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[Misión C] Venganza
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07-09-2026, 12:31 PM
Misión
● Nombre de la Misión: Venganza
● Información de la Misión: Los bandidos que extorsionaban a Tadayoshi volvieron al local pero en lugar de cobrar protección, simplemente puso patas arriba el local, obligando a Tadayoshi a pedir ayuda nuevamente, esta vez de una vez por todas, pues parece ser que los compañeros que lo atacaron antes decidieron volver para vengarse por la captura de sus hermanos criminales.
● Rango y Tipo de la Misión: Misión simple de Rango C.
● Fecha y Lugar: 30 Verano 150 - Zona Comercial de Kiri
● Cantidad de Usuarios: Kishue
● Cantidad máxima de horas por ronda: 72 Horas

Durante varios días el restaurante Akai Koi consiguió recuperar aquella tranquilidad que había perdido por culpa de los tres hombres que cobraban una supuesta protección a los comerciantes de la zona, los daños provocados durante su captura fueron reparados poco a poco, las mesas volvieron a ocupar su lugar y Tadayoshi pudo abrir nuevamente las puertas sin esperar que en cualquier momento apareciera alguien para exigirle parte de sus ganancias. Los tres extorsionadores continuaban encerrados en la prisión de Kirigakure y ninguno de ellos había conseguido abandonar su celda, pero las amenazas que realizaron antes de su captura hablaban de más personas involucradas y aquello no fue olvidado por las autoridades.

Tadayoshi sí intentó olvidarlo, o por lo menos comportarse como si el problema hubiese terminado, volvió a atender a sus clientes y ordenó a sus trabajadores no hablar del ataque frente a las personas que llegaban a comer, pues el temor de que el establecimiento fuera un sitio peligroso podía ocasionarle una pérdida mucho mayor que la cantidad exigida por los criminales. Durante las primeras noches cerró más temprano y revisó en varias ocasiones las puertas, pero al pasar los días sin recibir amenazas empezó a creer que los compañeros de los detenidos habían decidido esconderse antes de correr el mismo destino.

La aparente calma terminó la noche anterior, poco antes del cierre, cuando solamente permanecían dentro del establecimiento Tadayoshi, dos trabajadores y una pareja que terminaba de cenar. Cuatro hombres entraron por la puerta principal sin molestarse en ocultar sus rostros, uno de ellos cerró detrás de sí y se mantuvo frente a la salida, mientras los otros tres se separaron entre las mesas. No solicitaron comida ni buscaron un lugar donde sentarse, tampoco mencionaron la cantidad de dinero que antes era exigida como pago de protección.

El primero tomó un plato de una mesa vacía y lo arrojó contra la pared.

El sonido detuvo cualquier conversación dentro del restaurante y fue seguido por el golpe de una silla contra el suelo, después otra y luego una mesa empujada hasta chocar con las de su costado. Los clientes se levantaron sin comprender lo que estaba sucediendo, pero el hombre de la puerta no permitió que se acercaran a la salida hasta que uno de sus compañeros le indicó que los dejara marcharse. Aquella vez no habían ido a robar a los comensales ni a obtener dinero; querían que hubiera testigos suficientes para extender el miedo, pero no tantos como para dificultar su trabajo.

Tadayoshi abandonó el mostrador y trató de detenerlos antes de que llegaran hasta la cocina, aunque su presencia solamente consiguió atraer la atención del hombre que parecía dirigirlos. Era alto, llevaba el cabello recogido detrás de la cabeza y una cuerda roja rodeaba su brazo izquierdo varias veces. No desenfundó el arma sujeta a su cintura, pero golpeó el pecho del propietario con la palma abierta y lo hizo retroceder contra el mostrador.

—El dinero ya no nos interesa. Venimos por nuestros hermanos.
—Ellos fueron quienes atacaron este lugar, yo solamente pedí ayuda. —respondió Tadayoshi mientras intentaba recuperar el aire.
—Y por tu culpa siguen pudriéndose dentro de una celda. Si no puedes sacarlos, por lo menos aprenderás lo que cuesta enviarlos allí.

Los demás continuaron destruyendo el local mientras el cabecilla hablaba. Abrieron recipientes y arrojaron los alimentos sobre el suelo, rompieron las botellas almacenadas detrás del mostrador y volcaron una olla antes de que pudiera ser retirada del fuego, aunque uno de los trabajadores alcanzó a apagar las llamas antes de que se extendieran por la cocina. No buscaron objetos valiosos ni revisaron la caja donde Tadayoshi guardaba las ganancias del día. Incluso cuando esta quedó al alcance de uno de ellos, pasó de largo para destrozar las estanterías donde se conservaban platos y utensilios.

El ataque duró pocos minutos, pero fue suficiente para dejar el Akai Koi irreconocible. El cabecilla agarró a Tadayoshi por la ropa y lo obligó a contemplar las mesas rotas, los alimentos mezclados con los fragmentos de cerámica y el agua que empezaba a cubrir el suelo después de que uno de sus compañeros quebrara una tubería de la cocina. Después lo soltó, dejando una última advertencia antes de marcharse.

—La próxima vez no romperemos tus cosas. Averigua quién los capturó y diles que esto apenas empieza.

Los cuatro abandonaron el establecimiento por la puerta posterior y se internaron en las calles de la zona comercial antes de que llegara una patrulla. Ninguno de los presentes intentó perseguirlos. Tadayoshi tenía un golpe en el pecho y uno de sus trabajadores había sufrido un corte en la mano al apartar los restos de una botella, pero no hubo lesiones de gravedad. La intención de los bandidos había sido suficientemente clara: podían haber atacado a las personas y decidieron no hacerlo, reservando esa posibilidad para su siguiente visita.

Los guardias inspeccionaron el restaurante aquella misma noche. Las pisadas de los criminales se mezclaban con el agua y la comida derramada, pero cerca de la salida posterior encontraron varias marcas de barro oscuro que continuaban hasta el callejón. La lluvia borró el rastro al alcanzar la calle principal. También recuperaron un fragmento de cuerda roja enganchado en una astilla del marco, similar a la que llevaba el cabecilla alrededor del brazo, y en la cocina apareció una ficha de madera que ninguno de los trabajadores reconoció. Sobre una de sus caras tenía grabado un pez atravesado por tres líneas.

Tadayoshi acudió nuevamente ante las autoridades al amanecer. Esta vez no pidió protección temporal ni vigilancia durante la siguiente jornada. Los responsables anteriores habían sido capturados, pero su grupo seguía funcionando y ahora conocía el restaurante, a sus trabajadores y a las personas que participaron en la primera intervención. Permitir que la amenaza continuara solo les daría tiempo para escoger un objetivo más vulnerable.

La información de los tres prisioneros fue revisada después de su declaración. Ninguno pertenecía a una organización reconocida dentro de Kirigakure, aunque dos de ellos habían trabajado descargando mercancías en los canales orientales y el tercero poseía antecedentes por peleas cerca de los antiguos almacenes pesqueros. Durante los interrogatorios evitaron identificar a sus compañeros, pero uno había mencionado anteriormente a un hombre llamado Daigo, sin ofrecer un apellido ni una descripción. No existía certeza de que se tratara del cabecilla que atacó el restaurante, aunque era la única identidad relacionada con el grupo.

Al llegar la mañana, el Akai Koi permanecía cerrado. Una tabla sustituía provisionalmente parte de la puerta posterior y varias telas cubrían las ventanas para impedir que los curiosos observaran el interior. Tadayoshi esperaba junto al mostrador dañado, rodeado por aquello que los bandidos dejaron atrás. Había conservado la ficha de madera, la cuerda roja y un pequeño trozo de tela arrancado durante el ataque para entregarlos a los shinobi que aceptaran la misión.

Desde el restaurante se podían iniciar varios caminos. Tadayoshi y sus trabajadores habían presenciado el ataque y podían describir a los cuatro hombres; los prisioneros de la misión anterior quizá hablaran al saber que sus compañeros estaban empeorando su situación; la ficha del pez podía pertenecer a algún negocio, embarcación o grupo de los canales; y los antecedentes de los detenidos conducían hacia los almacenes pesqueros del este. Sin embargo, ninguna pista indicaba por sí sola dónde se ocultaban ni cuándo pensaban regresar.

Los bandidos ya habían demostrado que no buscaban dinero y que conocían a quienes intervinieron anteriormente. Encontrarlos antes de que cumplieran su amenaza era ahora el verdadero objetivo, pero decidir por dónde comenzar la investigación correspondería a los shinobi enviados al Akai Koi.

La nueva solicitud de Tadayoshi llegó al ayuntamiento durante las primeras horas de la mañana, acompañada por el informe levantado por la patrulla que acudió al Akai Koi la noche anterior y por una petición específica, de ser posible deseaba la presencia de alguno de los shinobi que participaron en la captura de los primeros extorsionadores, no solamente porque ya conocían el establecimiento y los antecedentes del conflicto, sino porque la última amenaza fue dirigida también hacia ellos. El nombre de Kishue apareció entre los tres integrantes de aquella misión y una convocatoria fue enviada para informarle de lo sucedido.

Cuando Kishue estuvo presente en la sala de asignaciones, el encargado mantuvo frente a sí dos documentos distintos. El primero correspondía a la misión anterior y contenía la declaración sobre los tres hombres capturados, las armas decomisadas y la recomendación de investigar sus vínculos antes de considerar terminado el problema. El segundo apenas tenía unas horas de haber sido escrito y describía un ataque distinto, sin intento de extorsión ni exigencia económica, pero con daños mucho mayores y una amenaza directa contra el propietario del restaurante.

El hombre encargado de entregar la misión colocó ambos informes uno junto al otro, señalando primero el más reciente.

—Anoche, cuatro sujetos irrumpieron en el Akai Koi poco antes del cierre. Destruyeron parte del establecimiento, golpearon al propietario y dejaron claro que actuaban en respuesta a la captura de los tres criminales entregados anteriormente. No robaron el dinero disponible ni exigieron el pago de protección. Su objetivo fue causar daños y advertir que volverán.

La declaración de Tadayoshi señalaba que uno de los atacantes habló de los detenidos como sus hermanos, aunque todavía se desconocía si se refería a una relación de sangre o a la forma en que los integrantes del grupo se reconocían entre ellos. Los tres prisioneros continuaban bajo custodia y ninguno podía haber participado en el nuevo ataque. Eso confirmaba que la organización era mayor de lo estimado y que la captura anterior, en lugar de desarticularla, había provocado que quienes permanecían libres abandonaran la extorsión discreta para buscar venganza.

—La prioridad es identificar a los cuatro responsables y localizar el lugar donde se reúne el resto del grupo. Deben ser capturados con vida siempre que resulte posible, pues todavía necesitamos conocer cuántos son y si han amenazado otros negocios. El señor Tadayoshi conserva varios objetos encontrados después del ataque y los trabajadores que estuvieron presentes pueden ofrecer una descripción. El restaurante será el punto inicial de la investigación.

Entre los datos reunidos aparecía el nombre de Daigo, mencionado durante uno de los interrogatorios anteriores, aunque no existía un apellido, domicilio ni descripción que permitiera relacionarlo directamente con el cabecilla. Dos de los prisioneros habían trabajado en los canales orientales y el tercero poseía antecedentes cerca de los almacenes pesqueros, por lo que aquella zona se mantenía como una posible conexión. Sin embargo, acudir directamente sin revisar el restaurante podía alertar a los criminales o conducir la búsqueda hacia un sitio que ya hubieran abandonado.

El encargado cerró el primer expediente y dejó el segundo abierto para que la información permaneciera disponible.

—Tadayoshi conoce tu participación en la captura anterior. Está esperando en el local y fue informado de que un shinobi acudiría durante la mañana. Puedes interrogarlo, revisar los daños o solicitar acceso a los detenidos si consideras que alguno terminará hablando. A partir del Akai Koi, la investigación queda en tus manos.

Fuera del ayuntamiento, Kirigakure se encontraba cubierta por una neblina más espesa que la de los días anteriores, no lo suficiente para impedir el tránsito por las calles principales, pero sí para borrar los edificios después de varias decenas de metros. Una lluvia fina descendía sin fuerza y se acumulaba sobre los tejados, las cuerdas de los puestos todavía cerrados y las piedras irregulares del camino. El agua corría hacia los canales mediante pequeñas corrientes oscuras y las pisadas recientes desaparecían con rapidez, una condición que explicaba por qué la patrulla había perdido el rastro de los atacantes al salir del callejón.

La ruta hacia la zona comercial permanecía transitada a pesar del clima. Los primeros vendedores levantaban protecciones de tela sobre sus puestos y los encargados de los almacenes transportaban mercancía antes de que aumentara la lluvia. Cerca del Akai Koi la actividad cambiaba. Algunos comerciantes observaban en dirección al restaurante y hablaban entre ellos, mientras otros evitaban detenerse frente a su fachada. La noticia del ataque ya había empezado a extenderse y la puerta cerrada del establecimiento confirmaba que aquella mañana no recibiría clientes.

El letrero del Akai Koi seguía en su sitio, pero una de sus esquinas había quedado torcida. La puerta principal conservaba marcas recientes alrededor de la cerradura, aunque no había sido forzada, pues los atacantes ingresaron mientras el restaurante todavía estaba abierto. Varias telas cubrían las ventanas y detrás de ellas podía verse la sombra de muebles apilados. En el lateral del edificio, el callejón conducía hasta una puerta posterior reparada de manera provisional con tablas nuevas, algunas todavía sin cortar a la medida correcta.

Al ingresar al establecimiento se hacía evidente que la descripción del informe no exageraba los daños. Tres mesas estaban volcadas y dos de ellas tenían las patas quebradas; los platos rotos habían sido reunidos en varios recipientes, aunque fragmentos pequeños continuaban apareciendo entre las tablas del suelo. Detrás del mostrador faltaban buena parte de las botellas y una mancha oscura cubría la pared donde fueron arrojadas. El olor habitual de la comida había sido reemplazado por una mezcla de madera húmeda, alcohol derramado y los alimentos que no pudieron recuperarse.

Tadayoshi permanecía junto al mostrador con una venda sencilla alrededor del torso, puesta para reducir la molestia del golpe recibido en el pecho. Los dos trabajadores que estuvieron presentes también se encontraban allí. Uno llevaba la mano derecha vendada por el corte sufrido al retirar una botella rota, mientras el otro intentaba separar los utensilios todavía utilizables de aquellos que debían ser reemplazados. Ninguno trabajaba con la intención de abrir ese día; solamente buscaban despejar suficiente espacio para caminar dentro del local.

La presencia de Kishue fue reconocida por Tadayoshi, quien dejó sobre el mostrador aquello que había reservado para la investigación: un fragmento de cuerda roja, una pieza de tela oscura y una ficha circular de madera. Esta última tenía grabada la figura de un pez atravesado por tres líneas, pero no mostraba ningún nombre ni inscripción adicional.

—Sabía que las amenazas de aquellos hombres no terminarían con su arresto, pero creí que sus compañeros evitarían regresar al mismo sitio. Me equivoqué. Estos cuatro no vinieron a cobrar nada, ni siquiera tocaron la caja. Entraron para destruir y para asegurarse de que yo comprendiera por qué lo hacían.

Tadayoshi describió al cabecilla como un hombre alto, de cabello oscuro recogido detrás de la cabeza y con varios segmentos de cuerda roja enrollados alrededor del brazo izquierdo. Llevaba una espada en la cintura, aunque no llegó a desenvainarla. Otro de los atacantes era bajo y ancho de hombros, con una cicatriz junto a la boca; el tercero tenía parte de la cabeza afeitada y utilizó una barra para romper las mesas; el último permaneció la mayor parte del tiempo vigilando la entrada. Los cuatro parecían conocer la distribución del restaurante y se dirigieron hacia la cocina sin necesidad de buscarla.

—El que llevaba la cuerda dijo que venía por sus hermanos. También pidió que averiguara quién los había capturado y les advirtiera que esto apenas comenzaba. Después salieron por la puerta trasera. Uno mencionó que debían llegar a los muelles antes del cambio de guardia, pero no sé a cuáles se refería.

La puerta posterior seguía disponible para ser examinada y el callejón conservaba algunos restos del barro oscuro dejado por los atacantes, aunque la lluvia había eliminado la mayor parte de las pisadas. Los objetos recuperados aguardaban sobre el mostrador y los tres testigos podían responder más preguntas. Desde allí también era posible continuar hacia los canales orientales, investigar el símbolo de la ficha o regresar a la prisión para interrogar a los primeros extorsionadores.

Toda la información inicial había sido entregada. La manera de comenzar y cuál de aquellas pistas seguir primero correspondía ahora a Kishue.
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07-09-2026, 02:05 PM
Última modificación: 07-09-2026, 02:05 PM por Kishue.
Kishue escuchó el informe sin interrumpir al encargado. La captura anterior debía haber terminado con Tadayoshi libre de amenazas y el Akai Koi funcionando con normalidad; en cambio, los compañeros de aquellos tres hombres regresaron para destrozar el restaurante. No habían ido por dinero. Querían vengarse y asegurarse de que tanto el propietario como los shinobi responsables supieran que el problema continuaba. Aquella última parte lo involucraba directamente y no pensaba esperar a que alguien más recibiera el siguiente golpe.

Durante el camino hacia la zona comercial recordó la primera intervención. Entonces habían permitido que los extorsionadores se sentaran, pidieran comida y exigieran el pago antes de actuar, pues necesitaban sorprenderlos mientras cometían el delito. Esta vez no había nada que demostrar. Los platos rotos, las amenazas y el golpe recibido por Tadayoshi bastaban. Si los hombres regresaban, Kishue no desperdiciaría tiempo escuchando otra explicación.

El estado del Akai Koi terminó de borrar cualquier duda. La puerta reparada, las mesas quebradas y el olor mezclado de alcohol y alimentos desperdiciados mostraban que el ataque no había sido una simple advertencia. Kishue recorrió el local con una seriedad extraña en él, evitando pisar los fragmentos que todavía permanecían en el suelo. Al encontrar a Tadayoshi vendado detrás del mostrador, sus manos se cerraron con fuerza antes de que pudiera impedirlo.

—Esto no ocurrió porque usted pidiera ayuda. —dijo, mirando los destrozos en vez de la venda—. Ocurrió porque ellos decidieron atacar otra vez. La culpa sigue siendo suya, no de usted.

Kishue examinó los objetos dejados por los criminales. Primero acercó la pieza de tela y el segmento de cuerda roja a su nariz, respirando varias veces hasta separar la humedad, el polvo del restaurante y el olor de quienes los habían manipulado. No esperaba seguir un rastro lavado desde la noche anterior, pero sí podía memorizarlo. Si el hombre de la cuerda regresaba, quizá Kishue lo reconocería antes de verlo atravesar la entrada.

La ficha del pez le interesó de una manera distinta. La giró entre sus dedos y observó las tres líneas talladas sobre la madera, aunque no intentó inventar un significado que todavía desconocía. Podía conducir hacia los muelles, una embarcación o algún grupo de los canales orientales; también podía ser una pieza caída por accidente sin valor inmediato. Perseguir aquel símbolo llevaría tiempo y los propios atacantes ya habían prometido ofrecerles una oportunidad mejor.

—Dijeron que volverían. Entonces dejaremos que lo hagan. —explicó mientras devolvía la ficha al mostrador—. No estarán esperando encontrarme aquí tan pronto, y cuando lleguen podremos atraparlos y hacer que nos lleven hasta los demás.

Su propuesta era sencilla. El restaurante permanecería cerrado durante el día, tal como se encontraba, pero al caer la noche dejarían encendidas algunas luces para que desde afuera pareciera ocupado. Tadayoshi y sus trabajadores no tenían por qué participar como señuelos ni exponerse a otro ataque. Kishue les pidió que abandonaran el local antes de oscurecer y avisaran a la guardia de que no interviniera hasta escuchar una señal o ver a alguien intentar escapar.

La esfera de Mekka se movió entre sus ropas mientras Kishue escogía una mesa que todavía conservara sus cuatro patas. Era casi la misma posición que había ocupado durante la primera misión, cerca de la salida y con una vista directa de la puerta. Esta vez, sin embargo, no fingiría ser un cliente despreocupado ni dejaría que los hombres avanzaran hasta Tadayoshi. En cuanto reconociera a uno de ellos, la espera terminaría.

—Sí, ya sé que la última vez rompieron platos mientras esperábamos. —murmuró hacia Mekka—. Por eso esta vez no van a tocar nada. Entran, los golpeamos y después preguntamos.

Kishue dedicó las horas restantes a apartar los fragmentos peligrosos y comprobar las dos salidas. No colocó trampas ni intentó esconder su presencia. Si los atacantes miraban por una ventana, quería que vieran a alguien dentro y creyeran que Tadayoshi había cometido el error de regresar. Sus nudilleras kunai permanecieron al alcance de ambas manos, mientras la transformación continuaba contenida para no gastar fuerzas antes del enfrentamiento.

La luz exterior fue desapareciendo y la niebla se hizo más difícil de distinguir detrás de las ventanas cubiertas. Kishue permaneció sentado frente a la entrada con Mekka junto a él, atento a cada paso que atravesaba la calle y a cualquier olor que lograra filtrarse por la madera. No sabía si llegarían cuatro hombres, una banda entera o ninguno durante aquella noche.

Eso le correspondía decidirlo a quienes habían prometido volver. Kishue solamente tenía que estar allí cuando lo intentaran.
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Virtudes y Defectos
VIRTUDES
V006: Presencia Carismática
V017: Líder Nato
V032: Rostro Común
V033: Investigador
V035: Capacidad Sensorial Aumentada II (Olfato y Oído)
V090: Disciplina Ascética

DEFECTOS
V048: Adicción (Hablar con su pez)
V054: Último Acto
V057: Fobia III (Arañas)
V065: Lealtad
V069: Sinceridad
V077: Prosopagnosia
V083: Traicionable
V085: Venganza (Hoshigaki)
V088: Psicopatía
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07-09-2026, 02:39 PM
La lluvia se mantuvo durante toda la noche y las calles de la zona comercial fueron perdiendo movimiento hasta quedar prácticamente vacías, solamente algunos guardias continuaban recorriendo las esquinas y uno que otro comerciante terminaba de cerrar sus puertas, el Akai Koi mantenía algunas luces encendidas detrás de las telas que cubrían sus ventanas, suficiente para aparentar que Tadayoshi había regresado al local a pesar de los daños provocados la noche anterior.

El propietario aceptó esperar en un establecimiento cercano junto con sus dos trabajadores, desde una ventana podía observar parte de la fachada de su restaurante y una pareja de guardias permanecía disponible algunas calles más lejos, pero ninguno intervendría hasta recibir la señal acordada. Tadayoshi no parecía cómodo con abandonar nuevamente el Akai Koi, aunque la imagen de las mesas destruidas y el golpe que todavía le dificultaba respirar sirvieron para convencerlo de que su presencia solamente entregaría otro objetivo a los atacantes.

Pasada la medianoche, cuatro figuras aparecieron entre la niebla.

No avanzaban con la precaución de quienes temían ser descubiertos. El primero era el hombre alto descrito por Tadayoshi, llevaba el cabello oscuro recogido detrás de la cabeza y varios segmentos de cuerda roja enrollados alrededor del brazo izquierdo, la empuñadura de una espada sobresalía de su cintura y sobre su abrigo podía distinguirse el mismo olor conservado por la tela encontrada dentro del restaurante. A pocos pasos lo acompañaba un hombre bajo y ancho, con una cicatriz junto a la boca y dos tonfas de madera sujetas a la espalda.

Los otros dos cerraban el grupo. Uno tenía parte de la cabeza afeitada y transportaba sobre un hombro una gruesa barra de hierro, la misma clase de arma utilizada para destruir las mesas durante el primer ataque; el último era delgado, llevaba una cadena enrollada alrededor de la mano y vigilaba constantemente las calles laterales. Ninguno parecía ocultar su armamento, pero tampoco portaban protectores ninja ni alguna señal que los identificara como parte de las fuerzas de Kirigakure.

El hombre de la cuerda roja se detuvo al reconocer las luces. Durante unos segundos observó las ventanas cubiertas y después hizo una señal con dos dedos. El más delgado abandonó el grupo para revisar el callejón, mientras los otros tres continuaron hacia la entrada principal. Desde el local vecino, Tadayoshi se apartó ligeramente de la ventana al reconocerlos y uno de sus trabajadores fue enviado a dar aviso a la patrulla.

No hubo golpes para solicitar que les abrieran. El hombre de la barra levantó una pierna y pateó la puerta cerca de la cerradura, haciendo que la reparación provisional cediera con facilidad. La madera chocó contra la pared y los tres irrumpieron esperando encontrar al propietario detrás del mostrador. El de la cicatriz agarró una silla durante su avance y la arrojó hacia un costado antes de darse cuenta de que Tadayoshi no se encontraba allí.

En su lugar, Kishue aguardaba cerca de la salida.

—Así que el viejo sí llevó nuestro mensaje. —dijo el cabecilla, manteniendo una mano cerca de la espada—. Uno de los muchachos que encerró a nuestros hermanos ha venido a esperarnos.

El cuarto hombre regresó desde el callejón y cerró la entrada detrás del grupo, bloqueando la retirada hacia la calle con la cadena preparada entre sus manos. El de las tonfas se desplazó hacia la izquierda, utilizando las mesas dañadas para aproximarse por un costado, mientras el cabecilla permaneció varios pasos atrás, observando sin desenfundar todavía.

El hombre de la cabeza afeitada no tuvo la misma paciencia. Bajó la barra de su hombro y avanzó directamente hacia Kishue, sujetándola con ambas manos. Al quedar a corta distancia giró todo el cuerpo y lanzó un golpe horizontal dirigido a su cabeza, con suficiente fuerza para romper otra mesa si no encontraba primero al shinobi.

Los cuatro habían entrado y las salidas quedaron ocupadas. La primera ofensiva ya estaba en movimiento; cómo recibirla correspondía ahora a Kishue.
[Imagen: ffIFI3H.jpeg]
Kishue
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07-09-2026, 11:18 PM
Kishue permaneció sentado mientras los cuatro hombres irrumpían en el Akai Koi como si todavía quedara algo dentro que mereciera ser destruido. Reconoció la cuerda roja alrededor del brazo del cabecilla y el olor conservado en el fragmento de tela. No se había equivocado. Los responsables habían regresado durante la misma noche, seguros de que encontrarían a Tadayoshi tratando de reparar su negocio o demasiado asustado para oponer resistencia.

Se levantó cuando el hombre de la cicatriz arrojó una silla hacia un costado. No llevó las manos hacia sus nudilleras ni buscó la esfera de Mekka entre sus ropas. Simplemente caminó hasta interponerse entre ellos y el resto del local. Ya habían roto suficientes mesas, platos y botellas. Kishue no pensaba permitir que añadieran una sola cosa más a la cuenta de daños.

—Sus compañeros atacaron este restaurante, amenazaron a su dueño y terminaron en prisión por su propia estupidez. —les recordó, observando especialmente al hombre de la cuerda roja—. Ustedes pudieron aprender de eso, pero regresaron para golpear a alguien que no puede defenderse. Ríndanse ahora y podrán acompañarlos sin acabar igual de golpeados.

La oferta no produjo el resultado deseado. El sujeto de la cabeza afeitada bajó la barra de hierro y corrió hacia él, levantándola con ambas manos antes de descargarla horizontalmente contra su cabeza. Kishue no retrocedió. Una fracción de segundo antes del impacto, el color pálido desapareció de su piel y fue sustituido por un tono azul grisáceo. Las escamas endurecidas cubrieron su rostro, sus brazos y el resto de su cuerpo al mismo tiempo que las branquias se abrieron en su cuello y la aleta surgió sobre su espalda.

La barra golpeó un costado de su cabeza con un sonido seco.

La fuerza consiguió inclinarle el rostro, pero nada más. Las escamas absorbieron la parte más peligrosa del impacto y el hierro se detuvo sin abrirle la piel. El criminal sintió la vibración recorrerle los brazos y quedó inmóvil durante un instante, desconcertado al descubrir que el muchacho seguía de pie. Kishue volvió lentamente la cabeza hacia él y dejó escapar un suspiro, mostrando entre sus labios una hilera de dientes afilados.

—Les di una oportunidad.

Atrapó la barra con una mano antes de que el hombre pudiera retirarla. Tiró con fuerza, arrancándola de sus dedos, y la dejó caer sobre el suelo. El criminal apenas alcanzó a levantar los brazos cuando Kishue entró en su espacio y hundió un puño en su abdomen. Su cuerpo se dobló alrededor del golpe. Un segundo puñetazo ascendió contra el pecho y lo lanzó hacia atrás, haciéndolo caer sobre una de las mesas volcadas. La madera terminó de quebrarse bajo su peso y el hombre quedó tendido entre sus restos.

El sujeto de la cicatriz apareció por el costado con ambas tonfas preparadas. Una golpeó el antebrazo de Kishue mientras la otra descendía hacia sus costillas. El primer impacto chocó contra las escamas y arrancó pequeñas astillas de la madera; el segundo consiguió producirle una molestia sorda bajo la protección, aunque no lo apartó. Kishue cerró el brazo sobre una de las tonfas y atrapó el arma contra su cuerpo, obligando al atacante a permanecer cerca.

Su codo alcanzó primero el rostro del hombre. Antes de que pudiera recuperar el equilibrio, Kishue giró sobre un pie y golpeó la parte exterior de su rodilla con una patada baja. El criminal perdió el apoyo y cayó de lado. Kishue lo recibió con un puñetazo descendente contra el hombro, suficiente para estrellarlo contra el suelo y quitarle cualquier fuerza que conservara para levantarse. Las tonfas quedaron separadas de sus manos.

El cabecilla finalmente desenvainó la espada. Kishue abandonó a los dos hombres derribados y se dirigió hacia él sin apresurarse, obligándolo a escoger entre sostener su posición o retroceder frente al mismo shinobi al que había ido a buscar. El primer corte pasó cerca de su cuello. Kishue inclinó la cabeza y continuó avanzando. El segundo rozó las escamas de su pecho, dejando una marca superficial antes de desviarse.

La tercera ofensiva no llegó a completarse. Kishue atrapó la muñeca armada y apretó hasta que los bordes de sus escamas comenzaron a cortar la piel del hombre. El cabecilla intentó golpearlo con la mano libre, pero su puño chocó contra el rostro endurecido del muchacho y fueron sus nudillos los que terminaron lastimados. Kishue respondió con un cabezazo, después un golpe corto contra las costillas y otro directamente en el estómago.

El hombre de la cuerda roja se dobló y perdió la espada. Kishue lo levantó sujetándolo por el abrigo y lo arrojó contra el mostrador. No le permitió caer cómodamente; avanzó tras él y descargó un último puñetazo contra su mandíbula. El cabecilla quedó tendido entre las botellas rotas de la noche anterior, inconsciente, pero todavía respirando.

Tres hombres habían caído en pocos instantes. Kishue tomó aire y dejó escapar otro suspiro, más cansado por la insistencia de los criminales que por el esfuerzo. Después dirigió la mirada hacia el cuarto integrante, el sujeto delgado que permanecía cerca de la puerta con la cadena alrededor de las manos.

Kishue se desplazó hasta quedar entre él y la salida. No levantó los puños ni avanzó para atacarlo. Permaneció inmóvil, cubierto por escamas azuladas y con los dientes todavía visibles, ofreciéndole la misma decisión que sus compañeros habían rechazado.

—Tú todavía puedes rendirte. —dijo con frialdad—. Suelta la cadena y entrégate.
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Virtudes y Defectos
VIRTUDES
V006: Presencia Carismática
V017: Líder Nato
V032: Rostro Común
V033: Investigador
V035: Capacidad Sensorial Aumentada II (Olfato y Oído)
V090: Disciplina Ascética

DEFECTOS
V048: Adicción (Hablar con su pez)
V054: Último Acto
V057: Fobia III (Arañas)
V065: Lealtad
V069: Sinceridad
V077: Prosopagnosia
V083: Traicionable
V085: Venganza (Hoshigaki)
V088: Psicopatía
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07-09-2026, 11:41 PM
Última modificación: 07-09-2026, 11:42 PM por Rin to Rei.
Los tres hombres quedaron tendidos dentro del Akai Koi sin haber logrado destruir nada más, el primero permanecía sobre los restos de una mesa, el segundo había perdido sus tonfas junto a uno de los pasillos y el cabecilla descansaba inconsciente contra el mostrador, con la cuerda roja todavía enrollada alrededor de su brazo. Ninguno presentaba heridas capaces de poner en peligro su vida, aunque tampoco podrían levantarse para continuar el enfrentamiento durante un buen tiempo.

El último integrante del grupo permaneció cerca de la entrada con la cadena extendida entre sus manos, pero la derrota de sus compañeros y la figura transformada de Kishue bloqueando la salida terminaron con cualquier intención de utilizarla. Su mirada recorrió los cuerpos antes de detenerse sobre los dientes y las escamas del shinobi. Poco a poco aflojó los dedos, dejando que los eslabones golpearan el suelo.

—Está bien... Me rindo. No voy a pelear contra esa cosa.

El hombre levantó ambas manos y se arrodilló sin apartar la vista de Kishue. Por un instante todo parecía haber concluido de una manera mucho más sencilla que el ataque anterior, los cuatro responsables se encontraban derrotados o rendidos y la patrulla solamente tendría que llegar para recogerlos, pero antes de que pudieran escucharse pasos de los guardias, una voz desconocida atravesó la calle desde el exterior.

—¡Sal con las manos en alto o este hombre se muere!

El grito no provenía de ninguno de los sujetos dentro del restaurante. Más allá de la puerta abierta, la niebla se separaba lo suficiente para revelar varias figuras colocadas frente al Akai Koi. Los criminales no habían acudido únicamente con los cuatro hombres enviados al interior; mientras aquellos atraían la atención de Kishue, otro grupo rodeó el establecimiento vecino y encontró a quienes esperaban allí.

Tadayoshi se encontraba a unos diez metros de la entrada, retenido por un hombre de brazos largos que rodeaba su cuello desde atrás. Una hoja corta descansaba debajo de su mandíbula, suficientemente cerca para impedir cualquier forcejeo. A su lado, uno de los trabajadores del restaurante se encontraba en una situación similar, sujeto por el cabello y con otro cuchillo presionando su garganta. Ambos permanecían conscientes, aunque el vendaje alrededor del torso de Tadayoshi se había soltado parcialmente durante la captura.

Detrás de los dos secuestradores aguardaban otros tres sujetos. Uno sostenía una espada curva, otro llevaba una maza corta y el último mantenía varias agujas entre los dedos, vigilando las ventanas y la salida posterior. No mostraban la misma despreocupación que los hombres enviados al restaurante; habían distribuido sus posiciones para controlar la calle y dejaron suficiente separación entre ellos para no ofrecer un único objetivo.

El hombre que sujetaba a Tadayoshi apretó el brazo alrededor de su cuello y alzó ligeramente el cuchillo para que pudiera verse desde el interior.

—Deshaz esa transformación, mantén las manos donde podamos verlas y sal despacio. Vas a venir con nosotros. —ordenó—. Si intentas atacar, pedir ayuda o seguirnos después, los dos mueren antes de que puedas alcanzarlos.

Tadayoshi intentó decir algo, pero la presión sobre su garganta solamente le permitió emitir un sonido ahogado. El trabajador permaneció inmóvil y los tres hombres situados detrás se prepararon ante cualquier movimiento procedente del local. El atacante rendido continuaba arrodillado dentro del Akai Koi, mientras sus compañeros permanecían inconscientes.

La primera parte de la emboscada había fracasado, pero la segunda colocaba dos vidas entre Kishue y el resto de la banda. Responder a la exigencia o encontrar una manera de liberar a los rehenes antes de que los cuchillos descendieran sería ahora su decisión.
Kishue
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07-09-2026, 11:49 PM
Kishue había derribado a tres hombres y conseguido la rendición del cuarto, pero ninguna de aquellas victorias importaba mientras dos cuchillos permanecieran contra las gargantas de Tadayoshi y su trabajador. La distancia no era demasiado grande para él; podía alcanzar a uno de los secuestradores antes de que reaccionara. El problema era el otro. Apostar cuál de los dos sería más lento significaba apostar con una vida que no le pertenecía, y eso era algo que no estaba dispuesto a hacer.

La transformación todavía le pedía avanzar. Sus manos se cerraron, las escamas se endurecieron y sus dientes quedaron expuestos mientras observaba a cada hombre del exterior. Sentía el impulso de lanzarse contra ellos del mismo modo que había atacado a los anteriores, recibiendo los golpes hasta quedar lo suficientemente cerca para derribarlos. Esta vez no podía confiar en su cuerpo. Sus escamas protegerían a Kishue, pero no podían cubrir el cuello de Tadayoshi.

Dejó escapar lentamente el aire y abrió los puños. La tonalidad azul grisácea empezó a desaparecer de su piel, seguida por las escamas que cubrían sus brazos y rostro. Las branquias se cerraron a ambos lados de su cuello y la aleta dorsal se retrajo hasta devolverle su apariencia habitual. Sus dientes fueron lo último en reducirse, llevándose con ellos la expresión fría que había conservado durante la pelea.

Kishue levantó ambas manos, mostrando primero las palmas vacías. No buscó sus nudilleras ni tocó la esfera de Mekka. Después entrelazó los dedos detrás de la cabeza, exactamente como le habían ordenado, y avanzó hacia la puerta mediante pasos lentos. Dejó atrás al hombre rendido y a los tres criminales inconscientes, sin apartar la mirada de los cuchillos que mantenían inmóviles a los rehenes.

—Está bien. Me rindo. —declaró antes de cruzar el umbral— Iré con ustedes y haré lo que pidan, pero suéltenlos. Ellos no tienen nada que ver con sus compañeros ni con lo que pasó dentro del restaurante.

La lluvia fría alcanzó su cabello y su rostro cuando salió del Akai Koi. Kishue continuó aproximándose hasta colocarse donde los secuestradores pudieran verlo por completo, sin realizar ningún movimiento repentino. No le gustaba entregarles la ventaja y mucho menos dejar que lo condujeran hacia un lugar desconocido, pero al menos alejarse con ellos también apartaría el peligro del restaurante. Si su captura era el precio que exigían por Tadayoshi y su acompañante, podía soportarlo.

—Me querían a mí y ya me tienen. —añadió, manteniendo las manos sobre la cabeza— No necesitan lastimarlos. Déjenlos ir y los seguiré sin resistirme.

Kishue se detuvo a varios pasos del primer rehén, lo suficientemente cerca para entregarse, pero sin intentar reducir la separación por su cuenta. Por primera vez durante aquella noche no buscó atacar, engañar ni ganar tiempo mediante una provocación. Permaneció quieto y preparado para obedecer, esperando que los criminales cumplieran su parte antes de permitir que lo condujeran con ellos.
—Life Ends Whenever You Decide—
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Virtudes y Defectos
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V006: Presencia Carismática
V017: Líder Nato
V032: Rostro Común
V033: Investigador
V035: Capacidad Sensorial Aumentada II (Olfato y Oído)
V090: Disciplina Ascética

DEFECTOS
V048: Adicción (Hablar con su pez)
V054: Último Acto
V057: Fobia III (Arañas)
V065: Lealtad
V069: Sinceridad
V077: Prosopagnosia
V083: Traicionable
V085: Venganza (Hoshigaki)
V088: Psicopatía
Rin to Rei
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08-09-2026, 12:05 AM
La misión llegó a manos de Rin y Rei bastante más tarde de lo previsto. Una urgencia en otro sector de Kirigakure las había mantenido ocupadas durante buena parte del día, ayudando a contener el derrumbe parcial de una vivienda después de que la lluvia debilitara uno de sus muros. Cuando finalmente pudieron presentarse ante el ayuntamiento, la noche ya había cubierto la aldea y el informe del Akai Koi llevaba varias horas asignado.

El encargado no perdió tiempo repitiendo todos los detalles registrados. Les explicó el regreso de los compañeros de los extorsionadores, los daños ocasionados al restaurante y la amenaza dirigida tanto a Tadayoshi como a quienes participaron en la primera captura. Kishue había sido enviado antes que ellas y se encontraba esperando la aparición de los criminales dentro del establecimiento. La última información recibida indicaba que el propietario y sus trabajadores habían abandonado el local para evitar convertirse nuevamente en objetivos.

<La vigilancia debía avisar si aparecía alguien, pero dejamos de recibir señales desde esa calle hace unos minutos. Vayan directamente al Akai Koi y comprueben qué ocurre>

Rin y Rei salieron sin solicitar más explicaciones. La lluvia había perdido intensidad, aunque los tejados y las calles continuaban mojados, obligándolas a cuidar cada apoyo mientras recortaban el camino por encima de las construcciones. Rei avanzaba ligeramente delante, buscando movimiento entre la niebla; Rin se mantuvo cerca, cada vez más molesta con el tiempo que habían perdido. No podían cambiar la hora en que recibieron la misión, pero sí evitar llegar un minuto después de que aquella ausencia tuviera consecuencias.

Se detuvieron antes de alcanzar la calle del restaurante. Desde el tejado de una tienda cerrada distinguieron primero las luces del Akai Koi y la puerta abierta, después las figuras distribuidas frente a su fachada. Había cinco hombres en el exterior. Dos retenían a Tadayoshi y a uno de sus trabajadores con cuchillos colocados contra sus gargantas, mientras los otros tres cubrían la calle con una espada curva, una maza y varias agujas preparadas entre los dedos.

Kishue se encontraba delante de la entrada sin su transformación. Mantenía las manos detrás de la cabeza y no llevaba las nudilleras preparadas. Las gotas de lluvia resbalaban sobre su cabello mientras permanecía a varios pasos de los rehenes, exactamente donde los criminales podían vigilarlo. A través de la puerta abierta alcanzaban a verse varios cuerpos tendidos dentro del restaurante y un cuarto hombre arrodillado cerca del acceso. Kishue había vencido a quienes entraron, pero el ataque al local solo había sido una distracción.

Rei observó primero a Tadayoshi. La presión sobre su cuello le impedía hablar y el vendaje que rodeaba su torso se había aflojado; aun así, continuaba consciente. El trabajador se encontraba más alterado y apenas conseguía mantenerse quieto. El cuchillo que amenazaba su garganta temblaba junto con la mano de quien lo sujetaba. Un movimiento brusco, incluso provocado por el miedo, podía herirlo antes de que cualquiera alcanzara a intervenir.

Rin no dedicó la misma atención a sus expresiones. Contó los pasos entre los enemigos, encontró los espacios muertos de su vigilancia y siguió con la mirada la dirección en que observaban. Todos estaban pendientes de Kishue. El hombre de la espada esperaba una resistencia frontal; el de la maza vigilaba sus manos y el sujeto de las agujas controlaba la puerta del restaurante. Ninguno miraba los tejados ni la parte posterior de quienes sostenían a los rehenes.

Las hermanas intercambiaron una mirada. Rei señaló discretamente al hombre que retenía al trabajador y después elevó dos dedos hacia su arco. Rin respondió tocando el estuche donde guardaba el hilo metálico. No necesitaban discutir cuál de las dos debía aproximarse. Rei podía apartar un cuchillo desde donde se encontraba; Rin era capaz de convertir la falta de atención del otro captor en una amenaza mucho más cercana.

Se separaron sin emitir una palabra.

Rei permaneció sobre el tejado y avanzó hasta una esquina que le ofrecía una trayectoria despejada. Retiró el arco de su espalda, colocó una flecha sobre la cuerda y se agachó detrás del borde de madera. Desde allí podía ver el brazo del secuestrador, la mano que sostenía el cuchillo y el costado del trabajador. No podía permitirse un disparo al torso. Incluso si acertaba, una contracción podía arrastrar el filo contra la garganta del rehén.

Rin descendió por el lado contrario del edificio. Sus sandalias tocaron el suelo del callejón sin producir más ruido que el agua cayendo desde los aleros. Retiró varios metros de hilo metálico y lo sostuvo entre ambas manos, manteniéndolo separado para que no rozara las paredes. La niebla, la oscuridad y el ruido constante de la lluvia escondieron su avance mientras rodeaba el grupo desde atrás.

En la calle, el hombre que sujetaba a Tadayoshi volvió a exigir que Kishue avanzara. Quería tenerlo suficientemente cerca para desarmarlo y conducirlo con ellos, pero no tanto como para permitirle alcanzar a los rehenes. Los otros tres modificaron ligeramente sus posiciones, formando un semicírculo destinado a cerrarse cuando el muchacho obedeciera. Aquella concentración sobre él terminó de abrir el espacio que las hermanas necesitaban.

Rei tensó la cuerda.

La flecha atravesó la calle y alcanzó la mano del hombre que retenía al trabajador. La punta pasó entre sus dedos, arrancó el cuchillo y se clavó junto con este en la madera de la fachada. El secuestrador soltó al rehén por reflejo y retrocedió llevándose la mano contra el pecho. Antes de comprender desde dónde había llegado el ataque, una segunda flecha quedó preparada sobre el tejado.

Al mismo tiempo, el hilo de Rin rodeó el cuello del hombre que sujetaba a Tadayoshi.

Ella cruzó ambos extremos detrás de su nuca y tiró hacia atrás, clavando una rodilla entre sus omóplatos para impedir que se volviera. El alambre se cerró sobre la piel sin llegar a cortarla, aunque la presión bastó para interrumpir su respiración. La mano que sostenía el cuchillo vaciló. Rin aumentó apenas la tensión y acercó la boca a su oído.

<Suelta al dueño o el hilo terminará de atravesarte el cuello>

No había enojo en su voz ni necesidad de elevarla. La ausencia de emoción hizo que la advertencia sonara como una descripción de aquello que ocurriría, no como una amenaza pronunciada para asustarlo. El hombre abrió los dedos y dejó caer el cuchillo. Después retiró el brazo de la garganta de Tadayoshi, quien se apartó rápidamente de ambos y buscó apoyo contra una pared.

Rei abandonó su cobertura lo suficiente para mostrarse sobre el tejado. Mantuvo el arco dirigido hacia los tres hombres armados, cambiando la punta de la flecha entre uno y otro cada vez que intentaban decidir quién debía moverse primero. Su aparición también permitió que el trabajador corriera hacia Tadayoshi sin atravesar su línea de tiro.

<Cinco contra uno quizá parecía una idea razonable. Cinco entre Kishue, Rin y yo ya no suena tan bien> señaló con una calma casi amable. <Dejen las armas en el suelo y arrodíllense. Si alguno intenta alcanzar a los rehenes, dispararé antes de que complete el primer paso>

El hombre de la maza apretó su empuñadura, pero no avanzó. Frente a él se encontraba Kishue, ahora libre de la amenaza inmediata sobre Tadayoshi; arriba esperaba la flecha de Rei y detrás de su cabecilla permanecía Rin con el hilo alrededor de su cuello. El sujeto de las agujas fue el primero en comprender que ya no controlaban ninguna salida. Abrió las manos y dejó caer los proyectiles sobre las piedras mojadas.

El sonido fue pequeño, pero suficiente para quebrar la resistencia de los demás. La espada curva cayó después y la maza terminó golpeando el suelo con mayor peso. Los tres hombres descendieron lentamente hasta quedar de rodillas, manteniendo las manos visibles. El secuestrador herido por la flecha imitó el movimiento mientras observaba su cuchillo clavado lejos de su alcance.

Rin no liberó inmediatamente al cabecilla. Esperó a que todos estuvieran arrodillados y a que Tadayoshi y su trabajador alcanzaran una distancia segura. Después desplazó el hilo desde el cuello hasta las muñecas del hombre y lo obligó a colocar las manos detrás de la espalda. La marca rojiza alrededor de su garganta era evidente, pero la piel continuaba intacta. Había entendido la amenaza antes de que ella necesitara cumplirla.

Rei bajó del tejado sin guardar el arco. Se acercó primero a los rehenes y comprobó que ninguno tuviera un corte en el cuello. Tadayoshi respiraba con dificultad, más por la presión recibida y la lesión anterior que por una herida nueva. Su acompañante conservaba un rasguño superficial donde el cuchillo había rozado la piel, pero podía mantenerse de pie. La intervención había llegado antes de que cualquiera de los dos sufriera un daño mayor.

Dentro del Akai Koi aguardaban los cuatro atacantes neutralizados por Kishue; afuera, los cinco integrantes del segundo grupo permanecían rendidos. La cantidad de hombres confirmaba que aquella organización era mucho mayor que los tres extorsionadores capturados durante la primera misión. También ofrecía suficientes prisioneros para descubrir quién los dirigía, dónde se reunían y cuántos comerciantes más permanecían bajo sus amenazas.

Solo cuando estuvo segura de que las armas quedaban fuera de alcance, Rei dirigió la atención hacia Kishue. La ligereza habitual de su expresión no apareció. Había visto sus manos sobre la cabeza, la distancia que lo separaba de los cuchillos y la forma en que aceptó quedar en desventaja para proteger a Tadayoshi. Si ellas hubieran llegado unos minutos después, probablemente ya se lo habrían llevado.

<¿Estás bien, Kishue? Perdona que llegáramos tan tarde. Nos retuvieron con otra emergencia y recibimos la misión cuando tú ya estabas aquí>

Rin terminó de asegurar al cabecilla antes de mirar hacia él. Su disculpa fue más breve, pero no menos sincera. Llegar tarde le molestaba mucho más de lo que permitía mostrar y la escena que encontraron demostraba cuánto pudo costar aquel retraso.

<Lo siento. No volverá a ocurrir>

Las hermanas permanecieron pendientes de los prisioneros mientras esperaban su respuesta. Kishue seguía a salvo, Tadayoshi y su trabajador habían sido liberados y ninguno de los nueve criminales conservaba un arma en las manos. Por primera vez desde que comenzó la noche, la ventaja pertenecía completamente a los shinobi.
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08-09-2026, 04:26 AM
La aparición de Rin y Rei convirtió una rendición inevitable en la captura de toda la banda. Kishue observó cómo los cuchillos se alejaban de Tadayoshi y su trabajador, mientras las armas de los demás criminales caían sobre las piedras mojadas. Solo entonces bajó las manos de su cabeza. Había salido del Akai Koi preparado para dejarse llevar con tal de mantener vivos a ambos rehenes; encontrar a las hermanas controlando la situación le devolvió de golpe el aire que había contenido desde que escuchó la primera amenaza.

Rei preguntó si se encontraba bien y se disculpó por la demora, seguida por una disculpa más breve de Rin. Kishue miró a los hombres arrodillados, después a Tadayoshi ya fuera de peligro y finalmente a ambas hermanas. Una sonrisa regresó a su rostro. No era tan feroz como la que mostraba bajo su transformación, sino la expresión aliviada del muchacho que acababa de comprobar que sus compañeras realmente aparecían cuando más las necesitaba.

—Estoy bien. Llegaron justo antes de que empezara la parte horrible de mi plan. —respondió, acercándose a ellas—. Gracias. Esta vez sí necesitaba que alguien cuidara mi espalda.

No permitió que el agradecimiento retrasara el trabajo. Recogió primero la cadena abandonada por uno de los hombres y la apartó junto con las espadas, la maza, las agujas y los cuchillos. Después regresó al interior del restaurante para revisar a los tres sujetos que había dejado inconscientes. Todos respiraban y ninguno podía incorporarse todavía. Kishue utilizó las cuerdas disponibles para asegurar sus muñecas detrás de la espalda y atar sus tobillos, comprobando cada nudo con un tirón firme.

El cuarto hombre, quien se había rendido antes de la aparición de los rehenes, recibió el mismo trato. Kishue no aceptó que su entrega anterior fuera suficiente para dejarlo sin ataduras. Lo condujo junto a sus compañeros y revisó que no conservara herramientas ocultas entre sus ropas. Después ayudó a reunir afuera a los cinco criminales neutralizados por Rin y Rei, manteniéndolos separados de las armas y lejos de Tadayoshi.

—La primera vez capturamos a tres y aparecieron nueve más. —comentó mientras ajustaba otro nudo—. No pienso irme hasta saber si después de ustedes van a venir veinte.

Con todos asegurados, Kishue se detuvo frente al hombre que había dirigido la toma de los rehenes. Ya no estaba transformado y tampoco necesitaba mostrar los dientes para dejar clara su intención. Señaló con la mirada a los integrantes de la banda, incluidos los que permanecían inconscientes dentro del Akai Koi.

—¿Cuántos más son y dónde se reúnen? Quiero saber quién dirige la banda, qué significa la ficha del pez y por qué necesitaban llevarme con ustedes. —preguntó con una seriedad poco habitual—. También van a decirnos si amenazaron otros negocios y qué pretendían hacer después de sacar de prisión a sus compañeros.

Kishue permaneció delante del prisionero esperando una respuesta. Todos terminarían ante las autoridades de Kirigakure, pero antes necesitaban saber si aquella captura había detenido realmente la amenaza o si todavía quedaban más criminales esperando otra oportunidad para atacar.
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08-09-2026, 04:32 AM
Rin y Rei terminaron de asegurar a los prisioneros mientras Kishue formulaba sus preguntas. Rin comprobó personalmente los nudos de los cinco hombres capturados en la calle y retiró cualquier objeto que pudiera servir para cortarlos, desde pequeñas láminas ocultas hasta un clavo guardado dentro de una manga. Rei reunió las armas a varios metros y regresó junto al hombre que había dirigido la toma de los rehenes, quien todavía conservaba la marca del hilo metálico alrededor del cuello.

Ninguno parecía dispuesto a responder al principio. Sin embargo, cada vez que sus miradas se desviaban hacia Kishue encontraban al mismo muchacho que había derribado a tres de sus compañeros sin utilizar armas. La llegada de las hermanas había eliminado la única ventaja que consiguieron mediante los rehenes; ahora estaban atados, rodeados y sin una salida que pudieran comprar mediante amenazas.

Rei se agachó delante del cabecilla. Su voz no perdió la amabilidad, aunque tampoco ofrecía consuelo.

<Kishue hizo varias preguntas. Empieza por decirnos cómo se llama la banda y terminaremos mucho más rápido>

El hombre miró a los demás buscando alguna señal, pero Rin se colocó detrás de él y apoyó una mano sobre el hilo que todavía sujetaba sus muñecas. Aquello bastó para que abandonara cualquier intención de mantener el silencio.

<Los Tres Arpones. Nos llamamos Los Tres Arpones. La ficha del pez es nuestra marca>

La banda utilizaba como base un antiguo almacén de salazón situado al final del canal oriental, detrás del mercado de pescado abandonado. El edificio tenía las ventanas cubiertas y una puerta de carga orientada hacia el agua, por donde podían entrar sin atravesar las calles. En el interior permanecían Daigo, el verdadero dirigente, y seis integrantes más. Los hombres enviados al Akai Koi recibieron la orden de capturar a Kishue para utilizarlo como intercambio por los tres extorsionadores encarcelados.

Rei continuó haciendo preguntas hasta que las respuestas dejaron de contradecirse. Los Tres Arpones extorsionaban pequeños negocios cercanos a los canales y utilizaban parte del dinero para pagar informantes. El ataque contra Tadayoshi no buscaba solamente vengarse; pretendía demostrar a los demás comerciantes lo que ocurría cuando alguien solicitaba ayuda a Kirigakure. Si conseguían liberar a sus compañeros y castigar a los shinobi responsables, esperaban recuperar el miedo perdido tras la primera captura.

<Ya les dijimos todo. Suéltennos y nos iremos de la aldea. No volverán a vernos> suplicó otro de los detenidos, alejándose cuanto podía de Kishue sin levantarse.
Rin se inclinó hacia él y apretó el nudo que había intentado aflojar durante el interrogatorio.
<Regresaron después de que sus compañeros fueron capturados, destruyeron el restaurante y tomaron rehenes. Ya tuvieron la oportunidad de marcharse>

La negativa terminó con las súplicas. Los nueve prisioneros permanecerían atados hasta que pudieran ser entregados a las autoridades, pero ahora el grupo conocía el nombre de la banda, sus objetivos y la ubicación de quienes todavía seguían libres. Al final del canal oriental aguardaban Daigo y seis criminales más dentro del antiguo almacén de salazón.

Rin mantuvo la vigilancia sobre los detenidos y Rei se volvió hacia Kishue. La amenaza contra el Akai Koi había sido contenida, aunque Los Tres Arpones aún no estaban completamente derrotados.
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08-09-2026, 04:40 AM
La confesión eliminó las últimas dudas sobre la amenaza. Los Tres Arpones no se reducían a los hombres reunidos frente al Akai Koi; Daigo y seis integrantes más permanecían en el antiguo almacén de salazón al final del canal oriental. Kishue memorizó el nombre, la ubicación y el significado de la ficha marcada con el pez. Aquella información permitiría que Kirigakure fuera tras ellos antes de que escogieran otro restaurante o comerciante para vengarse.

Primero debían sacar de allí a los nueve prisioneros. Los tres hombres que Kishue había derribado comenzaban a recuperar la conciencia, adoloridos, pero capaces de caminar. Revisó nuevamente sus ataduras y utilizó más cuerda para enlazar a cada criminal con el siguiente por la cintura. Dejó entre ellos una separación corta, suficiente para avanzar, pero no para correr en direcciones diferentes. El resultado era una fila larga y poco digna.

—Caminen con cuidado. —advirtió al tomar la cuerda del primero—. Si uno intenta escapar, hará caer a los otros ocho. Y después tendré que cargarlos, así que probablemente prefieran no averiguar cómo pienso hacerlo.

Antes de partir, Kishue regresó junto a Tadayoshi. El propietario había sufrido otra amenaza y contemplaba por segunda vez su restaurante rodeado de armas, muebles rotos y criminales capturados. Kishue no podía reparar en ese momento todos los daños, pero la información obtenida impediría que la solución volviera a limitarse a esperar otra visita.

—Todo estará bien. Esta vez sabemos quiénes son y dónde se esconden. —le aseguró—. Los guardias podrán ir tras los que faltan. Usted preocúpese por descansar y arreglar el local; ellos ya no deberían tener otra oportunidad de volver.

Kishue inició el traslado con el extremo de la cuerda sujeto firmemente. Los nueve integrantes de Los Tres Arpones avanzaron en fila por las calles de Kirigakure, obligados a compartir el paso para no tropezar. Sus armas fueron transportadas lejos de sus manos como evidencia. Rin y Rei permanecían cerca durante el recorrido, mientras Kishue vigilaba que ningún nudo cediera y que los más golpeados continuaran caminando.

En la prisión, los guardias separaron a los detenidos y sustituyeron las cuerdas por grilletes. Kishue entregó las espadas, tonfas, agujas, cuchillos, la cadena y la maza recuperadas. Después informó sobre el antiguo almacén de salazón detrás del mercado de pescado abandonado, la entrada orientada hacia el canal, los seis criminales que todavía permanecían allí y el nombre de Daigo como dirigente de la banda.

—Querían capturarme para intercambiarme por los tres primeros detenidos. También admitieron que extorsionan otros negocios y tienen informantes cerca de los canales. —añadió ante las autoridades—. Si actúan pronto, no tendrán tiempo para abandonar el almacén ni advertir a sus compañeros.

Con los nueve hombres encerrados y la información entregada para organizar una redada contra el resto de Los Tres Arpones, Kishue abandonó la prisión. Tadayoshi y su trabajador seguían con vida, el Akai Koi permanecía en manos de su propietario y la banda ya no conservaba el anonimato que la había protegido.

La misión había terminado. Esta vez, el problema no quedaba esperando detrás de otra amenaza.
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Masashi Kishimoto
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08-09-2026, 09:07 AM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: [Misión C] Venganza (TID 14762)
Tipo: Misión Normal · Rango: C
  • Kishue — Participante (100%): 1000 Ryos, 10 Tobis, 90 Exp
  • Rin to Rei — Narrador No Oficial (100%): 1000 Ryos, 0 Tobis, 65 Exp, Pergamino PERG002

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
Moderador Rin
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08-09-2026, 09:07 AM
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