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De flor en flor
Raito Yamanaka
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17-08-2026, 05:06 AM
La mañana había sido, para variar, una absoluta decepción en términos de marketing personal. Raito se había pasado gran parte del día paseando por la zona comercial de Konoha, asegurándose de que su perfil bueno recibiera la iluminación adecuada de los rayos del sol, pero la gente parecía estar demasiado ocupada con sus vidas mediocres como para notar su presencia. Había practicado su sonrisa "típica de portada" frente al reflejo de los escaparates y hasta se había tomado el tiempo de corregir la postura de un par de aldeanos que caminaban demasiado encorvados para su gusto. Sin embargo, algo faltaba. Su outfit necesitaba un complemento, un accesorio que le diera ese toque de sofisticación que gritara "soy una leyenda en proceso" sin tener que mover un solo músculo.
Fue entonces cuando lo decidió: necesitaba flores. No cualquier hierba de jardín, sino algo que elevara su estética visual a niveles cinematográficos.

La campanilla de la puerta de la floristería sonó con un tintineo que, a oídos de Raito, fue prácticamente una nota desafinada. Hizo una mueca de disgusto, ajustándose el cuello de su chaqueta antes de dar un paso al interior del local. No es que el lugar fuera terrible, pero carecía de esa... dirección artística que él consideraba vital para un negocio que pretendía vender belleza. El aire cargado de humedad le provocó un leve escalofrío; seguramente era un problema de ventilación metabólica del edificio, pensó con suficiencia.

Raito entró con elegancia, ignorando a los demás clientes como si fueran extras en su propia película. Se detuvo justo en el centro del local, cruzándose de brazos y escaneando las estanterías con una mirada de experto en geometría estética.

—A ver, a ver... —murmuró para sí mismo, proyectando la voz como si hubiera un público de mil personas observándolo— La fisiología de estos arreglos es... cuestionable. ¿Quién ha diseñado esta diáspora de colores? ¿Un genin en su día libre? — Se acercó a un jarrón con lirios, inclinándose para inspeccionarlos de cerca, pero sin llegar a tocarlos por miedo a que fueran sintéticos o, peor aún, que no tuvieran el aroma de alta gama que él buscaba. Sus dedos, adornados con un anillo que brillaba demasiado para ser de un rango tan bajo como el suyo, tamborilearon contra el cristal de una vitrina.

—Disculpe —dijo, elevando la voz hacia quienquiera que estuviera tras el mostrador, con ese tono aristocrático que usaba cuando quería pedir algo que no sabía cómo nombrar— Necesito un desglose floral que tenga pedigrí. Algo que, al verlo, inspire una sinopsis inmediata en cualquier admirador. No me traiga flores de esas que se marchitan a los tres días por falta de carisma. Necesito algo con estimulación propia —Esperó allí parado, con la barbilla en alto y una postura impecable, ignorando que el resto de los clientes probablemente lo miraban como si fuera un turista confundido. Para Raito, sin embargo, la floristería no era una tienda; era su escenario, y él solo estaba esperando a que el florista, o quien estuviera a cargo, entrara en su papel.
Hanami
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17-08-2026, 05:19 PM
Hanami visitaba la floristería ocasionalmente, cuando requería de algún elemento o especie floral en particular para los arreglos y ornamentos botánicos que solía disponer por aquella casa fría y carente de alma que habitaba. Era una costumbre, un hábito heredado de su madre y que, con el paso de los años, se había convertido también en una silenciosa forma de rendir homenaje a su memoria.

Por lo general, la joven recogía sus propias flores del jardín que cuidaba con paciencia y dedicación. Sin embargo, aquel día se encontraba allí en busca de algo que no existía aún en su preciado vergel.

Una semana atrás, había conversado con el encargado de la tienda para hacerle una petición particular. Había encontrado en un libro de botánica ilustrado la imagen de un hermoso ejemplar de Orchidaceae que aún no poseía y, desde el instante en que sus ojos se habían detenido sobre aquel dibujo, había decidido que no quería uno. Lo necesitaba. Se trataba de un sagisō, o garza blanca. Un delicado tipo de orquídea cuyas flores parecían evocar la silueta de una pequeña ave alzando vuelo, con las alas extendidas y suspendida apenas sobre el tallo. Hanami había quedado cautivada por aquella semejanza casi irreal, y ansiaba verla convertida en un elegante ornamento dentro de su hogar. Quizás, incluso, pudiera encontrarle un lugar especial donde su presencia fuese capaz de cautivar la atención de cualquiera que posara los ojos sobre ella.

Mientras esperaba a ser atendida, recorrió la tienda con la mirada. Se detuvo de tanto en tanto frente a las estanterías, examinando plantas, recipientes y pequeños ornamentos, preguntándose si acaso había algo que pudiera hacerle falta o, sencillamente, despertar su interés.

Fue entonces cuando unos jarrones de fina porcelana llamaron su atención. Todos blancos, de superficie pulida y delicada, decorados con majestuosas escenas pintadas en azul cobalto. Ramas que se entrelazaban con flores, pequeñas aves posadas sobre ellas, y paisajes trazados mediante líneas tan finas y prolijas que resultaba difícil imaginar que hubiesen sido pintados a mano. Hanami inclinó apenas el rostro, siguiendo con los ojos uno de aquellos motivos, particularmente atraída por la manera en que el azul adquiría diferentes intensidades sobre la inmaculada porcelana.

Una voz masculina llegaría entonces a sus oídos, con una pregunta dirigida al encargado de la tienda, y que conseguiría apartar a la muchacha de su contemplación. 

Hanami giró ligeramente la cabeza en dirección a quien hablaba. Se trataba de un joven alto, de porte elegante y figura estilizada. Al agudizar un poco más la mirada, notó que su vestimenta parecía estar cuidadosamente escogida, ya que no había en ella un solo detalle que denotara haber sido dejado al azar. Incluso desde la distancia que los separaba podía percibirse cierta distinción en su manera de presentarse, una imagen que no parecía propia de un shinobi ni de un ciudadano corriente. Por su apariencia, Hanami se animaba a suponer que el muchacho pertenecía a una familia acomodada, quizá incluso a algún linaje de la aristocracia. No era únicamente la calidad de sus prendas, si no también la seguridad con la que las llevaba, la forma de mantenerse erguido, y aquella elegancia que desbordaba de él con naturalidad.

El encargado de la tienda parecía demasiado distraído y ocupado con otros clientes como para responder de inmediato a la demanda del joven, por lo que, al notar esto, Hanami pensó que una pequeña sugerencia de su parte podría ser de ayuda.

—Si me permite el atrevimiento... —intervino, con voz suave y serena, acompañada de una expresión amable—. Sugiero lirios de agua. Pero no cualquiera. Suponiendo que necesite un accesorio para su vestimenta, una cala blanca en la solapa, o incluso asomando con discreción desde el bolsillo superior de un traje, podría convertirse en una hermosa pieza de joyería natural.

Hizo una breve pausa, como si reconsiderara sus propias palabras antes de continuar.

—Si no me equivoco al asumir que es para usted, creo que luciría absolutamente elegante sin ningún esfuerzo.

Una sonrisa cordial y ligera acabó por coronar sus palabras. De inmediato regresó la vista y atención a aquellos jarrones, para observar con detalle una preciosa composición de olas y gaviotas. ¿Debería comprar uno?
Raito Yamanaka
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18-08-2026, 05:57 PM
Raito ni siquiera tuvo que esforzarse; el mundo simplemente había decidido darle la razón. Bastó con que alzara la voz un segundo para que una espectadora, yno cualquier extra, sino una chica de modales refinados que claramente sabía apreciar el buen gusto, saliera a respaldar su exigencia de calidad.

Al escuchar la intervención suave y serena a sus espaldas, Raito no se giró de golpe. Eso habría sido vulgar. En su lugar, ejecutó un giro pausado sobre sus talones, asegurándose de que la luz que entraba por la ventana principal le diera exactamente en su mejor ángulo. Se acomodó los lentes sobre la cabeza con un gesto estudiado, paseando la mirada sobre ella con una mezcla de sorpresa complacida y absoluta condescendencia.

—Pero qué perspicacia tan refinada —exclamó con una sonrisa radiante de portada de revista, dando un paso elocuente hacia ella — Al fin alguien en este establecimiento que habla mi mismo idioma de composición cromática. ¡Un aplauso para la cultura pública! —  Escuchó con suma atención la sugerencia sobre la cala blanca, inclinando la cabeza como si estuviera analizando la propuesta de un crítico de arte internacional. La idea de una "joyería natural" en su solapa resonó de inmediato con su ego.

—Una cala blanca... —murmuró, llevándose un dedo al mentón— Debo admitir que tienes un ojo estratégico para el diseño de vestuario, querida. Una cala es sobria, es fotogénica y no le resta protagonismo a mi fisiognomía. Es un diagnóstico impecable —.

Se acercó un par de pasos más, dirigiendo una mirada rápida hacia los jarrones de porcelana que la chica examinaba, aprobándolos con un asentimiento dramático.

—Veo que tú también buscas algo con categoría estipulada. Esos recipientes tienen una sinopsis de color aceptable. Aunque, francamente, con tu presencia, cualquier flor ahí parecerá obra de museo. Es una cuestión de perspectiva de imagen. Soy Raito, por cierto, el Sol de Konoha. ¿A qué nombre debo atribuir semejante colaboración artística? —.

Antes de que ella pudiera responder, el suave tintineo de la puerta volvió a sonar, esta vez acompañado por pisadas pesadas y una presencia que Raito catalogó al instante como "carente de armonía". Un sujeto de hombros anchos, con ropas de entrenamiento bastante ordinarias y una sonrisa demasiado confiada, entró al local ignorando por completo la estética del lugar. El hombre caminó directo hacia la chica, colocándose a su lado con una familiaridad no solicitada y apoyando un brazo sobre el mostrador, justo cerca de los jarrones de porcelana.

—Vaya, qué coincidencia verte por aquí —dijo el recién llegado, usando un tono de voz ensayado y masticando lo que parecía ser una ramita— Estaba pasando y vi una flor hermosa por la ventana... pero veo que las de adentro no le hacen competencia a la que la está mirando. ¿Te ayudo a cargar ese jarrón o me das el honor de invitarte un té? —.

Raito se quedó petrificado durante un microsegundo. El sujeto no solo había interrumpido su diálogo estelar, sino que además había soltado un piropo de una calidad tan baja, tan poco fotogénica y tan horriblemente cliché, que le causó un dolor físico en el alma. Dio un paso al frente, interponiéndose ligeramente entre el recién llegado y la chica con una mirada de profundo juicio estético —Por el amor a las artes... ¡pero qué falta de protocolo! —exclamó Raito, llevándose una mano al pecho e indignado por la audacia del tipo— Señor, baje dos tonos a su pretensión. Ese diálogo tiene una sintaxis lamentable y la calidad de su entrada acaba de arruinar por completo el encuadre de este momento —.

Ajustó sus lentes con un toque aristocrático y miró al sujeto de arriba abajo con evidente lástima —Camarón que se duerme... se lo lleva el cliente, y usted claramente llegó tarde a la reparto de carisma —continuó Raito, proyectando la voz como si dictara una cátedra— Si va a intentar un abordaje en la vía pública, al menos hágalo con un guion que tenga pedigrí. No pretenda meter la bata en una conversación de alta categoría sin antes pedir la entrada de cortesía —.
Hanami
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21-08-2026, 06:15 PM
Última modificación: 21-08-2026, 06:18 PM por Hanami.
Hanami había esperado una reacción favorable a su sugerencia, pero no imaginó que tendría una recepción semejante. 

Observó al muchacho mientras este se giraba hacia ella con una parsimonia milimetricamente calculada. El movimiento, la postura, la forma en que se acomodó los lentes y aquella sonrisa impecable terminaron por confirmar algo que ya había empezado a sospechar desde que lo escuchó dirigirse al encargado: Aquel joven tenía una opinión bastante elevada sobre sí mismo. Pero eso no le resultó desagradable.

—Me alegra que mi humilde sugerencia haya sido de su agrado. En verdad creo que la cala podría ser la opción apropiada para usted. 

Se tomó entonces un instante para observarlo con mayor atención, esta vez sin demasiado disimulo. No se podía negar que había coherencia entre su apariencia y la seguridad con la que se conducían su actitud y sus palabras.

—Es una flor de apariencia sencilla, pero posee una silueta muy particular. No necesita demasiado para llamar la atención, y personalmente encuentro esa sobriedad bastante apropiada. Estoy de acuerdo en que no sería conveniente que la flor terminara compitiendo con su... fisiognomía. 

La palabra, que tomó prestada del vocabulario ajeno, fue pronunciada con absoluta naturalidad. Aunque era difícil saber si estaba siendo completamente sincera o si acababa de devolverle, con total delicadeza, una pequeña parte de aquella teatralidad que él parecía disfrutar tanto.

Hanami continuó con su escaneo visual y se permitió entonces una mirada fugaz al anillo que adornaba la mano del muchacho. Era llamativo, algunos podrían decir que excesivo, pero encajaba muy bien con el resto de su apariencia. Todo en él parecía cuidadosamente pensado para ser visto y definitivamente no pertenecía a la clase de personas que gustan de pasar desapercibidas. Tal vez no había exagerado al suponer que pertenecía a una familia acomodada. O quizás, simplemente, había nacido con una confianza que no necesitaba de ninguna fortuna o linaje para sostenerse. 

—El Sol de Konoha —repitió para si, cuando lo escuchó presentarse—. Un título bastante particular —pensó. Pero debía reconocer que el muchacho parecía llevarlo con bastante personalidad.

Quiso presentarse también, pero antes de que pudiera responder como correspondía fue inesperadamente interrumpida. Un sujeto, que acababa de entrar en la tienda, caminó directo hacia ella. Parecía haberla marcado con firme decisión como su objetivo. Y aunque Hanami lo vio llegar, no se inmutó. Le permitió pronunciar aquel cumplido poco decorado y la posterior invitación, observándolo con la misma expresión serena que había mantenido hasta entonces. No parecía particularmente impresionada, aunque tampoco se había ofendido.

Lo miró, primero a los ojos, y bajó la vista hacia la ramita que el desconocido sostenía entre los dientes y mordisqueaba sin ningún decoro. Luego, volvió a contemplarlo con tranquilidad imperturbable. Había algo en aquella interacción repentina que le había resultado poco apropiado. No por la propuesta en sí, sino por la facilidad con la que aquel hombre había asumido que podía irrumpir en su espacio personal y dirigirse a ella como si entre ambos existiera ya una confianza que, evidentemente, no estaba ahí. 

Una vez más, antes de que la joven pudiera decir algo, fue interrumpida. El Sol de Konoha intercedió con una indignación que, por lo inesperada, consiguió por vez primera arrancar de Hanami una pequeña expresión de sorpresa. No estaba acostumbrada a que alguien se interpusiera de tal manera a una conversación que le concerniera. La sucesión de palabras a continuación, haría que una sonrisa ligera apareciera en la comisura de sus labios. Algo en la seguridad con la que aquel muchacho hablaba le resultaba especialmente  curioso. Parecía incapaz de pronunciar una frase sencilla cuando podía, en cambio, convertirla en una declaración adornada con florecida grandilocuencia. Comenzaba a sospechar que su apreciación inicial sobre él se había quedado bastante corta.

Hanami no lo detuvo, ni le interrumpió. Como la educada y respetuosa señorita que era, le permitió al muchacho hacer despliegue de su incordio. Y solo cuando lo consideró apropiado, volvió entonces la atención hacia el hombre que había iniciado aquel intercambio. Su expresión recuperó la impecable serenidad que naturalmente la acompañaba y entonces, con voz suave, habló:

—Agradezco la intención —le dijo—. Sin embargo, debo confesar que no suelo aceptar ese tipo de invitaciones a la ligera. Considero que algunas cuestiones requieren de cierta familiaridad antes de resultar apropiadas.  

No había reproche en sus palabras, ni miradas severas. Hanami no necesitaba decirle que había sido demasiado atrevido, ni que había invadido su espacio, ni que su manera de dirigirse a ella le parecía de mal gusto y poco refinada. Ya lo había expresado, y de una manera tan amable y formal que no dejaba espacio para acusarla de haber sido descortés.

La joven llevó entonces la mirada hacia el lugar donde descansaban los jarrones, mismo lugar en que el brazo de aquel hombre se apoyaba sin cuidado. Con delicadeza, extendió una mano y apartó al que más parecía exponerse al peligro, procurando que la porcelana quedara fuera del alcance de cualquier movimiento torpe por parte del desvergonzado desconocido.

—Y aunque no requiero de ningún tipo de ayuda, sí le agradecería que tuviera particular cuidado con esto. Sería una verdadera lástima que terminara hecho pedazos.

No era el jarrón lo único a lo que había hecho referencia, pero Hanami no necesitó añadir nada más. En cambio, volvió a contemplar la pieza, que era hermosa.

—Creo que me llevaré este. Con permiso.

Una pequeña y educada reverencia bastaría, o al menos eso esperaba, para que el sujeto comprendiera que ella no estaba interesada en él y que quería darle fin a tan banal conversación. Se giró entonces hacia el Yamanaka, a quien también ofreció un respetuoso gesto inclinando su cabeza, y recordó presentarse:

—Mi nombre es Hanami. Uchiha Hanami.
Raito Yamanaka
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26-08-2026, 02:14 AM
Si la revelación del apellido de la joven hubiera ocurrido en una obra de teatro, habría sido el momento exacto para que la orquesta ejecutara un acorde menor con violines en fortissimo y las luces cambiaran a un tono dramático.

Raito no se inmutó exteriormente ya que eso habría arruinado su perfil derecho, pero por dentro, su mente procesó la palabra Uchiha con la velocidad de un rayo. Un apellido de semejante pedigrí histórico requería una elevación inmediata del protocolo. La escena acababa de subir de categoría; ya no era una simple interacción en una florería, sino un encuentro de alta alcurnia.

El desconocido de la ramita, por su parte, se quedó congelado tras la doble lección de elegancia. La combinación de la reprimenda estética de Raito, la cortesía gélida de Hanami y la mención del clan Uchiha fue un impacto demasiado fuerte para su presupuesto de carisma. El sujeto parpadeó, se tragó casi la ramita de la impresión y retiró el brazo del mostrador como si la porcelana estuviera ardiendo.

—Eh... sí. Bueno. Con permiso —balbuceó el tipo, dando dos pasos hacia atrás mientras intentaba recuperar una dignidad que ya había sido cancelada por la dirección de escena. Salió de la florería haciendo sonar la campanilla de la puerta con un apresuramiento bastante poco fotogénico.

Raito ni siquiera se molestó en verlo salir. Le dedicó al espacio vacío que dejó el sujeto una mirada de lástima por su falta de sintaxis social y volvió toda su atención hacia Hanami. Al escuchar la elegante reverencia y el nombre completo de la joven, Raito ajustó sus lentes oscuros sobre su cabeza con un movimiento lento y aristocrático, inclinando el torso en una reverencia impecable y trazando un arco perfecto con su mano derecha sobre el aire antes de llevarla al pecho.

—Uchiha Hanami... —pronunció el nombre con una modulación de voz estudiada, deleitándose en la cadencia de las sílabas— Un diagnóstico de nombre a la altura de esta composición cromática. Debo decir que la forma en que despidió a ese extra sin libreto fue una verdadera lección de dirección de arte. Sin gritos, sin perder la sobriedad y manteniendo la fisiognomía de la escena intacta. Brillante. Simplemente brillante — Se acercó un paso más al mostrador, apoyando los nudillos de su mano adornada con el anillo brillante sobre la madera, observando el jarrón que Hanami había seleccionado con profunda aprobación.

—Una elección impecable, Hanami-san. Ese recipiente tiene una sinopsis de color que encaja a la perfección con la alcurnia de tu clan —declaró Raito, proyectando su voz con absoluta seguridad— Y respecto a la cala blanca para mi solapa... he decidido aceptar tu colaboración artística. Una joya natural es el único accesorio que no le hará sombra al Sol de Konoha —Miró al encargado de la tienda, que seguía paralizado tras el mostrador viendo semejante despliegue de alta sociedad, y le hizo un gesto imperioso con dos dedos.

—Por favor, prepare el jarrón de la señorita Uchiha con el empaque de mayor categoría que tenga. Y para mí, seleccione la cala blanca con el corte más simétrico del local. Ponlo todo en mi cuenta — Raito volvió a mirar a Hanami, dedicándole su mejor sonrisa de portada de revista, complacido de haber encontrado finalmente en la aldea a alguien que entendiera el valor de la presencia escénica.

—Dado que hemos establecido una alianza estética tan prometedora... ¿me permitirías el honor de escoltarte fuera de la tienda? Un jarrón de semejante categoría no debería transitar las calles de Konoha sin la protección de un marco adecuado —.

Sin embargo, a través de los cristales del ventanal principal, la figura del sujeto de la ramita no se había desvanecido. Lejos de retirarse con la poca dignidad que le quedaba, el tipo permanecía de pie en medio de la calle, cruzado de brazos y con el ceño fruncido, esperando impaciente a que salieran para intentar cobrar venganza y provocar una pelea desprolija en plena vía pública, amenazando con arruinar por completo el encuadre de la salida.
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