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Kinzo vs Ibuki
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¿Sabías que… en la leyenda Uchiha fue la propia naturaleza quien concedió el Sharingan como respuesta al amor y la pérdida?
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[Viaje] - Nos vamos de paseo pi pi pi
Ibuki Inuzuka
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07-09-2026, 11:35 PM
Última modificación: 07-09-2026, 11:58 PM por Ibuki Inuzuka.
Una mochila ligera con sus armas, algo de comida y equipo de exploración. Unas sandalias bien ajustadas, sus armas afiladas, pulidas y perfectamente enceradas, además de alguna que otra cosa más escondida dentro de la mochila. Montones de sandías, un jugo batido de sandía, proteína en barra de caramelo, galletas de mantequilla para el viaje, frutos secos para compartir, un termo con agua caliente y dos sandías más para compartir.

También llevaba un bolso de viaje para el perro, lleno de croquetas y sandias.

Kiro, esta vez, también iba equipado. Llevaba consigo dulces de sandía, mermeladas de sandía en frascos, depósitos de bambú con sandía confitada, unas compresas frías para mantener las sandías frescas, una preparación de cuero de pulpa de sandía, unas galletas de sabor a sandía (invención de Elena, su criada), unos caramelos de mango combinados con otros de sandía, potes de frutas confitadas, potes de frutos secos acompañados con sandía deshidratada, cáscaras de sandía confitadas y crocantes. Y, para que no fuera todo tan dulce, también tenía pepino a montones. Porque, ¿sabían que el pepino sabe igual que la parte clara de la sandía? También llevaba algo de carne seca para acompañar, una tienda de campaña portátil y algunas armas extra que le habían proporcionado.

Estaba lista.

¿Y espacio para la ropa? - preguntó Elena antes de dejarla en la puerta de la aldea. - ¿Para qué? Si usaré lo mismo de siempre - respondió Ibuki, señalando sus prendas, todas viejas y desgastadas - Al menos déjeme empacarle estas mudas de ropa interior, algunas poleras y un pijama - insistió Elena, preocupada, colocando el bolso de ropa sobre el lomo de Kiro y ajustándolo con una correa.

Elena... linda... me conoces. He dormido en calzón toda mi vida. No usaré un pijama - dijo Ibuki, tratando de calmar a su amiga mientras le acariciaba la cabeza - Solo me iré por unos cuantos días... y estaré de vuelta con ustedes.

Ibuki se sentó sobre Kiro y se dispuso a avanzar hacia la puerta - ¡Pero... señorita Ibuki-sama!

Ibuki se detuvo, girándose hacia ella - Ya, ya, tranquila. Que me pondrás en vergüenza frente a los otros shinobis. Ya estoy grande y puedo cuidarme sola... Además, vamos de viaje al País del Té. De seguro habrá tiendas o algo en qué gastar mis ryos. - Señaló entonces su monedero, lleno y rebosante, con forma de tanuki - Estaré bien.

Se acercó junto a Kiro hasta Elena, tomó su mano y acercó sus labios hasta su frente, depositando sobre ella un pequeño beso lleno de cariño - Estaremos bien... Cuida de los cachorros por mí, ¿ok? Te amo. Eres la mejor amiga que he tenido.

La voz le tembló.
Tenia miedo.
Temía lo desconocido.

Tenía un nudo en la garganta y, aunque intentaba sonreír, sus manos también temblaban ligeramente. Para cuando Elena quiso tratar de detenerla, Ibuki ya se había alejado.

Simplemente levantó una mano para despedirse.
Y se fue a reunir con el resto del grupo.
Esto... esto era una travesía.
Esto solo era...
Un viaje inesperado.
Akira Hyuuga
Rango Chuunin
Clan Hyuga
Nivel 20
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07-09-2026, 11:47 PM
Última modificación: 07-09-2026, 11:58 PM por Ibuki Inuzuka.



El silencio absoluto de la madrugada envolvería la habitación antes de que los primeros atisbos de luz despuntaran sobre los altos muros de la residencia. Akira ajustaría los vendajes blancos alrededor de sus gemelos con tirones secos y medidos, asegurando la firmeza necesaria para un trayecto prolongado. Se colocaría la camiseta oscura de mangas largas y, acto seguido, cerraría uno a uno los agarres del chaleco táctico de tono verde olivo sobre su pecho, percibiendo el peso familiar de la lona gruesa y las placas protectoras asentándose contra su torso.  Sobre la superficie del tatami, desplegaría un pequeño morral de lona resistente a la intemperie.

 Con movimientos estrictamente metódicos, introduciría en el fondo tres rollos de vendas limpias, dos cantimploras cilíndricas de metal llenas de agua fresca, múltiples raciones de comida seca envueltas a presión en papel encerado y un estuche compacto equipado con ungüentos de primeros auxilios. En los compartimentos exteriores de rápido acceso, acomodaría una docena de kunais recién afilados, pesadas estrellas shuriken y varios sellos explosivos doblados con rigurosidad geométrica. Tiraría de las correas laterales hasta comprimir el bulto por completo, asegurándose mediante ligeras sacudidas de que el contenido no emitiera ningún crujido o sonido metálico al desplazarse.Junto a la mesa baja de pino, deslizaría un pincel cargado de tinta negra sobre la superficie de un pergamino corto. La caligrafía resultaría trazada con líneas firmes, rectas y exentas de cualquier adorno aristocrático.

El texto dejaría constancia oficial de su partida para cumplir una asignación fuera de las fronteras de Konohagakure y establecería una única directriz innegociable para su hermano gemelo: el cuidado absoluto y meticuloso del felino durante su ausencia. Enrollaría el papel con rapidez, derretiría un extremo de cera oscura y sellaría el documento con la estampa de su anillo personal.

Al abrir la puerta corrediza para salir al corredor principal, interceptaría a uno de los sirvientes de avanzada edad que iniciaba las rondas matutinas de mantenimiento. Akira extendería el pergamino cerrado hacia el hombre.—Le entregarías esto a Mayura directamente en sus manos en cuanto despierte —ordenaría con un tono de voz bajo, pausado, pero cargado de una autoridad que no admitiría réplica—. No toleraría excusas, demoras ni intermediarios en la entrega.El sirviente inclinaría el torso en un ángulo recto, recibiendo el encargo con ambas manos y asintiendo en completo silencio.Cerca del umbral que conectaba con el patio exterior, Makey aguardaría sentado sobre sus patas traseras.

El felino blanco de pelaje impoluto fijaría su atención en el joven Chūnin, observándolo con su inusual mirada dividida entre el ojo azul claro y el violeta profundo. Akira descendería sobre su rodilla derecha, reduciendo su altura hasta quedar frente a frente con el animal. Extendería la mano y recorrería el lomo del gato desde la base de las orejas hasta la cola con un único movimiento continuo, sintiendo la vibración sorda del ronroneo en las yemas de sus dedos.  —El recinto quedaría bajo tu vigilancia —murmuraría el shinobi, manteniendo el contacto visual por un instante adicional antes de reincorporarse con fluidez.

Finalmente, caminaría hacia la caseta de guardia en el portón principal de la residencia Hyūga. Antes de cruzar las pesadas puertas de madera, extraería los formularios administrativos correspondientes al registro de salida obligatoria. Estamparía su firma con trazos rápidos y sellaría el papeleo con el cuño de tinta roja del clan, fijándolo en el tablero de control de acceso con un golpe seco de la muñeca. Acomodaría la correa del morral sobre su hombro derecho, inhalaría el aire frío de la madrugada y avanzaría con paso constante por las calles solitarias de la aldea, dirigiéndose hacia el punto de encuentro donde el resto de su escuadrón ya debería estar esperándolo para iniciar la marcha.
[Imagen: JK2RddW.png]
Uchiha Keisuke
Rango Genin
Clan Uchiha
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08-09-2026, 01:27 AM
-Me voy. ~ - Avisó a su familia. Sus hermanas corrieron a abrazarlo.
-¡Buen viaje, Kei-kun!  

-¡Por favor, traenos un regalo!

Kei sonríe. -Si, si. Regalo para todas. - Las niñas celebran.

-¡Wiiiiiiiii!  

-¡Gracias, Kei-kun! ¡Eres el mejor!   

Su padre por otro lado lo miraba cruzado de brazos, con el semblante serio y frío de todo un padre-Uchiha.

-No hagas imprudencias. - Él sabía bien como era su hijo. Esquizo, rebelde. Y no quería que por un mal entendido se metiera en problemas.

-No, papá… - Dijo con un tono de voz pesado.

-Que encuentres esas medicinas que tanto buscas. Te estaremos esperando. - Kei subió la mirada sorprendido, miró a su padre y… dejó salir una sonrisa leve.

-Gracias, papá… - Esta vez mencionó en un tono más liviano. Pero al girar se encontró justo frente a su madre. Una Uchiha de rango alto que lamentablemente…

-Kei-kun… - Se acerca a su hijo y lo abraza posesivamente. -Por favor, mátalos… Mátalos a todos. No dejes que nos mat…  

-Reissa… - El padre se acercó para apartar la mujer de su hijo. -Él va a volver a casa.  

-No. Él tiene que matarlos a todos. Lo dicen las voces. Lo dicen los Dioses. ¿Acaso no los escuchas, amor? Tenemos… Tenemos que matarnos entre todos para que podamos ser felices en el más allá. - Ríe bajo pero psicótica. -Con la muerte de todos en Konoha… De todos en el mundo… Solo así podremos estar juntos para siemp…  

-Basta, Reissa. - Mira a Keisuke. -Continua hacia adelante. Buen viaje, hijo. - Keisuke nervioso, y aterrado por la salud de su madre, asciente con la cabeza. Con sus labios temblorosos se despide. -Regresaré… Los amo. - Agacha la cabeza y se va caminando.

—————————————————————————————————————

La salud mental de su madre iba en aumento cada vez. Por eso Keisuke se había puesto a estudiar medicina. Necesitaba salvarla de alguna manera. Iba abrigado caminando por las calles, pensativo en lo que había ocurrido. Una vez ella le persiguió con un cuchillo por toda la casa, gritando que lo amaba y que por eso tenía que asesinarlo. ¿Por qué…? ¿Por qué una mujer tan bondadosa como ella había tenido que sufrir de esa enfermedad? ¿Por qué tuvo que ser ella, una mujer que ayudaba a todos, y no alguien que había sido malo e injusto con los demás?

Caminando con toda la calma del mundo llegó Keisuke al lugar de reunión. Se trajo sus pertenencias ninja que habían en el inventario (?). Sobretodo el botiquín médico, eso no puede olvidarse. Hay que cuidar a los aliados.

Tras caminar un rato llegó a su destino. Subió la mirada y se encontró a Ibuki y a Akira. Se acercó a ellos con una sonrisa gentil, alegre de verlos, pero un tic en su ojo derecho.

-Esta vez no me dejan, desgraciados… - Les mencionó. Esa fue su forma de decir: “Hola, ya llegué. Estoy feliz de verlos.”

Abrazó a Ibuki, le dió coscorrones en la cabeza. Abrazó a todos los Tanukis, pero a ellos les acarició la cabeza sin coscorrones. Y luego le hizo bro-fist a Akira y le dió coscorrones, jugueteando.

-Les juro que si no me hubieran invitado a esta misión, me escapaba para ir con ustedes. Esta vez, si… - Sonrió a lo “Quiero m…a…t…a…r… a …. Al…guien…. -Soy patata, pero quiero estar con ustedes.

-Veo que llevas muchas cosas ahí, Ibuki-san. Déjame ayudarte un poco. - Agarró la tienda de campaña portatil para quitarle peso de encima a la Inuzuka. -Akira-san, ¿puede ayudarnos, por favor? - Lo miró con una sonrisa amable para que llevara algún bolso extra que trajo la Inuzuka.

-Recuerden, ustedes dos. - Mencionó porque hasta ahora no había nadie más. -Si nos pasa algún peligro y salen heridos, pueden venir a donde mi y yo los curo dentro de lo que pueda. - Le recordó a ambos ninjas en caso de que ocurrieran acontecimientos más peligrosos. Quería que supieran que había un médico en entrenamiento ahí. Que no fueran a perderse las vidas de nadie por desconocimiento. -Pero peleando físicamente soy una tremenda basura, así que me protegen. Esperemos que no nos salgan Lombrices Gigantes del Desiento. - Bromeó.
Uchiha buenazo :3

Ficha || [Registro] - Uchiha Keisuke || Cronologias del Doctor de la Muerte
[Imagen: Kei-Thresh1.png]
[Imagen: Kuroto-Kei1Firma.png]
Daeru Uchiha
Rango Genin
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08-09-2026, 01:50 AM
Era temprano por la mañana, pero no se trataba de un día habitual. Las palabras del Hokage frente a todos los ninjas de la aldea todavía le habían dejado un sabor amargo. Daeru había conocido e interactuado con miembros de la Gente del Mar y, a pesar de ser personas bastante extrañas y algunos incluso con cara de pez, no le parecían tan diferentes a ellos. Eran ninjas que cumplían órdenes de sus superiores, exactamente como él. Sin embargo, las posturas de los altos mandos parecían ser completamente contrapuestas y aquello finalmente los había llevado a la guerra. Daeru no terminaba de sentirse cómodo con la idea de tener que enfrentarse a personas con las que hacía apenas unos días había compartido territorio, pero era una decisión que estaba muy por encima de él. Como shinobi de Konoha tendría que aceptarla.

Se levantó temprano y vistió sus ropas habituales antes de preparar cuidadosamente todo lo necesario para el viaje. Guardó sus armas, sellos explosivos, hilos ninja, alimentos y algunas mudas de ropa. Una nueva travesía le esperaba junto a un grupo de ninjas en algún lugar fuera de la aldea. Resultaba extraño pensar que hacía apenas unos días se encontraba en el País de las Olas acompañado por una enorme delegación de Konoha y ahora nuevamente se preparaba para abandonar su hogar, aunque esta vez las circunstancias eran completamente distintas.

Daeru salió de su casa y respiró profundamente el aire fresco del distrito Uchiha. Durante unos segundos permaneció allí, consciente de que volvía a dejar atrás la seguridad de su hogar sin saber exactamente qué encontraría fuera. Un pequeño nudo apareció en su garganta cuando inevitablemente pensó en su padre. A pesar de todo lo ocurrido entre ambos, esperaba regresar y volver a verlo. «Volveré...» Había crecido bastante durante los últimos meses. Las misiones y todo lo vivido fuera de la aldea le habían entregado una experiencia que antes no tenía, pero todavía existía una pregunta que no podía responder. Con la aparición del chakra corrupto y las nuevas amenazas que parecían extenderse por diferentes lugares, ¿estaría realmente preparado si volvía a encontrarse frente a una criatura como aquella enorme ave, pero esta vez dependiendo únicamente de sus propias fuerzas? Probablemente no tardaría demasiado en descubrirlo.

Una vez frente a las enormes puertas de Konoha, Daeru se detuvo y giró el cuerpo para contemplar la aldea una última vez. A aquellas horas todo parecía extrañamente tranquilo. El sol apenas comenzaba a iluminar los edificios y durante unos segundos costaba imaginar que aquella misma aldea acababa de prepararse para una guerra. Tragó saliva antes de apartar finalmente la mirada. Se dirigió hasta la caseta de los guardias, completó la documentación correspondiente y atravesó las puertas para dirigirse al lugar donde había acordado encontrarse con el resto del grupo.
[Imagen: 1bb5716d6be2fa2b4e048ccb8fb0d90a.gif]
Hablo - «Pienso» - Narro
Cronología
Alex Arceo
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08-09-2026, 01:40 PM
Última modificación: 08-09-2026, 01:41 PM por Alex Arceo.
Aquella mañana ya estaba repleta de alimentos para el Akimichi, su familia le alimentaba como correspondía y básicamente se festejaban los logros, el chico había logrado sobrevivir un día más, hahahaha, y para los Akimichi eso era suficiente para lanzar un banquete de desayuno, solo eran tres y aun así, eran monstruos comilones.
El chico les platicaba sobre el mensaje del hokage, ellos eran ninjas así que básicamente estuvieron presentes pero… esta conversación se llevaba a la mesa entre palabras y ÑOMS no lo sé, quizá para hablar de perspectivas y sentimientos, el calor en aquel hogar se terminaría al concretar el pequeño tentempié…

La madre le daría una gran mochila la cual contenía elementos que básicamente le permitirían “ACAMPAR” pero también llevaba raciones para tres meses, los cuales seguramente le durarían días… era una maldición, la que el gordo cargaba consigo mismo… y ahora… que simplemente parecía ir perfeccionando sus técnicas de clan, aun mas parecía que todo era complicado….

El chico llegaría, no tarde pero si al parecer al ultimo, no conocía a nadie, en aquellas puertas ya parecía haber suficientes personas… el gordo entregaría la documentación y saldría pero ¿y ahora? Era tímido…

No seria mentira que en cuanto el chico apareciera en el área… algo seria curioso, la presencia de el era… aplastante… literalmente era como que brillaba, no apestaba… pero tenia algo que era un MIRAME… TE VOY A JODER, ciertamente esa no era su personalidad pero… la vida, su tecnica y su forma de trabajar habían forjado ese cuerpo a la epitome que se dejaba ver en aquel momento… y ahora ¿Quién seria el valiente que hablaría con el?

ÑOM ÑOM ÑOM

¿enserio? ¿unas papas? se acercaria al grupo de los que dialogaban... era tímido, pero no estupido.
Kuroto Uchiha
Rango Chuunin
Clan Uchiha
Nivel 18
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Especiales
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08-09-2026, 05:05 PM
La habitación permanecía en silencio mientras el incienso perfumaba el ambiente. Kuroto estaba arrodillado frente al pequeño altar familiar. Homurakiba descansaba horizontalmente ante él. Detrás de la katana había una fotografía que conocía demasiado bien. Su madre permanecía detenida en ella desde hacía años. Kuroto juntó las manos y cerró los ojos. No tenía demasiado que pedir. Durante mucho tiempo había acudido allí pensando en hacerse más fuerte, en mejorar, en no cometer dos veces el mismo error. Aquella mañana, sin embargo, resultaba difícil ignorar que dentro de unas horas volvería a abandonar Konoha y que nadie sabía exactamente qué encontrarían al otro lado de sus fronteras. Las palabras del Hokage todavía resonaban en su cabeza. Los Sellos. Kirigakure. La Gente del Mar. Una negociación que había terminado de la peor forma posible. Kuroto abrió lentamente los ojos. Su mirada pasó de la fotografía hasta Homurakiba. Permaneció unos segundos más frente al altar antes de inclinar ligeramente la cabeza. Estaba a punto de incorporarse cuando escuchó pasos al otro lado de la habitación. La puerta se abrió. Su tío apareció en el umbral y se detuvo al encontrarlo allí.

- Menos mal.

Kuroto giró ligeramente la cabeza.

- Pensaba que ya te habías marchado.

Su tío entró unos pasos y observó durante un instante el altar. Su mirada se detuvo primero en la fotografía y después en la katana situada frente a ella.

- Solo quería desearte suerte antes de que salieras.

Kuroto se levantó y tomó Homurakiba con ambas manos.

- Gracias.

Su tío asintió. Parecía que aquello sería todo, pero cuando Kuroto pasó a su lado volvió a escuchar su voz.

- Kuroto.

Se detuvo. Su tío seguía mirando la funda de la katana.

- No quiero que Homurakiba vuelva a casa otra vez sola...

Durante un instante, Kuroto no respondió. Sus dedos se cerraron ligeramente alrededor de Homurakiba.

- No lo hará.

Su tío mantuvo la mirada sobre él unos segundos antes de asentir. Después se volvió y comenzó a alejarse por el pasillo. Kuroto permaneció inmóvil hasta que dejó de escuchar sus pasos. Entonces dirigió una última mirada hacia la fotografía de su madre antes de abandonar también la habitación.

En su cuarto, la mochila seguía abierta sobre el suelo. Prepararse para abandonar la aldea durante varios días requería bastante más trabajo que una misión corriente. Kuroto comenzó por aquello que menos posibilidades tenía de necesitar durante un enfrentamiento: alimentos, agua, una muda de ropa, el botiquín, los analgésicos y la manta de camuflaje. El resto exigía algo más de orden. Con los años había terminado acostumbrándose a distribuir el equipo siempre de la misma forma. Las cartucheras de la cintura recibieron una primera reserva de kunai y shuriken. Otra pequeña funda permanecía fijada al muslo para mantener proyectiles adicionales al alcance de la mano. Los senbon ocupaban considerablemente menos espacio: varias decenas podían mantenerse agrupadas dentro de estuches estrechos sin convertirse en un estorbo durante el movimiento. Kuroto comprobó uno de ellos antes de cerrarlo. Después vinieron las bombas de humo, los sellos explosivos y el hilo metálico, cada cosa en un compartimento distinto.  Todavía quedaban los tres boomerangs de madera. Kuroto los contempló durante unos segundos.

- Sigo sin saber por qué llevo tantos...

Terminó sujetándolos juntos en uno de los laterales del equipaje. Cuando acabó, levantó la mochila unos centímetros y la dejó caer de nuevo sobre el suelo. Nada chocó entre sí.

- Bien.

Aseguró finalmente Homurakiba a su cintura. La posición de la funda apenas había cambiado durante años: quedaba lo bastante atrás para no entorpecer sus movimientos y lo bastante cerca como para poder desenvainar sin necesidad de pensar dónde se encontraba. Se colocó la mochila y abandonó su cuarto.

Konoha apenas había comenzado a despertar cuando salió al exterior. Las primeras tiendas levantaban sus persianas y algunos vecinos recorrían las calles todavía medio vacías. Nada en aquella mañana parecía especialmente diferente. Eso resultaba extraño. Hacía apenas diez días, Kuroto había regresado del País de las Olas después de formar parte de una de las mayores delegaciones que recordaba haber visto abandonar Konoha. Entonces existían órdenes explícitas de ocultar su procedencia, su aldea y hasta su clan. Ahora todo aquello había cambiado. Las palabras del Hokage habían terminado de hacer público algo que hasta entonces muchos solamente habían podido intuir. El conflicto con Kirigakure era real. Kuroto siguió caminando hacia las puertas. Él había estado allí. Había tratado con miembros de la Gente del Mar y sabía que la situación al otro lado tampoco era sencilla.

- Ellos también están sufriendo... El propio Hokage lo admitió.

Eso era quizá lo que más le impedía verlo todo como una simple división entre aliados y enemigos. Que ahora estuvieran en bandos distintos no los convertía en monstruos. Probablemente tenían familias. Compañeros. Personas esperando que regresaran a casa. También obedecían órdenes y también podían creer que estaban protegiendo aquello que les pertenecía. Kuroto entendía eso. Pero entenderlo no cambiaba dónde estaba él. No necesitaba odiarlos para saber qué haría si llegaba el momento de elegir. Konoha era su hogar. Y él era uno de sus shinobi. Su mano seguía descansando sobre la empuñadura de Homurakiba. También era Uchiha. Esta vez nadie le había pedido que fingiera lo contrario. Puede que aquello no cambiara absolutamente nada sobre lo que encontrarían durante el viaje, pero Kuroto no pudo evitar sentir cierto orgullo al pensarlo. No porque esperara recibir un trato diferente, sino simplemente porque, si tenía que representar a Konoha fuera de sus fronteras, lo haría siendo quien era.

Las enormes puertas de Konoha comenzaron a distinguirse al final de la calle. Kuroto continuó avanzando hacia ellas hasta que una preocupación bastante más mundana consiguió abrirse paso entre sus pensamientos.

- ¿Quién habrá venido?

Hasta aquel momento no se había detenido demasiado a pensarlo. Sabía que tendría que viajar acompañado, pero desconocía quiénes formarían finalmente el grupo. Trabajar con desconocidos nunca había supuesto un problema. Había realizado suficientes misiones para acostumbrarse a ello. Pasar varios días compartiendo camino, descansos y campamentos era otra historia. Kuroto desvió brevemente la mirada hacia los edificios que iba dejando atrás.

- Tampoco puede ser para tanto...

No terminó de convencerse demasiado. Al llegar a las puertas se dirigió hasta la caseta de vigilancia y completó la documentación correspondiente. Mientras uno de los guardias terminaba de revisar sus datos, aprovechó para comprobar que las correas de la mochila continuaban correctamente ajustadas y que nada de lo que llevaba encima se había desplazado durante el trayecto. Todo seguía en su sitio. Una vez autorizado, atravesó finalmente las puertas de la aldea. El punto de encuentro se encontraba a poca distancia y varias figuras podían distinguirse ya desde el camino. Kuroto tardó apenas unos segundos en reconocer algunas de ellas. Akira estaba allí. También Daeru. Keisuke se encontraba cerca de ambos, aparentemente bastante más animado de lo que cabría esperar a aquellas horas, mientras ayudaba con parte del equipaje de Ibuki. La tensión que había comenzado a acompañarlo durante los últimos minutos disminuyó ligeramente.

- Bien...

Conocía a buena parte del grupo. Entonces reparó en otra figura que se aproximaba a los demás. Era inevitable fijarse en él. El Akimichi tenía una presencia difícil de ignorar y, a primera vista, podía resultar bastante intimidante. Kuroto no recordaba haber tratado con él anteriormente. Sin embargo, aquella impresión perdía bastante fuerza al descubrir que el muchacho se acercaba mientras comía tranquilamente unas papas. Kuroto lo observó durante un instante antes de continuar caminando hasta reunirse con los demás. Homurakiba permanecía asegurada a su cintura y la enorme cantidad de herramientas repartidas entre su cuerpo y el equipaje apenas producían sonido alguno al moverse.

- Buenos días.

Su mirada pasó brevemente por Akira, Keisuke, Daeru e Ibuki antes de detenerse en el único rostro que no conocía. Durante apenas un segundo consideró limitarse a esperar a que alguien hiciera las presentaciones. Después descartó la idea.

- Kuroto. Un placer.

No parecía necesario añadir mucho más. A fin de cuentas, si iban a pasar varios días juntos, habría tiempo de sobra para descubrir quién ycomo era cada uno.
-Hablo-
-Pienso-
-Narro-
AsunaMatata
Rango Genin
Clan Uchiha
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08-09-2026, 05:52 PM
- Es muy pronto. - Murmuré mientras miraba por la ventana, observando cómo el sol apenas comenzaba a asomar por el horizonte. El cielo todavía conservaba parte de la oscuridad de la noche, teñido poco a poco por aquellos primeros tonos anaranjados que anunciaban el comienzo de un nuevo día. No tenía por costumbre levantarme tan temprano. De hecho, si dependiera de mí, probablemente seguiría acurrucada entre las sábanas durante un buen rato más. Pero aquella mañana era diferente. Por primera vez desde que me había convertido en kunoichi, me habían asignado una misión que realmente parecía importante. Y no era solamente eso. Por primera vez, abandonaría la aldea.

Me quedé unos instantes contemplando el exterior, pensando en todo lo que había ocurrido durante los últimos días. Desde la reunión en la que se nos había informado sobre el aviso de una guerra inminente, el ambiente en Konoha había cambiado. Ya no se respiraba la misma tranquilidad de antes. Los shinobi comenzábamos a prepararnos para algo que todavía parecía lejano, pero que podía terminar alcanzándonos mucho antes de lo que cualquiera quisiera admitir.

Y ahora me tocaba salir de Konoha. Separarme de las murallas que siempre había conocido. Explorar aquello que existía más allá de la aldea. Una mezcla de nervios y emoción comenzó a recorrerme mientras me alejaba de la ventana. - Supongo que debería prepararme… - Dije para mí misma, dejando escapar un pequeño suspiro. No sabía exactamente qué encontraríamos fuera, ni qué clase de misión nos esperaba. Tampoco sabía quiénes serían mis compañeros o cuánto tiempo permaneceríamos lejos de casa.

Después de terminar de prepararme, salí de casa y comencé a caminar por las calles de Konoha. A esas horas, la aldea todavía se encontraba bastante tranquila. Algunos comerciantes apenas comenzaban a abrir sus establecimientos y unos pocos shinobi ya recorrían las calles, seguramente dirigiéndose también a sus respectivos puntos de encuentro. Avancé a un ritmo tranquilo, aunque no pude evitar sentir cierta inquietud conforme me acercaba a la salida. Era extraño pensar que, después de tantos años viendo aquellas murallas como algo cotidiano, finalmente iba a cruzarlas para adentrarme en el exterior.

Tras unos minutos de camino, finalmente llegué al punto de salida indicado. Allí se encontraba el puesto encargado de registrar a los shinobi que abandonaríamos la aldea. Me acerqué al responsable y, después de comprobar mi nombre en la lista, me entregó los documentos correspondientes. Los revisé rápidamente antes de firmarlos, dejando constancia de mi autorización para abandonar Konoha como parte del grupo de exploración. - Aquí tienes. - Dije entregando nuevamente los papeles firmados.

Entonces dirigí la mirada hacia la zona donde comenzaban a reunirse los demás integrantes del grupo. Había bastantes shinobi, algunos completamente desconocidos para mí, pero entre ellos empecé a distinguir varias caras que me resultaban familiares.

Me acerqué finalmente al grupo y levanté una mano a modo de saludo general. - Buenos días… - Dije con una pequeña sonrisa, observando entonces a los presentes. Entre ellos pude reconocer a Akira. “Ah... menos mal. Al menos estoy con él.” - La idea de tener a alguien conocido y en quien confiaba dentro del grupo hizo que me sintiera un poco más tranquila. Entonces mi mirada se cruzó con la de Keisuke. Mi expresión cambió ligeramente. “Y también está el sobón…” -Aparté la mirada casi de inmediato, procurando no darle demasiada importancia. Seguí observando el grupo. “ Jum” . - Había otro par que solo conocía de vista de verlos por el distrito uchiha y un chico gordiflon. “¡Esta comiendo lo mismo que en la reunión”. - Respiré un poco más aliviada al darme cuenta que al menos otra chica vendría en el equipo. “ Al menos no estaré sola”
[Imagen: Captura-de-pantalla-2026-10-12-100635.png]
Chota Akimichi
Rango Genin
Clan Akimichi
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478
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08-09-2026, 07:59 PM
Mi padre originalmente tenía planes de llevarme de excursión al país de las Olas, había intentado mover fichas e incluso intentó usar al tío Daisuke para conseguirlo. Según el era para entrenarme en un contexto real, pero yo sabía que su intención era protegerme y vigilarme todo el tiempo.

Sin embargo, los planes de los altos mandos de la aldea eran otras, y parecían tener muy bien planificado la forma de distribuir las fuerzas militares de Konoha. Con la amenaza de guerra rondando la frontera, el Hokage y los líderes de clan decidieron dividir sus fuerzas en varios grupos shinobi para realizar expediciones de reconocimiento de forma más estratégica y poder abarcar zonas mucho más amplias.

— Parece que no te podré llevar conmigo al país de las Olas. El único consejo que te daré es que aprendas a adaptarte. Un viaje con otros de tu generación probablemente sea una mejor experiencia que ir con este viejo — me dijo mi padre antes de despedirse de mí con una palmada en la espalda.

Luego de eso caminé hacia las puertas de la aldea. Nunca había salido al exterior, y tengo que admitir que tenía una extraña mezcla entre emoción y temor. Me hubiera gustado viajar en un contexto menos peligroso y menos desafortunado.

Cuando estuve frente a la puerta de slaida reajuste las correas de mi mochila de campamento que parecía un armario atado a la espalda, cargado en su mayor parte con raciones de alimentos hipercalóricas, algo de ropa, equipo de expedición y varias bolsas de Doritos.

Para esta expedición cambié mi forma de vestir por una mas adecuada para la ocasión. Tenía la capucha calada sobre la bandana, y mi característica máscara negra rodeándome la mirada y guantes azules bien ajustados.

En mis manos llevaba una bolsa de Doritos, que parecía interminable.

CRUNCH CRUNCH CRUNCH CRUNCH

Mastique con parsimonia mientras observaba y evaluaba al grupo que estaba reunido en el lugar. Al parecer todos eran miembros de algún clan, no los cononocia pero si estoy seguro de haber visto a la mayoría en algún momento.

— Vaya multitud… —murmuré avanzando hasta detenerme a una distancia prudente.

— ¡Hola hola! Soy Chota. Chota Akimichi —me presenté para luego meterme un bocado de Doritos a la boca—. ¡CRUNCH! ¡CRUNCH! Es un placer ¿Quieren un poco?

Eche una mirada hacia las murallas de la aldea, de cerca se veían super imponentes. Luego mire hacia el otro Akimichi del grupo y me acerqué a él.

— ¡Hey! ¿Cómo estás my brother? No sabía que vendría otro Akimichi. Qué gusto que nuestro clan esta vez sea tomado en cuenta. Espero ser de utilidad.

CRUNCH CRUNCH CRUNCH
Mayura Hyuga
Rango Chuunin
Clan Hyuga
Nivel 11
Estadísticas
Generales
Fuerza1(1)
Destreza60(3)
Ctrl. de Chakra100(5)
Inteligencia4(1)
Especiales
Salud11
Velocidad18
Tenketsu10
Sigilo10
420
565
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08-09-2026, 08:54 PM
Mucho había sucedido en la vida de Mayura desde que regresaron del País de las Olas y se llevaron a cabo las interacciones con la gente del agua. De hecho, incluyó mucho tiempo libre. El joven pavo real trató su piel, su pelo y cualquier rasgo de belleza que se vio afectado durante la visita. Lo primero fue restablecer su inventario de cosméticos, lo segundo, recuperar su rutina y lo tercero, agregar a esa rutina doble tiempo de dormir.

Por consiguiente, no fue extraño que se levantara después de su hermano y que encima se tomara su tiempo para alistarse antes de que el sirviente le pasara la carta. — ¡¿QUEEEEEE?! ¡Cómo piensa irse sin mí! — Su grito resonó por toda la residencia de la rama principal. El joven genin tomó sus cosas. Si su hermano saliera del país, tendría que protegerlo. Era muy terco y tonto, a veces precipitado, sin mencionar que no tenía la mínima visión para las cosas realmente bellas.

— Se cree que puede irse así nomás. Eres un idiota. — Iba hablando consigo mismo mientras se dirigía hacia la puerta de la aldea a toda velocidad. Los minutos pasaron y su marcha no se redujo; entonces vislumbró al grupo. — Al menos no se va solo, pero no por ello puede permitirse ir sin mí. — A Mayura no le importaba la misión, la investigación, absolutamente nada que no fuera la seguridad de su mellizo. Se encargaría de dejarlo claro tan pronto como llegara.

— ¡Que sea la última vez que se te ocurra viajar sin mí! ¡Que no sabes que necesitas mi protección! — Por supuesto, el pavo sabía perfectamente que Akira no la necesitaba. Sin embargo, no podía con la idea de que algo le fuera a suceder a su hermano y no estar presente para protegerlo. El instinto que compartían como mellizos les dejaba claro que no estaban listos para separarse a una distancia tan larga. No porque lo considerara débil o realmente se creyera la mentira de que debía protegerlo, sino porque su verdadero hogar estaba cerca de Akira y no en las cuatro paredes a las que el clan le había forzado a llamar casa.
[Imagen: ab4qP1h.jpeg]
Moderador Sakura
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08-09-2026, 09:43 PM
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Buen viaje a todos
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