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[Misión | D] El olor equivocado
Naoto
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02-08-2026, 01:01 AM
Última modificación: 02-08-2026, 10:35 PM por Naoto.
3 de Verano del 150, Perreras Inuzuka,
Konohagakure no Sato

El olor equivocado


El murmullo se extendía a lo largo del pasillo de la perrera. Dos cuidadores, Rin y Satoshi, pertenecientes al clan Inuzuka, discutían sin querer levantar la voz temerosos de que su actitud pueda causar alboroto en los caniles nuevamente. Se miraban entre sí, extrañados, pues durante la noche de nuevo los perros habían tenido extraños comportamientos.
 
—Esto es demasiado extraño —confesó Rin, a la par que se inclinaba para acariciar a un par de perros que se le acercaban—. Ahora todos parecen actuar normal. Pero… ese olor… ¿es sangre?
 
La mujer miró hacia el techo, buscando alguna señal de moho o algo alguna podredumbre. Luego, revisó las tablas del suelo con detenimiento, con la esperanza de que entre las ranuras existiese mayor presencia de ese olor. Ni siquiera el preciso olfato de una Inuzuka pudo servir, pues al cabo de unos minutos el aroma se esfumó.
 
—Pero ninguno está herido. Ese aroma, las extrañas marcas, una bandera clavada en el patio. ¿Serán los niños jugueteando? —preguntó Satoshi, mientras se acariciaba la barba.
 
—No entiendo nada… —se llevó la mano a la frente, apoyando los dedos sobre el ceño fruncido. Luego, volteó para ver a su compañero—. No te preocupes. Le pedí a Ren que asigne una misión en la oficina para alguno de nuestros novatos, es un buen entrenamiento para un gennin.  
 
Después de unas horas, la noche caía sobre Konoha. Rin se encontraba en el patio principal donde los queridos compañeros de los Inuzuka convivían. El criadero estaba apartado del barrio del clan, donde podían jugar y ser entrenados con tranquilidad. El lugar se caracterizaba por tener una plaza repleta de instrumentos y equipamiento dedicados al adiestramiento canino, junto a un gran edificio donde solían dormir y comer. Los árboles del bosque rodeaban el lugar, que estaba cerrado por unas rejas enormes que separaban el exterior. Además de ese edificio, había una pequeña cabaña donde Satoshi y Rin convivían durante el día.
 
Cuando la joven cuidadora divisó a Kami, se acercó a saludarla con una sonrisa. No la reconocía a pesar de tener en mente la mayoría de ninjas que elegían a su compañero canino.

—Bienvenida, tu debes ser Kami —agachó la mirada para ver a su inseparable compañero, le dedicó unas cuantas caricias, pues recordaba haberlo entrenado en alguna ocasión—. Me alegra que estén aquí.
 
La muchacha se llevó una mano a la cintura y por dentro sintió tranquilidad al saber que alguien se encargaría del tema. Ella estaba muy ocupada durante el día preparando a los canes, por lo que era imposible poder encargarse de todo sola.
 
—Bien… el problema es el siguiente —tomó aire y miró hacia la perrera, indicando con la cabeza para que la siguiera—. Hace un par de noches que todos están actuando muy extraño. Ladridos al vacío, algunos miraban fijamente la pared, otros estaban desorientados. Al principio creímos que se trataba de una enfermedad, o alguna plaga que pudo haberse expandido, pero lo descartamos, por suerte. Sin embargo, cada noche suele haber un olor diferente en la perrera.
 
La cuidadora guardó su mano dentro del bolsillo y sacó una llave. Luego se la extendió a Kami. La joven se la notaba visiblemente agotada, en su rostro y en su voz.
 
—Ten. Con esto podrás moverte durante toda la noche por aquí. Les avisaré que estarás vigilando a los perros. Quiero que averigües el origen del problema. Estaré en la cabaña, esta noche me toca a mí dormir allí. Si necesitas algo, no dudes en golpear la puerta.
 
Luego de que Rin entrara a la cabaña, las luces de los faroles se prenderían para iluminar algunas zonas de la plaza y la perrera. La joven ninja podría explorar e investigar a su antojo.


Cita:● Nombre de la Misión: El olor equivocado
● Información de la Misión: Varias familias del clan Inuzuka han informado de un extraño olor que ha alterado el comportamiento de algunos ninken. Kami deberá encontrar su origen y evitar que siga extendiéndose por los terrenos del clan.
● Rango y Tipo de la Misión: Normal D
● Fecha y Lugar:3 de Verano del 150, Perreras Inuzuka
● Cantidad de Usuarios: 1 (+ Narrador)
● Cantidad máxima de horas por ronda: -
Kami Inuzuka
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02-08-2026, 09:33 PM
La noche ya había caído sobre Konoha cuando llegué al criadero del clan junto a Balto. A diferencia del bullicio habitual de las calles de la aldea, allí reinaba una calma extraña. Solo se escuchaban algunos ladridos aislados y el sonido del viento meciendo las copas de los árboles que rodeaban el recinto. Respiré hondo antes de cruzar la entrada. No era una misión especialmente peligrosa, pero el hecho de que ni siquiera los miembros veteranos del clan hubieran encontrado una explicación hacía que sintiera un pequeño nudo en mi garganta.

Escuché con atención las explicaciones de Rin, procurando memorizar cada detalle. Lo que estaba pasando era... raro. 

Tomé la llave que me ofrecía con ambas manos e hice una pequeña reverencia—. Haré todo lo que pueda.

Esperé a que la cuidadora se retirara antes de volver la vista hacia Balto. Él permanecía completamente quieto, con las orejas erguidas y el hocico elevado, olfateando el ambiente con una atención poco habitual en él.

— ¿Tú también lo notas?

No respondió, claro. Se limitó a recorrer el patio con la mirada antes de acercarse despacio a una de las vallas que delimitaban el recinto. Yo lo seguí en silencio, y a medida que avanzábamos, observé a los perros que descansaban en los caniles. Algunos dormitaban sin preocupación alguna, otros levantaban la cabeza al vernos pasar y movían ligeramente la cola, ninguno parecía enfermo ni alterado. Si realmente ocurría algo, solo sucedía durante la noche... y todavía era demasiado pronto.

Me arrodillé frente a uno de los caniles y extendí lentamente una mano para acariciar el lomo de uno de los ninken.

— Tranquilo...

El animal respondió con un suave resoplido antes de apoyar el hocico contra los barrotes. No percibía miedo en él, más bien parecía cansado.

— No parece que estén asustados.

Continué caminando despacio por el recinto, deteniéndome de vez en cuando para observar el suelo, las vallas y los árboles cercanos. Si había aparecido un olor tan intenso como para alterar a todos los perros del criadero, debía de haber dejado algún rastro... aunque fuera pequeño.

Balto, por su parte, parecía haber decidido iniciar su propia investigación. Lo vi desaparecer unos segundos detrás de unos barriles de agua y, antes de que pudiera llamarlo, reapareció con una vieja pelota de cuero entre los dientes.

— ... Balto.

Movía la cola con tanto entusiasmo que cualquiera diría que acababa de resolver el misterio. Yo negué con la cabeza, incapaz de evitar esbozar una pequeña sonrisa.

— Estamos trabajando.

Él dejó la pelota en el suelo y guardó silencio durante exactamente dos segundos. Después volvió a cogerla y la lanzó hacia arriba de un cabezazo para intentar que yo jugara con él.

Suspiré—. Cinco minutos... Llevamos aquí cinco minutos.

Me acerqué, le quité la pelota con cuidado y la dejé sobre un banco cercano.

— Cuando terminemos la misión podrás jugar todo lo que quieras.

Balto soltó un pequeño gemido de protesta, aunque terminó por resignarse. Se sacudió el pelaje y volvió a levantar el hocico, esta vez olfateando el aire con mucha más concentración. Aquella expresión juguetona había desaparecido de golpe.

Yo también dejé de sonreír. Si hasta Balto había vuelto a tomarse la misión en serio... quizá había llegado el momento de hacer lo mismo. Ajusté la llave que me habían dado al cinturón y dirigí la mirada hacia la oscuridad que rodeaba el criadero. La noche apenas acababa de empezar.
Naoto
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03-08-2026, 06:48 PM
Comenzó con una hora aburrida, monótona, donde los inseparables protagonistas probablemente habrían bostezado, mirado el techo e incluso conversado entre sí. La paz reinaba. La mayoría de los canes estaban dormidos, apaciguados en sus rincones, en sus camas. Las estrellas se apoderaban del cielo dando paso a una luna llena que iluminaba como nunca los oscuros rincones del recinto. Una tenue visibilidad permitía distinguir algunos rincones que no estaban alumbrados por las farolas que se hallaban a los costados del camino y colgadas bajo los edificios. El escenario no solo traía la noche. También los problemas.
 
Balto sería el primero en percibir una rareza en el ambiente gracias a su poderoso sentido del olfato, demostrando una inquietud que alarmaría a su compañera al instante. Fue una reacción en cadena para todos los perrunos involucrados en el entorno. Kami podría observar a todos ponerse en alerta producto de lo que ahora sí, pasados unos segundos, ella también podía detectar: un olor extraño. De nuevo, ese olor a sangre y podredumbre afectaría la profundidad de las fosas nasales de todos, instando a la repulsión involuntaria. De pronto, todos los perros abandonaron sus inquietudes y molestias para apaciguarse en su totalidad, a cambio de caer en extrañas teatralidades sin sentido. Algunos cada tanto miraban el techo, acostados panza arriba, soltando un leve ladrido a la par que movían la cola; otros clavaban sus miradas en las paredes o el suelo, en un similar comportamiento; algunos gruñían, expresando un malestar hacia la nada misma; caminaban en círculos, se acostaban en posiciones extrañas, se ignoraban los unos a los otros. El factor común entre todos era la abstracción total. No respondían a las peticiones o llamados. Balto, que se encontraba en ese lugar, había caído en lo mismo. Él en cambio, simplemente se hallaba sentado, contemplando en silencio un viejo osito de peluche que algún perro utilizaba para jugar. Todos realizaban comportamientos ilógicos, incluso para su gran inteligencia. Por alguna razón, incluso Balto hacía caso omiso
 
Ante ese escenario extraño cuanto menos, algo podría estar seguro la joven gennin. La atmósfera estaba impregnada con chakra. ¿Pero qué era exactamente? Aquel olor buscaba alterar a la muchacha, sin éxito alguno.
 
Entre todo el bullicio un ruido despertaría la curiosidad de la investigadora. El de una pequeña esfera vibrante y metálica que golpeaba en el interior de algo. Sonó a las espaldas de Kami. No podía ser otra cosa. Era un cascabel. ¿Un cascabel? Fue un ruido casi imperceptible, casi como si no estuviese planeado que sonara. Al volear, la ninja podría ver como la puerta de la perrera se deslizaba de nuevo para cerrarse. Sin embargo, esa puerta antes estaba cerrada. ¿O no?
 
Los perros continuaban absortos en sus inofensivas locuras. El olor que dominaba el interior de la perrera continuaba siendo el de sangre, o algo que definitivamente no producía un lindo olor. Y mucho menos para una Inuzuka. Afuera, esa peste que pudría las narices no reinaba, su influencia solo se encontraba dentro del edificio donde pasaban la noche los animales. Todo parecía normal. Sin embargo, si la muchacha decidía salir a investigar qué había sido ese ruido, podría encontrarse con algunas diminutas pisadas marcadas en el suelo embarrado del camino principal. Unas pequeñas pisadas que definitivamente no eran humanas. Parecían… ¿de gato?
 
En efecto. No hacía falta ser el ninja más perceptivo para comprender que eran felinas. ¿Qué gato era tan suicida como para pasearse por los dominios caninos? Las huellas parecían alborotadas, como si el pobre animal no supiera adonde ir, posiblemente alterado por al oír a sus históricos rivales ladrar en su dirección. No obstante, lo más extraño no era eso. Solo había un par de huellas cada tanto. ¿Los gatos no caminan en cuatro patas? El rastro de pisotones se dirigía hacia la cabaña donde dormía Rin, o eso parecía. Había mucho por investigar.
 
Otra vez el cascabel sonó.
 
Esta vez, se trataba del centro de la plaza, donde un enorme árbol tapaba la luz del a luna produciendo una luz tenue bajo su copa. Por suerte, los faroles combatían esa oscuridad, aunque con poco éxito. El ruido provenía de allí. A lo lejos, desde donde la muchacha se encontraba, se podía observar una pequeña y colorida bandera enterrada cerca del tronco principal.
 
Todo pintaba que la noche iba a ser larga.
Kami Inuzuka
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03-08-2026, 09:30 PM
El tiempo pasó mucho más despacio de lo que esperaba. Durante casi una hora no ocurrió absolutamente nada, y yo me limité a recorrer el criadero una y otra vez, deteniéndome frente a los caniles para comprobar que todos los ninken descansaban con normalidad. De vez en cuando levantaba la vista hacia el cielo, luego revisaba las vallas, el patio y volvía a empezar el mismo recorrido, convencida de que, si bajaba la guardia un solo instante, sería justo entonces cuando sucedería algo. Balto parecía compartir aquella paciencia, aunque a su manera. Permanecía cerca de mí, olisqueando aquí y allá sin alejarse demasiado.

Todo cambió de un momento a otro. Lo vi detenerse en seco, con las orejas completamente erguidas y el hocico apuntando hacia el aire. Su expresión cambió por completo; ya no quedaba rastro del perro inquieto y juguetón de siempre. Di un paso hacia él, dispuesta a preguntarle qué ocurría, pero antes de llegar una punzada desagradable invadió mis fosas nasales. Me llevé una mano a la nariz por instinto; era un olor espeso, metálico, como hierro oxidado mezclado con humedad y algo podrido que llevaba demasiado tiempo oculto. Sentí un escalofrío recorrerme la espalda mientras intentaba contener una mueca de desagrado.

Fue entonces cuando reaccionaron todos los perros del criadero. Uno tras otro, como si hubieran recibido una misma orden. Algunos se dejaron caer boca arriba para contemplar el techo mientras movían la cola sin motivo alguno; otros permanecían inmóviles frente a una pared, completamente absortos, y varios comenzaron a caminar en círculos emitiendo gruñidos bajos que me erizaban la piel. Aquello no era normal. Me acerqué rápidamente a uno de ellos, chasqueando los dedos frente a su hocico con la esperanza de llamar su atención.

— ¿Puedes oírme?

No hubo respuesta, ni siquiera movió los ojos.

Un nudo empezó a formarse en mi garganta cuando giré inmediatamente hacia Balto. Seguía exactamente donde estaba hacía unos segundos, sentado frente a un viejo osito de peluche apoyado contra la pared, ni siquiera parpadeaba. Me acerqué deprisa y me arrodillé frente a él, apoyando una mano sobre su hombro.

— Balto... vamos, mírame.

Nada.

— No tiene gracia...

Le acaricié la cabeza con cuidado, esperando cualquier reacción, pero continuaba contemplando aquel peluche como si yo ni siquiera estuviera allí. Sentí un vuelco en el estómago. Era la primera vez desde que éramos compañeros que Balto ignoraba completamente mi voz, y aquella sensación de impotencia me golpeó con más fuerza de la que esperaba.

Respiré hondo varias veces para obligarme a recuperar la calma. El olor era insoportable, pero, por algún motivo, no parecía afectarme igual que a ellos. Si quería ayudar a Balto, tendría que dejar de intentar despertarlo y averiguar qué estaba provocando todo aquello. Cerré los ojos un instante para concentrarme y fue entonces cuando lo percibí con claridad, había chakra impregnando la atmósfera. No sabía identificar su naturaleza, pero estaba ahí, mezclado con aquel hedor nauseabundo que envolvía toda la perrera.

Un leve tintineo metálico rompió el silencio. Giré la cabeza justo a tiempo para ver cómo la puerta de la perrera terminaba de cerrarse lentamente. Fruncí el ceño, juraría que había permanecido cerrada todo el tiempo... aunque, cuanto más lo pensaba, menos segura estaba de ello. Con un último vistazo hacia Balto, crucé el umbral.

El aire fresco de la noche alivió inmediatamente la presión que sentía en la nariz. Respiré hondo un par de veces antes de bajar la vista hacia el suelo embarrado, allí distinguí unas pequeñas huellas que no estaban cuando había pasado antes. Me agaché para examinarlas con detenimiento, eran demasiado pequeñas para pertenecer a una persona y demasiado redondeadas para confundirse con las de un perro.

— ¿Un gato?

Las seguí con la mirada unos metros, el rastro avanzaba de forma errática, como si el animal hubiera corrido sin rumbo fijo, completamente alterado. Lo más extraño era que solo aparecían dos huellas cada pocos pasos, algo que no tenía ningún sentido.

Antes de decidir si seguir aquel rastro, el cascabel volvió a sonar, esta vez procedía del centro de la plaza. Levanté la vista y, bajo la sombra del gran árbol, distinguí una pequeña bandera clavada en la tierra.

Me quedé inmóvil y el aire se me atascó en la garganta sin darme cuenta. Sentí mi pulso acelerarse de golpe, primero en el pecho y luego en las sienes, como si cada latido empujara un poco más mis dudas hacia la superficie. Miré a un lado, luego al otro, sin mover los pies, incapaz de decidir. Las huellas estaban ahí, claras, insistentes, como si me llamaran en una dirección. La bandera, en cambio, parecía observarme desde la distancia, quieta y esperandome. Y el cascabel… el cascabel no dejaba de resonar en mi cabeza aunque ya no sonara.

Tragué saliva—. Balto…

El nombre se me escapó por costumbre, pero evidentemente no hubo respuesta, solo el silencio extraño de un lugar que ya no sentía seguro. Noté cómo la respiración se me volvía más corta, menos controlada, y apreté los puños sin darme cuenta. No sabía qué hacer, no sabía qué era lo correcto. Cada opción parecía equivocada si la otra era la buena.  Cada vez sentía un nudo más fuerte en mi garganta y, poco a poco, los ojos comenzaron a humedecérseme. Parpadeé un par de veces con rapidez, intentando contener las lágrimas antes de que llegaran a caer. «No ahora...», me repetí en silencio. No podía permitirme derrumbarme precisamente cuando Balto me necesitaba.

Di un paso hacia adelante… y me detuve, luego otro hacia atrás. Al final me quedé ahí, completamente quieta, atrapada entre ambas pistas, con la sensación de que cualquier decisión que tomara podía ser la incorrecta.
Naoto
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04-08-2026, 12:17 AM
Última modificación: 04-08-2026, 12:38 AM por Naoto.
La confusión sofocó a la muchacha exponiendo una vulnerabilidad que no solía ser perdonada en un militar de su clase. Solo la luna estaba allí para contemplar esas lágrimas que empujaban a querer deslizarse por los laterales de los ojos y caer sobre sus mejillas. Las estrellas también eran testigos del duro golpe recibido. Pero la noche callaría, pues reinaba el silencio fuera, a excepción de algunos ladridos desganados que provenían desde la espalda de Kami, en los caniles.
 
Unos finos y débiles murmullos se escucharon desde el árbol en el centro de la plaza. Parecían provenir desde la copa de este, entre las ramas. El ruido del cascabel volvió a sonar. De nuevo a espaldas de Kami, junto a la puerta de los caniles que se cerraría de golpe, esta vez dejando a la kunoichi fuera. Otro cascabel sonó en el interior del árbol, entre las hojas más altas. Ahora sí que el ambiente se entremezclaba con acertijos en la noche de verano. La luna iluminaba el rostro de la ninja, pero no así aquel árbol extraño, parlanchín. Y atrás de Kami, en el edificio donde se hallaban los perros, las luces interiores se apagaron.
 
Uno podría temer lo peor. Un ataque hacia los pobres perros. Hacia Balto. El árbol no habló más. Reinó el silencio en las afueras.
 
Era imperioso descubrir qué estaba pasando dentro.
 
En el interior el olor nauseabundo otra vez se haría presente en el lugar, dejando una pista clave que cualquier shinobi podría descifrar. Si uno se aleja, el olor disminuya, y si uno se acerca, se intensifica. Era algo evidente, pero útil.
 
Sin luz eléctrica en el edificio, la oscuridad reinaba en las habitaciones. Los interruptores estaban apagados, por alguna razón.
 
El escenario no podría ser más ridículo. Los perros continuaban realizando acciones ilógicas, algunos más activos que otros, pero todos parecían “gozar” de ese estado que alteraba su percepción. En el rostro de los canes una leve mueca sonriente se dibujaba a la vez que algunos movían la cola, contentos. No parecían estar sufriendo, pero por dentro quizás sí, después de todo estaban contra su voluntad. Balto había dejado de mirar el oso de peluche para ahora estar acorralado en uno de los rincones con él, protegiéndolo como si fuese un cachorro real, como si fuese su propio hijo. Lo envolvía con su cuerpo como cuando una madre mamífera abraza a su cría para alimentar y acicalar. Esa escena, desde luego, en Balto, parecía irreal.
 
De pronto, desde las tinieblas que envolvían algunos rincones de la habitación el ruido del cascabel se pronunció de nuevo entre ladridos, gruñidos y sonidos emitidos por los perros. El sonido del cascabel rompía con el escenario que se estaba viviendo. La dirección de este fue al fondo de la perrera, cerca de la última pared. Y allí se encontraba otra pequeña bandera, su tela era de color azul. Esa bandera no estaba allí antes.
 
A medida que la joven se movía por la enorme habitación, gracias a su control de chakra y conocimiento de este (25) podía percatarse de algo evidente. Cada sector de la habitación poseía una intensidad diferente en el olor. ¿Eso podría ayudar a descubrir el origen del problema?
 
Bastaba con caminar, con determinada concentración, agudizando el olfato de la Inuzuka a un punto cercano a la perfección, casi igualado al de un ninken. Era posible.
 
 

Cita:Prueba de percepción: control de chakra — CD 10
 
Éxito:

Notas efectivamente que el chakra fluye por la habitación disparejo. Algunos sectores tienen más que otros. Pero eso no basta para descifrar su origen. Notas como el aroma podrido pierde fuerza a medida que caminas. Debes ir hacia el lado opuesto. Donde sea insoportable.
 
Falla:
 
No logras determinar exactamente dónde se diferencian las intensidades. Es frustrante.

 
 
Si Kami estaba haciendo buenos avances gracias a su olfato canino. La identificación de la composición de los olores ayudaba a tomar la dirección correcta. Todo parecía más sencillo ahora, que la destreza y habilidades del clan proporcionaban un plus potenciando la investigación. Ahora restaba caminar hacia el lugar correcto, siendo atraído como una polilla a la luz.
 
 

Cita:Prueba de investigación: control de chakra — CD 15
 
Éxito:
 
Ves con claridad de donde proviene ese pútrido olor. Una floja tabla en el suelo cerca del centro de la habitación, debajo de los bebedores, albergaba un extraño dispositivo. Una capsula, a simple vista. De un tamaño considerable, aproximadamente quince centímetros; en la parte superior se hallaba la tapa. Pero eso no era lo que más llamaba la atención. La abertura estaba cubierta por un sello de chakra. Las marcas del sello no te eran familiares, y por un momento sientes que tratarlo sin cuidado podría ser peligroso incluso para los canes. Si se altera el sello, podría intensificarse el problema.
 
Falla:
 
No logras determinar donde está el objeto que emite el olor por los medios ninja clásicos. Quizás sea momento de usar la astucia.

 
 
Otra vez el ruido de un cascabel se escuchó en la habitación, esta vez no se hallaba en el fondo, sino desde el conducto de ventilación del edificio.
Si Kami decidía abrir el objeto, necesitaría un buen uso de su destreza. Su espertiz manipulando armas u objetos delicados podrían ser claves para retirar el sello con cuidado y no provocar un desastre.
 

Cita:Prueba de destreza — CD 15
 
Éxito:
 
Tus conocimientos sobre el chakra ayuda. Logras retirar el sello con el cuidado indicado. Esas manos valen oro, pues inmediatamente que logras retirar el sello este parece perder fuerza. Dentro, el olor penetra todo tu cuerpo y al punto de casi noquearte. El contenido de la capsula cae al suelo. Trozo de pescado podrido, grasa animal, sangre seca, resinas húmedas, pelos de gato y hierbas fermentadas. Todo un cóctel de fetidez que destrozaba la nariz de cualquiera que estuviese a unos centímetros de ella. Pero… ¿qué era eso exactamente?
 
Fracaso:
 
Intentas e intentas, pero ese sello te está volviendo loca. El miedo te invade, temerosa de que sea una trampa. Tus manos no ayudarían a abrirlo, definitivamente, era mejor probar de otra forma. En caso de abrirlo, la descripción sería la misma.




Cita:Reglas del minijuego: 

— En caso de fallar alguna tirada, Kami deberá utilizar el ingenio ninja para llegar a esas situaciones. 
— Todas las tiradas son con 1d20.
— En caso de sacar un 20, se considera crítico. Como no hay cambios entre un éxito o crítico, simplemente será otra oportunidad para lanzar la siguiente prueba en caso de fracasar. 
— Los stats influyen en la tirada: Control de chakra y destreza tendrán un bonus de +5. 
— La primera y segunda prueba posee un bonus de +2 gracias al olfato especial de un Inuzuka.
— El 1 es un fallo crítico, que ignora cualquier tipo de mejora que los atributos puedan ofrecer. Se considera que sale estrepitosamente mal las acciones que haces para intentar superar la prueba. 
— Gracias a la virtud Capacidad Sensorial Aumentada II tendrás la chance de salvar una tirada en caso de fallar y tirar de nuevo, ya que tu olfato Inuzuka está incluso potenciado más allá de lo normal. 
Kami Inuzuka
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07-08-2026, 10:03 PM
El golpe de la puerta al cerrarse a mi espalda me hizo dar un pequeño respingo y me giré de inmediato, pero ya era demasiado tarde. Las luces del edificio se habían apagado y, al otro lado de la puerta, solo quedaba la oscuridad de los caniles. Por un instante sentí que el pecho volvía a cerrárseme, ya que Balto estaba ahí dentro y yo estaba fuera.

— No... no, no...

Me acerqué rápidamente a la puerta y tiré del pomo, estaba cerrada. Volví a intentarlo, esta vez con más fuerza, mientras el tintineo de un cascabel volvía a resonar entre los árboles. Mis manos empezaron a temblar sin que pudiera evitarlo y entonces recordé algo, aquel olor había desaparecido casi por completo.

Me quedé quieta—. El olor...

Si estaba dentro, quizá también podía utilizarlo para encontrar el origen del problema. Abrí de nuevo la puerta y entré en la oscuridad. El hedor volvió a golpearme con tanta fuerza que tuve que contener una arcada, llevándome una mano a la boca mientras la otra se apoyaba en la pared para no perder el equilibrio. Notaba el pulso en las sienes y el corazón demasiado rápido, pero aun así avancé lentamente, obligándome a no retroceder. No podía ver prácticamente nada, pero tampoco necesitaba hacerlo. Cerré los ojos y agudicé el olfato todo lo que pude, concentrándome en las variaciones del aroma y en aquella extraña sensación que impregnaba el lugar.

A cada paso el olor cambiaba, en algunas zonas apenas era perceptible, mientras que en otras se volvía mucho más intenso. Me detuve varias veces, tragando saliva con dificultad, asegurándome de no estar equivocándome mientras seguía las zonas donde el hedor parecía concentrarse. Poco a poco fui avanzando hacia el centro de la habitación, con las manos aún ligeramente temblorosas, hasta que una oleada de pestilencia me hizo retroceder de golpe.

— Puaj... —era insoportable.

Bajé la mirada hacia el suelo y entonces reparé en una de las tablas. Estaba ligeramente levantada, justo debajo de los bebederos.

Me agaché despacio, notando cómo las piernas me respondían con cierta rigidez, y retiré con cuidado la madera. Debajo había un pequeño dispositivo metálico, aproximadamente del tamaño de una cápsula grande. Lo observé durante unos segundos sin atreverme a tocarlo. Una tapa cerraba la parte superior y, alrededor de la abertura, había un sello de chakra cuyos símbolos no reconocía.

Tragué saliva con dificultad—. ¿Qué es esto...?

La voz me salió más baja de lo que esperaba. Sentía la boca seca y los dedos aún ligeramente tensos, como si no quisieran obedecer del todo. No parecía un objeto normal y después de todo lo que había ocurrido aquella noche, lo último que quería era tocar algo que pudiera empeorar el estado de los ninken.

Sin embargo, si aquello era responsable del olor y del chakra que estaba afectando a todos los perros, no podía dejarlo allí.

Respiré profundamente, aunque el aire me resultó pesado, y concentré chakra en mis manos. Con mucho cuidado, comencé a manipular el sello, intentando mantener la calma mientras mis dedos seguían temblando de forma leve pero constante. Tuve que detenerme un par de veces, cerrando los ojos y tragando saliva para recuperar la concentración.

— Despacio...

Milímetro a milímetro, conseguí separar el sello de la cápsula. En cuanto terminó de despegarse, la presión que parecía mantenerlo activo desapareció y entonces comprendí por qué estaba sellado. Una bocanada de aquel olor me golpeó directamente en la cara.

Sentí que se me revolvía el estómago y tuve que apartarme de golpe, retrocediendo dos pasos mientras me tapaba la nariz con ambas manos. Por un instante todo me dio vueltas y estuve a punto de caer al suelo, apoyándome a duras penas en una de las paredes. 

La cápsula se había abierto y parte de su contenido había terminado desperdigado a mis pies. Había trozos de pescado podrido, grasa animal, sangre seca, resinas húmedas, pelos de gato y unas hierbas que parecían haber fermentado durante semanas.

— ¿Quién... quién ha hecho esto...?

La mezcla era tan repugnante que incluso yo, acostumbrada a los olores que podía distinguir como Inuzuka, apenas podía soportarla.

Entonces escuché de nuevo el cascabel, esta vez procedía del conducto de ventilación. Levanté lentamente la cabeza hacia el sonido, con el corazón acelerado y la respiración aún inestable. Aquello no era una simple sustancia maloliente, alguien había colocado aquella cápsula allí deliberadamente y parecía seguir dentro de la perrera.
Naoto
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430
370
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08-08-2026, 01:51 AM
Última modificación: 08-08-2026, 02:05 AM por Naoto. Razón: Agrego color a los diálogos
El ducto de ventilación se abrió de golpe y una sombra oscura se apresuró hacia Kami a la par que el tintineo de los cascabeles le seguían. Se posicionó frente a la Inuzuka en cuatro patas, y luego se irguió hasta apoyarse sobre las traseras. El pelo arremolinado se erizó por completo a la par que su furiosa mirada achinada hacía un contacto amenazante con la joven. Su cuerpo llevaba un pequeño kimono grisáceo, acompañado de una cinta blanca. Se lo veía fastidiado.

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[Imagen: 1000?cb=20170309160401]

 
—¡No, no, no, no, no! ¡Estaba por ganar! —su voz aguda estaba acompañada de gruñidos y quejidos—. ¿Por qué te has metido? ¡Bruja! ¡Mala! ¡Tonta! ¡Payasa! ¡Siempre los humanos arruinando todo!
 
El felino se aproximó hacia la cápsula y notó que el contenido de la cápsula ya no funcionaba. A medida que descargaba su furia contra la kunoichi, su instinto de supervivencia animal le recordó que eso era muy malo. Miró hacia los costados, y su semblante enfurecido gatuno se transformó en miedo.
 
—¡Oh, tonta! —expresó a la par que se giraba entre sí mismo mirando a los canes—. ¡Rompiste el genjutsu!
 
El gato al divisar el peligro, tomó una pequeña granada de humo y la golpeó contra el suelo para despistar a los presentes, se adentró en ella y se echó  a correr como si su vida dependiese de ello. El ruido del cascabel sonaba con fuerza tras sus pasos. Sus pequeñas patitas gatunas se movían a velocidades incomparables con la de un gato normal. No cabía duda. Se trataba de un Ninneko. Un gato ninja. Los archirrivales de los Ninken.
 
Su velocidad le permitió salir del edificio, seguido por una jauría confundida por los fuertes olores desparramados en el ambiente. El animal buscaba llegar hasta el árbol del centro donde sus compañeros estaban esperando noticias de él.
 
 
Contenido Oculto

✔Aprendida · 29-07-2026
◈Taijutsu
✦Nivel: 1
#ID: DEFE001R
◔Coste
20 de Chakra
▣Descripción

El usuario puede evadir por completo un ataque si logra moverse al menos 1 metro fuera de su trayectoria. En el caso de jutsus de área, deberá desplazarse una distancia mayor, suficiente para salir por completo del alcance del ataque.



Cada usuario posee un Potencial de Esquiva, calculado sumando sus modificadores de Destreza e Inteligencia. Este representa la capacidad del cuerpo para anticiparse y evadir ataques enemigos. La técnica básica de Esquiva permite evadir jutsus de Nivel 1 y consume 1 punto de Potencial de Esquiva por cada uso.



Existen mejoras que aumentan el nivel máximo de jutsus que la técnica puede esquivar. Cada nivel adicional de Esquiva incrementa en 1 el costo de Potencial de Esquiva por uso, por lo que el costo de utilizar Esquiva siempre será igual al nivel actual de la técnica. Si el usuario no dispone del Potencial suficiente para pagar dicho costo, no podrá realizar la esquiva.



En otras palabras, una Esquiva de Nivel 1 consume 1 punto de Potencial de Esquiva, una Esquiva de Nivel 2 consume 2 puntos, una Esquiva de Nivel 3 consume 3 puntos, y así sucesivamente. Esquivar una técnica de Nivel 0 también consume 1 punto, ya que el costo depende del nivel de la técnica de Esquiva utilizada y no del nivel del jutsu que se está evadiendo.



Aclaración: Una vez realizada una Esquiva en el turno, se podrá esquivar tantas veces como el Potencial de Esquiva lo permita. El Potencial de Esquiva del usuario se reinicia en conjunto al Coldown de la técnica. Las mejoras que aumentan la Velocidad NO aumentan el nivel del jutsu que pueden esquivar, por lo que tampoco disminuyen puntos del Potencial de Esquiva al utilizar dichas mejoras.

✧Efecto
5 (MDES+MINT) de Potencial de Esquiva


✔Aprendida · 10-08-2026
◈Especialidad
✦Nivel: Cero
#ID: DEFE101E
◔Coste
Sin coste indicado
▣Descripción

El usuario reemplaza su cuerpo por un objeto del entorno, como un tronco o una piedra, para evadir un ataque entrante. Para ejecutar esta técnica, debe haber activado la Postura Defensiva en el turno anterior y ser capaz de esquivar el ataque utilizando las reglas normales de esquiva. El Kawarimi es simplemente un método alternativo para aplicar la esquiva, y no permite evitar técnicas que superen el nivel permitido por el efecto de esta técnica.



El objeto de reemplazo es un recurso narrativo y no representa una limitante, puede ser cualquier cosa coherente con el entorno, o incluso manifestarse como el clásico tronco sin necesidad de justificación previa. El desplazamiento funciona igual que una esquiva convencional, con la diferencia de que puede ejecutarse incluso en el aire y que el punto al que se traslada el usuario queda oculto por la confusión del cambiazo. Si el usuario logra reposicionarse fuera de la vista del oponente, entra en estado de sigilo, haciendo que su siguiente acción sea considerada sigilosa. Si no logra ocultarse debido a la distancia o falta de cobertura, no podrá activar el sigilo.

✧Efecto
4 (MINT) de Nivel Máximo


 

Cita:Reglas de juego:
 
Alcanzar al gato:
— Es una tirada de 1d20 + MVEL + MDES
— Dependiendo el valor que salga podés alcanzarlo o no.
— Su CD es de 14 al ser un gato ninja muy veloz. 

 

Cita:En caso de atraparlo:
El gato siente que su cuerpo ya respondía producto del agarre. Su velocidad no fue suficiente para alcanzar el árbol y salvarse. Por lo que intenta activar el jutsu que previamente desarrolló en el interior del humo, apelando a la sorpresa generada hacia los ninken y Kami. Esperaba que su astucia gatuna lograra engañar a todos de nuevo, con el objetivo de escaparse del escenario.
 
Si su jutsu no prosperaba, entonces no tendría otra escapatoria más que rogar por ayuda y admitir su derrota a la par que agitaba sus patas hacia los lados e intentaba desprenderse de sus captores mediante arañazos y mordidas
 
—Está bien, está bien —decía el pequeño, arrepentido por todo el lío que había armado—. No me mates, no me mates, puedo explicarlo. Tras esa escena de tragedia actuada por el felino, le sacaría la lengua a Kami y se esfumaría en humo blanco volviendo a su mundo.
 

Cita:En caso de no atraparlo:

El gato alcanza el árbol y no activa su jutsu.

 
Desde el árbol una voz similar a la de su compañero, femenina, se pronunció. No tenía la tonalidad juguetona y provocadora de él.
 
—Humanos, humanos. Y ninken…

Su silueta se dejó ver entre las ramas de los árboles. Una gata negra, sus ojos eran oscuros como la noche, y sus orejitas marrones. Llevaba un chaleco blanco con un moñito marrón.
 
—Conque lograron vencer a Tora. Me sorprende. Has tenido la osadía de meterte en nuestra competencia y arruinarlo todo. No olvidaremos tu maltrato hacia nuestra especie.
 
La gata comenzó a relamerse las patas, con serenidad. No tenía miedo a los ninken que la observaban desde el suelo, impacientes, esperando la orden de Kami de atacar.
 
—Como sea. Mi nombre es Sumi, y él es Kohaku —saludó a la par que señalaba con su patita al otro gato—. Nuestra competencia de infiltración de gatos ninja fue un éxito. Sus perreras son… un buen campo de experimentos. Esas banderas de allí, son pruebas superadas —expresó orgullosa de sus explicaciones. Con una superioridad en su voz natural entre los gatos—. El genjutsu olfativo que fabricó Tora logró inducir a todos en profundos sueños caninos dulces. No te preocupes, no sufren. Es como… mmm… beber una cerveza para los humanos, o tomar un helado. El olor que sentías… ¿no te gustaba? Eso es porque nuestro prototipo aun no afecta humanos. Pero en perros el olor cambia completamente. Se siente lo que ellos más desean. Carne asada, u otras cosas. Aunque se nos fue un poco de las patas. Subestimamos el efecto que podría producir, afectando a los… apestosos caninos durante toda la noche.
 
El otro gato que la acompañaba se echó a reír.
 
—No olvidaremos tu desafío, pequeña y fastidiosa humana. Nos volveremos a encontrar.
 
Los gatos desaparecieron en una humareda blanca, dejando a Kami y los ninken debajo del árbol.


Los perros comenzaron a ladrar y una luz iluminó la cabaña de Rin en plena oscuridad. Esta salió por la puerta aún con su pijama puesto, aletargada. No comprendía nada de lo que estaba pasando y por qué todos estaban mirando en un árbol en el medio de la plaza, hipnóticos. 

—¿Qué ha ocurrido? ¿Qué? ¿Eh? Dame un reporte. 

La cuidadora se quedaría a escuchar la bizarra historia de Kami a la par que se frotaba los ojos buscando quitarse las lagañas. 

Al menos el misterio había sido resuelto.
Kami Inuzuka
Rango Genin
Clan Inuzuka
Nivel 6
Estadísticas
Generales
Fuerza10(1)
Destreza30(2)
Ctrl. de Chakra50(3)
Inteligencia0(1)
Especiales
Salud13
Velocidad9
Tenketsu11
Sigilo9
320
370
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08-08-2026, 11:51 AM
El ruido del conducto al abrirse de golpe me asustó un poco, apenas tuve tiempo de reaccionar antes de que una pequeña sombra se abalanzara hacia mí y aterrizara frente a la cápsula. Durante unos segundos me quedé completamente inmóvil, intentando entender qué estaba viendo. Era un gato o, al menos, se parecía a uno. Su pelaje estaba erizado, llevaba un pequeño kimono gris y varios cascabeles tintineaban con cada movimiento. Pero lo que terminó de convencerme de que aquello no era un animal normal fue el hecho de que se pusiera sobre dos patas y comenzara a gritarme como si yo fuera la responsable de todos sus problemas.

— ¿E-estás hablando?

Ni siquiera tuve tiempo de procesarlo antes de que empezara a insultarme y a llamarme bruja, tonta y payasa. Parpadeé varias veces, completamente desconcertada, mientras él señalaba la cápsula y después a los perros. ¿Un gato ninja? ¿Estaba hablando en serio? A esas alturas ya no sabía qué parte de aquella noche me parecía más absurda.

Entonces mencionó algo que consiguió devolverme de golpe a la realidad.

— ¿Genjutsu...?

Miré hacia los caniles donde Balto seguía allí, junto al resto de los ninken; si aquello era un genjutsu, entonces significaba que el estado en el que se encontraban no era natural. Y si ese gato era responsable...

No llegué a terminar el pensamiento, ya que el felino lanzó una pequeña granada de humo al suelo y una nube espesa cubrió la habitación. Tosí y retrocedí instintivamente mientras escuchaba el sonido frenético de sus pequeños pasos alejándose entre la confusión. Los ladridos comenzaron a multiplicarse a mi alrededor y, cuando el humo empezó a dispersarse, apenas tuve tiempo de distinguir al gato escapando hacia el exterior.

— ¡Espera!

Salí tras él sin pensarlo demasiado. Los ninken también habían comenzado a moverse, todavía confundidos por el efecto del genjutsu y por todos los olores que se habían extendido por el lugar. Corrí detrás de aquella pequeña silueta, siguiendo el tintineo de los cascabeles mientras atravesábamos el patio en dirección al gran árbol.

Por un instante pensé que iba a escapar, pero conseguí acercarme lo suficiente como para lanzarme sobre él y sujetarlo antes de que alcanzara el árbol. El pequeño felino forcejeó con todas sus fuerzas, intentando arañarme y morderme mientras yo trataba de mantenerlo sujeto sin hacerle daño. Era increíblemente rápido para ser un gato y, sinceramente, también increíblemente molesto.

— ¡Quieto! ¡Deja de moverte!

Tras unos segundos de forcejeo, finalmente pareció darse por vencido. Empezó a suplicar entre gestos exagerados, asegurándome que no quería que lo matara y que podía explicarlo todo. Yo seguía respirando con dificultad, intentando asimilar que llevaba toda la noche preocupada por Balto y que, al final, el responsable era un gato ninja.

Antes de que pudiera decirle algo más, el pequeño felino me sacó la lengua y desapareció en una nube de humo blanco. Me quedé mirando el lugar donde había estado durante unos segundos, completamente atónita.

Una voz femenina llegó entonces desde las ramas del árbol. Levanté la cabeza y distinguí una gata negra observándome desde lo alto. A diferencia del otro, ella parecía completamente tranquila. Se presentó como Sumi y explicó que todo aquello había sido una especie de competición entre gatos ninja. Mientras hablaba, fui entendiendo poco a poco lo que había sucedido. No querían hacerles daño, simplemente habían utilizado el criadero como campo de pruebas sin preocuparse demasiado por las consecuencias. Al parecer, el genjutsu hacía que los perros percibieran el olor de aquello que más deseaban, provocando aquel extraño estado de felicidad y desconexión. El problema era que habían subestimado la intensidad de su propio experimento.

— Entonces... ¿todo esto era un juego?

Miré hacia los caniles, Balto empezaba poco a poco a recuperar la normalidad, y después hacia el lugar donde había desaparecido el otro gato. No sabía si sentir alivio, enfado o ganas de echarme a llorar. Probablemente un poco de las tres cosas.

Cuando los dos gatos desaparecieron finalmente entre una nube de humo blanco, el silencio regresó al criadero. Poco después, todos los ninken comenzaron a recuperar la normalidad y los ladridos volvieron a llenar el patio.

Fue entonces cuando la luz de la cabaña se encendió y Rin salió al exterior, todavía medio dormida y visiblemente confundida por todo el alboroto. Me acerqué a ella y, todavía intentando ordenar mis pensamientos, le expliqué lo ocurrido de principio a fin: la aparición del extraño olor, el comportamiento de los ninken, las huellas que había encontrado, la cápsula escondida bajo el suelo y, finalmente, la aparición de aquellos dos gatos ninja. También le expliqué que todo había sido consecuencia de un genjutsu olfativo utilizado como parte de aquella absurda competición y que, por suerte, los perros no parecían haber sufrido ningún daño.

Cuando terminé de contarle todo, sentí cómo el cansancio de la noche se me venía encima de golpe. Me acerqué a Balto y me agaché para abrazarlo con fuerza, hundiendo el rostro en su pelaje.

— No vuelvas a hacerme esto...

Balto respondió con un alegre ladrido y comenzó a lamerme la cara como si no hubiera pasado absolutamente nada. No pude evitar soltar una pequeña risa aliviada. Después de aquella noche, creo que me había ganado unas cuantas horas de sueño.
Masashi Kishimoto
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09-08-2026, 10:36 PM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: [Misión | D] El olor equivocado (TID 14421)
Tipo: Misión Normal · Rango: D
  • Kami Inuzuka — Participante (100%): 500 Ryos, 5 Tobis, 70 Exp
  • Naoto — Narrador No Oficial (100%): 500 Ryos, 0 Tobis, 50 Exp, Pergamino PERG001

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
Moderador Himawari
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09-08-2026, 10:37 PM
Cita:¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: [Misión | D] El olor equivocado (TID 14421)
Tipo: Misión Normal · Rango: D
  • Kami Inuzuka — Participante (100%): 500 Ryos, 5 Tobis, 70 Exp
  • Naoto — Narrador No Oficial (100%): 500 Ryos, 0 Tobis, 50 Exp, Pergamino PERG001

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
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