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Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto   ›   Mundo   ›   Pais del Agua   ›   Kirigakure no Sato
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autonarrada E: Despejando la Bruma Mantenimiento de Canales en Kiri
Shinsei Kaguya
Rango Genin
Clan Kaguya
Nivel 6
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18-08-2026, 12:46 AM
yamate kudasaiiiiii

● Rango y Tipo de la Misión: Rango E / Misión Normal (Auto-narrada)
● Fecha y Lugar: 44 de verano/ Kirigakure no Sato



El sistema procesaría la solicitud de revisión y aplicaría las correcciones indicadas directamente sobre el post anterior, reescribiendo la secuencia bajo la nueva normativa estipulada para el usuario Shinsei Kaguya.

La llovizna perpetua de Kirigakure no caía: flotaba en el aire con una malicia calculada, dispuesta a colarse hasta el último resquicio de ropa interior térmica que tuviera la mala fortuna de llevar puesta. Me encontraba acuclillado al borde de uno de los canales pluviales del distrito periférico de la aldea, sosteniendo una pala oxidada que pesaba tanto como mi conciencia después de haber saltado un tutorial obligatorio en cualquier videojuego decente.

El hedor a lodo estancado, algas en estado de putrefacta descomposición y restos de marea que llevaban semanas esperando la caridad administrativa competía amargamente con la náusea provocada por mi propia existencia. Si alguien me hubiera debido explicar en otra vida —en esa donde las carreteras y el tráfico pesado funcionaban con total normalidad antes de que mi existencia fuera bruscamente truncada—, que terminaría limpiando desagües en un pueblo de ninjas góticos a cambio de doscientos cincuenta míseros Ryos, le habría regalado mi suscripción a plataformas de streaming con tal de no presenciar el chiste.


[P.A.U.L.O.]: El sistema registra que su coeficiente intelectual actual, complementado por su magnífica estadística de inteligencia equivalente a cero, le impide procesar las leyes básicas de la economía de supervivencia en este foro. Los registros indican que necesita los puntos de experiencia y los doscientos cincuenta Ryos para no morir en la miseria absoluta antes de la próxima temporada de ofertas en la armería. Además, el protocolo de mantenimiento de canales periféricos es una excelente oportunidad para poner a prueba su tolerancia al estrés atmosférico y su absoluta falta de gracia motora. Se le sugiere encarecidamente dejar de monologar con su propio esqueleto y comenzar a palear antes de que la brigada de saneamiento de Kiri decida usarlo a usted como abono para las algas.

—Sí, claro, y luego me mandas a negociar con un Hoshigaki con complejos de Godzilla mientras aplaudes con los dientes —pensé con furia contenida, apretando la empuñadura de la pala hasta que los nudillos se pusieron blancos—. Eres una interfaz de sistema insoportable. Juro que si algún día descubro tu código fuente en los rincones más oscuros de mi mente, te voy a desinstalar y te dejaré corriendo en un bucle infinito de anuncios molestos.

Mientras mantenía ese estimulante intercambio mental con P.A.U.L.O., cuya voz resonaba exclusivamente de forma abstracta e interna en mi cabeza, decidí aplicar la filosofía de la acción directa: en lugar de quejarme de la humedad, dejé que mis botas chapotearan con fuerza en el fango negruzco, demostrando al universo que el sufrimiento físico era cien por ciento real y medible en litros de sudor y agua de lluvia.

El canal frente a mí era una arteria de concreto agrietado por donde discurrían las aguas pluviales y los rezagos de la marea alta. Estaba completamente atiborrado de una masa compacta de lodo, ramas podridas y desperdicios que obstruían el flujo, provocando que el agua sucia comenzara a desbordarse hacia los callejones donde los vecinos de los suburbios intentaban llevar una vida medianamente digna bajo la perpetua bruma.

—Bien, veamos si mi estructura ósea decide desintegrarse hoy o si tengo suerte y solo me da una lumbalgia crónica —murmuré para mí, ajustándome la cinta de la frente con el emblema de Kiri, esa pequeña placa metálica que más parecía una señal de advertencia de que estabas a punto de entrar a una zona de desastre narrativo.

Inhalé profundamente el aire cargado de humedad y hundí la pala en el corazón del fango.

¡CHOF!

El sonido fue tan patético como satisfactorio. Una masa hedionda de lodo grisáceo salió disparada hacia arriba, salpicando la parte baja de mis pantalones y demostrando que la gravedad en este servidor funcionaba con absoluta y cruel puntualidad.

[P.A.U.L.O.]: Alerta de eficiencia: su técnica de palada presenta un índice de elegancia similar al de un hipopótamo con artritis convulsionando en una ciénaga. Se recomienda aplicar mayor control de chakra en los deltoides para evitar que su columna vertebral se desplace hacia la región lumbar antes del tercer montículo. Recordatorio amistoso: si queda inválido por su propia incompetencia, el seguro médico de la aldea no cubre accidentes de esta naturaleza.

—Cierra la boca, interfaz de saldo —repliqué mentalmente, dando un paso al frente y sintiendo un crujido sospechoso en la rodilla derecha—. Estoy sudando la gota gorda para mantener viva la economía de este subforo mientras tú te diviertes analizando mis fracasos biomecánicos.

Continué removiendo el lodo con una mezcla de furia sorda y resignación. Cada palada era un recordatorio de que las cosas nunca salían como uno esperaba. El callejón estaba desierto, o al menos eso creía yo hasta que un sonido sordo, acompañado por un quejido ahogado y el golpeteo rítmico de un bastón de madera contra las piedras húmedas, rompió la monotonía de la llovizna.

—¿Eh?... ¿Quién anda por ahí? —mascullé en voz alta, girando la cabeza con cautela mientras sostenía la pala con ambas manos.

De entre la bruma perpetua que envolvía las esquinas de las casas de madera mal amuralladas, emergió una silueta encorvada. Se trataba de un anciano de túnica desteñida, con una barba rala que parecía haber sobrevivido a varios tifones y un carrito de mano atiborrado de cestas de algas secas y utensilios de pesca oxidados. El pobre hombre avanzaba con extrema dificultad, arrastrando los pies sobre el lodo que el canal desbordado había esparcido por el camino. Sus ojos, nublados por la edad y cansados por la rutina de una vida en el País del Agua, me miraron con una mezcla de sorpresa y desesperación resignada.

—Oh... vaya. Jovencito shinobi —dijo el anciano con una voz temblorosa, deteniéndose a pocos metros y apoyando una mano nudosa sobre el mango de su carrito—. No esperaba ver a nadie de la academia o del servicio activo por estos linderos tan olvidados de la mano del Mizukage. Supongo que viniste a inspeccionar el desastre, ¿verdad?

[P.A.U.L.O.]: Interacción con NPC detectada. Nombre probable en los archivos del sistema: «Genzo, el vendedor de algas amargado». Índice de utilidad para la trama: bajo, a menos que decida hacer una buena obra y conseguir puntos extra de reputación vecinal. Advertencia: si decide ignorarlo, su karma virtual bajará dos puntos y las probabilidades de que un perro callejero le robe las raciones aumentarán exponencialmente.

—Cállate, P.A.U.L.O., no soy tan mal tipo —pensé con fastidio, sacudiendo ligeramente la cabeza antes de dirigirle una sonrisa torcida pero amable al anciano—. Buenos días, abuelo. No vine a inspeccionar nada; estoy cumpliendo con el mantenimiento de rutina de los canales. O al menos intentando evitar que este lodazal termine tragándose su carrito y su mercancía.

El viejo Genzo parpadeó un par de veces, como si le costara creer que un ninja de Kiri se fuera a molestar en hablarle a un civil de los suburbios sin cobrarle una tasa de protección o mirarlo por encima del hombro.

—¿El mantenimiento? —repitió el anciano, esbozando una sonrisa desdentada mientras señalaba con la cabeza el inmenso tapón de fango y basura que yo llevaba media hora intentando remover—. ¡Maldito sea el clima de este lugar! Cada vez que la marea sube y la lluvia aprieta, este maldito desagüe se colapsa y toda la porquería se viene directo hacia mi cobertizo. Intente cruzar hace diez minutos y casi pierdo el cargamento de algas para el mercado central. Si pierdo esa venta, mis nietos no comerán pescado ahumado en tres días, muchacho. Y en esta aldea, sin pescado y sin Ryos, uno se vuelve alimento para los tiburones antes de cumplir los cuarenta.

[P.A.U.L.O.]: Análisis de la situación: el NPC ha activado un evento secundario de tipo «Misión de escolta y rescate menor». Recompensa estimada: agradecimiento verbal, posiblemente una porción de algas marchitas y un incremento en la barra de simpatía de la facción civil de Kirigakure. Costo energético: alto riesgo de dolor lumbar y pérdida temporal de dignidad. Proceda con precaución, usuario Shinsei; recuerde que usted carece de técnicas milagrosas para resolver esto sin esfuerzo.

—Ya sé que no poseo poderes divinos, interfaz —repliqué mentalmente, soltando un suspiro que se transformó en una nubecilla de vapor debido al frío ambiente—. Pero tampoco puedo quedarme aquí con los brazos cruzados viendo cómo el abuelo se hunde en el fango mientras tú haces cálculos de probabilidad.

Dejé la pala apoyada contra la pared de piedra con un movimiento calculado y me acerqué al anciano con paso firme, ignorando el dolor punzante en mis articulaciones que el Shikotsumyaku parecía recordarme cada vez que decidía moverme con un poco de dinamismo. Cabe destacar que, en mi actual estado de formación como Genin, mis conocimientos sobre desplazamiento avanzado son prácticamente nulos; ni siquiera domino la técnica básica de caminar sobre el agua o sobre paredes, por lo que cualquier intento de maniobra acrobática en este terreno fangoso habría terminado en un estrepitoso y doloroso fracaso.

—Mire, abuelo Genzo —le dije en voz alta, adoptando una postura relajada pero protectora, cruzando los brazos antes de señalar el carrito atascado—. Déjeme echarle una mano con eso. Su cargamento se ve más pesado que el lomo de un bicho en ayunas, y si dejamos que siga intentando cruzar solo por este barrizal, terminará rompiéndose la cadera. Y créame, el sistema médico de esta aldea no está para atender fracturas de abuelitos con la eficiencia que uno desearía.

El anciano me miró con los ojos abiertos de par en par, visiblemente conmovido por el ofrecimiento, aunque con la desconfianza típica de quien ha vivido toda su vida bajo el régimen de las aldeas ocultas.

—¿En serio harías eso por un viejo vendedor de algas, ninja-san? —preguntó Genzo, ladeando la cabeza con una mezcla de gratitud y sospecha—. Los muchachos de tu edad por lo general solo pasan por aquí corriendo hacia las academias o presumiendo sus armas nuevas, sin importarles si los civiles nos ahogamos en nuestro propio lodo.

[P.A.U.L.O.]: Alerta: el NPC está poniendo a prueba su empatía. Se le recuerda que si arruina esta interacción, su título de «Shinobi del pueblo» quedará rebautizado automáticamente. Se recomienda usar un tono carismático, aunque su cara de póker haga que parezca más bien un secuestrador novato.

—No se preocupe, abuelo —respondí, esbozando una sonrisa torcida que intentaba ser reconfortante pero que probablemente parecía una mueca de dolor estomacal—. Digamos que tengo una deuda pendiente con el karma universal. Además, si le ayudo a cruzar, tal vez usted pueda darme una buena reseña en la administración cuando pregunten si cumplí mi Rango E con honor.

Sin esperar a que el anciano respondiera, me agaché ligeramente y tomé las barras de madera del pesado carrito de mano. El peso era considerable; las cestas rebosaban de algas húmedas y utensilios oxidados que tiraban hacia abajo con la fuerza de un yunque. Sentí cómo el chakra comenzaba a circular de manera automática por mis tenketsus, una reacción involuntaria de mi linaje que fortalecía ligeramente las fibras musculares y los huesos para soportar la sobrecarga.

—A la cuenta de tres, abuelo —murmuré, apretando los dientes y fijando la vista en el extremo firme del callejón, donde el lodo cedía paso al pavimento adoquinado—. Uno... dos... ¡tres!

Con un empuje coordinado, combinando la fuerza bruta de mi estadística y un grito ahogado que resonó en el fondo de mi garganta, lancé el carrito hacia adelante. Las ruedas de madera chirriaron de manera estridente al superar el montículo de fango, salpicando agua sucia en todas direcciones, pero logrando salir de la zona crítica y situándose sobre el suelo seco y seguro del callejón principal.

—¡Uf!... Menos mal —exhalé, soltando las barras del carrito y apoyando las manos en mis rodillas mientras jadeaba ligeramente, sintiendo cómo el sudor frío se mezclaba con la llovizna en mi frente—. Si llego a tardar dos segundos más, mi columna se divide oficialmente en dos.

El abuelo Genzo soltó una carcajada ronca y alegre, dándome una palmada amistosa en el hombro que, para mi sorpresa, no me rompió ninguna costilla gracias al calcio de los Kaguya.

—¡Jajaja! ¡Tienes fuerza en los brazos, muchacho! —exclamó el anciano con los ojos brillando de júbilo—. Hacía tiempo que no veía a un shinobi con tantas ganas de ensuciarse las manos por ayudar a un civil sin andar pidiendo propinas por adelantado. Te lo agradezco de corazón, de verdad. Si algún día necesitas algas para preparar un buen caldo o simplemente quieres un lugar donde refugiarte de la bruma y de los instructores pesados, mi cobertizo siempre estará abierto para ti.

[P.A.U.L.O.]: Felicitaciones, usuario Shinsei. Ha completado con éxito la subtrama opcional «El rescate del vendedor de algas». Se han acreditado de manera simbólica cincuenta puntos de reputación civil y un incremento de cinco por ciento en su barra de paciencia mental. Inventario actualizado: se ha añadido «Alga marchita de agradecimiento».

—Guárdate tus comentarios, P.A.U.L.O. Al menos conseguí un objeto de inventario que no huele a cadáver —repliqué mentalmente, mientras me despedía con un gesto de la mano del abuelo Genzo, quien continuó su camino hacia el mercado central empujando su carrito con renovada energía.

Una vez que el anciano se desvaneció entre la densa bruma de Kirigakure, volví sobre mis pasos hacia el canal de drenaje donde la pala me esperaba como un recordatorio implacable de mis obligaciones contractuales con la administración. El trabajo no se iba a hacer solo, y los doscientos cincuenta Ryos de la recompensa no se iban a depositar en mi cuenta bancaria por obra del Espíritu Santo.

—Bueno, P.A.U.L.O. —dije en voz baja, tomando nuevamente la pala y adoptando una postura frente a la montaña de fango restante—. Vamos a terminar con esto de una buena vez. ¿Qué nos toca ahora? ¿Sacar una llanta vieja o lidiar con algo más?

[P.A.U.L.O.]: Los registros indican que lo único que encontrará en el resto del conducto es una acumulación masiva de sedimentos orgánicos y desperdicios. No espere batallas épicas en un Rango E, usuario Shinsei; la verdadera prueba de un shinobi radica en su capacidad para soportar el tedio y la lumbalgia sin perder la cordura en el intento.

—Cállate y cuenta las paladas —repliqué con una sonrisa torcida, hundiendo nuevamente el metal en el fango negruzco mientras la llovizna seguía cayendo sobre los tejados oscuros de Kiri—. Si voy a ser un Kaguya con un sistema sarcástico y una vida llena de dolor esquelético, al menos me aseguraré de cobrar hasta el último centavo de esta maldita misión.

Y así, entre paladas de fango, discusiones mentales con P.A.U.L.O. y la persistente bruma del País del Agua, continué mi jornada, demostrando que incluso el más patético de los Genin podía abrirse paso en el mundo ninja... o al menos intentar no morir en el intento.

Off
[P.A.U.L.O.]Nota de intención futura para el desarrollo de la trama: Pasaría a evaluar la posibilidad de aceptar una misión de Rango D, vería la adquisición de nuevo equipo táctico en la tienda de la aldea si los fondos lo permitieran, y analizaría la forma de sobrevivir a un próximo enfrentamiento sin comprometer la estabilidad del entorno.
[Imagen: XwgKLch.png]
Masashi Kishimoto
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18-08-2026, 02:15 PM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: autonarrada E: Despejando la Bruma Mantenimiento de Canales en Kiri (TID 14602)
Tipo: Misión Autonarrada · Rango: E
  • Shinsei Kaguya — Autor (100%): 250 Ryos, 2 Tobis, 50 Exp

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
Moderador Rin
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18-08-2026, 02:16 PM
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