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[Viaje] Un largo camino.
Kon Kaguya
Rango Genin
Clan Kaguya
Nivel 7
Estadísticas
Generales
Fuerza50(3)
Destreza35(2)
Ctrl. de Chakra15(1)
Inteligencia5(1)
Especiales
Salud11
Velocidad12
Tenketsu10
Sigilo10
380
365
Enlace al Post
10-09-2026, 06:24 PM
El otoño llegaba a Kirigakure sin demasiado aviso. La niebla que siempre cubría la aldea se había vuelto un poco más fría por las mañanas, y en los callejones cercanos al puerto empezaban a juntarse las primeras hojas caídas de los pocos árboles que crecían entre las casas de madera húmeda. Kon caminaba con las manos metidas en los bolsillos de su abrigo, el cuello alto tapándole media cara. — Qué manera más aburrida de empezar el día — murmuró para sí mismo. Cruzó el mercado casi desierto a esa hora, saludó con un gesto seco a un par de comerciantes que ya estaban acomodando sus puestos, y se ajustó los lentes oscuros aunque el sol todavía no terminaba de filtrarse entre la bruma. Nunca le habían gustado las despedidas ni las escenas grupales en la puerta de la aldea, así que no le sorprendió del todo que esta vez tampoco hubiera nadie esperándolo. Era lo mejor.

En el puesto de control, un shinobi de guardia revisó la orden de salida sin decir una palabra, marcó algo en un registro y le hizo una seña con la cabeza para que pasara. Kon respondió con el mismo gesto, sin detenerse más de lo necesario, y atravesó las puertas que marcaban el limite de la aldea. Afuera, el camino se volvía más angosto y el bosque empezaba casi de inmediato, denso y goteando humedad incluso sin lluvia reciente. El aire olía a tierra mojada y a algo dulce, probablemente la resina de los pinos que empezaban a soltar sus primeras agujas amarillas. Caminó en silencio durante un buen rato, sin apuro, calculando mentalmente cuánto le tomaría llegar al puerto donde tomaría el bote hacia el continente. Con suerte, si el mar no se ponía complicado, podía estar cruzando antes del mediodía.

El camino descendía poco a poco hacia la costa, y el bosque se iba abriendo en claros cada vez más amplios donde la niebla se acumulaba como si no tuviera ningún apuro por disiparse. Cruzó un puente de madera vieja sobre un arroyo que bajaba con fuerza, probablemente crecido por las lluvias de los días anteriores, y notó que el musgo de las piedras ya tenía ese tono más oscuro que anunciaba el cambio de estación. En cualquier otro momento se habría detenido a perder el tiempo mirando el agua, pero no tenía ningún interés en alargar más de lo necesario un viaje que ya de por sí prometía ser aburrido.

Para cuando llegó al pequeño puerto de pescadores donde partían los botes hacia el continente, el sol ya había logrado abrirse paso entre las nubes bajas, aunque sin calentar demasiado. Había un par de embarcaciones amarradas, redes tendidas a secar, y el olor a sal mezclado con pescado que nunca terminaba de irse de esos lugares. Kon se acercó al muelle sin apuro, mostró el sello de su orden a uno de los encargados, y esperó apoyado contra un poste mientras terminaban de acomodar la carga de un bote pequeño que también llevaba mercancía hacia el otro lado.

El bote se balanceaba apenas con la marea, y cuando finalmente le indicaron que podía subir, lo hizo sin mostrar ninguna prisa, acomodándose en la parte de atrás, lejos de la carga, con la vista fija en la línea de la costa que empezaba a alejarse. Kirigakure fue quedando atrás, tragada poco a poco por la niebla, hasta que ya no pudo distinguir ni el contorno de las murallas. Se acomodó los lentes, cruzó los brazos, y dejó que el vaivén del bote lo acompañara mientras pensaba en lo que sea que lo estuviera esperando del otro lado.
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