: chBNIhB.jpeg]
Virtudes y Defectos
VIRTUDES
V006: Presencia Carismática
V017: Líder Nato
V032: Rostro Común
V033: Investigador
V035: Capacidad Sensorial Aumentada II (Olfato y Oído)
V090: Disciplina Ascética

DEFECTOS
V048: Adicción (Hablar con su pez)
V054: Último Acto
V057: Fobia III (Arañas)
V065: Lealtad
V069: Sinceridad
V077: Prosopagnosia
V083: Traicionable
V085: Venganza (Hoshigaki)
V088: Psicopatía
Masashi Kishimoto
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11-09-2026, 04:33 AM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: [Misión C] Pandilla Tritón (TID 14845)
Tipo: Misión Normal · Rango: C
  • Kishue — Participante (100%): 1000 Ryos, 10 Tobis, 90 Exp
  • Rin to Rei — Narrador No Oficial (100%): 1000 Ryos, 0 Tobis, 65 Exp, Pergamino PERG002

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
Moderador 2
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11-09-2026, 04:33 AM
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