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[Misión D] Apoyo en la Academia
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07-09-2026, 08:07 PM
aprobada aqui

Fecha y Lugar: Día 11 del Verano del año 150 - Konohagakure no Sato - Academia Shinobi



El sol de media mañana caía sobre Konohagakure no Sato sin piedad, transformando la superficie del patio posterior de la Academia Shinobi en un espejo de tierra seca y dorada. En este rincón de la villa, apartado de las bulliciosas avenidas comerciales y de las altas torres administrativas, el aire olía a una mezcla muy particular: madera picada por miles de impactos, paja húmeda de los blancos de tiro, tiza escolar y el rastro metálico del sudor juvenil. Un calor denso flotaba sobre el recinto, haciendo que el horizonte, justo sobre la valla de madera que delimitaba el terreno de práctica, vibrara sutilmente bajo el empuje de la temperatura.

El patio este de la Academia no era un lugar para los despliegues de ninjutsu espectaculares ni para los duelos de alto nivel. Era el cimiento primario, el terreno tosco donde los niños de la villa aprendían a sostener una herramienta sin cortarse los dedos y a mantener el equilibrio sobre troncos de pino gastados. En el centro de la explanada, tres postes de madera de cedro, profundamente marcados por hendiduras de antiguas armas de práctica, permanecían verticales bajo la luz directa. A un costado, bajo la larga sombra proyectada por el voladizo del tejado del edificio principal, se disponían varios estantes de madera basta que albergaban el equipo del día: cuerdas de cáñamo, blancos de paja trenzada, barriles con agua y cajas de madera repletas de kunai y shuriken tallados en madera blanda para evitar heridas de gravedad.

Sentado con las piernas cruzadas directamente sobre el suelo de tierra —ignorando deliberadamente las bancas de madera pulida que la dirección de la escuela disponía para los instructores— se encontraba Akira Hyūga.

El joven Chunin de dieciséis años vestía pantalones oscuros y holgados, ceñidos a la cintura por un fajín de un tono granate intenso. Sobre su chaleco táctico reglamentario de la villa llevaba puesta una capa blanca de corte amplio, cuyos bordes inferiores reposaban sobre la tierra sin que al muchacho pareciera importarle en absoluto la suciedad. No llevaba los pesados guanteletes de hierro que solía utilizar en combates reales; en su lugar, sus manos y antebrazos estaban cubiertos por vendas de tela clara limpiezas, que dejaban al descubierto sus nudillos curtidos. Su largo cabello castaño estaba recogido en un moño alto bastante práctico, dejando libre el cuello donde la banda ninja de Konoha colgaba de forma holgada, sin apretar. Sus ojos, con el tono perlado e inconfundible del clan Hyūga, permanecían entrecerrados, observando la escena con una calma meditativa y rigurosa.

A menos de medio metro de él, encaramado sobre la barandilla de madera del corredor, reposaba Makey. El gato de pelaje blanco impoluto contrastaba de manera evidente con la suciedad del entorno. Con una parsimonia casi absoluta, el felino movía la cola rítmicamente contra el listón de madera. Sus ojos, marcados por una extraña y llamativa heterocromía —el izquierdo de un azul zafiro helado y el derecho de un profundo color violeta—, seguían con curiosidad el vuelo errático de una libélula que revoloteaba cerca de un barril de agua.

La jornada de entrenamiento de los estudiantes de primer y segundo año estaba resultando ser un pequeño caos cotidiano, el clásico escenario de una misión de Rango D.

—¡Te digo que este estilo de agarre es el que usan los ninjas de elite de mi familia! —exclamaba a viva voz un niño de unos nueve años, luciendo una camisa con un blasón aristocrático bordado en la espalda. El pequeño agitaba un kunai de madera con ostentación frente a sus compañeros, intentando realizar una pirueta en el aire que terminó con el arma saliendo disparada de sus dedos y clavándose, sin fuerza alguna, en la tierra seca, a tres metros de cualquier objetivo.

Akira soltaría un leve exhalo por la nariz ante la escena. Su rostro no mostraría enfado, sino esa fría frialdad con la que solía contemplar la presunción vacía. El Hyūga aborrecía profundamente la arrogancia de los linajes que pretendían sustituir la disciplina con apellidos rimbombantes. Sin embargo, no intervendría de inmediato con gritos ni reprimendas verbales; preferiría dejar que el propio peso de la realidad y la torpeza enseñaran la lección. Sus ojos perlados se desviaría, en cambio, hacia el extremo opuesto del patio, donde el esfuerzo real estaba teniendo lugar.

A pocos pasos de las dianas de paja, un niño llamado Akihiro luchaba contra su propio cuerpo. De tez pálida y cabello revuelto, Akihiro apoyaba gran parte de su peso sobre un bastón de madera de fresno bien pulido, debido a una debilidad congénita en su pierna izquierda. A pesar del sudor que le empapaba la frente y de la evidente fatiga en sus hombros, el muchacho no se había tomado ni un solo minuto de descanso. Frente a él reposaba una pequeña mesa de trabajo repleta de herramientas de madera. Akihiro intentaba sujetar un shuriken de práctica, pero la madera del arma estaba mal lijada y llena de asperezas de fábrica que se le clavaban en los dedos. Cada vez que intentaba armar una postura de tiro estable, la falta de apoyo en su pie izquierdo lo hacía tambalearse, provocando que sus disparos chocaran inofensivamente contra el marco de madera de las dianas.

Un par de metros más atrás, casi oculta detrás de un apilamiento de blancos de paja de repuesto, se hallaba Yumi. La niña, de no más de siete años, permanecía encogida, abrazando sus rodillas contra el pecho. Llevaba en las manos un kunai de madera que sostenía con un temblor evidente. Asustada por los gritos de los niños más bulliciosos, el polvo en suspensión y el miedo a hacer el ridículo o resultar lastimada por alguna herramienta perdida, Yumi intentaba pasar desapercibida, mirando de reojo hacia la entrada principal del patio con la clara esperanza de que la clase terminara lo antes posible.

El ambiente estaba saturado de pequeños problemas prácticos que requerían atención:
  • Un barril lleno de armas de madera se había volcado cerca de los escalones de la entrada, esparciendo docenas de shuriken y kunai por el camino de grava.
  • Dos postes de entrenamiento tenían los soportes inferiores flojos, balanceándose de forma peligrosa cada vez que un estudiante intentaba golpear la paja.
  • Akihiro necesitaba ayuda urgente para corregir el balance de sus armas de madera o encontrar un método de tiro que se adaptara a su punto de apoyo con el bastón.
  • Yumi requería una aproximación paciente y tranquila para perder el miedo a las prácticas básicas antes de que el instructor oficial pasara lista de evaluación.

Fue en ese preciso instante cuando la pesada puerta de madera del patio posterior crujiría sobre sus bisagras de hierro.

El sonido de los pasos sobre la grava de la entrada rompería la monotonía del patio. Akira Hyūga ladearía ligeramente la cabeza, permitiendo que sus ojos perlados enfocaran la figura que acababa de cruzar el umbral. Reconocería de inmediato los rasgos y el porte característicos del clan Uchiha en el joven que ingresaba al recinto: Kuroto.

Makey, el gato de heterocromía, interrumpiría el rastreo de la libélula. Sus orejas se erguirían al instante. Con un movimiento fluido y silencioso, el felino saltaría desde la barandilla hacia el suelo de tierra, dando un par de pasos elegantes hacia adelante antes de sentarse sobre sus patas traseras, fijando su mirada bipartita —azul y violeta— directamente en Kuroto Uchiha.

Akira no se levantaría de inmediato de la posición de loto en la que se encontraba, pero el aire de pasividad a su alrededor cambiaría hacia una actitud de atenta recepción. El Chunin acomodaría la capa blanca sobre sus hombros y llevaría la mano derecha hacia la correa de su pulsera de tela, apretándola con un gesto involuntario pero firme, un pequeño hábito que delataba el inicio de su actividad.

—Llegas justo a tiempo —declararía Akira con un tono de voz firme, pausado y carente de cualquier formalidad innecesaria o pretensión aristocrática—. El sol está en su punto más alto y estos chicos están a medio camino entre la frustración y el desastre.

El Hyūga extendería un brazo hacia la explanada, señalando con un gesto sereno la dinámica del patio.

—La misión de hoy es simple en el papel, pero requiere paciencia. La Academia necesita que supervisemos la práctica de tiro y manejo de herramientas básicas, corrijamos las posturas de los estudiantes y nos aseguremos de que nadie termine con una astilla en el ojo o un hueso roto antes de mediodía.

En ese mismo momento, un pequeño incidente ocurriría a pocos metros de la entrada donde Kuroto se hallaba instalado. Akihiro, intentando arrastrar una caja de madera llena de blancos para despejar la zona de tiro, perdería el equilibrio cuando su bastón de madera resbaló sobre una piedra suelta. El niño caería de costado sobre la tierra con un golpe seco. La caja de madera se ladearía por completo, haciendo rodar una docena de shuriken y kunai de práctica de madera directamente hacia los pies de Kuroto Uchiha.

—¡Ah...! —exclamaría el pequeño Akihiro, intentando incorporarse rápidamente mientras apretaba los dientes para no mostrar dolor, apoyando la mano sobre el polvo e intentando alcanzar su bastón, que había quedado a escasos centímetros de las calzadas del recién llegado.

Desde detrás de la pila de paja, la pequeña Yumi se encogería aún más al ver la caída de su compañero, clavando sus ojos de par en par en la figura de Kuroto, evidentemente intimidada por la presencia de un shinobi con los colores y la prestancia del clan Uchiha.

Akira observaría la reacción de los niños y luego dirigiría su mirada perlada de vuelta hacia Kuroto. El Chunin mantendría una postura neutral, evaluando cómo el Uchiha decidiría abordar la situación y por dónde preferiría comenzar a imponer orden en aquel caótico mediodía.

—Como verás, hay trabajo de sobra para ambos —añadiría Akira, dejando abierta la iniciativa—. Puedes empezar por donde creas conveniente.

Makey daría unos pasos suaves en dirección a Kuroto, oliendo el aire impregnado de polvo y tela, mientras el viento de la mañana levantaba una pequeña ráfaga de tierra seca entre ambos ninjas.
Kuroto Uchiha
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07-09-2026, 08:25 PM
Kuroto apenas había cruzado la entrada del patio cuando una docena de armas de madera terminó rodando hasta sus pies. Bajó la mirada hacia ellas y después hacia el niño que acababa de caer junto a la caja. No necesitaba demasiado tiempo para decidir por dónde empezar.

- Primero lo que puede provocar otro accidente.

Se agachó y recogió el bastón de Akihiro antes de acercárselo. Después extendió la otra mano hacia el muchacho para ayudarlo a incorporarse, sin hacer ningún comentario sobre la caída.

- Despacio. Comprueba primero que puedes apoyar bien antes de levantarte.

Una vez Akihiro estuvo nuevamente estable, Kuroto comenzó a recoger los kunai y shuriken de práctica que habían quedado esparcidos por el camino. Los reunió dentro de la caja y la desplazó hacia uno de los laterales, fuera de la zona de paso. Solo entonces dirigió la mirada hacia Akira.

- Parece que tienes razón. Hay bastante que ordenar.

Sus ojos recorrieron rápidamente el patio. Varios estudiantes practicaban con las armas de madera, dos de los postes parecían moverse más de lo debido y una niña permanecía apartada detrás de los blancos de paja. Kuroto no activó el Sharingan. No había ninguna razón para hacerlo en una clase de Academia. Volvió su atención hacia Akihiro y observó durante unos segundos la forma en la que sostenía el bastón y distribuía su peso.

- Antes de volver a lanzar nada, enséñame cómo estás colocándote.

No pretendía obligarlo a utilizar la misma postura que el resto si aquella no se adaptaba a su pierna. Primero quería comprobar dónde estaba realmente el problema y corregirlo desde ahí. Mientras tanto, dejó que Akira continuara supervisando al resto de estudiantes. Por el momento, conseguir que el patio dejara de parecer una trampa para sus propios alumnos ya sería un buen comienzo.
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07-09-2026, 08:45 PM
El gesto directo y sin aspavientos de Kuroto tendría un efecto inmediato en la respiración convulsa de Akihiro. El chico, acostumbrado a las miradas de lástima o a los murmullos impacientes de los estudiantes de familias nobles, parpadearía con sorpresa cuando el bastón le fuera devuelto con naturalidad. El muchacho sujetaría la madera pulida de fresno con fuerza, clavando la base en la tierra seca antes de aceptar la mano del Uchiha para reincorporarse.

—Yo... gracias , sensei—murmuraría Akihiro, sacudiéndose el polvo del pantalón mientras probaba el apoyo de su pierna izquierda tal como se lo habían indicado. El chico soltaría un leve suspiro de alivio al comprobar que no había sufrido más que un raspón superficial en la rodilla—. Estaba intentando mover la caja hasta la línea para no tener que ir y venir tanto... pero la tierra está muy suelta por aquí.

A escasos pasos, Makey avanzaría a paso lento hasta la caja de madera recién reubicada por Kuroto. El felino estiraría el cuello para olfatear una de las esquinas del recipiente, moviendo las orejas ante el chasquido del polvo al asentarse, antes de dar una vuelta completa alrededor de la bota de Kuroto. Con un suave maullido casi inaudible, Makey terminaría sentándose sobre sus patas traseras justo al lado del Uchiha, observando atentamente las armas de madera mal cortadas que descansaban en la caja.

Desde su posición en el suelo, Akira Hyūga observaría la interacción con una leve inclinación de cabeza. El Chunin se pondría de pie en un movimiento fluido, ajustando la amplia capa blanca sobre sus hombros para que no arrastrara la suciedad del patio. Cruzando los brazos sobre el pecho, Akira avanzaría un par de pasos hacia la zona donde Kuroto y Akihiro se encontraban, manteniendo la vista fija en la postura del pequeño.

—Esa madera de los blancos inferiores está reseca por el sol de los últimos días —comentaría Akira con un tono llano, dirigiendo una breve mirada hacia los dos postes que crujían cada vez que un shuriken rozaba sus bordes—. Pasaría a asegurar las bases con los clavos de refuerzo que están en la banca si te parece bien, mientras tú te encargas de la línea de tiro.

El Hyūga no intervendría en las instrucciones de Kuroto para con Akihiro; al contrario, mantendría una distancia respetuosa para permitir que el Uchiha tomara las riendas de ese grupo. Sin embargo, su presencia serviría como un freno natural para los estudiantes más escandalosos, quienes bajarían el volumen de sus burlas al notar que el instructor Chunin caminaba hacia los bastidores de herramientas.

Akihiro, por su parte, se acomodaría el bastón bajo el axila izquierda y tomaría uno de los shuriken de práctica que aún conservaba en la mano. Su cuerpo se tensaría de forma instintiva al intentar imitar la postura académica estándar: intentaría abrir las piernas a la anchura de los hombros y girar el torso hacia el diana de paja. El resultado provocaría que todo el peso de su cuerpo recayera de forma desigual sobre su pierna débil, haciendo que el bastón temblara contra el suelo y que su brazo derecho careciera de una base firme desde donde proyectar la fuerza.

—En la clase nos dijeron que el pie izquierdo debe apuntar siempre hacia adelante para guiar el tiro —explicó el niño, mostrando los nudillos ligeramente enrojecidos por los bordes astillados de la herramienta—. Pero cuando intento girar la cadera, el bastón se me clava en el costado y pierdo el equilibrio antes de soltar la madera.

Mientras tanto, en la zona de sombra tras los blancos de paja, la pequeña Yumi asomaría apenas la cabeza. Al ver que Kuroto no había reprendido a Akihiro por la caída y que el ambiente en el patio se volvía sensiblemente más ordenado, la niña daría un paso muy tímido hacia afuera, manteniendo el kunai de madera apretado contra su pecho con ambas manos, dudando si aproximarse o permanecer oculta.
Kuroto Uchiha
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07-09-2026, 09:29 PM
Kuroto observó en silencio el intento de Akihiro. No necesitó verlo demasiadas veces para identificar el problema. El muchacho estaba intentando reproducir una postura pensada para alguien capaz de repartir el peso entre ambas piernas, cuando precisamente aquello era lo que su cuerpo no podía hacer con comodidad.

- Entonces no tiene sentido obligarlo.

Se colocó a un lado del niño y señaló primero su pierna izquierda.

- Olvida por un momento lo que te han dicho sobre dónde debe apuntar ese pie.

Kuroto esperó a que relajara la postura antes de continuar.

- La técnica sirve para darte estabilidad. Si seguirla al pie de la letra hace que pierdas el equilibrio, entonces ahora mismo no te está sirviendo.

Le indicó que mantuviera la mayor parte del peso sobre la pierna derecha y utilizara el bastón como un tercer punto de apoyo, ligeramente separado del cuerpo en lugar de clavarlo contra el costado. Después corrigió con una mano la posición de su hombro derecho.

- No necesitas girar tanto la cadera. Mantén el torso más frontal y utiliza el hombro para acompañar el lanzamiento. Primero busca acertar. La fuerza vendrá después.

Kuroto recogió uno de los shuriken de madera y se lo entregó.

- Pruébalo así.

Mientras Akihiro se preparaba, el Uchiha desvió brevemente la mirada hacia Akira.

- Encárgate de los postes. Aquí puedo apañármelas.

El patio comenzaba al menos a recuperar cierto orden. Kuroto volvió a fijarse en el muchacho, atento a cómo repartía ahora el peso antes de realizar el lanzamiento. No esperaba que acertara al centro de la diana en el primer intento. Solo necesitaba comprobar que podía lanzar sin tambalearse. Fue entonces cuando reparó de nuevo en la pequeña Yumi, que había abandonado parcialmente su escondite tras los blancos. No dijo nada todavía. Primero terminaría con Akihiro. Después habría tiempo para averiguar qué impedía a aquella niña acercarse a la línea de práctica.
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07-09-2026, 09:43 PM
Akihiro escucharía con atención las indicaciones de Kuroto, parpadeando ligeramente al procesar la lógica detrás de sus palabras. La idea de desobedecer la postura estándar de los libros de texto de la Academia le generaba una duda instintiva, pero la firmeza tranquila del Uchiha terminaría por convencerlo.
El muchacho soltaría un largo suspiro, aflojando los hombros. Siguiendo las instrucciones, abriría la pierna derecha para convertirla en su eje principal, mientras desplazaba la punta de su bastón hacia un lado, clavándola firmemente en la tierra seca en un ángulo de unos cuarenta y cinco grados. De pronto, la tensión en su rostro desaparecería. El bastón ya no se le clavaba en el costado; ahora actuaba como una pata metálica de un trípode, brindándole un punto de apoyo sólido e inamovible.

Ajustando el torso en una posición más frontal, Akihiro sopesaría el shuriken de madera en su mano derecha. El viento levantaría un leve remolino de polvo entre los blancos de paja, haciendo crujir las tablas de la cerca. El niño respiraría hondo, fijaría la vista en la diana del centro y, acompañando el movimiento únicamente con el hombro y el brazo —tal como se lo había marcado Kuroto—, proyectaría la herramienta de madera.

El shuriken volaría en un trazo ligeramente bajo, pero completamente estable. La pieza de madera impactaría con un golpe seco (thump) en la parte inferior de la diana de paja. No había sido un tiro perfecto al centro, pero Akihiro no se había tambaleado ni un solo centímetro. Su pie izquierdo no había cedido y el bastón se mantuvo firme sobre la tierra.

—¡Sostuve la postura! —exclamó Akihiro, mirando sus propios pies con una mezcla de incredulidad y alivio, antes de volver la vista hacia Kuroto con los ojos brillantes—. ¡No me tambaleé al soltarlo!

Un par de pasos más allá, Akira Hyūga asentiría levemente con la cabeza al ver el resultado. El Chunin soltaría un breve murmullo de aprobación, satisfecho de ver que el Uchiha priorizaba la funcionalidad sobre la rigidez de las normas de clase.

—Trato hecho. Dejo esta zona en tus manos —respondería Akira, dirigiéndole a Kuroto una mirada directa con sus ojos perlados.

El Hyūga se encaminaría hacia la banca donde reposaban las herramientas de mantenimiento, recogiendo un pesado martillo de madera y varios clavos de refuerzo. A su lado, Makey se levantaría de un salto, trotando silenciosamente detrás de su dueño mientras este se dirigía hacia los dos postes flojos que amenazaban con vencerse. En cuestión de segundos, el sonido sordo y rítmico del martillo de Akira ajustando las cuñas de madera comenzaría a resonar en el extremo opuesto del patio, captando la atención de los alumnos más bulliciosos y manteniendo el orden en esa sección.

Mientras tanto, la pequeña Yumi, al escuchar el impacto seco del shuriken de Akihiro y ver que el niño no había caído ni recibido una reprimenda, daría dos pasos más fuera de la sombra de la paja. Sostendría su kunai de madera contra el vientre, mirando alternadamente la diana y la figura de Kuroto. Las pequeñas manos de la niña mostraban varios raspones leves en las yemas, producto de intentar sostener las herramientas con demasiado miedo y fuerza desmedida.

Akihiro, revitalizado por el pequeño triunfo, acomodaría de nuevo su bastón y tomaría otro shuriken de la caja, mirando a Kuroto a la espera de saber si debía repetir el tiro para afianzar el hombro o si el Uchiha consideraría que era el momento de atender a la atemorizada Yumi.
Kuroto Uchiha
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07-09-2026, 10:00 PM
Kuroto observó el impacto del shuriken en la parte baja de la diana y después volvió la mirada hacia Akihiro. No había acertado al centro, pero aquello era secundario. Lo importante era que había mantenido el equilibrio.

- Eso es. Repítelo varias veces hasta que esa postura te resulte natural.

Señaló con la mirada el siguiente shuriken que el muchacho ya sostenía.

- No intentes buscar más fuerza todavía. Primero consigue lanzar siempre desde una base estable.

Con Akihiro ocupado, Kuroto dirigió finalmente su atención hacia Yumi. La niña había abandonado casi por completo la protección de los blancos de paja, aunque continuaba aferrando el kunai contra el cuerpo como si soltarlo fuese a provocar algún desastre. Kuroto se acercó sin prisa y se detuvo a una distancia prudente.

- No hace falta que aprietes tanto.

Sus ojos descendieron hacia las pequeñas manos de la niña y los raspones de sus dedos.

- Es de madera. No va a escaparse.

Se agachó ligeramente para quedar más cerca de su altura, evitando plantarse frente a ella como una figura demasiado imponente.

- ¿Te preocupa fallar o que puedas hacerte daño?

No esperó que respondiera de inmediato. Kuroto tomó otro kunai de práctica de la caja y lo sostuvo con normalidad entre los dedos.

- Aquí nadie espera que lo hagas perfecto a la primera. Ni a la segunda.

Se incorporó y señaló una de las dianas más cercanas.

- Vamos a hacerlo fácil. Acércate unos pasos. Sin fuerza. Solo quiero que lances hacia delante y sueltes el arma sin miedo.

Después dejó espacio para que Yumi decidiera aproximarse por sí misma. A su espalda continuaban escuchándose los golpes del martillo de Akira contra los postes. El patio estaba bastante más ordenado que cuando Kuroto había llegado. Ahora solo quedaba conseguir que todos los alumnos pudieran terminar la práctica sin convertir aquel entrenamiento básico en una batalla contra sus propios nervios.
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07-09-2026, 10:42 PM
Akihiro asentiría en silencio a las palabras de Kuroto. Ajustando la base de su bastón con renovada seguridad, el chico volvería a alzar el brazo. El siguiente impacto contra la diana resonaría con un golpe seco (thump), situándose un palmo más arriba que el tiro anterior. Un destello de genuina satisfacción cruzaría el rostro del pequeño, quien continuaría repitiendo la mecánica por su cuenta, concentrado únicamente en afianzar esa nueva base sobre el suelo.

Poco más allá, la voz calmada de Kuroto surtiría el efecto deseado sobre la pequeña Yumi. La niña bajaría la mirada hacia sus propios dedos enrojecidos, notando la diferencia entre el agarre desesperado que ella aplicaba y la soltura con la que el Uchiha sostenía el arma de práctica.

Un leve suspiro escaparía de sus labios. La rigidez de sus hombros cedería paulatinamente. Siguiendo la recomendación, Yumi daría tres pasos cortos hacia adelante, reduciendo la distancia con la diana más cercana. Levantaría el kunai de madera a la altura de su pecho, dudaría por una fracción de segundo y, finalmente, extendería el brazo en un movimiento fluido, liberando la herramienta sin imprimirle un esfuerzo excesivo.

El kunai volaría en un trazo limpio y recto. La punta mellada de madera se clavaría con firmeza en el tejido inferior de la paja. No había habido estrépito ni peligro alguno. Yumi abriría los ojos de par en par, contemplando el arma fijada en la diana antes de volver la vista hacia Kuroto, esbozando un tímido pero claro conato de sonrisa, aliviada al comprobar que el ejercicio no había terminado en desastre.

En el extremo opuesto del recinto, el sonido sordo del martillo cesaría por completo. Akira Hyūga apoyaría la mano contra el poste recién reforzado y aplicaría presión con el hombro; la estructura respondería sólida, completamente inmóvil sobre la tierra. Makey daría un salto ágil hacia la parte superior del listón de madera, acomodándose en lo alto para recibir los tibios rayos del sol de mediodía mientras soltaba un ronroneo pausado.

Akira se limpiaría el sudor del cuello con la parte posterior de su venda y caminaría con paso sereno hacia la posición de Kuroto, dejando que los faldones de su amplia capa blanca ondearan a su espalda. Sus ojos perlados recorrerían el entorno: los niños aristócratas formaban ahora una fila ordenada cerca de las cajas, Akihiro mantenía una cadencia constante de tiro sin perder el equilibrio y Yumi permanecía tranquila frente a su blanco.

—El cambio de ambiente es más que evidente —comentaría Akira en voz baja al llegar al lado del Uchiha, cruzándose de brazos mientras observaba la escena—. Pasaste de un patio al borde del caos a una sesión de práctica impecable.

El Chunin elevaría la vista hacia el cielo, donde la posición del sol indicaría la llegada del mediodía y el final del bloque práctico de la Academia.

—La campana del cambio de turno no tardará en sonar —añadiría el Hyūga, dirigiéndole una mirada de silencioso reconocimiento a Kuroto—. Dejaría que des las últimas correcciones a los chicos y recojas tu equipo antes de dar por completado el informe de la misión.

El espacio del patio quedaría en relativa calma, aguardando las palabras o acciones finales con las que Kuroto Uchiha decidiría cerrar su intervención en la jornada.
Kuroto Uchiha
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07-09-2026, 11:07 PM
Kuroto observó durante unos segundos más el patio antes de responder a Akira. La diferencia con respecto a su llegada era evidente. Akihiro continuaba lanzando desde una postura mucho más estable, Yumi había dejado atrás buena parte de su miedo inicial y el resto de los alumnos practicaba sin convertir cada movimiento en un riesgo innecesario.

- Impecable quizá sea demasiado -Respondió con calma.- Pero al menos ya no parece que intenten lesionarse entre ellos.

Se acercó primero a Akihiro y esperó a que terminara uno de sus lanzamientos antes de hablar.

- Mantén esa postura y no tengas prisa por aumentar la fuerza. Cuando puedas repetir el movimiento sin pensar en el equilibrio, entonces podrás empezar a corregir la precisión.

Después dirigió la mirada hacia Yumi.

- Y tú sigue igual. No aprietes el arma más de lo necesario y céntrate únicamente en repetir el movimiento. Fallar una diana no tiene importancia.

La niña ya había demostrado que podía hacerlo. Kuroto comenzó entonces a colaborar con la recogida del material utilizado durante la sesión. Guardó varios kunai y shuriken de madera en sus respectivas cajas, comprobando de paso que ninguno hubiese quedado abandonado en mitad de la zona de paso. Poco después, la campana de la Academia anunció finalmente el cambio de turno. Los estudiantes comenzaron a abandonar el patio entre conversaciones y comentarios sobre la práctica. Kuroto esperó hasta comprobar que la zona quedaba despejada y que todo el material permanecía correctamente almacenado. Finalmente volvió junto a Akira.

- Por mi parte está todo.

Había sido una tarea sencilla, aunque no completamente carente de trabajo. Ningún alumno había resultado herido, los problemas del patio habían quedado solucionados y la sesión había podido concluir con normalidad. Con aquello, Kuroto dio por terminada su participación en la clase y se dispuso a entregar el correspondiente informe de misión.
-Hablo-
-Pienso-
-Narro-
Masashi Kishimoto
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07-09-2026, 11:19 PM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: [Misión D] Apoyo en la Academia (TID 14801)
Tipo: Misión Normal · Rango: D
  • Akira — Narrador Oficial (100%): 750 Ryos, 0 Tobis, 50 Exp, Pergamino PERG002
  • Kuroto Uchiha — Participante (100%): 500 Ryos, 5 Tobis, 70 Exp

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
Masashi Kishimoto
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07-09-2026, 11:21 PM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: [Misión D] Apoyo en la Academia (TID 14801)
Tipo: Misión Normal · Rango: D
  • Akira Hyuuga — Narrador Oficial (100%): 750 Ryos, 0 Tobis, 50 Exp, Pergamino PERG002

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
Moderador Himawari
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07-09-2026, 11:21 PM
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