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Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto   ›   Mundo   ›   Pais del Agua   ›   Kirigakure no Sato   ›   Zona Residencial
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  ›   [Misión Simple] Don't Be A Scaredy Cat [Kishue]
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Don't Be A Scaredy Cat [Kishue]
Rin to Rei
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10-08-2026, 03:51 PM
Misión
Cita:● Nombre de la Misión: Don't be a scaredy cat
● Información de la Misión: Están teniendo problemas con los gatos de un vecindario en Kiri donde los gatos están haciendo sus necesidades por los callejones y están tirando la basura. Se requiere de un equipo de ninjas para capturarlos a todos y llevarlos a un refugio para que los expertos se encarguen de ellos.
● Rango y Tipo de la Misión: Misión Normal - Rango D
● Fecha y Lugar: Verano 25 de 150 | Zona Residencial de Kirigakure
● Cantidad de Usuarios: Kishue & Rin to Rei
● Cantidad máxima de horas por ronda: 24 horas o hay tabla

La mañana había llegado a Kirigakure sin anunciarse del todo. No hubo un amanecer limpio ni una frontera clara entre la noche y el día, sino una lenta disolución de sombras bajo capas de niebla. Las ventanas de la casa de Rin y Rei comenzaron a teñirse de un gris pálido, suficiente para dibujar los contornos de los muebles y arrancar a la habitación de aquel silencio profundo que solo existe antes de que una aldea despierte. Rin abrió los ojos primero, como casi siempre. No necesitó escuchar el reloj ni esperar el murmullo de las primeras voces en la calle; su cuerpo parecía haber aprendido a obedecer la misma disciplina incluso dormido. Permaneció unos instantes boca arriba, observando el techo, y después se incorporó con un movimiento seco.
<Es hora>
Desde la otra cama llegó únicamente un sonido indistinto.
Rin giró el rostro.
<Rei>
<Te escuché>
<Entonces levántate>
<Escuchar y obedecer son cosas diferentes>
La respuesta llegó ahogada entre las mantas, pero aun así hizo que Rin exhalara por la nariz con una mezcla difícil de distinguir entre resignación y diversión.
<En cinco minutos voy a abrir la ventana>
Rei asomó finalmente el rostro entre el cabello oscuro y desordenado.
<Eso es una amenaza>
<Es una promesa>
Aquello bastó.

Rei se incorporó lentamente, todavía atrapada en la frontera entre el sueño y la vigilia, mientras Rin ya comenzaba a ordenar su cama. La habitación compartida conservaba las diferencias habituales entre ambas: el lado de Rin era preciso, despejado, casi geométrico; el de Rei parecía haber sido atravesado por una pequeña tormenta educada, con libros apilados, una cinta para el cabello sobre una silla y varias hojas con anotaciones reposando junto a la lámpara. Aun así, ambas tenían sus cosas listas desde la noche anterior. Nunca sabían cuándo podía llegar una orden, y Kirigakure tenía la costumbre de convertir las mañanas tranquilas en días largos sin pedir permiso.

Se vistieron con ropa sencilla, adecuada para salir pero todavía lejos de cualquier preparación formal para una misión. Rin escogió una camiseta oscura de manga corta y pantalones negros de tela resistente, ajustados con vendas claras en los tobillos. Recogió su larga cabellera en una cola alta, firme, dejando algunos mechones violáceos caer a los lados del rostro. Rei, más lenta pero no menos cuidadosa, se puso una blusa azul grisácea, pantalones oscuros algo más holgados y una chaqueta ligera que dejó abierta. Su cabello quedó recogido en una trenza alta, asegurada con una cinta celeste y las pequeñas horquillas metálicas que solía utilizar.

<Hoy no tenemos clases> murmuró Rei mientras terminaba de ajustar la cinta <Podríamos intentar comportarnos como personas normales>
Rin la miró a través del reflejo de un pequeño espejo.
<Ya nos graduamos, ya no tendremos más clases>
<Eso dije>
<¿Qué hacen las personas normales?>
Rei se quedó pensando.
<Dormir más>
<Entonces ya has fracasado>
<No pienso aceptar críticas de alguien que se despierta antes que el sol>
<En Kiri no existe el sol>
<Con mayor razón>

Bajaron a la cocina mientras el resto de la casa continuaba sumido en aquella quietud húmeda de las primeras horas. Rin encendió el fuego y colocó una pequeña olla sobre las brasas. Rei preparó arroz y sacó algunas verduras conservadas, además de pescado seco. Ninguna necesitaba instrucciones de la otra. Habían repetido aquella rutina tantas veces que se movían alrededor de la cocina como piezas de un mecanismo aprendido de memoria.

El desayuno fue sencillo. Arroz caliente, pescado, verduras encurtidas y una sopa clara que comenzó a llenar la estancia con un aroma suave. Rei se sentó primero y rodeó con ambas manos una taza de té, dejando que el calor le despertara los dedos. Rin permaneció de pie unos momentos más, comprobando que el fuego estuviera bien reducido antes de sentarse frente a ella.
<¿Qué quieres hacer hoy?> preguntó Rei.
<Entrenar>
Rei suspiró.
<No sé por qué pregunto>
<Podemos descansar después>
<Tu definición de descansar suele incluir correr>
Rin llevó un poco de arroz a la boca.
<Correr despacio>
<Eso no mejora tu caso>
Rei estaba a punto de continuar cuando tres golpes secos sonaron contra la puerta principal.

Ambas se quedaron quietas. No fue una pausa larga, apenas el tiempo necesario para que la rutina cambiara de forma. Rin dejó los palillos sobre el cuenco. Rei giró ligeramente el rostro hacia la entrada. Tres golpes más.
<Eso no parece un vecino> dijo Rei.
<No>
<Entonces abre>

Rin se levantó. Cruzó el pequeño corredor y abrió la puerta lo suficiente para ver quién esperaba al otro lado. Un shinobi de Kirigakure permanecía frente a la casa. Llevaba el uniforme habitual de servicio, sin señales de urgencia, pero tampoco parecía haber acudido por cortesía. En una mano sostenía un pequeño pergamino enrollado.

<Rin, Rei>
Rin abrió un poco más la puerta.
<Aquí estamos>
El shinobi extendió el rollo.
<Se solicita que ambas se presenten esta mañana en el ayuntamiento. La oficina de asignaciones tiene un encargo disponible para ustedes. Deben acudir cuanto antes>
Rei apareció detrás de su hermana, todavía sosteniendo la taza entre las manos.
<¿Han indicado de qué tipo?>
El hombre negó con la cabeza.
<Solo que es una misión asignada y que recibirán los detalles allí>
Rin tomó el documento.
<Entendido>
El shinobi hizo una breve inclinación de cabeza y se marchó sin añadir nada más.

Durante unos segundos, ambas permanecieron en la puerta observando cómo su figura se alejaba entre la niebla de la calle. Rei fue la primera en hablar.
<Adiós a comportarnos como personas normales>
Rin cerró la puerta.
<No parecías muy comprometida con la idea>
<Podría haber aprendido>

Regresaron a la cocina y terminaron de desayunar con algo más de rapidez. No había urgencia aparente, pero ambas conocían la diferencia entre una invitación y una orden disfrazada de cortesía. Rin leyó el documento mientras bebía el resto del té. Apenas contenía sus nombres, una hora aproximada y la indicación de presentarse en la oficina correspondiente del ayuntamiento. Nada más.
<Podría ser cualquier cosa> dijo Rei.
<Entonces no tiene sentido adivinar>
<Adivinar es entretenido>
<También inútil>
<Mi apuesta es que quieren que ayudemos a alguien a transportar cajas>
Rin dobló el pergamino.
<Yo digo limpieza>
Rei la observó.
<¿Limpieza?>
<Es una misión de rango bajo>
<Todavía no sabemos el rango>
<No enviarían a dos recién formados a detener una invasión>
<Eso sería una primera semana interesante>
Rin se levantó.
<Termina de comer>
<Ya terminé>
<Te queda pescado>
Rei miró el pequeño trozo que quedaba en el plato.
<Eso ya forma parte del plato>
Rin no respondió.

Diez minutos después estaban completamente listas. No cargaron armas pesadas ni equipo innecesario. Ambas llevaron únicamente una pequeña bolsa de viaje con vendas, agua y algunos objetos básicos. Rin reajustó su cola alta y se colocó una chaqueta oscura sobre los hombros. Rei recogió mejor su trenza y cerró la chaqueta azul grisácea que llevaba abierta.

Antes de salir, Rin comprobó una vez más el documento. Rei la observó.
<Segunda vez>
<Primera>
<Lo miraste mientras desayunábamos>
<Eso fue leerlo>
<Y esto es...>
<Comprobarlo>
Rei sonrió.
<Entiendo. Son actividades completamente distintas>

La calle estaba más despierta cuando salieron. La niebla continuaba presente, aunque ya no cubría la aldea con la misma densidad. Algunas tiendas habían abierto, varios comerciantes arrastraban cajas hacia los puestos y los canales interiores reflejaban una luz pálida. Shinobi de distintos rangos cruzaban las calles en ambas direcciones, algunos moviéndose con la calma de quien regresaba de una misión, otros con la prisa silenciosa de quienes acababan de recibir una. Rin y Rei caminaron juntas hacia el centro administrativo. No hablaron demasiado durante el trayecto. A veces no era necesario.

Kirigakure se desplegaba alrededor de ellas como una criatura despertando lentamente. Puentes de madera cruzaban canales estrechos; edificios húmedos surgían entre capas de vapor; banderas con el símbolo de la aldea permanecían inmóviles bajo el peso de la humedad. El ayuntamiento era uno de los edificios más reconocibles del distrito central, amplio y sobrio, construido para recibir tanto a civiles como a shinobi. Al llegar, Rin mostró el documento a uno de los guardias de la entrada.
<Nos han solicitado aquí>
El hombre revisó el sello y señaló hacia el interior.
<Oficina de asignaciones. Pasillo principal, segunda puerta a la izquierda>
<Gracias> respondió Rei.
Entraron.

El interior resultaba más activo de lo que ambas habían esperado. Había shinobi esperando junto a las paredes, civiles entregando formularios y varios funcionarios desplazándose entre mesas cubiertas de documentos. No era caos, pero sí una clase de movimiento constante, una corriente formada por papel, órdenes y personas. Encontraron la oficina sin dificultad. Tras un mostrador de madera se encontraba una recepcionista revisando una pila de informes. Rin se acercó primero.
<Buenos días. Rin y Rei. Nos han solicitado para una asignación>
La mujer levantó la vista, las observó unos segundos y después buscó algo entre varios documentos.
<Sí. Aquí están> Sacó una caja del montón lleno de pergaminos. <Han llegado a tiempo>
Rei inclinó ligeramente la cabeza.
<Nos dijeron que recibiríamos aquí los detalles>
<Correcto> La recepcionista abrió la caja, comprobó un pergamino y después volvió a cerrarla. <Esperen un momento. Debo terminar de revisar el informe antes de entregárselo>
Rin asintió.
<Entendido>
La mujer señaló hacia unas bancas colocadas junto a una pared.
<Pueden sentarse allí. Las llamaré en cuanto esté listo.
Ambas se apartaron del mostrador.
Rei eligió uno de los asientos y se dejó caer con suavidad, cruzando las manos sobre las piernas. Rin se sentó a su lado, todavía recta, observando la puerta de la oficina.
<¿Sigues pensando que será limpieza?> preguntó Rei en voz baja.
Rin mantuvo la vista al frente.
<Sí>
>Entonces espero que al menos sea algo que se quede quieto mientras lo limpiamos>
Rin giró lentamente la cabeza hacia ella.
<No digas cosas así>
Rei sonrió.

Y las dos permanecieron esperando, sin saber todavía que la misión que estaba a punto de caer en sus manos tendría cuatro patas, demasiados pelos y ninguna intención de colaborar.
[Imagen: ffIFI3H.jpeg]
Kishue
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12-08-2026, 04:31 AM
—¡Kishue, despierta! ¡Son las siete de la mañana!

La voz de su madre atravesó la puerta, las mantas y probablemente también algún sueño que Kishue no recordaría cinco segundos después. El muchacho abrió los ojos de golpe, aunque abrirlos era una forma generosa de describir aquella pequeña separación entre sus párpados, y durante un instante permaneció completamente quieto mientras su cerebro intentaba comprender qué significaban las palabras «siete de la mañana». Cuando por fin lo consiguió, salió de la cama con tanta prisa que una pierna quedó atrapada entre las mantas y estuvo a punto de conocer el suelo de cara.

—¡¿Las siete?! ¡¿Por qué no me despertaste antes?!

—Te llevo llamando desde las seis y media. —respondió su madre desde la cocina con una tranquilidad sospechosa —Si llegas tarde tendrás que explicarle a quien te esté esperando que fuiste derrotado por una almohada.

Kishue encontró la ropa que había dejado preparada la noche anterior y comenzó a vestirse sin preocuparse demasiado por el orden correcto. Primero se colocó el pantalón, después una sandalia, luego el cortavientos y en algún punto se dio cuenta de que aún llevaba puesta la camiseta que utilizaba para dormir. Quitársela con el cortavientos encima resultó ser una batalla bastante menos digna que cualquiera que hubiera librado durante sus dos años como estudiante de la Academia, pero terminó ganándola, aunque por poco.

Su madre era cariñosa, sí, pero también había aprendido que hablarle con dulzura por la mañana no servía de nada porque Kishue podía responder, mantener una conversación aparentemente coherente y continuar dormido durante todo el proceso. Las amenazas tampoco funcionaban demasiado bien, a menos que incluyeran tirones de orejas, así que con el tiempo había desarrollado métodos más creativos. Decirle que llegaba tarde era uno de sus favoritos, principalmente porque era el único capaz de hacer que su hijo pasara de muerto sobre una cama a shinobi completamente vestido en menos de cinco minutos.

Kishue salió de la habitación ajustándose uno de los guantes con los dientes. Llevaba el cabello todavía desordenado, el cortavientos azul oscuro mal cerrado y una sola sandalia ninja; la otra estaba en su mano porque no había tenido tiempo de ponérsela.

—¡Estoy listo! —anunció al entrar en la cocina —Bueno, casi listo. ¿Qué hora es exactamente?

Su madre se encontraba junto al fuego, terminando de colocar el desayuno sobre la mesa. Había preparado arroz, sopa, pescado y algunas verduras, suficiente para alimentar a un joven shinobi o a tres personas normales, aunque en aquella casa ambas cantidades significaban prácticamente lo mismo. La mujer miró de reojo el pequeño reloj colocado sobre una repisa.

—Las cinco y cuatro.

Kishue dejó de luchar con la sandalia.

—¿Las cinco?

—Y cuatro minutos.

—Dijiste que eran las siete.

—También dije que llevaba despertándote desde las seis y media. Debiste notar que algo no tenía sentido.

—¡Acabo de despertar! Nada tiene sentido cuando acabo de despertar.

Su madre ocultó una sonrisa mientras ocupaba el asiento frente al suyo. Kishue dirigió una mirada de traición hacia el reloj, como si el aparato hubiese participado voluntariamente en la mentira, y después terminó de colocarse la sandalia antes de dejarse caer sobre la silla. Frente a él sobre la mesa se encontraba una pequeña esfera de cristal con un pez dentro, más específicamente Mekka.

—Eso ha sido cruel. —le dijo a Mekka.

—Eso ha sido efectivo.

—Pude haberme lastimado.

—Eres un shinobi.

—Un shinobi también puede tropezarse con una manta.

—Entonces deberías entrenar contra mantas.

Kishue quiso continuar la discusión, pero el aroma del desayuno era un argumento mucho más convincente que cualquiera de los suyos. Tomó los palillos y comenzó a comer con la velocidad de alguien que todavía sentía que llegaba tarde, aunque ahora disponía de casi dos horas adicionales que no sabía que tenía. Su madre le recordó que masticara, él redujo la velocidad durante aproximadamente tres bocados y después volvió a comer igual que antes.

Eran únicamente ellos dos en casa, si uno no contaba a Mekka, y Mekka era un pez espada dentro de una pequeña esfera de agua, así que su capacidad para colaborar con las tareas domésticas era bastante limitada. Su madre se había encargado de criarlo sin permitir que la ausencia de otra persona convirtiera la casa en un lugar triste. Era estricta cuando tenía que serlo, capaz de despertarlo mediante engaños y de amenazar con arrastrarlo por las orejas, pero nunca había hecho que esas reglas se sintieran como un peso. Incluso las reprimendas terminaban transformándose en alguna broma que Kishue intentaba responder sin demasiado éxito.

—¿Tenías algo que hacer hoy? —preguntó mientras servía un poco más de sopa en su cuenco.

—No que yo recuerde.

—Eso no es una respuesta muy tranquilizadora.

—No tengo clases. Ya me gradué.

—Lo recuerdo. Estuve allí.

—Entonces hoy puedo descansar.

Su madre levantó una ceja.

—¿Y por eso necesitabas levantarte temprano?

Kishue la señaló con los palillos.

—Yo no necesitaba levantarme temprano. Alguien me engañó.

Tres golpes contra la puerta interrumpieron el intento de recuperar algo de dignidad. Ambos dirigieron la mirada hacia la entrada. Era demasiado temprano para una visita común y sus vecinos no golpeaban de aquella manera, con intervalos firmes y exactos, como si incluso llamar a una puerta formara parte de un protocolo.

—Si es alguien preguntando por qué estabas gritando, diré que entrenabas. —comentó su madre.

—Diles que estaba combatiendo contra una manta.

—Y que perdiste.

Kishue se levantó todavía con un trozo de pescado en la boca y cruzó el pequeño corredor. Antes de abrir, terminó de comer y se limpió rápidamente los labios con el dorso de la mano, un gesto que seguramente su madre habría corregido si hubiese podido verlo. Al otro lado esperaba un shinobi de Kirigakure con el uniforme de servicio y el protector de la aldea bien visible. No parecía alarmado ni mostraba señales de que existiera una emergencia, pero sostenía un pergamino que difícilmente podía confundirse con una visita amistosa.

—¿Funato Kishue?

—Ese soy yo.

El shinobi extendió el documento.

—Debes presentarte esta mañana en el ayuntamiento, en la oficina de asignaciones. Tienen un encargo para ti.

Kishue recibió el pergamino y observó el sello de Kirigakure antes de abrirlo. No contenía demasiada información; su nombre, la indicación de acudir al ayuntamiento y poco más.

—¿Qué clase de encargo?

—Te informarán cuando llegues.

—¿Es peligroso?

—Te informarán cuando llegues —repitió el hombre, demostrando que conocía muy bien su parte del mensaje y no tenía intención de añadir una sola palabra fuera de ella.

—Entendido. Iré ahora mismo.

El shinobi asintió antes de marcharse. Kishue cerró la puerta y regresó a la cocina con el pergamino en la mano. Su madre no necesitó preguntar para comprender que el descanso acababa de desaparecer, aunque extendió la mano para que le entregara el documento y lo leyó de todas formas.

—Parece que alguien sí sabía que tenías algo que hacer hoy.

—Pero no eran las siete.

—Si te hubiera dicho que eran las cinco, seguirías en la cama.

No podía discutir eso porque ambos sabían que era cierto.

Kishue terminó el desayuno, esta vez sin tener que fingir que disponía de toda la mañana. Regresó a su habitación para comprobar su equipo, ajustó correctamente el cortavientos, guardó algunas herramientas básicas y tomó la pequeña esfera de cristal dentro de la que nadaba Mekka. El diminuto pez espada se movió en el agua al verlo, probablemente saludándolo o quizá exigiendo comida; distinguir ambas cosas todavía era complicado.

—Parece que tenemos trabajo —le dijo mientras aseguraba la esfera. —No sabemos cuál, pero eso lo hace más emocionante.

Desde la cocina llegó la voz de su madre.

—¡Y vuelve para comer!

—¡No sé cuánto tardaré!

—¡Entonces vuelve antes de que se enfríe!

Aquello no solucionaba el problema del tiempo, pero Kishue respondió que lo intentaría antes de salir.

Kirigakure ya comenzaba a despertar, aunque la niebla todavía cubría buena parte de las calles y convertía los edificios más lejanos en manchas oscuras. Kishue avanzó hacia el distrito central preguntándose qué tipo de misión podían haberle preparado. Después de graduarse había imaginado enfrentamientos, persecuciones y viajes a lugares peligrosos, pero también sabía que los shinobi recién formados no comenzaban sus carreras salvando la aldea de una invasión. Probablemente sería una misión sencilla, algo como entregar documentos, ayudar a un comerciante o cargar cajas. No sonaba especialmente emocionante, pero cualquier misión era mejor que pasar la mañana entrenando solo; además, incluso cargar cajas podía convertirse en una aventura si una de ellas contenía algo peligroso. O si se caía. O si alguien intentaba robarla. Estaba añadiendo demasiadas condiciones, pero todavía tenía derecho a mantener la esperanza.

El ayuntamiento se encontraba más activo que las calles. Civiles, funcionarios y shinobi cruzaban el vestíbulo con documentos en las manos, entrando y saliendo de oficinas cuyos nombres Kishue apenas tuvo tiempo de leer. Mostró su citación en la entrada y recibió indicaciones para llegar a la oficina de asignaciones. Segunda puerta a la izquierda, una explicación bastante sencilla que aun así estuvo cerca de ignorar cuando miró hacia la derecha por costumbre.

Al entrar en la oficina reconoció dos figuras sentadas junto a la pared. No necesitó observarlas demasiado para saber que se trataba de Rin y Rei. Habían transcurrido dos años desde aquel primer día en la Academia en que se acercó a ellas durante el recreo con seis bolas de arroz y demasiadas ganas de hablar. Desde entonces habían compartido clases, prácticas y suficientes momentos como para dejar de ser desconocidos, aunque todavía no podía decir que fueran sus mejores amigas. Eran compañeras conocidas desde hacía bastante tiempo, una relación situada en algún punto extraño entre la confianza de haber crecido juntos como shinobi y la distancia de tres personas que todavía guardaban partes importantes de sí mismas.

Kishue se acercó al mostrador primero y entregó su citación a la recepcionista.

—Buenos días. Soy Funato Kishue. Me enviaron para una asignación.

Después de que le indicaran que debía esperar, recuperó el documento y se apartó del mostrador. Se dirigió hacia las bancas, levantando una mano para saludar a las hermanas desde antes de llegar hasta ellas.

—Buenos días, Rin, Rei. Veo que ustedes llegaron primero —dijo con una sonrisa, deteniéndose cerca de los asientos —También me enviaron una citación sin explicar absolutamente nada. Supongo que eso significa que vamos a trabajar juntos otra vez... o que los tres estamos a punto de recibir problemas por separado en la misma oficina.

Tomó asiento a una distancia prudente, dejando suficiente espacio para no imponerse sobre ellas, y miró por un instante hacia la oficina antes de regresar la atención a sus compañeras.

—¿Ustedes saben algo de la misión o también están esperando a que alguien decida terminar con el misterio?
—Life Ends Whenever You Decide—
[Imagen: chBNIhB.jpeg]
Virtudes y Defectos
VIRTUDES
V006: Presencia Carismática
V017: Líder Nato
V032: Rostro Común
V033: Investigador
V035: Capacidad Sensorial Aumentada II (Olfato y Oído)
V090: Disciplina Ascética

DEFECTOS
V048: Adicción (Hablar con su pez)
V054: Último Acto
V057: Fobia III (Arañas)
V065: Lealtad
V069: Sinceridad
V077: Prosopagnosia
V083: Traicionable
V085: Venganza (Hoshigaki)
V088: Psicopatía
Rin to Rei
Rango Chuunin
Clan Akizu
Nivel 11
Estadísticas
Generales
Fuerza25(2)
Destreza100(5)
Ctrl. de Chakra15(1)
Inteligencia25(2)
Especiales
Salud11
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12-08-2026, 11:39 AM
La espera terminó por adquirir ese peso particular de los minutos que no avanzaban mientras alguien los observaba. Rin permanecía inmóvil, con la espalda recta y los brazos cruzados, mientras Rei seguía con la mirada el movimiento de los funcionarios. Cuando Kishue apareció en la oficina, ambas reconocieron de inmediato aquella energía familiar que parecía llegar a los lugares unos segundos antes que él. Dos años compartiendo aulas, prácticas y ejercicios habían vuelto innecesarias las presentaciones, aunque todavía existía entre los tres cierta distancia que solo el tiempo podía terminar de cerrar.
<Buenos días, Kishue> saludó Rei con una sonrisa serena <No sabemos más que tú. Aunque Rin sigue convencida de que será una misión de limpieza>
<Y parece que acerté> añadió Rin al ver aproximarse a la encargada con el informe entre las manos.

La mujer se detuvo frente a ellos y abrió el pergamino. Explicó que varios gatos callejeros se habían instalado alrededor de un vecindario cercano a la zona comercial. Al principio su presencia apenas había ocasionado algunas quejas, pero con los días comenzaron a romper bolsas, volcar recipientes de basura y ensuciar los callejones. La misión era sencilla: encontrarlos, capturarlos sin hacerles daño y trasladarlos hasta un refugio donde podrían ocuparse de ellos. Una misión de rango D, aparentemente inofensiva, aunque la encargada advirtió que los animales se dispersaban en cuanto alguien intentaba acercarse.
<Así que debemos perseguir gatos> murmuró Rei cuando abandonaron la oficina <Supongo que es mejor que transportar cajas>
<Las cajas no corren> respondió Rin, ajustándose la bolsa sobre el hombro.

Las hermanas tomaron la delantera hacia el distrito indicado. Rin avanzaba con la decisión de quien ya había convertido el encargo en un problema táctico; Rei, algo más atrás, observaba los tejados, las ventanas abiertas y los espacios estrechos entre los edificios. Capturar animales no requería fuerza, sino paciencia, coordinación y alguna forma de impedir que escaparan hacia lugares donde no pudieran seguirlos. La zona comercial parecía funcionar con normalidad desde la distancia. Los toldos comenzaban a abrirse bajo la claridad gris de la mañana y el olor del pescado fresco se mezclaba con el vapor de los primeros puestos de comida. Sin embargo, al internarse un poco más, las señales del problema comenzaron a aparecer. Una bolsa rota descansaba junto a una pared, algunas espinas se encontraban dispersas sobre el suelo y la tapa de un recipiente de basura había quedado inclinada contra un puesto cerrado. Un gato gris los observaba desde lo alto de un toldo. Más allá, dos ojos amarillos brillaron bajo una carreta antes de desaparecer. Entonces una tercera figura saltó desde una caja, derribó un pequeño cuenco vacío y se deslizó hacia un callejón con la naturalidad de quien conocía cada ruta de escape. Rei siguió con la mirada el movimiento de aquella cola hasta que la niebla se la tragó.
<Creo que ellos ya saben que hemos venido por ellos> Rin examinó los tejados y las entradas del callejón. La misión acababa de comenzar, y sus objetivos no parecían tener ninguna intención de colaborar.
[Imagen: ffIFI3H.jpeg]
Kishue
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12-08-2026, 01:21 PM
El contraste de personalidades seguía siendo el mismo y la dinámica entre las dos no parece haber cambiado en lo más mínimo, y no tendría por qué, como siempre Rei lo saludó con más amabilidad mientras Rin parece seguirle ignorando así como suele suceder con todo salvo que algo merezca su atención, Kishue ya las conoce lo suficiente para no molestarle, más bien está acostumbrado a ello. Correspondió la sonrisa de Rei con una igual y del mismo modo sonrió a Rin por educación.

—Limpiar... Suena a una misión por debajo de nuestro nivel. Yo digo que va a ser cuidar a una anciana o una mascota grande.

Más no hizo falta esperar mucho porque una mujer se detuvo frente a ellos para darles los detalles de la misión, ninguno parecía haber acertado pero diría que Kishue estuvo más cerca en cuanto a que de animales se trataba, ¿eso significa que él tenía mejor capacidad de análisis? Probablemente no, pero seguramente Kishue si lo pensó. Entonces la misión consiste en capturar gatos, la premisa suena sencilla pero Kishue de algún modo sabe lo complicado que puede llegar a ser aquello: son los animales con reacción más veloz que hay, son rápidos, son escurridizos, son como el agua, caben en cualquier sitio y sobretodo tienen garras más afiladas que un kunai.

—No parece un trabajo sencillo... Preferiría transportar cajas, no tengo que perseguirlos media aldea para atraparlos. Va a ser problemático.

Kishue no es de preferir trabajos fáciles ni tampoco es perezoso pero atrapar animales problemáticos seguro que es uno de los trabajos que podría detestar. Suspiró, pero Rin le dio la razón y como pocas veces Kishue y Rin parecen conectar con el mismo pensamiento lo que provocó en Kishue una sonrisa hacia ella, que probablemente ella ignore y no le importe en absoluto. Kishue no replicaría ese gesto, más bien se sorprendería que no fuera así.

—Muy bien, andando... —No terminó de decir aquello cuando ya las hermanas iban 5 pasos adelante, saliendo del ayuntamiento. Suspiró y las siguió.

Era un recinto residencial muy cerca al ala comercial de la aldea por lo que parece ser que los gatos rondan entre los negocios y las casas entre su escondite y la comida; ya habían señales de vandalismo gatuno en varias bolsas de basura dispersas del vecindario, probablemente de los aldeanos que dejan su basura afuera la noche anterior para cuando pase los recoge basuras a la siguiente mañana, temprano. Gatos empiezan a asomarse indicando que están mucho más cerca de lo que aparenta o se están retando que no son capaces los tres genin de capturarlos, ilusos, son ninjas entrenados, tienen la reacción superior a un gato y la velocidad de... El gato gris sobre el toldo salta sobre la cabeza de Kishue y este ni pudo reaccionar al pisotón en su nariz cuando el gato se perdió a su espalda mientras Kishue caía sentado sobre el suelo húmedo...

Se escuchó el silencio por unos segundos... Nunca un silencio fue tan ruidoso como ese...

—¡Maldito! No estaba preparado, estaba demasiado relajado, ya verán cuando los atrape.

Sin esperar indicaciones, sin avisar, sin decir nada. Kishue se levantó del suelo de un salto y corrió a perseguir al gato que lo humilló, pisoteó su cara, su orgullo, sus habilidades, todo, para cobrar venganza. Sin dejar tiempo de que las hermanas lo detuvieran, se perdió donde fue última vez visto el gato gris, asumiendo su trayecto mientras maldecía sin sentido en la lejanía. Pronto se le vio saltar entre tejados detrás de un gato mientras lo esquivaba, ni siquiera sabía si era el mismo gato, pero hizo lo imposible por capturarlo, pero simplemente su velocidad no daba para lograr su cometido.
—Life Ends Whenever You Decide—
[Imagen: chBNIhB.jpeg]
Virtudes y Defectos
VIRTUDES
V006: Presencia Carismática
V017: Líder Nato
V032: Rostro Común
V033: Investigador
V035: Capacidad Sensorial Aumentada II (Olfato y Oído)
V090: Disciplina Ascética

DEFECTOS
V048: Adicción (Hablar con su pez)
V054: Último Acto
V057: Fobia III (Arañas)
V065: Lealtad
V069: Sinceridad
V077: Prosopagnosia
V083: Traicionable
V085: Venganza (Hoshigaki)
V088: Psicopatía
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13-08-2026, 05:46 PM
La aparición del primer gato bastó para romper cualquier ilusión de que la misión pudiera resolverse caminando tranquilamente por el vecindario. El animal gris permaneció sobre el toldo durante unos instantes, observándolos con la calma insolente de quien no reconocía autoridad alguna. Después descendió sobre unas cajas, cruzó entre las piernas de un comerciante y se internó en uno de los callejones.

Kishue reaccionó antes de que las hermanas pudieran acordar una estrategia.
<No lo dejes entrar en las casas> advirtió Rei, señalando el extremo opuesto del callejón <Nosotras intentaremos cerrarle el paso>

Rin avanzó hacia un costado mientras Rei rodeaba unas cajas amontonadas junto a la pared. Durante unos segundos pareció que conseguirían acorralarlo entre las tres direcciones, pero el gato descubrió una abertura bajo una cerca y se deslizó a través de ella sin reducir la velocidad. Kishue continuó tras el animal, desapareciendo primero detrás de la madera y después entre los estrechos pasajes que comunicaban las viviendas.

Las hermanas esperaron.

Unos instantes más tarde escucharon el golpe de una tapa metálica, un maullido indignado y pasos alejándose hacia otra calle. Luego nada.
<Se ha perdido> concluyó Rin.
<Está persiguiendo al gato>
<Ambas cosas pueden ser ciertas>

Rei dirigió la mirada hacia el lugar por donde su compañero había desaparecido, pero no intentó seguirlo. Buscar a Kishue recorriendo cada callejón convertiría una misión de captura en otra misión distinta y dejaría a los animales libres para continuar dispersándose. Él conocía la zona general y, tarde o temprano, encontraría el camino de regreso. Mientras tanto, ellas todavía tenían un vecindario que limpiar.

Rin contempló los rastros del desorden: bolsas abiertas, restos de pescado esparcidos cerca de los muros y pequeñas huellas marcadas sobre la tierra húmeda. La primera tentación era perseguir a cada gato hasta alcanzarlo, pero acababan de comprobar la inutilidad del método. Los animales eran más pequeños, conocían cada abertura y podían atravesar espacios donde una persona apenas lograría introducir un brazo.

Rei no observó a los gatos, sino los lugares que estos habían escogido. Bajo una carreta había restos de comida; sobre los tejados, rutas despejadas entre los aleros; detrás de un puesto cerrado, varias cajas formaban un refugio protegido del viento. No se desplazaban al azar. Habían convertido el vecindario en un mapa propio, enlazando alimento, escondites y salidas seguras.
<No debemos atraparlos donde están> dijo finalmente <Debemos convencerlos de que vayan donde queremos>

La jaula destinada al traslado permanecía cerca de la entrada del vecindario. Era amplia, con barrotes estrechos y una puerta capaz de cerrarse desde cierta distancia mediante una cuerda. Las hermanas la llevaron hasta un patio interior conectado con tres callejones, un punto por el que parecían cruzar muchas de las huellas. Rin retiró del suelo cuanto pudiera estorbar y colocó la jaula contra una pared, evitando que los animales pudieran rodearla por detrás. Rei buscó entre los desperdicios aquello que todavía conservara suficiente olor: cabezas de pescado, restos de carne y una pequeña porción de arroz impregnada con caldo.

No dejaron toda la comida dentro. Rei distribuyó fragmentos cada vez más pequeños desde las entradas del patio hasta la jaula, construyendo tres senderos que convergían en el mismo lugar. El último trozo, el más grande, quedó al fondo.

Después se alejaron.

La espera exigió una paciencia distinta a la del combate. Rin podía permanecer inmóvil durante largos periodos si existía un enemigo al final, pero observar una cabeza felina asomarse, retirarse y volver a aparecer parecía poner a prueba una parte mucho más específica de su disciplina. Rei permaneció agachada detrás de unas cajas, sujetando la cuerda de la puerta. Su respiración era tan tenue como el movimiento de la niebla entre los edificios.

El primer gato en acercarse fue uno pequeño, de pelaje oscuro y una oreja doblada. Olfateó el pescado más cercano, lo tomó y retrocedió de inmediato. Ninguna de las hermanas se movió. Regresó por el segundo fragmento y luego por un tercero. Cuando finalmente entró en la jaula, Rei no cerró la puerta.

Rin le lanzó una mirada.

Rei respondió con un pequeño movimiento negativo. Uno no era suficiente.

La presencia del primer animal pareció ofrecer a los demás una seguridad que la comida por sí sola no había conseguido. Un gato anaranjado descendió desde un muro y siguió uno de los rastros. Otro, blanco con manchas grises, apareció debajo de la carreta. Ambos se aproximaron con cautela, deteniéndose cada vez que alguna tela se movía con el viento. Entraron uno después del otro.

Rei tiró de la cuerda.

La puerta cayó con un golpe seco. Los tres animales se revolvieron dentro, maullando y golpeando los barrotes, pero la jaula resistió. Rin salió de su escondite y cubrió parcialmente la estructura con una tela, reduciendo la luz y aislándolos del movimiento exterior. Los maullidos tardaron poco en disminuir.

Aún quedaban más.

Los gatos que habían presenciado el cierre no volverían a acercarse a la misma trampa. Rei modificó entonces el método. Colocaron una segunda jaula al otro lado del vecindario y utilizaron parte de la comida restante, pero esta vez Rin no esperó junto a ella. Rodeó los callejones hasta situarse detrás de los animales y comenzó a cerrar sus rutas de escape de forma gradual. Movió cajas, apoyó tablas sobre algunas aberturas y extendió mantas entre dos postes bajos. No pretendía bloquear cada salida, algo imposible, sino hacer que las rutas más fáciles condujeran hacia donde Rei esperaba.

Una gata moteada intentó subir hasta un alero y encontró a Rin cortándole el paso desde un muro cercano. No hubo movimientos bruscos. La joven se limitó a ocupar el espacio, obligándola a cambiar de dirección. Cuando el animal descendió hacia otro callejón, Rei dejó caer una cesta detrás de él, cerrando el retorno sin alcanzarlo ni lastimarlo. La gata avanzó por el único paso libre y terminó entrando en la segunda jaula atraída por el olor del pescado.

La captura continuó de esa manera, no como una persecución, sino como un cerco que se estrechaba sin que sus objetivos pudieran percibir su forma completa. Rin aparecía allí donde una ruta debía cerrarse; Rei permanecía fuera de la vista, modificando el camino con pequeños obstáculos y retirando aquellos que conducían a las jaulas. Una trabajaba sobre el cuerpo del problema y la otra sobre sus decisiones.

No todos cooperaron con la misma facilidad. Un gato grande de pelaje negro ignoró la comida y se refugió sobre un tejado. Rin tuvo que ascender por la pared contigua y avanzar desde el lado contrario, manteniendo suficiente distancia para no forzarlo a saltar hacia la calle. Rei extendió una manta entre dos balcones inferiores, creando una superficie segura bajo el único descenso disponible. Cuando Rin redujo el espacio, el animal bajó hasta el balcón, cayó sobre la tela y quedó envuelto apenas durante unos segundos. Los suficientes. Entre ambas lo trasladaron a la jaula antes de liberarlo dentro.

Otro se ocultó entre unas vasijas abandonadas y respondió a cada acercamiento con zarpazos. Rei cubrió la abertura con una cesta mientras Rin levantaba cuidadosamente la vasija desde atrás. El animal salió directamente hacia el recipiente, que fue girado con rapidez sobre una tabla. No era elegante, pero tampoco la misión exigía elegancia.

Cuando la tarde comenzó a teñir la niebla con una claridad más pálida, los callejones habían recuperado parte de su silencio. Ya no había colas desapareciendo bajo las carretas ni ojos observando desde los tejados. Rei recorrió una última vez las rutas marcadas por las huellas, examinó los escondites y permaneció escuchando frente a las acumulaciones de cajas. Rin comprobó patios, aleros y espacios bajo las viviendas.

No encontraron ninguno más.

Las jaulas reunidas en el patio se estremecían ocasionalmente ante el movimiento de sus ocupantes. Había gatos pequeños, otros de cuerpos largos y pelajes endurecidos por la calle, algunos inquietos y otros ya acurrucados en los extremos más oscuros. Rin aseguró cada cierre y tensó las correas destinadas al traslado. Rei distribuyó recipientes con agua entre los barrotes y volvió a cubrir parte de las estructuras para mantenerlos tranquilos.

Durante unos segundos contemplaron el resultado. El vecindario todavía requeriría una limpieza, pero las bolsas dejarían de aparecer abiertas cada mañana y los animales recibirían cuidados en lugar de continuar disputándose los desperdicios.
<Espero que Kishue haya atrapado al suyo> comentó Rei.
Rin observó hacia el callejón por el que había desaparecido.
<Espero que encuentre el camino de regreso>
Las jaulas estaban cerradas y todos los gatos del vecindario habían sido reunidos. La parte más imprevisible del trabajo había terminado.

Ahora solamente faltaba llevarlos hasta el refugio.
[Imagen: ffIFI3H.jpeg]
Kishue
Rango Chuunin
Clan Funato
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14-08-2026, 01:45 PM
Última modificación: 14-08-2026, 02:14 PM por Kishue.
La persecución había comenzado como parte de la misión y se había transformado rápidamente en un asunto personal. El gato gris no se limitó a escapar cuando Kishue trató de cerrarle el paso; había utilizado su hombro como apoyo, le había cruzado la cara con las garras y después se había marchado con la cola erguida, proyectando esa clase de superioridad que solamente poseen los gatos y algunas personas con cargos administrativos. Kishue no pensaba permitir que aquella ofensa quedara sin respuesta.

Corrió detrás del animal por un callejón estrecho, saltó sobre unas cajas y estuvo a punto de alcanzarlo cuando el gato atravesó una abertura bajo una cerca. Kishue tuvo que rodearla porque, a diferencia de su adversario, no podía comprimir el cuerpo hasta convertirlo en una criatura líquida cuando resultaba conveniente. Al llegar al otro lado encontró únicamente unas huellas húmedas, un cubo volcado y dos direcciones posibles, suficiente para comprender que se había separado bastante de Rin y Rei.

—Esto sigue siendo parte de la misión, Mekka. No estoy persiguiéndolo por orgullo.

La esfera sujeta entre sus ropas se movió cuando el pequeño pez espada nadó de un extremo al otro. Kishue interpretó aquel movimiento como una expresión bastante clara de incredulidad, aunque también podía significar que la carrera estaba sacudiendo demasiado el cristal. En cualquiera de los dos casos decidió ignorarlo. Se agachó junto a las huellas y observó la dirección de las marcas, el agua desplazada y un pelo gris adherido a una astilla de la cerca.

El gato había tomado la calle derecha y después había ascendido. Kishue levantó la mirada justo a tiempo para distinguirlo sobre un tejado bajo. El animal permanecía sentado junto a una chimenea, lamiéndose una pata como si hubiese llegado allí sin esfuerzo y dispusiera de toda la tarde. Cuando vio al muchacho, interrumpió la limpieza durante apenas un segundo. Después continuó, demostrando que ni siquiera lo consideraba una amenaza suficientemente seria para justificar una segunda huida.

Kishue avanzó despacio. No tenía consigo una jaula y capturarlo con las manos ya había demostrado ser una estrategia deficiente, pero podía impedir que siguiera escapando entre espacios estrechos. Su piel comenzó a cubrirse con escamas ásperas de color azul grisáceo, las branquias se abrieron a ambos lados del cuello y una aleta dorsal rasgó parte de la tela dispuesta sobre su espalda. Sus dientes se afilaron mientras brazos y piernas conservaban su estructura, preparados para trepar y correr.

La transformación Hoshigaki no lo convertía en un tiburón completo. Continuaba desplazándose sobre dos piernas y no poseía ninguna cola que lo impulsara o mantuviera en equilibrio, de modo que fuera del agua debía compensar la aleta dorsal y los cambios de peso con su propia postura. Aun así, obtenía una piel mucho más resistente, dientes capaces de sujetar materiales duros y una constitución adecuada para soportar algo que, según comenzaba a sospechar, sería una cantidad considerable de arañazos.

—Ahora estamos en igualdad de condiciones.

El gato mostró los colmillos.

—Bueno, yo tengo más dientes. Eso debería darme ventaja.

Kishue ascendió por la pared utilizando las irregularidades entre las piedras. El gato esperó hasta que estuvo cerca y entonces corrió por el tejado, descendiendo sobre un toldo que se hundió bajo su peso antes de devolverlo hacia otro balcón. Kishue lo siguió sin lanzarse directamente sobre él. Había comprendido que el animal esperaba precisamente eso: un movimiento impaciente que pudiera esquivar para obligarlo a empezar desde el principio.

En lugar de perseguir su cuerpo, comenzó a perseguir sus posibilidades. Cuando el gato giraba hacia una cornisa, Kishue avanzaba hacia el siguiente punto de apoyo. Cuando miraba un callejón, él descendía antes para ocupar la entrada. El animal era más ágil en distancias cortas, pero Kishue podía conservar una velocidad constante y estudiar cada ruta. Poco a poco lo condujo lejos de las cercas y las ventanas abiertas, hacia una calle cerrada entre dos almacenes.

El gato descubrió demasiado tarde que solamente quedaba una salida. Trató de pasar entre las piernas de Kishue, cambió de dirección al encontrar una mano frente a él y saltó hacia su rostro. Las garras recorrieron la mejilla azulada, resbalaron sobre las escamas y se aferraron después a su cabello. Kishue cerró los ojos, protegió la esfera de Mekka con un brazo y empleó el otro para sujetar al animal sin aplastarlo.

El resultado fue menos digno de lo que había imaginado. El gato trepó por su cabeza, descendió por su espalda evitando la aleta y volvió a arañarle un hombro. Kishue giró varias veces tratando de alcanzarlo, hasta que finalmente consiguió sujetarlo por la cola cuando intentaba saltar hacia unas cajas. El animal quedó suspendido durante un instante, retorciéndose con las cuatro patas extendidas y una furia que parecía demasiado grande para caber dentro de un cuerpo tan pequeño.

—Te tengo.

El gato respondió con un maullido áspero y logró clavarle las uñas en el antebrazo cuando Kishue trató de acomodarlo. Las escamas evitaron la mayor parte del daño, pero no protegían cada sección de la piel ni impedían que las garras atraparan sus ropas. Cuando el muchacho consiguió sostenerlo a suficiente distancia, tenía nuevos arañazos sobre las mejillas, el cuello y las manos, además de varias tiras de tela colgando de una manga.

—La venganza no consiste en lastimarte. Consiste en que veas cómo te llevo de regreso después de hacerme correr por medio vecindario.

Mekka nadó en círculos dentro de la esfera.

—No es una venganza demasiado cruel, pero es una misión de rango D. Hay límites.

Regresar resultó más difícil que perseguirlo. Kishue había prestado tanta atención a las rutas del gato que no recordaba cada giro seguido desde la zona comercial. Además, el animal intentaba doblarse para alcanzar su brazo cada vez que reducía la distancia. Terminó sujetándolo por la cola con una mano y sosteniendo parte de su cuerpo con la otra, evitando cargar todo el peso desde aquella extremidad mientras mantenía las garras lejos de su rostro.

Encontró el camino siguiendo las señales del problema. Las bolsas rotas, las huellas y algunos recipientes volcados formaban una ruta mucho más clara de lo que habría esperado. También reconoció los tejados de los puestos comerciales y, poco después, las jaulas preparadas para reunir a los animales. Rin y Rei permanecían en la zona, ocupadas con la misión que él había abandonado temporalmente para resolver su disputa particular.

Kishue apareció al final del callejón con la piel azul grisácea, las branquias abriéndose todavía sobre el cuello y la aleta sobresaliendo entre los restos de su ropa. Tenía arañazos en todas las partes que las escamas no habían cubierto por completo y sostenía al gato gris por la cola, aunque con la otra mano evitaba que el animal quedara colgando. Su expresión contenía la satisfacción de quien regresaba de una misión mucho más importante que la realizada.

—Lo encontré.

Se detuvo cerca de las hermanas y levantó apenas la mano que sostenía la cola, presentando al fugitivo como si acabara de capturar a un criminal célebre. El gato lanzó otro maullido y trató de girarse. Kishue tuvo que apartar la cara, reajustar el agarre y aceptar que la demostración de su valía habría resultado más convincente si el prisionero no continuara cerca de vencerlo incluso después de haber sido capturado.

—Me condujo lejos deliberadamente. Creo que es el líder.

No tenía ninguna prueba que respaldara esa conclusión, aparte de la hostilidad del animal y la necesidad de justificar el tiempo que había tardado en regresar. Como Kishue era incapaz de mentir, tuvo cuidado de presentarlo como una sospecha y no como un hecho. Se acercó a una de las jaulas, abrió la puerta con el pie y colocó al gato dentro con rapidez antes de que pudiera utilizar sus brazos como escalera una vez más.

La puerta se cerró y el animal quedó finalmente reunido con los demás. Kishue sostuvo el seguro durante unos segundos, comprobando que no pudiera levantarlo desde dentro. Solo entonces permitió que la transformación comenzara a desaparecer. La aleta dorsal se redujo hasta perderse bajo la gabardina rasgada, las branquias se cerraron, los dientes recuperaron su forma humana y el azul de las escamas retrocedió hasta dejar nuevamente su piel pálida.

—Ir transformado por todo el vecindario podría asustar a los gatos.

La observación resultaba extraña viniendo de alguien que acababa de regresar cargando uno por la cola, pero Kishue la consideró razonable. También prefería conservar aquella forma para cuando realmente la necesitara. En tierra firme ofrecía resistencia y una mandíbula peligrosa, aunque no mejoraba del mismo modo cada movimiento. Su cuerpo humano era más cómodo para correr por tejados, deslizarse entre puestos y manipular jaulas sin destrozar accidentalmente una correa con las escamas dentadas.

Las primeras gotas aparecieron mientras examinaba el trabajo realizado por Rin y Rei. Cayeron separadas, oscuras sobre la tierra y apenas visibles contra los adoquines húmedos de Kirigakure. Nadie en la aldea necesitaba mirar al cielo para reconocer lo que anunciaban. La lluvia aumentó en pocos minutos, golpeando los toldos, escurriendo por los canales de los tejados y obligando a los comerciantes a proteger cuanto todavía permanecía expuesto.

Los gatos también reaccionaron. Las figuras que antes atravesaban tejados y muros comenzaron a buscar lugares cubiertos. Algunos desaparecieron bajo las carretas, otros se refugiaron entre cajas protegidas por aleros y varios se concentraron cerca de los puestos cerrados. La lluvia no anulaba su agilidad, pero volvía resbaladizas las superficies, empapaba el pelaje y reducía las rutas que estaban dispuestos a utilizar.

Kishue observó durante unos segundos la dirección del agua y la posición de los refugios. Perseguir individualmente a cada animal volvería a dispersarlos, mientras que la lluvia acababa de agruparlos por voluntad propia. Rin y Rei ya habían establecido jaulas y rutas con comida para atraerlos. Su tarea no era reemplazar aquel método, sino cerrar las salidas que todavía les permitían evitarlo.

—La lluvia los está llevando bajo los aleros. Si cerramos los pasos entre los puestos, tendrán que salir por los callejones donde están las jaulas.

Kishue tomó algunas tablas que no pertenecían a ningún puesto abierto y las apoyó sobre las aberturas más estrechas, sin clavarlas ni causar daños. Después desplazó cajas vacías hacia los espacios bajo dos carretas, dejando libres únicamente las salidas orientadas hacia el patio donde se encontraba una de las jaulas. No pretendía construir una barrera perfecta; bastaba con que el camino correcto pareciera más sencillo que los demás.

El primer grupo se encontraba bajo el alero de una pescadería. Había dos gatos adultos y uno pequeño escondidos detrás de unas cestas, protegidos del agua por la inclinación del techo. Kishue no entró desde el frente. Rodeó el puesto, ascendió hasta el muro posterior y descendió despacio, cuidando que sus sandalias no resbalaran. Cuando ocupó la salida trasera, los animales levantaron las cabezas y dirigieron la atención hacia el callejón libre.

Kishue avanzó un paso. Los gatos retrocedieron. Él se detuvo antes de que se sintieran obligados a correr y esperó hasta que uno de ellos comenzó a moverse hacia la comida. La captura requería una paciencia que no había utilizado con el gato gris. Cada vez que intentaba apresurarse recordaba los arañazos sobre su rostro y recuperaba inmediatamente la disciplina. No deseaba repetir aquella batalla otras diez veces.

El gato pequeño fue el primero en seguir el olor. Los otros dos lo acompañaron después de comprobar que Kishue no se acercaba. Cuando abandonaron el refugio, él avanzó lo suficiente para impedirles regresar, pero no tanto como para hacerlos dispersarse. Los animales recorrieron el sendero protegido entre las cajas y terminaron cerca de la jaula. Desde allí, el método preparado por las hermanas podía completar el trabajo.

Uno de los adultos advirtió la puerta y trató de desviarse. Kishue descendió del muro, cruzó el callejón antes que él y bloqueó la ruta con el cuerpo. El gato cambió hacia el otro lado, donde la posición de las cajas lo devolvió hacia el alimento. No hubo necesidad de sujetarlo. Entró detrás de los demás y Kishue cerró la puerta cuando los tres quedaron suficientemente lejos de la abertura.

—Eso fue mucho mejor.

El gato gris maulló desde la primera jaula.

—No estaba hablando contigo.

La lluvia continuó facilitando el reconocimiento de los escondites. Las gotas golpeaban cada superficie expuesta, pero bajo los toldos el sonido cambiaba y permitía escuchar pequeños movimientos: uñas sobre madera, cestas desplazándose y maullidos breves. Kishue utilizó su oído desarrollado para distinguirlos entre el agua. No podía señalar la ubicación exacta de cada animal mediante un único ruido, aunque sí descartar refugios vacíos y concentrarse en aquellos donde algo se movía.

Encontró otro gato dentro de un barril colocado de lado. En lugar de introducir el brazo, lo que habría resultado en una nueva colección de arañazos, cubrió la abertura con una cesta y levantó lentamente el extremo posterior. El animal avanzó hacia la única salida disponible y quedó dentro de la cesta. Kishue deslizó una tabla debajo, giró el recipiente y lo transportó hasta una jaula antes de liberar al ocupante.

La siguiente captura exigió más movimiento. Dos gatos habían subido a un balcón y se negaban a descender mientras la lluvia continuara. Kishue trepó por el edificio contiguo, no para alcanzarlos, sino para impedir que saltaran hacia los tejados. Su presencia los obligó a buscar una ruta inferior. Descendieron por un toldo, avanzaron sobre un poste y llegaron hasta una escalera exterior donde podían bajar sin tocar el agua acumulada en la calle.

Kishue se movió paralelamente desde el tejado, vigilando que no retrocedieran. Al nivel del suelo, las rutas dispuestas por Rin y Rei limitaban las opciones restantes. Uno de los gatos entró en la jaula atraído por la comida; el otro trató de esconderse debajo de una banca, pero Kishue se arrodilló frente a la salida opuesta y extendió una manta desde atrás hasta hacerlo avanzar sin tocarlo.

A medida que las jaulas se llenaban, el vecindario recuperaba el orden. Ya no aparecían sombras cruzando entre bolsas ni recipientes cayendo detrás de los puestos. El agua arrastraba restos pequeños hacia los canales laterales y borraba algunas huellas, pero también revelaba cuáles eran recientes. Kishue aprendió a distinguir las marcas que todavía conservaban bordes definidos de aquellas que comenzaban a deshacerse bajo la lluvia.

Siguió una de esas rutas hasta una vivienda con el porche elevado. Allí se refugiaban varios gatos, apretados en el espacio seco entre el suelo de madera y la tierra. Sacarlos uno por uno sería imposible. Kishue examinó las aberturas y descubrió que solamente dos permitían una salida cómoda. Cubrió una con una tabla y dejó la otra conectada a un pasillo formado por cajas y mantas.

Colocaron comida cerca del final, pero los animales no se movieron. Kishue permaneció agachado bajo la lluvia, observando los ojos que brillaban dentro del porche. Comprendió que mientras continuaran sintiéndose protegidos no tendrían motivos para abandonar el refugio. No debía asustarlos con golpes ni meter las manos. Bastaba con hacer que el lugar dejara de parecer seguro sin convertirlo en una amenaza.

Tomó una rama delgada y comenzó a deslizarla por la tierra desde el extremo opuesto, rozando suavemente la madera. El sonido avanzó detrás de los gatos, obligándolos a alejarse. Kishue repitió el movimiento sin alcanzarlos. Uno salió por la abertura libre, después otro y finalmente los restantes. Las cajas impidieron que se dispersaran y el pasillo los condujo hacia el patio.

Kishue avanzó detrás manteniendo una distancia prudente. Cuando alguno trataba de girar, ocupaba el espacio suficiente para devolverlo al camino. La velocidad no consistía únicamente en correr más rápido que ellos, sino en llegar primero al lugar por el que intentarían escapar. Su experiencia con el gato gris, aunque humillante en varios momentos, le había enseñado precisamente eso.

Los últimos animales fueron los más cautelosos. Habían visto cerrarse algunas jaulas y ya no se acercaban a la comida con facilidad. Kishue dejó de insistir con el mismo cebo y aprovechó la lluvia para mover una jaula vacía hasta el refugio escogido por ellos. La cubrió parcialmente con una tela, haciendo que pareciera otro espacio seco, y colocó solamente una pequeña cantidad de pescado en el interior.

Después se retiró junto a las hermanas.

Esperaron sin hablar. El agua caía sobre los tejados, recorría los bordes de las telas y golpeaba las calles con un sonido capaz de ocultar sus respiraciones. El primer gato se acercó a la estructura cubierta, olfateó la entrada y se introdujo buscando protección. Un segundo lo siguió. El tercero permaneció fuera durante más tiempo, observando el lugar donde se ocultaban los shinobi.

Mekka se movió dentro de la esfera y produjo un leve golpe contra el cristal. El último gato levantó las orejas. Kishue cubrió inmediatamente la esfera con una mano, como si aquello pudiera borrar el ruido que ya se había producido, y mantuvo la otra cerca de la cuerda de la puerta. El animal dudó, miró la lluvia detrás de él y terminó entrando bajo la tela.

Kishue tiró de la cuerda.

La puerta se cerró y los gatos corrieron hacia el fondo de la jaula, pero ninguno resultó herido. Kishue aseguró el pestillo, comprobó los barrotes y volvió a cubrir parte de la estructura para impedir que la presencia de los otros animales aumentara su inquietud. Después recorrió con la mirada los tejados, los aleros, las carretas y los espacios bajo las viviendas.

—Creo que están todos, pero revisaré otra vez. El primero ya demostró que saben esconderse mejor de lo que aparentan.

La inspección final los llevó por cada callejón del vecindario. Kishue escuchó debajo de los porches, revisó los barriles y siguió las pocas huellas que la lluvia todavía no había borrado. Algunas terminaban en las jaulas; otras pertenecían a trayectos anteriores y desaparecían bajo las nuevas corrientes de agua. No encontró maullidos, movimientos ni ojos observándolos desde algún refugio olvidado.

Regresó al patio empapado, con el cabello rojizo pegado al rostro y los arañazos empezando a arder ahora que ya no estaban cubiertos por escamas. Las jaulas contenían a los animales reunidos por los tres, protegidas parcialmente de la lluvia y listas para ser trasladadas. El gato gris permanecía cerca de los barrotes, mirándolo con la misma expresión insolente del principio.

Kishue se agachó frente a él.

—Puedes mirarme así todo lo que quieras. Yo estoy fuera y tú estás dentro.

El gato introdujo una pata entre los barrotes y estuvo a pocos centímetros de alcanzarle la nariz. Kishue retrocedió de inmediato, se puso de pie y decidió que no era necesario continuar aquella conversación. Mekka nadó en un círculo dentro de la esfera, algo que esta vez se parecía demasiado a una burla para ser interpretado de otra manera.

—Ganamos. La forma en que ganamos no cambia el resultado.

Con la ayuda de Rin y Rei, todos los gatos del vecindario habían sido capturados. La lluvia había convertido los tejados en superficies resbaladizas y los callejones en pequeños cauces, pero también había concentrado a los animales y reducido sus rutas.
—Life Ends Whenever You Decide—
[Imagen: chBNIhB.jpeg]
Virtudes y Defectos
VIRTUDES
V006: Presencia Carismática
V017: Líder Nato
V032: Rostro Común
V033: Investigador
V035: Capacidad Sensorial Aumentada II (Olfato y Oído)
V090: Disciplina Ascética

DEFECTOS
V048: Adicción (Hablar con su pez)
V054: Último Acto
V057: Fobia III (Arañas)
V065: Lealtad
V069: Sinceridad
V077: Prosopagnosia
V083: Traicionable
V085: Venganza (Hoshigaki)
V088: Psicopatía
Rin to Rei
Rango Chuunin
Clan Akizu
Nivel 11
Estadísticas
Generales
Fuerza25(2)
Destreza100(5)
Ctrl. de Chakra15(1)
Inteligencia25(2)
Especiales
Salud11
Velocidad16
Tenketsu11
Sigilo11
460
525
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14-08-2026, 02:57 PM
Última modificación: 14-08-2026, 03:01 PM por Rin to Rei.
La lluvia todavía no había comenzado cuando Kishue desapareció entre los callejones, aunque el cielo llevaba un rato adquiriendo ese tono gris uniforme que en Kirigakure rara vez significaba otra cosa. Rin había seguido durante unos segundos el camino tomado por su compañero antes de volver la atención hacia los gatos que permanecían en el vecindario. Perseguirlo habría significado repetir su error: abandonar el objetivo principal para seguir a alguien que, a su vez, se había apartado persiguiendo a un animal por una cuestión que parecía cada vez menos relacionada con la misión.

Rei también había observado el callejón, pero su expresión contenía más curiosidad que preocupación. Kishue poseía una manera extraña de convertir una tarea sencilla en un desafío personal. No parecía hacerlo porque necesitara reconocimiento oficial ni porque pretendiera impresionar a los adultos que les habían entregado la misión. Su motivación era más inmediata, casi infantil: el gato lo había arañado, había escapado y, en algún punto de aquella persecución, capturarlo se había convertido en una cuestión de dignidad. Resultaba absurdo, aunque no completamente inútil.

Las hermanas continuaron preparando las jaulas y estudiando las rutas utilizadas por los demás animales. Rin desplazaba cajas y bloqueaba las aberturas por las que un gato podía escabullirse; Rei distribuía restos de pescado en posiciones calculadas, evitando entregar suficiente comida como para que pudieran tomarla y retirarse satisfechos. Trabajaban sin necesidad de intercambiar demasiadas indicaciones, pero ambas permanecían atentas a cualquier ruido procedente del camino por el que Kishue se había marchado.

El sonido llegó antes que su figura: pasos apresurados, un maullido colérico y algo parecido a una discusión sostenida por una sola persona. Rei fue la primera en girarse. Rin terminó de apoyar una tabla sobre la abertura que estaba cubriendo antes de levantar la mirada. Lo que apareció al final del callejón no se parecía exactamente al muchacho que había desaparecido unos minutos atrás, aunque la forma de avanzar y la esfera de cristal asegurada entre sus ropas no dejaban demasiadas dudas sobre su identidad.

Kishue regresó con la piel cubierta por escamas azul grisáceas, branquias abiertas a ambos lados del cuello, una aleta dorsal sobresaliendo entre la tela y suficientes dientes afilados como para justificar que el gato intentara mantenerse lejos de su rostro. No poseía cola de tiburón; sus piernas conservaban una estructura humana y eran las responsables de llevarlo de regreso, lo único normal que quedaba de él y de no creer que era un tiburón que se escapó del mar. Los arañazos sobre las partes menos protegidas de su cuerpo demostraban que la transformación tampoco había convertido la captura en un proceso sencillo.

El gato gris se retorcía entre sus manos. Kishue lo sostenía por la cola, pero mantenía la otra mano bajo su cuerpo para evitar que todo el peso recayera sobre aquella extremidad. Era una consideración pequeña, casi escondida bajo la teatralidad con la que presentaba su captura, aunque Rei reparó en ella de inmediato. Podía hablar de venganza y tratar al animal como si hubiera derrotado a un enemigo, pero incluso en mitad de aquella demostración evitaba hacerle daño.

Rin observó primero al gato, después los arañazos y finalmente el estado de las ropas de Kishue. Su expresión no cambió, pero una de sus cejas se elevó apenas cuando él aseguró que había encontrado al fugitivo. Aquel mínimo movimiento contenía una valoración completa: había cumplido su propósito, aunque mediante el trayecto más largo, ruidoso y doloroso que probablemente se encontraba disponible.
<Comenzaba a pensar que el gato te había capturado a ti> comentó Rei, y la suavidad de su voz impidió determinar si se trataba de una preocupación sincera o de una burla cuidadosamente envuelta
<Por el aspecto de ambos, todavía no descartaría esa posibilidad> añadió Rin mientras abría la puerta de una de las jaulas

Kishue se aproximó para introducir al animal, pero el gato todavía encontró fuerzas para intentar alcanzarlo entre un movimiento y el siguiente. Rin sostuvo la puerta con firmeza y esperó hasta que el muchacho retiró las manos antes de cerrarla. Rei cubrió una parte de la jaula con una tela para reducir los estímulos externos. La oscuridad consiguió tranquilizar al prisionero con mayor eficacia que cualquier explicación que pudieran haberle ofrecido.

El muchacho presentó al gato como posible líder de los demás. Rei miró al animal a través de los barrotes y luego los arañazos repartidos sobre Kishue. No existía evidencia suficiente para atribuirle una posición jerárquica dentro de aquella pequeña comunidad felina, pero comprendía cómo había nacido la sospecha. Un enemigo capaz de causar tantos problemas adquiría importancia con facilidad en la memoria de quien había tenido que perseguirlo.
<Si realmente es el líder, deberíamos notar una caída inmediata en la organización del resto> respondió Rei, agachándose frente a la jaula <Si no ocurre, tendremos que aceptar que solamente es un gato especialmente difícil>

Rin no participó en aquella investigación improvisada. Comprobó el cierre dos veces y tiró suavemente de la puerta para asegurarse de que ninguna pata pudiera levantar el seguro desde dentro. Solo después dirigió otra mirada hacia Kishue, cuya transformación comenzaba a desaparecer. Las escamas retrocedieron, las branquias se cerraron y la aleta dejó de sobresalir entre sus ropas rasgadas. En pocos instantes volvió a parecer el muchacho de aspecto menor que ambas conocían de la academia.

La transformación había despertado en Rin un interés que no expresó. No le impresionaban los cambios físicos por sí mismos; Kirigakure estaba llena de clanes capaces de alterar el cuerpo de maneras más inquietantes. Lo que evaluaba era su utilidad. Kishue había soportado las garras sin soltar al objetivo y había empleado una resistencia superior para completar la captura. Sin embargo, también había permitido que un animal pequeño lo condujera lejos de su equipo. Poseía recursos, pero todavía actuaba antes de decidir dónde debía aplicarlos.

Rei llegó a una conclusión distinta. Para ella, el regreso importaba más que la separación. Kishue podía haberse perdido, fingir que no había encontrado al gato y regresar únicamente cuando consiguiera orientarse. Su sinceridad le impedía construir algunas excusas, aunque todavía habría podido omitir la humillación. En cambio, volvió cubierto de arañazos, exhibiendo al responsable y dispuesto a incorporarse nuevamente al trabajo. No parecía avergonzarse de que sus errores fueran visibles, una cualidad rara en quienes deseaban convertirse en shinobi.

Las primeras gotas comenzaron a caer mientras Kishue examinaba la disposición de las jaulas. Rin levantó la mirada hacia los tejados y calculó cuánto tardarían las superficies en volverse resbaladizas. Rei observó a los gatos. Los animales abandonaron las posiciones abiertas casi al mismo tiempo, buscando refugio bajo carretas, aleros y porches. La lluvia modificaba el terreno para todos, pero ellos fueron los primeros en reconocer las nuevas reglas.

Kishue propuso cerrar las rutas entre los puestos para dirigirlos hacia las jaulas. Rin no respondió inmediatamente. Observó las aberturas, las cajas disponibles y las zonas donde Rei ya había colocado comida. El plan coincidía con lo que ellas habían comenzado a construir: no correr detrás de cada objetivo, sino convertir el vecindario en un embudo. La diferencia era que ahora contaban con alguien capaz de desplazarse rápidamente entre los extremos cuando un gato descubriera una salida imprevista.

<Hazlo> aceptó Rin mientras señalaba dos pasos todavía abiertos <Pero no vuelvas a seguir a ninguno fuera de la zona. Si escapa del cerco, lo reconstruimos delante de él>
<Los gatos no conocen nuestra misión> agregó Rei <Solo buscan el camino que parezca más seguro. Debemos asegurarnos de que ese camino termine dentro de una jaula>

Kishue comenzó a mover tablas y cajas. Rin lo acompañó en el extremo contrario, utilizando elementos que pudieran retirarse después sin causar daños a los comerciantes. Rei se mantuvo cerca del centro para comprobar cómo se conectaban las rutas. Cuando una barrera cerraba demasiado el paso, la corregía; un animal acorralado podía elegir cualquier dirección, mientras uno que creyera conservar una salida continuaría avanzando hacia ella.

Las hermanas observaron cómo Kishue aplicaba la estrategia al primer grupo refugiado bajo el alero de una pescadería. Ya no se abalanzó sobre ellos como había hecho con el gato gris. Rodeó el puesto, ocupó la salida trasera y redujo el espacio de forma gradual. Rin permaneció preparada junto al callejón por si alguno intentaba saltar sobre las cajas. Rei sostenía la cuerda de la jaula, esperando a que los tres animales cruzaran completamente la entrada.

Aquella adaptación modificó la valoración de Rin. Kishue podía ser impulsivo, pero no parecía necesitar que alguien le explicara dos veces la misma lección. Había regresado de su persecución con una comprensión práctica de la velocidad felina y ahora la utilizaba para anticipar rutas en lugar de intentar ganar una carrera directa. Para Rin, la capacidad de corregirse durante una misión valía más que comenzar sin cometer errores. Quienes nunca se equivocaban solían ser, sencillamente, quienes todavía no habían enfrentado algo capaz de revelar sus fallas.

Cuando uno de los gatos intentó desviarse, Kishue llegó primero hasta la salida. No lo tocó ni realizó un movimiento brusco; su presencia bastó para devolverlo hacia la comida. Los tres entraron y Rei dejó caer la puerta. Rin aseguró el pestillo mientras el muchacho parecía celebrar que aquella captura hubiese resultado más limpia que la primera. Desde la jaula contigua llegó el maullido del gato gris y Kishue respondió como si ambos continuaran una conversación pendiente.

Una sonrisa pequeña apareció en los labios de Rei. No nació únicamente de la escena, sino de la naturalidad con que Kishue hablaba tanto con aquel animal como con Mekka. Parecía incapaz de tolerar que algo vivo permaneciera cerca sin convertirlo en interlocutor. Aquella costumbre explicaba parte de su facilidad para acercarse a otras personas: donde Rin veía una distancia que debía respetarse y Rei un límite que convenía estudiar, Kishue veía una conversación que todavía no había comenzado.

Rin, en cambio, contempló brevemente la esfera de cristal y después regresó al trabajo. No entendía qué respuestas encontraba Kishue en los movimientos del pez, pero tampoco necesitaba comprenderlas mientras no interfirieran con la misión. Mekka parecía servirle como una superficie contra la cual ordenar sus pensamientos. Algunos utilizaban el silencio, otros hablaban consigo mismos; Kishue había escogido un pez espada diminuto. Extraño, pero funcional.

La siguiente captura exigió trasladar un gato oculto dentro de un barril. Kishue evitó introducir las manos y utilizó una cesta para cubrir la abertura. Rei se adelantó a colocar una tabla debajo mientras Rin sostuvo el barril para impedir que rodara sobre el pavimento mojado. Los tres levantaron el improvisado recipiente y condujeron al animal hasta una jaula sin permitirle encontrar una abertura.

La coordinación comenzó a surgir sin que nadie la declarara. Rin atendía las rutas físicas: muros, saltos, espacios que podían cerrarse y lugares donde debía mantenerse una presencia firme. Rei atendía las decisiones, disponiendo comida y refugios para que los gatos eligieran aquello que el grupo necesitaba. Kishue se movía entre ambos niveles, corrigiendo con velocidad los cambios inesperados y alcanzando los puntos que las hermanas no podían cubrir simultáneamente.

Rin no confiaba todavía en él del mismo modo que confiaba en Rei. Aquella clase de seguridad no se construía durante una mañana ni se concedía porque alguien mostrara buenas intenciones. Sin embargo, comenzó a incluirlo dentro de sus cálculos. Al cerrar una salida, asumía que Kishue cubriría la siguiente; al desplazar una caja, dejaba espacio para que pudiera cruzar sin perder velocidad. Era una confianza limitada y provisional, pero en Rin cualquier lugar concedido dentro de su estrategia significaba más de lo que habría expresado con palabras.

Rei lo incorporó de una manera distinta. Antes de colocar un nuevo rastro de comida, comprobaba dónde estaba Kishue y esperaba hasta que pudiera ver la ruta. No necesitaban conversar sobre cada movimiento. Él observaba el diseño y ocupaba el extremo abierto. Rei encontraba interesante que alguien tan hablador supiera trabajar en silencio cuando la situación lo exigía. Su sociabilidad no nacía de una incapacidad para contenerse, sino de una elección constante por llenar el espacio cuando consideraba que hacerlo podía acercarlo a otros.

La lluvia aumentó hasta golpear los toldos con un murmullo continuo. Dos gatos habían quedado sobre un balcón, reacios a descender hacia la calle inundada. Kishue ascendió por el edificio contiguo para bloquearles el paso hacia los tejados. Rin se situó junto a la escalera exterior y Rei preparó la ruta inferior. Cuando los animales comenzaron a bajar, las hermanas no trataron de alcanzarlos. Se limitaron a reducir las alternativas hasta que el alimento y el refugio cubierto de la jaula se convirtieron en la elección más razonable.

Uno entró sin dificultad. El otro se ocultó debajo de una banca. Rin avanzó hacia un extremo, pero Rei apoyó dos dedos sobre su antebrazo antes de que pudiera levantarla. Un movimiento brusco enviaría al gato hacia cualquier abertura. Kishue rodeó la estructura y extendió una manta desde atrás. Rin comprendió el propósito, tomó la esquina contraria y entre ambos formaron una pared flexible que obligó al animal a avanzar.
<Está aprendiendo> murmuró Rei mientras observaba al gato dirigirse hacia la jaula
<Después de permitir que el primero lo utilizara como poste de entrenamiento> respondió Rin sin apartar la atención del animal
<Algunas lecciones necesitan dejar marcas>

Rin miró por un instante los arañazos del muchacho. Podía estar de acuerdo con aquella afirmación más de lo que deseaba admitir.

Los animales refugiados bajo una vivienda exigieron todavía más paciencia. Kishue descubrió las salidas y cerró una de ellas, mientras Rei construía un pasillo con cajas. Rin aseguró cada pieza para que ningún gato pudiera derribarla con un salto. Cuando el muchacho utilizó una rama para producir ruido detrás del grupo, las hermanas ocuparon los puntos necesarios sin acercarse demasiado.

Los gatos salieron uno tras otro. Kishue los siguió desde una distancia prudente; Rin cerró el camino recorrido para impedir que retrocedieran y Rei aguardó junto a la jaula. La maniobra funcionó porque ninguno intentó convertirse en el protagonista. Cada cual sostuvo una parte del cerco y permitió que los animales avanzaran creyendo que todavía decidían su destino.

Rei observó a Kishue durante aquel recorrido. Su necesidad de demostrar su valía seguía siendo evidente, pero ya no se expresaba mediante una persecución individual. Trabajaba para que el resultado perteneciera al grupo, aun cuando probablemente celebraría cada captura como una victoria personal. No lo consideraba contradictorio. Algunas personas necesitaban sentir que habían vencido para mantener el entusiasmo; lo importante era hacia dónde dirigían esa necesidad.

Rin veía otro aspecto. Kishue se exponía con demasiada facilidad. Había recibido los arañazos porque eligió convertirse en el primer punto de contacto, del mismo modo que seguramente se colocaría delante de un peligro mayor si pensaba que así protegía a los demás. Rin comprendía aquel impulso porque compartía una versión más controlada de él. La diferencia era que ella procuraba conocer primero cuánto podía resistir. Kishue parecía dispuesto a descubrirlo durante el impacto.

Los últimos gatos desconfiaban de las jaulas abiertas. Rei sugirió cubrir una de ellas con una tela para convertirla en un refugio contra la lluvia. Rin la trasladó hasta el punto indicado y Kishue colocó la comida. Después los tres se retiraron, ocultándose fuera de la línea directa de visión. La espera volvió a instalarse entre ellos, interrumpida únicamente por el agua y los movimientos de Mekka dentro de su esfera.

Dos gatos entraron. El tercero permaneció fuera, atento a cualquier irregularidad. Un pequeño golpe contra el cristal hizo que sus orejas se alzaran y Kishue cubrió la esfera con una mano. Rei desvió la mirada hacia él. Había algo casi cómico en ver a un muchacho capaz de transformarse en una criatura cubierta de dientes intentando ocultar con absoluta seriedad a un pez diminuto para no asustar a un gato.

El último animal terminó entrando y Kishue accionó la cuerda. La puerta cayó. Rin salió primero de su posición, comprobó el seguro y revisó la distancia entre los barrotes. Rei retiró parte de la tela para observar a los ocupantes sin exponerlos por completo. Ninguno parecía herido; estaban mojados, inquietos y seguramente ofendidos, pero en condiciones de ser trasladados.

Kishue anunció que revisaría nuevamente el vecindario. Las hermanas no se opusieron. Rin recorrió los espacios elevados mientras él comprobaba los refugios inferiores. Rei volvió sobre las huellas que todavía sobrevivían bajo la lluvia, distinguiendo cuáles terminaban cerca de las jaulas y cuáles desaparecían por haber sido marcadas antes. La inspección fue lenta, pero ninguna captura podía considerarse completa mientras existiera una duda razonable.

Cuando volvieron a reunirse, el vecindario había quedado en silencio. No se escuchaban recipientes volcándose, carreras sobre los tejados ni maullidos provenientes de rincones ocultos. Las jaulas concentraban ahora todo aquel movimiento, aunque las telas colocadas sobre ellas mantenían a la mayoría de los animales relativamente tranquilos. El problema inmediato estaba resuelto.

Rin contempló las estructuras y calculó el peso. Podían cargarlas, pero caminar con los barrotes inclinados haría que los gatos se amontonaran en un extremo. Ajustó las correas, revisó los cierres y distribuyó el contenido para equilibrar cada carga. Rei colocó recipientes poco profundos con agua y retiró cualquier trozo de comida que pudiera provocar una disputa durante el trayecto.
<Yo llevaré la más grande> decidió Rin, comprobando la resistencia de las asas
<Kishue ya ha demostrado suficiente valía por una tarde> señaló Rei con una mirada breve hacia los arañazos <Podemos repartir el peso sin convertir el regreso en otra competencia>

Rin no respondió, pero escogió una segunda jaula para que pudiera ser sostenida desde ambos extremos. No pretendía excluir a Kishue del traslado; solamente evitar que su entusiasmo lo llevara a cargar más de lo necesario. Los animales debían llegar al refugio sin sacudidas, y el equipo todavía necesitaba conservar fuerzas para regresar al ayuntamiento.

El recorrido comenzó bajo una lluvia más estable. Rin avanzó con la jaula mayor sujeta cerca del cuerpo, manteniéndola nivelada incluso al subir los escalones del distrito comercial. Rei llevaba otra estructura y vigilaba las telas para impedir que el viento las levantara. Kishue permanecía con ellas, integrado en la marcha de una manera que ya no requería invitación ni explicaciones.

Los gatos reaccionaban a cada cambio del entorno. Algunos maullaban cuando las jaulas se inclinaban ligeramente; otros permanecían encogidos bajo las telas. Cada vez que uno comenzaba a agitarse, Rei reducía el paso y hablaba en un tono tranquilo, no porque esperara que comprendiera las palabras, sino porque una voz estable podía ofrecer un ritmo distinto al de la lluvia y los pasos.

La ruta hacia el refugio atravesaba calles menos concurridas. Los comerciantes observaban las jaulas desde sus puestos y algunos reconocían entre los barrotes a los responsables de las bolsas rotas y los desperdicios esparcidos. Rin ignoró los comentarios. La misión no consistía en exhibir a los animales como culpables, sino en retirarlos de un lugar donde su presencia había terminado perjudicando tanto a los vecinos como a ellos mismos.

Rei reparó en que Kishue todavía dirigía miradas ocasionales hacia la jaula del gato gris. No sabía si vigilaba el cierre o si continuaba sosteniendo aquella disputa imaginaria. Probablemente fueran ambas cosas. La relación que construía con el mundo parecía pasar por otorgarle intención a todo cuanto lo rodeaba: Mekka opinaba, los drenajes respiraban y un gato podía organizar deliberadamente una fuga. Era una forma curiosa de pensar, pero también una fuente constante de atención.

El refugio ocupaba una construcción baja cerca del límite del distrito residencial, rodeada por un patio cercado y varios espacios cubiertos. El olor de los animales llegó antes que la entrada: comida, paja húmeda, medicamentos y ese rastro particular que dejaban demasiadas criaturas viviendo cerca unas de otras. Un hombre con delantal oscuro salió al escuchar el movimiento de las jaulas y descendió los escalones para recibirlos.
—¿Son los gatos del vecindario comercial?
Rei dejó su carga con cuidado antes de responder. Rin mantuvo la jaula grande levantada hasta que el encargado señaló una plataforma seca bajo el alero.
<Todos los que encontramos> explicó Rei <Revisamos los tejados, los porches, las carretas y los espacios debajo de las viviendas antes de marcharnos. No observamos más rastros recientes después de la última captura>
El encargado retiró una de las telas y examinó a los animales sin abrir la puerta. Contó las jaulas, revisó los pestillos y se detuvo frente al gato gris, que respondió a su cercanía con un bufido.
—Parece que este les dio trabajo.
Rin miró los arañazos de Kishue y después al gato.
<Más del necesario>
—¿Alguno está herido?
<No advertimos lesiones durante la captura> respondió Rei <Algunos estuvieron expuestos a la lluvia y todos han vivido entre desperdicios, así que convendría revisarlos antes de reunirlos con otros animales. El único herido visible pertenece al equipo>

La última observación fue acompañada por una mirada discreta hacia Kishue. No existía burla en el informe, aunque una luminosidad contenida en los ojos de Rei demostraba que tampoco ignoraba la ironía. El encargado volvió a observar al muchacho, las marcas sobre su piel y finalmente al gato gris.
—Entiendo. Nosotros nos ocuparemos desde aquí.

Dos trabajadores aparecieron desde el interior del refugio y comenzaron a trasladar las jaulas hacia una sala cubierta. Rin entregó la más pesada únicamente cuando comprobó que el hombre la sujetaba por ambos extremos. Rei explicó qué animales habían sido capturados juntos y cuáles parecían mostrarse más agresivos, información que permitiría separarlos durante la revisión inicial.

El gato gris fue el último en cruzar la puerta. Rin siguió la jaula con la mirada hasta que desapareció en el interior. Kishue había conseguido su venganza: el animal estaba a salvo, apartado de los callejones y bajo el cuidado de personas capaces de alimentarlo sin permitirle destrozar la basura. Era una conclusión bastante benigna para algo que había comenzado como una ofensa personal.
Rei inclinó la cabeza ante el encargado.
<Quedan bajo su responsabilidad. Informaremos al ayuntamiento que la entrega fue completada>
—Así es. Si alguno pertenece a una familia de la zona, intentaremos localizarla. Los demás permanecerán aquí hasta que podamos encontrarles un hogar.

Aquello cerraba la parte práctica de la misión. Las hermanas abandonaron el refugio bajo una lluvia que comenzaba a perder fuerza. Sin las jaulas, el camino de regreso parecía más ligero, aunque el cansancio acumulado se hacía más visible. Rin caminaba con la misma postura firme del inicio; solamente la tensión de sus manos revelaba el esfuerzo realizado. Rei acomodó el cabello mojado detrás de una oreja y observó a Kishue durante algunos pasos.

Su primera impresión en la Academia había sido la de un muchacho demasiado dispuesto a acercarse, hablar y ocupar un espacio entre personas que apenas conocía. La misión no había contradicho esa impresión, pero la había vuelto incompleta. Kishue también sabía trabajar, adaptarse y perseverar cuando el entusiasmo inicial dejaba de ser suficiente. Su necesidad de conexión podía resultar agotadora para Rin, pero Rei comenzaba a pensar que no era una debilidad tan simple como parecía.

Rin llegó a una conclusión menos amable, aunque igualmente favorable. Kishue necesitaba aprender a escoger mejor sus riesgos, conservar la formación y evitar que el orgullo decidiera la dirección de sus pasos. Sin embargo, no abandonaba una tarea cuando se volvía incómoda y no esperaba que otros resolvieran el problema provocado por sus decisiones. Regresó con el gato, aceptó los arañazos y continuó trabajando. Eso bastaba para considerarlo un compañero útil.
<No estuvo mal para nuestra primera misión juntos> comentó Rei mientras el edificio del ayuntamiento aparecía entre la lluvia
<Se perdió persiguiendo un gato> recordó Rin
<Y regresó con él>
<Cubierto de arañazos>
<Nadie dijo que tuviera que regresar con dignidad>

Rin lanzó una mirada hacia su hermana. Rei conservó aquella expresión serena que utilizaba cuando sabía haber encontrado una conclusión difícil de refutar. Después de unos segundos, Rin apartó la vista. No concedió la discusión mediante palabras, pero tampoco añadió otra objeción.

El ayuntamiento seguía activo cuando entraron. El agua resbalaba desde sus ropas y dejó pequeñas huellas sobre el suelo de piedra. La misma recepcionista que los había atendido al inicio de la mañana levantó la mirada desde sus documentos y reconoció al grupo. Rei se adelantó al mostrador; Rin permaneció a su lado, dejando que su hermana ocupara el lugar que mejor correspondía a sus capacidades.
—¿Han completado la captura?
<Sí. Recorrimos el vecindario y reunimos a todos los gatos que pudimos localizar> informó Rei <Revisamos nuevamente la zona después de la última captura y no encontramos animales restantes ni rastros recientes que condujeran a otros escondites. Las jaulas fueron trasladadas al refugio indicado y entregadas directamente al personal encargado>

La recepcionista tomó una hoja y comenzó a registrar la información. Rei continuó sin necesidad de consultar con los demás. Su informe era claro, ordenado y evitaba adornar las dificultades. Explicó que los animales habían utilizado aleros, tejados, carretas y espacios bajo las viviendas; que la lluvia modificó sus rutas y permitió concentrarlos en refugios; y que el grupo empleó comida, obstáculos provisionales y jaulas para capturarlos sin causarles daño.
<No se produjeron daños adicionales a los puestos ni a las viviendas durante nuestra intervención> añadió <Los obstáculos utilizados fueron retirados o devueltos a su posición. Ningún gato presentaba heridas visibles al momento de la entrega, aunque recomendamos una revisión por su exposición a desperdicios y al agua de lluvia>
La recepcionista levantó brevemente la mirada.
—¿Alguna incidencia con el equipo?
Rei guardó silencio durante un instante. Sus ojos se desplazaron hacia Kishue y después hacia Rin. La pausa fue lo bastante breve para conservar la formalidad, pero suficiente para que la respuesta adquiriera un matiz que únicamente quienes habían participado podían comprender.
<Una separación momentánea durante la persecución del primer objetivo y varios arañazos superficiales> respondió <El integrante separado regresó por sus propios medios con el animal capturado y pudo continuar la misión. No hubo lesiones que impidieran completar el trabajo>

Rin permaneció inmóvil junto al mostrador, aunque la forma en que miró a Kishue dejó claro que aquella descripción era considerablemente más diplomática que la versión que ella habría entregado. Rei no había ocultado nada; solo había retirado de los hechos toda palabra innecesaria, transformando una venganza contra un gato en una incidencia operativa perfectamente razonable.

La recepcionista terminó de escribir y colocó el informe junto a los demás documentos de la oficina. La captura y la entrega habían quedado registradas. Faltaba la confirmación administrativa final, cualquier observación que Kishue quisiera añadir y la liberación formal del equipo después de una mañana que había resultado bastante más larga de lo esperado.

Rei retrocedió un paso para devolverle espacio al grupo. Rin cruzó los brazos y dirigió una última mirada hacia su compañero. Ya no era solamente el muchacho que se había acercado a ellas durante el recreo de la Academia ni el que había aparecido en el ayuntamiento sin saber qué misión recibirían. Ahora también era quien había perseguido a un gato hasta perderse, regresado transformado y cubierto de arañazos, y aprendido después a trabajar dentro de una estrategia compartida.

No era el recorrido que Rin habría elegido.

Pero había terminado en el lugar correcto.[/color]
Kishue
Rango Chuunin
Clan Funato
Nivel 12
Estadísticas
Generales
Fuerza100(5)
Destreza25(2)
Ctrl. de Chakra30(2)
Inteligencia10(1)
Especiales
Salud17
Velocidad11
Tenketsu11
Sigilo10
550
435
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14-08-2026, 03:33 PM
Kishue recogió una de las jaulas después de comprobar el seguro dos veces. El gato gris permanecía cerca de los barrotes, observándolo como si la captura no hubiese resuelto la disputa entre ambos, sino que únicamente la hubiese pospuesto. El muchacho levantó la estructura procurando mantenerla nivelada y se incorporó junto a Rin y Rei. Los arañazos comenzaban a arder bajo la lluvia, pero ninguno era lo bastante grave como para impedirle cargar su parte.

—Puedes seguir mirándome así, pero ahora vamos exactamente adonde nosotros queremos. —le explicó al gato.

Mekka nadó dentro de la pequeña esfera asegurada entre sus ropas. Kishue interpretó su movimiento como una advertencia sobre la posibilidad de volver a acercar el rostro a los barrotes, consejo bastante razonable después de lo ocurrido. Durante el trayecto caminó junto a las hermanas y reguló el paso para evitar que los animales fueran sacudidos. No era la marcha victoriosa que había imaginado cuando inició su persecución, aunque llevar todas las jaulas hasta el refugio constituía una victoria más útil.

—Creo que trabajamos bastante bien juntos. —comentó, mirando primero a Rei y después a Rin—. Al menos desde que regresé. La parte en la que me perdí no cuenta como trabajo en equipo.

La sinceridad lo obligaba a reconocer aquel detalle antes de que alguien más lo hiciera. Aun así, Kishue no parecía avergonzado. Había cometido un error, capturado al responsable y regresado para ayudar a terminar la misión; en su opinión, aquello equilibraba suficientemente el resultado. Además, observar a Rin y Rei trabajar le había permitido comprender mejor sus diferencias: una cerraba físicamente cada salida y la otra conseguía que los gatos escogieran el camino preparado para ellos.

Al llegar al refugio, Kishue depositó su jaula sobre la plataforma seca y permaneció cerca mientras Rei explicaba la situación al encargado. No interrumpió el informe ni intentó convertir su persecución en una hazaña. Se limitó a revisar una última vez la esfera de Mekka y a observar cómo los trabajadores se llevaban a los animales. Cuando el gato gris desapareció en el interior, levantó una mano en una despedida que difícilmente sería correspondida.

—Espero que te encuentren una familia paciente.

El regreso al ayuntamiento fue más ligero sin las jaulas. Kishue caminó con las manos libres, la ropa mojada y el rostro arañado, escuchando cómo Rei comunicaba después los resultados ante la recepcionista. Su versión convertía toda la jornada en un procedimiento perfectamente organizado: localización, captura, revisión y entrega. Incluso la desaparición temporal de Kishue sonaba como una incidencia menor y razonable cuando ella la explicaba.

Cuando la recepcionista preguntó si deseaban añadir algo, Kishue se adelantó solamente lo necesario para hacerse escuchar. No tenía sentido repetir lo dicho por Rei; ella había resumido la misión mejor de lo que él habría conseguido después de varias explicaciones sobre gatos líderes, transformaciones y venganzas personales.

—El informe es correcto. Todos los gatos llegaron al refugio sin heridas y el vecindario quedó despejado. También confirmo que los arañazos son superficiales y no afectan el resultado de la misión.

Después retrocedió junto a las hermanas y permitió que la oficina completara el registro. Mekka produjo un pequeño golpe contra el cristal, quizá celebrando el final o reclamando que volvieran a casa. Kishue sonrió y apoyó una mano sobre la esfera. Habían empezado la mañana como tres compañeros reunidos por una citación; regresaban mojados, cansados y con una misión cumplida entre los tres.

—Sí, Mekka. Ya terminamos. Y para que conste, nosotros ganamos.
—Life Ends Whenever You Decide—
[Imagen: chBNIhB.jpeg]
Virtudes y Defectos
VIRTUDES
V006: Presencia Carismática
V017: Líder Nato
V032: Rostro Común
V033: Investigador
V035: Capacidad Sensorial Aumentada II (Olfato y Oído)
V090: Disciplina Ascética

DEFECTOS
V048: Adicción (Hablar con su pez)
V054: Último Acto
V057: Fobia III (Arañas)
V065: Lealtad
V069: Sinceridad
V077: Prosopagnosia
V083: Traicionable
V085: Venganza (Hoshigaki)
V088: Psicopatía
Masashi Kishimoto
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14-08-2026, 07:57 PM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: Don't Be A Scaredy Cat [Kishue] (TID 14501)
Tipo: Misión Normal · Rango: D
  • Kishue — Participante (100%): 500 Ryos, 5 Tobis, 70 Exp
  • Rin to Rei — Narrador No Oficial (100%): 500 Ryos, 0 Tobis, 50 Exp, Pergamino PERG001

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
Moderador Himawari
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14-08-2026, 08:00 PM
Cita:¡Recompensas de Misión Entregadas!


Tema: Don't Be A Scaredy Cat [Kishue] (TID 14501)
Tipo: Misión Normal · Rango: D
  • Kishue — Participante (100%): 500 Ryos, 5 Tobis, 70 Exp
  • Rin to Rei — Narrador No Oficial (100%): 500 Ryos, 0 Tobis, 50 Exp, Pergamino PERG001


¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.


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