Konohagakure - Zona Comercial
Misión protagonizada por Carina Aburame
Narrada por Naoto Heizu
Otro día en la oficina.
La encargada impartía órdenes a cada minuto. La cantidad de dinero que movían los servicios shinobi era exagerada. Todos eventualmente necesitarían contratar a soldados capacitados para resolver todo tipo de problemas. Las mesas estaban llenas de formularios, solicitudes y pequeños informes comerciales. Varias mesas se estiraban en un gran salón donde cada persona tomaba un problema en crudo, un dato, y lo procesaba culminando en un informe que, valga la redundancia, se transformaba en información. Y la información es dinero.
La oficinista con la tarea de entregar la misión a Carina era una joven. Novata. Encargada de misiones de rango E y D.
—Ejem… ¿Carina Aburame, cierto? —se aclaró la garganta y bajó la mirada para releer de nuevo lo que había escrito—. El informe indica que debes ir al distrito comercial. La zona sur, específicamente, porque los vecinos se están quejando de una infestación de pulgas. Es un trabajo sencillo. Descubrir el origen y eliminarlo.
La chica se acomodó los lentes y miró a un costado, hacia el mapa de Konoha, buscando en su cabeza alguna pieza que faltara explicar.
—Mmm… ¡Ah, sí! El comerciante que llegó con este problema es Tenma, de la Casa de Tejidos Yamase. Deberías empezar por allí.
Finalmente sintió que no debía agregar nada más y le entregó el pergamino de la misión a Carina para que pudiera examinarlo por ella misma.
—Buena suerte —dijo, sonriente.
Distrito comercial de Konohagakure no Sato
Zona sur
La zona comercial en general era amplia y poblada. Una mayor actividad se notaba en pleno verano, donde la gente se paseaba por el lugar buscando no solo las compras diarias, sino también visitando tiendas. Los mercados comunes y casas comerciales se entremezclaban con los festivales y eventos que diariamente se hacían en la ciudad a fin de contentar a la plebe. Puestos de los más variados se presentaban ante Carina: frutas, pescaderías, carnicerías, restaurantes, tiendas de ropa, vendedores ambulantes y almacenes. Las calles apenas podían mantener todo ese tráfico sin colapsar y, a los laterales, los estrechos callejones sucios eran utilizados como basural y zona de carga de mercancía. Junto a los caminos, pequeñas canaletas y drenajes despojaban el agua.
Pero a medida que uno ingresaba en la zona sur podía percatarse con rapidez de que los clientes disminuían y los comercios presentaban carteles improvisados que indicaban el cierre de la tienda hasta nuevo aviso. Durante el paseo que Carina daba, notó a los comerciantes sacudiendo sus alfombras, trabajadores hirviendo telas y arrojando agua sobre los suelos; otros movían sus pertenencias hacia el exterior.
La gente estaba inquieta.
Un hombre se sacudió el pantalón desesperadamente junto a la Aburame, a la par que una vecina acusaba a la dueña de una tienda de mascotas por haber desperdigado pulgas con sus animales. No faltaba quien podía ver una mina de oro sobre un problema cotidiano: vendedores ofreciendo repelentes milagrosos intentaban engañar a los clientes menos avispados y desesperados. Algunos lo conseguían.
Un perro mestizo, mediano, de pelaje marrón claro bastante desprolijo y orejas caídas estaba acostado cerca de un puesto de comida. Se rascaba una y otra vez. Algunos comerciantes lo espantaban cuando se acercaba demasiado, mientras otros parecían haberse acostumbrado a su presencia y hasta le dejaban restos de comida. El animal no parecía pertenecer a nadie en particular, aunque evidentemente conocía demasiado bien aquellas calles como para ser un recién llegado.
Casa de Tejidos Yamase
Su fachada tenía un cartel de madera que indicaba el nombre. El escaparate parecía haber tenido en el pasado grandes telas expuestas al público, pero ahora estaba todo vacío. Sus cortinas estaban levantadas y afuera estaban las alfombras colgadas para que la brisa veraniega las ventilara. Dos trabajadores se encargaban de golpearlas utilizando largas varas de madera, mientras junto a ellos descansaban cubetas con agua y algunos productos que habían sido comprados recientemente para intentar controlar la plaga.
Un cartel improvisado dejaba en claro la situación.
CERRADO TEMPORALMENTE.
Uno de los empleados observó a Carina antes de asomarse hacia el interior y llamar a su dueño. Tenma Yamase no tardó demasiado en aparecer. Era un hombre robusto que rondaba los cincuenta años, vestido con prendas sencillas de trabajo y un delantal que seguramente utilizaba para manipular los tejidos. Varias pequeñas marcas rojizas resaltaban sobre sus antebrazos, acompañadas por otras tantas que se había provocado él mismo de tanto rascarse.
—¿Usted es la ninja que enviaron? —preguntó primero, aunque la respuesta pareció importarle poco cuando escuchó el apellido de Carina—. ¿Aburame? Mejor. Por fin alguien que debe saber qué hacer con estos bichos.
Tenma se hizo a un lado para dejarla pasar. Su alivio no impidió que inmediatamente comenzara a descargar todo lo que llevaba acumulando durante los últimos días.
—Empezó hace cuatro días. Primero uno de mis empleados se quejó de unas picaduras, después encontramos pulgas entre las alfombras y al día siguiente ya estaban en los rollos. Limpiamos todo. Compré productos, lavamos, fumigamos... funcionan por unas horas y después aparecen otra vez. Tuve que cerrar porque nadie quiere comprar una tela y llevarse una familia de pulgas de regalo.
El interior mantenía el orden que podía esperarse de una casa dedicada a los tejidos, aunque la limpieza reciente había alterado bastante su aspecto habitual. Había estantes casi vacíos, rollos de diferentes colores apartados unos de otros y varias telas cubiertas mientras esperaban ser revisadas. Algunas pulgas podían encontrarse todavía desplazándose entre las grietas del suelo o escondiéndose entre los pliegues. También había ejemplares muertos cerca de los lugares donde habían utilizado los productos, una pequeña prueba de que los métodos empleados no eran completamente inútiles.
Entonces Tenma señaló hacia la calle.
—Yo ya sé de dónde vienen.
El perro que Carina había visto durante su llegada continuaba acostado casi en el mismo lugar, rascándose nuevamente detrás de una oreja.
—Ese pulgoso —dijo el comerciante con total convencimiento—. Lleva meses dando vueltas por aquí. Se mete a los negocios buscando sombra, duerme donde quiere y ahora no deja de rascarse. Desde que empezaron a aparecer las pulgas intento mantenerlo lejos, pero siempre vuelve.
El animal levantó brevemente la cabeza al escuchar algunos sonidos provenientes del negocio. Miró hacia ellos, bostezó y volvió a acostarse.
Tenma parecía tener su caso resuelto.
—Pulgoso. Así empezaron a llamarlo todos. No me vas a decir que el nombre no le queda.
Aun así, la propia distribución del problema ofrecía algunas dudas. El perro frecuentaba principalmente la entrada y la calle, pero Tenma explicó que aquel no había sido el primer lugar donde encontraron los parásitos. Después de avanzar entre los estantes condujo a Carina hasta la parte trasera del establecimiento, donde una puerta separaba el área comercial del depósito.
La habitación era considerablemente más pequeña y oscura. Grandes rollos de tela se acumulaban contra las paredes junto con cajas de madera, alfombras y algunas mercancías que todavía no habían sido puestas a la venta. Allí la cantidad de pulgas parecía mayor. Algunas desaparecían entre las fibras apenas se producía movimiento, mientras otras saltaban desde las grietas del suelo. También había varios ejemplares muertos producto de la fumigación del día anterior.
—Aquí fue donde empezó —explicó Tenma, esta vez deteniéndose en la entrada—. Uno de los muchachos estaba moviendo cajas y de repente tenía las piernas llenas. Limpiamos todo el depósito esa misma tarde. A la mañana siguiente estaban otra vez.
No había nada extraordinario a simple vista, aunque el depósito ofrecía bastante más para investigar que el salón principal. Algunas zonas inferiores de las paredes presentaban pequeños daños y marcas antiguas entre la madera. El polvo se acumulaba bajo las cajas más pesadas y, en distintos rincones, podían encontrarse restos que seguramente llevaban bastante tiempo sin ser limpiados.
Al fondo existía también una segunda salida.
La puerta trasera daba hacia uno de los estrechos callejones comerciales. Varias cajas vacías se acumulaban contra las paredes, acompañadas por bolsas de basura y desperdicios provenientes de diferentes negocios. Una canaleta atravesaba uno de los laterales hasta terminar cerca de una rejilla de drenaje. Desde allí el callejón continuaba detrás de los establecimientos vecinos, comunicando depósitos, cocinas y pequeños almacenes entre sí.
—Puedes revisar todo lo que quieras —comentó Tenma, señalando el depósito con ambas manos—. Pregunte a mis empleados, mueva cajas, mire las telas. Lo que necesites. Mientras encuentres de dónde salen esas cosas, me da igual.
El hombre comenzó a regresar hacia el salón principal, aunque antes volvió a mirar hacia la calle.
Pulgoso seguía rascándose.
—Y si resulta que realmente fue ese perro, por favor llévatelo bien lejos.
Tenma regresó entonces junto a sus empleados, dejando a Carina con libertad para comenzar su trabajo. El problema parecía sencillo.
Había un perro callejero cubierto de pulgas prácticamente frente al establecimiento y un comerciante completamente convencido de su culpabilidad. Pero la infestación había comenzado en el depósito trasero, precisamente uno de los lugares donde el animal menos acostumbraba entrar. Los productos utilizados habían conseguido matar parte de los parásitos y, aun así, cada mañana aparecían nuevos ejemplares. Por algún lugar estaban llegando.
Carina solamente tenía que descubrir por dónde.
Cita:● Nombre de la Misión: ¡Pulgoso!
● Información de la Misión: Durante los últimos días, comerciantes y clientes de la zona comercial de Konohagakure han comenzado a sufrir una extraña infestación de pulgas. Lo que inicialmente parecía un problema aislado en algunos animales callejeros se ha extendido rápidamente entre puestos, almacenes, telas y mercancías, obligando a varios negocios a cerrar temporalmente. Los métodos habituales para eliminarlas apenas han funcionado y, para empeorar la situación, algunos comerciantes aseguran haber visto concentraciones anormalmente grandes de estos diminutos parásitos desplazándose por determinados callejones. Carina deberá localizar el origen de la infestación, descubrir qué está provocando su rápida propagación y encontrar una forma de eliminarla antes de que alcance otras zonas de la aldea.
● Rango y Tipo de la Misión: Misión Normal / Rango D
● Fecha y Lugar: 11 de Verano del año 150 / Konohagakure - Zona Comercial
● Cantidad de Usuarios: Carina
● Cantidad máxima de horas por ronda: 48hs
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