![[Imagen: Chat-GPT-Image-19-jun-2026-11-21-14.png]](https://i.ibb.co/dsTTn1sT/Chat-GPT-Image-19-jun-2026-11-21-14.png)
44 de verano año 150
La noche caía sobre el lote baldío con la misma parsimonia de siempre, arrastrando ese aire viciado que sabía a tabaco rancio, tierra seca y al dulzor lejano de la tienda de dangos. El terreno no había cambiado: los muros bajos del cementerio al norte seguían vigilando el silencio, mientras los edificios de los Nara al oeste se alzaban como sombras cuadradas e imperturbables.
Akira Hyuuga estaba sentado en el bloque viejo de construcción en el centro del lote, el mismo lugar que solía ocupar aquel "abuelo" cascarrabias. Sin embargo, esta vez el joven Hyuuga no traía consigo la arrogancia de la pendencia ni el hambre de romper huesos que lo definieron en el pasado. Sus antebrazos estaban desnudos, carentes de los pesados guanteletes carmesí que solía pulir con celo obsesivo; sin ese lastre metálico, se sentía extrañamente ligero, pero también más expuesto a la realidad de sus propios pensamientos. En ese estado de quietud, si alguien lo observara desde la penumbra, vería a un shinobi despojado de su fachada habitual, meditando sobre lo efímero de la fuerza y los cabos sueltos que acechaban los rincones de Konoha.
Sus ojos perlados, fijos en la penumbra del camposanto, no buscaban puntos de presión, sino respuestas que el Byakugan no podía revelar. Su mente estaba derivaba sobre la Bestia Negra y lo que anunciaba. Recordaba el hedor a pluma quemada, el chillido que desgarraba el alma y aquella oscuridad espesa que brotaba del águila gigante antes de deshacerse en polvo negro. Los periódicos hablaban de una "broma juvenil" y de negligencia por parte de Renji y sus colaboradores, pero Akira había sentido la vibración de algo mucho más antiguo y siniestro bajo sus palmas. Si profundizara en aquellas sensaciones, analizaría cómo una simple chispa de maldad latente bastaría para incendiar toda la aldea desde los cimientos. El mundo se sentía real, sucio y visceral, tal como le gustaba, pero el presagio que dejó la bestia seguía latiendo en el ambiente como un pitido sordo en los oídos.
Una botella vacía, olvidada entre la maleza flaca, descansaba cerca de sus pies. Akira la observó con un desdén reflexivo, recordando la primera vez que vio a Ben estrellar una igual contra el suelo. Sin levantarse, su cuerpo reaccionó con un movimiento seco, preciso y dinámico: estiró la pierna con fuerza, propinando una patada seca que envió la botella hacia afuera, proyectándola con violencia más allá de los límites del lote baldío, directo hacia el pavimentado del callejón exterior.
El objeto voló en el aire nocturno antes de estrellarse contra el asfalto lejano, fragmentándose en mil pedazos de cristal que destellaron como navajas bajo la luz mortecina de los faroles de la calle. El estrépito quebró el eco de la noche, resonando como una declaración silenciosa de hartazgo y desafío. Akira pasaría los siguientes segundos escuchando cómo el sonido se disipaba lentamente entre los edificios adyacentes, especulando con que tal llamado atraería tarde o temprano a los inadaptados de siempre o a la única persona capaz de comprender el idioma de los golpes.
—La cabeza empieza a sonar demasiado cuando no hay nadie más para escucharla —murmuró para la nada, manteniendo la mirada firme hacia el frente, consciente de que si las sombras decidieran responderle, él las recibiría sin titubeos.
![[Imagen: Chat-GPT-Image-17-jun-2026-08-28-14.png]](https://i.ibb.co/HDBRczwq/Chat-GPT-Image-17-jun-2026-08-28-14.png)