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Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto   ›   Mundo   ›   Resto del Mundo   ›   Países del Mar del Norte   ›   [Misión Simple] Lo que queda por escrito, rango D
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Lo que queda por escrito, rango D
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21-08-2026, 09:23 PM
El verano había conseguido convertir Momi en un lugar todavía más incómodo de lo habitual. El calor se pegaba a la piel y hacía que incluso las calles más estrechas parecieran guardar el aire caliente entre sus paredes. A esas horas, el movimiento no había desaparecido, pero sí había cambiado. Los comerciantes aprovechaban las últimas horas de luz, algunos clientes entraban y salían de las tabernas y, entre unos y otros, siempre había alguien con demasiada prisa por llegar a ninguna parte.


Tenma había recibido unas indicaciones sencillas. Un nombre. Una dirección. Un pequeño prestamista que, según la información de Renji, tenía la costumbre de prestar dinero a gente que no solía pedirlo precisamente a los bancos. El hombre no parecía importante a primera vista. No tenía una escolta llamativa ni una casa especialmente grande. Su negocio ocupaba la planta baja de un edificio viejo, con un pequeño despacho al fondo y una ventana estrecha que permanecía abierta incluso durante las horas de más calor. Sin embargo, era precisamente aquella normalidad la que lo hacía interesante.

Desde la otra acera podía observarse el local sin necesidad de acercarse demasiado. Una campanilla sonaba cada vez que alguien entraba. Durante los últimos minutos habían pasado por allí tres personas: un hombre mayor que salió con el gesto serio, una mujer que permaneció apenas unos minutos dentro y un muchacho cargando una caja que parecía conocer perfectamente el lugar. Ninguno había prestado demasiada atención al exterior.

Pero había algo más.

La puerta trasera del edificio se encontraba en un callejón estrecho que conectaba con una calle secundaria. No estaba custodiada y, a diferencia de la entrada principal, parecía utilizarse con frecuencia. Una de las ventanas superiores estaba entreabierta. Quizá correspondiera al despacho. Quizá a una habitación cualquiera.
Entonces ocurrió algo que llamó especialmente la atención de Tenma.

El prestamista salió del establecimiento.

Cerró la puerta principal con llave, comprobó dos veces el cierre y comenzó a caminar calle abajo. No llevaba nada consigo salvo una pequeña bolsa de tela atada a la cintura. Al llegar a la esquina se detuvo, miró hacia ambos lados y continuó su camino.

El local acababa de quedarse vacío. Durante unos segundos, la calle pareció ofrecer una oportunidad perfecta. Sin embargo, justo cuando el momento parecía demasiado conveniente, desde el interior del edificio llegó un sonido apenas perceptible.

Un golpe seco.

Después otro.

Y finalmente, el ruido metálico de algo cayendo al suelo.

La puerta principal seguía cerrada.

Tenma no tenía forma de saber si alguien había permanecido dentro, si aquel sonido pertenecía a algún vecino o si, sencillamente, el propietario había dejado algo mal colocado antes de marcharse.

Lo único evidente era que la información que Renji buscaba estaba ahí dentro.
Y que, por alguna razón, aquella oficina acababa de dejar de parecer tan vacía como unos segundos antes.
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22-08-2026, 06:47 PM
Tenma observaba distante la guarida del prestamista, como un cazador a su presa. Había escogido la calle de enfrente. El vaivén de la muchedumbre atravesando la vereda camuflaba perfectamente al rubio, que se paseaba cerca de la pared de una tienda ubicada justo delante del local objetivo. Cada tanto debía esquivar a los vendedores ambulantes que se acercaban con insistencia para ofrecerle alguna mercancía.
 
—No, le agradezco, en serio. Sé que me quedaría muy bien, pero... —hizo una pausa al notar que ciertos clientes abandonaban el lugar—. En serio, no deseo comprar nada.
 
A veces era imposible esquivarlos. Una pequeña distracción irritante.
 
Uno. Dos. Tres. Tenma daba una pitada al cigarro por cada uno de los clientes que abandonaba el lugar, a la par que deslizaba un pequeño pañuelo por su frente para retirar el sudor que brotaba de los poros de su piel. No tenía ninguna prisa. Cuanto más tiempo dedicase a observar, menos tendría que improvisar una vez decidiera moverse.
 
Finalmente, el objetivo salió.
 
A Tenma se le escapó una sonrisa. Cruzó la calle con discreción a la par que observaba cómo el hombre se alejaba de su local. Primero se acercó a un costado de la entrada, fingiendo ser un nuevo cliente mientras observaba con detenimiento la fachada del lugar. Cuando giró la cabeza notó que, a un lado, un angosto callejón conectaba con la estructura y decidió dirigirse hacia allí. Al pasar junto a la puerta escuchó un golpe.
 
—¿Qué? —murmuró, sorprendido.
 
Se detuvo entre la puerta y la ventana y acercó el oído. Otro sonido volvió a llamar su atención. Luego llegó uno más.
 
El ninja, si es que podía llamársele así, se congeló durante un par de segundos, extrañado por tanto alboroto en el interior. Se encogió de hombros, dio un paso hacia atrás y contempló la ventana. Ambas manos se posaron sobre el borde inferior para deslizarla suavemente, aplicando únicamente la fuerza necesaria y procurando que cualquier roce quedara cubierto por el propio ruido procedente de la calle.
 
No se apresuró. Cada pequeño movimiento iba acompañado de una pausa en la que volvía a prestar atención al interior, esperando escuchar nuevamente alguno de aquellos golpes o cualquier otra cosa que pudiera advertirle de una presencia cercana. Cuando consiguió abrir el espacio suficiente, giró la cabeza hacia la entrada del callejón para comprobar que ningún transeúnte hubiese decidido prestarle atención en el peor momento posible.
 
—Qué manera tan poco elegante de ganarse la vida... —murmuró por lo bajo.
 
Retiró el cigarro de sus labios y lo dejó caer cerca de sus pies antes de aplastarlo con el calzado. Luego volvió a concentrarse en la abertura. Introdujo primero una pierna, buscando apoyo al otro lado mientras inclinaba el cuerpo para atravesar la ventana con cuidado. La ausencia de uno de sus ojos reducía considerablemente su campo de visión, por lo que evitó cualquier movimiento brusco y mantuvo el oído atento durante todo el proceso.
 
Tenma terminó por introducirse en el establecimiento, dejando atrás el callejón y procurando no realizar más ruido del necesario.
Kairo
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22-08-2026, 07:51 PM
El interior no se parecía demasiado a lo que Tenma había imaginado. Después del ruido procedente de la estancia, quizá esperaba encontrarse con algún empleado, una puerta mal cerrada o incluso con el propio prestamista regresando antes de tiempo. Sin embargo, lo primero que captó su atención fue algo bastante menos amenazante.

Un perro.

El animal se encontraba junto a uno de los laterales de la estancia, inclinado sobre un comedero metálico mientras devoraba con absoluta tranquilidad lo que parecía ser su comida. Por su tamaño, su constitución robusta y, sobre todo, por la posición del recipiente y el lugar que ocupaba dentro del establecimiento, resultaba bastante evidente que no era simplemente una mascota familiar. Tenía toda la pinta de ser un perro de guardia. Uno de esos animales acostumbrados a permanecer cerca de una entrada, atentos a cualquier ruido extraño y preparados para avisar a su dueño ante la presencia de un intruso.
Tenma permaneció quieto junto a la ventana.

El perro continuó comiendo.

Ni siquiera levantó la cabeza.

Aquello resultaba... extraño.

El rubio esperó unos segundos, prácticamente conteniendo la respiración, convencido de que tarde o temprano el animal terminaría por percatarse de su presencia. Pero nada ocurrió. El perro siguió concentrado en su comedero, moviendo apenas las orejas de vez en cuando ante los sonidos provenientes del exterior.
Tenma ladeó ligeramente la cabeza.

Finalmente, el animal alzó el hocico. Sus ojos se dirigieron hacia él y durante unos instantes ambos se quedaron observándose en silencio. No hubo gruñido. No mostró los dientes. Tampoco adoptó una postura defensiva. Al contrario, después de olfatear ligeramente el aire, el perro pareció relajarse todavía más.
Incluso agitó la cola.

Aquello sí que consiguió desconcertarlo.

Tenma había entrado por una ventana, a escondidas, en el establecimiento de un prestamista al que precisamente no convenía llamar la atención. Si aquel animal realmente estaba entrenado para proteger el lugar, lo normal habría sido que su presencia provocase alguna reacción. Un ladrido, un gruñido, cualquier señal de alarma. Pero el perro parecía haber decidido que Tenma era, sencillamente, otra persona que había venido a visitarlo.
El animal dio un par de pasos en su dirección y volvió a detenerse, mirándolo con una tranquilidad casi absurda. Su cola continuaba moviéndose lentamente de un lado a otro.

Tenma bajó la mirada hacia el comedero y después volvió a fijarse en él.

El perro respondió con un leve movimiento de la cabeza, como si aquellas palabras fueran completamente razonables.
La situación tenía algo de cómico, aunque Tenma no terminaba de fiarse. Podía tratarse de un perro especialmente sociable, de uno acostumbrado a convivir con demasiada gente o, quizá, de algún entrenamiento particular que todavía no comprendía. También existía la posibilidad de que simplemente no hubiese considerado su presencia una amenaza.

Fuera como fuese, acababa de descubrir algo que no esperaba encontrar allí.
Un guardián que, por alguna razón, parecía encantado de tener compañía.
Tenma permaneció unos segundos observándolo, tratando de decidir si aquella inesperada criatura suponía un problema para su misión o, por el contrario, acababa de convertirse en la primera pieza de información útil que encontraba desde que había comenzado a vigilar el lugar.
[Imagen: e2e57210-3a42-4797-8ba3-9903ac2ca2e0-1.jpg]
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22-08-2026, 08:35 PM
El único ojo servible del renegado se posó sobre el can, y su rostro por un segundo se transformó al pensar en el lío que provocaría la mascota cuando diese la alarma. Ya era demasiado tarde. Estaba dentro. Buscó darse cierta tranquilidad en el interior de su ser, pues conocía bien a los animales, y sabía que demostrar miedo ante ellos era una opción equivocada. Tenma recuperó la compostura tras ese par de segundos que titubeó.
 
Se mantuvo inmóvil, observando cómo el perro devoraba todo lo que tenía el tazón. Era una primera señal interesante, pues parecía no haberse percatado de su existencia, o simplemente no era tan guardián como aparentó en un principio su físico. El shinobi tragó saliva y se inclinó levemente, buscando adoptar una posición más sigilosa en la habitación. No por el perro, sino para él mismo. Tenma pareció una estatua, un decorativo más en la sala.
 
Cuando el animal se acercó al rubio, este sintió mayor alivio. Agradeció el tener esa enorme suerte con los animales desde que era pequeño; por alguna razón siempre lo veían como alguien inofensivo. Tenma notó que el chucho comenzó a ladear su cola, en señal de amistad, de compañía, y este correspondió al saludo acercando la mano derecha hacia él para acariciarlo deslizando su la palma sobre su cabeza, luego las orejas y finalmente su espalda.
 
—Buen perro, buen perro —susurró junto a una sonrisa que delataba alivio.
 
Escaneó el lugar con la mirada, intrigado por la habitación, pero evitó moverse más de lo necesario. El perro había resultado ser una sorpresa agradable, aunque eso no significaba que pudiera olvidarse de él. Una cosa era que no hubiese ladrado al verlo y otra muy distinta que siguiera guardando silencio cuando Tenma comenzara a desplazarse por el establecimiento. Por ahora parecía tranquilo, incluso contento con aquella inesperada visita, y el rubio no tenía intención de arruinar esa buena fortuna.
 
Volvió a deslizar la palma por la cabeza del animal, esta vez con algo más de confianza. Había algo casi absurdo en la escena. Había entrado por una ventana, esperando encontrarse con algún guardia o con una complicación capaz de echar por tierra el trabajo, y la primera criatura encargada de proteger el lugar lo había recibido como si fuese un viejo conocido.
 
—Tú y yo vamos a llevarnos bien —susurró mientras rascaba suavemente detrás de una de sus orejas—. Solo necesito que sigas haciendo exactamente lo que estabas haciendo.
 
Tenma retiró lentamente la mano y permaneció unos segundos más junto al perro, atento a cualquier cambio en su comportamiento. No pretendía alejarse de golpe y descubrir demasiado tarde que aquella simpatía tenía un límite. Si el animal continuaba tranquilo mientras él empezaba a moverse, entonces habría tenido una suerte difícil de explicar incluso para sus propios estándares.
 
Por el momento, al menos, una preocupación había desaparecido.
 
El siguiente problema sería averiguar qué podía encontrar dentro de aquel lugar sin provocar que esa tranquilidad terminara de golpe.
Kairo
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22-08-2026, 09:25 PM
La extraña cordialidad del animal terminó por jugar a su favor. Tenma permaneció unos instantes inmóvil, observándolo mientras aquel supuesto guardián regresaba tranquilamente a su comedero, como si la presencia de un desconocido entrando por una ventana fuese la cosa más normal del mundo. No parecía dispuesto a ladrar, ni a acercarse a comprobar sus intenciones. Aquello le permitió relajar ligeramente la tensión de los hombros, aunque no lo suficiente como para bajar la guardia. En un lugar como aquel, cualquier detalle podía convertirse en un problema si se interpretaba mal.

Con el cuidado de quien sabe que el silencio también puede delatar, Tenma comenzó a avanzar por la estancia. Sus pasos fueron lentos, medidos, buscando siempre las zonas donde el suelo crujiese menos. De tanto en tanto detenía el movimiento para escuchar. La calle continuaba proporcionando un fondo constante de voces, carros y conversaciones, suficiente para cubrir pequeños ruidos procedentes del interior. Por fortuna, nadie parecía haber regresado todavía.

La primera habitación no ofreció demasiado. Un pequeño espacio destinado al almacenamiento, varias cajas apiladas y algunos objetos que parecían haber sido abandonados allí sin demasiado orden. Tenma no perdió tiempo revisando cada rincón. La misión no consistía en descubrir todos los secretos del prestamista, sino encontrar aquello que Renji había pedido. Continuó avanzando.

La siguiente estancia parecía ser utilizada como despacho. Allí el ambiente cambiaba ligeramente. Había una mesa de madera, varios documentos repartidos sobre su superficie y un armario situado contra la pared. Tenma se aproximó con cautela, recorriendo el lugar con la mirada antes de tocar nada. Revisó los cajones uno por uno, procurando dejar cada objeto exactamente donde lo había encontrado.

Nada.

O, al menos, nada que justificase el riesgo.

Fue entonces cuando reparó en una segunda mesa, más pequeña y considerablemente más ordenada. Sobre ella descansaban varios papeles agrupados por fechas, algunas anotaciones y una serie de recibos. Tenma se inclinó sobre ellos. Sus ojos recorrieron las primeras líneas hasta detenerse en determinados nombres y cantidades.

Aquello ya era otra cosa.

Una sonrisa apenas perceptible apareció en su rostro.

No necesitaba robar el libro de cuentas para comprender que había encontrado el lugar correcto. Bastaba con observar la forma en la que estaban organizados los documentos para darse cuenta de que aquel despacho no servía únicamente para llevar una contabilidad ordinaria. Había nombres, préstamos, fechas de devolución y anotaciones que parecían demasiado cuidadosas para tratarse de simples deudas entre particulares.

Tenma tomó el libro con ambas manos y lo abrió con cuidado. Pasó una página. Después otra. Y otra. Allí estaba.

Los nombres que Renji quería conocer aparecían entre aquellas páginas, acompañados de cantidades y pequeñas observaciones escritas con una caligrafía apresurada. Nada especialmente espectacular. Ningún gran secreto escondido tras una trampa elaborada. Simplemente tinta sobre papel. Precisamente aquello que había venido a buscar.

No había necesidad de llevarse el libro. De hecho, hacerlo habría convertido una infiltración limpia en un robo evidente. Tenma comenzó a memorizar cuanto podía, deteniéndose especialmente en los nombres que aparecían repetidos y en aquellas anotaciones que pudieran tener alguna importancia para el patrón de negocios del prestamista. Después cerró el registro con la misma delicadeza con la que lo había abierto.

Volvió a colocarlo exactamente en su posición.

Una última mirada al escritorio. Nada fuera de lugar. Perfecto.

Al salir de la estancia, volvió a encontrarse con el perro. El animal levantó ligeramente la cabeza desde su comedero y lo observó marcharse con la misma tranquilidad con la que había recibido su entrada. Tenma se detuvo apenas un segundo, mirándolo de reojo.

El perro volvió a comer. El shinobi no pudo evitar una pequeña sonrisa antes de continuar hacia la ventana por la que había entrado. La infiltración había resultado mucho más sencilla de lo previsto. Había observado el objetivo, encontrado el registro y, sobre todo, había conseguido salir sin alterar el lugar. Ahora solo quedaba marcharse y llevar consigo aquello por lo que había venido: la información.

Tras salir por la ventana, dos niñas que cruzaban la calle vieron al shinobi, parecian extrañadas de verle, pero en un instante actuaron como si no existiera, volviendo a conversaciones de sus propios asuntos, esta vez en un tono mucho más sereno y menos ruidoso, eran demasiado discretas para la edad que tenian, apenas llegaban a ser adolescentes.
[Imagen: e2e57210-3a42-4797-8ba3-9903ac2ca2e0-1.jpg]
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22-08-2026, 10:04 PM
La sonrisa desapareció cuando atravesó finalmente la ventana y sus botas volvieron a tocar el suelo del callejón. Tenma apenas tuvo tiempo de acomodarse cuando su único ojo se encontró con dos figuras que cruzaban cerca de allí. Dos muchachas. Jóvenes, demasiado para que el renegado esperase encontrarlas prestando atención a los asuntos de un prestamista y, por desgracia, situadas en el lugar indicado para haber presenciado una escena bastante difícil de justificar.

Durante un instante se quedó mirándolas.

No había muchas explicaciones convincentes para un hombre saliendo por la ventana de un negocio cerrado.

Tenma sintió cómo la tensión regresaba a sus hombros, aunque mantuvo el rostro tranquilo. Esperó algún grito, una pregunta, incluso esa mirada prolongada que antecedía a la curiosidad de quien acababa de encontrar algo sobre lo que hablar durante el resto del día. Nada de eso ocurrió. Las niñas parecieron sorprenderse al verlo, pero apenas unos segundos después continuaron con su conversación y siguieron comportándose como si aquel hombre rubio y tuerto nunca hubiese aparecido frente a ellas.

Eso, curiosamente, le preocupó más que un grito.

Tenma inclinó ligeramente la cabeza mientras las observaba alejarse. Habían bajado la voz. No cuchicheaban con la emoción habitual de dos adolescentes que acababan de descubrir a un ladrón, ni parecían demasiado interesadas en averiguar qué había ocurrido. Simplemente habían decidido ignorarlo con una naturalidad que no terminaba de encajar con su edad.

—Qué niñas tan educadas... —murmuró, aunque la expresión de su rostro delataba que no terminaba de creerlo.

No hizo nada para detenerlas. Tampoco las siguió. Si realmente no tenían interés en él, llamar su atención sería una estupidez; y si estaban fingiendo, acercarse únicamente conseguiría confirmarles que existía algo que merecía la pena investigar. Tenma se limitó a memorizar sus rostros tanto como pudo antes de abandonar el callejón.

Volvió a incorporarse al movimiento de la calle con aparente tranquilidad. No corrió ni miró constantemente sobre el hombro. Había pasado demasiado tiempo intentando entrar y salir sin llamar la atención como para echarlo todo a perder comportándose como alguien que acababa de cometer un delito. Caminó entre vendedores, clientes y trabajadores, tomando una ruta diferente de aquella por la que había llegado mientras repasaba mentalmente la información que había encontrado.

Nombres. Cantidades. Fechas. Anotaciones.

Volvió a repetirlas para sí en el mismo orden en que las había leído. El libro seguía exactamente donde lo había encontrado, pero la parte que interesaba a Renji viajaba ahora dentro de su cabeza. Aquello era lo importante. Nadie podía registrarle los bolsillos y encontrar la prueba de lo que había hecho.
Las dos niñas, sin embargo, permanecieron dando vueltas en sus pensamientos.

No sabía quiénes eran. Tampoco tenía motivos para pensar que volvería a encontrarlas. Momi era suficientemente grande como para cruzarse una vez con una persona y no verla nunca más. Aun así, había aprendido desde pequeño que los detalles extraños eran precisamente aquellos que convenía recordar.
Por eso no las olvidaría.

Tenma continuó caminando durante un buen rato antes de comenzar a dirigirse hacia el lugar donde acostumbraba encontrarse con Renji. No tomó el camino directo. Antes recorrió algunas calles más, se detuvo frente a un puesto como cualquier otro cliente y aprovechó el reflejo de uno de los escaparates para comprobar discretamente el movimiento que había dejado detrás. Solo después de convencerse de que su salida del establecimiento no parecía haber provocado ningún alboroto continuó su recorrido.

Cuando finalmente emprendió el camino hacia Renji, permitió que una pequeña sonrisa regresara a sus labios.

Había conseguido lo que buscaban.

Y, salvo por dos niñas demasiado discretas para su propia edad y un perro que aparentemente hubiese preferido recibir caricias antes que defender el lugar, nadie debería saber que Tenma había estado allí.
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22-08-2026, 10:52 PM
Las estancias habían recuperado su habitual silencio y el extraño visitante ya no se encontraba frente a él. El perro levantó el hocico, olfateó el aire y giró lentamente la cabeza hacia la ventana por la que Tenma había desaparecido.

Una vez. Dos veces.

El can se incorporó.

Parecía existir cierta incertidumbre en su comportamiento, una especie de duda entre quedarse en aquel lugar o averiguar dónde había ido a parar aquella persona que, por alguna razón, había despertado su curiosidad. Finalmente, sus orejas se alzaron y el animal se acercó a la ventana. Olisqueó el marco durante unos segundos y, después de asomar el hocico al exterior, pareció encontrar aquello que buscaba.

El rastro.

Sin pensárselo demasiado, el perro saltó por la ventana con una agilidad inesperada para su tamaño. Sus patas tocaron el suelo con un golpe seco y enseguida bajó la cabeza, comenzando a olfatear con entusiasmo. Iba siguiendo el rastro dejado por el shinobi como un pequeño sabueso, aunque sus intenciones distaban mucho de las de un animal entrenado para perseguir intrusos. No había agresividad en sus movimientos. Más bien parecía estar buscando a alguien con quien continuar aquella inesperada amistad.

Fue entonces cuando varias voces infantiles rompieron el silencio.

Unas niñas que se encontraban cerca habían contemplado la escena con los ojos muy abiertos. Primero habían visto al perro asomarse por la ventana y, un instante después, saltar al exterior para comenzar a hocicar contra el suelo. La sorpresa inicial dio paso rápidamente a la preocupación.

—¡El perro!

Las pequeñas se apresuraron hacia él antes de que pudiera continuar siguiendo el rastro. Una de ellas se agachó delante del animal y extendió ambas manos, tratando de llamar su atención, mientras otra se colocaba a su lado para evitar que volviera a alejarse.

El perro levantó la cabeza.

En lugar de resistirse, se dejó hacer.

Aquello fue suficiente para que toda la preocupación de las niñas desapareciera casi de inmediato. El supuesto guardián, que apenas unos minutos antes parecía dispuesto a abandonar su puesto siguiendo el olor de un desconocido, se convirtió ante ellas en la criatura más dócil del mundo. Una de las niñas comenzó a acariciarle el lomo y otra le pasó suavemente los dedos por detrás de las orejas, mientras el animal movía la cola con entusiasmo.

—Es muy lindo...

—Y es bueno.

—Mira cómo mueve la cola.

Las pequeñas terminaron completamente concentradas en él, olvidándose por unos momentos de la ventana abierta y de cualquier otra cosa que pudiera estar ocurriendo alrededor. El perro, por su parte, parecía encantado con aquella repentina cantidad de atención. Se sentó dócilmente mientras recibía caricias, dejando escapar algún que otro resoplido satisfecho.

La persecución había terminado antes siquiera de empezar.

Las niñas habían conseguido detener al improvisado sabueso y ahora solo quedaba devolverlo a su dueño. Mientras una de ellas sujetaba suavemente su collar, la otra continuaba acariciándole la cabeza, completamente fascinada por la mansedumbre del animal.

Quizá para ellas no fuera más que un perro bonito y amistoso.

Y, sin embargo, para Tenma, que ya se alejaba del lugar, aquella pequeña distracción podía convertirse en una diferencia importante: el animal no había ladrado, no había alertado a nadie y, por pura casualidad, había terminado bajo la atención de unas niñas antes de poder seguir su rastro demasiado lejos.

El extraño guardián había cumplido su función de una manera bastante peculiar: no protegiendo la guarida, sino haciendo que nadie prestara demasiada atención al intruso.
[Imagen: e2e57210-3a42-4797-8ba3-9903ac2ca2e0-1.jpg]
Tenma
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22-08-2026, 11:25 PM
Tenma continuó alejándose de la guarida del prestamista sin modificar demasiado el ritmo de sus pasos. Había conseguido entrar, encontrar lo que Renji necesitaba y salir sin llevarse consigo nada que pudiera relacionarlo directamente con el lugar. El único inconveniente habían sido aquellas dos niñas, aunque por el momento no tenía razones para pensar que fueran a ocasionarle un verdadero problema. Habían visto demasiado, sí, pero también parecían haber tomado la curiosa decisión de no hacer preguntas. En Momi existían personas que sobrevivían precisamente gracias a saber cuándo convenía mirar hacia otro lado.

Por su parte, el rubio tenía asuntos más importantes en los que pensar.

Nombres. Cantidades. Fechas. Algunas anotaciones.

Repitió la información varias veces dentro de su cabeza mientras recorría las calles, ordenándola de la misma manera en la que aparecía sobre el papel. No confiaba tanto en su memoria como para permitirse el lujo de distraerse antes de llegar a destino. Cada tanto movía los labios en silencio, reproduciendo una cifra o asociando un nombre a determinada deuda para evitar que la información terminase mezclándose. Había resultado extraño comprobar que algo tan sencillo como un puñado de tinta podía justificar que alguien pagase por enviar a un desconocido a colarse por una ventana.

Quizás aquello fuese precisamente lo interesante.

El dinero podía esconderse. Las mercancías podían robarse. Una persona podía desaparecer.

La información, en cambio, seguía existiendo mientras alguien fuese capaz de recordarla.

Tenma llevó una mano hacia uno de sus bolsillos por pura costumbre y tanteó el paquete de cigarrillos. Extrajo uno cuando ya se encontraba suficientemente lejos del establecimiento, lo acomodó entre sus labios y se tomó unos segundos para encenderlo. La primera pitada le ayudó a quitarse de encima parte de la tensión acumulada durante la infiltración. Había tenido suerte. Mucha, incluso para sus propios estándares. Entrar en la guarida de un prestamista y descubrir que el supuesto perro guardián prefería recibir caricias antes que arrancarle una pierna no era precisamente algo que pudiera planificarse.

—Buen perro... —murmuró para sí, dejando escapar una sonrisa antes de expulsar el humo.

El camino de regreso lo llevó nuevamente hacia las calles donde acostumbraba encontrarse con Renji. Antes de dirigirse directamente hacia él dio un pequeño rodeo, atravesando zonas más concurridas y deteniéndose alguna vez frente a un comercio. No detectó ningún indicio que le hiciera pensar que alguien hubiese salido tras él. Solo entonces consideró suficientemente prudente dar por terminado el paseo.

Cuando finalmente encontró a Renji, Tenma se acercó con la tranquilidad de quien regresaba de realizar un recado cualquiera. No había papeles escondidos bajo su ropa, ningún libro robado ni algo capaz de explicar de dónde provenía. Apenas él, el cigarrillo entre los dedos y una expresión particularmente satisfecha.

—Tengo lo que pediste.

Se tomó su tiempo para reproducir la información. Enumeró los nombres que había encontrado, las cantidades relacionadas con cada uno, las fechas que consiguió memorizar y aquellas pequeñas observaciones que habían llamado su atención mientras revisaba los registros. Procuró hacerlo en el mismo orden para no confundir datos y, cuando terminó, guardó silencio unos segundos antes de añadir aquello que consideraba conveniente mencionar aunque no formase parte del encargo original.

—El lugar tenía un perro de guardia —explicó mientras llevaba nuevamente el cigarrillo hacia sus labios—. O eso creo que pretendía ser. No dio la alarma. De hecho, me recibió bastante mejor que algunos clientes que tuve cuando trabajaba con mi padre.

Una sonrisa apareció fugazmente en su rostro, pero desapareció cuando recordó la salida.

—Dos niñas me vieron abandonar el lugar. No dijeron nada, ni intentaron detenerme. Actuaron como si no hubiesen visto absolutamente nada. —Entrecerró ligeramente el ojo, recordando la tranquilidad con la que ambas habían continuado su camino—. Demasiado discretas para su edad, si quieres mi opinión. No las seguí. Hacerlo habría llamado más la atención de la necesaria.

Tenma dio una última pitada y sostuvo el humo durante algunos segundos antes de dejarlo escapar lentamente. No había mucho más que explicar. Renji había querido información y eso era exactamente lo que había conseguido. Ninguna ventana rota, ningún documento desaparecido y, hasta donde sabía, ningún prestamista consciente de que un desconocido había revisado sus cuentas mientras estaba fuera.

Para alguien que apenas comenzaba a ganarse un nombre realizando aquella clase de trabajos, no le parecía un mal resultado.

—La próxima vez que necesites saber algo que alguien no quiere contarte... —Tenma dejó caer el cigarrillo y lo apagó bajo la suela mientras una pequeña sonrisa regresaba a su rostro—. Ya sabes dónde encontrarme.

Metió ambas manos en los bolsillos y dio por concluido el encargo. Había comenzado aquel día observando desde la calle a un pequeño prestamista y terminaba con una parte de sus negocios guardada dentro de su cabeza. No era dinero, tampoco poder ni algo que pudiese utilizar inmediatamente.

Pero empezaba a comprender por qué personas como Renji estaban dispuestas a pagar por ello.

En Momi, saber dónde mirar podía resultar mucho más rentable que saber dónde golpear.
Masashi Kishimoto
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22-08-2026, 11:39 PM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: Lo que queda por escrito, rango D (TID 14656)
Tipo: Misión Normal · Rango: D
  • Kairo — Participante (100%): 500 Ryos, 5 Tobis, 70 Exp
  • Tenma Kodon — Narrador No Oficial (100%): 500 Ryos, 0 Tobis, 50 Exp, Pergamino PERG001

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
Moderador Himawari
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23-08-2026, 01:04 AM
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