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Kyo vs Kuroto y Asuna
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¿Sabías que… hubo una época en la que intentar abandonar Konoha podía terminar contigo siendo devorado por maleza impregnada de chakra oscuro?
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[Side Quest] Huellas fuera del bosque
Narrador General
Rango Genin
Clan Senju
Nivel 6
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra0(1)
Inteligencia90(4)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu9
Sigilo15
390
300
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29-07-2026, 08:13 PM
Última modificación: 29-07-2026, 08:26 PM por Narrador General.
[Side Quest] Huellas fuera del bosque
Hora: 7:00am
Día 47 de Verano, 150. 
País de las Olas

Mapa
[Imagen: image.png]
Durante los últimos días, mientras Puerto de Nami se preparaba para recibir a la Gente del Bosque y la Gente del Mar, los problemas de la península no se detuvieron para esperar el final de las ceremonias. Las dos delegaciones apenas habían terminado de instalarse cuando comenzaron a aparecer nuevas solicitudes en los tablones colocados alrededor de la Plaza de la Marea. Entre reparaciones, escoltas y trabajos portuarios destacaba una petición llegada desde el norte: varios osos del Bosque Costero de Shioma habían empezado a aproximarse al camino principal que comunicaba Nami con el pueblo de Kirami. Primero desaparecieron canastas con pescado, fruta y miel; después encontraron un almacén forestal destrozado y una carreta volcada cerca de una de las entradas secundarias del bosque. El incidente más reciente ocurrió cuando un recolector fue perseguido durante varios metros y terminó herido al arrojarse por una pendiente para escapar. Nadie había muerto todavía, pero los comerciantes dejaron de viajar sin escolta, los recolectores se negaban a internarse entre los árboles y varias familias de Kirami comenzaban a almacenar provisiones por miedo a quedar incomunicadas. Con los líderes reunidos en el edificio al norte de la plaza y buena parte de los habitantes ocupados descargando los últimos suministros, la investigación fue entregada a los shinobi recién llegados.

Kirami era uno de los asentamientos más antiguos de aquella parte del País de las Olas. Mucho antes de que Puerto de Nami creciera alrededor de la Bahía de Suiren, sus habitantes ya recorrían los senderos entre la costa occidental, el Bosque de Shioma y las laderas meridionales de la Cordillera de las Brisas. Vivían de la recolección de miel, plantas medicinales, frutos, madera caída y pequeños cultivos protegidos del viento marino. Los osos formaban parte de su historia y de sus creencias: los ancianos los llamaban los guardianes de los senderos, pues una vieja narración aseguraba que, durante una tormenta que borró los caminos, uno de aquellos animales condujo a los primeros pobladores fuera del bosque y hacia el lugar donde construirían Kirami. Por eso no los cazaban salvo que fuera indispensable y, al comienzo de cada temporada, algunos habitantes dejaban pescado o frutas junto a pequeños montículos de piedra para agradecer que los animales permanecieran en las profundidades del bosque. También existía una creencia menos tranquilizadora: cuando los osos abandonaban Shioma y caminaban juntos hacia los hogares, no era porque hubieran olvidado temer a las personas, sino porque algo dentro del bosque los había obligado a marcharse. Nadie podía asegurar que aquella superstición fuera cierta, pero incluso los cazadores más experimentados consideraban extraño que varios ejemplares hubieran cambiado de comportamiento al mismo tiempo.

El punto de encuentro se encontraba junto al Puente de Piedra, en el extremo noroccidental de Nami, donde terminaban las calles del puerto y comenzaba el camino que ascendía hacia Shioma y Kirami. Allí esperaba Iori Shima, uno de los encargados locales de distribuir las misiones durante la reunión, vestido con una chaqueta gris corta y una cinta azul que lo identificaba como representante de la península. A su lado permanecía Genbei, un pueblerino de Kirami de rostro curtido, barba entrecana y el antebrazo izquierdo cubierto por vendas. Cerca de ambos descansaba una mula nerviosa con parte del arnés cortado; era el único animal que habían logrado recuperar de la carreta atacada. Genbei sostenía que había visto por lo menos tres siluetas entre los árboles: un ejemplar grande y otros dos que no alcanzó a distinguir antes de caer por la pendiente. Iori escuchó el relato sin interrumpirlo y después dirigió la mirada hacia el camino, esperando la llegada de los shinobi asignados. — Necesitamos que mantengan abierto el camino, encuentren a los animales y averigüen por qué están saliendo del bosque. Si pueden devolverlos sin matarlos, háganlo. Genbei apretó los labios y señaló hacia el norte. —Mi carreta sigue junto a la primera bifurcación. Comida, herramientas… todo lo que llevaba quedó ahí. Pero lo que me preocupa no es perder la carga. He recorrido ese camino desde niño y jamás había visto a los osos comportarse de esa manera.

La tarea comenzaría en el Puente de Piedra y continuaría por donde ellos quisieran ¿Segurían el camino el camino principal hasta la bifurcación situada cerca del borde occidental del Bosque Costero de Shioma? ¿Se adentrarían al bosque? ¿Buscarían otros caminos?  Cuaqluiera que fuese su decisión, sabían que juntos: debían localizar la carreta, comprobar si todavía había viajeros en peligro y seguir el rastro de los animales sin empujarlos hacia Kirami, los acantilados orientales o las viviendas de Nami. Tendrían libertad para decidir cómo contenerlos, distraerlos o trasladarlos, pero la orden era evitar bajas tanto humanas como animales mientras existiera otra solución. Iori entregó un croquis sencillo de la ruta y se apartó para permitirles avanzar. 

Para este tema escribió:Side Quest en progreso
Esta side quest ocurre al mismo tiempo que [Side Quest] Remos sobre Suiren. Solo se puede participar en una.
Se posteará una ronda nueva cada 48 horas.
No hay orden de posteo.
時
⏳ Tiempo expirado
El límite de 48 horas para postear ya se cumplió.
Yūgen Sarutobi
Rango Chuunin
Clan Sarutobi
Nivel 11
Estadísticas
Generales
Fuerza50(3)
Destreza25(2)
Ctrl. de Chakra35(2)
Inteligencia25(2)
Especiales
Salud9
Velocidad16
Tenketsu9
Sigilo11
435
420
Enlace al Post
30-07-2026, 03:31 AM
Última modificación: 30-07-2026, 03:39 AM por Yūgen Sarutobi.
Estadísticas de Yūgen Sarutobi
Yūgen Sarutobi
Estadísticas Generales
Fuerza
50 M: 3
Inteligencia
25 M: 2
Destreza
25 M: 2
Ctrl. Chakra
35 M: 2
Estadísticas Especiales
Salud
9
Tenketsu
9
Sigilo
11
Velocidad
16
Vida 435 Chakra 420 Reg. Chakra 36

Yugen Sarutobi
[Imagen: 102fac6131b2fb040e434ef4ffc3b0c5.jpg]

<Yugen Mori, sinceramente no importa cuantas veces lo repita, ese apellido no me queda para nada bien.>
 
Yugen Sarutobi saldría de la casa en la que habría dejado sus pertenecías, anunciandose con el sonido de sus getas contra la madera del suelo. Este llevaría aquella capa blanca que cubría todo su cuerpo, manteniendo su equipamiento oculto de cualquiera que intente saber más de lo que debería. Este no podía dejarse llevar como lo hacían los representantes de Konoha, debía estar alerta en todo momento incluso cuando el mismo Hokage les ordenó colaborar con estos.
 
<El punto de encuentro está cerca de un puente de piedra al noroeste de aquí. Espero que otros shinobis de Konoha vayan a participar conmigo, no confío en esos capa negra.>

Yugen se perdía en sus pensamientos mientras llegaba al punto de encuentro, avistando a Iori Shima, una de las personas a cargo de distribuir y administrar las misiones ofrecidas mientras duraba la reunión. El Sarutobi saludó desde lejos, uniéndose a la conversación sobre el ataque de unos osos a un cargamento perteneciente a Genbei, un pueblerino que se encontraba en el lugar. Este último daba detalles sobre donde se encontraban sus pertenecías, apuntando al otro lado del puente.
 
— Una misión de investigación y captura, comprendo. No se preocupen, tenemos las herramientas para frenar a esos osos sin tener que matarlos. Solo debemos esperar un poco más, puede que que otros quieran unirse a esta misión. —

El Sarutobi se despedía con una reverencia, moviéndose a un lado del camino para prepararse. Los demás debían estar por llegar al punto de encuentro así que mas le valía estar al 100% antes de partir en búsqueda de esas bestias. La misión no parecía nada del otro mundo pero el misterio rodeando la salida del bosque por parte de los osos le hacía imposible al Sarutobi no pensar en las aves que atacaron su aldea hace unos días. 
 
Off
Inventario:

Arrojadizas: Nudilleras kunai x3, shurikens x1, senbon x1 (5/5)

Empuñadas: Nudillera kunai x3, Bō (5/5)

Herramientas: Hilo metálico x3, botiquín (5/5)
Contenido Oculto

✔Aprendida · 16-06-2026
◈Bukijutsu
✦Nivel: Cero
#ID: BUKI003R
◔Coste
Sin coste indicado
▣Descripción

El uso de herramientas en combate suele ejecutarse como una acción secundaria o táctica, que busca realizarse con la mayor sutileza posible. Estas pueden emplearse por cuenta propia o integrarse con otras armas y elementos del entorno, ya sea para unir un objeto a otro o para realizar acciones específicas, como el uso de un botiquín o una trampa. Cuando se trata de adjuntar una herramienta a otro objeto, el tiempo de ejecución es de 1 segundo. Sin embargo, preparar una trampa o utilizar herramientas complejas, como botiquines, sellos unidos a hilos o mecanismos, requiere todo un turno completo para su correcta aplicación.



En cualquier caso, al realizar estas acciones en presencia de un oponente, se intentará llevarlas a cabo de forma sigilosa. Unir una herramienta a un arma, cuerpo u objeto se considera una acción sigilosa, aunque si la ofensiva resultante es observada directamente, esta recibirá una desventaja en su tirada de sigilo. Por el contrario, las acciones más evidentes, como la preparación de trampas o el uso complejo de herramientas médicas que requieran un turno, no pueden ocultarse a plena vista del enemigo. Acciones simples, como pegar un pergamino en una pared, no se consideran una trampa, y pueden realizarse sin ser tratadas como maniobras sigilosas complejas.

✧Efecto
-8 (MINT) de Sigilo al usarlo de frente

Yugen usa hilo metálicoen 3 de sus nudilleras kunai, ligandolas al shinobi. Hilos metálicos: 0/3. Nudilleras kunai: 6/6.
Akira Hyuuga
Rango Chuunin
Clan Hyuga
Nivel 20
Estadísticas
Generales
Fuerza100(5)
Destreza100(5)
Ctrl. de Chakra100(5)
Inteligencia20(1)
Especiales
Salud15
Velocidad25
Tenketsu20
Sigilo8
755
885
Enlace al Post
30-07-2026, 04:51 AM
una amplia capa blanca, idéntica a la que resguardaba al otro shinobi del grupo para mantener su equipamiento oculto. Detrás de la sombra de la capucha, Akira avanzaba con un paso ligero y un ánimo visiblemente boyante, contrastando con el aire de tensión que flotaba en el Puente de Piedra.

Al avistar a su compañero, una sonrisa divertida se dibujó en su rostro y alzó una mano en un saludo informal y relajado.

—¡Vaya, Yugen! Veo que compartimos excelente gusto para la moda discreta hoy —comentó con una risa contenida y ligera—. Aunque con este clima, más que ninjas encubiertos parecemos dos fantasmas de paseo por el puerto.

Inmediatamente después, cambiando sutilmente su postura para adoptar un aire de formalidad y respeto, Akira se dirigió a los lugareños con una reverencia ligera, inclinando la cabeza con genuina deferencia hacia el hombre de la chaqueta gris y hacia el pueblerino herido.

—Buenos días, Iori-san. Lamento profundamente la situación por la que están atravesando en Kirami —dijo Akira, equilibrando su natural alegría con un tono sumamente considerado y respetuoso hacia los locales—. Y a usted, buen hombre —añadió mirando a Genbei con empatía al notar el vendaje en su antebrazo y la mula nerviosa—, me alegra enormemente que haya logrado regresar a salvo a pesar del susto con esos animales. No se preocupe por la carga ni por sus pertenencias; haremos todo lo posible por despejar el sendero y recuperar lo suyo sin causarles más dolores de cabeza.

Akira ajustó con naturalidad los pliegues de su capa blanca, asegurándose de que su equipo quedara perfectamente cubierto antes de posar su mirada sobre el camino que ascendía hacia el Bosque Costero de Shioma con una chispa de curiosidad entusiasta en los ojos—. Si nos da el visto bueno, Iori-san, estamos listos para ponernos en marcha y averiguar qué traen entre manos esos guardianes del bosque.
[Imagen: JK2RddW.png]
Kuroto Uchiha
Rango Chuunin
Clan Uchiha
Nivel 18
Estadísticas
Generales
Fuerza25(2)
Destreza60(3)
Ctrl. de Chakra25(2)
Inteligencia25(2)
Especiales
Salud9
Velocidad15
Tenketsu11
Sigilo10
400
455
Enlace al Post
30-07-2026, 12:25 PM
Última modificación: 30-07-2026, 07:29 PM por Kuroto Uchiha.
Kuroto llegó al Puente de Piedra. La capucha blanca permanecía levantada sobre su cabeza, ocultando parcialmente su rostro, mientras la katana descansaba envainada a la cintura. Había visto la solicitud poco después de abandonar la plaza. Animales aproximándose a los caminos, comerciantes que se negaban a viajar y un recolector herido. No parecía un problema que debieran dejar crecer mientras continuaban las ceremonias. Antes de acercarse al grupo, su mirada recorrió los alrededores. Observó el inicio del camino hacia Kirami, la mula inquieta y los cortes visibles en su arnés. Al reconocer a Akira entre las figuras cubiertas con capas blancas, Kuroto le dedicó un breve movimiento de cabeza. Después desvió la mirada hacia Yugen, a quien saludó de la misma manera antes de detenerse frente a Iori y Genbei.

- Kuroto Uchiha. Participaré en la investigación.

Escuchó en silencio los últimos detalles del relato, prestando especial atención a la cantidad de animales que Genbei creía haber visto y al lugar donde había quedado abandonada la carreta. Tres osos cambiando su comportamiento al mismo tiempo difícilmente parecía una coincidencia. Podían haberse acostumbrado a robar comida, pero aquello no explicaría por qué abandonaban juntos las profundidades del bosque ni por qué se acercaban cada vez más a las viviendas. Kuroto se agachó junto a la mula, manteniendo una distancia suficiente para no ponerla más nerviosa. Su atención se centró en el arnés cortado, buscando distinguir si las correas habían cedido por la fuerza del animal, por las garras de uno de los osos o por alguna herramienta. Después observó el camino que conducía hacia la primera bifurcación.

- Empezaría por la carreta -Dijo mientras volvía a incorporarse-. Es el último lugar donde sabemos con certeza que estuvieron los animales. Allí podremos comprobar cuántos eran, qué dirección siguieron y si buscaban únicamente la comida.

Dejó una mano cerca de la empuñadura de su katana, aunque sin llegar a tocarla. La orden era evitar bajas, tanto humanas como animales, y Kuroto no tenía intención de desobedecerla. Si los osos estaban huyendo de algo, atacarlos solamente conseguiría empeorar la situación.

- También deberíamos comprobar los árboles y los márgenes del camino antes de internarnos en el bosque. Puede que las huellas más evidentes no sean las únicas.

Kuroto dirigió una última mirada hacia Akira y Yugen, esperando conocer su opinión antes de avanzar. Seguir el camino principal permitiría localizar primero la carreta y comprobar si quedaba algún viajero en peligro. Después decidirían si convenía continuar tras los animales o buscar aquello que los había obligado a abandonar Shioma.

INVENTARIO

Katana ×1
Kunai ×2
Shuriken ×2
Senbon ×1
Bomba de humo ×1
Botiquín ×1
Ran Kurai
Rango Genin
Clan Uchiha
Nivel 8
Estadísticas
Generales
Fuerza7(1)
Destreza27(2)
Ctrl. de Chakra31(2)
Inteligencia40(2)
Especiales
Salud11
Velocidad10
Tenketsu9
Sigilo13
377
368
Enlace al Post
30-07-2026, 03:39 PM
Lo cierto era que la muchacha había tenido una pésima, pero una pésima noche. No solamente ya le costaba de por sí acostumbrarse a un lugar que evidentemente no se parecía en lo absoluto al enorme y majestuoso palacete en el cual ella misma moraba, sino que a la vez esa horrible fobia que tenía la chica al quedarse finalmente dormida. ¿Cómo la joven no podría padecer de tal poco conveniente situación, si tomamos en cuenta  de que ella, al fin y al cabo, siempre vivía en un permanente estado de paranoia, casi como si en cualquier momento, en cualquier instante alguien, sea quién sea, podría perjudicarla, aún cuando ni siquiera la chica estaba del todo segura de cómo podría ser esto último? Puesto que sí, la verdad de las cosas era que la joven a pesar de caracterizarse por ser una persona fría, una persona lógica, una persona racional, a menos ante los ojos de la gente que la conocía, ella por lo general caía en esa especie de trama mental, esa misma trampa mental que tanto le impedía desarrollarse cómo una chica de su posición, de su edad, de su ocupación lo haría. ¿Era que, en una de esas, la muchacha eventualmente encontraría una salida a todo esto? No dándose para nada cuenta de este último pensamiento, fue que esta misma se resolvió a salir de ahí, en vista que ya a ella se le había designado una misión a cumplir en esos lares… ¿no que ella tenía que demostrar lo capaz que era?

¿No que ella, tenía que dar a entender a toda costa de que tenía las habilidades suficientes, necesarias como para merecer tener el rango de genin al interior de la Aldea Oculta de la Hoja? Sabiendo a la perfección que esta era la oportunidad más adecuada cómo para lucir sus competencias cómo la kunoichi que ella era, sobre todo tomando en cuenta de que estaría su persona expuesta tanto con gente de su tierra natal cómo la de la otra nación presente en ese evento, acto seguido la joven comenzó a adentrarse en esas tierras, teniendo cómo claro objetivo de su alterada mente llegar al punto de encuentro establecido ya con anterioridad. Y si bien, su corazón latía de una manera más o menos similar, por ningún motivo igual, a como cuando fue la primera vez que pisó la Academia Ninja, hace ya varios años atrás, la chica tuvo que recurrir a beber un largo sorbo de ese brebaje contenido en esa botellita que llevaba ella a todos lados, siempre camuflada discretamente entre sus ropas, no sin antes obviamente cerciorarse de que nadie, pero nadie en lo absoluto la estaba observando, la estaba mirando, la estaba vigilando. Sintiendo ahora cómo de a poco su corazón volvía a latir cómo debía de en teoría latir, al mirar hacia el frente la chica se enfrentó de lleno con el llamado Puente de Piedras, el mismo que estaba ubicado donde terminaban las calles del puerto y comenzaba el camino que ascendía hacia Shioma y Kirami, sectores que ella lógicamente no conocía. 

Porque sí, todo en esos precisos momentos era novedad para la muchacha. Siendo así, tan pronto como cuanto Ran acabó por estar completamente al interior de aquel sitio, al posar otra vez más su mirada hacia el frente, se encontró con un par de hombres, los cuales la chica pensó que, a juzgar por sus expresiones faciales, eran quienes le daría las instrucciones a ella y a sus compañeros de misión acerca de esta última; mientra que uno usaba una chaqueta gris corta y una cinta azul que lo identificaba como representante de la península, el otro, quien resaltaba por tener un rostro curtido, barba más o menos canosa y con una parte de su brazo curso lleno de vendajes,  parecía más bien un civil, y es que así sus ropajes lo delataban. —Supongo que uno de ellos dos nos darán información de la misión—pensó la chica, a la vez que enfocaba su ojerosa y demacrada mirada hacia una mula ubicada cerca de esos dos, que se notaba nerviosa teniendo ésta un arnés cortado. ¿Qué estaba ocurriendo ahí? ¿De qué se trataba todo esto? ¿Acaso sería una campaña compleja, o más bien se trataba de algo mucho más sencillo que en apariencia? Escuchando entonces la chica con suma atención las palabras que a continuación comenzaron a ser emitidas por el hombre que ya la joven asumió absolutamente que se trataba de un pueblerino de esos lares, su propia mirada dejó de estar fija en la figura de ese hombre, para así después fijarse hacia donde él indicaba…  

Hacia donde se encontraba el norte de esas tierras. Comprendiendo acto seguido a cabalidad todo lo dicho por ese civil, haciendo así mismo nota mental la muchacha acerca de cada palabra emitida por este mismo, cosa de no olvidar cada detalle, puesto que la chica estaba completamente convencida de que todo, pero todo aquí contaba, seguidamente al mirar por el rabillo del ojo, se dio cuenta de que ya muchos shinobis, sus compañeros de misión, habían llegado a ese lugar. —¿Ese no es Yūgen?—se dijo la joven interiormente, y si bien en una primera instancia la chica estuvo a punto de dirigirse a él, a último momento, por una razón que ni ella mismo consiguió explicarse del todo bien, frenó sus acciones. ¿Por qué no recurrir a él, si de todas formas sería tal vez el único compañero de misión al cual podría conocer…? Y decidiendo volver a fijar su ojerosa mirada hacia donde estaban estaba esos dos hombres, cómo fingiendo que ella efectivamente no había reconocido para nada al joven perteneciente al clan de los Sarutobi, la joven escuchó las últimas instrucciones dadas—Por aquí Ran Kurai—se terminó por presentar la joven, alternando sus ojos entre todos los otros genin presentes, aún resistiéndose a dirigirle la palabra directamente a su compañero de equipo… ¿por qué?—Estoy de acuerdo con Kuroto-san, creo que sería provechoso comprobar su número, a dónde se encaminaron y si querían buscar alimento—dijo, sintiéndose inevitablemente nerviosa al saber que estaba frente a un Uchiha, nervios que de alguna manera logró  controlar y ocultar. 


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Estadísticas de Ran Kurai
Ran Kurai
Estadísticas Generales
Fuerza
7 M: 1
Inteligencia
40 M: 2
Destreza
27 M: 2
Ctrl. Chakra
31 M: 2
Estadísticas Especiales
Salud
11
Tenketsu
9
Sigilo
13
Velocidad
10
Vida 377 Chakra 368 Reg. Chakra 36
Daeru Uchiha
Rango Genin
Clan Uchiha
Nivel 14
Estadísticas
Generales
Fuerza5(1)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra150(5)
Inteligencia55(3)
Especiales
Salud12
Velocidad16
Tenketsu9
Sigilo13
535
595
Enlace al Post
30-07-2026, 07:24 PM
Daeru había permanecido en silencio la mayor parte del tiempo mientras escuchaba las explicaciones sobre la misión. Sus ojos se detuvieron por unos instantes en el antebrazo vendado del hombre y posteriormente en la mula que permanecía inquieta junto a ellos. No era la primera vez que escuchaba sobre animales atacando personas, pero aquello era diferente. Los osos formaban parte de la historia de aquel lugar y, según contaban, jamás se habían comportado de aquella manera. «¿Qué pudo obligarlos a abandonar el bosque?»

Aquello le preocupaba más que los propios animales. Hasta ese momento se había imaginado una simple misión para ahuyentar algunas bestias salvajes, pero las palabras del aldeano contaban una historia muy distinta. Si varios osos habían cambiado su comportamiento al mismo tiempo, quizás el problema no fueran ellos. Desvió la mirada hacia el sendero que se internaba en el Bosque Costero de Shioma. Le habría gustado pensar que todo se trataba de una coincidencia, pero las últimas misiones le habían enseñado que las cosas rara vez eran tan simples como parecían a primera vista. «Espero que esto no termine convirtiéndose en otra de esas misiones que cambian de rango a mitad de camino...» Pensó con resignación mientras soltaba un leve suspiro.

Finalmente observó el croquis que acababan de entregarle. Internarse inmediatamente en el bosque no le parecía la mejor idea. La carreta seguía junto a la primera bifurcación del camino y quizás todavía quedaban huellas o alguna pista que les permitiera comprender mejor lo ocurrido. Además, si alguien seguía transitando por aquel lugar, era preferible asegurarse primero de que no hubiera más personas en peligro.

Se acercó al grupo de genin que discutía cuál sería el primer paso a seguir y se limitó a escucharlos en silencio. Uno de ellos propuso comenzar la investigación por la carreta y la idea le pareció acertada. Por el momento no tenía nada que añadir; reunir más información antes de internarse en el bosque era la decisión más prudente. Finalmente seguiría aquello que el grupo decidiera.
[Imagen: 1bb5716d6be2fa2b4e048ccb8fb0d90a.gif]
Hablo - «Pienso» - Narro
Cronología
Raizen Sarutobi
Rango Genin
Clan Sarutobi
Nivel 9
Estadísticas
Generales
Fuerza44(2)
Destreza50(3)
Ctrl. de Chakra35(2)
Inteligencia6(1)
Especiales
Salud11
Velocidad12
Tenketsu9
Sigilo13
420
435
Enlace al Post
30-07-2026, 08:08 PM
Por poco el Sarutobi se quedaba dormido de lado, ignorando el ruido de su hermano levantándose e yéndose. Por poco.

— Dios... ¿por qué tengo que ir? No me dejan ni desayunar tranquilo. Maldita sea.

Estiró los brazos con desgano, empujando sin querer a Amaru fuera de la cama, que cayó de golpe contra el suelo con un chillido agudo por el impacto. Raizen se tentó de risa al verlo, aunque tuvo que contenerse y correr rápido a darle un pedazo de manzana antes de que el mono decidiera cobrarse venganza. En medio de todo ese apuro, buscó su ropa, un huevo cocido y el abrigo que nunca podía faltar cuando salía de la casa.
Dio sus primeros pasos del día en dirección al Puente de Piedra. Vio a varios shinobis de capa blanca avanzando hacia las rutas principales, y al notar que ya iba tarde, apuró el paso hasta divisar a su hermano a la distancia. Alargó las zancadas, dio un último salto y aterrizó justo en medio del grupo donde estaban Yugen, Kuroto y Akira. Fue en ese momento que escuchó a Kuroto mencionar su nombre y el clan real, algo que se suponía debían evitar en territorio desconocido. Raizen se le acercó por detrás y le susurró, casi con voz fantasmal.

— Eso no se dice en tierras desconocidas.

Después dio un saltito hasta ubicarse a su lado, con una sonrisa resplandeciente.

— Se dice... ¡Soy Raizen de la casa Imori, "el gran simio de los reinos", "el caminante al oeste" o "el que tiene el palo más largo de este país"!

Lo dijo entre saltitos y una reverencia exagerada, mostrandole como un ejemplo de como debía responder y presentarse, antes de girar hacia Akira, entrecerrando los ojos como intentando distinguir ese parecido tan marcado con Mayura.

— ¡Hey! ¿Y Mayura? Pensé que iba a venir para acá.

Le preguntó directamente, ya que lo conocía de hace años y sabía perfectamente por que era el mejor amigo de Mayura. Amaru lo observó varios segundos, dudando si en realidad se trataba de Mayura con un cambio de look. Después de ese cruce, Raizen se acomodó junto a su hermano, inclinando la cadera hacia un costado con una sonrisa relajada, mirando los distintos caminos disponibles.

— Creo que está claro. ¡Hay que buscar la carreta! O algo así escuché por ahí. Seguro encontremos varias pistas en el camino.

Lo dijo casi al mismo tiempo que Kuroto, coincidencia que le causó gracia, y le levantó el pulgar en señal de acuerdo sobre hacia dónde ir. Sin dudarlo, Raizen fue de los primeros en dar los primeros pasos hacia adelante, esperando que el resto del grupo se pusiera en marcha hacia la zona de la carreta.

off

Raizen llegó al lugar y interactúo primero con Kuroto, Akira y después Yugen, y diría la misma idea que Kuroto. Y antes de que todos estén de acuerdo, el muchacho empezó avanzar.
[Imagen: rzcjrdo.png]
Arako Heizu
Rango Genin
Clan Heizu
Nivel 11
Estadísticas
Generales
Fuerza75(4)
Destreza50(3)
Ctrl. de Chakra30(2)
Inteligencia10(1)
Especiales
Salud9
Velocidad11
Tenketsu14
Sigilo13
460
505
Enlace al Post
30-07-2026, 10:35 PM
Última modificación: 30-07-2026, 10:37 PM por Arako Heizu.
No tardó en llegar la primera misión al tablón, la cual no tardo en ser tomada con rapidez por aquellos chicos de apellido mori, en lo cual alcance a leer uno de los cuales ellos tomaban ¡Una bestia salvaje en el bosque estaba saliendo de su hábitat natural! ¡Ja! Si había vencido a un cangrejo gigante de un solo golpe eléctrico esto sería pan comido ante mis ojos, lo cual probablemente sorprendería a aquellos chicos y bueno chicas de los Mori y quien sabe tal vez podría conseguir un beso de alguno que este especialmente guapo o guapa… Pues hace poco me habría dado cuenta ¡De que no importa quien sea! Mientras estuviera linda demás era una buena comida ¡Sep! ¡Es más! Aun tenia ciertas ganas de querer conocer los sabores de varios de ellos, por lo que me encontraba emocionada por saber quién sería más divertido y sabroso~

Por lo que, volviendo con nuestra misión con rapidez… Habían desaparecido mil y un cosas que no me interesaban dentro de los objetos comestibles, un hombre había tenido que salir corriendo de esos osos arrojándose al vacío para tener que salvar su vida… Nombraban varias veces la existencia de las diversas ciudades de alrededor entonces apunte un par de metros a donde decía que habría que dirigirse  y empecé a caminar mientras recordaba casi como arte de magia las direcciones más para nada los nombres “kulami, bahía suipen y cordillera de prisas” Que extraños nombres habían seleccionado para poder vivir ahí dios… Eran feísimos… Por lo que simplemente llegue al puente de piedra viendo a aquellos hombres, de apellido extraño, mientras uno nombraba aquella palabra tan extraña como su apellido “¿Uchiha?” ¿Qué es eso? ¿Se comía o qué? Fingí entonces estar distraída mientras me acercaba al grupo -¡Mi nombre es Arako Umi!- Grité emocionada sin saber que mierda hablaban -Me presento a la misión para derrotar a aquel oso jeje- Dije mientras me acomodaba con una mano aquella capucha que llevaba, mientras que con la otra me ajustaba mi hermoso velo que protegía mis secretos del Aokigan a mis rivales y compañeros… Por lo que comente al aire -Espero que podamos decir que somos amigos después de las copas ¡yep!- Dije mirándolos a todos sonriente, la verdad que el día de ayer había tenido una jaqueca digna de querer matarme, no había tomado nunca, antes de aquella ocasión.

Por lo que además no recordaba mucho además de haber tomado montoneras… ¿Quién sabe? Me lo debí pasar genial.

Mostrar Contenido
No fijo stats debido a que aun no me lo piden.

Inventario tengo el porta kunais x3 de municion
mis nudilleras x1
hilo ninja x10
sello explosivo x3
Shurikens x10

Orión Hoshigaki
Rango Chuunin
Clan Hoshigaki
Nivel 13
Estadísticas
Generales
Fuerza80(4)
Destreza25(2)
Ctrl. de Chakra50(3)
Inteligencia10(1)
Especiales
Salud10
Velocidad14
Tenketsu10
Sigilo13
490
475
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31-07-2026, 12:27 AM
El sonido pesado de unas botas anunció la llegada de Orión al Puente de Piedra. El enorme Kanabō descansaba sobre su hombro, lleno de vida por el pez Funato que lo devoro. Los tentáculos se acomodaban perezosamente sobre el metal de la empuñadura. Entre sus colmillos una astilla de madera desaparecía poco a poco mientras sus ojos recorrían el lugar. No saludó. Observó primero la mula. El arnés desgarrado. El vendaje del aldeano. Inspiró profundamente. Tierra húmeda. Cuero. Sangre seca.

Oso. Más de uno. Su mirada pasó sobre los shinobi reunidos sin detenerse demasiado en ninguno, hasta cruzarse con Arako, llego su perfume de reina empoderada. Le dedicó un leve movimiento de cabeza. Era suficiente.

Escuchó el relato del hombre sin interrumpirlo. Mientras los demás discutían cómo comenzar la investigación, Orión permaneció inmóvil, contemplando la línea de árboles que marcaba el inicio del Bosque Costero de Shioma. Entonces recordó a Sayuri. "Yo amo a los osos." Una pequeña carcajada grave escapó de su pecho.

-Je je.

Era extraño. Había cruzado medio país para terminar protegiendo lo que una Yuki amaba. El mar tenía un humor bastante torcido. Sin embargo, la idea había echado raíces en su cabeza. Los animales no abandonaban su hogar porque sí. Sin embargo, si Sayuri había hablado de aquellos animales con el mismo respeto con el que hablaba del hielo o de su aldea, entonces valía la pena intentar comprenderlos antes de juzgarlos.

Apoyó el Kanabo contra el hombro. Uno de los tentáculos rodeó lentamente la empuñadura hasta llegar a su mano, mimo de amigos.

-La carreta.

Nada más. Comprobó con el pulgar que los senbon continuaran sujetos al cinturón. Si tenía que enfrentarse a un oso, prefería hacerlo con acero fino antes que descargando el peso del kanabo sobre un animal que quizá solo estuviera huyendo de un peligro mayor. Sin añadir otra palabra, comenzó a caminar detrás del grupo. Como de costumbre, dejó que otros dirigieran la conversación.
Inventario
Porta Kunais
Porta Kunais 0 ryos
OtroChico1
El Porta Armas, conocido comúnmente como Porta Kunais, es uno de los elementos más representativos del equipamiento ninja. Se trata de un estuche diseñado para transportar kunais, shuriken y otras herramientas de uso frecuente durante las misiones.

Este accesorio es entregado por las aldeas como parte del equipamiento militar estándar y constituye un distintivo propio de los shinobi, por lo que únicamente los ninjas autorizados pueden portarlo. Habitualmente se ajusta al muslo de la pierna predominante del usuario, permitiendo una extracción rápida y natural de las armas con la mano dominante, optimizando así el tiempo de respuesta durante el combate.
Efecto Arma Arrojadiza: Kunai (Munición: 3)
Efecto Arma Arrojadiza: Shurikens (Munición: 5)
Efecto Herramienta: Hilo Metálico (Munición: 10)
Senbon
Senbon 490 ryos
ArrojadizaChico10
Agujas metálicas extremadamente finas de aproximadamente 15 cm de largo, diseñadas exclusivamente como armas arrojadizas de alta precisión. No pueden ser empuñadas, ya que su forma delgada y liviana las hace ineficaces en combate cuerpo a cuerpo. Al clavarse, no provocan sangrado abundante, sino que están pensadas para lesionar músculos o zonas nerviosas, dificultando el movimiento del oponente.

Cuando se lanzan desde el sigilo, las senbon otorgan un aumento temporal al sigilo del usuario, gracias a su trayectoria silenciosa y difícil de detectar. Este beneficio es no acumulativo, se aplica solo durante el lanzamiento de las senbon, sin importar cuántas se utilicen en una misma acción o en turnos sucesivos.
Efecto 2 (MDES) de Sigilo
Efecto 2 (MDES) de Lesión
Efecto Solo Arrojadizas
Tako Kanabō no Samehada

[Imagen: l93r50D.png]

Hablo - Pienso
Itsuki Senju
Rango Chuunin
Clan Senju
Nivel 12
Estadísticas
Generales
Fuerza75(4)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra100(5)
Inteligencia5(1)
Especiales
Salud10
Velocidad15
Tenketsu25
Sigilo10
485
655
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31-07-2026, 04:06 AM
El sol comenzaba a entrar por la ventana de la habitación reposando los primeros rayos de luz directo en la cara de Itsuki. La fina hoz de luz que comenzaba a iluminar el recinto le obligaba a comenzar su rutina, desde que llegó al País de las Olas no ha entrenado como de costumbre, el mismo día que llegaron a la zona Akira le arrastró a un bar junto a varios miembros de la gente del Mar y del Bosque, lo que sucedió después aún era difuso en su memoria, aunque aún podía sentir levemente los efectos del licor haciendo estragos en su cabeza. Haciendo acopio de toda su voluntad se levantó de la cama para comenzar, finalmente su rutina diaria. 

Para no quebrar el sigilo que su actual misión demanda, realizó su rutina de entrenamiento usual dentro de la habitación, se dio un baño rápido y salió a cumplir su con su deber. La plaza ya mostraba signos de actividad, los tejados naranjas destacan bajo la luz del día, la claridad y el reflejo del contraste que estos generaban provocó un leve dolor en su sien “Maldita sea Akira..” pensó quejándose del dolor mientras se acercaba a comprobar el tablón de misiones. 

Se fué al puente de piedra como indicaba el reporte, a lo lejos podía ver varios miembros de la gente del Bosque y del Mar reunidos junto a los locales. Apresuró su paso para encontrarse con el grupo, mientras sentía como la expectativa se aumentaba, una misión en conjunto con compañeros de armas que conocía bastante bien, y compañeros de copas que acaba de conocer, esta era en definitiva una experiencia que no podía dejar pasar, a cada paso iba identificando a sus colegas, “Aún con esa postura cabizbaja” pensó al ver a Ran, también notó el otro peliblanco en escena, “Yuugen” una figura corpulenta de cabellos desordenados, “Kuroto”, aquel chico tímido que vió antes de partir, “Daeru”, el joven alto de cabellos bicolor, “Raizen”, por su puesto no podía falta el Hyuga culpable de tener un dia menos en su memoria por causa del sake, “Desgraciado, ya vas a ver” Pensó al reconocer a Akira, sin embargo los más llamativo en el lugar serían los del Mar, una figura tan corpulenta como atletica, cerca de los dos metros de altura, junto a una figura femenina más familiar ambos de tez azulada, recordaba las primeras impresiones y una que otra escena regresaba a su memoria sobre lo que sucedió en el bar, quizás haya sido el efecto de la bebida o la familiaridad nacida de lo que aún no recordaba..

 -Espero que podamos decir que somos amigos después de las copas ¡yep!-  

Con una sorprendente naturalidad, Itsuki se detuvo junto a Arako moviendo su mano rápidamente para saludarla, aunque no con un gesto habitual.

¡SLAP!

Su mano chocó con el trasero de la chica, su intención no era ser grosero o faltar el respeto, había entendido que esta era una muestra de familiaridad para algunos, y asumió que esto era algo habitual. Aún sin saber la gravedad del asunto, sonrió sutilmente para complementar su saludo mientras removía la capucha de su capa.


Itsuki Mori — se presentó ante los encargados — Creo que no alcancé a escuchar todo, pero pueden estar seguro que si alguno queda para rescatar lo traeré de vuelta.




Inventario

Senbon
Senbon 490 ryos
ArrojadizaChico10
Agujas metálicas extremadamente finas de aproximadamente 15 cm de largo, diseñadas exclusivamente como armas arrojadizas de alta precisión. No pueden ser empuñadas, ya que su forma delgada y liviana las hace ineficaces en combate cuerpo a cuerpo. Al clavarse, no provocan sangrado abundante, sino que están pensadas para lesionar músculos o zonas nerviosas, dificultando el movimiento del oponente.

Cuando se lanzan desde el sigilo, las senbon otorgan un aumento temporal al sigilo del usuario, gracias a su trayectoria silenciosa y difícil de detectar. Este beneficio es no acumulativo, se aplica solo durante el lanzamiento de las senbon, sin importar cuántas se utilicen en una misma acción o en turnos sucesivos.
Efecto 1 (MDES) de Sigilo
Efecto 1 (MDES) de Lesión
Efecto Solo Arrojadizas

2x:
Nudillera Kunai
Nudillera Kunai 2.450 ryos
EmpuñadaChico1
Las Nudillera Kunai, son kunais modificados adaptados para utilizarse como nudilleras con filo, colocándose directamente sobre los dedos para integrarse de forma natural al combate cuerpo a cuerpo, su diseño permite que cada golpe de taijutsu no solo impacte, sino que también provoque sangrado y aumente la gravedad de las lesiones al desgarrar la carne con cada contacto, potenciando así el daño progresivo del usuario. No funcionan como un arma empuñada convencional, ya que están pensadas específicamente para el combate físico directo, aunque pueden ser arrojadas si la situación lo requiere.
Efecto 2 (MDES) de Sangrado
Efecto 8 (MFUE) de Lesión
Efecto Compatible con golpes de Taijutsu

botiquin
botiquin 3.185 ryos
HerramientaMediano5
El botiquín de primeros auxilios es una herramienta médica portátil que permite estabilizar heridas durante el combate. Al emplearlo, el usuario puede optar por uno de tres efectos: recuperar una cantidad de Puntos de Vida (PV) proporcional a su estadística de Salud, restaurar la Velocidad perdida por lesiones, recuperar puntos de Salud perdidos o detener hemorragias activas. En este último caso, reduce el sangrado en 1 punto por turno o estabiliza un sangrado crítico, impidiendo que su efecto empeore con el tiempo.

El botiquín solo puede usarse para aplicar uno de estos beneficios por turno, y requiere que el usuario dedique la totalidad de ese turno para tratarse adecuadamente. No puede ser usado mientras se combate directamente o bajo presión. Debido a esto, se recomienda su uso durante momentos de sigilo, cobertura o resguardo, cuando el usuario no está siendo observado ni atacado, asegurando una aplicación segura y efectiva.
Efecto 1 (MDES) de Salud
Efecto 1 (MDES) de Velocidad
Efecto 2 (MDES) de Curación

Tetsubishi
Tetsubishi 245 ryos
HerramientaChico3
Los Tetsubishi nacieron como el resultado de estrellas ninja mal forjadas, deformadas o simplemente desechadas por herreros inexpertos. Sin embargo, su peculiar forma demostró ser mucho más útil como trampa que como arma arrojadiza. Gracias a sus múltiples puntas, siempre permanecen con una de ellas orientada hacia arriba, convirtiéndose en un peligro difícil de detectar a simple vista.

Los Tetsubishi pueden esparcirse sobre un área del campo de batalla, creando una zona peligrosa para cualquiera que la atraviese. Cada turno que un objetivo permanezca dentro del área, un Tetsubishi adicional se adherirá a su cuerpo, incrustándose en sus ropas o extremidades. Una vez adheridos, sus efectos persistirán incluso si el objetivo abandona el área, recibiendo los efectos de Lesión cada turno hasta retirar todos los Tetsubishi incrustados. Extraer cada Tetsubishi requiere 1 segundo, por lo que ignorarlos puede convertir una simple trampa en un problema cada vez más difícil de manejar.
Efecto 1 (MINT) de Lesión
Efecto 1 (MDES) de Radio
Efecto Daño de Lesión por Turno

Llavero #001
Llavero #001 1 ryos
ColeccionableIntangible
Un par de elegantes pistolas de acabado café claro, decoradas con intrincadas marcas rojizas que recorren su superficie como si ocultaran algún antiguo significado. Estas pequeñas réplicas de bolsillo se han convertido en el último grito de la moda entre aventureros y coleccionistas, siendo el accesorio perfecto para acompañar un llavero con un toque de estilo y personalidad. Porque, seamos sinceros, todo luce mejor con un par de diminutas pistolas colgando de las llaves.

Narrador General
Rango Genin
Clan Senju
Nivel 6
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra0(1)
Inteligencia90(4)
Especiales
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300
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01-08-2026, 05:19 PM
Genbei había esperado encontrar a dos o tres shinobi; en cambio, observó cómo el Puente de Piedra se llenaba poco a poco de capas blancas y negras. Yūgen fue uno de los primeros en aceptar la investigación y aseguró que contarían con medios para detener a los osos sin matarlos; Akira llegó después, aligerando por un momento la tensión antes de inclinarse respetuosamente ante ambos hombres y prometer que intentarían recuperar la carga sin provocar más daños. Kuroto se interesó inmediatamente por el arnés de la mula, se agachó para examinar sus cortes y señaló la carreta como el último lugar confirmado donde estuvieron los animales. Ran respaldó esa idea después de escuchar cada detalle con atención, mientras Daeru permaneció callado, estudiando el camino y el croquis antes de dejar claro, con su disposición a acompañarlos, que también consideraba prudente reunir pruebas antes de entrar al bosque. Raizen apareció entre bromas, títulos inventados y la compañía de Amaru, pero coincidió con los demás y avanzó algunos pasos hacia la ruta de la carreta; Arako llegó anunciando que derrotaría al oso y esperando que todos terminaran como amigos, mientras Orión redujo su opinión a dos palabras suficientes para que Genbei comprendiera su postura: la carreta. Itsuki fue el último en incorporarse, se presentó correctamente como Mori y prometió traer de regreso a cualquiera que necesitara ser rescatado, aunque su saludo excesivamente familiar hacia Arako hizo que el pueblerino desviara la mirada y decidiera, por el bien de su tranquilidad, fingir que no había visto nada.

Iori había permanecido en silencio durante aquel desfile de presentaciones, registrando quién atendía las instrucciones, quién examinaba las pruebas y quién parecía dispuesto a seguir al primero que comenzara a caminar. También escuchó perfectamente cuando uno de los jóvenes se presentó como Uchiha ¿Qué sería eso? Quien  Por la naturalidad con la que pronunció el apellido, Iori entendió que no había sido un desafío a las normas, sino un reflejo: había dicho el nombre que llevaba utilizando toda su vida antes de recordar que, durante aquellas semanas, debía ocultarlo. Raizen reaccionó de inmediato, corrigiéndolo entre bromas con una presentación todavía menos discreta, y el representante decidió no avergonzar al muchacho delante del 

Entonces Iori extendió el croquis sobre el pretil del puente y volvió a presentar la situación, esta vez señalando con el dedo cada dirección para que nadie avanzara creyendo que todos tenían exactamente la misma tarea. El camino principal continuaba hacia el norte y conducía a la primera bifurcación, junto al borde occidental de Shioma, donde permanecía la carreta de Genbei; allí podían comprobar cuántos osos participaron, qué buscaron, por dónde se marcharon, recuperar lo que siguiera intacto y asegurarse de que no hubiera viajeros heridos. Desde esa bifurcación, la ruta occidental seguía hacia Kirami, donde convenía advertir a los habitantes, revisar los almacenes atacados y averiguar si los animales habían vuelto a acercarse al pueblo. El sendero oriental se introducía en el Bosque Costero de Shioma y permitía seguir las huellas hasta el territorio del que estaban saliendo los osos, descubrir qué los estaba desplazando y evitar que descendieran hacia Nami o terminaran arrinconados contra los acantilados. —Pueden ir todos a la carreta, dividirse desde aquí o reorganizarse cuando alcancen la bifurcación...Esto debe ser bastante normal para ustedes así que... Esa decisión les pertenece. No sé...Díganse qué saben hacer, quién acompañará a quién y qué ruta cubrirá cada uno. Iori dejó el dedo sobre la bifurcación dibujada y concedió especial atención a quienes ya habían comenzado a caminar, elevando lo suficiente la voz para que también escucharan las instrucciones.

Genbei agradeció las promesas de ayuda con una inclinación torpe, tomó las riendas de la mula y confirmó que las ruedas de su carreta habían quedado hundidas junto al margen izquierdo del camino, poco antes de la división de las rutas; desde allí, las huellas más grandes parecían continuar hacia Shioma, aunque él no había permanecido el tiempo suficiente para comprobarlo. —Ah...y...recuperen la carga si pueden, pero no se arriesguen por unas cajas. Si encuentran a alguien en el camino, primero asegúrense de que pueda regresar a casa. Y...hmm... recuerden que esos animales eran nuestros vecinos mucho antes de convertirse en un problema. Iori enrolló el croquis, lo dejó en manos del grupo y se despidió con un movimiento de cabeza antes de acompañar al herido de regreso hacia Puerto de Nami. Los dos hombres se alejaron por las calles mientras la mula los seguía todavía inquieta, dejando a los nueve shinobi frente al puente, el camino septentrional y una decisión que nadie tomaría por ellos. La carreta, Kirami y las profundidades de Shioma requerían atención; ahora debían mirarse, hablar entre ellos y decidir quién iría hacia cada lugar y con quién lo haría.
時
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Kuroto Uchiha
Rango Chuunin
Clan Uchiha
Nivel 18
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Generales
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02-08-2026, 12:40 PM
Kuroto permaneció cerca del inicio del camino mientras Iori extendía el croquis sobre el pretil. Su mirada siguió el recorrido del dedo del representante desde Puerto de Nami hacia el norte, hasta el punto donde Genbei había dejado la carreta. Aquel era el primer destino común. Solo después el camino se dividía. La ruta occidental conducía hacia Kirami, mientras que el sendero oriental se internaba en el Bosque Costero de Shioma. No parecía necesario separar al grupo antes de alcanzar la carreta, aunque sí tendrían que decidir cómo repartirse cuando llegaran a la bifurcación. Durante unos instantes, sin embargo, las rutas y los osos quedaron relegados a un segundo plano. Kuroto mantuvo el rostro inmóvil al escuchar la corrección de Raizen. No respondió a la broma ni trató de justificar el apellido que había pronunciado. Exteriormente, su reacción se limitó a un ligero endurecimiento de la mirada. Por dentro, la molestia era mucho más difícil de contener. Había cometido un error. No porque aquel nombre no le perteneciera, sino precisamente porque llevaba utilizándolo toda su vida. "Uchiha". Había salido de sus labios con la misma naturalidad con la que respiraba o llevaba la mano hacia la empuñadura de su espada. Solo después recordó las instrucciones, las capas destinadas a ocultar sus símbolos y el apellido que se suponía que debían utilizar durante su estancia en aquellas tierras. Mori. Kuroto bajó brevemente la mirada hacia el croquis.

- ¿Por qué debería llamarme de otra manera? ¿Por qué debo ocultar mi linaje? No soy Mori. Soy Uchiha.

Comprendía la utilidad de la orden. Se encontraban en territorio extranjero, rodeados de shinobi procedentes de otras naciones, y revelar determinados linajes podía atraer una atención innecesaria. Ocultar su identidad protegía a la delegación y evitaba conflictos que nada tenían que ver con la misión. Comprenderlo no significaba que le agradara. No se avergonzaba de su clan. No consideraba su apellido una carga ni algo que debiera esconder como si se tratara de una falta. Y si las circunstancias no le permitían utilizarlo, tampoco tenía intención de pronunciar otro como si realmente le perteneciera. No era Mori. Pero repetir aquello en voz alta solo empeoraría el desliz que ya había cometido. Kuroto volvió a prestar atención cuando Iori terminó de explicar las rutas. Escuchó también las últimas palabras de Genbei: las cajas eran secundarias, cualquier persona encontrada en el camino debía regresar a salvo y los osos habían sido vecinos de aquellas tierras mucho antes de convertirse en un problema. Aquello coincidía con la sospecha que ya había comenzado a formarse entre varios integrantes del grupo. Los animales quizá no fueran el origen del problema. Algo podía estar alterando su comportamiento o empujándolos fuera de su territorio. Kuroto observó cómo Iori y Genbei se alejaban hacia Puerto de Nami acompañados por la mula. Cuando las calles terminaron por ocultarlos, dirigió la mirada hacia los ocho shinobi que permanecían frente al puente. Nadie había recibido autoridad sobre los demás. Tampoco existía un reparto establecido. Kuroto avanzó un paso, se acercó al croquis y deslizó el dedo desde Puerto de Nami hacia el norte, siguiendo el camino principal hasta la posición aproximada de la carreta.

- La carreta se encuentra antes de la bifurcación. No creo que sea necesario separarnos aquí. Podemos llegar juntos, comprobar si queda alguien herido y revisar el lugar antes de decidir las rutas.

La carreta seguía siendo el último lugar confirmado donde habían estado los animales y el punto desde el cual podrían tomar una decisión con más información. Kuroto movió el dedo hacia el sendero oriental.

- Cuando terminemos, continuaré hacia Shioma. Si los osos están abandonando el bosque, quiero saber qué los obliga a hacerlo. Quien tenga experiencia siguiendo rastros, desplazándose entre árboles o conteniendo animales sin matarlos será útil en esa ruta.

Después señaló el camino occidental que conducía hacia Kirami.

- Otro grupo debería dirigirse al pueblo. Allí tendrán que advertir a los habitantes, revisar los almacenes atacados y comprobar si los animales han regresado. Quienes sepan tratar con civiles o atender heridos probablemente sean más necesarios allí.

Retiró la mano del croquis y observó al resto. No pretendía asignarles una ruta ni decidir qué capacidades poseía cada uno. Iori les había pedido que hablaran entre ellos, y Kuroto únicamente había propuesto una forma de organizarse. Su mirada se detuvo un instante en Ran. Ella había respaldado su propuesta de inspeccionar la carreta, por lo que le dedicó un leve movimiento de cabeza. Después observó a Yugen, recordando que había mencionado medios para detener a los osos sin necesidad de matarlos. No pidió directamente a ninguno que lo acompañara. Aquella decisión les pertenecía.

- Antes de llegar a la bifurcación, cada uno debería decir qué puede aportar y qué ruta prefiere. Así evitaremos formar grupos sin capacidad para atender heridos o contener a los animales.

Dejó una mano cerca de la empuñadura de su katana, más por costumbre que por la presencia de una amenaza inmediata.

- Puedo avanzar en vanguardia, observar el terreno y cubrir al grupo si algo nos ataca. No conozco estas tierras, así que escucharé a quien tenga más experiencia siguiendo rastros o moviéndose por este bosque.

Aquella admisión no le agradaba especialmente, pero internarse en un territorio desconocido fingiendo conocimientos que no poseía sería una estupidez. Volvió la mirada hacia el camino septentrional.

- La carreta es nuestro primer punto común. Podemos decidir el reparto mientras avanzamos, salvo que alguien tenga una razón para separarse desde aquí.

Esperó las respuestas sin volver a mencionar su presentación. La irritación seguía presente, contenida detrás de una expresión serena, pero no permitiría que un apellido distrajera al grupo de la misión.

No soy Mori.

Sus dedos se cerraron ligeramente junto a la empuñadura.

Si no puedo presentarme como Uchiha, mi nombre tendrá que bastar.


RESUMEN OFF

Propongo que todos avancemos primero hasta la carreta, situada antes de la bifurcación. Después, pretendo continuar hacia el Bosque Costero de Shioma.
-Hablo-
-Pienso-
-Narro-
Ran Kurai
Rango Genin
Clan Uchiha
Nivel 8
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Generales
Fuerza7(1)
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Sigilo13
377
368
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02-08-2026, 07:08 PM
Decidiendo quedarse la muchacha en completo silencio mientras que los otros shinobis llegaban a ese sitio, más que nada porque a pesar de que ella a toda costa seguía conservando esa fría, helada, gélida pose pues por dentro, interiormente hablando estaba hecha un manojo de emociones, fue que la chica a continuación se siguió limitando a observar con suma minuciosidad tanto la dirección que ese hombre de nombre Genbei había apuntado hacia el norte, cómo al mismo tiempo repasar de manera mental todo lo dicho hasta el momento. Y es que sí, sí y sí… la verdad de las cosas era que ahora mismo todo, pero absolutamente todo, hasta la más mínima palabra, podría significar algo más que trascendental para el desempeño de la muchacha en esa misión. ¿No que, al fin y al cabo, todo contaba a la hora de hallar y dar finalmente lo que estaba detrás de esa particular situación? Y no, no es que la chica se consideraba una kunoichi de rango superior ni mucho menos, pero eso no quitaba que ya a esas alturas, sí la joven había tenido la oportunidad de asistir ya a varias misiones, aún cuando la gran mayoría de éstas no hayan sido de un rango muy elevado. Escogiendo la joven seguir limitándose a quedarse callada, muy, muy callada, llegó el inevitable momento en el que ella cayó una vez más que tendría que verse obligada a sí o sí a interactuar con personas que le eran completamente ajenas, completamente desconocidas. ¿Acaso tanto odiaba la muchacha socializar?

Y si le sumamos a que otro miembros de su clan por vía materna, la shinobi y tan respetada familia de los Uchiha, había igualmente llegado a participar de dicha misión, pues el resultado, al menos en cuanto a la estabilidad tanto psicológico cómo emocional de la joven, no precisamente uno muy positivo, sino que más bien todo lo contrario. ¿Por qué era que todavía a la muchacha le requería tanto esfuerzo de su parte entablar cualquier tipo de interacción con los miembros de esa familia…? ¿Era tanto tal vez el desprecio que ella misma había sentido por parte de ese clan, a pesar de que con mucha suerte Ran había conseguido charlar directamente con los integrantes de este mismo no más allá de dos o tal vez tres veces, cómo para ni siquiera tomar el riesgo, tomar la valentía necesaria, para así hablar sin que su corazón latiera de esa manera tan dolorosa y ya? —Pero Keisuke-san es diferente—pensó de fugaz manera la chica, haciendo así alusión a uno de sus tantos primos maternos, a la vez que su mirada, de forma discreta y más que sigilosa, se alternaba entre ese ninja llamado Kuroto y ese muchacho que ella había reconocido cómo parte del clan de los Uchiha que no se había presentado propiamente tal, habiéndolo ella visto en ese evento desfiles celebrado en Konoha hace tiempo atrás. ¿Cómo lo haría la chica para conseguir completar airosamente toda esa situación, tomando en cuenta lo nerviosa, lo angustiada, lo alterada y ansiosa que se estaba sintiendo ahora ya? 

Haciendo la muchacha en serio que todo lo posible por mantener el control sobre su cuerpo, fue que notó una voz que se le hizo de inmediato familiar… y al mirar por el rabillo del ojo hacia donde se originaba ese sonido, ella dio a dar con ese muchacho de cabello plateado, reconociéndolo así en el acto, a lo cual la chica torció sus delegados y pálidos labios con una imperceptible ligereza. ¿Por qué era que justamente tenía que encontrarse con él?—Sólo ignorálo y ya—se dijo la joven a sí misma, plenamente consciente de que no era el segundo apropiado cómo para amargarse por la presencia de ese muchacho. Observando la joven acto seguido el croquis mostrado por el individuo de nombre Iori, una vez que ya finalmente el resto de los genin convocados habían llegado a ese lugar, ella misma comprendió que habían muchas acciones por cubrir, por lo cual en teoría no todos tendrían la misma labor. Terminando así de esta forma escuchar todas las palabras emitidas tanto por Iori cómo Genbei, la muchacha se dispuso a mirar alternadamente, con su tan habitual intensidad, hacia los otros shinobis presentes ahí, dándose recién cuenta de que efectivamente, cierto porcentaje de quienes serían sus aliados, sus compañeros por así decirlo de alguna manera en aquella empresa , eran oriundos de la Aldea Kiri. ¿Eso acaso era una ventaja para ella, en el sentido de que no todos se conocían unos a otros al cien por ciento ahí, estando así todos en una similar, pero no igual, condición?

Entonces para la incomodidad y alteración de la joven, fue precisamente Kuroto quien dijo algo acerca de lo que podría a continuación. Y no, no es que la muchacha tuviera algo personal contra el otro genin, la cosa estaba en que aún a la chica le afectaba que él, al igual que ella, fuese perteneciente al clan de los Uchiha. —Vamos, Ran, sólo sigue enfocándote en la misión—se dijo la joven a sí misma, a la vez que escuchaba con suma detención lo que ese chico estaba hablando… y, para sorpresa, tranquilidad y calma de la muchacha, ella estuvo completamente con él en todo. ¿Era que tal vez el interactuar con sus parientes por vía materna no sería tan complejo cómo ella lo hubo pensando en un primer momento?—Muy bien, entonces hagamos eso… sigamos juntos hasta llegar  a la carreta y de ahí dividirnos—tuvo la urgente necesidad de posar su mirada en alguien que no fuese ese muchacho—. Por mi parte, me dirigiré al pueblo— respondió seguidamente la kunoichi, y si bien, ella consideraba que era mejor rastreando huellas en vez de hablar con personas  a las cuales no conocía en lo absoluto, por nada del mundo quería quedar en el mismo equipo que Kuroto, o de hecho con cualquier miembro parte de la familia a la cual este último pertenecía. ¿Cuándo llegaría finalmente el día en el que ella fuese absolutamente capaz de enfrentar de lleno a esa familia?  Callando otra vez, la muchacha fijó su helada mirada entre los presentes, esperando así una respuesta. 


---

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Resumen:
Ran, a pesar de ser mejor rastreando pistas en terreno, decide ir al pueblo para evitar estar junto a Kuroto al ser él un Uchiha.
Arako Heizu
Rango Genin
Clan Heizu
Nivel 11
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Sigilo13
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505
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02-08-2026, 10:24 PM
Última modificación: 02-08-2026, 10:25 PM por Arako Heizu.
Las reacciones fueron difusas (En especial con aquel autodeclarado “Uchiha”), por lo que sonreí viendo a todos ignorando lo ocurrido y cada uno de los presentes, habían por lo menos cinco de aquella aldea de los Mori, fui viendo cara por cara, rostro por rostro con mi mirada en busca de ver quien podría ser el más guapo de ellos, no estaba aquella chica guapa que habrían nalgueado también la última vez, por lo que hice una mueca media decepcionada, quería saber si podría verla en acción un poco más… Por lo que, pensativa me fije iba llegando Orion acercándose por lo que le dedique una sonrisa tranquila, levantándole la manito para saludarle desde lejos, pues justamente parecía andar en la suya y yo en la mía, pero ¡Eh! Por lo menos tenia a un compañero de kiri mi aldea natal protegiéndome la espalda.

Entonces sentí un gran golpe que trajo un sabor bastante dulce con tonos amargos como aquel café con leche, ese que te entregaban en los cafés en el mejor momento que pude vivir, pero oye… Esa sensación llegaba desde ¡Mi puto culo! – Ay~ Digo… ¡Auch! – Grite sobándome, pues me había dolido, mire inmediatamente al culpable sonriéndole amistosamente tomando del hombro, pues le diría -Para la próxima… - Exclame dando un puñetazo directo al estomago intentando no dejarle parapléjico, pues sabia lo fuerte que yo podría pegar -¡Apunta bien!- Grite dándole su lección pues aquella broma había llegado demasiado lejos, pues ya llevábamos días soportando esto...

-¡Hmm!- Masculle dirigiendo la mirada hacia otro lado enojada, acercándome a ver al resto de chicos, pues ya mas relajada mire a los únicos dos guapos del grupo… Uno de pelo negro con canas que aun no sabia su nombre y otro que ya me habría intentado ligar, pero que se habría mostrado en un inicio bastante mas molesto, por lo que decidí acercarme al que desconocía… - ¿Hey puedo irme contigo? – Dije sonriente intentando parecer complacida por verle, mientras jugaba con mi pelo… Después de todo, sabía que así según algunos cuentos se conquistaban a los hombres, mas que ello no conocía nada de ligar ¡Y estaba guapo! No tanto como Enjo, pero meeeh para un amor de verano, podría ser el indicado… Así me arregle el velo que cubría parte de mi rostro para agregar al resto – ¡Eh! Akira… No te salude tampoco – Levante la manito como saludando e inmediatamente fije mi vista de nuevo en mi nuevo príncipe… -¿Cuál es tu nombre? Podría acompañarte si quieres. – Insistí sonriéndole sin mostrar mis dientes, resaltando aquel labial negro que me habría puesto.

menciones
Interacitue con: Itsuki, Raizen y Akira... Salude a orion nada mas levemente.
Itsuki Senju
Rango Chuunin
Clan Senju
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03-08-2026, 01:58 AM
Última modificación: 03-08-2026, 01:59 AM por Itsuki Senju.
La lección había quedado clara, el golpe no fue más que una advertencia, un contundente recordatorio de que aquel gesto intempestivo no encajaba en ninguna noción de camaradería. El Senju grabaría aquel dolor punzante en la boca del estómago como una marca de memoria práctica; su actitud despreocupada e impertinente era evidencia de la intoxicación que comenzaba a disiparse. Con la mente aclarada por el impacto y su estoica disciplina retomando el control de cada fibra muscular, Itsuki ajustó su capa blanca en un movimiento seco, dedicándole a Arako una inclinación de cabeza casi imperceptible a modo de sobrio gesto apologético.


Su rostro no pudo ocultar del todo la incomodidad de la situación antes de responder. "—¿La próxima vez...?" — articuló con cierta perplejidad. Sin embargo, por primera vez fuera del fragor de un combate, los bordes de sus labios se curvaron en una leve y espontánea sonrisa. Para alguien cuya única satisfacción solía provenir de la tensión pura de la arena y de exigirle a su cuerpo dar el máximo en cada intercambio de golpes, aquella efímera expresión revelaba que sus muros no eran tan inexpugnables como le gustaba proyectar.


El punzante dolor de cabeza cedió casi por completo mientras Iori repasaba los detalles de la misión. El representante se apoyaba en el croquis extendido sobre el pretil del puente para delimitar el camino del norte hacia Shioma y Kirami, pero la atención de Itsuki se desconectó en cuanto la conversación viró hacia la distribución de los equipos. Para el albino, la cautela excesiva y las deliberaciones prolongadas no eran más que una pérdida de tiempo en formalidades innecesarias. Su mirada realizó un barrido analítico sobre los presentes. Ignoró los rostros que su cerebro no podía procesar correctamente, enfocándose en lugar de ello en el peso de sus posturas, la curva de sus capas y el balanceo de sus pasos, aunque la mayoría eran gente del Bosque, eran pocos los que conoció antes del viaje. 


"—En eso concuerdo con ustedes,—" afirmó el Senju con voz firme, respaldando la idea planteada por la silueta envuelta en la capucha blanca de investigar la carreta volcada antes de dividir al grupo. Ran manifestó una postura similar poco después, a lo que Itsuki respondió con un firme gesto de aprobación antes de continuar—. "Considero que los más veloces deberían dirigirse al poblado; una unidad reducida bastará, mientras el resto nos encargamos de la carreta y la espesura. Requerimos también a alguien con dotes de rastreo excepcionales" — concluyó mientras daba un paso al frente, iniciando una marcha lenta y calculada hacia el norte. 


"—No me interesa saber si creen que son buenos o no en algo, sólo estamos perdiendo el tiempo aquí—" sentenció sin detener su avance ni volverse a mirar al resto, dejando atrás el puente de Piedra mientras preparaba sus nudilleras, listo para encarar la ruta hacia la primera bifurcación.






Resumen

  • Itsuki acepta la reprimenda de Arako.
  • Escucha en silencio la explicación de las rutas dada por Iori Shima sobre el croquis.
  • Se suma a la postura expresada por Kuroto de ir hasta la carreta.
  • Propone una estrategia de distribución: los más rápidos en una unidad reducida hacia el pueblo (Kirami), mientras el resto (incluyendo alguien especializado en rastreo) se encarga de la carreta y la espesura de Shioma.


Akira Hyuuga
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03-08-2026, 02:20 AM
Última modificación: 08-08-2026, 03:56 PM por Akira Hyuuga.
La tensión en el Puente de Piedra era casi tan espesa como la niebla marina, pero no por la amenaza de los osos, sino por las peculiares dinámicas de aquel grupo de shinobi. Akira, ajustándose los guanteletes carmesí, no pudo evitar soltar una carcajada sonora al presenciar el intercambio entre Itsuki y Arako. Ver a su mejor amigo y rival recibir un puñetazo directo al estómago tras su torpe intento de "familiaridad" fue el combustible perfecto para su espíritu burlón.

—¡Cuidado, Itsuki! —exclamó entre risas, dándole una palmada en la espalda a su amigo mientras este recuperaba el aire—. Parece que las damas de la Gente del Mar tienen el puño tan pesado como sus jarras de sake. Te dije que la resaca te iba a pasar factura, pero no esperaba que fuera así.

Luego, su mirada perlada se suavizó al dirigirse a Arako. El recuerdo del combate amistoso anterior —y de aquel contacto accidental que todavía le encendía las mejillas— seguía fresco. Le devolvió el saludo con un gesto juguetón de la mano. —Hola de nuevo, Arako. Veo que tu espíritu combativo está intacto. No le des tan duro al pobre, que ya tiene suficiente con el dolor de cabeza que le provoqué ayer —añadió con una guiño antes de girarse hacia Raizen.

Al escuchar la pregunta sobre su mellizo, la expresión de Akira se volvió un poco más compleja, teñida por esa mezcla de lealtad y rebeldía que definía su relación con Mayura. —Mayura se quedó en sus asuntos, Raizen. Ya sabes cómo es, prefiere el espectáculo y yo... bueno, yo prefiero la acción—respondió, recordando que había usado esta expedición como la excusa perfecta para alejarse de las presiones del clan y hacerse más fuerte por su cuenta.

La atmósfera cambió cuando el Sempai Kuroto tomó la palabra. Akira notó la rigidez de su tras el desliz con el apellido Uchiha.

—El plan del Sempai es sólido —asentó con firmeza, recuperando su aire de filósofo guerrero—. No tiene sentido dividirnos antes de ver qué quedó de esa carreta. Ran, Yūgen, mantengamos los ojos abiertos. Ran, confío en que tu calma equilibre nuestra impulsividad. Yūgen, espero que tus herramientas estén listas; después de lo de anoche, confío en que hoy trabajaremos mejor como equipo que como rivales.

Con un movimiento fluido, Akira se colocó cerca de la vanguardia junto a Kuroto e Itsuki. A pesar de las bromas y los golpes, su determinación era clara. —Iori-san, Genbei-san, no se preocupen más. —sentenció antes de del vocablo de su doujutsu para así empezar a escudriñar el borde del Bosque de Shioma en busca de cualquier anomalía en el flujo de chakra o huellas en el barro.


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✔Aprendida · 19-06-2026
◈dōjutsu
✦Nivel: 1
#ID: HYUG101B
◔Coste
20 de Chakra| 10 de Chakra por Turno
▣Descripción

Al activarse, este dōjutsu otorga al usuario la visión característica del clan Hyūga. En combate, el usuario obtiene una cantidad de puntos de visión independientes equivalente a su modificador de Destreza, los cuales puede mover libremente dentro de un rango definido. Estos puntos le permiten ver a través de paredes y objetos físicos, aunque sin atravesar estructuras creadas o reforzadas con chakra. Si un punto se ubica sobre el propio usuario, este reduce el sigilo de las ofensivas dirigidas hacia él, independiente de la distancia. Si un punto se fija sobre un objetivo, el usuario puede observarlo en todo momento a menos que se oculte mediante una técnica, reduciendo el sigilo de sus acciones y ofensivas. El usuario puede concentrar múltiples puntos de visión sobre un mismo objetivo o sobre sí mismo, potenciando los efectos de las técnicas del estilo Hyūga empleadas en esas zonas. El usuario puede reubicar cada punto una vez por turno, siempre que el nuevo objetivo sea visible dentro de su campo visual, o bien realizar una tirada de búsqueda adicional por cada punto de visión dedicado a detectar si un objetivo se encuentra oculto.

Fuera de combate, el Byakugan amplía su rango de visión al doble del habitual, manteniendo la reducción de sigilo y permitiendo rastrear presencias en amplias zonas con notable precisión. Gracias a sus múltiples focos visuales, el usuario puede controlar el entorno, detectar amenazas y anticiparse a los movimientos enemigos, consolidando la fama del Byakugan como los verdaderos “ojos que todo lo ven".

✧Efecto
50 (MDES) de Rango de Visión, 5 (MDES) de Puntos de Visión, 5 (MDES) de Reducción de Sigilo




Vida: 570/570

Chakra: 485/505
[Imagen: JK2RddW.png]
Raizen Sarutobi
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03-08-2026, 01:30 PM
La organización de la expedición era clave y muy importante, más allá de la queja de Kuroto por haber dicho el nombre de su clan sin preocuparse de los problemas que eso podía traer, y la respuesta de Akira, que sonrió al escucharlo, como si tuviera la cabeza en otra parte. ¿Estaría pensando en la Inuzuka? Raizen no podía dejar de imaginárselo con cachorritos de ojos blancos correteando por ahí.

El grupo entero empezó a discutir, a proponer ideas, y algún que otro golpe amistoso se coló en el medio. Raizen, por su parte, ya estaba ansioso por avanzar hacia la carretera. No quería quedarse mucho tiempo parado ahí, sabía que alguien podía estar en peligro, y todavía peor, que cada minuto perdido era un minuto menos para descansar y disfrutar de la marea. Cruzó los brazos, con la mente puesta en el bosque que se extendía frente a ellos. Un bosque raro, con un aire muy parecido al Bosque Senju, sin dudas digno de explorar. ¿Qué criaturas desconocidas podían esconderse ahí adentro?

Una voz femenina sonó a su costado, y Raizen giró la cabeza hacia ella. Una mujer, de un tono de piel muy distinto al que estaba acostumbrado a ver, le habló directamente. Se quedó un segundo pensativo, sosteniéndole la mirada. ¿Sería una sirena? La idea le cruzó la cabeza sin poder evitarlo. Amaru, mientras tanto, la observó de arriba abajo con el meñique metido en la nariz, los ojos entrecerrados y ninguna intención real de reaccionar todavía.

— ¿A mí? Puede ser. Si querés ver osos gigantes que nos maten, te podés apuntar.

Lo dijo con una sonrisa amplia, llevándose las manos hacia la cara y curvando los dedos como garras, imitando a una bestia por un segundo antes de reírse de sí mismo y guardar los brazos de vuelta dentro del abrigo blanco. Ella, con intenciones que Amaru no captaba por razones evidentes, insistió un poco más, y Raizen, con su total ignorancia hacia cualquier cosa romántica, buscó con la mirada la aprobación de Yugen antes de aceptar acompañar a una desconocida. Para él, su hermano seguía siendo el tutor y el mayor a cargo del grupo. Apartó la vista de Yugen y volvió a posarla en ella, sin poder contener del todo la curiosidad.

El color de su piel le generaba un interés genuino. ¿Sería descortés preguntarle? Probablemente. Quizás tenía alguna enfermedad grave, y por eso debía cuidarla más de la cuenta. ¿Raizen, el más fuerte del lugar? Tal vez. Todo eso le daba vueltas en la cabeza sin llegar a ningún lado concreto. Esa nube de pensamientos se disolvió cuando el grupo empezó a moverse, y los chicos de la aldea planeaban los primeros pasos hacia el bosque. Raizen quiso opinar, aunque su mente ya estaba puesta enteramente en entrar y explorarlo de punta a punta.


— ¿Qué tipo de animales encontraremos? Espero poder adoptar un cachorro de un lobo o oso. Quedaría lindo ver a Amaru montado arriba de él.

Lo comentó con un sarcasmo apenas disimulado, lo suficientemente alto para que todos lo escucharan, en especial la mujer de piel azulada y el propio Amaru, que quedó atónito ante la idea, bufó indignado y miró hacia otro lado. Raizen soltó una risita corta, la tapó con la mano mientras se acariciaba la frente, y volvió a mirar a la mujer.

— Me llamo Raizen, un gusto. ¿Y vos? Tengo la sensación de que tenés un nombre único, como todos acá en la isla, en lugares que nunca visité.


off

Responderia a lo que dijo Kuroto y Akira, interactuaría con Arako, y lo nombraría a Yugen. Solamente hubo conversaciones, esperó que el grupo avanzase y seguirlos. 
[Imagen: rzcjrdo.png]
Daeru Uchiha
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03-08-2026, 03:16 PM
Daeru permanecía lo suficientemente cerca del grupo como para escuchar con claridad la conversación, pero también lo bastante apartado para no convertirse en el centro de atención. Asentía levemente cada vez que alguna propuesta le parecía razonable, limitándose a escuchar mientras los demás debatían el mejor camino a seguir.

Sin embargo, algo terminó robándole la atención. Hasta ese momento apenas había observado de reojo a los demás shinobi, concentrado casi por completo en las explicaciones de los isleños. Cuando finalmente se detuvo a mirar al grupo con más atención, sus ojos se encontraron con una muchacha de piel azulada. Permaneció inmóvil durante unos segundos, incapaz de apartar la vista. «Quizás las historias eran ciertas...»

Por un instante comenzaron a desfilar toda clase de ideas por su cabeza. ¿Y si realmente la Gente del Mar no eran simples pescadores? ¿Y si aquella muchacha era algún tipo de pez o tiburón capaz de adoptar forma humana? Sintió un escalofrío recorrerle la espalda. «Cálmate... los peces no hablan. De seguro es alguna extraña condición...» Sacudió discretamente la cabeza, intentando expulsar aquellas ocurrencias antes de que alguien notara la expresión de su rostro. Mucho menos quería que aquella joven descubriera las tonterías que estaba imaginando. A simple vista parecía una persona completamente normal... aunque eso no terminaba de tranquilizarlo.

Volvió a concentrarse en la misión. Las opciones eran claras: dirigirse al pueblo para alertar a los habitantes o seguir el rastro de los osos dentro del bosque. El solo recuerdo de su enfrentamiento contra aquel hurón colosal en el Bosque Senju le erizó la piel. Aun así, sabía que, si la situación lo exigía, podía aportar algo. Y si finalmente era necesario proteger a los aldeanos, tampoco consideraba aquella tarea menos importante.

Esperó pacientemente a que todos terminaran de dar su opinión. Solo entonces reunió el valor para hablar. —Estoy de acuerdo. Por mi parte, revisaré la carreta y decidiré dónde puedo ser de mayor ayuda.- Su voz sonó más firme de lo que esperaba. Aun así, una gota de sudor recorrió lentamente su espalda. Nunca le había gustado hablar frente a tanta gente, pero si quería ser útil, tendría que acostumbrarse a hacerlo.

resumen
- Se sorprende al ver a Arako.
- Escucha las propuestas del grupo sin intervenir de inmediato.
- Acepta dirigirse primero a la carreta para reunir información antes de decidir el siguiente paso.
[Imagen: 1bb5716d6be2fa2b4e048ccb8fb0d90a.gif]
Hablo - «Pienso» - Narro
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Orión Hoshigaki
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03-08-2026, 08:31 PM
Última modificación: 03-08-2026, 08:35 PM por Orión Hoshigaki.
Orión permaneció en el extremo posterior del grupo, apartado lo suficiente para no formar parte de aquel intercambio de bromas, golpes y nombres, pero no tanto como para perder una sola palabra. La madera seca que sostenía entre los colmillos crujió lentamente mientras las voces se superponían frente al Puente de Piedra. Algunos parecían tener prisa por iniciar la marcha; otros intentaban decidir qué capacidades debía aportar cada integrante; unos cuantos, sencillamente, habían encontrado maneras extrañas de distraerse antes de entrar en un bosque, encontrar rastros y proteger la fauna local. Él no intervino. Nunca hablaba, ni en medio, ni cuando todavía quedaban pensamientos ajenos esperando encontrar una salida. Escuchaba. Medía. Dejaba que el ruido se agotara solo.

El Kanabō descansaba atravesado sobre uno de sus hombros, obligando a su enorme silueta a inclinarse apenas hacia el lado contrario para equilibrar el peso. Sobre el cuerpo viviente del arma, uno de los tentáculos del pequeño Funato se extendió unos centímetros, tanteó el aire húmedo y regresó después al amparo de aquella estructura que ya no era únicamente metal. Orión deslizó dos dedos gruesos sobre la empuñadura y el movimiento cesó. No necesitaba utilizar la fuerza para ordenarle calma. Llevaban suficiente tiempo unidos como para que una caricia leve bastara. 

Sus ojos recorrieron las capas blancas que ocupaban el puente. Eran demasiadas formas, demasiadas voces y demasiados rostros que pronto dejarían de significar algo para él. Los nombres pronunciados se deshacían con rapidez cuando intentaba asociarlos a unas facciones que no podía conservar. Por eso prestó atención a otras cosas la respiración casi contenida de quien parecía incómodo, el paso acelerado de quien deseaba marcharse y los diferentes olores que la brisa arrastraba hasta él. Cuero, metal, tela húmeda, bebida consumida la noche anterior, sudor contenido bajo capas demasiado cerradas y, atravesándolo todo, la cercanía constante de los árboles.

Solamente Arako ocupaba un lugar reconocible dentro de aquella multitud. No necesitaba observar su rostro para encontrarla. Su olor, la familiaridad de aquella presencia pertenecían al País del Agua. Cuando ella levantó una mano para saludarlo desde la distancia, Orión respondió con un lento movimiento de cabeza. No existió sonrisa ni palabra. Tampoco hacía falta. Habían llegado desde la misma aldea y, en mitad de tantas capas procedentes de una geografía ajena, aquella certeza silenciosa bastaba para saber que al menos una espalda no le resultaba completamente desconocida.

Después continuó escuchando. La carreta aparecía una y otra vez en las propuestas. Ir juntos hasta ella. Revisar si había heridos. Estudiar los rastros. Separarse únicamente cuando alcanzaran la bifurcación. Un grupo iría a Kirami; otro entraría en el Bosque Costero de Shioma. Uno de los jóvenes se ofrecía para la vanguardia. Una muchacha elegía el poblado. Otro exigía dejar de perder tiempo. El de olor pálido parecía dispuesto a observar el terreno antes de que los demás alcanzaran siquiera los primeros árboles. Ninguna de aquellas ideas era absurda. Orión podía reconocer eso aun cuando quienes las pronunciaban pertenecieran a un lugar que le revolvía las vísceras.

No confiaba. No confiaba en sus nombres, en las capas destinadas a esconder símbolos ni en la facilidad con la que algunos pronunciaban apellidos que después. Pero la misión no le exigía confianza. Le exigía cooperación. Había una diferencia importante entre ambas cosas, y Orión había sobrevivido demasiado tiempo como para confundirlas.

La astilla volvió a crujir entre sus dientes. Su mirada abandonó al grupo y quedó fija en el camino que se extendía hacia el norte. Más allá de la carreta, de Kirami y de la primera bifurcación, el bosque se levantaba como una pared irregular. No sabía por qué los osos habían abandonado sus rutas habituales. Tampoco sabía si realmente huían de algo, si simplemente habían encontrado alimento más sencillo cerca de los caminos o si los hombres de aquella península habían interpretado como una amenaza algo que llevaba mucho tiempo ocurriendo fuera de su vista. Orión no iba a regalarle una explicación al misterio antes de observarlo con sus propios ojos. Sin embargo, sí sabía una cosa. Sayuri amaba a esos animales. Recordó la serenidad con la que la Yuki había hablado de ellos antes de que comenzara la misión. No había utilizado una orden militar ni había tratado de convencerlo con un largo discurso. Le había pedido que los cuidara con una naturalidad extraña, como si confiarle la vida de aquellas criaturas fuera tan sencillo como entregarle una cuerda durante una tormenta.

El recuerdo produjo una pequeña contracción en una de las comisuras de sus labios. Una carcajada grave comenzó a subir desde su pecho y terminó escapando entre los colmillos, profunda, breve y completamente fuera de lugar.

-JE JE JE

Había cruzado mares, sobrevivido a barcos rotos, caminado entre laboratorios y cargado hombres que ya habían perdido las ganas de vivir. Ahora se encontraba en una isla extranjera, rodeado de shinobi de los confines del mundo, dispuesto a internarse en un bosque porque una Yuki le había pedido que protegiera osos. El mundo poseía un humor bastante estúpido. Pero Sayuri había pedido aquello. Y Orión cumplía lo pactado. No porque comprendiera el cariño que ella sentía por aquellas bestias. No porque confiara en que los animales fueran inocentes. Ni siquiera porque creyera que todos pudieran ser devueltos sin violencia. Lo haría porque alguien a quien respetaba había colocado algo valioso bajo su cuidado. Para él, eso era suficiente. Una vez que algo ingresaba dentro de aquel círculo estrecho que consideraba suyo, dejaba de ser una obligación ajena y se convertía en una carga personal. Y las cargas personales no se abandonaban.

Retiró por fin la astilla de la boca y observó la marca irregular que sus dientes habían dejado sobre ella. Luego la guardó entre sus pertenencias. No estaba dispuesto a abandonar un pequeño “momento” en un puente que probablemente jamás volvería a cruzar. Los demás seguían hablando sobre quién sería más útil en cada ruta. Orión no necesitaba pensar demasiado su respuesta. No era hábil tranquilizando aldeanos ni deseaba caminar de puerta en puerta explicándole a la gente que debía permanecer encerrada. Tampoco conocía aquellas tierras, pero tenía paciencia, olfato y suficiente cuerpo para interponerse entre una bestia y alguien incapaz de resistirla. Si los osos estaban dentro de Shioma, él también debía estar allí. No para cazarlos. No para demostrar que podía vencerlos. Para encontrarlos antes que alguien decidiera convertir la investigación en una ejecución.

Sus dedos bajaron hasta el cinturón y comprobaron la posición de los senbon. El metal fino permanecía en su lugar. Eran una alternativa imperfecta, pero seguían siendo preferibles a descargar toda la fuerza del Funato contra el cráneo o las costillas de una criatura que todavía no había tenido oportunidad de mostrar sus intenciones. El arma grande quedaría reservada para aquello que no pudiera resolverse de otra forma.

Orión dio un paso hacia el croquis, aunque no se inclinó sobre él. Desde su altura podía distinguir la línea oriental que se introducía en el bosque. La observó durante algunos segundos y después alzó la mirada hacia quienes todavía aguardaban una respuesta. No nombró a ninguno. No podía asociar todas aquellas voces con sus rostros y tampoco le interesaba fingir que sí.

-Carreta primero.

Su voz grave atravesó brevemente la conversación. No intentó imponerse sobre nadie ni repetir las explicaciones que ya habían dado. Todos parecían coincidir en ese punto. La carreta era el lugar común, el último espacio confirmado y la única zona donde podían buscar rastros antes de distribuirse. Después señaló el sendero oriental con una ligera inclinación del mentón.

-Luego voy al bosque.

No explicó de inmediato por qué. No habló de Sayuri. Aquel recuerdo le pertenecía, y Orión no acostumbraba poner en manos extrañas las cosas que consideraba importantes. Se limitó a acomodar el Kanabō sobre el hombro mientras uno de los tentáculos del Funato emergía y rodeaba la empuñadura como si también estuviera preparándose para avanzar. El sendero hacia Shioma parecía estrecho, oscuro y húmedo. La vegetación ocultaba buena parte de lo que aguardaba más allá de los primeros árboles, del mismo modo que la superficie del agua escondía todo aquello que nadaba debajo. Orión lo contempló con una familiaridad inesperada. No era costa. No era un arrecife. No era el vientre negro del océano. Pero existía algo reconocible en aquella profundidad que no permitía ver el final. La sombra de una sonrisa volvió a marcar una comisura.

-Del camino al pinar… y del pinar al mar.

Orión dejó escapar otra carcajada, esta vez más abierta, como si acabara de celebrar en soledad un chiste que nadie más tenía obligación de entender.

-Je, je, je…

El bosque no era el mar. Lo sabía. Pero internarse en cualquiera de los dos exigía la misma humildad, aceptar que uno entraba en un territorio que no le pertenecía, donde la vista no alcanzaba y donde cada paso podía despertar algo que llevaba mucho tiempo observando. La idea no le producía miedo. Le producía calma. Bajó finalmente el Kanabō de su hombro y permitió que la base del arma rozara el suelo junto a una de sus botas. No lo utilizó como apoyo ni adoptó una postura de combate. Simplemente quiso liberar el hombro antes de iniciar la marcha. Los tentáculos se ajustaron alrededor del cuerpo viviente del arma unificandose en forma.

Dirigiría su atención primero a la carreta. Buscaría el olor de los osos entre los restos de comida, el cuero roto y las huellas que hubieran sobrevivido al tránsito del camino. Intentaría diferenciar cuántos rastros existían, hacia dónde continuaban y si algo distinto había pasado por el lugar. No afirmaría que los animales huían ni asumiría que eran culpables. Escucharía aquello que el terreno permitiera escuchar y olería aquello que el viento todavía no hubiese borrado. Después entraría en Shioma. Si otros deseaban acompañarlo, no los rechazaría. Tampoco pediría compañía. Orión estaba acostumbrado a caminar detrás del grupo, sosteniendo el peso que nadie miraba y vigilando el lugar por donde todos habían llegado. En aquella ocasión haría lo mismo hasta la carreta. Más adelante, cuando el camino se dividiera, seguiría la dirección que ya había elegido. Volvió a cargar el su arma y comenzó a avanzar con aquella lentitud pesada que algunos confundían con desgano. No era lentitud. Era control. Cada pisada ocupaba su lugar antes de que la siguiente abandonara el suelo. Pasó cerca de Arako sin detenerse y realizó otro mínimo movimiento de cabeza, dejando claro que había percibido su presencia y que sabía dónde se encontraba. No le indicó que lo siguiera. Ella ya había elegido con quién hablar y podía tomar su propia decisión.

Orión se colocó detrás de quienes habían iniciado la marcha, cerrando la formación sin que nadie se lo pidiera. Desde allí podría observar el camino de regreso, percibir cualquier presencia que intentara acercarse por la retaguardia y mantener a la vista las capas blancas que avanzaban delante. No confiaba en ellas. Pero durante aquella misión serían parte de la misma embarcación. Y Orión jamás permitía que una embarcación se hundiera mientras él todavía pudiera soportar su peso. La promesa a Sayuri permaneció silenciosa en algún lugar detrás de sus costillas. Los osos seguirían con vida mientras existiera otra salida. Luego decidiría el bosque. Y si el bosque decidía responder con violencia, Orión se aseguraría de que el primer hueso amenazado fuera el suyo.
Resumen
Orión permanece en silencio escuchando todas las propuestas del grupo, observando más los olores, movimientos y actitudes que los rostros de los presentes. Solo responde al saludo de Arako con un leve movimiento de cabeza y evita involucrarse en las bromas o discusiones. Mientras escucha, recuerda la promesa hecha a Sayuri de cuidar a los osos, lo que refuerza su decisión de intentar protegerlos antes de recurrir a la violencia. Acepta que todos avancen primero hasta la carreta, pero deja claro que, una vez allí, él continuará hacia el Bosque Costero de Shioma, pues considera que es donde realmente podrá ayudar a resolver el problema. Explica su decisión con una breve rima alusiva al mar y al bosque, dejando escapar una de sus características carcajadas. Antes de partir, comprueba su equipo,y asume de forma natural la retaguardia de la formación, dispuesto a proteger tanto al grupo como a los osos mientras exista una alternativa distinta al combate.
Narrador General
Rango Genin
Clan Senju
Nivel 6
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra0(1)
Inteligencia90(4)
Especiales
Salud9
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Tenketsu9
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04-08-2026, 04:13 PM
La Carreta:
El trayecto desde el Puente de Piedra hasta la primera bifurcación transcurrió sin que ninguna criatura apareciera entre los árboles. La carreta de Genbei seguía exactamente donde él la había descrito, inclinada hacia el margen izquierdo del camino, con una rueda hundida en el barro y varias cajas desparramadas alrededor. La comida había sido pisoteada o devorada, las correas presentaban cortes irregulares y sobre la madera permanecían largos rasguños acompañados por pequeñas manchas de sangre seca. No había compartimentos ocultos, mensajes, trampas ni nada que transformara el vehículo en una revelación inesperada; únicamente las señales confusas de un encuentro violento entre animales, carga y personas. Las huellas más profundas pertenecían a varios osos y se mezclaban tanto entre sí que contar ejemplares con precisión resultaba difícil, pero el terreno húmedo permitía reconocer que no todos habían seguido la misma dirección. Un rastro continuaba por el camino occidental hacia Kirami, otro se internaba entre los árboles de Shioma y un tercero abandonaba la ruta marcada en el croquis para descender por una vereda estrecha hacia los acantilados orientales. Antes de que alguien pudiera estudiar tranquilamente cuál parecía más reciente, tres sonidos alcanzaron la bifurcación desde direcciones diferentes: el relincho desesperado de un caballo hacia Kirami, gritos humanos quebrándose dentro del bosque y un rugido profundo acompañado por el desprendimiento de piedras en dirección al risco.

Hacia Kirami:
Desde la carreta, en el camino hacia Kirami, unos veinte minutos sobre el camino, una carreta más pequeña había quedado atravesada sobre un puente de madera levantado encima de un cauce estrecho pero profundo. Uno de sus ejes se había partido, el caballo continuaba sujeto al arnés y cada movimiento desesperado hacía crujir las tablas bajo su peso. Dos comerciantes permanecían inmóviles al otro extremo, mientras una niña se encontraba agachada junto a la rueda rota, incapaz de alejarse sin pasar frente a una enorme osa que ocupaba la entrada contraria del puente. El animal rugía, golpeaba la madera y avanzaba medio paso cada vez que alguien intentaba acercarse; sin embargo, sus ojos rara vez se fijaban en las personas. Bajo la carreta, parcialmente oculto entre sacos de fruta y fragmentos del eje, un osezno mantenía una pata atrapada, y las marcas recientes sobre las tablas mostraban que la madre llevaba varios minutos intentando alcanzarlo sin atreverse a colocar todo su peso sobre la estructura. El olor dulce procedente de dos vasijas de miel quebradas se extendía por el cauce y, entre los arbustos situados detrás de los comerciantes, otra silueta oscura comenzaba a aproximarse siguiendo aquel aroma. Las cuerdas del arnés mantenían al caballo unido a la carreta, la carreta mantenía inmovilizado al osezno y el peso conjunto descansaba sobre una viga central ya abierta por una grieta. La niña no lloraba ni gritaba; únicamente señalaba repetidamente la parte inferior del vehículo mientras pequeñas astillas caían al agua con cada sacudida.

Hacia el Bosque de Shioma:
Dentro del Bosque Costero de Shioma, los gritos provenían de una antigua plataforma utilizada por recolectores para almacenar herramientas lejos de los animales. Cinco personas se habían refugiado sobre ella y golpeaban los postes para mantener alejados a tres osos que rodeaban la estructura. Uno de los animales permanecía sujeto por la pata trasera mediante un cable de acero oculto bajo las hojas, mientras los otros dos se desplazaban a su alrededor sin intentar trepar. La trampa no parecía pertenecer a los habitantes de Kirami: sus piezas eran nuevas, los nudos demasiado precisos y varios símbolos desconocidos habían sido tallados sobre el mecanismo de cierre. Lo más peligroso no se encontraba en el suelo, sino sobre las cabezas de los recolectores. El cable que aprisionaba al oso ascendía por uno de los árboles, pasaba por una polea y terminaba sosteniendo un pesado conjunto de troncos afilados suspendido encima de la plataforma. Cada tirón del animal elevaba ligeramente la trampa, pero también arrancaba los clavos que mantenían unido el piso donde estaban las personas. Uno de los recolectores había tratado de cortar una cuerda secundaria y ahora sostenía el cuchillo sin atreverse a continuar: la fibra se encontraba cubierta de savia fresca, mientras otra cuerda aparentemente idéntica estaba seca y tensa, unida a una roca que funcionaba como contrapeso. A pocos metros, un pequeño fuego abandonado comenzaba a extenderse sobre hojas secas empujado por la brisa marina. Los osos no miraban a los humanos; observaban la trampa, el fuego y una zona de matorrales desde la cual llegaban chillidos más pequeños. Entonces uno de los clavos salió despedido y la plataforma descendió varios centímetros.

La Vereda de los Acantilados:
La vereda de los acantilados terminaba frente a una escena todavía más inestable. Un hombre cubierto de sangre colgaba varios metros por debajo del borde, aferrado con ambas manos a una raíz que sobresalía de la pared rocosa. Sobre él, un oso adulto ocupaba casi todo el espacio disponible y rugía cada vez que el herido intentaba impulsarse hacia arriba. A primera vista parecía estar impidiendo su rescate, pero el animal no dirigía los zarpazos hacia el hombre: golpeaba repetidamente una grieta situada a un costado, donde dos oseznos permanecían atrapados sobre una cornisa estrecha. La raíz que sostenía al herido nacía de la misma placa de tierra sobre la que descansaba el oso, y una línea de fracturas rodeaba toda la sección del risco. Cada rugido hacía caer piedras; cada movimiento del hombre arrancaba tierra alrededor de la raíz; cada paso del animal inclinaba un poco más la placa hacia el vacío. Abajo, la marea comenzaba a cubrir la cornisa de los oseznos, mientras una bolsa ensangrentada enganchada al cinturón del hombre atraía a varias aves marinas que descendían peligrosamente cerca de sus manos. Entre jadeos, el desconocido insistía en que el oso lo había atacado, aunque las huellas visibles sobre el borde mostraban otra secuencia: pasos humanos acercándose a la grieta, marcas de una herramienta golpeando la roca y las pisadas del animal llegando después desde el bosque. Un nuevo crujido recorrió el acantilado, la raíz descendió unos centímetros y el hombre perdió el agarre de una de sus manos. Las tres emergencias continuaban desarrollándose al mismo tiempo, separadas por suficiente distancia para que los gritos de una apenas alcanzaran a escucharse desde las otras.
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