27-07-2026, 12:03 AM
Fecha: Año 150, Día 45 de Verano
Ubicación: Complejo del Clan Sarutobi, Residencia Principal
Participantes: Makizu Sarutobi
aprobado aqui
El sol del verano irradiaba una luz implacable sobre los tejados tradicionales del complejo del clan Sarutobi, haciendo que el aire denso y caluroso temblara ligeramente sobre los paneles de madera y los muros de piedra pulida. Era una mañana silenciosa, interrumpida únicamente por el murmullo lejano del viento estival agitando las copas de los árboles circundantes y el crujir rítmico de las tablillas del pasillo principal.
En una de las salas interiores, el ambiente era tan denso que parecía cortarse con un kunai. Varios ancianos del clan y miembros de la rama principal se encontraban reunidos alrededor de una mesa baja de madera de roble oscuro. Sus expresiones reflejaban una mezcla de solemnidad histórica y profunda exasperación familiar.
Sobre la mesa reposaba una pequeña vitrina de cristal vacía, abierta de par en par. El objeto que debía custodiar en su interior había desaparecido sin dejar rastro. No se trataba de un pergamino prohibido, ni de un arma legendaria con la capacidad de inclinar la balanza de una guerra, sino de algo mucho más peculiar y, para el orgullo del clan, insustituible: la seca y ajada lengua momificada del gato del primer líder de la aldea. Un artefacto desprovisto de chakra, de poderes ocultos o de utilidad práctica alguna, pero cargado de un valor sentimental tan absurdo como intocable para los patriarcas.
Uno de los ancianos, con el ceño fruncido y apoyándose pesadamente en su bastón, posó la mirada sobre Makizu, la joven kunoichi a quien los pasillos del clan solían señalar con desdén y apodos injustos. Para una misión de tal "alta prioridad sentimental" y tan nula repercusión táctica, los altos mandos habían decidido no malgastar recursos valiosos; era el trabajo perfecto para la integrante considerada más prescindible o "inútil" de la familia.
— Makizu —pronunció el anciano con voz seca y ceremonial, rompiendo el silencio de la sala—. El honor del clan está en juego, por ridículo que suene. Esa reliquia no puede simplemente haberse esfumado de los dominios cerrados de la residencia. Alguien ha entrado, o alguien de nuestra propia casa ha cometido una torpeza imperdonable. Tu tarea es simple: encontrar la lengua del felino del fundador y traerla de vuelta antes de que el resto de los clanes se enteren de esta vergüenza familiar. Tienes vía libre dentro de los límites del complejo para indagar, interrogar o buscar pistas. No nos decepciones... o al menos, intenta no empeorar las cosas.
La sala quedó en completo silencio, esperando la respuesta de la kunoichi mientras la luz del mediodía se filtraba a través de los shojis, marcando el inicio de una investigación tan patética como obligatoria.
Ubicación: Complejo del Clan Sarutobi, Residencia Principal
Participantes: Makizu Sarutobi
aprobado aqui
El sol del verano irradiaba una luz implacable sobre los tejados tradicionales del complejo del clan Sarutobi, haciendo que el aire denso y caluroso temblara ligeramente sobre los paneles de madera y los muros de piedra pulida. Era una mañana silenciosa, interrumpida únicamente por el murmullo lejano del viento estival agitando las copas de los árboles circundantes y el crujir rítmico de las tablillas del pasillo principal.
En una de las salas interiores, el ambiente era tan denso que parecía cortarse con un kunai. Varios ancianos del clan y miembros de la rama principal se encontraban reunidos alrededor de una mesa baja de madera de roble oscuro. Sus expresiones reflejaban una mezcla de solemnidad histórica y profunda exasperación familiar.
Sobre la mesa reposaba una pequeña vitrina de cristal vacía, abierta de par en par. El objeto que debía custodiar en su interior había desaparecido sin dejar rastro. No se trataba de un pergamino prohibido, ni de un arma legendaria con la capacidad de inclinar la balanza de una guerra, sino de algo mucho más peculiar y, para el orgullo del clan, insustituible: la seca y ajada lengua momificada del gato del primer líder de la aldea. Un artefacto desprovisto de chakra, de poderes ocultos o de utilidad práctica alguna, pero cargado de un valor sentimental tan absurdo como intocable para los patriarcas.
Uno de los ancianos, con el ceño fruncido y apoyándose pesadamente en su bastón, posó la mirada sobre Makizu, la joven kunoichi a quien los pasillos del clan solían señalar con desdén y apodos injustos. Para una misión de tal "alta prioridad sentimental" y tan nula repercusión táctica, los altos mandos habían decidido no malgastar recursos valiosos; era el trabajo perfecto para la integrante considerada más prescindible o "inútil" de la familia.
— Makizu —pronunció el anciano con voz seca y ceremonial, rompiendo el silencio de la sala—. El honor del clan está en juego, por ridículo que suene. Esa reliquia no puede simplemente haberse esfumado de los dominios cerrados de la residencia. Alguien ha entrado, o alguien de nuestra propia casa ha cometido una torpeza imperdonable. Tu tarea es simple: encontrar la lengua del felino del fundador y traerla de vuelta antes de que el resto de los clanes se enteren de esta vergüenza familiar. Tienes vía libre dentro de los límites del complejo para indagar, interrogar o buscar pistas. No nos decepciones... o al menos, intenta no empeorar las cosas.
La sala quedó en completo silencio, esperando la respuesta de la kunoichi mientras la luz del mediodía se filtraba a través de los shojis, marcando el inicio de una investigación tan patética como obligatoria.
![[Imagen: a327fec0-520b-47d4-99aa-a116d98e864b.png]](https://i.ibb.co/j90ZH1sR/a327fec0-520b-47d4-99aa-a116d98e864b.png)
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