No fue hasta entonces que pudo mirar realmente todo lo que había ocurrido a su alrededor. El corredor que dejaban atrás ya no se parecía demasiado al que habían encontrado al entrar: hielo en los laterales, cuerpos incapacitados, manchas de sangre y la lanza de Yocko varios metros más adelante convertían aquel sector en algo mucho más controlado. Más allá, los otros caminos de la prisión comenzaron a devolver personas que Kyo llevaba un buen rato sin ver. Reconoció a los compañeros que habían tomado la derecha, aunque alguno regresaba en un estado bastante distinto al que recordaba. Uno de ellos volvió a preguntar por las autoridades de la prisión, y Kyo levantó la voz desde su sector mientras terminaba de aproximarse a la cámara. —¡Ningún don alicate por nuestro lado! ¡Solo al tipo que estaba dirigiendo a los presos y se lo llevaron por debajo de esa cosa! —señaló la compuerta con el arco—. ¡Y todavía tiene mi flecha, así que si lo ven debería ser fácil reconocerlo!
La respuesta detrás de aquella barrera llegó antes de que pudiera decir mucho más. Un golpe hizo vibrar el hierro. Luego otro. Kyo levantó nuevamente el arco y dio un par de pasos hacia atrás cuando las matrices comenzaron a apagarse una detrás de otra. Aquello era distinto a la primera puerta. Antes había visto precisión, golpes contra puntos concretos y algo que iba desmontando el sistema poco a poco; esta vez los pernos se deformaban simplemente porque había demasiada gente empujando desde el otro lado. —Oh no... —murmuró. Cuando la enorme compuerta cayó hacia la cámara, Kyo tuvo que levantar un brazo frente al rostro durante un instante por el polvo y los fragmentos. Lo que apareció al otro lado le hizo bajar lentamente ese brazo. Celdas abiertas. Armas improvisadas. Esposas arrancadas. Decenas de presos. Y, mucho más importante, detrás de todos ellos pudo distinguir a guardias, médicos y trabajadores todavía atrapados. —Eso es... demasiada gente.
La masa comenzó a avanzar antes de que el polvo terminara de asentarse. Entre todo el caos, tres hombres habían elegido precisamente ese momento para correr directamente hacia él. Miró primero a uno. Luego al segundo. Luego al tercero. Finalmente se señaló a sí mismo con una expresión casi ofendida. —¿Los tres conmigo? —preguntó mientras comenzaba a retroceder—. ¿No pueden repartirse un poquito mejor?
Su primer instinto fue preparar otra flecha y escoger una pierna como había hecho antes. Lo descartó inmediatamente. Si derribaba a uno, los otros dos continuarían cerrando distancia y un arco servía de bastante poco cuando alguien conseguía meterle una barra de hierro en la cara. Tampoco podía simplemente disparar hacia la multitud: los rehenes estaban detrás y aquella cámara ya tenía demasiada gente moviéndose en demasiadas direcciones. Así que Kyo cambió el ángulo. En vez de apuntar hacia el centro de la galería, mantuvo la trayectoria baja y concentrada exclusivamente sobre la primera línea que estaba cargando contra él. Una sola flecha quedó acomodada sobre la cuerda mientras comenzaba a moldear chakra alrededor del proyectil. —Está bien... —dijo, retrocediendo diagonalmente hacia uno de los laterales protegidos por las estructuras de hielo que Yocko había dejado en el sector
Las armas arrojadizas se utilizan en combate mediante el Modificador de Destreza, el cual determina cuántas armas pueden lanzarse simultáneamente. Cada arma tiene un Valor de Tamaño (1 para pequeñas, 2 para medianas y 3 para grandes), y el usuario podrá lanzar tantas armas como su destreza pueda cubrir, pagando el valor correspondiente por cada una. Todas las armas lanzadas pueden ser arrojadas al mismo tiempo, siempre que la suma de sus valores no supere el modificador del usuario. Esta mecánica permite realizar ofensivas variadas combinando múltiples proyectiles de diferentes tamaños y efectos.
Cuando dos armas arrojadizas con el mismo Valor de Tamaño colisionan en el aire, ambas se desvían de su curso, anulando sus trayectorias. Si se utilizan únicamente armas más pequeñas para intentar desviar una de mayor tamaño, estas deben superar de forma combinada el Valor de Tamaño del proyectil objetivo para tener éxito. Además, cada arma adicional utilizada en un lanzamiento aumenta en +1 el nivel del jutsu base, funcionando como si fueran mejoras aplicadas al ataque, y permitiendo acumular efectos especiales, bonificaciones o propiedades propias de las armas lanzadas. Esta combinación convierte los ataques arrojadizos en herramientas de gran versatilidad táctica.
Atención: Arrojar múltiples Armas aumenta los efectos del ataque y aumenta el nivel del Jutsu Base consumiendo las municiones del arma, pero esto conlleva a un sacrificio, ya que esto impide usar las Mejoras del Jutsu Arrojadizo.
Esta técnica permite al usuario multiplicar las armas arrojadas, convirtiendo un lanzamiento normal en un ataque de área de gran alcance. Al activar la técnica, las armas se duplican en el aire, generando múltiples impactos sobre uno o varios objetivos. Este lanzamiento especial duplica el Valor de Tamaño de las armas utilizadas, aumentando considerablemente el bono de daño por peso, sin alterar los efectos naturales del arma. Si las armas llevan consigo herramientas, como hilos metálicos o sellos explosivos, estos efectos no se duplican, pero sí se aplican sobre el área total del lanzamiento, aumentando su potencial táctico sin perder precisión.
De forma pasiva, esta especialidad permite que las armas pequeñas reduzcan su Valor de Tamaño a la mitad solo al momento de arrojarlas, lo que permite al usuario lanzar el doble de armas por cada punto de Modificador de Destreza. Estas armas pueden ser lanzadas de forma conjunta para impactar individualmente, aplicando los efectos de ambas armas por separado si logran alcanzar al objetivo sin colisionar. Sin embargo, el usuario también puede hacer que estas colisionen entre sí en pleno vuelo, generando trayectorias impredecibles que otorgan Sigilo al ataque al dificultar su lectura.
Kyo soltó la cuerda buscando que la flecha atravesara el espacio ocupado por los tres atacantes antes de que consiguieran entrar en distancia cuerpo a cuerpo. El proyectil original era solamente uno, pero el chakra de de su técnica buscaría multiplicarlo durante el recorrido y convertir aquella trayectoria en una descarga mucho más difícil de atravesar limpiamente. No apuntó hacia sus cabezas ni dejó que la línea continuara directamente hacia los rehenes del fondo; orientó el ataque bajo, hacia piernas, muslos y la parte inferior del cuerpo de aquellos que venían sobre él, intentando frenar la carga y abrirse el espacio suficiente para seguir utilizando el arco. —¡A ver cómo corren entre eso! —soltó mientras terminaba el disparo.
Kyo tampoco permaneció esperando a comprobar qué ocurría. Había visto durante toda la misión lo rápido que una buena posición podía convertirse en una pésima cuando uno se enamoraba demasiado de ella. En cuanto la flecha abandonó la cuerda continuó el desplazamiento hacia el lateral y buscó colocar una de las estructuras de hielo entre su cuerpo y la dirección desde la que avanzaban los presos. No pretendía esconderse mágicamente de tres hombres que acababan de verlo disparar; lo que buscaba era algo mucho más sencillo: romperles la línea de visión, obligarlos a rodear una cobertura y ganar los segundos necesarios para volver a convertir la distancia en su ventaja. Mientras se desplazaba tomó otra flecha del carcaj y la dejó preparada. —¡Pelirroja! —gritó desde su lado de la cámara, sin saber siquiera si su voz conseguiría atravesar todo aquel ruido—. ¡Voy a usar tus paredes un momento! ¡Prometo no romperlas!
La sonrisa desapareció enseguida cuando volvió a mirar por encima del borde de la cobertura. Más allá de los tres hombres asignados a él seguían llegando presos. Detrás estaban los rehenes. En algún lugar de aquella multitud seguía el cabecilla al que ya había herido dos veces indirectamente durante la persecución, y todavía no aparecía el alcaide. Kyo comprendió entonces que el objetivo ya no podía ser simplemente derribar a cualquiera que corriera hacia él. Si cada shinobi se dejaba arrastrar hacia el centro de aquella masa, los presos terminarían pasando por los huecos que dejaran detrás. La voz de Kishue sobre cerrar accesos tenía bastante sentido. Por eso Kyo mantuvo su posición cerca del lateral en vez de correr detrás de ningún objetivo y volvió a tensar parcialmente la nueva flecha desde la protección del hielo, preparado para disparar contra cualquiera de sus tres atacantes que consiguiera superar la primera descarga o contra el siguiente recluso que intentara utilizar su sector como ruta hacia la superficie.