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  ›   [Común] Misión Autonarrada E ─ Suplente de Abarrotes
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Misión Autonarrada E ─ Suplente de Abarrotes
Hachibi
Rango Chuunin
Clan Heizu
Nivel 13
Estadísticas
Generales
Fuerza50(3)
Destreza40(2)
Ctrl. de Chakra100(5)
Inteligencia25(2)
Especiales
Salud10
Velocidad21
Tenketsu10
Sigilo15
570
635
Enlace al Post
03-08-2026, 10:26 PM
1 de Verano del año 150, 4:43 am


Primer día de verano. Las aves ya habían vuelto de su migración anual, unas pegadas a las otras, esperaban la salida del sol, anhelaban al menos un rayo que les calentase su plumaje y rezaban en silencio porque hoy las nubes y la niebla se apiadaran de ellas.
Sombras corren por las cornisas de los edificios. Recorren y observan a quienes transitan, escudriñan sus gestos desde el anonimato, sus movimientos y determinan si sus intenciones son, o no, razón para actuar. Civiles, militares y animales callejeros se divisan en pequeñas cantidades, improbable el tropiezo el uno con el otro, pero, aun así, de vez en cuando, uno que pasa lo suficientemente cerca, dedica un saludo cordial y otro responde acorde. 
De entre estas personas que dedican un gesto amable, está el señor Takaneda, hombre entrado en sus cincuentas que ya ha hecho del hábito de saludar, sonreír y fingir interés, su modo general de relacionarse con los demás. Clientes difíciles, personas vistas una sola vez o el más recurrente, y por tanto auto proclamado fuente de su fortuna, su trato rara vez cambia de modo: levemente encorvado, sonrisa de oreja a oreja y sus ojos que parecen siempre estar ciegamente confiando en la persona cuando claramente observa sus atuendos de arriba abajo, lee su capacidad de comprar y cada que puede añade una que otra cosa al carrito "porque seguramente le será útil" cuando en lo único que piensa es que entre más rápido guarde polvo en el estante de otro, mejor. Aprendió que el primero en llegar al proveedor, es también el primero en escoger, por ello confía en que estar en la central de abastos desde temprano es esencial y sin su hijo, que está por realizar un paso importante en su vida, se pregunta si quien le mande la aldea tan solo será un retraso. 
Pronto el lugar más concurrido de la zona comercial se divisaba resplandeciente, con luces encendidas y gente yendo de un lado a otro mientras cajas enormes eran bajadas de las embarcaciones. Llegó al punto de encuentro, miró el cielo como si las estrellas ocultas tras la neblina pudieran decirle la hora, suspiró con resignación y luego reparó que no estaba solo. Un chico alto le miraba, su cabellera en una coleta alta caía al costado de su hombro y sus ojos estaban bien puestos en él. 
─Bu...buenos días.
Logró apenas articular. Sentía que se había materializado del mismo aire, ¿o una aparición de la neblina?, la mente crea muchos juegos visuales en aquellos lugares, mas con tanta cercanía y tanta definición, no parecía ser el caso. El bruno sacó un pergamino delgado, un rollo pequeño en donde mostraba el nombre del cliente y el suyo mismo "Yato Hachibi" con dos sellos más que jamás había visto juntos, tal vez la vista le fallaba, en cualquier caso, parecía que la espera jamás llegó. Como era habitual, la mirada de Takaneda lo revisó en una pasada, guantes presentables, camiseta tira hueso en un color plano, sin manchas, pantalón a juego recto y unas botas que seguro que brillan; un sutil aroma a lavanda emanaba de su cuerpo y lo único que le causaba desagrado era aquella mirada alzada que lo miraba como si la edad no le hubiera dado ningún prestigio.
─ Ah, Hachibi, un gusto, soy Takaneda Uromuchi.
Solo asintió. No obtuvo más respuesta ante aquella presentación formal y no parecía que fuera a poder sacarle una sonrisa ni a cosquillas.
─Bueno, para luego es tarde, vamos a por las cosas.
La siguiente hora fue ver a un hombre que siempre sonríe y habla con amabilidad desbordante, a un negociador desafiante. Así fueran tres monedas, no pagaba sin antes haber bajado, aunque sea, un poco el precio. Sus manos tocaban cada producto con sumo cuidado, algunas frutas las sobaba cual tesoro delicado, otras las olía desde la distancia y luego la cercanía, y unas más agitaba con aparente intención de querer escuchar algo. 
Al terminar aquel pasional recorrido por los distintos proveedores, ambos van cargados con varias cajas apiladas. Un par de gotas de sudor recorrían el rostro del ninja, a pesar de su entrenamiento militar, su cuerpo reconocía aquella carga como una pesada tarea, mientras el otro hombre, con un par de cajas más en sus hombros, seguía casi tan ligero como si no las trajera.
─No es tan fácil esto, ¿no es así?
Se mofó el hombre, pero no con veneno sino con más gracia. Una mirada sostenida fue la única confirmación que obtuvo de que sus palabras eran escuchadas, pero pronto regresaron al camino para continuar la andada sin tropiezos. Para las seis de la mañana, la puerta trasera del changarro estaba siendo abierta. El hombre tomó cada cajón de verdura, con cuidado retiró el producto y le pasó un trapo, acciones que el ninja no tardó en imitar. Retirados el polvo, piezas de otras frutas pequeñas como limones o uvas, se colocaba el producto nuevo debajo y el viejo encima; si había uno magullado, el hombre lo giraba y acomodaba de forma que se viera la mejor cara de este, como él mismo ha estado haciendo desde sus quince en aquel trabajo. Luego de que no hubiera amenaza de caídas, recolocaba el cajón en la estantería. A su lado, Hachibi colocó el suyo y esperaba hacerle una corrección, pero aquellos aguacates estaban tan perfectamente alineados que parecían filas de soldados, no había una solo fuera de lugar, sobresaliendo de ninguna forma o que amenazara con caerse; incluso dudaba de si tal vez puso el producto viejo hasta abajo, pero tantos años de su trabajo le aclararon lo contrario. 
Para las siete de la mañana, el lugar entero estaba listo para recibir a sus primeros clientes, mientras él contaba el dinero de la caja y apuntaba en su libreta la apertura, las manos de Hachibi continuaban acomodando, botellas de productos con alineación milimétrica, las cosas más altas que el tiendero no alcanzaba, ahora retomaban un viejo brillo apagado por el polvo de que ni él ni su hijo llegaran tan alto, incluso la estantería era algo corregida y pequeños trozos de cartón doblados sirvieron de freno y soporte para que ninguna mesa se tambaleara. 
El silencio del shinobi y su mirada ya no eran los rasgos que Takenada veía en su misionando, embobado de ver un pequeño nuevo brillo en toda su tienda, no se percató de que el primer cliente ya estaba en mostrador, sino que hasta que el ninja se le quedó viendo, se percató que se había abstraído. 
A la hora del almuerzo, la esposa del señor Takenada había traído algo de caldo con albóndigas y un pan. El hombre contó una historia de cómo había conseguido uno de los anaqueles en el mejor precio de todos, regalado, y todo porque no le veían utilidad en la biblioteca, su mujer parecía un poco fastidiada de esa historia tan repetida, y Hachibi solo comía observando, con una servilleta de papel en las piernas que en ningún momento recibió gota alguna, y con un espaciado que sorprendía cómo es que aquel plato terminó antes que nadie, solo su silencio sería la revelación de aquella incógnita. 
El resto del día, el señor Takenada recibió elogios sobre lo renovada que se veía la tienda, algunos incluso señalaban encontrar nuevos productos que jamás habían visto y Hachibi solo se dedicaba a continuar con el reacomodo, pieza que se retiraba, pieza que Hachibi reemplazaba en su posición con otra de atrás, dando la sensación de tener existencia infinita. En algún punto, el señor Takaneda lo encontró corrigiendo su propio trabajo, girando apenas una manzana, reacomodando algunos productos por tamaño, incluso volver a acomodar algo que ya parecía haber estado en orden perfecto y en la tercera vez, haber encontrado el margen de perfección que buscaba, aunque para él se viera exactamente igual.
Para el cierre, el señor Takenada bajó a la mitad la cortina, si algún cliente quería aun llegar mientras sacaba sus cuentas, lo permitía, pero rara vez sucedía. Sumó, restó, multiplicó y al final, en su mirada encontraba un error, el dinero en caja no era el que debía estar, las cuentas de los deudores habían sido bien transcritas, no hacía falta ningún producto, que eso incluso le agradece al shinobi quien señaló el intento de dos clientes por llevarse algo extra entre lo que pagó, no podía evitar direccionar sus sospechas al joven, lo miró barrer una esquina con tanta dedicación que el polvo de esas imperfecciones que se hacen con los años también sacó. Recapituló el día sin haberlo visto acercarse a la caja ni una sola vez, respiró profundo y decidió confrontarlo, al menos decirle lo de las matemáticas que no cuadraban, tal vez eso bastaría para que regresara el dinero y si no, entonces tendría que reportarlo con la aldea. A punto de llamarlo por su nombre, su mujer vuelve a entrar, esta vez con un bolso nuevo colgando del brazo.
─Marido, mira; con lo que me diste, esto es lo que me compré.
Y entonces el hombre recordó que su mujer tomó algo de dinero para completarse aquel artículo vanidoso que tanto quería. El hombre suspiró con alivio, apuntó el gasto y luego firmó el pergamino de Hachibi de una misión satisfecha. Hachibi lo recibió, hizo una sutil reverencia y con una sonrisa de medio lado los miró desde la puerta.
─Fue un placer.
Y dejando a ambos señores atónitos, pues lo daban por mudo, desapareció. Takenada comprendió algo aquel día, la mirada del ninja no era de soberbia, sino de estudio, su silencio no era de ausencia, sino de alguien que escucha, que pone atención y aunque una parte de él desearía volverlo su asistente, sabe que su dedicación no es algo que pueda pagar, solamente disfrutar en ese día como una bendición efímera.
Masashi Kishimoto
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03-08-2026, 10:38 PM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: Misión Autonarrada E ─ Suplente de Abarrotes (TID 14442)
Tipo: Misión Autonarrada · Rango: E
  • Yato Hachibi — Autor (100%): 250 Ryos, 2 Tobis, 50 Exp

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
Moderador 4
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03-08-2026, 10:38 PM
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