10-08-2026, 05:42 PM
Día 10 de Verano del año 150
Kirigakure no Sato — Campos de entrenamiento exteriores
Combate amistoso de Naoto Heizu e Issei Heizu
Los campos de entrenamiento más alejados de Kirigakure no se parecían demasiado a aquellos que había conocido durante su paso por la Academia. Allí nadie parecía preocupado por mantener un suelo completamente limpio, colocar cada objetivo a la misma distancia o retirar las piedras que entorpecían el paso de los estudiantes. Todo lo contrario. Los sectores destinados a los shinobi graduados aprovechaban buena parte de las irregularidades propias del terreno, utilizando árboles, desniveles, corrientes de agua y construcciones antiguas para que cada entrenamiento tuviese algo más que una superficie plana donde intercambiar golpes. Aquel lugar se encontraba rodeado por vegetación y grandes formaciones rocosas, alejado de buena parte del movimiento habitual de la aldea, mientras una pequeña cascada descendía por uno de sus extremos alimentando el arroyo que continuaba pegado al límite oriental del campo.Combate amistoso de Naoto Heizu e Issei Heizu
Naoto vs. Issei
Naoto llegó con tiempo.
El sol del verano había conseguido atravesar aquella mañana buena parte de la niebla de Kirigakure y calentaba lentamente las piedras del suelo. Desde la entrada podía distinguirse una gran zona despejada en el centro, marcada por una plataforma circular construida con numerosas losas y una espiral grabada sobre ellas. Alrededor habían distribuido varios pilares gruesos de piedra, algunos suficientemente anchos como para cubrir parte del cuerpo de una persona, además de pequeños muros bajos que dividían sectores del terreno sin impedir completamente la visión. Más allá podían encontrarse postes utilizados para practicar golpes y lanzamientos, pequeñas construcciones de madera cerca de los límites, árboles viejos y numerosas rocas que se acumulaban especialmente alrededor del agua.
El joven tardó algunos minutos en acercarse al centro.
Primero recorrió parte del campo.
No necesitaba hacerlo. El lugar no escondía ningún misterio que resolver y tampoco había una misión detrás de aquello, pero resultaba difícil ignorar una costumbre que había repetido tantas veces. Sus ojos pasaron por las paredes de piedra, después hacia los pilares y finalmente terminaron sobre las plataformas de madera construidas junto al arroyo. Si alguien buscaba cobertura podía encontrarla fácilmente cerca de los extremos; el centro, en cambio, permanecía considerablemente abierto. Había suficiente distancia entre los obstáculos como para moverse sin demasiadas dificultades, aunque acercarse al agua podía convertirse rápidamente en un problema si terminaba siendo empujado contra las piedras húmedas.
Naoto recordaría aquello.
Recordaba casi todo lo que consideraba útil.
Había pasado prácticamente un año desde que abandonó la Academia como genin. Durante ese tiempo había conseguido acostumbrarse a muchas de las responsabilidades que acompañaban aquella banda, pero el combate continuaba siendo una de esas cosas que prefería observar antes que experimentar. Investigar le resultaba natural. Cuando tenía delante una situación extraña podía detenerse, reunir información, descartar posibilidades y avanzar solamente cuando encontraba algo que tuviese sentido. Allí era donde se sentía verdaderamente cómodo.
Frente a otra persona las reglas cambiaban.
Podía deducir perfectamente qué debía hacer y aun así hacerlo demasiado tarde.
Aquello era lo que quería corregir.
No pretendía transformarse en alguien especialmente hábil en combate de un día para otro, tampoco demostrar que podía superar a otro genin. Solamente necesitaba acostumbrarse a estar frente a alguien que también pensaba, se movía y tenía sus propias intenciones. Estaba allí de mala gana. Ni siquiera se tenía fe.