19-08-2026, 10:12 PM
El sol de la mañana iluminaba con suavidad una pequeña zona ajardinada de Konoha, haciendo que la luz se filtrara entre las copas de los árboles y proyectara sombras irregulares sobre el suelo. El lugar se encontraba algo apartado del bullicio de las calles principales, rodeado por una pequeña valla de madera y varios arbustos que habían crecido de forma algo desordenada con el paso del tiempo. No era un jardín especialmente grande, pero se notaba que alguien había dedicado muchos años a mantenerlo cuidado. Algunas piedras habían sido colocadas cuidadosamente alrededor de los senderos, mientras que pequeñas flores crecían junto a la madera y aportaban algo de color al conjunto.
En el centro del patio se encontraba el estanque ornamental. No era demasiado profundo ni especialmente grande, aunque sí lo suficiente como para albergar una considerable cantidad de peces. El borde estaba rodeado de piedras lisas y musgo, mientras que algunas plantas acuáticas sobresalían tímidamente de la superficie. “Es muy bonito”.- Pensó Asuna antes de volver a centrarse en lo importante.
El hombre que allí se encontraba respondía al nombre de Takeshi. Según explicó, durante los últimos días había comenzado a notar que algunos de sus peces desaparecían misteriosamente. Al principio había pensado que simplemente se trataba de animales enfermos o que quizá los había contado mal, pero aquella misma mañana había encontrado dos peces muertos cerca de la orilla y varias marcas extrañas alrededor del estanque.
- No se preocupe, yo me encargo. - Respondió Asuna dispuesta a llegar al fondo de todo aquello con su ya característica seriedad guiada por el deber. Pasaron apenas unos minutos cuando se dio cuenta de que aquello sería mas tedioso de lo esperado. - A ver... - Introdujo una pequeña rama entre las piedras, apartando algunas hojas que se habían acumulado en la orilla. El agua se agitó ligeramente y varios peces aparecieron durante unos segundos antes de desaparecer nuevamente hacia la parte más profunda.
Asuna los contó. - Uno, dos, tres, cuatro... treinta y tres. Si. - Se quedó pensativa. No parecía que hubieran desaparecido todos de golpe. Los que quedaban eran precisamente los ejemplares más pequeños y menos llamativos. Eso le llamó especialmente la atención. Encontró marcas en la tierra húmeda, ramas rotas y varios pequeños agujeros entre las piedras. Se agachó para observarlos mejor, siguiendo el recorrido de las huellas alrededor del estanque. Algunas conducían hasta el agua. Pero otras continuaban hacia el exterior del jardín. “Todo esto es muy raro, si fuera un gato o algo así no se llevaría la comida” . - Se sentó en el suelo cruzándose de brazos y piernas mientras cerraba los ojos. “ ¿Unos desaparecen, otros los matan y otros los dejan?” . - Se puso en pie, dispuesta a seguir el rastro hasta el final.
“¿¡En serio?!”. - Finalmente entendió lo que estaba ocurriendo. El vecino llevaba días entrando en el jardín de Takeshi, llevándose los peces que consideraba más bonitos y dejando atrás los demás. Todo aquello por una razón completamente absurda. Quería que su estanque fuera mejor que el de su vecino.
Después de todo lo que había imaginado al escuchar que los peces desaparecían, esperaba encontrar algún animal, quizá algún problema con el agua o incluso algo relacionado con la fauna de los alrededores. Pero no. Era simplemente un hombre compitiendo con su vecino por quién tenía el estanque más bonito. Asuna salió finalmente de detrás de los arbustos, dejando que sus pasos fueran lo bastante claros como para que el hombre supiera que ya no estaba solo.
- Creo que esos peces no son tuyos.
El hombre se quedó completamente quieto. Durante un instante sostuvo el cubo entre las manos, mirando a Asuna con una expresión de sorpresa. Después intentó disimular, apartando la mirada hacia el estanque.
- Que coincidencia. - Dijo Asuna colocándose en el límite del estanque. - Pero son exactamente las mismas especies que tiene tu vecino Takeshi, aunque estos parecen más grandes. - Volvió su mirada hacia él, una mirada fría, intimidante. - No veo ningún problema en una competición sana, pero robar esta feo. ¿Y sabes lo que le ocurre a los ladrones en la aldea?.- Le dejó un segundo para que el miedo se apoderase poco a poco de él. - Bien. ¿Cómo quieres proceder?. - Si Asuna le seguía presionando así aquel pobre hombre terminaría meándose encima.
- ¡Pagaré los daños, le devolveré todos los peces, me disculparé por favor no me denuncies a la policía militar!. - “Vaya ha sido más sencillo de lo que pensaba”. - Asuna se relajó, había adoptado una pose ofensiva, pero al parecer no sería necesario utilizar la fuerza.
Bastaron unos pocos minutos para volver a la casa de Takeshi y aclarar lo sucedido. Asuna no pudo evitar sonreír ligeramente. Al menos la misión parecía haber terminado sin necesidad de lanzar un solo kunai. Y, sobre todo, los peces volverían a su estanque.
En el centro del patio se encontraba el estanque ornamental. No era demasiado profundo ni especialmente grande, aunque sí lo suficiente como para albergar una considerable cantidad de peces. El borde estaba rodeado de piedras lisas y musgo, mientras que algunas plantas acuáticas sobresalían tímidamente de la superficie. “Es muy bonito”.- Pensó Asuna antes de volver a centrarse en lo importante.
El hombre que allí se encontraba respondía al nombre de Takeshi. Según explicó, durante los últimos días había comenzado a notar que algunos de sus peces desaparecían misteriosamente. Al principio había pensado que simplemente se trataba de animales enfermos o que quizá los había contado mal, pero aquella misma mañana había encontrado dos peces muertos cerca de la orilla y varias marcas extrañas alrededor del estanque.
- No se preocupe, yo me encargo. - Respondió Asuna dispuesta a llegar al fondo de todo aquello con su ya característica seriedad guiada por el deber. Pasaron apenas unos minutos cuando se dio cuenta de que aquello sería mas tedioso de lo esperado. - A ver... - Introdujo una pequeña rama entre las piedras, apartando algunas hojas que se habían acumulado en la orilla. El agua se agitó ligeramente y varios peces aparecieron durante unos segundos antes de desaparecer nuevamente hacia la parte más profunda.
Asuna los contó. - Uno, dos, tres, cuatro... treinta y tres. Si. - Se quedó pensativa. No parecía que hubieran desaparecido todos de golpe. Los que quedaban eran precisamente los ejemplares más pequeños y menos llamativos. Eso le llamó especialmente la atención. Encontró marcas en la tierra húmeda, ramas rotas y varios pequeños agujeros entre las piedras. Se agachó para observarlos mejor, siguiendo el recorrido de las huellas alrededor del estanque. Algunas conducían hasta el agua. Pero otras continuaban hacia el exterior del jardín. “Todo esto es muy raro, si fuera un gato o algo así no se llevaría la comida” . - Se sentó en el suelo cruzándose de brazos y piernas mientras cerraba los ojos. “ ¿Unos desaparecen, otros los matan y otros los dejan?” . - Se puso en pie, dispuesta a seguir el rastro hasta el final.
“¿¡En serio?!”. - Finalmente entendió lo que estaba ocurriendo. El vecino llevaba días entrando en el jardín de Takeshi, llevándose los peces que consideraba más bonitos y dejando atrás los demás. Todo aquello por una razón completamente absurda. Quería que su estanque fuera mejor que el de su vecino.
Después de todo lo que había imaginado al escuchar que los peces desaparecían, esperaba encontrar algún animal, quizá algún problema con el agua o incluso algo relacionado con la fauna de los alrededores. Pero no. Era simplemente un hombre compitiendo con su vecino por quién tenía el estanque más bonito. Asuna salió finalmente de detrás de los arbustos, dejando que sus pasos fueran lo bastante claros como para que el hombre supiera que ya no estaba solo.
- Creo que esos peces no son tuyos.
El hombre se quedó completamente quieto. Durante un instante sostuvo el cubo entre las manos, mirando a Asuna con una expresión de sorpresa. Después intentó disimular, apartando la mirada hacia el estanque.
- Que coincidencia. - Dijo Asuna colocándose en el límite del estanque. - Pero son exactamente las mismas especies que tiene tu vecino Takeshi, aunque estos parecen más grandes. - Volvió su mirada hacia él, una mirada fría, intimidante. - No veo ningún problema en una competición sana, pero robar esta feo. ¿Y sabes lo que le ocurre a los ladrones en la aldea?.- Le dejó un segundo para que el miedo se apoderase poco a poco de él. - Bien. ¿Cómo quieres proceder?. - Si Asuna le seguía presionando así aquel pobre hombre terminaría meándose encima.
- ¡Pagaré los daños, le devolveré todos los peces, me disculparé por favor no me denuncies a la policía militar!. - “Vaya ha sido más sencillo de lo que pensaba”. - Asuna se relajó, había adoptado una pose ofensiva, pero al parecer no sería necesario utilizar la fuerza.
Bastaron unos pocos minutos para volver a la casa de Takeshi y aclarar lo sucedido. Asuna no pudo evitar sonreír ligeramente. Al menos la misión parecía haber terminado sin necesidad de lanzar un solo kunai. Y, sobre todo, los peces volverían a su estanque.
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