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Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto   ›   Mundo   ›   Pais del Agua   ›   Kirigakure no Sato
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[C] - Anclado
Sayuri Yuki
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05-08-2026, 02:07 AM
Peticion

Lugar: Costa Oriental de Kirigakure
Fecha: Dia 36 del verano del año 150
Hora: 19:32

ANCLADO

[Imagen: ltgLp7r.png]


El oleaje golpeaba el casco del pequeño bote con un ritmo lento y constante, apenas alterado por la espesa niebla que envolvía aquellas aguas. A escasa distancia, una enorme silueta emergía entre el velo gris como el cadáver de una bestia marina abandonada a su suerte. El carguero permanecía inmóvil, inclinado apenas unos grados hacia estribor, con el costado cubierto por manchas de salitre, algas y largos regueros de madera ennegrecida por años de humedad. Su nombre, pintado tiempo atrás sobre la proa, era ya ilegible bajo las capas de pintura descascarillada y el paso del tiempo. Aquel barco llevaba allí varios días.

Los pescadores de la zona aseguraban que había aparecido una mañana, flotando lentamente hasta quedar atrapado entre unos arrecifes cercanos a la costa oriental de Kirigakure. Ninguna embarcación había reclamado su propiedad. Ningún registro portuario coincidía con sus características. Y, sin embargo, más de un marinero afirmaba haber visto luces moviéndose entre sus cubiertas durante algunas noches, como si alguien continuara utilizándolo pese a su evidente estado de abandono. Por ese motivo la misión había terminado en manos de dos genin de la aldea. La orden era sencilla para ustedes dos. Inspeccionar la embarcación, confirmar si realmente estaba deshabitada y recuperar cualquier información o mercancía que pudiera resultar de interés para la aldea. Si encontraban ocupantes, debían valorar la situación antes de actuar. Nadie esperaba encontrar una fortaleza enemiga. Al menos, eso era lo que reflejaba el informe oficial.

El bote terminó chocando suavemente contra uno de los costados del carguero. El sonido de la madera crujiendo se perdió casi de inmediato bajo el murmullo del mar.
Una gruesa escala de cuerda descendía desde la cubierta superior. Algunas tablas faltaban y otras parecían haber sido reparadas con nudos improvisados. Oscilaba lentamente con el viento, golpeando el casco de la embarcación una y otra vez con un sonido hueco y repetitivo. Desde abajo era imposible ver el interior del barco. La borda ocultaba por completo la cubierta principal. Solo sobresalían los extremos de dos mástiles agrietados y varias velas enrolladas que llevaban demasiado tiempo sin desplegarse.

Una de las amarras que sujetaban el barco al arrecife parecía sorprendentemente nueva en comparación con el resto de la embarcación. En la madera del casco, cerca de la línea de flotación, podían apreciarse arañazos recientes, como si pequeñas embarcaciones hubieran atracado allí repetidas veces durante los últimos días. Incluso el agua cercana mostraba restos dispersos de serrín fresco que todavía no había terminado de empaparse. El barco estaba viejo, pero alguien se había preocupado por mantenerlo utilizable. ¿Para que? Pues es cosa de ustedes dos averiguar el porque.

La niebla continuaba deslizándose entre los mástiles con una lentitud casi antinatural, ocultando parte de la cubierta bajo una cortina gris que parecía tragarse la luz. Desde abajo, cualquier rincón situado más allá de la borda permanecía completamente fuera de la vista, convirtiendo el interior del carguero en una incógnita.
Yocko
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05-08-2026, 12:49 PM
El viaje hasta el lugar no resultó tan emocionante, porque durante buena parte del trayecto la niebla había reducido el mundo a poco más que el interior del bote junto a su compañero. El mar aparecía y desaparecía bajo ellos como si alguien estuviera dibujándolo a medida que avanzaban. Yocko permaneció sentada cerca de la proa observando el agua, intentando decidir si aquella misión entraba en la categoría de "fantasmas de altamar" o en la mucho más frecuente categoría de "pescadores haciendo algo estúpido". Por dentro suplicaba que se tratase de fantasmas de verdad o, al menos, de pescadores no tan torpes.

Cuando la silueta del carguero comenzó a emerger entre la niebla, la joven levantó la vista y permaneció observándolo durante varios segundos. Era enorme, realmente mucho más grande que cualquiera de las embarcaciones con las que su familia trabajaba en el puerto. Parecía uno de esos monstruos marinos de los cuentos infantiles que se niegan a morir ante un grupo experto de cazadores a quienes sólo una tormenta perfecta podría hundir. Observó la madera oscurecida por la humedad, los mástiles agrietados y la inclinación del casco hacían pensar en un naufragio; las amarras recientes y los arañazos cerca de la línea de flotación, en cambio, contaban una historia completamente distinta.

Mientras el bote terminaba de aproximarse, sus ojos recorrieron con atención el costado de la embarcación. Aquellos daños recientes eran demasiado evidentes para ignorarlos. Alguien había estado atracando allí de forma regular y alguien había sustituido una de las amarras no hacía mucho tiempo. « Si estuviera abandonado, estaría mucho más abandonado. » La conclusión parecía tan obvia que incluso le molestó no haber pensado algo más inteligente.

Se incorporó despacio y observó la escala de cuerda que descendía desde la cubierta superior, algunas tablas parecían capaces de romperse simplemente al recibir una mirada severa; evidentemente la estructura no era confiable. Durante unos instantes valoró seriamente la posibilidad de ascender utilizando chakra por el casco en lugar de depender de una construcción cuya época de gloria probablemente había terminado antes de que ella naciera, pero quizás el peso de su propio cuerpo podría causar más daños a la estructura envejecida.

Antes de decidir cómo subir, volvió a observar el entorno. El arrecife, las amarras, los restos de serrín flotando sobre el agua y la niebla que parecía aferrarse a la cubierta con una insistencia poco natural. Si estaban utilizando aquel barco como almacén o como vivienda temporal, era posible que hubiera gente observándolos sin que ellos pudieran verla. Aquello no le gustaba demasiado. La idea de que hubiese personas escondidas detrás de una pared, dentro de un barco abandonado y rodeadas por niebla, le resultaba bastante más inquietante que la de encontrarse con un fantasma en mitad de un cementerio.

Finalmente ajustó su porta kunais, comprobó que todo siguiera en su sitio y dirigió una última mirada hacia la cubierta invisible sobre sus cabezas. No esperaba encontrar una fortaleza enemiga, ni una banda de criminales legendarios. Tampoco esperaba encontrar un barco realmente abandonado. Conociendo su suerte, lo más probable era que encontrara un pescador borracho, una mujer despechada o incluso a aquél sujeto a quien conoció en el bosque, que huía de su suegro por darle un yerno no deseado. Tras pensarlo unos segundos, llevó una mano a la escala de cuerda y comenzó a ascender hacia la niebla que ocultaba el interior del carguero. A mitad de camino se detuvo y volvió para mirar a su compañero y le hizo una breve señal « Pues, vamos a ello. »
[Imagen: q0yojli.png]
Douma Kodon
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06-08-2026, 06:43 PM
El chasquido seco del bote contra la madera podrida del carguero marcó el final del trayecto a través de las aguas bajas de Kirigakure. Douma permaneció erguido cerca de la popa, con las manos acomodadas en las solapas de su chaqueta clara mientras sus ojos oscuros realizaban un escaneo metódico del entorno. El olor a salitre mezclado con madera húmeda y resina reciente no pasó desapercibido para su mente analítica: los restos de serrín en la orilla y la amarra nueva confirmaban de inmediato que aquel armatoste no era un fantasma, sino un punto de operación activo.

A su lado, la chica de la lengua de hielo, a quien ya había enfrentado anteriormente, se incorporó sin emitir una sola palabra. La dinámica entre ambos seguía siendo sumamente reservada. Para Douma, el silencio obstinado de la muchacha no tenía una explicación médica ni técnica; asumía de forma pragmática que simplemente le caía mal o que prefería guardar una distancia despectiva hacia él. Observó con frialdad el momento en que la joven se aproximaba a la escala de cuerda desvencijada para iniciar el ascenso hacia la bruma que devoraba la cubierta superior.

— Es raro. Es como si todo estuviese solo y a la vez no —comentó Douma en voz baja, con su tono sereno e inexpresivo habitual, manteniendo la vista fija en la borda mientras aguardaba la respuesta que, como de costumbre, jamás llegó.

Al ver que la muchacha simplemente le dedicaba una breve señal desde la mitad de la escala antes de continuar subiendo hacia la niebla, el pelinegro apenas arqueó una ceja. Si la chica prefería comunicarse únicamente con señas y desdenes, a él le daba exactamente igual mientras no comprometiera la eficacia de la misión.

Una vez que la muchacha ganó la borda y liberó el tramo superior, Douma se acercó a la escala. Sopesó las cuerdas desgastadas con un ligero tirón para comprobar su resistencia y comenzó a ascender por las peldaños de madera con pasos ligeros, medidos y constantes, evitando cargar demasiado peso sobre un mismo punto para no romper las uniones viejas.

Al alcanzar la parte superior, superó la borda con un movimiento fluido y posó las botas con absoluto sigilo sobre la cubierta principal. Oculto entre la capa espesa de niebla que cubría el carguero, el Kodon reajustó la postura, manteniendo la mano diestra cerca del estuche táctico y los sentidos alerta ante cualquier sombra que pretendiera moverse tras la madera ennegrecida.


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Senbon x2 (20 municiones)
Bomba de humo x1 (3 municiones)
Boomerang de madera x1
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Sayuri Yuki
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08-08-2026, 01:19 AM
La niebla había terminado por tragarse por completo la cubierta. Desde allí arriba, el carguero parecía mucho más grande de lo que había aparentado desde el bote, una masa oscura de madera húmeda y metal oxidado que se extendía varios metros hacia ambos lados antes de perderse entre la bruma. El viento apenas lograba moverla. La niebla permanecía pegada a las tablas, acumulándose en pequeños hilos de agua que descendían lentamente por la cubierta y se filtraban entre las grietas. No era una niebla particularmente densa para Kirigakure, pero sobre aquel barco producía una sensación diferente. El sonido parecía amortiguarse a pocos pasos de distancia, y cualquier cosa que hubiera más allá de diez metros se convertía en una silueta imprecisa.

Durante unos segundos no ocurrió absolutamente nada. Solo el crujido ocasional de la madera bajo sus pies y el golpeteo irregular del agua contra el casco.

La cubierta principal estaba prácticamente vacía. Había varias cajas de transporte apiladas cerca del mástil central, aunque muchas estaban abiertas y deterioradas por la humedad. Algunas contenían herramientas de navegación oxidadas, rollos de cuerda y piezas de repuesto que probablemente llevaban años sin utilizarse. Otras estaban completamente vacías. Más adelante había un pequeño bote salvavidas sujeto mediante cadenas, cubierto por una lona desgarrada que se agitaba ligeramente con cada corriente de aire.

Sin embargo, había detalles que no encajaban con el abandono, una de las cadenas estaba prácticamente nueva. Cerca de ella, sobre las tablas húmedas, podían distinguirse varias huellas. No eran demasiado claras, pero sí recientes. El agua todavía no había terminado de borrar sus bordes. Alguien había caminado por allí hacía poco. Un poco más adelante, junto a la entrada que conducía al interior del carguero, había algo todavía más extraño. Pequeñas marcas de arrastre sobre la madera. Paralelas, discontinuas, como si una caja pesada hubiera sido desplazada desde la borda hasta aquella puerta. No había una sola marca. Había varias, y la puerta permanecía entreabierta.

Desde el interior llegaba un olor diferente al del exterior. Madera vieja, aceite y humedad, pero debajo de todo aquello podía percibirse algo más tenue. Un olor metálico, semejante al de hierro húmedo después de una tormenta.

A la derecha de la cubierta se encontraba una segunda estructura, más pequeña, que probablemente había servido como almacén de herramientas. Su puerta estaba cerrada y asegurada con un candado. El metal estaba oxidado, aunque había una zona alrededor de la cerradura donde el óxido había sido raspado recientemente. Alguien había manipulado aquel candado no hacía demasiado tiempo. 

En dirección contraria, cerca de la popa, una escalera descendía hacia los niveles inferiores del barco. La oscuridad que había debajo contrastaba con la claridad grisácea de la cubierta. Desde allí ascendía una corriente de aire frío que llevaba consigo el olor del agua estancada. No parecía haber movimiento alguno, aunque, de vez en cuando, podía escucharse un sonido sordo proveniente del interior. Para el que le dedicara unos segundos a escuchar, seria como madera golpeando contra madera. O quizá algo mucho más pequeño. El ruido desapareció antes de que pudieran determinar exactamente de dónde provenía. Y entonces apareció otro detalle.

Sobre una de las cajas cercanas al mástil había una fina capa de polvo y humedad. Alguien había colocado algo encima recientemente, pues una zona rectangular permanecía completamente limpia. No había ningún objeto allí ahora, pero las dimensiones parecían corresponder a una caja pequeña o a algún tipo de contenedor. Junto a ella había quedado un fragmento de papel mojado. La tinta se había corrido casi por completo, pero todavía podían distinguirse algunas líneas escritas a mano. No era suficiente para leer un mensaje completo. Apenas quedaban unas palabras sueltas y una cifra incompleta.

Más allá, la niebla volvió a moverse, y esta vez no fue por el viento. Una sombra pasó lentamente entre los mástiles. Fue apenas un instante que bien pudo haber sido una persona, una cuerda balanceándose o una simple ilusión producida por la bruma, pero cuando ambos dirigieron la mirada hacia aquel punto, ya no había nada y el barco volvió a quedar completamente inmóvil.

Entonces, desde algún lugar del interior, llegó un sonido mucho más claro. Un golpe metálico, un segundo golpe, y finalmente, nada. La puerta entreabierta seguía allí, la escalera hacia las entrañas del carguero permanecía abierta y el pequeño almacén cerrado continuaba mostrando aquel candado recientemente manipulado. Tres partes diferentes del barco parecían haber recibido atención hacía poco, aunque solo una de ellas acababa de revelar que quizá no estaban tan solos como parecía.
Yocko
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10-08-2026, 03:04 PM
Yocko observó la cubierta como quien entra en una casa ajena sin haber sido invitado: con cuidado, con curiosidad y con la sospecha de que en cualquier momento alguien podría salir a reclamarle explicaciones. El barco parecía más grande visto desde arriba que desde el bote, y la niebla lo envolvía con una insistencia que empezaba a resultarle personal, como si aquella bruma tuviera órdenes específicas de no dejarla ver nada útil. « Bonito lugar para esconder algo. O para esconderse. » Ninguna de las dos opciones sonaba especialmente tranquilizadora.

Su mirada se detuvo primero en las cajas apiladas junto al mástil central. La mayoría parecía inofensiva, herramientas oxidadas y cuerdas que llevaban demasiado tiempo sin cumplir su propósito, pero la zona rectangular libre de polvo sobre una de ellas le llamó la atención de inmediato. Algo había estado allí, y alguien se lo había llevado no hacía mucho. Se acercó despacio y tomó el fragmento de papel mojado con dos dedos, como si temiera que se deshiciera entre sus manos. La tinta corrida apenas dejaba adivinar algunas palabras sueltas y una cifra incompleta; no era suficiente para entender nada, pero sí para confirmar que aquel barco guardaba algo más que fantasmas de historias de pescadores.

Con cuidado devolvió el papel a su lugar y giró hacia Douma, señalando primero la caja vacía y después el propio fragmento, arqueando las cejas en una pregunta silenciosa que no necesitaba palabras: ¿tú entiendes algo de esto? No esperaba que él supiera leer tinta corrida mejor que ella, pero prefería que supiera lo que había encontrado antes de seguir avanzando. Últimamente había aprendido que ocultar información a un compañero de misión solía terminar peor que ocultarle un secreto a un mercader de camaleones.

Las marcas de arrastre junto a la puerta entreabierta fueron su siguiente parada. Se agachó junto a ellas, siguiendo su dirección con la mirada desde la borda hasta el umbral, y por un momento se preguntó cuánto pesaría algo capaz de dejar semejante rastro sobre madera húmeda. « Nada ligero. Y nada que quisiera cargar dos veces si pudiera evitarlo. » El candado del pequeño almacén, con su óxido raspado alrededor de la cerradura, competía por su atención desde el otro extremo de la cubierta, y la escalera hacia los niveles inferiores parecía observarla con la misma paciencia oscura que un pozo sin fondo. Tres posibilidades, tres direcciones distintas, y ella solo tenía dos manos y un compañero que probablemente prefería la eficiencia a las sorpresas.

El golpe metálico que llegó desde el interior del barco estrechó las opciones. Provenía claramente de más allá de la puerta entreabierta, no del almacén cerrado ni de la escalera hacia la oscuridad. Yocko se giró hacia Douma con un gesto rápido, señalando primero sus propios ojos y después la puerta entreabierta, y finalmente hizo una seña clara para indicarle que avanzaría tras de él, también podría entenderse que ella quería darle una nalgada, pero confiaba en que su cerebro funcionase mejor que el de ella misma. Si algo o alguien seguía moviéndose ahí dentro, prefería tener compañía antes que curiosidad temeraria. Y si además esa compañía era más resistente que ella, mucho mejor.

Antes de cruzar el umbral, se detuvo un instante para señalar también la sombra que ambos habían visto pasar entre los mástiles, llevándose un dedo a los labios en un gesto silencioso y después el propio hueco entre la niebla donde la silueta había desaparecido. Quería que Douma supiera que lo había visto, y que fuera lo que fuese, probablemente seguía cerca. Con la mano ya apoyada sobre el marco de la puerta entreabierta, Yocko empujó ligeramente la madera húmeda, intentando ver algo más allá de la oscuridad antes de decidir si daba el siguiente paso.
[Imagen: q0yojli.png]
Douma Kodon
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14-08-2026, 05:06 AM
El silencio denso de la cubierta y la bruma adherida a la madera gastada no alteraron la compostura ni el ritmo pausado de Douma. Sus ojos oscuros, habituados al análisis frío de los entornos adversos, ejecutaron una inspección metódica de la cubierta tan pronto como sus pies pisaron las tablas húmedas.

Mientras Yocko tomaba la iniciativa con el fragmento de papel, el Kodon se aproximó con pasos sordos, distribuyendo el peso para provocar el menor crujido. Se detuvo junto al mástil central, observando el rectángulo limpio entre la capa de polvo y humedad. Sin necesidad de tocar el papel degradado por el agua, examinó la cifra incompleta y la traza de la tinta corrida; el espacio despejado delataba la extracción reciente de una caja o contenedor pequeño. Una ligera inclinación de cabeza hacia la kunoichi sirvió como única respuesta: la información era fragmentaria, pero confirmaba la presencia de al menos un individuo ejecutando tareas de extracción en un margen de tiempo sumamente estrecho.

Douma desvió de inmediato la mirada hacia los otros puntos críticos del barco. Sus ojos se demoraron en las marcas de arrastre paralelas sobre la madera, midiendo la separación entre las líneas para calcular mentalmente el tamaño de la caja. Se desplazó un par de metros con absoluta soltura hacia la estructura de la derecha, fijándose en las muescas brillantes sobre el candado oxidado del pequeño almacén; el óxido raspado indicaba el uso de una herramienta metálica para forzar la cerradura o intentar abrirla con premura. Finalmente, escudriñó la escalera hacia la popa, registrando el vaho frío y el tenue olor a agua estancada que ascendía desde la oscuridad de los niveles inferiores.

La sombra difusa que cruzó entre los mástiles no pasó desapercibida para sus sentidos, pero fueron los dos golpes metálicos secos desde el umbral entreabierto los que terminaron por fijar la prioridad táctica. El peligro no estaba en la especulación, sino en el origen de aquella fuente sonora.

Al notar la serie de señas de Yocko, señalando sus ojos, la puerta y marcando su posición a su espalda, Douma interpretó la maniobra sin el menor margen de duda. Un segundo observador o un señuelo podía rondar la cubierta, pero la brecha en el interior del barco requería una inspección inmediata y coordinada. El Kodon devolvió un asentamiento de cabeza clínico, aceptando la formación de avance.

Ajustó levemente sus guantes sin producir sonido, avanzando hasta colocarse a un costado del marco de la puerta. Evitó quedar en el centro de la abertura para no ofrecer un blanco fácil contra la penumbra. Flexionó imperceptiblemente las rodillas, preparándose asi para comenzar con la avanzada.

Inhaló suavemente, procesando ese hedor característico a hierro húmedo y aceite viejo que emanaba de la oscuridad. Tras ofrecer una breve señal visual de dos dedos hacia Yocko para indicarle que el despliegue comenzaba, Douma cruzó el umbral con paso firme, sigiloso y calculado, adentrándose en el interior del carguero.


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16-08-2026, 03:36 PM
Al cruzar el umbral, la oscuridad del interior del carguero iría cobrando una densidad propia, contrastando con la claridad grisácea de la niebla que se desvanecería a espaldas de ambos. El aire allí dentro se tornaría pesado, impregnado con un aroma punzante a madera vieja, aceite rancio y ese persistente matiz metálico que, de cerca, recordaría inevitablemente al hierro húmedo tras una tormenta eléctrica.

Douma mantendría un avance calculado, esquivando el centro de la abertura para evitar exponerse como un blanco fácil, liderando el paso hacia una estancia que antaño funcionaría como oficina de registro o camarote principal. A sus espaldas, Yocko se adentraría con la cautela de quien aguarda una emboscada inminente; sus ojos intentarían perforar las sombras mientras sus sentidos permanecerían en alerta roja ante cualquier rastro de la figura que momentos antes se desplazara por los mástiles.

Bajo la tenue luz filtrada por la puerta entreabierta, los detalles del entorno se irían revelando despacio. Cerca de una mesa volcada, en el suelo polvoriento, descansaría un pesado candado de hierro que parecería haber sido arrancado de cuajo de una caja de caudales cercana. El objeto aún vibraría levemente, un temblor sutil que confirmaría que aquella pieza metálica habría sido la fuente exacta de los golpes secos escuchados desde cubierta.

Las huellas paralelas observadas en el exterior continuarían allí dentro, pero con una alteración alarmante: en este tramo, la madera exhibiría astillas levantadas y surcos considerablemente más profundos, sugiriendo que aquello que estuviesen desplazando habría opuesto una resistencia tenaz o poseería un peso muy superior al calculado. El rastro irregular se perdería al fondo de la estancia, dirigiéndose hacia una segunda puerta que conduciría directamente hacia la escalera descendente.

En la esquina más apartada, una silueta permanecería completamente inmóvil. No se trataría de la figura ágil que cruzara las alturas, sino de un bulto informe envuelto en una lona empapada que destilaría humedad. Sin embargo, bajo el borde inferior de la tela, algo destellaría con un brillo plateado, frío y deliberado.

De repente, un crujido sordo resonaría bajo las botas de ambos. No sería el quejido habitual de la madera envejecida, sino el desplazamiento inconfundible de algo que se movería en el nivel inferior, justo bajo sus pies. El sonido de madera golpeando contra madera se repetiría, pero esta vez vendría acompañado de un susurro ahogado, una voz humana que intentaría proferir una advertencia que el propio barco se encargaría de ahogar y tragar.

Finalmente, la puerta al fondo de la sala, aquella que conectaría con las entrañas del carguero, comenzaría a cerrarse con lentitud y autonomía, como si una corriente de aire helado ascendente desde la oscuridad la empujara con una intención propia.


Chucho Vive


Nerfeen golpe fuerte y golpe empuñado

Yocko
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19-08-2026, 08:48 PM
Yocko cruzó el umbral apenas un instante después que Douma, manteniéndose lo bastante cerca como para aprovechar la cobertura de su compañero y lo bastante lejos como para no estorbarle si necesitaba reaccionar. Sus ojos recorrieron la estancia con rapidez, resistiendo la tentación de detenerse demasiado en ningún detalle; primero encontró el candado arrancado sobre las tablas, después el bulto cubierto por la lona en cuya superficie asomaba un brillo metálico y, finalmente, el rastro marcado sobre el suelo, una huella de arrastre que avanzaba hacia la escalera como una flecha dibujada por alguien con muy poca sutileza. « Ya veo. » Pensó mientras observaba aquel recorrido. « Puede ser una organización de tráfico de peces... » frunció la nariz, buscaba un olor característico del tipo de carga de un traficante semejante, pero solamente el olor a metal llegó a sus sentidos « o tal vez no. » Todo estaba demasiado reciente y alterado, estaba claro que alguien había estado trabajando allí hasta hacía apenas unos momentos.

El leve temblor del candado terminó de ordenar las piezas en su cabeza. No necesitó acercarse para examinarlo ni perder tiempo buscando explicaciones más elaboradas; aquel era el mismo ruido metálico que habían escuchado instantes atrás y el objeto todavía parecía conservar parte del movimiento que lo había llevado hasta el suelo. Sus ojos permanecieron sobre él apenas un segundo más antes de volver a elevarse. La conclusión resultaba sencilla: fuese quien fuese la persona responsable de aquello, no podía haberse alejado mucho, tendrían que averiguar a dónde se había ido. Los objetos abandonados podían esperar.

El reflejo bajo la lona volvió a llamar su atención durante un instante. La tela ocultaba algo de tamaño considerable y cualquier otra mañana probablemente habría pasado varios minutos preguntándose qué clase de tesoro, arma prohibida o colección particularmente desafortunada de cadáveres podía esconderse debajo; sin embargo, el movimiento que sintió bajo sus pies desvió inmediatamente aquella curiosidad hacia asuntos más urgentes. Las tablas transmitieron una vibración tenue desde algún punto inferior de la embarcación y, casi al mismo tiempo, una voz llegó amortiguada a través de la madera. Era difícil distinguir palabras concretas, pero no sonaba como el gemido del casco ni como el ruido de alguna cuerda golpeando contra un mástil. Yocko permaneció inmóvil un instante, prestando más atención al sonido que a cualquier otra cosa presente en la habitación. Un contrabandista escondido era una posibilidad y alguien retenido allí abajo era otra posibilidad - al pescado ya lo había descartado - .

La puerta comenzó entonces a cerrarse. Giró la cabeza justo a tiempo para observar cómo avanzaba lentamente sobre sus bisagras, reduciendo poco a poco el espacio por el que entraba la luz exterior. Extendió una mano hacia ella y trató de sujetarla antes de que terminase de cerrarse, más por comprobar si alguien estaba manipulándola que por auténtica preocupación respecto a quedarse sin poder pasar; si era una corriente de aire lo descubriría enseguida y si alguien la estaba empujando sutilmente, podrían jugar a manitas calientes.

Miró a Douma y señaló primero la escalera, luego llevó dos dedos hacia su oído y finalmente apuntó hacia abajo. No necesitaba elaborar demasiado, ambos habían escuchado el ruido. Después volvió la mirada hacia el umbral y empujó con la misma sutileza con que se había estado cerrando, agazapada junto a la puerta, para evitar ser blanco fácil si es que había alguien detrás o al interior de la estancia.
[Imagen: q0yojli.png]
Douma Kodon
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25-08-2026, 05:57 PM
Douma no necesitó que Yocko le explicara las señas; la lectura de la escena era idéntica en su cabeza. Mientras la kunoichi se posicionaba junto a la puerta que descendía, utilizando el grueso marco de roble empapado como cobertura para empujar la hoja de vuelta y tantear si había fuerza humana detrás o simple aire, el pelinegro mantuvo una postura firme y alerta, absorbiendo cada detalle de la estancia.

El tufo punzante a aceite rancio, combinado con ese matiz metálico similar al hierro tras una descarga eléctrica y el destello frío bajo la lona empapada, descartaban de golpe cualquier contrabando común de suministros. Aquello no era pescado ni mercancía ordinaria; se trataba de cargamento bélico o maquinaria pesada. No obstante, el misterio del bulto en la esquina pasó a segundo plano en cuanto la madera bajo sus botas volvió a transmitir esa vibración sorda, acompañada por el eco ahogado de la voz atrapada en el nivel inferior.

— Un prisionero... o un cómplice al que dejaron atrás para ganar tiempo — pensaría en ese momento.

Con la puerta de madera cediendo levemente tras el impulso sutil de Yocko y revelando el abismo oscuro del pasadizo interior, Douma avanzó un par de pasos firmes hasta apostarse a su lado. Se cuidó de no pisar las astillas levantadas ni los surcos profundos que marcaban el arrastre en el suelo, evitando romper el silencio.

Indicó con una breve inclinación de cabeza hacia la boca de la escalera, cuya madera carcomida descendía hacia la negrura viscosa de la bodega.
—La persona que estaba en los mástiles buscaba aislarnos aquí o ganar espacio bloqueando los accesos — diría Douma para sí mismo sin perder la calma pragmática— Pero el que habló abajo no parece estar en posición de pelear. Si la puerta se movió por una corriente, significa que la bodega tiene una vía de agua o una brecha abierta hacia el exterior —.

Sin perder tiempo, el pelinegro ajustó el centro de gravedad para encabezar el descenso. Deslizándose con sigilo, apoyó las suelas en los extremos laterales de los escalones, donde la madera era más firme y menos dada a crujir por la humedad, y bajó los primeros peldaños hacia la penumbra inferior. Con un gesto rápido de la mano, le indicó a Yocko que cubriera sus espaldas mientras ambos se adentraban en las entrañas del carguero tras la pista de la voz.
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