Mientras la reunión aún tomaba lugar entre los líderes de la gente del mar y la gente del bosque, uno de los capa blanca se tomó el tiempo de entrenar a las afueras del puerto con unos troncos que este mismo cortó, habiendo previamente contado con el permiso de un leñador. Yugen Mori, ese era el nombre del sujeto, quien golpeaba aquellos tres troncos con precisión y fuerza. Hasta aquél momento ninguno de los dos grupos había mostrado mucho de su arsenal y eso se notaba, pues todos querían mantener su arsenal oculto de ojos ajenos.
El representante de los Mori paró por un momento, sacando algo de su portador de kunais que tenía pegado al muslo. Eran dos nudilleras kunai, las cuales se colocaría en cada mano. Sus cortes y golpes eran letales pero aún mas sorprendente era aquella danza mortal que este usaba con las nudilleras, logrando acertar golpe tras golpe contra aquellos troncos. Al pasar los minutos aquellos troncos habían perdido su corteza, dejando lo que únicamente se podía describir como una obra de arte a medio hacer.
Antes de continuar con su calentamiento este se vio interrumpido por unos pasos, girandose para ver a una rubia perteneciente a la gente del mar, una de los capa negra. El Mori se quedó sin palabras al principio, pero no dudó en presentarse ante la invitada que pasaba por la zona.
— ¡H-hola! Mi nombre es Yugen Mori. Andaba calentando un poco, el viaje hasta aquí fue demasiado largo. —
Yugen sonreía y se presentaba con una actitud amistosa, eso mientras mantenía sus manos bajo su capa, ocultando sus armas.
— Apuesto a que ustedes también lo tuvieron difícil para venir hasta aquí. ¿Que me dices si practicamos juntos? —
Pese a que no se notaba tanto, tanto las mejillas como las orejas del Mori empezaban a tomar un color rojizo aunque la causa de esto resultaba ser un misterio.