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Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto   ›   Mundo   ›   Pais del Fuego   ›   Puertas de la Aldea
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  ›   [Evento] [Capítulo 1] Donde las hojas encuentran el mar
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[Capítulo 1] Donde las hojas encuentran el mar
Narrador General
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20-07-2026, 01:33 PM
Última modificación: 22-07-2026, 02:43 AM por Yokubari.
[Capítulo 1] Donde las Hojas Encuentran el Mar

Habían pasado varias semanas desde el desastre de la bestia negra, suficientes para que Konoha reparara parte de sus calles, enterrara a sus muertos y aprendiera a convivir con las cicatrices que todavía permanecían sobre algunos edificios. Para entonces, la noticia ya era pública: la aldea celebraría su reunión anual con la llamada gente del mar. Su existencia nunca había sido un secreto. Los relatos más antiguos de Konoha hablaban de ellos como aliados fundamentales durante los años de la oscuridad y como participantes del gran concilio que cambió el destino del mundo. Sin embargo, quiénes eran realmente, dónde se encontraba su aldea y qué había sido de ellos durante el último siglo seguía siendo un misterio para la mayoría. Y, hasta el momento, ese desconocimiento había resultado conveniente para ambas partes.

Desde hacía décadas, el encuentro tenía lugar en una pequeña península del País de las Olas, un territorio neutral que ninguna de las dos aldeas podía reclamar como propio. Allí se levantaba un pueblo modesto de pescadores, comerciantes y artesanos que, durante una o dos semanas cada año, recibía a ambas delegaciones y les ofrecía un espacio seguro para conversar. A cambio de su hospitalidad, Konoha y la gente del mar ponían a sus ninjas al servicio de la comunidad durante toda la reunión. Reparaban caminos, protegían las rutas, atendían enfermos, escoltaban embarcaciones y resolvían las pequeñas misiones que el pueblo no podía enfrentar por sí solo. Aquella cooperación se había convertido en parte de la tradición: mientras los líderes discutían el futuro, sus shinobis trabajaban juntos para ayudar a quienes les permitían reunirse.

La mañana del día cuarenta y cinco de primavera llegó despejada y fresca. Frente a las puertas principales de Konoha esperaba una larga caravana de carretas reforzadas, animales de carga y shinobis encargados de proteger el trayecto. La mayoría de los seleccionados ya había ocupado su lugar. Algunas carretas transportaban comida producida en los alrededores de la aldea; otras llevaban herramientas, medicinas, semillas, telas y obsequios destinados a los habitantes del País de las Olas. También habían preparado presentes para la delegación marítima, tal como mandaba la costumbre. Cada carga había sido registrada, sellada y revisada varias veces. Nada podía faltar durante un viaje diplomático que mantendría a parte de las fuerzas de Konoha lejos de casa durante varias semanas.

Los jōnin encargados de la seguridad se encontraban distribuidos alrededor de la caravana, mientras que el cuerpo chūnin ya había abordado y recibido sus responsabilidades. Solo faltaba organizar al cuerpo genin. Sus nombres figuraban en una lista sostenida por dos oficiales junto a la entrada, y cada recién llegado debía presentarse antes de recibir una posición dentro de la caravana.

En medio del movimiento, en las mismas puertas de la aldea... esperaba Akihiro Sarutobi. El Hokage permanecía de pie entre las primeras carretas, con las manos ocultas dentro de las mangas y la mirada puesta sobre Konoha. A su derecha estaba Shinodera Nara, revisando por última vez las listas y las rutas trazadas sobre un pequeño mapa; a la izquierda, Shiori Uchiha observaba las puertas y evaluaba a cada shinobi que se acercaba. —Los chūnin están distribuidos y las rutas de vigilancia fueron asignadas. Solo faltan los genin —informó Shiori. Shinodera levantó la mirada hacia el camino y soltó aire lentamente. —Démosles unos minutos. Algunos todavía no comprenden que llegar tarde a una reunión diplomática también cuenta como llegar tarde a una misión. Akihiro no respondió de inmediato. Continuó contemplando la aldea, sus tejados reparados y las marcas que el ataque todavía había dejado sobre ella.

Poco a poco, los últimos genin comenzaron a aparecer por el camino que conducía hasta las puertas. Los oficiales levantaron sus pinceles, preparados para registrar cada llegada, mientras Shinodera doblaba el mapa y Shiori cruzaba los brazos. Entonces Akihiro apartó finalmente la mirada de Konoha y se volvió hacia los jóvenes reunidos frente a la caravana. —Preséntense ante los oficiales y formen junto a la carreta que les asignen. Se les indicó que no trajeran su protector de la aldea. Si lo hicieron, depositen su protector de la aldea con ellos. Recibirán sus equipos y responsabilidades antes de partir. No los abran aún. Cuando salgamos de estas puertas, dejarán de representar únicamente a sus clanes. Durante las próximas semanas, cada palabra y cada decisión que tomen hablará en nombre de Konoha. Detrás de él, los animales de carga comenzaron a inquietarse y las ruedas de la primera carreta crujieron sobre la piedra.

Para las reglas del tema se escribió:1- Este tema solo dura 2 rondas.
2- Participar no es obligatorio. 
3- Los que participen, no podrán crear temas en la aldea con fecha del 45 al 60 de Verano.
4- Para participar, deben ser nivel 7 o mayor.
時
⏳ Tiempo expirado
El límite de 144 horas para postear ya se cumplió.
Yokubari
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Clan Senju
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20-07-2026, 02:59 PM
Yokubari apareció por el camino con paso firme, su cabello aún húmedo de la ducha, sus ojos cansados y rojos, y por primera vez en mucho tiempo, no venía envuelto en el tenue olor del cigarro que por lo general consumía entre sus labios. Bajo la luz de la mañana, su armadura verde oscuro y negra mostraba arañazos que jamás se había molestado en disimular;...eran marcas de una vida dedicada a servir a Konoha. Llevaba únicamente el equipaje necesario, ajustado a la espalda, y ninguna bandana descansaba sobre su frente. No necesitaba un trozo de metal para recordar a quién pertenecía. Mientras avanzaba hacia las puertas, sus ojos avellana recorrieron los tejados reparados y las cicatrices que aún quedaban en los edificios..

Se detuvo frente a los oficiales  —Yokubari Ben. Clan Senju. Genin —declaró con una rigidez casi militar. La última palabra le dejó un sabor más amargo que el tabaco que ya anhelaba de vuelta. Hubo una época en la que su nombre bastaba para que otros soldados enderezaran la espalda; ahora debía presentarse junto a jóvenes que probablemente no habían nacido cuando él ya derramaba sangre por la aldea. Aun así, no discutió ni exigió un trato diferente. Las órdenes eran claras, y la dignidad de un guerrero no dependía del rango escrito junto a su nombre. Esperó a que registraran su llegada antes de desplazarse hacia la carreta que le correspondiera, observando de reojo las cargas, los animales y la distribución de los shinobis con la costumbre de quien buscaba fallos incluso cuando nadie se lo pedía.

Las palabras del Hokage encontraron en él algo que todavía permanecía intacto bajo los años de rabia y resentimiento: su sentido del deber.  Introdujo una mano bajo la armadura y, durante apenas un instante, sostuvo entre los dedos el anillo que ocultaba contra el pecho. Después lo soltó y alzó la mirada hacia el camino, escuchando atentamente las órdenes a por venir.
[Imagen: Chat-GPT-Image-17-jun-2026-08-28-14.png]
Akira Hyuuga
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20-07-2026, 05:14 PM
El aire de la mañana traía consigo una mezcla persistente de polvo de piedra caliza y la humedad del rocío, un recordatorio silencioso de que Konoha todavía estaba, en muchos sentidos, tratando de recomponer sus huesos rotos. Caminó hacia la entrada de la aldea con pasos medidos, cada uno ejecutado con la precisión marcial que caracterizaba a su clan. La túnica de color granate profundo, ajustada al cuerpo, se ceñía bajo un obi oscuro, un contraste sobrio y funcional bajo el haori blanco impecable, cuyos bordes inferiores estaban marcados con los símbolos de las magatamas, oscilando levemente con el compás de su avance.

No desvió la mirada. Sus ojos, el característico iris pálido y definido de un Hyuuga, escaneaban el entorno no con curiosidad, sino con una evaluación táctica automática. Observó las reparaciones en las fachadas, la fatiga apenas oculta en los rostros de los ciudadanos y la tensión contenida en los hombros del Hokage, quien permanecía allí, estático como un centinela ante el inmenso deber de su cargo. Había una emoción estancada en su pecho —una mezcla de duelo por lo perdido y una férrea determinación por proteger lo que quedaba—, pero la mantuvo bajo llave, relegada tras el muro de su disciplina personal. Un shinobi de su rango no exhibe dudas cuando se le observa; uno se convierte en el pilar que sostiene la estabilidad del grupo.

Al llegar frente al punto de reunión, se detuvo con la rigidez de un soldado. Su postura era erguida, los hombros relajados pero alerta, las manos descansando naturalmente a los costados de su vestimenta. Sin pronunciar palabra, se acercó a los oficiales encargados. Reconoció la autoridad de la orden del Hokage, un mandato que entendía perfectamente: la diplomacia exigía anonimato, y su identidad como miembro de su clan debía quedar en segundo plano frente a su identidad como shinobi de la Hoja.

Con un movimiento fluido y carente de vacilación, llevó las manos a su frente. Desató el nudo que sostenía el protector metálico, sintiendo el peso familiar del acero frío contra la piel. Lo deslizó con cuidado y, manteniendo la vista fija en el oficial que custodiaba el inventario, lo depositó sobre la mesa asignada. Fue un gesto seco, sin adornos.

—Akira Hyuuga, presente —dijo, manteniendo el tono formal y desprovisto de inflexiones innecesarias—. 

Ajustó su haori, asegurándose de que nada perturbara su equipo personal, y esperó instrucciones, sus ojos recorriendo una última vez la caravana. Estaba listo. Cualquier rastro de su linaje quedaba guardado en ese objeto de metal sobre la mesa, mientras que, bajo el manto de su ropa, solo quedaba el shinobi, aguardando el momento de ser útil para Konoha.
[Imagen: JK2RddW.png]
Naoe Senju
Rango Genin
Clan Senju
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20-07-2026, 06:06 PM
La brisa mañanera del día cuarenta y cinco de primavera traía consigo el aroma dulce de las flores del País del Fuego y el crujido constante de las carretas de suministro. Para Naoe, aquellas semanas posteriores al incidente de la bestia de humo habían sido una lección silenciosa de perspectiva. La rigidez de la doctrina, aunque seguía siendo su cimiento, ya no era una coraza inquebrantable. Haber compartido momentos de tensión real, risas absurdas y entrenamientos al límite con sus compañeros comenzaba a suavizar los bordes más afilados de su conducta. La madurez no residía en ser una estatua de mármol frente a la tormenta, sino en saber cuándo relajarse para no fracturarse con el impacto.

Avanzó por el camino principal con un paso firme pero notablemente más pausado, sin esa cadencia milimétrica de desfile que solía incomodar a los que caminaban a su lado. Sus ojos azules claros, tan gélidos en apariencia pero ahora mucho más amables y atentos al entorno, observaron el bullicio que rodeaba las puertas principales de la aldea. La caravana desplegada no solo representaba suministros y diplomacia; era la prueba tangible de que Konoha continuaba en pie a pesar de las cicatrices. Al aproximarse a la posición donde aguardaban los oficiales de registro, Naoe desabrochó con movimientos serenos la banda protectora de Konoha que llevaba ajustada. Sostuvo la placa metálica entre sus dedos por un instante, sintiendo la frialdad del grabado. Las palabras del Hokage resonaron con claridad en el aire, pero en lugar de tomar el discurso como una estricta orden de rigor militar, el joven Senju lo procesó con una serenidad renovada. Sabía quién era y qué representaba, pero no necesitaba sostener una postura almidonada para demostrar su valía.

—Naoe, del clan Senju —se presentó ante el oficial de registro, acompañando sus palabras con una inclinación de cabeza breve pero respetuosa, desprovista de la frialdad cortante de antes. Depositó su protector de la aldea en el recipiente designado sin dudar—. Presentándome para la asignación del cuerpo genin. Aunque posiblemente mis compañeros de equipo no tarden en presentarse, Mayura Hyuga y Raizen Sarutobi. Si pudiera ir con ellos estoy seguro de que podríamos aportar mucho más.

Tras recibir el equipo sellado y las instrucciones correspondientes, caminó hacia la columna de carretas a la que había sido destinado. Al tomar posición junto a los animales de carga, acomodó las tiras de sus ropas y ajustó la empuñadura de su acero a la cadera con naturalidad. Exhaló un suspiro pausado, dibujando una leve y casi imperceptible mueca de calma en su rostro mientras observaba a los demás genin reunirse. Vio de lejos a Akira, asintió con una leve sonrisa a manera de saludo. Con su casi "cuñado" también lo había pasado bien las últimas veces.

Las semanas de viaje hacia las costas del País de las Olas prometían ser largas, pero por primera vez en mucho tiempo, Naoe estaba listo para recorrer ese camino no como una unidad de combate aislada, sino como un compañero presente y en paz con su entorno.
[Imagen: Firma.webp]

Hablo#FF851B - Pienso#C19E00 - Narro
Ficha - Registros - Cronología - Misiones - Relaciones
Daeru Uchiha
Rango Genin
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20-07-2026, 07:06 PM
Era temprano por la mañana cuando Daeru llegó a las puertas de la aldea. Vestía su ropa habitual, aunque esta vez llevaba una capa ligera negra que le cubría hasta las rodillas. Tampoco llevaba su protector frontal; era una de las instrucciones que les habían dado antes de partir. Aun así, no terminaba de acostumbrarse. Sin él se sentía extrañamente inseguro, como si le faltara algo importante. Quizás por eso lo primero que llamó su atención fue la cantidad de gente reunida en el lugar. Carretas, mercaderes, shinobi y oficiales iban de un lado a otro preparando la partida. Por un instante se quedó quieto observando el movimiento. Nunca había visto tanta actividad concentrada en un mismo sitio y, por un momento, sintió que había llegado demasiado pronto... o demasiado tarde.

No sabía exactamente en qué consistía la misión. Solo le habían indicado que debía presentarse allí para formar parte de una delegación relacionada con la Gente del Mar. Cuando era niño había imaginado que vivían bajo el agua y que eran algo parecido a hombres pez. Aunque sabía que aquello era una tontería, una pequeña parte de él seguía sintiendo curiosidad por descubrir cómo eran en realidad. 

Desvió la mirada hacia los demás shinobi. Algunos conversaban entre ellos con total naturalidad mientras esperaban instrucciones. Daeru no pudo evitar sentirse fuera de lugar. Movía una pierna con impaciencia mientras buscaba alguna cara conocida entre la multitud.

Tras varios segundos de incertidumbre, distinguió a unos oficiales registrando a los participantes. Se acercó de inmediato, procurando no llamar demasiado la atención. —Da... Daeru Uchiha, señor.— La voz le falló al principio, pero consiguió recomponerse antes de terminar de hablar. No quería dar una mala impresión. Bastante tenía ya con sentirse perdido entre tanta gente.

Una vez registrado, se apartó a un costado para no estorbar el paso. Desde allí observó nuevamente el movimiento de las carretas y el ir y venir de los viajeros. Cada vez llegaban más personas. «Nunca había participado en algo tan grande...» Apretó con fuerza el borde de su capa mientras esperaba las instrucciones. La emoción y los nervios se mezclaban en partes iguales. No sabía qué encontraría fuera de Konoha ni qué papel tendría en aquella misión. Lo único que tenía claro era que, por primera vez en mucho tiempo, sentía que estaba a punto de formar parte de algo importante.
[Imagen: 1bb5716d6be2fa2b4e048ccb8fb0d90a.gif]
Hablo - «Pienso» - Narro
Cronología
Kuroto Uchiha
Rango Chuunin
Clan Uchiha
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20-07-2026, 09:41 PM
Kuroto llegó a las puertas de Konoha con una mochila colgada sobre uno de sus hombros y la katana sujeta a la cintura. Había llevado lo necesario para el viaje y poco más. No sabía cuánto tiempo estarían fuera ni qué trabajos les asignarían al llegar al País de las Olas, así que prefirió no cargar con cosas que probablemente no utilizaría. La caravana ya estaba casi preparada. Varias carretas ocupaban el camino, cargadas con alimentos, medicinas, herramientas y otros materiales. Los jonin y chunin se encontraban repartidos por los alrededores, mientras los genin esperaban cerca de los oficiales encargados del registro. Kuroto se quedó observando durante unos segundos antes de acercarse. Había bastante más movimiento del que esperaba, aunque era comprensible teniendo en cuenta la cantidad de personas y suministros que iban a trasladar. Cuando llegó su turno, se detuvo frente a uno de los oficiales.

- Kuroto Uchiha.

Después de dar su nombre, se quitó el protector de la aldea y lo entregó tal como habían indicado. Le resultaba extraño abandonar Konoha sin llevarlo, pero no le dio demasiadas vueltas. Si aquella era una de las condiciones para participar en la reunión, no tenía motivos para discutirla. Kuroto se apartó del registro y prestó atención a las palabras del Hokage. Durante las próximas semanas, sus acciones representarían a Konoha y no únicamente a sus clanes. Sobre la gente del mar sabía poco. Las historias los presentaban como antiguos aliados, pero eso no significaba que siguieran siendo los mismos después de tantos años. No tenía intención de tratarlos como enemigos, aunque tampoco confiaría en ellos solo por lo que contaban unos relatos antiguos. Al terminar las indicaciones, Kuroto caminó hacia la carreta que le habían asignado y dejó la mochila junto al resto del equipaje. Comprobó por encima la carga y ajustó la posición de la katana antes de quedarse cerca, esperando que entregaran los equipos y explicaran las responsabilidades de cada uno. No había mucho más que hacer por el momento. Kuroto cruzó los brazos y esperó el inicio del viaje.
-Hablo-
-Pienso-
-Narro-
Yūgen Sarutobi
Rango Chuunin
Clan Sarutobi
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21-07-2026, 03:35 AM
Aquél día el Hokage había preparado una caravana de regalos escoltada por shinobis de todos los rangos, desde genins hasta jonins. Yugen fue uno de los genin que habían aceptado participar en aquella misión de forma voluntaria, siendo la principal razón por la que se dirigía hacia la puerta principal de la aldea. Este no tendría apuro alguno, admirando la escena que se había montado en la puerta desde la distancia.
 
<Esta reunión tiene que ser más importante de lo que pensé. Tantos shinobis en un mismo lugar huele demasiado a un ambiente tenso.>

El Sarutobi se uniría al grupo de genins, justo a tiempo para registrarse con el oficial a cargo de los nombres de aquellos en la misión de escolta hacia la isla. — Yūgen Sarutobi, de la familia Hakuen. —  Este también daba el nombre de su familia, sirviendo como un representante no sólo de su clan si no que también estaba ahí para representar la voluntad y deseos de su padre y lider de los Hakuen, Yashin Sarutobi. El peliblanco miraría hacia Yokubari con sorpresa, casi alegrandose de ver a su capitán en aquél grupo selecto de shinobis.
 
— Yokubari-senpai, un gusto verlo por aquí. —

Yugen saludaría con aquella típica cara de buena gente con la cual era imposible decir si este fingía o no aquella interacción. Pero quien no se escapaba de su vista era Akihiro Sarutobi, el líder de su clan y Hokage de la aldea. Yugen esperaría a que estos cruzaran miradas para hacer una pequeña reverencia, mostrando respeto por el Sarutobi más importante de la actualidad.
 
<El gran Hokage y lider de los Sarutobi. Supongo que tengo mucha competencia si quiero representar a los Sarutobi en el futuro.>
 
La bara estaba demasiado alta pero no era de extrañar cuando se trataba de un Sarutobi. Yugen pasaría el rato fumando un cigarrillo alejado del resto, esperando a que algún oficial a cargo diera la órden de partir hacia la isla.
Yagami Nara
Rango Genin
Clan Nara
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21-07-2026, 06:13 PM
El camino hacia las puertas de Konoha no era largo, pero esta mañana cada paso pesaba distinto. Yagami caminaba con las manos enterradas en los bolsillos de su chaqueta, los hombros ligeramente encorvados y la vista fija en el suelo, contando mentalmente las baldosas agrietadas por el peso del reciente desastre. No le gustaba el bullicio de las grandes reuniones, ni la forma en que el aire parecía comprimirse cuando los altos mandos se reunían en un mismo lugar. Sin embargo, el deber familiar pesaba más que su propia apatía. Los Nara siempre sabían estar donde se les necesitaba, aunque la mitad del tiempo prefirieran estar durmiendo bajo un árbol.

Al llegar a la zona de embarque, el panorama era abrumador. Yagami levantó la mirada y, de inmediato, su mente comenzó a trazar asociaciones involuntarias, deformando la realidad en un tablero gigante de shogi.


Veamos... —pensó, analizando la escena con esa fría costumbre analítica tan propia de su sangre—. Akihiro Sarutobi al frente, el rey indiscutible que sostiene el centro del tablero, aunque su posición esté expuesta tras el asedio. Shinodera Nara a su derecha, actuando como un lancero o un general de oro, calculando cada ruta y cada recurso con una precisión molesta. Y a la izquierda, Shiori Uchiha... esa es una torre en toda regla. Letal, directa, vigilante, dispuesta a barrer cualquier amenaza en diagonal sin titubear.


Yagami tragó saliva con cierta sequedad. Su mirada se desvió brevemente hacia los otros genin que ya habían llegado, como el veterano Senju o el impecable Hyuuga, cuyas presencias irradiaban una seguridad aplastante. Un nudo frío se apretó en la boca del estómago del joven Nara. ¿Qué demonios hago yo aquí? —se cuestionó con amargura interna—. No soy un genio táctico como los ancianos de mi clan, ni tengo la fuerza destructiva de un Uchiha, ni la experiencia de un veterano de mil batallas. Soy solo un chico que apenas domina las sombras básicas y que prefiere resolver acertijos a arriesgar el pellejo en una misión diplomática internacional. Si el tablero se complica, probablemente sea el primer peón sacrificado por pura incompetencia.


La duda lo recorrió entero, helándole la sangre por un instante. La inexperiencia pesaba como una losa invisible sobre sus hombros. No se sentía preparado para representar a la aldea ante la misteriosa gente del mar, ni mucho menos para estar a la altura de las expectativas que implicaba llevar el apellido Nara en una misión de esta magnitud.


Pero entonces, el eco de las palabras del Hokage resonó en el aire, recordándole que el miedo no eximía de la responsabilidad. Yagami exhaló un suspiro largo, un soplo de aire viciado que llevaba guardado en el pecho desde que salió de casa. Apretó los puños dentro de sus bolsillos, sintiendo la tela áspera de su ropa, y obligó a su mente a dejar de buscar excusas para huir.


Da igual si me siento pequeño —se dijo con una repentina y silenciosa firmeza, apartando los pensamientos de derrota—. Un peón puede cruzar todo el tablero si da los pasos correctos. Konoha está herida, las calles aún huelen a polvo y ceniza, y la gente del mar espera respuestas que quizás no tengamos. No puedo permitirme el lujo de dudar cuando la aldea necesita que cada engranaje funcione.


Con paso lento pero resuelto, Yagami se despojó del protector de la frente, sintiendo el frío metal antes de depositarlo sobre la mesa con los oficiales, cumpliendo estrictamente con el anonimato requerido. Se acercó al sector asignado para los miembros de su clan, esquivando miradas y manteniendo el perfil bajo que tanto lo caracterizaba.


Cuando los oficiales levantaron la vista para registrarlo, Yagami Endureció la postura, ocultando cualquier rastro de inseguridad tras una fachada de indiferencia calculada.


—Yagami, del clan Nara. Presente para el servicio —murmuró con voz baja, parca, pero firme.


No necesitó decir más. Las palabras sobraban cuando lo único que importaba era estar allí, dispuesto a entregar hasta el último destello de su voluntad por el futuro de la Hoja.
[Imagen: Gemini-Generated-Image-4h2x014h2x014h2x.png]
Ibuki Inuzuka
Rango Chuunin
Clan Inuzuka
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21-07-2026, 11:39 PM
Ibuki estaba ansiosa. Era temprano todavía y había llegado con suficiente anticipación como para contemplar todo el despliegue que se desarrollaba frente a las puertas de la aldea. Observó cómo los jōnin y los chūnin tomaban sus posiciones para un evento de semejante magnitud. Siempre, para Ibuki, aquel desfile anual había sido casi un tabú, algo que apenas podía imaginar desde la seguridad de Konoha. Y, para su sorpresa... no era un secreto para nadie dentro de la aldea.

Ahora ella estaba allí. Formada. Una genin más entre todos los que viajarían. Llevaba la bandana puesta y estaba muerta de miedo.

Tiritaba, sí... porque para Ibuki no existía un mundo más allá de aquellas enormes puertas. - Oh... Ba Sing Se... oh, Baba... hay algo allá afuera...

Murmuraba aterrorizada, llorando por dentro mientras se abrazaba el pecho con ambos brazos. A su lado permanecía Kiro, sentado con la tranquilidad de siempre. No el pequeño. Esta vez viajaba el Kiro mayor. El verdadero. El único. El grande. Lo bastante enorme como para que Ibuki pudiera montarlo junto a, quizás, otro pasajero. Flojo como nadie y aburrido como siempre. Sobre su ancho lomo, una familia de pequeños tanukis jugaba completamente ajena al drama de su dueña, mientras Ibuki permanecía tiesa como una estaca, esperando a que llegara su turno.

Había algunos ninjas que habían llegado tarde.
Pero ella no.

Ella estaba entre los primeros convocados, al borde de mearse... de orinarse encima del miedo que tenía. ¿Qué pasaría allá afuera? Lo más probable era que el mundo simplemente se acabara. Que todos cayeran por un barranco hacia el vacío más profundo. El mundo terminaba justo en esas puertas y, de algún modo, toda esa gente pensaba cruzarlas y arrastrarla hacia una muerte segura.

El oficial iba registrando uno por uno a los presentes hasta que finalmente llegó frente a ella.

Ibuki se puso todavía más recta de lo que ya estaba - ¡IBI...! ¡IBIK...! ¡IBUKI INUZUKA! ¡PREPARÁNDOSE PARA EL SERVICIO!

Gritó con la voz quebrada por los nervios. Acto seguido, obedeciendo las instrucciones del Hokage, se quitó rápidamente la bandana y la depositó donde el oficial le indicó. 

Se sintió extraña.

Toda la vida le habían repetido que, en cualquier asunto oficial, debía portar su protector ninja. Al fin y al cabo, no era más que un simple trozo de metal... pero también era el símbolo que anunciaba al mundo que ella era una shinobi de Konoha. Quitárselo, aunque solo fuera durante el viaje, le producía una sensación difícil de explicar.

Después de recibir la información y el equipo que le correspondían, Ibuki caminó hasta la carreta que le habían asignado junto a Kiro y toda la familia de tanukis que viajaba con ella, acomodándose sobre el enorme lomo de su compañero mientras contemplaba, maravillada y aterrorizada al mismo tiempo, todo lo que estaba ocurriendo - Qué extraño... chicos... miren. Se supone que en una de estas carretas viaja el honorable Hokage... Yo pensé que solo nos mandarían a la muerte... a nosotros. - Comentó con un hilo de voz, todavía asustada, observando la enorme caravana como si estuviera a punto de emprender un viaje sin retorno.
[Imagen: 9NUo9td.gif][Imagen: He8J1ft.gif]
Raizen Sarutobi
Rango Genin
Clan Sarutobi
Nivel 9
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Fuerza44(2)
Destreza50(3)
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Especiales
Salud11
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435
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22-07-2026, 05:30 AM
— ¡A levantarse, Raizen Sarutobi!

El grito de su madre le llegó como una alarma en medio del sueño, avisándole que iba llegar tarde. Su hermano mayor ya había partido, y él debía presentarse antes de que lo sancionaran por retrasarse en una misión diplomática como esa. Raizen abrió los ojos con la mirada todavía perdida en el techo, intentando recomponerse lo suficiente como para levantarse de la cama. Fue el primero en moverse; el último fue Amaru, que se resistió con un quejido a abandonar el calor de las sábanas.
Se dio un baño rápido y salió corriendo por la avenida principal con Amaru en brazos, todavía medio dormido contra su pecho. El día se veía distinto al resto: menos húmedo, más despejado, y hasta su pelo parecía agradecer el cambio de clima gracias a los productos que Mayura le había recomendado meses atrás.

— Dios mío. ¿Cuántos iremos?

Desde la distancia, antes de cruzar las murallas, ya distinguía los carruajes cargados con suministros para semanas enteras. Pero la cantidad de gente era menor de lo que esperaba. Reconoció a algunos genin conocidos, a su hermano entre los oficiales, y a alguien más al que preferiría no haberle visto la cara todavía: el rubio al que le debía un cigarro. Decidió agacharse un poco entre el resto de los genin, avanzando con la cabeza baja para no cruzarse con Ben antes de tener el dinero listo. Cuando finalmente quedó frente a Shiori, levantó la vista.


— Raizen... ¿¡Hokage!?

Se inclinó en una reverencia rápida, intentando disimular la cara todavía hinchada por haber dormido de más. Después giró hacia el oficial encargado de la lista.

— Raizen, del clan Sarutobi. Presente en la misión.

Tomó los suministros que le entregaron y salió de la fila, con los ojos recorriendo el lugar en busca de algo conocido, hasta que los encontró cerca de la zona de animales de carga: Naoe, parado con esa postura tan suya.

— ¿Vamos todo el equipo? — Se acercó con una sonrisa amplia, el cuerpo relajándose apenas los tuvo cerca. — Qué alegría. Por lo menos voy a poder reírme un rato con ustedes en el camino.

Se sumó al grupo de su equipo, quedándose junto a ellos mientras esperaba las indicaciones que faltaban.
[Imagen: rzcjrdo.png]
Ran Kurai
Rango Genin
Clan Uchiha
Nivel 8
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24-07-2026, 09:24 PM
Nadie, pero nadie en lo absoluto se había percatado de la ausencia de la chica en el interior de aquel majestuoso y magnífico palacete, cosa que si bien en cierto modo aliviaba un poco el corazón de la joven, ese mismo maltrecho y hasta adolorido corazón que latía tal cómo una caballo desbocado que no tenía ningún tipo de control sobre sí, también era verdad que se sentía ligeramente al darse cuenta de que ya ningún morador de ese lujoso lugar reparaba en su persona. ¿Era que acaso aún en su alterada cabeza rondaban con insistencia esas fijas ideas, las cuales le decían a través de suaves siseos en su interior que todavía estaba a tiempo como para conseguir no sólo el amor, afecto, cariño y el respeto de su esquivo padre, sino que al mismo tiempo obtener tanto el respeto de su familia paterna, cómo el de su familia paterna? ¿Era que acaso, de todas maneras, y a pesar de los últimos sucesos en la vida de la chica, no habían cambiado ni un solo poco la percepción de esta misma acerca de los complejos y terribles dilemas que estaban relacionados propiamente con ambos progenitores? No, no, no y no… en la chica aún estaban tal vez demasiado arraigados esos pensamientos que le indicaban a ella que sólo sería feliz sólo si conseguía la aceptación de estos. Y haciendo la joven todo lo que realmente estaba a su acotado alcance para seguir adelante con su iniciativa, ésta salió de lleno de esos tan frondosos terrenos. 

Resultaba que aunque a simple vista a la muchacha no le había afectado de forma directa lo último pasado en la Aldea misma, acerca del llamado incidente de la Bestia Negra, tal vez porque al fin y al cabo la chica todavía seguía viviendo en una especie de burbuja al ser una habitante más del hogar principal de la noble y aristócrata familia de los Kurai, eso no quería decir para nada que a la joven le diera igual el tema, o que ella lo pasara de alto cómo si jamás hubiera ocurrido; al contrario, la muchacha estaba plenamente consciente de que todo el desastre que había ocurrido en Konoha no sólo había provocado que las calles hubieran sido destruidas, que muchas edificaciones hubieran sido desplomadas por completo, sino que  a la vez hubieron muchas bajas… incluso de civiles, cosa que había perturbado un poco a la joven. ¿Cómo no hacerlo, si ella en cierta forma se sentía un tanto culpable de esto último, al no haber intervenido nada en esa situación? Pero no, Ran deseaba ayudar, Ran necesitaba sentirse útil…Ran deseaba a toda costa demostrar que sus habilidades cómo kunoichi sí podían servir para algo más que no fuese para que los Uchiha, la familia de su patética y mediocre madre,  la mirara con honor, como si ella fuese digna de ellos. ¿Era que la chica, de manera muy, muy lenta y extremadamente sinuosa, estaba caminando muy, muy de a poco, a pasos tan breves, que prácticamente ni siquiera ella misma sentía que evidente sí existían?

No dándose para nada cuenta de todo esas últimas cosas, la muchacha a través de firmes pasos se acercó hacia las puertas de la Aldea, dispuesta así en el acto a participar en ese evento que pasaba una vez al año, en el cual se encontraría la gente de Konoha con la llamada ‘gente del mar’, proveniente del País de las Olas. Con su corazón resistiéndose a menguar si quiera sólo un poco sus fuertes latidos, ya que aunque sí la chica provenía de una familia de la alta nobleza pues nunca su padre se había tomado la más mínima molestia de que su única hija legítima visitara lugares fuera de Konoha en sí, casi como si él se avergonzara de la existencia de ella, fue cuando después de un trayecto que se le hizo de lo más breve, de lo más corto, tal vez debido a que su ansiedad la estaba casi por dominar por completo, aún cuando por fuera la joven seguía conservando esa frialdad, esa gelidez, esa seriedad que solamente daba a entender al exterior que ella podía sentir muchas cosas, menos precisamente inseguridad, ¿No era que, después de todo, si de algo la joven había aprendido de sus estrictos y pocos cariñosos tutores e institutrices que precisa y justamente a fingir cosas que no eran para nada reales? Fue así como entonces la seca y amargada mirada de la genin llegó finalmente a dar con las puertas de la Aldea, y al hacerlo su corazón una vez más dio un gran, gran brinco. 

Mirando ahora de una manera más que analítica la escena que se presentaba ante sus helados ojos, fue que inevitable que ella se encontrara con rostros conocidos, meramente familiares aún cuando era más que notorio que no tenía ningún nexo real con éstos… y justo cuando ya ella estuvo por pensar que podría adaptarse socialmente hablando, fue que ella misma se encontró con la figura de un par de Uchihas, cosa que sólo hizo que los latidos cardíacos de la joven se disparaban más que antes. —Contrólate—se dijo la shinobi  a sí misma, mientras que con una de sus manos palpaba donde tenía esa botellita que contenía ese líquido del cual era dependiente, en sus ropajes. —Por aquí Ran Kurai—dijo acto seguido la muchacha con una increíble frialdad, y al instante de mirar por el rabillo del ojo, ella se dio cuenta de que no estaba sola, que ahí también se encontraban los otros dos miembros del equipo diez. Pensando que sería buena idea acercarse a éstos, la chica primeramente se aproximó hacia Yugen, con quien al menos compartía edad más similar que con el capitán del equipo—Buenas, Sarutobi-san—le saludó la joven al otro genin, sólo para a continuacion fijar su amargada mirada en dirección hacía donde estaba ubicado Yokubari, y al hacerlo la muchacha hizo un pequeño educado gesto con la cabeza —Saludos, Yokubari-senpai—y dicho esto último, usando un tono de voz más formal que el que ocupó con Yugen, la muchacha se limitó a esperar las siguientes directrices que dieran los responsables  de todo eso.  
Kana
Rango Genin
Clan Uchiha
Nivel 13
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25-07-2026, 11:45 PM
La gente del mar. Todo un misterio rondaba a ese grupo de personas que Kana conocía desde niña por los relatos de sus padres y lo enseñado en la academia ninja. Se decía que fueron aliados fundamentales en el pasado y poco más. Nadie sabía realmente dónde se ubicaba su aldea, el nombre de esta, o si entre ellos había linajes igual de importantes y temibles como en Konohagakure. Para Kana, esta oportunidad era una bañada en oro. Salir de la villa que la vio nacer para encaminarse en cumplir su meta. Crecer, ganar reputación y algún día formar parte del cuerpo policial de la villa oculta entre las hojas.

Una hora antes de la reunión, la Uchiha preparó todo lo que pensaba, podría necesitar para el viaje. Aunque habían sido informados de que la caravana traería recursos consigo, no estaba de más cargar algo adicional, como una pequeña bolsa de caramelos que tanto le gustaban a la muchacha del clan de los ojos rojos.

Yukiko Uchiha, su madre, la observó partir no sin antes desearle suerte, pero siempre soltándole aquel comentario — Suerte, aunque dudo que la necesites — Ese comentario provocaba más en Kana, mucho más de lo que la Anbu podría deducir. Por un lado, la tranquilidad de saber que, pese a todo, su madre confiaba en ella, pero también estaba esa espinita que le decía que no podía cometer errores y fallarle a la confianza que la mayor depositaba en ella.

Kana arribó al lugar, con su equipo preparado, su uniforme impecable y su fiel katana acompañándola siempre a todos lados colgada en el lado izquierdo de su cintura. La mentalidad que la genin llevaba jugó mucho a favor para que ella se dirigiera inmediatamente hacia los oficiales que hacían el registro y acatara las indicaciones dadas por el Lord Hokage. Kana no se detuvo mucho tiempo a buscar a alguien conocido, simplemente hizo lo que se le pidió, retirando por breves instantes el protector metálico de su bandana y depositando el objeto metálico con los hombres de la hoja. 

Ya habría tiempo después, tal vez durante el viaje o ya en el destino marcado, para buscar a alguien y socializar un poco, aunque esto último no fuera el principal fuerte de la Uchiha.
Hablo / Pienso
Alex Arceo
Rango Genin
Clan Akimichi
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26-07-2026, 06:27 AM
Permiso
Con permiso de dios mismo, por que se que lograre tener la EXP en cuando me moderen mis misiones... proceso a postear, juro por dios que sere LV 7!!! y lo logre en tiempo D: !


…. El gordo entraba en escena, escuchaba sin mas algunos rumores sobre alguna bestia que azoto la aldea… ¿Cuándo? Era curioso cómo, si te escondias de la vida literalmente, parecía como que si la realidad te protegiese de todo lo que te podría hacer daño… muertos y reparaciones aún se mantenían, pero de nuevo ¿Dónde estaba el gordo cuando eso paso? Con mirada pálida no podía simplemente callar las voces en su cabeza, era claro que había fallado a su deber y como tal debía hacer algo para pagar aquello, era por eso que estaba ahí, presentándose en aquel momento.

Simplemente estaba preparado con el equipaje necesario para las labores y mucha, pero mucha y cuando digo mucha, es mucha comida dentro de sus mochilas militares… avanzo ante los oficiales donde ya parecía que muchas personas se conglomeraban, - Alex Akimichi, Clan Akimichi…Genin – se registraría o haría el intento de ello, mientras escuchaba las palabras del mismísimo Hokage, era curioso como de vez en cuando, una persona de tan bajo nivel como el gordo podría poder observar lo magnánimo de su líder principal… ahí estaba, a unos pasos PERO, no podría acercarse, era claro, eran de mundos diferente… solo podía, vislumbrarlo como la meta que el seria algún día… como, el estandarte de su diciplina.

Parecía que simplemente al registro luego se le asignaría su carreta, a la cual atendió y con su protector ninja al brazo, se dispuso a tomar el equipo que se le entrego… no abrir fue la orden, por lo que simplemente abrió una bolsa de papitas que de la manera más ruidosa posible, comenzó a comer con una furia tal que los sonidos realizado por aquel “cerdo” serian imposibles de ignorar… era la tan temida “ansiedad Akimichi”, legendaria en aquellos gordos si se les conocía lo suficiente, solo una cosa les daba paz… COMER, claramente no era saludable pero, así es como funciona su técnica así que, básicamente… era útil.
Itsuki Senju
Rango Chuunin
Clan Senju
Nivel 12
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26-07-2026, 07:42 AM
El suelo del patio del complejo aún conservaba el olor a tierra humedecida y al sudor matutino. Los nudillos de Itsuki, envueltos en el metal pesado de sus guantes tácticos, se estrellaron contra el tronco de madera reforzada del muñeco de entrenamiento con un impacto seco y sordo. La astilla no cedió; su postura, rectilínea y tensa, tampoco. Cada repetición no era un simple ejercicio físico, sino un ajuste sistemático: el ángulo del codo, el peso desplazado hacia el metatarso izquierdo y la aceleración precisa antes del punto de contacto. Para él, la masa muscular sin un flujo de energía disciplinado no era más que leña esperando ser quemada.

Un ritmo de pisadas desparejo, algo pesado sobre el talón izquierdo y marcado por el crujido metálico de un arnés flojo, interrumpió el patrón de sus golpes. Itsuki no giró el rostro de inmediato. No necesitaba mirar para saber de quién se trataba; reconocía la cadencia cansada de su marcha, la forma en que arrastraba ligeramente la suela contra la grava y la pronunciada inclinación de su torso hacia la derecha al detenerse.

—"La caravana no esperará a que termines de castigar la madera, Itsuki" —dijo la voz, grave y rasposa, acompañada por la fluctuación irregular de su respiración.

Itsuki se detuvo en seco, manteniendo los puños alzados a la altura de la barbilla durante un segundo antes de bajarlos lentamente. Sus ojos azul gélido, fijos y desprovistos de cualquier chispa de calidez, se posaron sobre la silueta que tenía enfrente. Veía la masa de cabello oscuro, pero los rasgos del rostro eran solo un borrón inerte, un contorno sin relieve visual.

—"El registro exige presencia, no prisas" —respondió Itsuki con frialdad, desabrochando las tiras de cuero de sus guantes para ajustar el encaje metálico sobre sus nudillos. —"Los preparativos para el País de las Olas son un trámite político. Si la caravana depende de que los genin lleguen corriendo para sentirse seguros, la seguridad de la aldea ya está comprometida."

—"No se trata de seguridad, sino de representación" —replicó el hombre, y la tensión súbita en la línea de sus hombros delató una irritación contenida. —"El Hokage en persona estará supervisando la partida. Se te ordenó entregar el protector. Hazlo sin causar un espectáculo."
Itsuki soltó un bufido seco, una exhalación carente de humor. La idea de que un pedazo de metal grabado otorgara valor o identidad a un guerrero le resultaba ridícula. Konoha no era un concepto abstracto grabado en una placa; era el monumento erigido sobre los huesos y el esfuerzo de los verdaderamente aptos. Ajustó el arnés que cruzaba el pecho de su chaqueta táctica gris, asegurándose de que la bolsa de pertrechos y las nudilleras estuvieran dispuestas con simetría perfecta. Sin añadir una sola palabra, le dio la espalda a la masa oscura de su pariente y echó a andar con un paso firme, rítmico y carente de vacilación.

El trayecto hacia las puertas principales de Konoha estuvo marcado por el bullicio de la mañana despejada. A medida que se aproximaba al punto de reunión, el aire fresco se cargó con el olor a cuero curtido, animales de carga y el crujido constante de las ruedas de madera contra la piedra. La caravana era masiva: carretas alineadas, suministros sellados y una barrera heterogénea de shinobis de distintas estaturas y posturas.

Itsuki se detuvo a pocos metros del puesto de registro, evaluando la escena no por la estética de la multitud, sino por su lenguaje corporal. Detectó la zancada recta, calculada y marcial de una figura de larga coleta azabache, la rigidez de su espalda delataba una disciplina militar estricta. Cerca de las carretas de carga, observó una silueta alta de casi metro noventa con ropa oscura y una espada a la cadera, cuyos movimientos fluidos transmitían una calma estructurada, contrastando con la postura agachada y vacilante de un muchacho más bajo que sujetaba el borde de su capa con fuerza excesiva. Un poco más allá, percibió el desplazamiento ágil de una joven de cabello castaño amarrado en cola de caballo, cuya cadencia al andar delataba un centro de gravedad bajo, propio de quien combate apoyando las extremidades en el suelo.

Para Itsuki, ninguno de ellos poseía un rostro; eran patrones de movimiento, centros de gravedad, formas de ajustar la guardia o empuñar una katana. Algunos emanaban la tensión inútil del nerviosismo; otros, una confianza pasiva que bordeaba la negligencia.

Avanzó hacia la mesa donde dos oficiales sostenían la lista de despacho. Su marcha era constante, sin acelerar ni aminorar el ritmo. Al llegar frente a la mesa de madera, detuvo su avance con la espalda completamente erguida, proyectando una rigidez de acero. Los oficiales levantaron la vista, pero Itsuki ni siquiera esperó a que le formularan la pregunta.
—"Itsuki, del Clan Senju" —declaró con voz clara, tajante y desprovista de cualquier matiz de cortesía diplomática.

—"Está registrado" —asintió uno de los oficiales, marcando el pergamino con una pincelada rápida antes de señalar hacia el sector trasero de la columna. —"Toma tu equipo sellado y ubícate junto a las carretas de reabastecimiento. Aguarda las órdenes del mando."

Itsuki recogió el paquete asignado sin romper el sello, comprobando únicamente el peso y el equilibrio del bulto entre sus manos. Se giró sobre sus talones y caminó hacia el flanco asignado, manteniendo una distancia prudencial del resto de los jóvenes reunidos. Las palabras del Hokage resonaban aún en el ambiente sobre representar a la aldea más allá de las fronteras, pero para Itsuki la ecuación era mucho más simple: las palabras diplomáticas no sostenían un frente de batalla. Cuando la caravana cruzara el umbral de las murallas, no serían las intenciones ni las alianzas antiguas lo que mantendría a los hombres con vida, sino la precisión del control de chakra y la firmeza de los puños en el barro.

Apoyó la espalda contra la estructura de madera de una de las carretas, cruzó los brazos sobre el pecho y fijó la mirada azul gélida en el camino abierto que se extendía fuera de la Hoja. El viaje hacia el País de las Olas apenas comenzaba, y él estaba más que dispuesto a aplastar cualquier debilidad que amenazara el cumplimiento del deber.
Kyōraku Senju
Rango Genin
Clan Senju
Nivel 10
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Especiales
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26-07-2026, 09:45 AM
Kyōraku llegó a las puertas principales de Konoha sin prisa visible. La comitiva se extendía entre carretas reforzadas, carrozas, animales de carga y shinobis distribuidos alrededor del convoy. Todo dispuesto para una misión diplomática que, de algún modo, avanzaba con una urgencia sospechosa tras los sucesos de la bestia negra.

Konoha seguía en pie, pero eso no significaba que hubiera sanado. Algunas calles conservaban cicatrices recientes. Maderas nuevas cubrían fachadas viejas. Piedras reemplazadas rompían la continuidad del camino. En ciertos lugares, la ausencia de los fallecidos ocupaba mas espacio que cualquier cuerpo. Sus ausencias permanecían allí, mudas, gritando desde bancos, puertas, puestos y ventanas donde alguien ya no volvería a estar.

Las explicaciones, aun así, sobraban para los gennin. Al menos las verdaderas. La versión difundida por la aldea quizá bastara para quienes no habían estado allí. Vandalismo. Irresponsabilidad. Una broma fuera de control. Palabras limpias para cubrir una herida sucia.

Pero Kyōraku había visto al águila. Había sentido sus garras y oído aquel chillido imposible emergiendo a través de energía que impresionaba corrupta, oscura, desconocida.

Las heridas aún abiertas en sus hombros ardieron bajo la ropa, recordándole con precisión seca la incoherencia de las comunicaciones oficiales. El Senju llevó un puño al pecho, no por debilidad visible, sino para contener el dolor antes de que alcanzara su rostro.

Luego bajó la mano soltando un suspiro largo. Aquella línea de pensamiento no le correspondía. Cuestionar a la aldea, a sus dirigentes o a las verdades que decidían entregar no formaba parte de su función. Su tarea era cumplir las ordenes impartidas. Mantener la forma. Sostener la disciplina allí donde otros permitían que el miedo, la rabia o la duda desordenaran el mundo.

Eso era el deber, eso era el límite.

Sacudió apenas la cabeza, apartando aquellas intromisiones, y continuó avanzando entre las carretas. Comida, medicinas, herramientas, semillas, telas, obsequios. Cada carga sellada. Cada rueda revisada. Cada movimiento envuelto por esa tensión silenciosa propia de las misiones donde una palabra podía resultar más peligrosa que el filo de una katana.

La gente del mar…

Kyōraku había escuchado relatos antiguos, como todos. Historias incompletas sobre aliados de otros tiempos. Nombres pronunciados con respeto y distancia, cuentos que habían terminado mezclándose con el folclore popular, demasiado lejanos para sentirse reales, demasiado difusos para ser tomados en serio más allá de una narración dicha a los niños antes de dormir.

Sin advertirlo, llegó ante los oficiales encargados del registro. Se detuvo ante ellos.

—Kyōraku Senju.

Su voz salió baja, limpia y sin adornos. Recibió la ubicación asignada y caminó hacia la carreta correspondiente. Al pasar, su mirada alcanzó la figura del Hokage y de otras figuras influyentes. Kyōraku inclinó apenas el mentón, respeto, Nada más.

Cuando Akihiro habló, el Senju escuchó sin apartar la vista. No representar únicamente a los clanes. Hablar en nombre de Konoha. Durante semanas, cada palabra y decisión pesaría más de lo habitual.

<<Entendido…>>

El gesto fue mínimo, suficiente para eludir las dudas previas y reafirmar su responsabilidad. Guardar las formas no era cortesía vacía, era una muralla. Una manera de no depender del humor, del orgullo o del miedo cuando el mundo exigía una forma correcta de mantenerse de pie.

Kyōraku se ubicó junto a la carreta asignada, con las manos quietas y la expresión serena, la aldea quedaba atrás, el mar esperaba adelante y entre ambos, por un tiempo, ellos serían la línea delgada que debía mantener la cortesía antes de que alguien la confundiera con debilidad.
[Imagen: Kyoraku-spirit.png]
Ficha de Kyōraku Senju

[Imagen: byakuya-signature.png]
Mayura Hyuga
Rango Chuunin
Clan Hyuga
Nivel 11
Estadísticas
Generales
Fuerza1(1)
Destreza31(2)
Ctrl. de Chakra85(4)
Inteligencia3(1)
Especiales
Salud9
Velocidad16
Tenketsu9
Sigilo10
344
456
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26-07-2026, 01:24 PM
Las semanas posteriores al ataque del águila habían sido todo un tobogán de experiencias. Desde misiones un poco más peligrosas, hasta torneos por simple ocio. Mayura debería sentirse más que listo para la convocatoria, al menos así hubiera sido en cualquier otro momento. Sin embargo, el día de hoy era completamente diferente, llevaba días con un dolor de cabeza fatal, y apenas hoy empezaba a sentirse un poco mejor. — Un viaje fuera del país, super divertido, cof cof. — Hablaba consigo mientras recogía sus cosas, viéndose interrumpido por una tos seca de vez en cuando. — Creo que llevare souvenirs, siiii, tengo suficiente perfume floral con toques de miel y vainilla para preparar al menos diez mini muestras. — se emocionó, empezando a vaciar su porta kunais. — Creo que tendré que dejarlos otra vez jijiji. — Y así empezó a distribuir su perfume en pequeños frascos hasta llevar su portakunais de ellos.

Por supuesto, entre su condición y el cuidado que debía tener al momento de llenar los frascos, Mayura no se daría cuenta que estaba tarde hasta ver la hora. — ¡Madre mía! ¡Me van a mataaaaar! Auuu. — Un tirón en la frente, ese dolorcito que aun tenia, le recordó que aun no estaba listo para volver a gritar. — No me avisaste Akira… te voy a matar. — Susurró como una amenaza al aire, mientras terminaba de alistarse. ¿Estaba tarde? Por supuesto, más no por ello se permitiría llegar desalineado ni mucho menos feo o pálido, o cualquier signo que revelase su condición actual.

Tardó lo necesario en verse radiante y se marchó a las puertas de la aldea a toda marcha. Al llegar, saltaría desde el tejado mas cercano, dando un giro de balé en el aire. — ¡Lo mejor siempre llega al final! ¡Y aquí el gran Pavo Real de Konoha para ustedes! — Una pose extravagante en el aire, otra al aterrizar, y una reverencia como buen actor agradeciéndole a su público. Pero entonces, notó que el hokage también estaba presente y sus mejillas se ruborizaron al instante. — Mayura Hyuga, presentándose. — Se inclinó para demostrar respeto.

— ¡Raizen! ¡Naoe! — Saltó emocionado hacia sus compañeros de equipo, buscando abrazarles. Luego, llegaron las instrucciones, a partir de ese momento se mantuvo callado tratando de recuperar el aliento y de ignorar la punzada en la cabeza.
Estadísticas de Mayura Hyuga
Mayura Hyuga
Estadísticas Generales
Fuerza
1 M: 1
Inteligencia
3 M: 1
Destreza
31 M: 2
Ctrl. Chakra
85 M: 4
Estadísticas Especiales
Salud
9
Tenketsu
9
Sigilo
10
Velocidad
16
Vida 344 Chakra 456 Reg. Chakra 36
[Imagen: ab4qP1h.jpeg]
Narrador General
Rango Genin
Clan Senju
Nivel 6
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra0(1)
Inteligencia90(4)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu9
Sigilo15
390
300
Enlace al Post
26-07-2026, 02:58 PM
Cuando el último grupo quedó frente a las carretas, varios oficiales abrieron siete cofres colocados junto a las puertas y comenzaron a distribuir el equipo de viaje. A cada ninja se le entregó una prenda blanca de tela gruesa, amplia y larga, con mangas anchas y una capucha profunda capaz de cubrir la cabeza y parte del rostro con su sombra.  En el pecho, por dentro, cada prenda tenía una letra y un número tejidos con hilo oscuro, distintos para cada integrante de la delegación. Mientras se realizaba la entrega, Shiori Uchiha recorrió las filas para comprobar que nadie conservara su protector de Konoha ni llevara símbolos visibles de su clan. —Los protectores se quedan aquí. No los guarden bajo la ropa ni dentro del equipaje. Entréguenlos a los oficiales y serán almacenados hasta nuestro regreso. Cualquier insignia que permita identificar a la aldea o a sus clanes deberá permanecer fuera de la vista durante todo el encuentro.

Shinodera Nara levantó el registro donde aparecían los códigos asignados. Cada combinación de letra y número correspondía a un único ninja y permitía reconocerlo sin revelar su identidad real. —No intercambien las prendas, no alteren el código y no permitan que otra persona las utilice. Mientras estén cumpliendo funciones deberán llevarlas encima, incluso si el clima les parece demasiado caliente o si creen que la tarea no lo requiere. Si pierden una, lo reportan de inmediato. Si alguien les pregunta quiénes son, ese código será identificación suficiente para los oficiales. El estratega cerró la lista y señaló a los chūnin distribuidos entre las carretas. Ellos conservarían copias parciales de los registros y serían responsables de organizar las guardias, los descansos y las tareas. Ningún genin debía abandonar la caravana, el puerto o el pueblo sin informar primero al chūnin encargado de su grupo.

Akihiro Sarutobi avanzó hasta quedar frente a los seleccionados.
Ficha de NPC: Akihiro Sarutobi
Akihiro Sarutobi
Líder del Clan Sarutobi – Primer Hokage
NPKHO001KageNv. 20Sarutobi - HokageKonohaEdad 52
““El fuego puede destruir, pero también puede iluminar. Nuestro deber no es quemar el mundo, sino guiarlo en la oscuridad.””
Historia / Trasfondo
Akihiro Sarutobi es el actual líder del clan Sarutobi y uno de los hombres más respetados dentro de Konoha. Heredero del linaje fundador de la aldea, ha dedicado su vida a preservar la filosofía del equilibrio entre el hombre y la naturaleza, principio que define la identidad histórica de su clan. Su liderazgo se caracteriza por la prudencia, la disciplina y una profunda fe en las tradiciones que dieron origen a la aldea. Desde joven, Akihiro fue educado bajo los principios de control y responsabilidad en el uso del fuego. Aprendió que el poder no debía emplearse como instrumento de destrucción, sino como símbolo de guía y purificación. Su inteligencia estratégica y su capacidad para mantener la calma en situaciones críticas lo convirtieron en mediador natural en conflictos internos entre clanes. Sin embargo, la crisis actual del mundo ha puesto a prueba su convicción. Mientras otras aldeas consideran liberar los sellos del chakra, Akihiro sostiene que romperlos podría desatar una catástrofe irreversible. Esta postura lo ha colocado en el centro de un debate político y moral que amenaza con dividir a los líderes de Konoha. Hoy, Akihiro enfrenta la decisión más difícil de su vida: proteger el legado del pasado o aceptar el riesgo de un cambio necesario para salvar el futuro. Muchos lo ven como el último guardián del equilibrio, pero incluso él comienza a cuestionar si la tradición puede resistir el peso del tiempo.
Estadísticas Generales
Fuerza
100 M: 5
Inteligencia
49 M: 2
Destreza
75 M: 4
Ctrl. Chakra
75 M: 4
Estadísticas Especiales
Salud
18
Tenketsu
14
Sigilo
9
Velocidad
15
Vida 628 Chakra 629 Reg. Chakra 20
Esperó a que terminara la entrega y recorrió las filas con la mirada antes de hablar. —La gente del mar son nuestros aliados más antiguos y una parte importante de nuestra propia historia. Mucho antes de que cualquiera de nosotros naciera, su pueblo y el nuestro lucharon juntos para impedir que el mundo fuera consumido. Ahora iremos a reunirnos con ellos como manda la tradición, en el País de las Olas. Algunos de ustedes fueron elegidos por su fuerza; otros, por su inteligencia, sus sentidos, su capacidad para sanar o su manera de relacionarse con los civiles. Todos tienen algo que aportar. No espero que sepan hacerlo todo. Espero que cumplan su tarea, que escuchen a sus superiores y que sepan pedir ayuda antes de convertir un problema pequeño en uno mayor.

El tono del Hokage se volvió más serio. —Todo lo que escuchen, vean o descubran durante este viaje será confidencial. Allí jamás utilizarán el nombre de Konoha. Tampoco mencionarán sus clanes, sus distritos, nada.... Durante las próximas semanas, todos llevarán el apellido Mori. Significa bosque, porque eso es lo único que necesitan saber quienes nos reciban: somos la gente del bosque. Podrán conservar sus nombres, pero no sus apellidos verdaderos. No importa si son Senju, Uchiha, Nara, Hyuga o Sarutobi. Fuera de estas puertas, serán Mori. La misma regla se aplicaría a los informes, presentaciones y misiones realizadas en la península. Las diferencias entre clanes permanecerían dentro de la delegación y cualquier desacuerdo tendría que resolverse lejos de los habitantes del pueblo y de sus aliados marítimos.

Shinodera desplegó entonces el mapa de la ruta sobre el costado de una carreta. La caravana cruzaría el País del Fuego hacia el este siguiendo caminos vigilados y realizaría varias paradas breves para descansar, revisar la carga y reemplazar a los guardias. Al llegar a la costa encontrarían varios navíos esperándolos. Allí descargarían las carretas, registrarían nuevamente cada caja y trasladarían alimentos, medicinas, herramientas y obsequios a las embarcaciones. Después navegarían hasta el País de las Olas y continuarían por tierra hasta la península del sureste. —El viaje completo será largo. No nos detendremos en ningún momento. Habrá turnos de vigilancia durante la noche y nadie comerá, abrirá o trasladará suministros sin autorización. Cuando lleguemos al puerto, sigan las instrucciones de los marineros. En el mar, ellos conocen los riesgos mejor que nosotros. Si alguien cae al agua por intentar lucirse, procuraré que el informe deje bastante claro lo estúpido que fue.

Akihiro aguantó la risa de ese último comentario, y dejó que la advertencia se asentara antes de ofrecer sus últimas palabras. —Durante una o dos semanas, el pueblo de la península compartirá con nosotros sus hogares, sus caminos y sus recursos. Nuestra obligación es protegerlo y devolverle esa hospitalidad. Recibirán misiones, ayudarán a reparar estructuras, cuidarán las rutas, atenderán a sus habitantes y trabajarán junto a la gente del mar cuando sea necesario. Trátenlos con respeto, incluso cuando sus costumbres les resulten extrañas. No viajamos para demostrar que somos superiores ni para imponer nuestra manera de vivir. Viajamos para recordar una alianza y para asegurar que todavía pueda sostenerse. El Hokage dio un paso hacia un costado y dejó libre el camino hacia las carretas. Shiori permaneció junto al cofre donde se recogían los últimos protectores y Shinodera sostuvo la lista de códigos para realizar la revisión final. La orden estaba clara: una vez registrados, los genin ocuparían sus lugares y la gente del bosque partiría hacia el este.


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