07-09-2026, 11:35 PM
Última modificación: 07-09-2026, 11:58 PM por Ibuki Inuzuka.
Una mochila ligera con sus armas, algo de comida y equipo de exploración. Unas sandalias bien ajustadas, sus armas afiladas, pulidas y perfectamente enceradas, además de alguna que otra cosa más escondida dentro de la mochila. Montones de sandías, un jugo batido de sandía, proteína en barra de caramelo, galletas de mantequilla para el viaje, frutos secos para compartir, un termo con agua caliente y dos sandías más para compartir.
También llevaba un bolso de viaje para el perro, lleno de croquetas y sandias.
Kiro, esta vez, también iba equipado. Llevaba consigo dulces de sandía, mermeladas de sandía en frascos, depósitos de bambú con sandía confitada, unas compresas frías para mantener las sandías frescas, una preparación de cuero de pulpa de sandía, unas galletas de sabor a sandía (invención de Elena, su criada), unos caramelos de mango combinados con otros de sandía, potes de frutas confitadas, potes de frutos secos acompañados con sandía deshidratada, cáscaras de sandía confitadas y crocantes. Y, para que no fuera todo tan dulce, también tenía pepino a montones. Porque, ¿sabían que el pepino sabe igual que la parte clara de la sandía? También llevaba algo de carne seca para acompañar, una tienda de campaña portátil y algunas armas extra que le habían proporcionado.
¿Y espacio para la ropa? - preguntó Elena antes de dejarla en la puerta de la aldea. - ¿Para qué? Si usaré lo mismo de siempre - respondió Ibuki, señalando sus prendas, todas viejas y desgastadas - Al menos déjeme empacarle estas mudas de ropa interior, algunas poleras y un pijama - insistió Elena, preocupada, colocando el bolso de ropa sobre el lomo de Kiro y ajustándolo con una correa.
Elena... linda... me conoces. He dormido en calzón toda mi vida. No usaré un pijama - dijo Ibuki, tratando de calmar a su amiga mientras le acariciaba la cabeza - Solo me iré por unos cuantos días... y estaré de vuelta con ustedes.
Ibuki se sentó sobre Kiro y se dispuso a avanzar hacia la puerta - ¡Pero... señorita Ibuki-sama!
Ibuki se detuvo, girándose hacia ella - Ya, ya, tranquila. Que me pondrás en vergüenza frente a los otros shinobis. Ya estoy grande y puedo cuidarme sola... Además, vamos de viaje al País del Té. De seguro habrá tiendas o algo en qué gastar mis ryos. - Señaló entonces su monedero, lleno y rebosante, con forma de tanuki - Estaré bien.
Se acercó junto a Kiro hasta Elena, tomó su mano y acercó sus labios hasta su frente, depositando sobre ella un pequeño beso lleno de cariño - Estaremos bien... Cuida de los cachorros por mí, ¿ok? Te amo. Eres la mejor amiga que he tenido.
Tenía un nudo en la garganta y, aunque intentaba sonreír, sus manos también temblaban ligeramente. Para cuando Elena quiso tratar de detenerla, Ibuki ya se había alejado.
También llevaba un bolso de viaje para el perro, lleno de croquetas y sandias.
Kiro, esta vez, también iba equipado. Llevaba consigo dulces de sandía, mermeladas de sandía en frascos, depósitos de bambú con sandía confitada, unas compresas frías para mantener las sandías frescas, una preparación de cuero de pulpa de sandía, unas galletas de sabor a sandía (invención de Elena, su criada), unos caramelos de mango combinados con otros de sandía, potes de frutas confitadas, potes de frutos secos acompañados con sandía deshidratada, cáscaras de sandía confitadas y crocantes. Y, para que no fuera todo tan dulce, también tenía pepino a montones. Porque, ¿sabían que el pepino sabe igual que la parte clara de la sandía? También llevaba algo de carne seca para acompañar, una tienda de campaña portátil y algunas armas extra que le habían proporcionado.
Estaba lista.
¿Y espacio para la ropa? - preguntó Elena antes de dejarla en la puerta de la aldea. - ¿Para qué? Si usaré lo mismo de siempre - respondió Ibuki, señalando sus prendas, todas viejas y desgastadas - Al menos déjeme empacarle estas mudas de ropa interior, algunas poleras y un pijama - insistió Elena, preocupada, colocando el bolso de ropa sobre el lomo de Kiro y ajustándolo con una correa.
Elena... linda... me conoces. He dormido en calzón toda mi vida. No usaré un pijama - dijo Ibuki, tratando de calmar a su amiga mientras le acariciaba la cabeza - Solo me iré por unos cuantos días... y estaré de vuelta con ustedes.
Ibuki se sentó sobre Kiro y se dispuso a avanzar hacia la puerta - ¡Pero... señorita Ibuki-sama!
Ibuki se detuvo, girándose hacia ella - Ya, ya, tranquila. Que me pondrás en vergüenza frente a los otros shinobis. Ya estoy grande y puedo cuidarme sola... Además, vamos de viaje al País del Té. De seguro habrá tiendas o algo en qué gastar mis ryos. - Señaló entonces su monedero, lleno y rebosante, con forma de tanuki - Estaré bien.
Se acercó junto a Kiro hasta Elena, tomó su mano y acercó sus labios hasta su frente, depositando sobre ella un pequeño beso lleno de cariño - Estaremos bien... Cuida de los cachorros por mí, ¿ok? Te amo. Eres la mejor amiga que he tenido.
La voz le tembló.
Tenia miedo.
Temía lo desconocido.
Tenía un nudo en la garganta y, aunque intentaba sonreír, sus manos también temblaban ligeramente. Para cuando Elena quiso tratar de detenerla, Ibuki ya se había alejado.
Simplemente levantó una mano para despedirse.
Y se fue a reunir con el resto del grupo.
Esto... esto era una travesía.
Esto solo era...
Un viaje inesperado.
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