24-08-2026, 04:11 AM
10 de Verano de 150.
Kirigakure
En los alrededores de Kirigakure se encontraba un pequeño pueblo con escaso acceso a necesidades básicas como lo eran la medicina o agua limpia. Yocko sería asignada como responsable de proteger a Kota, un viejo comerciante quién se había criado en dicho pueblo. Las habilidades de la kunoichi mejoraban a gran velocidad y los encargados del registro la consideraban mas que capaz de cumplir con misiones de rango C.
El viejo Kota le esperaba en la entrada a Kirigakure, preparando aquél cargamento de medicina con destino a su pueblo natal. Este se giraría, reaccionando con gran alivio al ver a la joven kunoichi acercarse a este.
— ¡Jovencita! Que bueno que aceptaste ayudarme con esto, los caminos fuera de la aldea no paran de volverse cada vez mas inseguros y peligrosos. Los rumores hablan de animales salvajes y de ladrones que patrullan por la zona. —
El viejo Kota se veía claramente preocupado por lo que le podía pasar, pues de no llegar a salvo a su pueblo su gente se vería gravemente afectada por esto. El bienestar de aquél pequeño pueblo dependía de Yocko y sus habilidades para defenderse a si misma y a los demás. Una vez todo estuviese en su lugar el anciano dió la señal para comenzar con su recorrido, montando sobre su carro.
— ¿Estás segura de no querer subirte conmigo? Puede que te canses. —
Kota se mostraba servicial y amable con la joven, buscando que esta estuviese al cien de sus capacidades ante la posibilidad de sufrir desgaste previo a un combate. El camino hacia el pueblo era estrecho y tenía toda la pinta de estar medianamente abandonado, lo que proyectaba gran inseguridad en todo aquél lo suficientemente estúpido o valiente como para caminar por aquél sendero.
— La gente en la aldea habla de una figura extraña que aterra las calles por la noche. Dicen que esta criatura deja escamas en su camino, metiéndose en problemas con cualquiera que este vea. Yo creo que están locos y el aburrimiento les consume el cerebro. —
Kirigakure
En los alrededores de Kirigakure se encontraba un pequeño pueblo con escaso acceso a necesidades básicas como lo eran la medicina o agua limpia. Yocko sería asignada como responsable de proteger a Kota, un viejo comerciante quién se había criado en dicho pueblo. Las habilidades de la kunoichi mejoraban a gran velocidad y los encargados del registro la consideraban mas que capaz de cumplir con misiones de rango C.
El viejo Kota le esperaba en la entrada a Kirigakure, preparando aquél cargamento de medicina con destino a su pueblo natal. Este se giraría, reaccionando con gran alivio al ver a la joven kunoichi acercarse a este.
— ¡Jovencita! Que bueno que aceptaste ayudarme con esto, los caminos fuera de la aldea no paran de volverse cada vez mas inseguros y peligrosos. Los rumores hablan de animales salvajes y de ladrones que patrullan por la zona. —
El viejo Kota se veía claramente preocupado por lo que le podía pasar, pues de no llegar a salvo a su pueblo su gente se vería gravemente afectada por esto. El bienestar de aquél pequeño pueblo dependía de Yocko y sus habilidades para defenderse a si misma y a los demás. Una vez todo estuviese en su lugar el anciano dió la señal para comenzar con su recorrido, montando sobre su carro.
— ¿Estás segura de no querer subirte conmigo? Puede que te canses. —
Kota se mostraba servicial y amable con la joven, buscando que esta estuviese al cien de sus capacidades ante la posibilidad de sufrir desgaste previo a un combate. El camino hacia el pueblo era estrecho y tenía toda la pinta de estar medianamente abandonado, lo que proyectaba gran inseguridad en todo aquél lo suficientemente estúpido o valiente como para caminar por aquél sendero.
— La gente en la aldea habla de una figura extraña que aterra las calles por la noche. Dicen que esta criatura deja escamas en su camino, metiéndose en problemas con cualquiera que este vea. Yo creo que están locos y el aburrimiento les consume el cerebro. —