29-07-2026, 04:19 AM
Última modificación: 29-07-2026, 04:19 AM por Brolk.
Era otro día más en la vida de un joven shinobi de Kirigakure. Luego de un desayuno de campeones que habría alimentado a tres personas normales, y tras darle un apretado abrazo de oso a su madre que casi le saca el aire a la mujer, el gigante azul salió de su casa dispuesto a empezar su jornada laboral con la mejor actitud.
Hacía apenas unos pocos meses que se había graduado de la academia ninja. Luciendo con bastante orgullo aquella bandana metálica bien puesta sobre su frente, el gigante deambulaba alegremente por las calles de la aldea, moviendo sus grandes manos de un lado a otro y saludando con una enorme sonrisa de colmillos a todos los vecinos y comerciantes que pasaban a su lado.
Iba directo hacia el centro de la aldea, con el objetivo de revisar el tablón de misiones. Tal vez era porque llevaba poco tiempo como ninja oficial, o simplemente porque el paso de los años aún no le había enseñado a odiar el trabajo pesado, pero allí iba el grandote con paso firme. Su meta principal era bastante clara y sencilla: necesitaba ganarse algunas monedas para poder comprarse algo rico de comer más tarde.
Luego de un rato de caminata, Brolk llegó al lugar donde se organizaban los encargos de la aldea. Se detuvo a mirar la sección de las misiones más sencillas y, entre todas las notas pegadas en la pared, hubo una en particular que le llamó la atención. Decía que un delicioso... digo, un gigantesco cangrejo estaba sembrando el caos en la costa de la aldea de Niebla. Aquello sonaba exactamente como una tarea perfecta para alguien fuerte como él. Brolk sonrió mientras arrancaba el papel sin importarle romperlo un poco, y sin perder más tiempo, tomó rumbo directo al lugar indicado.
No tardó mucho en llegar a la costa de la aldea. Mientras avanzaba por la orilla, en las rocas y en el paisaje se lograba notar el paso del tiempo y las marcas de aquello que poco a poco parecía estar deteriorando a Kirigakure. Sin embargo, su atención se desvió de inmediato cuando al llegar encontró a la enorme criatura: un crustáceo gigantesco que estaba entretenido destrozando una pequeña balsa de madera a orillas del agua con sus tremendas pinzas.
Al ver semejante mole de marisco, el estómago del shinobi rugió de inmediato al pensar en la comida. Fiel a su costumbre de no pensar mucho las cosas ni planear nada elaborado, Brolk alzó sus enormes brazos azulados mientras soltaba un potente grito para hacerse notar en toda la playa. El animal se alertó al instante al escucharlo y, por puro instinto territorial, dejó de romper la balsa y se lanzó hacia él, amenazándolo con sus pinzas.
Aprovechando los metros de distancia que los separaban, Brolk se tomó un segundo para dar un buen trago de agüita de su calabaza. Tras hidratarse, concentró su chakra y sus masivos brazos se volvieron todavía más colosales, fuertes y pesados. Esperando el momento justo en que la bestia arremetía, dio un pequeño salto en el aire para evadir el golpe directo del animal y, aprovechando que la criatura había quedado confundida, descargó un descomunal golpe directo sobre el centro de su gruesa coraza.
Un sordo rugido fue el último ruido que alcanzó a hacer el animal antes de caer desplomado sobre la tierra, totalmente fuera de combate y con el cuerpo casi intacto. Para haber sido una criatura que aterrorizaba a los pescadores, terminar la pelea le había resultado una tarea bastante sencilla. Sin embargo, para el grandulón la verdadera misión apenas estaba comenzando en su cabeza.
En lugar de ir a buscar a los guardias de la aldea o llenar papeleo de misión, Brolk simplemente buscó unas cuerdas. Amarró al enorme crustáceo como pudo, y comenzó a arrastrar a la mole por las calles de hacia su casa, llamando la atención de medio Kirigakure a su paso.
Al llegar a su hogar, anunció su botín pirata —¡Mamá, ya volví! —gritó, dejando caer al gigantesco cangrejo en la cocina—. ¡Mira el pedazo de carne que me encontré en la playa! Ve poniendo a calentar la olla más grande.-