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(SOCIAL ABIERTO) Que bello es el mar...Solo me hace falta sake! y unas Nalgonass
Akira Hyuuga
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28-07-2026, 05:16 PM
El sol del mediodía seguía castigando con fuerza la plaza, reverberando con intensidad sobre los muros de piedra caliza, pero a medida que Akira se alejaba del bullicio de las delegaciones, el aire comenzaba a cambiar de matiz y temperatura. Tras haber observado de cerca cómo los superiores manejaron el recibimiento y los primeros intercambios diplomáticos con una soltura y compostura inesperadas —comprobando que la situación bajo los pliegues de la alianza no era un campo minado de hostilidad inmediata—, la coraza de rigidez que aprisionaba sus hombros se había desvanecido, dejándole un semblante visiblemente más relajado.

Caminó con paso pausado y deliberado hacia los límites de la península, donde las pintorescas viviendas blancas de tejados anaranjados daban paso de golpe a los abruptos acantilados que se adentraban audazmente en el océano. Al llegar a un promontorio rocoso azotado por el viento, se detuvo en seco, quedando completamente fascinado ante la inmensidad del mar; para alguien criado entre los densos y cerrados bosques de la Hoja, aquel horizonte infinito de agua brillante era una visión abrumadora, imponente y totalmente nueva.

Con un movimiento lento, Akira terminó de bajarse la capucha blanca, permitiendo que la brisa marina cargada de humedad golpeara su rostro sin obstáculos por primera vez en días. Cerró los ojos con fuerza, dejando que el resto de sus sentidos tomaran el control mientras se despojaba por completo de la disciplina marcial de su entrenamiento. Inhaló profundamente, llenando sus pulmones con esa "hermosa sinfonía caótica" de aromas que solo un puerto antiguo y viviente podía ofrecer: el olor penetrante a sal pura, el rastro de algas secas tostándose bajo el sol y el toque metálico del óxido en los cascos de los barcos anclados.

A pesar del calor húmedo que todavía hacía que la tela de la túnica se adhiriera a su piel, el frescor vivificante que subía desde el romper constante de las olas contra las rocas inferiores le proporcionó una paz inesperada. Tras unos segundos de absoluto silencio, donde solo existía el choque del agua y el viento, una sonrisa genuina y relajada se dibujó en su rostro; y, dejando que su voz se perdiera entre el eco lejano de los graznidos de las gaviotas, exclamó al aire:

— ¡Qué delicioso sería un buen sake ahora mismo frente a esta vista!—Drira exteriorizando a voz vibrante un pensamiento.

Se quedó allí un momento más, saboreando el instante, disfrutando de esa extraña y agridulce libertad que le otorgaba el anonimato en un rincón del mundo donde ya no cargaba con el peso de  su herencia, sino simplemente un joven maravillado ante la inmensidad de la vida más allá de sus murallas.
[Imagen: JK2RddW.png]
Arako Heizu
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28-07-2026, 09:31 PM
Entonces aquel chico respondió que no respetaba su espacio personal, lo cual me hizo sonreír, mientras a Issei le hacía mucha gracia al parecer… Aproveche la capucha para evitar que viesen mi sonrisa nerviosa ¿Qué rayos le pasaba en la cabeza a él? Últimamente se mostraba demasiado sociable para ser el monstruo que fue conmigo, por lo que se sentía extraño… ¿Acaso lo estaba recuperando? -Hehe… - Exclame incomoda colocándome aquel cuello de tortuga del traje tapándome la boca, para luego seguir sin arrepentirme de mis actos como siempre intentaba vivir – Bueno tampoco es para tanto… - Dije hasta que otra chica de entre los que se apellidaban mori le pegaba una cachetada a otra sin problema alguno… Lo cual me hizo tragar saliva a primera vista, pues la chica que le pego aquella cachetada en el culo se veía bastante bonita… En ese momento agradecí tener esa ropa del estilo mascarilla pues ahora si mi abría sonrojado a pesar de mi color de piel azulado, habría mostrado cierta calidez, que por ahora no quería mostrar.

Entonces ambos superiores rieron contentos y agraciados de verse de nuevo, mientras uno comentaba que aparentemente los mori nos veían feamente y de manera agresiva, por mi lado comentaron mi golpe, lo cual me hizo reírme levemente… Completamente nerviosa, ante que de la nada todo se había vuelto tan amistoso, cosa que en cuanto nos dejaron libres diría - ¡Finalmente! - Miraría a mis compañeros de mi nación y comentaría -¡Vamos a explorar la ciudad! Hay que disfrutar el relajo ¡Sep! – Retirándome a la velocidad del rayo en busca de diversión… Ahí camine por las calles de la ciudad, encontrándome una pequeña taberna que se veía bastante apetecible, una tienda de peluches hermosa como ninguna otra y finalmente en un último recorrido después de haber identificado mi habitación, por fin vi aquel hermoso faro, por lo que no dude en ir a explorar, aunque fuese sola ¡Quien sabe! Tal vez haría un amigo en el camino, por lo que en cuanto vi a aquella capucha blanca no dude en acercarme…

-¡He tú! ¡Estas de suerte! – Dije bajando un poco al verlo a la distancia en aquella colinilla -Hace un rato vi un bar que se veía de muerte. – expresé aun sin quitarme aquel velo que traía en la capucha, mirando levemente al chico… Tenia el cabello bastante largo y de repente vi esos ojazos blancos que poseía aquel hombre… No era tan guapo… Pero, no era feo para nada, por lo que le comenté entonces -Yo vere si invito a un par de los míos ahí… ¿Ustedes quisieran ir? – Sonreí aun sin quitarme la capucha mostrando solamente mis labios con aquel labial negro que habría usado para esta ocasión, mientras mi sonrisa estaba de un lado a otro ¿Qué esperaban? Eran caras nuevas para conocer.
Info del pj
Crono del pj

cancion del personaje
[Video: https://www.youtube.com/watch?v=OHAjc-ay...rt_radio=1]
Issei
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28-07-2026, 10:31 PM
La habitación que me habían asignado resultó mucho más sencilla de lo que imaginaba. Una cama, una mesa de madera junto a la ventana y un pequeño arcón donde dejar el equipaje, era más que suficiente. Permanecí unos segundos observando el pueblo desde la ventana, desde allí podía verse parte de la bahía, los Daibune todavía atracados y el constante ir y venir de los vecinos mezclados con shinobi de capuchas blancas y negras. Todo era distinto; el olor del aire, la arquitectura, la forma de hablar de la gente... incluso el silencio tenía algo diferente al de Kirigakure.

Era una sensación extraña, llevaba toda la vida oyendo hablar del mundo que existía más allá de las costas del País del Agua, pero nunca había tenido ocasión de verlo con mis propios ojos. Una parte de mí analizaba cada calle, cada rostro y cada posible vía de escape casi por costumbre, incapaz de bajar completamente la guardia en un lugar desconocido. La otra... simplemente quería seguir caminando y descubrir qué había detrás de la siguiente esquina, qué clase de personas vivían allí o por qué aquel pueblo parecía detenido en otra época. Resultaba casi irritante admitirlo, pero estaba disfrutando más de aquello de lo que habría imaginado. Seguía siendo un shinobi, y un error podía costar caro, aunque eso no impedía que cierta curiosidad infantil se colara entre toda la disciplina que me habían inculcado.

Volví a colocarme la capucha antes de salir. No era obligatorio llevarla puesta, bastaba con conservar la capa para mantener la identificación, pero prefería seguir ocultando el rostro por prudencia. Apenas llevaba unos minutos recorriendo las calles cuando terminé alejándome del puerto hasta alcanzar una zona elevada donde el sonido del mar volvía a imponerse sobre el bullicio del pueblo, allí distinguí a uno de los Mori contemplando el océano. Permanecí unos instantes en silencio mientras lo escuchaba hablar solo sobre el sake. 

Alcé una ceja, curiosa primera impresión.

Antes de decidir si acercarme o no, otra figura apareció subiendo el sendero, reconocí a Arako incluso antes de que abriera la boca. Iba a quedarme al margen, como había hecho hasta ahora… hasta que la escuché mencionar una taberna.  Suspiré por lo bajo y salí de donde estaba apoyado y me acerqué a paso tranquilo, incorporándome a la conversación sin pedir permiso ni molestándome en preguntar si podía hacerlo, como si hubiera formado parte de ella desde el principio. Me detuve junto a Arako y miré primero al chico del bosque.

— No le hagas mucho caso —comenté con absoluta tranquilidad—. Es de las que te propone un plan... y cinco minutos después ya está haciendo otro completamente distinto.

Le dediqué una rápida mirada de reojo a Arako.

— Aunque supongo que eso también tiene su encanto.

Volví la vista hacia el Mori.

— Si vais a una taberna... me apunto. Nunca he probado el sake.
[Imagen: xd.png]
Akira Hyuuga
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28-07-2026, 11:57 PM
El eco de su propia voz apenas se había desvanecido entre el romper rítmico de las olas contra el promontorio rocoso cuando una respuesta imprevista quebró la quietud del faro. Akira no necesitó forzar los sentidos; una súbita torsión de su cuello bastó para girar la cabeza, con una ceja arqueada que delataba su sincera extrañeza ante la coincidencia de que alguien hubiera captado su deseo al aire libre. Cerca de la estructura de piedra que vigilaba la bahía, dos figuras ataviadas con las características túnicas oscuras de la Gente del Mar habían aparecido buscando el mismo respiro frente al bullicio de la plaza principal.

La chica del grupo irradiaba una energía audaz y desbordante que chocaba directamente contra la humedad pesada y pegajosa del puerto. Con una sonrisa socarrona y luminosa, no tardó en asegurar al genin que estaba «de suerte», soltando al vuelo una propuesta que encajaba milimétricamente con sus pensamientos: una taberna local que, a su juicio, destacaba por encima de las demás. Casi al mismo tiempo, un joven envuelto en su respectiva capucha negra se aproximó con una tranquilidad pasmosa; con una mezcla de realismo y resignación divertida, se encargó de matizar la espontaneidad de su compañera, admitiendo con honestidad que él tampoco se negaría a probar el sake por primera vez en aquel territorio.

El buen ánimo que desprendían ambos actuó como un bálsamo invisible sobre los hombros del muchacho. La rigidez marcial que había arrastrado desde el inicio del encuentro diplomático —esa tensión constante en la mandíbula, el peso invisible del linaje y la disciplina férrea del entrenamiento— se desvaneció de golpe, permitiéndole exhalar un suspiro prolongado y relajar los músculos de la espalda. Con la capucha blanca ya retirada de su cabeza y el rostro por fin expuesto al sol de la tarde y al azote del viento marino, Akira dejó caer la careta de soldado obediente.

—Parece que el destino tiene un sentido del humor bastante oportuno hoy —respondió con voz pausada, alternando la mirada oscura entre los dos recién llegados mientras la brisa fresca le acariciaba la nuca. —Si la gente del mar asegura que hay un lugar que vale la pena, no seré yo quien le lleve la contraria a los expertos del océano, menos aún cuando mis pulmones ya se han convencido de que este es el ambiente ideal para una buena bebida.

Una sonrisa genuina y desprovista de artificios curvó sus labios ante el comentario sobre la falta de estructura de la muchacha. Irónicamente, esa ausencia absoluta de planes rígidos era el escape que su mente anhelaba para experimentar una libertad auténtica. Lejos de las expectativas de su clan y de las miradas severas de los superiores, por fin se sentía como un joven cualquiera en un pueblo detenido en el tiempo, dispuesto a descubrir qué se ocultaba tras la siguiente esquina de la mano de nuevos aliados.

Decidido a formalizar el encuentro con la debida urbanidad, Akira dio un paso al frente despojándose de toda urgencia. Juntó las manos con naturalidad a los costados del cuerpo y, manteniendo una postura erguida pero sumamente respetuosa, inclinó ligeramente el torso hacia adelante en una leve, educada y cortés reverencia de estricta tradición japonesa.

—Por cierto —pronunció con un tono suave y seguro, enderezándose con elegancia tras el gesto—, mi nombre es Akira Mori. Será un placer que la Gente del Mar sea mi guía en este puerto y comprobar si el sake de este lugar es tan extraordinario como la vista.
[Imagen: JK2RddW.png]
Itsuki Senju
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29-07-2026, 07:18 AM
Paf!

Aún estaba analizando a la gente mar cuando un fuerte golpe seco se escuchó de donde se suponía debían estar sus compañeros de viaje, aún sorprendido por lo que ocurrió antes entre la gente del mar, ahora intentaba comprender porque este par se comportan de tal manera, hizo un esfuerzo en identificar a los involucrados pero la enorme silueta le impedía la vista, haciéndole desistir de su investigación.

Después de un tiempo los líderes se irían a continuar con su charlas y tan pronto como fueron liberados para revisar sus habitaciones, Itsuki se dirigió al personal de logística para encontrar la suya, era una recamara modesta, con apenas lo necesario para descansar en las noches, el ruido de la plaza se filtraba armonizando con el vaivén de las olas al otro lado, comprobó el estado de cada pieza de la mobiliaria: una cama, una silla; rutas de acceso e incluso el camino al podría acceder desde su ventana, caso fuera necesario. 

La misión es ayudar a la gente del pueblo.. Pensó mientras abandonaba la habitación para hacer un reconocimiento, observaba con curiosidad y cautela los locales, identificando puntos de interés, mercaderes, posadas, artesanos, los faros que destacaban sobre los tejados desgastados de las casas “son como en los libros” murmuró en admiración mientras desviaba su marcha para encontrar la estructura. Fue precisamente este el momento en que notó una escena que llevó su sentido de alerta al máximo, a lo lejos un par de capas negras y uno de capa blanca de pie cerca del Farol , comenzó a acelerar el paso mientras analizaba los presentes, aunque desde su posición no podía discernir alguna característica del capa blanca, al enfocarse en la gente del mar, notó que uno de ellos era aquel de piel azulada. 

La imagen de la nalgada de antes sirvió para calificar su nivel de alerta, aunque no confiaba plenamente en que no puedan ser una amenaza, tampoco los juzgaría a la primera, tomaría la oportunidad para investigar y entender sus “aliados” en este viaje, con el paso aún apresurado se acercó cada vez más al grupo agudizando su oído para intentar descifrar la conversación “se veía de muerte.” fue lo primero que escuchó, en este punto Itsuki, por primera vez en mucho tiempo no sabía qué pensar sobre la situación, aún no tenía suficiente información.

— Si vais a una taberna... me apunto. Nunca he probado el sake. Escuchó nuevamente al terminar su carrera, “están hablando de sake?” pensó mientras se acercaba para unirse al grupo — Imaginé que serías tú — irrumpió con voz seca, aun recuperando el aliento. 

—Suena interesante, ¿me puedo unir? — cuestionó a los presentes con claras intenciones de no abandonar al grupo “Porque Akira siempre está en el peor lugar posible y con sake?” pensaba mientras se quitaba la capucha, buscando una excusa plausible para alejar al Hyuuga de la bebida.
Akira Hyuuga
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30-07-2026, 03:12 AM
El zumbido constante del puerto quedó atrás en el instante exacto en que la muchacha de piel añil, envuelta en una energía magnética y desbordante, cruzó el dintel de madera carcomida. Al traspasar el umbral, el ambiente cambió de golpe: la brisa salada, punzante y húmeda de los acantilados se desvaneció por completo, sepultada bajo una atmósfera espesa y densa, impregnada de vapores de alcohol fermentado, tabaco de pipa barato, cera de velas derretida y el aroma perenne a pino viejo y humedad marina.

La taberna respiraba una rusticidad áspera. Las paredes de piedra caliza, oscurecidas y manchadas por décadas de humo de tabaquera y grasa de cocina, sudaban una ligera condensación bajo la débil y titilante luz de unos faroles de aceite colgados de vigas maestras. En los rincones más sombríos, siluetas de marineros, contrabandistas y viajeros compartían botellas de barro y susurros cómplices, ajenos al resto del mundo.

Guiados por la anfitriona, el grupo serpenteó entre mesas repletas de jarras hasta alcanzar un reservado al fondo, lo suficientemente apartado del bullicio central como para respirar con cierta calma. Allí aguardaba una mesa de roble macizo, cuya superficie estaba surcada por incontables cicatrices y muescas dejadas por vasos rotos y peleas de taberna a lo largo de los años. Con un movimiento tan fluido como desprovisto de afectación —un remanente casi imperceptible de posturas aprendidas en salones donde cada inclinación se medía con milimétrica elegancia, aunque él mismo despreciara los formalismos vacíos—, Akira se adelantó para descorrer la pesada silla de madera. Ofreció el asiento a la dama de la Gente del Mar con una sutil inclinación de cabeza, un gesto natural que contrastaba gratamente con el entorno rústico. Acto seguido, acomodó su propio cuerpo y el de su compañero, dejándose caer sobre el asiento con una laxitud que disipaba por completo cualquier rastro de rigidez marcial.

—¡Traigan el mejor sake que tengan en este respetable lugar y uan ronda para todos los presentes a mi cuenta! —bramó hacia el encargado de la barra con una sonrisa franca, proyectando la voz con esa chispa efervescente que lo consumía cuando buscaba simplemente desconectar del mundo.

Mientras el posadero desaparecía tras una cortina de cuentas de madera descoloridas, el joven Hyūga —que operaba bajo el alias prudente de Akira Mori— dejó que su mirada vagara hacia los rostros de sus acompañantes procedentes de la Niebla. Al detenerse en la cautela que reflejaban sus facciones y en la opacidad calculada de sus ojos, el peso invisible del mundo exterior se coló sutilmente en la mesa. Sabía demasiado bien que el equilibrio entre sus tierras era tan frágil como el hielo a la orilla del mar; una sola palabra inoportuna, un desliz sobre secretos de la Hoja o una pregunta demasiado incisiva sobre los dominios de la Niebla bastarían para encender una chispa diplomática indeseada. Su naturaleza impulsiva y fogosa aborrecía los silencios cargados de sospecha y las miradas de reojo, prefiriendo siempre la franqueza antes que la asfixia de la diplomacia perpetua.

Decidido a disipar el hielo antes de que el ambiente se volviera insostenible, Akira chasqueó la lengua con suavidad y redirigió el foco de la velada hacia un terreno inofensivo. Apoyó los antebrazos sobre la rugosa superficie de la mesa y señaló con un gesto despreocupado al muchacho que lo acompañaba.

—Parece que hoy el destino prefiere jugar al aburrimiento, pero me niego categóricamente a dejar que un buen sake se desangre en la penumbra —comentó con una sonrisa ligera, antes de señalar con el pulgar a su compañero—. Permítanme presentarles a Itsuki Mori, mi hermano de armas y fiel cómplice en casi todas las catástrofes imaginables. Sobrevivir juntos a los años de la academia fue poco menos que un milagro divino; de hecho, pasábamos mucho más tiempo confinados en los calabozos disciplinarios que asistiendo a las clases teóricas.

Una chispa de genuina travesura y nostalgia iluminó sus ojos claros, ablandando la dureza altiva de su perfil.

—Nos perseguían sin descanso por cualquier intento de entrenamiento real fuera del programa oficial. Los instructores tenían un expediente negro exclusivamente para nosotros —continuó, riendo entre dientes al recordar el pasado—. Pero la cúspide del desastre ocurrió el día que se nos ocurrió organizar un circuito clandestino de combates a mano limpia dentro de los sótanos de la propia academia. ¡Fue una locura absoluta! Si te asomas hoy al patio trasero de aquellas instalaciones, apuesto a que todavía se pueden distinguir las grietas en las losas de piedra que dejamos aquella noche a punta de golpes y patadas mal calculadas.

Akira recostó la espalda contra el respaldo de madera, cruzando los brazos con una tranquilidad renovada, a la espera de que aquella anécdota —impregnada de una rebeldía juvenil que lograba ignorar, por unos instantes, las banderas y los emblemas de sus respectivas aldeas— lograra derribar al fin las murallas invisibles que separaban a los shinobi de la Niebla de su propia mesa.
[Imagen: JK2RddW.png]
Yūgen Sarutobi
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Clan Sarutobi
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30-07-2026, 04:26 AM
— ¡Venga ya, Akira, deja de hacerte el modesto! Todos sabemos que eres de los mas fuertes en nuestra generación. —
 
A un lado de aquella taberna saldría una figura alta, vistiendo una capa blanca. Se trataba de Yugen Mori, quién estaba en aquél lugar pasando el día entre tragos y cigarros como aquél que tenía en la boca. Este tomaría aquél cigarro, expulsando todo ese humo hacia el techo del local. El peliblanco evitaba mirar a la gente del mar, casi ignorandolos por completo para terminar al lado de Akira.
 
— Bonito lugar el que escogiste para hablar con los capa negra. ¿Cual es el tema de conversación? ¿Información clasificada sobre nuestro hogar? —

Yugen vería a Akira con una sonrisa mientras entrecerraba los ojos. Este se mostraba vigilante ante las acciones del ojos blancos y la filtración de cualquier tipo de información clasificada. Pero ese aire de tensión desaparecería cuando los ojos de Yugen se toparon con los de Itsuki. 
 
— ¡Itsuki! Cuanto tiempo sin verte. ¿Como has estado? —

El ambiente se había vuelto demasiado raro con la presencia del Sarutobi en aquél lugar ejerciendo de policía, pues desde su llegada a la isla este siempre desconfío de aquellos tipos que habían llegado desde más allá del horizonte marítimo. 
 
— Disculpa... Creo que bebí demasiado y toda esta isla me pone nervioso. Déjame empezar de nuevo. ¡Saludos gente del mar, mi nombre es Yugen Mori, un gusto! —

Este anunciaría su nombre con los brazos abiertos, dándole a la gente del mar una segunda chance para relacionarse con este. Una risa le seguía a su presentación, clara evidencia de que este estaba mas para allá que para acá. Sus mejillas tomaban un color rojiso y sus ojos no dejaban de cerrarse de vez en cuando. Pero aquella borrachera parecía terminar de golpe al ver a la azulita de capa negra.
 
— Hey... ¿Porqué no me presentas a tu amiga la de azul? —

Diría este golpeando el hombro del Akira con su codo.
[Imagen: VDdYHBx.png]
Ran Kurai
Rango Genin
Clan Uchiha
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02-08-2026, 10:49 PM
Última modificación: 02-08-2026, 10:59 PM por Ran Kurai.
¿Cómo era que la joven de demacrado, pálido y más que enfermizo semblante había acabado precisa y justamente en un bar, cuando al menos, en teoría, aborrecía y rechazaba al sake cómo si este fuese la cosa más terrible del mundo ? Y es que sí, la verdad de las cosas era que la muchacha oriunda de la Aldea Oculta de la Hoja, por ningún motivo deseaba terminar cómo su propia progenitora, a esa misma mujer a la cual la chica misma tachaba de débil y hasta patética por no haber sido lo suficientemente fuerte cómo para darle más hijos, ese tan ansiado heredero varón a la familia de su tan esquivo y para nada afectuoso padre, la cual había finalmente sucumbido al infame vicio del alcohol. Realmente, que la muchacha hubiera terminado por estar en ese local, no había sido porque ella realmente hubiera querido precisamente de forma voluntaria hacerlo… no, al contrario, en cierta manera, la kunoichi había sido obligada a ir hasta ese sitio. Resultaba que aquella mañana la chica había despertado muy temprano, casi de madrugada, logrando así la joven haber conciliado hasta muy tarde la noche anterior el sueño.., algo para nada objeto de asombro. ¿Acaso en serio que algún día ella, efectivamente, sería capaz de dormir por más de cuatro horas de corrido? Lo cierto era que la joven no lo sabía para nada, siendo tal vez lo peor de toda esa situación, que ella sentía que nunca daría con algo que la ayudara realmente lograr tener un sueño reparador.

Algo que ni siquiera lograba recurriendo a ese brebaje que siempre llevaba consigo al interior de una botellita muy camuflado entre sus ropajes, ese mismo brebaje que, según el tiempo pasaba, más, más y más se volvía la muchacha adicta, dependiente, casi como si no pudiera conseguir estar de pie sin él. ¿Era que el tener que constanmente beber de esa sustancia, pues en vez de causarle un bien mayor estaba en una de esas haciendo que la chica retrocediera, por decirlo de alguna manera, y así en el acto provocar que la trampa mental en la cual siempre se encontraba, pues sólo fuese cada vez más, más y más opresora? Sea como sea, la cosa estaba en que aunque si bien era completamente verdad de que ya a esas alturas se estaba acostumbrado a no poder dormir de manera satisfactoria, eso no quería decir en lo absoluto que la muchacha se quedara conforme con eso, sino más bien esto hacía que para la chica se volviera una obsesión el poder descansar bien por las noches. Y claro está, si a esto le sumamos esa particular fobia que tenía ella  a quedarse dormida, siempre pensando que en cualquier momento pues alguien, sea quién sea, podría perjudicar a su persona, casi como si la genin creyera que al fin ya y al cabo todos, de verdad que todos, podrían ser sus enemigos en potencia, el resultado no era el mejor. ¿Llegaría eventualmente el instante en el que Ran lograra a comprender que el mundo no giraba en torno a ella…? 

Y, lógicamente, todo ese tan mal dormir sólo hizo estragos en ella. Al momento ya de estar transitando por esas calles a las cuales evidentemente no conocía para nada, fue que de un brusco momento, de un instante a otro, en la alterada cabeza de la joven emergió el fijo e inquietante pensamiento de que alguien la estaba a ella siguiendo. La chica, ciertamente, no supo cómo explicarselo ni mucho menos encontrar una razón realmente lógica a ello, pero la cosa estaba en que ella sintió que al doblar por uno de las tantas esquinas de por ahí, alguien había posado su mirada sobre su figura. —¿¡Pero cómo…!?—fue el ruidoso pensamiento que apareció una mente, y es que la estar ella misma en un país que con mucha suerte los Kurai, el aristocrático clan político de Konoha que la joven pertenecía por vía paterna, habían estado con mucha suerte tal vez unas cinco veces en esas tierras.. y bueno, ella dudaba mucho que los Uchiha, la familia a la que su tan odiada y repudiada madre pertenecía, pusieran esfuerzos en dar con ella. Entonces, si la muchacha tenía todas esas cosas claras en su interior, ¿por qué era que aún seguía algo muy dentro de ella insistiendo en que sí alguien de verdad la estaba siguiendo? Doblando ahora la chica una esquina por ahí, otra esquina por allá, fue cuando la muchacha dio  a dar con una taberna, y no dudando ni un solo segundo en hacerlo, ella se decantó finalmente por entrar a ese gran sitio.

Sintiendo la joven cómo un intenso aroma a sake ingresaba a través de sus fosas nasales, un olor el cual la chica reputaba casi de manera exacta a cómo repudiaba a su madre, fue que a continuación la joven, dándose cuenta de que ya había perdido a ese individuo que le estaba a ella siguiendo, en vista que ya no sentía su supuesta presencia sobre su persona, terminó por concluir que había perdido a su, al menos para ella, acosador. Sin embargo, Ran era lo suficientemente prudente cómo para no cantar victoria aún, por lo cual en vez de irse de ahí, tomó la astuta decisión de quedarse por más tiempo en esa taberna, temiendo que si salía de ahí pues una vez más la volverían a seguir. No gustándole para nada encontrarse ahí debido a su rechazó al alcohol, no pasó mucho rato, tal vez un par de minutos, como para que una voz que se le hizo más o menos conocida llegara a sus oídos. Entonces la joven desprendió su mirada de donde la tenía fijada, y al posarla hacia el frente reconoció de inmediato a unos shinobis que claramente eran pertenecientes a Konoha. Con la duda que si era acaso buena idea o no acercarse a éstos, fue cuando oyó claramente la voz de uno de sus compañeros de equipo—¿Yugen-san?—dijo la chica con un sombrío tono de voz, ya estando la muchacha frente a ese pequeño grupo que se había formado. ¿Sería algo bueno haberse resolvido a esconderse dentro de ese bar?  
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