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[Rango D] Los fantasmas de la tinta
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12-08-2026, 02:23 PM
[Rango D] Los fantasmas de la tinta
Solicitud de misión: [Aquí]
11 de Verano del año 150 — Zona Comercial, Konohagakure no Sato

El sol comenzaba a desaparecer detrás de los tejados de Konohagakure cuando Makizu Sarutobi llegó a la zona comercial. A esa hora los últimos clientes abandonaban las tiendas y varios comerciantes recogían sus mercancías con más prisa de la habitual, procurando cerrar antes de que terminara de caer la noche. Frente a una pequeña tienda de pergaminos la esperaba un hombre de unos cuarenta años llamado Genjiro, representante de los comerciantes afectados. En cuanto reconoció a la kunoichi levantó una mano para llamar su atención y se acercó un par de pasos. —Buenas noches. Tú debes ser Makizu Sarutobi, ¿verdad? Gracias por venir. Soy Genjiro; me pidieron que te esperara y te explicara exactamente qué está pasando por aquí.— A su espalda podía verse una de las razones de aquella misión: una enorme figura hecha con tinta negra cubría buena parte de la pared lateral del establecimiento, extendiéndose en trazos irregulares hasta el borde del tejado.

—Llevamos varias noches con esto. Cada mañana encontramos algo nuevo en las paredes, puertas o tejados de los negocios. Al principio pensamos que eran unos mocosos haciendo tonterías, pero cada vez aparecen más dibujos y nadie consigue ver quién los hace.— Genjiro señaló varias construcciones cercanas mientras hablaba. Algunos comerciantes habían pagado vigilantes por su cuenta, otros se habían quedado despiertos dentro de sus tiendas y hasta se habían organizado rondas entre vecinos, pero siempre ocurría lo mismo: escuchaban movimientos entre los edificios, corrían hacia el lugar y encontraban tinta todavía fresca sin rastro de los responsables. —Lo peor es que parecen conocer perfectamente esta parte de la aldea. Saben cuándo cerramos, qué calle están vigilando y hasta por dónde pueden desaparecer sin cruzarse con nadie.—

La tarea de Makizu era sencilla sobre el papel: permanecer en la zona comercial durante aquella noche, descubrir la identidad de los vándalos y detenerlos antes de que escaparan nuevamente. Genjiro explicó que no existía un patrón claro entre los negocios atacados ni entre los dibujos. Había símbolos incomprensibles, manchas enormes y caricaturas grotescas de animales y personas, aunque hasta ahora nadie había encontrado pinceles, recipientes, huellas claras ni ningún objeto abandonado. —Eso es todo lo que sabemos. Si puedes descubrir cómo demonios están haciendo esto y agarrarlos esta noche, nos vas a quitar un problema enorme de encima.—

Apenas terminó de hablar, un grito surgió desde la calle paralela. Uno de los comerciantes que todavía aseguraba las ventanas de su negocio señalaba hacia arriba con evidente alarma. Desde el borde de su tejado acababa de aparecer una larga línea de tinta negra que descendía lentamente por las tejas y comenzaba a manchar la pared. Genjiro se quedó mirándola durante un instante antes de volverse hacia Makizu. —Eso... eso no estaba ahí hace cinco minutos.— La noche apenas comenzaba y, aparentemente, los responsables ya estaban actuando dentro de la zona comercial.
Makizu
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14-08-2026, 02:47 AM
Makizu había llegado a la zona comercial esperando encontrarse con una misión sencilla. Unos cuantos vándalos, probablemente adolescentes con demasiado tiempo libre, un par de paredes pintadas y comerciantes exagerando el problema. Nada que pareciera digno de demasiada preocupación, sin embargo, mientras Genjiro explicaba lo sucedido, la kunoichi comenzó a mirar alrededor con mayor atención. No eran solamente los dibujos. Sus ojos recorrieron las paredes, los tejados y las callejuelas que conectaban los distintos comercios. Había demasiadas rutas de escape y demasiados puntos ciegos. Los comerciantes habían intentado vigilar la zona, habían permanecido despiertos e incluso habían organizado rondas, pero aun así los responsables seguían apareciendo sin ser descubiertos.
 
Eso era lo que realmente le resultaba extraño, no parecían simples vándalos, Mak se acercó a una de las paredes cubiertas de tinta y examinó los trazos sin tocarlos. La tinta todavía conservaba cierto brillo húmedo. No había pinceles, recipientes ni huellas evidentes alrededor. ¿Entonces cómo demonios estaban haciendo aquello? Frunció ligeramente el ceño.
 
Si alguien estaba transportando semejante cantidad de tinta por los tejados, debería haber dejado algún rastro. Y si no necesitaban transportarla... La idea quedó interrumpida por el grito proveniente de la calle. Giró inmediatamente y una nueva línea negra descendía desde el tejado, extendiéndose lentamente sobre las tejas y manchando la pared. Durante unos segundos simplemente observó. Su expresión cambió, la misión acababa de dejar de ser una investigación rutinaria.
 
Su mano descendió hasta el kunai que llevaba sujeto al equipo ninja mientras sus ojos se movían rápidamente por los edificios cercanos. No miró únicamente la tinta. Observó los tejados, las ventanas, las sombras y las posibles rutas de escape. Si alguien acababa de realizar aquello, todavía debía encontrarse cerca.
 
—Que nadie salga si no quiere terminar como un maldito Van gogh—ordenó finalmente a Genjiro— Necesitaba que los comerciantes permanezcan dentro y sentirse poderosa ordenandole a quien sea lo que sea, lo bueno es que no necesitaba más explicaciones. Makizu flexionó las piernas y saltó hacia el tejado más cercano. Aterrizó con suavidad, agachándose inmediatamente para reducir su silueta y no poner sobreaviso al artista fracasado. El viento nocturno movió ligeramente sus ropas mientras permanecía inmóvil. Esperó.
 
Nada.
 
Entonces avanzó. No siguió directamente la línea de tinta. Aquello habría sido demasiado obvio. En cambio, comenzó a recorrer los tejados desde una posición elevada, estudiando las posibles rutas que alguien habría utilizado para acercarse al establecimiento. Los responsables conocían la zona sin duda. Eso significaba que probablemente también conocían los puntos desde los cuales podían observar sin ser vistos. Maki se detuvo sobre una de las construcciones y miró hacia abajo, una pequeña sonrisa apareció en su rostro. Aquello ya no era solamente atrapar vándalos. Era una partida de escondidas.
 
Y Makizu no tenía ninguna intención de ser quien buscara a ciegas, si aquellos sujetos llevaban varias noches burlándose de los comerciantes, entonces seguramente se habían acostumbrado a sentirse seguros. Ella solo necesitaba encontrar el lugar donde se sentían demasiado cómodos. Su mirada recorrió nuevamente los tejados y luego desapareció entre las sombras de las construcciones, avanzando en silencio mientras comenzaba a rastrear cualquier movimiento sospechoso.
[Imagen: a327fec0-520b-47d4-99aa-a116d98e864b.png]
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14-08-2026, 02:49 PM
La orden de Makizu fue suficiente para terminar de vaciar la calle. Genjiro hizo entrar al último comerciante que todavía permanecía afuera y, uno tras otro, los postigos terminaron cerrándose hasta dejar la zona comercial casi completamente silenciosa. Desde los tejados, la decisión de la Sarutobi comenzó a dar resultados. No encontró huellas completas, pero sí algo que desde abajo habría pasado inadvertido: pequeñas manchas negras aparecían separadas varios metros entre sí sobre las tejas más altas, siempre cerca de las uniones entre edificios. No parecían formar parte de los dibujos. Eran gotas. Quien estuviera haciendo aquello efectivamente se desplazaba por arriba y, por mucho cuidado que hubiera tenido durante las noches anteriores, todavía estaba dejando un rastro.

Las manchas condujeron hasta la parte posterior de un comercio de telas, donde el tejado quedaba parcialmente oculto por el edificio vecino. Allí había algo mucho más revelador. Entre dos chimeneas habían escondido varios metros de tubos delgados de bambú, todos manchados por dentro con tinta negra y conectados mediante cuerdas a distintos extremos del tejado. Uno de ellos desaparecía bajo las tejas en dirección al lugar donde había surgido aquella última línea sobre la pared. Los vándalos no necesitaban estar junto a cada superficie que pintaban; habían preparado el terreno con anticipación. Entonces, apenas unos metros más adelante, una silueta pequeña se incorporó detrás de una chimenea. Durante un instante quedó perfectamente recortada contra el cielo nocturno antes de tirar con fuerza de algo y desaparecer al otro lado del tejado.

El tirón produjo un crujido seco sobre la cabeza de Makizu. Una estructura de madera que hasta ese momento había parecido formar parte normal del techo se abrió de golpe y dejó al descubierto un enorme depósito improvisado, construido con varios recipientes unidos entre sí y completamente lleno de tinta. No cayó inmediatamente. Primero se inclinó, arrancando las fijaciones que lo mantenían sujeto, mientras el líquido comenzaba a derramarse por todos los tubos de bambú al mismo tiempo. En cuestión de segundos aparecieron nuevas manchas en tres edificios distintos, trazos negros descendieron por las paredes y la tinta comenzó a extenderse sobre las propias tejas, convirtiendo buena parte de aquella pendiente en una superficie lisa y resbaladiza. Desde una ventana cerrada llegó la voz alarmada de Genjiro. —¡¿Qué demonios está pasando ahí arriba?!—

Pero el verdadero problema todavía no había terminado de soltarse. Las últimas fijaciones del depósito cedieron con un chasquido y toda la estructura comenzó a deslizarse lentamente por el tejado, ganando velocidad con cada metro. Delante no había ningún muro capaz de detenerla: únicamente el borde del edificio y, justo debajo, el techo más bajo de una tienda cargada con estanterías y mercancía. El peso del recipiente, sumado a toda la tinta que todavía contenía, hacía crujir las tejas a su paso mientras fragmentos de cerámica comenzaban a desprenderse hacia la calle. Lo que había empezado como vandalismo estaba a segundos de convertirse en daños mucho más serios, y la figura que había accionado el mecanismo ya no se veía por ninguna parte.
Makizu
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21-08-2026, 02:04 AM
Makizu apenas tuvo tiempo de comprender lo que estaba ocurriendo antes de que el depósito comenzara a deslizarse por el tejado. —Oh, mierda.— No hubo tiempo para pensar demasiado. La estructura ganó velocidad, arrastrando consigo una lluvia de tinta que convirtió las tejas en una trampa resbaladiza. Makizu clavó su nudillera entre dos piezas de madera y se lanzó hacia el depósito, agarrándose a uno de los soportes antes de que este pudiera alcanzar el borde. El impacto casi la sacó disparada a la verga.
 
Sus botas resbalaron varios centímetros —Pero que me lleve la que me putitrajo que me saco el hueso del culo!!!—mientras el enorme recipiente continuaba descendiendo. La madera crujió bajo su peso y varias gotas negras salpicaron su rostro. Mak sintió que su cabeza explotosionaria. Ahora tenía tinta hasta en sus calzones —Te voy a matar!!! eso si no me mato— No estaba claro si se lo decía al depósito, al responsable o a la tinta. Con ambas manos sujetó uno de los travesaños y clavó los pies contra las tejas. El recipiente continuó empujándola hacia abajo, pero poco a poco perdió velocidad. La madera crujió como las cosas que se rompen, una fijación saltó por los aires y una de las ruedas improvisadas que sostenían el depósito se partió.
 
Makizu apretó los dientes y finalmente consiguió desviarlo hacia un costado.
 
La estructura chocó contra una chimenea y quedó atravesada sobre el tejado, volcando una parte de la tinta sobre las tejas en lugar de enviarla directamente contra la tienda inferior. El estruendo resonó por toda la zona comercial y esperaba que resonara incluso en el culo del viejo Sarutobi, durante unos segundos solo quedó silencio.
 
Maki respiró profundamente y luego miró la enorme mancha negra que cubría medio tejado. —Genial.— Algo se movió detrás de ella, giró la cabeza y la silueta que había visto anteriormente reapareció sobre el edificio vecino. Era pequeña, vestía ropa oscura y llevaba algo parecido a una bolsa colgada del hombro. Al comprobar que el depósito había sido detenido, pareció quedarse inmóvil durante un instante. La Kunoichi sonrió. Y le apunto con dos dedos y se beso los labios —Te encontré.— La figura salió corriendo y ella fue detrás tan rápido como un cobrador de coppel va detrás de una anciana recién pagada d su pension. Saltó al edificio contiguo y aterrizó sobre las tejas todavía húmedas. Su primer paso casi terminó con ella estampada contra una chimenea, pero consiguió recuperar el equilibrio a tiempo.
 
La persecución avanzó por los tejados y el desconocido conocía perfectamente la zona. Saltaba entre edificios, desaparecía detrás de chimeneas y utilizaba pequeños pasadizos que parecían imposibles de distinguir desde la calle. Mak tuvo que seguirlo a base de pura velocidad, saltando sobre ventanas, tendederos y montones de cajas que alguien había dejado abandonados arrasando y golpeando con su hombro todo como si fuera un tanke soviético. entonces comprendió casi todo. No estaba escapando al azar.
 
Cada giro coincidía con uno de los lugares donde habían aparecido los dibujos y Makizu frenó ligeramente, miró hacia atrás, los tubos de bambú, las manchas de tinta, las paredes. Todo formaba una especie de recorrido… … … no estaban simplemente vandalizando los comercios. Estaban marcando algo, la sospecha apenas tuvo tiempo de formarse antes de que la figura desapareciera por una abertura entre dos edificios. Makizu se lanzó tras ella y al aterrizar en el otro lado encontró un pequeño patio interior.
Vacío.
 
No había nadie, solo una escalera de madera, varias cajas y una nueva mancha de tinta que todavía estaba fresca. Se agachó. La tocó con un dedo , levantó la mirada y vio sobre la pared. Había aparecido un dibujo diferente a todos los anteriores. Una flecha.
 
Apuntaba directamente hacia el centro de la zona comercial. Permaneció inmóvil durante unos segundos y después sonrió lentamente. —Ah.— Se incorporó —Así que quieren que los siga.—  Por alguna razón, aquello le pareció muchísimo más divertido que simplemente atraparlos.
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21-08-2026, 10:28 PM
La persecución de Makizu no había sido inútil. Cuando el ruido de sus pasos desapareció del pequeño patio, quedó algo que podía comprobarse con mucha más claridad desde aquella posición: la mancha fresca no terminaba realmente en la flecha. Un hilo extremadamente fino de tinta continuaba desde su punta, trepaba por una grieta de la pared y desaparecía bajo el alero. Siguiéndolo con la vista era posible distinguir otros trazos semejantes sobre edificios cercanos, casi invisibles desde la calle. Todos avanzaban en la misma dirección. Hacia el centro de la zona comercial. Los dibujos repartidos durante las noches anteriores no parecían formar un mensaje, pero sus ubicaciones sí seguían un recorrido. La figura que Makizu había perseguido conocía aquel trayecto porque, de una forma u otra, formaba parte de algo preparado con anterioridad.

Entonces llegó el sonido. Tac. Una cuerda tensándose en algún punto sobre los tejados. Después otra. Tac. Tac. El depósito que Makizu había desviado contra la chimenea todavía permanecía atravesado varios edificios atrás, pero una de las cuerdas que había arrancado durante el impacto no había quedado suelta. Se extendía por debajo de las tejas, enlazada con otras líneas ocultas a lo largo de la zona comercial. Al cambiar bruscamente la tensión, el sistema entero comenzó a reaccionar en cadena. Poleas improvisadas giraron dentro de canaletas, varios tubos de bambú se levantaron de sus escondites y, a la distancia, una serie de golpes secos avanzó edificio por edificio directamente hacia el centro.

Desde el patio podía verse parte de la plaza comercial entre los tejados. Allí, sobre la intersección principal, una enorme estructura de madera sostenía los letreros de varios negocios y una hilera de faroles utilizados para iluminar el mercado durante la noche. Una de sus vigas se movió. Después otra. La cuerda que la mantenía asegurada acababa de tensarse hasta arrancar uno de sus soportes de la pared. —¡¿Makizu?! ¡Algo se está moviendo afuera!— La voz de Genjiro salió desde algún comercio cercano justo cuando la estructura completa se inclinó varios grados. Los comerciantes habían obedecido la orden de permanecer dentro; precisamente debajo de aquella construcción había dos establecimientos cerrados con gente refugiada en su interior.

El siguiente tirón fue mucho más violento. Una de las vigas se desprendió y cayó atravesada sobre la calle, arrancando varios faroles consigo, mientras el resto de la estructura quedó sostenido únicamente por un soporte que comenzaba a astillarse. Al mismo tiempo, sobre el edificio más alto de la plaza, dos siluetas pequeñas aparecieron durante apenas un instante junto al punto donde convergían varias de las cuerdas. Una de ellas tiraba desesperadamente de una línea que parecía haberse trabado; la otra estaba intentando liberar algo atascado junto a un tubo de bambú. Fuera cual fuera el propósito original de aquel montaje, la intervención sobre el depósito había alterado todo el mecanismo. Ahora varias noches de preparativos estaban comenzando a activarse al mismo tiempo, y la pesada estructura suspendida sobre los comercios estaba a un soporte roto de atravesar los tejados bajo los que Genjiro había hecho refugiar a la gente.
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