01-08-2026, 01:32 AM
El sol apenas comenzaba a elevarse sobre el horizonte, bañando con una luz pálida y veraniega los imponentes muros de madera y piedra de la Aldea Oculta entre las Hojas. En el puesto de control de las puertas principales, el movimiento matutino era constante, pero ordenado.
Akira Hyūga avanzó con paso firme y silencioso hacia el registro de salidas, portando la indumentaria reglamentaria de su clan y el equipo shinobi debidamente ajustado. Ante el escritorio del oficial de guardia, se detuvo con una postura respetuosa pero distante.
—Buenos días. Orden de misión individual,Gargantas montañosas fronterizas—anunció Akira con voz clara, extendiendo el pergamino oficial con los sellos correspondientes de la capitanía.
El guardia de la puerta examinó el documento con detenimiento, cruzó una rápida mirada con el joven Hyūga y, tras estampar el sello de salida en el registro con la hora exacta de la mañana del 12 de verano, le devolvió el pergamino.
—Salida autorizada, Hyūga-san. Mantente alerta más allá del último puesto de control; la frontera ha estado inestable últimamente —advirtió el ninja encargado.
Akira asintió en silencio, guardó el documento y cruzó el umbral de las puertas de Konoha.
Akira Hyūga avanzó con paso firme y silencioso hacia el registro de salidas, portando la indumentaria reglamentaria de su clan y el equipo shinobi debidamente ajustado. Ante el escritorio del oficial de guardia, se detuvo con una postura respetuosa pero distante.
—Buenos días. Orden de misión individual,Gargantas montañosas fronterizas—anunció Akira con voz clara, extendiendo el pergamino oficial con los sellos correspondientes de la capitanía.
El guardia de la puerta examinó el documento con detenimiento, cruzó una rápida mirada con el joven Hyūga y, tras estampar el sello de salida en el registro con la hora exacta de la mañana del 12 de verano, le devolvió el pergamino.
—Salida autorizada, Hyūga-san. Mantente alerta más allá del último puesto de control; la frontera ha estado inestable últimamente —advirtió el ninja encargado.
Akira asintió en silencio, guardó el documento y cruzó el umbral de las puertas de Konoha.