05-09-2026, 08:39 PM
Kuroto recibió la descripción del fugitivo poco después de confirmarse su huida. Había sido detenido por varios robos y agresiones, pero consiguió escapar durante el traslado a dependencias de seguridad, hiriendo a uno de los guardias. La última vez que lo vieron se internaba entre las calles próximas a una de las zonas comerciales del País de las Olas. No era el mejor lugar para perder de vista a alguien. A esas horas, las calles seguían llenas de comerciantes, pescadores y viajeros, mientras numerosos callejones se abrían entre puestos y construcciones de madera. Kuroto permaneció unos segundos observando el lugar desde el que debía comenzar la búsqueda.
- Si simplemente sigue corriendo terminará llamando la atención. Si tiene algo de cabeza, intentará mezclarse con la gente.
La descripción era sencilla: unos treinta años, cabello oscuro, barba de varios días y una chaqueta marrón que probablemente ya habría abandonado. Lo realmente útil era el corte superficial que había sufrido en el brazo derecho durante la fuga. Kuroto comenzó la búsqueda desde el último punto en el que había sido visto. Durante los primeros minutos apenas encontró información útil. Varias personas recordaban haber visto pasar a alguien corriendo, pero las indicaciones se contradecían: un pescador señalaba hacia el oeste, una mujer en dirección contraria y otro comerciante ni siquiera estaba seguro de haber visto al fugitivo. Después de varias respuestas semejantes, Kuroto dejó de preguntar indiscriminadamente.
- Demasiada gente. Demasiadas versiones.
Kuroto observó el entorno. Si el fugitivo conocía mínimamente la zona, probablemente habría evitado las calles principales. Y si seguía herido, terminaría dejando algún rastro. Se internó en uno de los callejones que comunicaban la zona comercial con varias calles secundarias. El tránsito disminuyó casi de inmediato. Entre cajas apiladas, redes puestas a secar y pequeños charcos, Kuroto avanzó despacio examinando el lugar. Una de las cajas parecía haber sido desplazada recientemente. Se agachó junto a ella. En uno de los bordes había una pequeña mancha oscura. Sangre.
- Por aquí.
Kuroto siguió el callejón hasta alcanzar una bifurcación. Allí, el rastro desaparecía. A la izquierda, el camino regresaba hacia una calle concurrida; a la derecha, descendía hacia una zona próxima al agua, donde varios almacenes se agrupaban entre pasos estrechos y pequeños embarcaderos. Se detuvo unos instantes. Si el fugitivo quería esconderse, difícilmente volvería hacia una calle transitada. Kuroto tomó el camino de la derecha. El olor a sal y madera húmeda se intensificó conforme avanzaba. Aún quedaban algunas personas descargando cajas o trabajando junto a las embarcaciones, aunque la actividad era mucho menor que en la zona comercial. Un anciano sentado frente a uno de los almacenes levantó la mirada al verlo acercarse. Kuroto se detuvo frente a él.
- ¿Ha pasado por aquí un hombre corriendo hace poco? Treinta años aproximadamente. Posiblemente herido en un brazo.
El anciano entrecerró los ojos.
- Han pasado muchas personas.
- Estoy buscando a un hombre que ha escapado mientras era trasladado bajo custodia. Ha herido a uno de los guardias durante la fuga.
La actitud del anciano cambió.
- ¿Es peligroso?
- Ha sido detenido por varios robos y agresiones. Es mejor encontrarlo antes de que tenga ocasión de causar más problemas.
El hombre pensó durante unos segundos antes de señalar hacia el final de la calle.
- Vi a uno parecido. Caminaba rápido, pero intentaba no parecer que tenía prisa. Llevaba el brazo pegado al cuerpo.
- ¿Hacia dónde fue?
- Por allí. Después no lo vi.
Kuroto siguió la dirección indicada.
- Entonces ya sabía que podían estar buscándolo.
Eso explicaba que hubiese dejado de correr. Continuó avanzando hasta alcanzar varios almacenes separados entre sí por estrechos espacios. Algunos permanecían abiertos; otros habían sido cerrados al terminar la jornada. Una puerta llamó su atención. El candado seguía colocado. Pero la madera junto al marco estaba astillada. Kuroto se acercó y observó el suelo. Había restos recientes de madera.
- Entró sin utilizar la puerta.
Rodeó el edificio. En la parte posterior encontró una pequeña ventana utilizada probablemente para ventilación. Uno de los tablones que la cubrían había sido arrancado parcialmente. Kuroto llevó una mano hacia Homurakiba. No desenvainó. Todavía. Se aproximó lentamente y escuchó. Nada. Después oyó un pequeño golpe en el interior. Kuroto se apartó de la ventana y volvió hacia la entrada principal.
- Sé que estás dentro. -Silencio.- No tienes salida.
Una voz respondió desde el interior.
- ¡Lárgate!
Kuroto dejó escapar aire por la nariz.
- Al menos nos ahorramos seguir buscando.-Pensó.- Has herido a un guardia durante la fuga. Si sales ahora, esto termina sin necesidad de empeorarlo.-Dijo.-
- ¡No voy a volver!
Kuroto observó la puerta.
- Entonces tendré que entrar.
De repente se escucharon pasos rápidos. No hacia la puerta. Hacia atrás. Kuroto giró inmediatamente y comenzó a rodear el almacén. Llegó a tiempo para ver cómo el fugitivo terminaba de romper uno de los tablones de la ventana posterior y se dejaba caer al exterior. El hombre levantó la cabeza. Sus miradas se encontraron.
- Mierda.
Echó a correr. Kuroto fue detrás. La persecución atravesó dos estrechos pasos entre almacenes antes de regresar hacia una zona más transitada. El fugitivo apartó violentamente una cesta que encontró en su camino y varias piezas de pescado terminaron esparcidas por el suelo.
- ¡Eh!
Un comerciante comenzó a protestar. Kuroto esquivó la cesta sin detenerse. El fugitivo miró hacia atrás. Aquello fue un error. Chocó contra un hombre que transportaba varias cajas y estuvo a punto de caer. Kuroto redujo la distancia.
- ¡Detente!
El fugitivo recuperó el equilibrio y siguió corriendo. Delante de él aparecía una calle bastante más concurrida. Kuroto frunció el ceño.
- No.
Si alcanzaba aquella zona, cualquier intento de detenerlo podía terminar implicando a demasiadas personas. Aceleró. El fugitivo apenas había recorrido unos metros más cuando Kuroto consiguió alcanzarlo. Extendió una mano hacia su hombro. El hombre giró bruscamente. Algo metálico apareció en su mano. Kuroto se detuvo justo antes de que un cuchillo cruzase el espacio frente a su abdomen.
- ¡Atrás!
El fugitivo respiraba con dificultad. El vendaje improvisado que llevaba alrededor del brazo derecho estaba manchado de sangre. Kuroto dio un paso lateral, colocándose entre él y la calle transitada.
- Guarda eso.
- Te he dicho que te apartes.
- Y yo te he dicho que esto podía terminar sin empeorarlo.
El hombre apretó los dientes.
- No voy a volver a una celda.
- Eso ya no depende de mí.
El fugitivo avanzó. El cuchillo volvió a moverse. Kuroto desenvainó media katana rápidamente y bloqueó el ataque punzante. Antes de que el hombre pudiera recuperar la posición, desenvainó la katana completamente y ejecutó un duro corte a su mano.
El cuchillo cayó al suelo. No necesitaba el Sharingan. El hombre no era shinobi y simplemente estaba desesperado. El fugitivo cayó de espaldas contra el suelo. Intentó levantarse inmediatamente. Kuroto colocó una rodilla sobre su espalda y le inmovilizó uno de los brazos.
- ¡Suéltame!
- Deja de moverte.
- ¡He dicho que me sueltes!
El hombre trató de revolverse. Kuroto aumentó ligeramente la presión.
- Y yo he dicho que dejes de moverte.
El fugitivo terminó deteniéndose. Durante algunos segundos únicamente se escuchó su respiración acelerada. Kuroto miró alrededor. Varias personas observaban desde cierta distancia, pero nadie había resultado herido. Eso era lo importante. Sacó los hilos metálicos que llevaba entre su equipo y comenzó a asegurar las muñecas del detenido. El hombre soltó una risa amarga.
- ¿Contento?
Kuroto terminó el nudo.
- Pues sí, porque no has apuñalado a nadie.
- Podría haberte dado.
Kuroto recogió el cuchillo del suelo. Lo observó durante un instante antes de guardarlo fuera del alcance del fugitivo.
- No.
El hombre levantó la cabeza ligeramente.
- ¿No qué?
- No podrías, ni siquiera me hiciste sudar.
No quería ser cruel o presumir, simplemente era sincero. El silencio que siguió fue suficiente respuesta. Kuroto se incorporó y obligó al fugitivo a hacer lo mismo.
- Vamos.
- ¿Y si no quiero caminar?
Kuroto lo miró. El hombre suspiró.
- Era una pregunta retórica...
Kuroto levantó ligeramente una ceja, parecía que al menos había aprendido algo. El regreso fue considerablemente más tranquilo que la búsqueda. El fugitivo caminó delante de él con las manos atadas. Cuando finalmente alcanzaron el punto donde debía entregarlo nuevamente bajo custodia, uno de los responsables de seguridad reconoció inmediatamente al detenido.
- Pensábamos que conseguiría salir de la zona antes de que pudiéramos cerrar los caminos.
Kuroto entregó el cuchillo confiscado.
- Se escondió en uno de los almacenes cercanos a la costa.
El guardia observó el arma.
- ¿Te dio problemas?
Kuroto miró hacia el fugitivo. El hombre evitó devolverle la mirada.
- No.
Los guardias se hicieron cargo del detenido. Kuroto permaneció allí unos segundos más mientras comprobaban las ataduras y lo conducían hacia el interior. La búsqueda había durado más de lo que le habría gustado, pero nadie había resultado herido durante la captura y el fugitivo regresaba bajo custodia. Objetivo cumplido. Kuroto acomodó ligeramente a Homurakiba en su cintura antes de abandonar el lugar.
- La próxima vez quizá deberían usar mejores nudos.
- Si simplemente sigue corriendo terminará llamando la atención. Si tiene algo de cabeza, intentará mezclarse con la gente.
La descripción era sencilla: unos treinta años, cabello oscuro, barba de varios días y una chaqueta marrón que probablemente ya habría abandonado. Lo realmente útil era el corte superficial que había sufrido en el brazo derecho durante la fuga. Kuroto comenzó la búsqueda desde el último punto en el que había sido visto. Durante los primeros minutos apenas encontró información útil. Varias personas recordaban haber visto pasar a alguien corriendo, pero las indicaciones se contradecían: un pescador señalaba hacia el oeste, una mujer en dirección contraria y otro comerciante ni siquiera estaba seguro de haber visto al fugitivo. Después de varias respuestas semejantes, Kuroto dejó de preguntar indiscriminadamente.
- Demasiada gente. Demasiadas versiones.
Kuroto observó el entorno. Si el fugitivo conocía mínimamente la zona, probablemente habría evitado las calles principales. Y si seguía herido, terminaría dejando algún rastro. Se internó en uno de los callejones que comunicaban la zona comercial con varias calles secundarias. El tránsito disminuyó casi de inmediato. Entre cajas apiladas, redes puestas a secar y pequeños charcos, Kuroto avanzó despacio examinando el lugar. Una de las cajas parecía haber sido desplazada recientemente. Se agachó junto a ella. En uno de los bordes había una pequeña mancha oscura. Sangre.
- Por aquí.
Kuroto siguió el callejón hasta alcanzar una bifurcación. Allí, el rastro desaparecía. A la izquierda, el camino regresaba hacia una calle concurrida; a la derecha, descendía hacia una zona próxima al agua, donde varios almacenes se agrupaban entre pasos estrechos y pequeños embarcaderos. Se detuvo unos instantes. Si el fugitivo quería esconderse, difícilmente volvería hacia una calle transitada. Kuroto tomó el camino de la derecha. El olor a sal y madera húmeda se intensificó conforme avanzaba. Aún quedaban algunas personas descargando cajas o trabajando junto a las embarcaciones, aunque la actividad era mucho menor que en la zona comercial. Un anciano sentado frente a uno de los almacenes levantó la mirada al verlo acercarse. Kuroto se detuvo frente a él.
- ¿Ha pasado por aquí un hombre corriendo hace poco? Treinta años aproximadamente. Posiblemente herido en un brazo.
El anciano entrecerró los ojos.
- Han pasado muchas personas.
- Estoy buscando a un hombre que ha escapado mientras era trasladado bajo custodia. Ha herido a uno de los guardias durante la fuga.
La actitud del anciano cambió.
- ¿Es peligroso?
- Ha sido detenido por varios robos y agresiones. Es mejor encontrarlo antes de que tenga ocasión de causar más problemas.
El hombre pensó durante unos segundos antes de señalar hacia el final de la calle.
- Vi a uno parecido. Caminaba rápido, pero intentaba no parecer que tenía prisa. Llevaba el brazo pegado al cuerpo.
- ¿Hacia dónde fue?
- Por allí. Después no lo vi.
Kuroto siguió la dirección indicada.
- Entonces ya sabía que podían estar buscándolo.
Eso explicaba que hubiese dejado de correr. Continuó avanzando hasta alcanzar varios almacenes separados entre sí por estrechos espacios. Algunos permanecían abiertos; otros habían sido cerrados al terminar la jornada. Una puerta llamó su atención. El candado seguía colocado. Pero la madera junto al marco estaba astillada. Kuroto se acercó y observó el suelo. Había restos recientes de madera.
- Entró sin utilizar la puerta.
Rodeó el edificio. En la parte posterior encontró una pequeña ventana utilizada probablemente para ventilación. Uno de los tablones que la cubrían había sido arrancado parcialmente. Kuroto llevó una mano hacia Homurakiba. No desenvainó. Todavía. Se aproximó lentamente y escuchó. Nada. Después oyó un pequeño golpe en el interior. Kuroto se apartó de la ventana y volvió hacia la entrada principal.
- Sé que estás dentro. -Silencio.- No tienes salida.
Una voz respondió desde el interior.
- ¡Lárgate!
Kuroto dejó escapar aire por la nariz.
- Al menos nos ahorramos seguir buscando.-Pensó.- Has herido a un guardia durante la fuga. Si sales ahora, esto termina sin necesidad de empeorarlo.-Dijo.-
- ¡No voy a volver!
Kuroto observó la puerta.
- Entonces tendré que entrar.
De repente se escucharon pasos rápidos. No hacia la puerta. Hacia atrás. Kuroto giró inmediatamente y comenzó a rodear el almacén. Llegó a tiempo para ver cómo el fugitivo terminaba de romper uno de los tablones de la ventana posterior y se dejaba caer al exterior. El hombre levantó la cabeza. Sus miradas se encontraron.
- Mierda.
Echó a correr. Kuroto fue detrás. La persecución atravesó dos estrechos pasos entre almacenes antes de regresar hacia una zona más transitada. El fugitivo apartó violentamente una cesta que encontró en su camino y varias piezas de pescado terminaron esparcidas por el suelo.
- ¡Eh!
Un comerciante comenzó a protestar. Kuroto esquivó la cesta sin detenerse. El fugitivo miró hacia atrás. Aquello fue un error. Chocó contra un hombre que transportaba varias cajas y estuvo a punto de caer. Kuroto redujo la distancia.
- ¡Detente!
El fugitivo recuperó el equilibrio y siguió corriendo. Delante de él aparecía una calle bastante más concurrida. Kuroto frunció el ceño.
- No.
Si alcanzaba aquella zona, cualquier intento de detenerlo podía terminar implicando a demasiadas personas. Aceleró. El fugitivo apenas había recorrido unos metros más cuando Kuroto consiguió alcanzarlo. Extendió una mano hacia su hombro. El hombre giró bruscamente. Algo metálico apareció en su mano. Kuroto se detuvo justo antes de que un cuchillo cruzase el espacio frente a su abdomen.
- ¡Atrás!
El fugitivo respiraba con dificultad. El vendaje improvisado que llevaba alrededor del brazo derecho estaba manchado de sangre. Kuroto dio un paso lateral, colocándose entre él y la calle transitada.
- Guarda eso.
- Te he dicho que te apartes.
- Y yo te he dicho que esto podía terminar sin empeorarlo.
El hombre apretó los dientes.
- No voy a volver a una celda.
- Eso ya no depende de mí.
El fugitivo avanzó. El cuchillo volvió a moverse. Kuroto desenvainó media katana rápidamente y bloqueó el ataque punzante. Antes de que el hombre pudiera recuperar la posición, desenvainó la katana completamente y ejecutó un duro corte a su mano.
El cuchillo cayó al suelo. No necesitaba el Sharingan. El hombre no era shinobi y simplemente estaba desesperado. El fugitivo cayó de espaldas contra el suelo. Intentó levantarse inmediatamente. Kuroto colocó una rodilla sobre su espalda y le inmovilizó uno de los brazos.
- ¡Suéltame!
- Deja de moverte.
- ¡He dicho que me sueltes!
El hombre trató de revolverse. Kuroto aumentó ligeramente la presión.
- Y yo he dicho que dejes de moverte.
El fugitivo terminó deteniéndose. Durante algunos segundos únicamente se escuchó su respiración acelerada. Kuroto miró alrededor. Varias personas observaban desde cierta distancia, pero nadie había resultado herido. Eso era lo importante. Sacó los hilos metálicos que llevaba entre su equipo y comenzó a asegurar las muñecas del detenido. El hombre soltó una risa amarga.
- ¿Contento?
Kuroto terminó el nudo.
- Pues sí, porque no has apuñalado a nadie.
- Podría haberte dado.
Kuroto recogió el cuchillo del suelo. Lo observó durante un instante antes de guardarlo fuera del alcance del fugitivo.
- No.
El hombre levantó la cabeza ligeramente.
- ¿No qué?
- No podrías, ni siquiera me hiciste sudar.
No quería ser cruel o presumir, simplemente era sincero. El silencio que siguió fue suficiente respuesta. Kuroto se incorporó y obligó al fugitivo a hacer lo mismo.
- Vamos.
- ¿Y si no quiero caminar?
Kuroto lo miró. El hombre suspiró.
- Era una pregunta retórica...
Kuroto levantó ligeramente una ceja, parecía que al menos había aprendido algo. El regreso fue considerablemente más tranquilo que la búsqueda. El fugitivo caminó delante de él con las manos atadas. Cuando finalmente alcanzaron el punto donde debía entregarlo nuevamente bajo custodia, uno de los responsables de seguridad reconoció inmediatamente al detenido.
- Pensábamos que conseguiría salir de la zona antes de que pudiéramos cerrar los caminos.
Kuroto entregó el cuchillo confiscado.
- Se escondió en uno de los almacenes cercanos a la costa.
El guardia observó el arma.
- ¿Te dio problemas?
Kuroto miró hacia el fugitivo. El hombre evitó devolverle la mirada.
- No.
Los guardias se hicieron cargo del detenido. Kuroto permaneció allí unos segundos más mientras comprobaban las ataduras y lo conducían hacia el interior. La búsqueda había durado más de lo que le habría gustado, pero nadie había resultado herido durante la captura y el fugitivo regresaba bajo custodia. Objetivo cumplido. Kuroto acomodó ligeramente a Homurakiba en su cintura antes de abandonar el lugar.
- La próxima vez quizá deberían usar mejores nudos.
-Hablo-
-Pienso-
-Narro-
-Narro-