Shinobi Gaiden Foro Rol
  • Guías
  • Técnicas
  • Información ▾
    • Mapa del Mundo
    • Virtudes y Defectos
    • Registro de Personajes
    • Objetos
    • Calc. de Estadísticas
    • Censo y Estadísticas
  • Iniciar Sesión
  • Regístrate
  • Primeros pasos
el muelle vencedores
忍 SG
知
¿Sabías que… los Terumi eran originalmente monjes guerreros que utilizaban el vapor incluso para meditar?
Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?
Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto   ›   Mundo   ›   Resto del Mundo   ›   Paises del Mar del Este   ›   Pais de las Olas
1 2 3 Siguiente »
  ›   [Evento] [Capítulo 1] La Hoja, la Ola y la Herida
Responder
[Capítulo 1] La Hoja, la Ola y la Herida
Loremaster
Enlace al Post
25-07-2026, 05:41 PM
Última modificación: 26-07-2026, 03:25 PM por Narrador General.
[Capítulo 1] La Hoja, la Ola y la Herida
Continuación de: Aquí / Continuación de: Aquí
Día 46 de Verano, 150.

[Imagen: image.png]

Las dos delegaciones emprendieron el viaje llevando crisis diferentes hacia una misma reunión. La Gente del Bosque abandonaba una tierra que todavía sufría la muerte de sus seres queridos por causa de la primera filtración de chakra corrupto registrada en cien años; la Gente del Mar dejaba atrás costas estériles, aguas contaminadas, comunidades desesperadas y un océano sin vida. Unos buscaban comprender qué había despertado bajo sus raíces; mientras los otros necesitaban descubrir qué estaba consumiendo lentamente sus aguas. Sin embargo, nada de aquello debía acompañarlos de manera visible al País de las Olas. Antes de partir, cada integrante recibió las mismas órdenes: no llevar el protector de su aldea, no pronunciar su nombre y no revelar información que permitiera descubrir su ubicación. Los shinobi del bosque vestían largas prendas de viaje con capuchas blancas, mientras que los del mar utilizaban capuchas negras; bajo ellas, la sombras ocultaban parte de sus rostros y borraban las diferencias entre clanes. Durante aquellas dos semanas no existirían aldeas ocultas, símbolos militares ni procedencias particulares. Solo la Gente del Bosque y la Gente del Mar, dos pueblos aliados por más de cien años; separados por la tierra y el océano que se encontraban una vez al año para conservar una alianza que el resto del mundo apenas comprendía.

La Gente del Bosque fue la primera en alcanzar el País de las Olas. Su caravana había atravesado por tierra extensas regiones rurales hasta llegar a un embarcadero aliado, donde la delegación abordó varias embarcaciones preparadas para cruzar el canal. Las carretas tuvieron que ser desmontadas parcialmente, los cargamentos fueron protegidos contra la humedad y los animales de carga permanecieron asegurados durante toda la travesía. Cerca del mediodía, los navíos tocaron un pequeño puerto de la costa occidental del país. Shinodera descendió primero y revisó los sellos de cada caja antes de permitir que comenzara el traslado. —Personas primero, mercancía después. —ordenó mientras los marineros extendían las rampas. En tierra ya esperaba una fila de carrozas y carretas proporcionadas por los habitantes locales. Las herramientas, medicinas, telas, semillas, alimentos y obsequios fueron descargados por grupos, mientras los viajeros abandonaban las cubiertas y ocupaban los vehículos. Cuando todo quedó asegurado, la nueva caravana cruzó el País de las Olas durante varias horas, avanzando entre campos húmedos, pequeñas comunidades, colinas y caminos de piedra. El trayecto terminó cuando el terreno volvió a elevarse, el olor del mar se mezcló con el viento y las primeras viviendas blancas de la costa sureste aparecieron a la distancia.

[Imagen: 15118429-9d08-4899-ad5b-d82619f6e7bd.png]

La península se extendía alrededor de una bahía amplia y protegida, con el pueblo distribuido entre la costa, varias colinas bajas y un promontorio rocoso que se adentraba en el océano. Las viviendas eran sencillas y antiguas, construidas con piedra cubierta por gruesas capas de cal blanca y coronadas por tejados de tejas anaranjadas que destacaban desde varias millas mar adentro. No existía un orden perfecto entre ellas: algunas se agrupaban alrededor de la plaza principal, otras formaban calles estrechas junto a los acantilados y muchas ascendían por las laderas mediante terrazas, escaleras y senderos empedrados. En uno de los extremos de la península, sobre una elevación separada del resto del asentamiento, un faro alto vigilaba la entrada de la bahía y servía como referencia para las embarcaciones que atravesaban aquella región del País de las Olas.

[Imagen: image.png]

La plaza principal se abría directamente hacia el puerto, sin murallas ni grandes edificios que interrumpieran la vista del mar. En su centro había una fuente baja de piedra, rodeada por pequeños puestos comerciales, almacenes y talleres abiertos donde se reparaban redes, remos y embarcaciones. Barriles, ánforas, cajas, cuerdas enrolladas y redes puestas a secar ocupaban los costados de las casas; detrás de algunas puertas podían verse pescados colgados, piezas de cerámica y herramientas fabricadas a mano. La economía de la comunidad dependía principalmente de la pesca, la extracción de sal, la reparación naval y el intercambio con poblaciones cercanas, aunque algunas familias cultivaban pequeños terrenos en las zonas más elevadas. Todo parecía antiguo, desde las piedras irregulares de las calles hasta las puertas de madera marcadas por décadas de viento y humedad. No era un pueblo abandonado, sino uno que parecía haberse detenido en otra época, conservando las mismas viviendas, oficios y costumbres que habían conocido las primeras reuniones entre ambas delegaciones.

La llegada de la caravana de la gente del bosque convirtió la plaza en un centro de actividad. Los habitantes abandonaron momentáneamente sus talleres y comenzaron a recibir los cargamentos de la Gente del Bosque. Algunos guiaron las carrozas hacia los almacenes cercanos al puerto; otros separaron las medicinas, herramientas y alimentos destinados a la comunidad. El líder del pueblo, Hiroto Shima, esperaba frente a la fuente acompañado por varios administradores locales. Akihiro se adelantó todavía cubierto por su capucha blanca y realizó una breve inclinación. —Una vez más han preparado un lugar para nosotros cuando podrían habernos cerrado sus puertas. La Gente del Bosque no olvidará esta hospitalidad. Hiroto respondió con una reverencia más discreta. —Sus shinobi han reparado nuestros caminos, protegido nuestras costas y atendido a nuestros enfermos durante generaciones. Aquí no recibimos invitados, señor Akihiro. Recibimos amigos. —Entonces procuraremos dejar el pueblo mejor de como lo encontramos. —Eso será suficiente agradecimiento.

La actividad todavía continuaba cuando varias siluetas aparecieron más allá de la entrada de la bahía. Primero se distinguieron las velas y las grandes estructuras de los Kiri Daibune; después, las formas más pequeñas y veloces de los Kiri Hayate que avanzaban a ambos lados de la formación. Los pescadores locales hicieron sonar las campanas del puerto y comenzaron a despejar los embarcaderos mientras las naves reducían la velocidad. Desde la plaza superior, Akihiro siguió el avance de la flota hasta reconocer el Daibune que ocupaba el centro. —Justo a tiempo —comentó. Los barcos entraron uno detrás de otro, maniobrando entre boyas, muelles de piedra y embarcaciones pesqueras hasta ocupar los espacios reservados para ellos. Las primeras rampas permitieron el descenso de marineros, trabajadores Funato y oficiales encargados de comprobar la seguridad del puerto. Luego aparecieron las figuras cubiertas con capuchas negras. Cajas de pescado salado, arroz, conservas, telas, agua limpia, medicinas y piezas elaboradas por los artesanos de la Gente del Mar fueron transferidas hacia carros de carga, mientras los Kiri Hayate descargaban paquetes más pequeños y equipo reservado para las labores de las siguientes semanas.

Renjiro descendió del Daibune principal acompañado por Masato Heizu y Daizen Hoshigaki. Uno de los administradores de Hiroto lo recibió al final de la pasarela y lo condujo por el camino empedrado que comunicaba el puerto con la plaza. A ambos lados, los habitantes transportaban cajas, abrían los almacenes y distribuían a los recién llegados entre las casas y posadas preparadas para alojarlos. Cuando Renjiro alcanzó la plaza principal, Akihiro y Hiroto lo esperaban frente a la fuente. —Señor Renjiro. Me alegra comprobar que el mar les permitió llegar —saludó Akihiro con una inclinación formal. —El mar no acostumbra concedernos nada, pero esta vez decidió no retrasarnos —respondió Renjiro. Hiroto se situó entre ambos y extendió una mano hacia el pueblo. —La península vuelve a abrir sus puertas a la Gente del Mar y a la Gente del Bosque. Mientras permanezcan aquí, nuestras casas, muelles y caminos estarán disponibles para los dos. Renjiro inclinó la cabeza. —Llegamos con menos de lo que acostumbrábamos traer, pero no con menos gratitud. —Nadie medirá su gratitud por el número de cajas —aseguró Hiroto. Akihiro observó por un instante las capuchas negras que continuaban ascendiendo desde el puerto. —Tenemos mucho que discutir viejo amigo. —Más de lo que debería caber en dos semanas —respondió Renjiro. A su alrededor, la conversación de los tres líderes quedó parcialmente cubierta por el crujido de las ruedas, las órdenes de los encargados y el movimiento constante de quienes trasladaban las ofrendas hacia los almacenes y las mesas preparadas alrededor de la plaza.

Masato Heizu se separó del grupo principal y descendió varios escalones hasta alcanzar el extremo occidental de la plaza. Allí levantó una mano y comenzó a llamar a los genin de capucha negra conforme estos terminaban de subir desde el puerto. Los jóvenes de la Gente del Mar fueron colocándose frente a una hilera de edificios bajos, cerca de los caminos que conducían hacia los embarcaderos y el faro. Algunos todavía cargaban pequeños bolsos de viaje; otros acababan de ayudar a descargar las últimas cajas de los Hayate. Daizen Hoshigaki permaneció cerca del grupo, observando que ninguno se alejara o interfiriera con los trabajadores locales. Masato consultó su lista varias veces, comprobó los nombres registrados y señaló el lugar exacto donde debían esperar. No explicó cuál sería su primera misión ni cuándo recibirían sus habitaciones. Solo les indicó que mantuvieran las filas, conservaran sus máscaras y permanecieran atentos. Detrás de ellos, los Kiri Daibune todavía eran asegurados a los muelles, las pasarelas seguían ocupadas por marineros y varias carrozas descendían vacías para recoger el resto de los suministros.

En el extremo opuesto, Shinodera Nara reunió a los genin de capucha blanca junto a las carrozas de la Gente del Bosque. Los colocó frente a las casas que rodeaban el lado oriental de la plaza, separados del otro grupo por la fuente central, los puestos comerciales y la constante circulación de habitantes. Shiori Uchiha supervisaba la formación mientras varios oficiales terminaban de revisar las cajas traídas por la delegación y entregaban los registros a los administradores del pueblo. Ninguno de los genin recibió todavía instrucciones adicionales. A su alrededor continuaba desarrollándose toda la logística del encuentro: las herramientas eran llevadas hacia los talleres, los alimentos se repartían entre las cocinas comunales, las medicinas eran entregadas a los encargados de la pequeña clínica y los regalos ceremoniales se colocaban sobre largas mesas protegidas con telas. Los conductores apartaban las carrozas vacías, los marineros regresaban a las naves y los habitantes observaban desde puertas, balcones y escaleras a las dos delegaciones que ocuparían sus calles durante las próximas semanas. La Gente del Bosque esperaba en un extremo; la Gente del Mar, en el otro. Entre ambas continuaban pasando cajas, trabajadores y administradores, mientras todos aguardaban a que Akihiro, Renjiro e Hiroto terminaran su primera conversación. Hasta entonces, nadie dijo nada.
Para este tema escribió:Requistos:
- Los ninjas de Konoha debieron haber posteado en el capítulo 1.
- Los ninjas de Kirigakure debieron haber posteado en el capítulo 1.
- Los renegados deben haber posteado en la zona o cerca.
- Los temas relacionados con este evento ocurren del día 45 al 60.
時
⏳ Tiempo expirado
El límite de 72 horas para postear ya se cumplió.
Kuroto Uchiha
Rango Chuunin
Clan Uchiha
Nivel 18
Estadísticas
Generales
Fuerza45(2)
Destreza100(5)
Ctrl. de Chakra25(2)
Inteligencia100(5)
Especiales
Salud10
Velocidad15
Tenketsu14
Sigilo17
675
695
Enlace al Post
26-07-2026, 04:39 PM
Kuroto permaneció en silencio, con la capucha blanca ocultándole parte del rostro y la katana envainada a la cintura. Antes de fijarse en nadie, repasó los accesos de la plaza y las calles cercanas. Era una costumbre difícil de evitar: primero el terreno, después las personas. Su mirada terminó desplazándose hacia las capuchas negras. No sentía hostilidad hacia ellos. La confianza era otra cosa.

- A simple vista no parecen distintos a nosotros...

Evitó observarlos demasiado tiempo y mantuvo las manos alejadas de la empuñadura. Tras reconocer a Akira entre los suyos, se acercó hasta quedar a su lado, guardando una distancia prudente. Le dedicó un leve movimiento de cabeza.

- ¿Qué tal? ¿Todo bien? -Murmuró.-

Kuroto no era especialmente dado a iniciar conversaciones, pero después de compartir el trayecto le parecía más extraño fingir que no conocía a nadie. Mientras esperaba su respuesta, Kuroto ajustó discretamente la posición de la vaina y volvió la atención hacia el frente. El cansancio del viaje empezaba a hacerse notar ahora que se habían detenido, aunque su expresión permanecía igual de seria. 

- El cuerpo siempre espera al peor momento para recordar que está cansado... 

Apoyó ligeramente el peso sobre una pierna y permaneció junto a Akira, atento tanto a su respuesta como a cualquier nueva indicación. Por el momento no había nada más que hacer, y Kuroto no tenía intención de inventarse una tarea solo para mantenerse ocupado. Esperaría, observaría y trataría de hacerse una idea de aquellos desconocidos antes de que alguien decidiera colocarlos a trabajar juntos.
-Hablo-
-Pienso-
-Narro-
Arako Heizu
Rango Genin
Clan Heizu
Nivel 11
Estadísticas
Generales
Fuerza75(4)
Destreza50(3)
Ctrl. de Chakra30(2)
Inteligencia10(1)
Especiales
Salud9
Velocidad11
Tenketsu14
Sigilo13
460
505
Enlace al Post
26-07-2026, 04:45 PM
Última modificación: 26-07-2026, 04:45 PM por Arako Heizu.
Había sido un viaje largo en aquel Daibune que era el principal en aquella flota, dándonos “un par de días llenos tranquilidad” tiempo en el cual aproveche de memorizar lo poco que veíamos de rostros de mis compañeros genins, use cada abrazo, cada saludo y cada momento de tranquilidad para acercarme y hablarles, pudiendo tocarles un poco demás para poder reconocerles… Pues, aunque no fuesen pocos, quería no correr el riesgo en la misión que estábamos teniendo ahora, por lo que era mas que un tema de tranquilidad algo de seguridad, por lo que… Tal vez además podría hacer algún amigo nuevo.

Entonces vimos a lo lejos aquella ciudad, no tenia muralla, no era mas que un pueblucho con sus casas bien distinguidas desde alta mar, lo cual provoco que mi cara quedara sorprendida ¿Cómo era que hacían para no sufrir ante la primera invasión? ¿Acaso la gente no era consciente las amenazas que existen en el mundo? ¡Yo misma mate un cangrejo del porte de una canoa! ¡Esa cosa haría destrozos ahí! Simplemente suspire, viendo que ya por fin ahora tocaba desembarcar, por lo que le comenté a aquella chica con la que compartí camarote -Sayuri UMI… Préstame a tu amigo un segundo – Exclame primero dándole un abrazo, para luego ir bajando del barco a abrazar a Orion tan fuerte como me permitiese aquella diferencia de altura, pues aun con la capucha negra que portábamos, seguía siendo yo por lo menos una cabeza más baja que él ¿Quién sabe…? Tal vez sean dos, por lo que posteriormente pasaron varias personas entre ellas mi odiado rival el cual simplemente ignore a lo que me dijese, viendo que solo me faltaba un sujeto por reconocer, debido a que a los tres hermanos por ejemplo ya los reconocía a leguas…

-Al fin en tierra… - Exclame estirándome antes que nos hiciesen formarnos para avanzar, cosa que una vez fue así, simplemente nos terminaron dejando a un lado frente a aquellos “Hombres del bosque” que habíamos venido a ver… Por lo que aproveche de susurrarle a Douma quien era el desconocido para mí en ese momento diciéndole -¿Quieres un abrazo?- Momento en el cual me rechazaría, haciéndome suspirar y pegándole un buen slap en el culo… Ahora si pudiendo reconocer a todos los que eran de mi aldea… Dejándome una sensación bastante satisfactoria mientras ponía una pose de héroe… Mirando a mi alrededor ahora, mientras aún se veía levemente por entre la capucha una sonrisa de una chica azul... Viendo entonces como un hombre se nos acercaba a saludar dejandome helada...

Mostrar Contenido
Use esto en todos los que he visto de kiri que sean de mi rango o sean de confianza.
✔Aprendida · 27-06-2026
◈Pasiva
#ID: ARAK001B
◔Coste
Sin coste indicado
▣Descripción

La piel de Arako posee una pigmentación azulada producto de un tinte que su propio cuerpo secreta mediante receptores cutáneos extraordinariamente sensibles al chakra. Para ella, el chakra no se percibe como una energía convencional, sino como una serie de "sabores" únicos que quedan impregnados en todo aquello con lo que entra en contacto directo. Esta capacidad no le permite identificar la naturaleza de una técnica, descubrir genjutsus, copiar habilidades ni rastrear personas, pues únicamente responde al contacto físico con su piel y a la familiaridad de la firma de chakra percibida.

Si Arako ha mantenido contacto directo piel con piel con un individuo durante el tema, su organismo memorizará el "sabor" característico de su chakra. A partir de ese momento, siempre que un Jutsu realizado por dicho usuario entre en contacto con la piel de Arako, esta será capaz de reconocer si proviene de esa misma persona. Esta percepción únicamente proporciona una ventaja táctica al identificar el origen de una técnica con la que haya hecho contacto, sin otorgar información adicional ni beneficios mecánicos durante el combate. En caso de un Genjutsu, solo funcionará después de que los efectos hayan sido resueltos. En caso de Bukijutsu solo aplica si el arma posee chakra del usuario en cuestión.

✧Efecto
No tiene efecto adicional especificado.

Issei
Rango Genin
Clan Heizu
Nivel 13
Estadísticas
Generales
Fuerza60(3)
Destreza75(4)
Ctrl. de Chakra50(3)
Inteligencia10(1)
Especiales
Salud9
Velocidad10
Tenketsu12
Sigilo18
495
580
Enlace al Post
26-07-2026, 05:18 PM
Última modificación: 26-07-2026, 05:22 PM por Issei.
El viaje se me hizo mucho más largo de lo que esperaba., no porque ocurriera nada especialmente interesante, sino precisamente por lo contrario. Durante la travesía apenas hablé más de lo necesario. Pasé buena parte del tiempo apoyado contra la borda o sentado cerca de la cubierta, observando un mar que parecía no terminar nunca. La idea de conocer a la llamada Gente del Bosque despertaba en mi una curiosidad difícil de ignorar. Si Kirigakure mantenía aquella alianza desde hacía tanto tiempo, debían de tener un motivo de peso. No tenía intención de buscar problemas, al menos no antes de averiguar qué clase de gente eran. Eso no significaba que me volviera simpático de repente; simplemente respondía con educación cuando algún compañero se acercaba a hablar y después volvía a perderme en mis propios pensamientos.

Cuando finalmente desembarcamos y nos ordenaron formar, me limité a permanecer en mi sitio con la capucha puesta mientras observaba de reojo el ir y venir de ambas delegaciones. Todo transcurría con una seriedad casi ceremonial... hasta que vi algo completamente fuera de lugar. Mis ojos siguieron a Arako justo a tiempo para verla propinarle una sonora palmada en el culo a otro de los genin. Durante un segundo me quedé completamente inmóvil. Después tuve que apretar los labios con tanta fuerza que casi me dolieron. Noté cómo los hombros me temblaban mientras me llevaba una mano a la boca para disimular una carcajada que luchaba por escaparse.

— Vosotros dos... —conseguí decir entre respiraciones contenidas—. ¿De verdad? ¿Ahora? ¿En mitad de un recibimiento diplomático? ¿Sois tontos o qué?

Negué varias veces con la cabeza mientras intentaba recuperar una expresión seria sin demasiado éxito. Al final desistí y me giré hacia el grupo de capuchas blancas, haciendo una pequeña inclinación de cabeza.

— Disculpad a mi compañera, tiene la sangre azul y, por desgracia, no le riega demasiado bien el cerebro.

Al volver la vista hacia Arako ya había perdido la batalla contra la risa. Bajé la cabeza un instante, ocultando la sonrisa tras la mano, antes de carraspear varias veces como si aquello fuera suficiente para recuperar la compostura. No lo era, pero al menos podía fingirlo.
Akira Hyuuga
Rango Chuunin
Clan Hyuga
Nivel 20
Estadísticas
Generales
Fuerza50(3)
Destreza100(5)
Ctrl. de Chakra30(2)
Inteligencia0(1)
Especiales
Salud10
Velocidad20
Tenketsu9
Sigilo9
475
545
Enlace al Post
26-07-2026, 05:30 PM
El aire en las puertas de Konoha había tenido un espesor distinto, cargado con el polvo fino levantado por las pezuñas de lasbestias de carga y el crujir seco del cuero tensado en las carretas. Aquella mañana de primavera, bajo la atenta vigilancia de Akihiro Sarutobi y la silueta imperturbable de Shiori Uchiha, Akira  había sentido la fricción del metal de su equipamiento contra el cinto, un recordatorio físico de que el peso de la aldea no residía únicamente en sus murallas, sino en la disciplina silenciosa de quienes marchaban. Pero el camino hacia el este había transformado radicalmente la atmósfera.

Ahora, al pisar el suelo de la península en el País de las Olas, el entorno cambiaba de manera radical. El calor húmedo se adhería a la piel como una segunda capa de grasa y sal. La densidad del aire marino entraba por las fosas nasales con una crudeza abrumadora: el olor penetrante a pescado seco, algas podridas en la marea baja, óxido de hierro procedente de los botes anclados en el puerto y el dulzor dulzón y pesado del sudor acumulado bajo las túnicas, olores completamente nuevos para el.

El permanecía de pie junto a las carrozas del sector oriental de la plaza, con el cuerpo erguido y las manos ocultas dentro de las amplias y ásperas mangas de la túnica blanca que se le había asignado. La tela gruesa era un suplicio térmico la advertencia sobre el calor no habian sido en vano; cada fibra rozaba contra la piel sudorosa del cuello y los antebrazos con una fricción áspera, constante, exigiendo un esfuerzo consciente de autocontrol para no inquietarse. Por dentro del pecho, cosido con hilo oscuro, el código alfanumérico invisible al exterior se convertía en una presencia fantasmal contra las costillas. Había entregado su protector de Konoha sin protestar, obedeciendo la orden estricta de despojarse de cualquier insignia que delatase su origen o su linaje. Sin el metal de la hoja en la frente, sin los símbolos que proclamaban su apellido, el mundo exterior dejaba de ver a un Hyuuga; pasaba a ser meramente una letra y un número en un registro anónimo.

Para Akira, esa pérdida temporal del emblema no era solo una directiva táctica de seguridad diplomática; rozaba una fibra filosófica profundamente incómoda. Detrás de su fachada de dureza competitiva, de su orgullo inquebrantable y de su mandíbula firmemente cerrada, latía una inseguridad silenciosa que pocas veces admitiría en voz alta. ¿Cuánto de lo que llamaban su talento era genuino y cuánto era un préstamo heredado de su sangre? La idea de que el mundo exterior —y peor aún, sus propios compañeros— pudiesen juzgar su valía únicamente como un producto de la genética de su clan, un subproducto inevitable del Byakugan, le producía una picazón mental más agudo que el roce de la túnica sobre su piel irritada. Por eso entrenaba hasta desgarrar los músculos de sus brazos; por eso exigía a sus puños golpear con brutalidad seca, buscando demostrarse a sí mismo —y al vacío— que si le arrebataban los ojos, si le despojaban del apellido y lo reducían a un par de harapos blancos con un número, su cuerpo y su voluntad seguirían siendo letales por mérito propio, esto ya ahora mas moderado pero aun asi seguia alli latiendo, motivandolo.

Desde su posición en el extremo oriental, delimitado por la fuente central y el bullicio del mercado provisional, sus ojos oscuros —libres por ahora de la vena hinchada alrededor de las sienes— barrían el panorama con meticulosidad, casi con hambre aquel espectaculo tan bucolico tan lleno de cosas comunes y a la vez extrañas le embargaban y le invitaban al animo reflexivo. A lo lejos, la delegación de la Gente del Mar ocupaba el extremo occidental de la plaza, un espejo humano separado por el ir y venir incesante de administradores, porteadores y cajas de suministros. El sonido de las tarimas de madera golpeando contra el suelo al ser descargadas resonaban sordos. El clímax metálico de los ganchos de acero enganchando cadenas, el chirriar de las poleas en los barcos atracados más abajo en el muelle y el murmullo constante de los habitantes locales que observaban desde los umbrales de sus casas construían una hermosa sinfonía caótica.

Akira apretó los puños dentro de las mangas. Sus nudillos chocaron contra la tela, y la tensión del anonimato lo envolvió. En ese pueblo de pescadores, donde nadie conocía el peso de su Clan ni las jerarquías internas de Konoha, la máscara blanca de la túnica nivelaba a todos los genin bajo una misma sombra uniforme. Nadie sabía quién era el heredero de un dojutsu legendario; solo veían a una persona con capucha. Y de manera paradójica, esa privación de identidad le otorgaba una extraña y agridulce libertad. Por primera vez en su vida, no cargaba con las expectativas asfixiantes de su linaje ante los ojos de los extraños; era un cascarón vacío obligado a demostrar su valor exclusivamente a través de la eficiencia y el silencio.

El calor seguía subiendo, rebotando contra los muros de piedra de las casas bajas y convirtiendo la plaza en un horno de aire viciado. Akira respiraba con lentitud, controlando cada bocanada de aire denso y salado para mantener las pulsaciones estables. Sus ojos rastreaban los movimientos de Shinodera Nara y de Shiori Uchiha supervisando el flujo logístico a lo lejos, mientras las dos facciones —la Gente del Bosque y la Gente del Mar— aguardaban inmóviles a que los líderes terminaran sus conversaciones privadas. Nadie hablaba. El silencio entre los jóvenes shinobis de capucha blanca era denso, moldeado por la incertidumbre del propósito real de aquella misión y por la fricción invisible de dos mundos que se encontraban para negociar en una paz frágil. Akira mantuvo la postura firme, con la mirada clavada en el horizonte de la plaza, sabiendo que el verdadero combate no siempre se libraba con kunais.

La sombra de la capucha ocultaba la mayor parte del rostro, pero el murmullo de Kuroto quebró la fría rigidez del entorno. Akira giró ligeramente la cabeza, dejando que la mirada oscura barriera la figura del otro shinobi. Por un instante, la tensión en los músculos del cuello se relajó. Bajo el grosor de la túnica blanca, una sonrisa breve, casi imperceptible pero genuina, se dibujó en los labios de Akira mientras reconocía la presencia de su sempai, Kuroto-mori.

—Todo bajo control, sempai —respondió Akira en un tono más distendido, devolviéndole el movimiento de cabeza con una ligera inclinación—. Parece que el viaje apenas nos está cobrando la factura, pero resistiremos.

Volvió a mirar hacia el frente, con la mano apoyada discretamente sobre la cadera, sintiendo que la presencia de alguien conocido en medio de aquel mar de anónimos devolvía algo de ligereza a la pesada atmósfera del puerto.

Estadísticas de Akira Hyuuga
Akira Hyuuga
Estadísticas Generales
Fuerza
50 M: 3
Inteligencia
0 M: 1
Destreza
100 M: 5
Ctrl. Chakra
30 M: 2
Estadísticas Especiales
Salud
10
Tenketsu
9
Sigilo
9
Velocidad
20
Vida 475 Chakra 545 Reg. Chakra 36
[Imagen: JK2RddW.png]
Yūgen Sarutobi
Rango Chuunin
Clan Sarutobi
Nivel 11
Estadísticas
Generales
Fuerza50(3)
Destreza25(2)
Ctrl. de Chakra35(2)
Inteligencia25(2)
Especiales
Salud9
Velocidad16
Tenketsu9
Sigilo11
435
420
Enlace al Post
26-07-2026, 05:51 PM
Última modificación: 26-07-2026, 05:54 PM por Yūgen Sarutobi.
Estadísticas de Yūgen Sarutobi
Yūgen Sarutobi
Estadísticas Generales
Fuerza
50 M: 3
Inteligencia
25 M: 2
Destreza
25 M: 2
Ctrl. Chakra
35 M: 2
Estadísticas Especiales
Salud
9
Tenketsu
9
Sigilo
11
Velocidad
16
Vida 435 Chakra 420 Reg. Chakra 36


La caravana de "La gente del bosque" parecía finalmente llegar a su destino, un pueblo costero de casas blancas y tejas de color naranja. El lugar parecía un paraíso escondido entre las olas, un lugar donde la calma y la seguridad reinaba y el conflicto parecía ser cosa del pasado. Yugen no podría evitar mirar todo aquello con gran admiración, pensando que aquello era justo lo que quería para su aldea. Este llegaría al pueblo junto a sus hermanos Mori, observando como su líder se inclinaba ante el jefe del pueblo.
 
Poco después de un rato las campanas del pueblo dieron una señal, indicando que los otros "invitados" habían llegado. Siluetas oscuras se veían a la distancia, navegando desde el horizonte marítimo. Se trataba de enormes barcos, los cuales fueron posteriormente recibidos por la gente del pueblo en su propio puerto, tomando lugares que parecían estar especialmente reservados para ellos.
 
Gente extraña con capas negras saldrían de aquellos barcos y un grupo de estos vendría caminando directamente donde se encontraba el grupo de los capa blanca y el lider del pueblo. El lider de los capa negra parecía ya conocer a Akihiro, empezando una conversación formal pero amistosa entre los dos. Los Sarutobi eran gente que usaban el arte de la diplomacia como una de sus mayores ventajas y Yugen le estaba viendo de primera mano con su líder de clan como maestro.
 
<Esa voz... es ese Hyuga. Creo que su nombre es Akira.>  (Pensamientos del Sarutobi)
 
— Hola, Akira. Hace un rato que no te veía por los alrededores. —

Yugen se uniría a la conversación de aquellos dos, saludando al Hyuga con una sonrisa convincente. Los ojos del Sarutobi no se apartaban de los recién llegados, esperando cualquier movimiento en falso para sacar sus armas y presentarles combate. Había una buena razón por la que el mismísimo Hokage había traído a tantos shinobi a aquél lugar y era mejor ser precavido.
Ran Kurai
Rango Genin
Clan Uchiha
Nivel 8
Estadísticas
Generales
Fuerza8(1)
Destreza29(2)
Ctrl. de Chakra37(2)
Inteligencia46(2)
Especiales
Salud11
Velocidad10
Tenketsu9
Sigilo14
404
396
Enlace al Post
26-07-2026, 10:47 PM
Siendo así, y cosa para de extrañeza tomando en cuenta la personalidad y el carácter de la propia joven, el viaje para ella fue un auténtico, pero un auténtico suplicio. No sólo estaba el ya más que terrible hecho de que ella al ser tan apática, tan antisocial, tan, pero poco dispuesta a interactuar con personas a las cuales ciertamente no conocía ni un solo poco, sino que también no había que olvidar por ningún motivo de que la muchacha, después de todo, nunca había puesto ni un solo pie afuera de la Aldea Oculta de la Hoja, por lo cual todo era novedad, y al mismo tiempo desconcierto para su persona. ¿Era que la chica se estaba en cierta manera arrepintiendo de haber ido a ese viaje, prefiriendo así ella en el acto quedarse simple y sencillamente en Konoha y ya, en donde conocía a cabalidad la mayoría de los terrenos de ésta, evitando así sentir todo ese miedo, todo ese susto, todo se temor que la chica estaba experimentando en esos precisos instantes? Pero no, no y no… la muchacha tenía tal vez demasiado claro en su alterada cabeza de que si ella finalmente deseaba de verdad convertirse eventualmente en esa gran shinobi que tanto aspiraba a ser, pues sí o sí se vería en la obligación de hacer cosas que no le gustaba para nada hacer, cómo por ejemplo tomar decisiones, decisiones las cuales no siempre eran de su exacto agrado. ¿No que sólo así ella podría seguir creciendo como ninja, cómo persona?

Subiendo seguidamente a unas embarcaciones que la llevarían a ella misma y al resto de la delegación de Konoha hacia el lugar ya indicado, todo esto aún en un pleno y hasta sepulcral silencio, la chica en serio que hizo todo lo que pudo cómo para desviar todas esas fijas ideas, esas misma que sólo provocaban que más de alguna vez el incierto pensamiento de que no hubiera acudido a esa  travesía apareciera en su mente. ¿Cuándo será que al fin su cabeza le jugara en su favor y no en su contra, cómo tan normalmente sucedía? Tan pronto como cuando entonces la delegación de donde ella era parte arribó al puerto, estando más o menos cerca de la hora del mediodía, no interactuando la joven con nadie durante todo ese viaje, sin tampoco tomando siquiera la más mínima molestia de intentar hacerlo, no saliendo la muchacha de su zona de confort en ningún momento, su mirada se fijó hacia el frente, encontrándose así la joven de inmediato con una fila de carrozas y carretas, sólo para después continuar aquel viaje pasando por campos húmedos, comunidad que no eran propiamente grandes, montículos de colinas además de  camino hechos de piedrecillas. Durando todo aquel viaje varias horas e interminables horas, todo ese aroma a mar se impregnó de lleno en las fosas nasales de Ran, y ella se preguntó a sí misma qué si caso se podría acostumbrar a ese intenso olor, y al fijar otra vez su mirada en el paisaje, ella se encontró las primeras viviendas. 

Siguiendo entonces la muchacha todo el resto de viaje extremada, extremadamente silenciosa, sin ni siquiera tomarse el  atrevimiento o reuniendo el coraje necesario como para dirigirle palabra alguna a sus compañeros de equipo, casi cómo si éstos y ella fuesen unos perfectos desconocidos, tal era el inestable estado anímico actual de la joven, que hasta tuvo que recurrir a consumir el contenido que estaba en su botellita, la cual estaba prolijamente oculta entre sus ropajes, siempre haciendo toda esta acción de la forma más sigilosa posible. Al sentir cómo todo ese brebaje pasaba a través de su garganta, teniendo la esperanza de poder sentirse mejor, al menos no tan paranoica, al enfocar su atención hacia la escena que se estaba presentando ante sus ojos, ella dio a dar con la plaza de esos lares, en donde precisa y justamente se presentó el líder de aquellas tierras. Escuchando la muchacha lo dicho por él con suma atención, ya después de que éste terminó de hablar, el foco de atención de la muchacha se centró en en los otros genin que estaban relativamente cerca de ella… y si bien, la chica se tanteó muy seriamente la posibilidad de tomar, reunir, juntar la valentía necesaria cómo para acercarse a alguno de los que ella misma consideraba sus pares, finalmente el miedo, eso llamado inseguridad fue mayor que todo eso, por lo cual la muchacha, ahora con su vista muy fija en el suelo, casi no siendo capaz de seguir escuchando  a las personas a su alrededor, se mantuvo muy callada. 

Y fue cuando entonces la joven se percató, ya cuando fue el momento, de que ya estaban ahí mismo también la gente de Kiri. Y aunque en una primera instancia la muchacha había pensado que tal vez, en una de esas, las gente de ese país pues eran diferentes a ellos, al menos físicamente hablando, Ran se dio de inmediato de que no, que ellos eran muy similares… pero, ¿no que con probabilidad su cultura sería distinta? Con la duda ya más que insertada en su cabeza, sólo bastó con que pasaran unos cuantos minutos cómo para que la joven nuevamente se sintiera alterada, acorralada, casi, sólo casi en apuros, aún cuando ya ella misma había tomado ese brebaje del cual era tan, pero tan dependiente. Sabiendo a la vez que ya no podría recurrir otra vez a su botellita, más que nada porque ya al estar tan rodeada de gente la chica pensaba, o más bien dicho, estaba segura de que todos las estarían observando, la muchacha quiso irse de ahí, correr, ocultarse en cualquier sitio, sobre todo ahora que sentía cómo de un momento a otro sus manos empezaban a adquirir ese tan molesto y recurrente temblor. Sintiéndose literalmente entre la espada y a pared, la joven empezó a caminar hacia atrás, y fue así cómo chocó contra ‘alguien’—¡Disculpe!—fue lo que exclamó ella, sólo para después darse cuenta, para su gran asombro, que había chocado con Yūgen. ¿Era acaso que la suerte estaba jugando a su favor, al chocar con un compañero de equipo?  


Mostrar Contenido
[Imagen: ER7.png]
Itsuki Senju
Rango Chuunin
Clan Senju
Nivel 12
Estadísticas
Generales
Fuerza30(2)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra75(4)
Inteligencia0(1)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu16
Sigilo9
315
430
Enlace al Post
27-07-2026, 12:58 AM
Última modificación: 27-07-2026, 09:39 PM por Itsuki Senju.
"—No importa si son Senju, Uchiha, Nara, Hyuga o Sarutobi. Fuera de estas puertas, serán Mori.. —"

Las palabras aún resonaban en su mente como el retumbar sordo e incesante de un tambor de guerra. Itsuki, por primera vez en su corta vida, sintió que el respeto exigido por los altos mandos era algo legítimamente merecido; aquella orden condensaba su propia visión del mundo. Jamás le habían importado los títulos pomposos, las insignias bordadas ni los apellidos ilustres. Para él, el valor real de un individuo debía medirse estrictamente por la contundencia de sus acciones, no por una herencia de sangre que jamás construyó con el sudor de su propia frente. La imposibilidad de retener o diferenciar los rasgos de una cara humana había terminado por endurecer su mirada con el paso de los años. Aprendió a juzgar a las personas ignorando los símbolos que adornaban sus ropas o el renombre que les fue otorgado al nacer sin haber demostrado antes su valía; para el joven Senju, al igual que al mejor artesano se le reconocía por el manejo firme de su herramienta y por los callos marcados en las palmas de sus manos, a un Shinobi se le juzgaba por la precisión con la que empuñaba su acero y la firmeza de su postura.

El extenuante viaje hacia el País de las Olas había sido una travesía brutal, comparable a dos jornadas continuas de entrenamiento físico sin un solo segundo de descanso. Pese a estar profundamente acostumbrado a forzar su propio cuerpo hasta los límites de la insensatez, el ritmo acelerado e implacable de la caravana comenzaba a cobrarle la factura con altos intereses. “Así debería ser la vida de un shinobi”, pensó para sus adentros, manteniendo la vista fija al frente. Consciente de que aún le quedaba un largo trecho por aprender, comprendió que ese trayecto era la oportunidad perfecta para ejercitar su percepción. Comenzó a realizar el meticuloso ejercicio de mapear en su memoria los movimientos y las siluetas de los encapuchados que le acompañaban: el ritmo pausado o agitado de sus respiraciones, la anchura y la forma de sus manos, las grietas del cuero gastado en sus calzados, la inclinación natural de sus hombros al marchar y los sutiles micromovimientos que intentaban disimular —o que incluso ignoraban de sí mismos—. Detallaba el tipo de arma visible que cargaban, el nivel de aceite y mantenimiento que exhibían tales herramientas, el volumen que la tela pesada de la capa blanca dejaba adivinar y la forma particular en que el barro del camino comenzaba a ensuciar sus dobladillos. Todo aquello era la verdadera identidad de cada individuo, lo que significaba ser algo más que un apellido noble. Y el Senju había vivido toda su existencia midiendo y clasificando el potencial ajeno bajo esa misma e inflexible regla. Para cuando la brisa salada anunció que el puerto comenzaba a asomarse en el horizonte, ya había estructurado en su mente un perfil detallado de la mayoría de los miembros de la comitiva.

Al desembarcar, no redujo la intensidad de su análisis. En lugar de encontrarse con una fortaleza militar fuertemente cercada por muros de piedra y altas torres de vigilancia, sus ojos se toparon con un poblado pintoresco que, pese a su aparente tranquilidad, parecía atascado en el tiempo. Observó la inusual distribución de las residencias, la decadencia en las fachadas desgastada que dejaba entrever la materia prima de las edificaciones, y los tejados de colores uniformes donde la única variante era la huella grisácea que el clima marino había impreso en ellos. Sin embargo, al centrarse en los habitantes de la zona, percibió de inmediato la marca de la pericia y el esfuerzo en sus rutinas diarias. El grupo fue recibido por una marea de figuras y siluetas sin rostro diferenciable para él; algunos llevaban aún manchas de arcilla y restos de cerámica fresca en las mangas de sus ropas, otros mostraban un bronceado oscuro y marcado en el cuello y brazos que evidenciaba las largas horas invertidas en las faenas bajo el sol, e incluso los más jóvenes caminaban con una pesadez en el andar que los delataba encurtidos en la dura experiencia del oficio.

Los líderes de la expedición fueron abordados por su par local. Ver al Hokage saludar de igual a igual al líder de aquel pueblo le sorprendió de buena manera; no obstante, todo lo que procedió más allá de ese primer intercambio le pareció absolutamente prescindible. La cortesía excesiva, las frases estructuradas de hospitalidad y los gestos diplomáticos le recordaban demasiado a las malas costumbres de pasillo que algunos practicaban en casa. Decidió escuchar menos y observar más. Comenzaba a cuestionarse la efectividad real de los aclamados aliados; había leído en detalle sobre la histórica alianza con la gente del mar durante sus largas tardes de investigación en la biblioteca de la aldea, pero no estaba seguro de qué pensar al respecto. Konoha poseía un extenso historial con los ninjas del océano, pero él sabía bien que no se podía confiar en las artimañas burocráticas ni en la supuesta firmeza de acuerdos diplomáticos antiguos. “Será ese el motivo”, pensó, mientras el peso de su atención se desplazaba bruscamente ante la llegada de un nuevo grupo.

Su primer instinto fue tensar la espalda y apretar los puños con fuerza, cerniendo los nudillos resguardados por el metal de sus guantes bajo el amplio pliegue de su capa blanca. Sin embargo, la relajación en las posturas de los líderes dejó en claro que aquellos recién llegados eran los tan esperados aliados. “Durante las próximas semanas, cada palabra y cada decisión que tomen hablará en nombre de Konoha”, se repitió a sí mismo a modo de recordatorio, obligándose a aflojar el agarre de sus manos. Pese a la dura corteza que proyectaba hacia el exterior y a la frialdad tosca que demostraba día tras día, no dejaba de ser un Genin inexperto en acontecimientos de tal envergadura política; era la primera vez que tenía frente a sí a lo que, a su entender, eran shinobis extranjeros: un colectivo que, al igual que ellos, había sido adiestrado desde la infancia para proteger su tierra y exterminar a sus enemigos.

Desde el instante en que habían salido de las fronteras de la aldea, cualquier palabra o acción cargaba con el peso inmenso de la responsabilidad sobre las vidas que dejaban a sus espaldas. Asumiendo el rigor de la situación, Itsuki cambió de inmediato el foco de su estudio hacia el grupo ataviado de negro mientras seguía las indicaciones de posición al pie de la letra. Apostado en el ala oeste de la plaza, en una posición estratégica desde la cual podía observar con claridad y ser observado por los recién llegados, cuidó que la sombra de su capucha no expusiera su rostro e hizo un concienzudo paneo de la gente del mar. Al igual que había hecho con sus propios compañeros, comenzó a edificar un registro preciso en su memoria compuesto únicamente por los detalles tangibles: el peso de las herramientas que portaban, la alineación de sus armas, los matices y tonos de su piel. Entre la multitud, le sorprendió de sobremanera el matiz marcadamente azulado de un brazo que, con brusca familiaridad, azotaba el trasero de uno de sus compañeros de filas. “Realmente son como nosotros?”, pensó en silencio, al notar cómo en ese grupo extranjero coexistían por igual sujetos rígidos, cuya tensión muscular revelaba que estaban a punto de saltar sobre un oponente al menor estímulo, junto a otros de andar desgarbado y actitud tan relajada que parecía bordear la negligencia de sus deberes.

Itsuki permaneció inmóvil en su posición, con la mirada gélida y fija en el contingente de la niebla, expectante ante cualquier instrucción táctica mientras los altos mandos continuaban con el inevitable parloteo diplomático.

TL;DR:

  • Reflexión y Análisis:
    • Recordó la consigna de los altos mandos para justificar su desprecio por los títulos nobiliarios y reforzar su filosofía: a un ninja se le juzga solo por la firmeza de su postura y la precisión al usar sus armas.
    • Soportó el viaje a las Olas mapeando mentalmente las siluetas, ritmos de respiración, calzado, peso y micro-movimientos de sus compañeros bajo la capa blanca para construir sus perfiles (Prosopagnosia).
  • Inspección del Entorno y Aliados:
    • Llegó al puerto y analizó la arquitectura desgastada del poblado y el aspecto físico/laboral de los habitantes.
    • Presenció el encuentro diplomático entre el Hokage y el líder local; juzgó la burocracia como prescindible y dudó de la firmeza real de la alianza histórica con la gente del mar.
  • Posicionamiento Táctico:
    • Ante la llegada del contingente de la Niebla, tensó el cuerpo instintivamente y apretó las nudilleras en sus guantes, pero se relajó al ver la postura de sus superiores.
    • Se ubicó en el ala oeste de la plaza manteniendo la capucha baja. Mapeó minuciosamente al grupo ataviado de negro (armas, peso, tono de piel, incluyendo a un sujeto de tono azulado) para evaluar su preparación táctica.
    • Permaneció inmóvil y en guardia, a la espera de órdenes tácticas.
Alex Arceo
Rango Genin
Clan Akimichi
Nivel 9
Estadísticas
Generales
Fuerza35(2)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra100(5)
Inteligencia0(1)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu18
Sigilo9
350
505
Enlace al Post
27-07-2026, 05:04 AM
El Akimichi recibió aquello que, al parecer, debía utilizar para ocultar lo que era y representaba. Se observó con detenimiento y entonces reparó en la enorme cantidad de símbolos de su clan que llevaba encima. Quizá para él siempre había sido algo normal, pero solo en ese momento tomó verdadera conciencia de ello.

Se vistió con las prendas que le habían entregado y dejó su protector de la aldea en manos del oficial.

Poco después, el Hokage se adelantó para dedicarles unas breves palabras. Desde ese instante, el gordo dejaría de ser reconocido como un Akimichi y pasaría a llamarse Alex Mori. Sonrió al escucharlo; el nombre le parecía gracioso, aunque comprendía la importancia de aquella medida. Hasta nuevo aviso, debía comportarse como un ninja perteneciente a la aldea del País de las Olas.

El viaje comenzó y, casi tan rápido como nació aquella emoción por la aventura, la caravana llegó al nuevo pueblo. Era un lugar precioso, lleno de construcciones blancas con techos anaranjados, una estampa típica de la costa acompañada por el inconfundible olor del mar.

La primera tarea era sencilla: ayudar a descargar las carretas y transportar provisiones, herramientas y materiales. Alex se concentró de inmediato en aquella labor, dispuesto a honrar las palabras de su Hokage y demostrar que podía representar dignamente a Konoha.

Después de terminar, los genin fueron guiados por Shinodera Nara. Alex Mori avanzó junto a las carretas, observando todo con curiosidad. 

El ambiente era cerrado y silencioso; nadie explicaba demasiado y nada parecía revelarse antes de tiempo. Todo se desarrollaba con el sigilo que aquella misión requería.

Alex se limitó a seguir al grupo, manteniéndose atento y comportándose con una seriedad poco habitual en él. Permaneció a la espera de recibir nuevas instrucciones, preguntándose qué clase de tarea terminarían asignándole.
Orión Hoshigaki
Rango Chuunin
Clan Hoshigaki
Nivel 13
Estadísticas
Generales
Fuerza100(5)
Destreza25(2)
Ctrl. de Chakra60(3)
Inteligencia10(1)
Especiales
Salud11
Velocidad14
Tenketsu11
Sigilo15
560
535
Enlace al Post
27-07-2026, 05:21 PM
El viaje transcurrió bajo el mismo ritmo que siempre había conocido desde niño. El balanceo constante del Daibune, el crujido de la madera bajo los pies y el rumor de las olas golpeando el casco eran sonidos demasiado familiares como para resultar incómodos. Mientras algunos compañeros aprovechaban la travesía para conversar, otros descansaban o se preguntaban qué encontrarían al otro lado del océano, Orión pasó gran parte del recorrido apoyado cerca de la borda, observando el horizonte sin buscar nada en particular. De vez en cuando completaba alguna línea en su viejo cuaderno cuando el mar permanecía especialmente tranquilo, otras simplemente permanecía allí, respirando la brisa salada mientras contaba en silencio los segundos entre una ola y la siguiente. El océano nunca repetía exactamente el mismo movimiento. Los hombres sí.

No permaneció completamente aislado durante aquellos días. Respondió con tranquilidad a quienes se acercaron, escuchó más de lo que habló y permitió que Arako, Sayuri, Yukine e incluso algunos otros compartieran parte del viaje con él. No necesitaba recordar sus rostros para saber quiénes eran; bastaba una voz, una forma de caminar o el olor que cada uno dejaba al pasar cerca de él. La vida le había enseñado hacía mucho tiempo que los vínculos jamás dependían de una cara. Cuando el viento soplaba con fuerza, sus enormes manos descansaban naturalmente sobre las nudilleras de cuero que llevaba puestas desde la partida. El pequeño pulpo oculto en una de ellas permanecía inmóvil, como si también escuchara el mar.

La costa apareció lentamente entre la bruma hasta revelar una península completamente distinta a Kirigakure. Casas blancas, tejados anaranjados y calles abiertas descendían hacia un puerto mucho más pequeño que los muelles de la Niebla. No existían murallas ni grandes fortalezas; solo un pueblo que había decidido abrir sus puertas a dos pueblos que cargaban demasiadas guerras sobre los hombros. Orión ayudó a descargar varias cajas antes de abandonar finalmente el Daibune. Sus enormes botas tocaron tierra con la misma serenidad con la que habían pisado la cubierta durante toda la travesía. Inspiró profundamente. Piedra húmeda. Redes secándose al sol. Sal. Cerámica. Madera vieja. Aquel lugar tenía el olor de la gente que vivía del mar, y eso bastó para arrancarle una tranquilidad que no esperaba encontrar tan lejos de casa.

No tardó en reconocer a quienes habían compartido el viaje con él. Arako fue la primera en irrumpir en su espacio, abrazándolo con toda la fuerza que su cuerpo le permitía. Orión apenas se movió. Una pequeña carcajada escapó por su nariz mientras correspondía con un par de palmadas tranquilas sobre la espalda de la muchacha. El comentario de Issei terminó arrancándole otra media sonrisa.

-JEJEJEJE. El mar también hace ruido cuando está contento je.

Nada más. Cuando Arako continuó su recorrido y terminó golpeando a Douma con aquella naturalidad absurda, Orión observó la escena apenas un instante antes de negar lentamente con la cabeza. Otra breve risa escapó de su garganta. Después buscó entre las filas a Sayuri. A la Yuki le respondió con otra pequeña inclinación.

-Equipo diez junto, murmullo de estrellas en el mar. 

Entonces la plaza dejó de parecerle tranquila. Su mirada cruzó el espacio que separaba ambas delegaciones y encontró las capuchas blancas. No podía distinguir un solo rostro. No hacía falta. Sabía perfectamente quiénes eran.

El pequeño trozo de madera desapareció lentamente entre sus colmillos mientras la mandíbula se tensaba apenas un instante. Casi por reflejo, sus enormes manos descendieron hasta las nudilleras que cubrían sus puños. Ajustó el cuero. Comprobó el peso del metal. Sintió la presencia familiar del pequeño pulpo oculto en una de ellas. No era un gesto amenazante. Era un ritual. Igual que un marinero revisaba las amarras antes de una tormenta, él comprobaba aquello con lo que protegería a los suyos si el océano decidía embravecerse.

Las palabras del Mizukage seguían resonando en su memoria. Durante aquellas semanas no existiría Kirigakure. No existirían clanes. Solo la Gente del Mar y la Gente del Bosque. Orión obedecería. Siempre obedecía. Pero obedecer nunca había significado confiar. Las historias que había heredado de su familia, los nombres que el mar nunca devolvió y las viejas heridas abiertas por Konoha seguían vivas bajo aquella capucha negra. No permitiría que el rencor gobernara sus acciones, aunque tampoco cometería la estupidez de bajar la guardia frente a quienes representaban todo aquello que había jurado no olvidar. Su respiración volvió a acompasarse lentamente. Aflojó los dedos sobre las nudilleras y permaneció inmóvil en formación, atento a cada movimiento del otro extremo de la plaza. No buscaba pelea. Esperaba no encontrarla. Pero si el mar le había enseñado algo, era que las peores tormentas siempre comenzaban cuando el agua parecía completamente en calma.

Antes de ocupar definitivamente su lugar en la formación, Orión se acercó un par de pasos a Arako e Issei. No levantó demasiado la voz. Mientras hablaba, tiró lentamente de las mangas de la túnica negra hacia atrás, dejando al descubierto las gruesas nudilleras de acero que cubrían sus manos. Las ajustó con calma, comprobando una vez más que quedaran firmes sobre los nudillos. Solo entonces levantó la vista hacia ambos.

-Pez precavido dobla su valor.

[Imagen: l93r50D.png]

Hablo - Pienso
Daeru Uchiha
Rango Genin
Clan Uchiha
Nivel 14
Estadísticas
Generales
Fuerza5(1)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra150(5)
Inteligencia55(3)
Especiales
Salud12
Velocidad16
Tenketsu9
Sigilo13
535
595
Enlace al Post
27-07-2026, 11:08 PM
El viaje se le había hecho eterno. No acostumbraba a estar rodeado de tanta gente y menos por tanto tiempo. Más de una vez había perdido la cuenta de cuánto llevaban recorriendo caminos, campos y colinas. Lo único que tenía claro era que ya comenzaba a extrañar la tranquilidad de Konoha. La mayor parte del tiempo permaneció en silencio; con la capucha blanca intentaba pasar desapercibido entre la caravana. No se sentía de humor para interactuar con nadie. Nunca había salido de la aldea y, siendo sincero, tampoco había sentido demasiadas ganas de hacerlo. Konoha era suficientemente grande para alguien como él.

Luego de caminos interminables, canales, campos y colinas, finalmente llegaron a su destino: un pueblo ubicado alrededor de una bahía. Sintió por primera vez cómo la brisa marina golpeaba su rostro. Todo era húmedo y estaba acompañado por aquel particular olor a mar. Acostumbrado al clima cálido y al aroma del bosque, aquel ambiente le resultaba extraño. No era desagradable, pero tampoco había nada que le recordara a Konoha. Por unos instantes levantó levemente la mirada hacia el horizonte. Había imaginado muchas veces cómo sería el exterior de la aldea, aunque comenzaba a descubrir que nunca le había dedicado demasiado tiempo a pensarlo.

Junto a los demás genin se ubicó en la plaza, donde su superior los reunía para entregar las instrucciones correspondientes. A su alrededor seguían trabajando sin descanso, transportando pesadas cajas con provisiones y otros materiales. Muchas cosas ocurrían al mismo tiempo, pero ninguna conseguía llamar realmente su atención. Solo se limitó a mirar hacia delante con la capucha cubriendo gran parte de su rostro. Nunca le habían gustado demasiado las multitudes y aquella no era la excepción.

«He llegado hasta aquí, así que no puedo echarme atrás ahora.»

No se consideraba el más fuerte ni el más capaz del grupo, pero había participado en suficientes misiones para comprender que no era necesario ser el protagonista para ser de ayuda. Si lograba cumplir con aquello que se esperaba de él, sería más que suficiente. «Mientras no tenga que presentarme frente a toda esta gente, todo estará bien.» Apretó levemente el borde de su capa mientras esperaba que las instrucciones no tardaran demasiado en llegar.
[Imagen: 1bb5716d6be2fa2b4e048ccb8fb0d90a.gif]
Hablo - «Pienso» - Narro
Cronología
Douma Kodon
Rango Genin
Clan Kodon
Nivel 10
Estadísticas
Generales
Fuerza15(1)
Destreza50(3)
Ctrl. de Chakra25(2)
Inteligencia60(3)
Especiales
Salud15
Velocidad10
Tenketsu9
Sigilo12
485
425
Enlace al Post
28-07-2026, 05:24 AM
El trayecto a bordo del Kiri Daibune había transcurrido para Douma bajo un constante esfuerzo de autocontrol. Por debajo de su fachada impasible y la disciplina aprendida en el clan, el joven de diecisiete años experimentaba un entusiasmo difícil de contener. Era la primera vez en toda su vida que cruzaba los límites de la aldea y navegaba en mar abierto hacia un territorio desconocido. Recorrer el mundo, ver qué había más allá de la bruma perpetua y registrar nuevos horizontes era el sueño que siempre había albergado en privado; encontrarse de pronto en las costas del País de las Olas era la materialización de esa ambición, aunque el contexto fuera una misión oficial de estricta confidencialidad. Mantener la compostura profesional mientras por dentro procesaba la inmensidad del océano y la arquitectura de la península era un ejercicio de contención agotador.

Al desembarcar en la plaza, los ojos oscuros de Douma absorbían cada detalle con una fascinación silenciosa: las casas cubiertas de cal blanca, los tejados anaranjados, la vegetación distinta y la brisa marina sin el denso olor a hollín de Kirigakure. Un entorno expuesto y sin murallas que, desde el punto de vista táctico, le parecía tan vulnerable como fascinante.

Al ocupar su lugar en las filas designadas por Masato Heizu, en el extremo occidental de la plaza y frente al contingente de capuchas blancas de la Gente del Bosque, Douma ajustó la posición de su capucha negra con el código asignado, esforzándose por mantener la atención en la formación. Identificó a lo lejos la imponente figura de Orión Hoshigaki, a quien recordaba con precisión de su combate en el Coliseo Óseo, pero omitió cualquier gesto de saludo.

Fue en medio de ese intento por procesar el entorno cuando la anomalía se presentó a su lado.

Una joven de piel azulina y capucha negra, a quien Douma no conocía, se le aproximó sin previo aviso. Cuando la muchacha murmuró si quería un abrazo, el pelinegro se limitó a negar levemente con la cabeza y a dar un paso imperceptible hacia un lado para preservar su espacio personal. Sin embargo, antes de que pudiera consolidar el distanciamiento, la chica descargó un golpe seco e impertinente sobre la parte posterior de su cadera.

El impacto provocó que la mandíbula de Douma se apretara con una molestia inmediata y visible. Aunque no explotó ni perdió los papeles en pleno recibimiento diplomático, el gesto de su rostro se endureció notablemente. Giró la cabeza hacia la muchacha y le dedicó una mirada de auténtico fastidio, fría y afilada, irritado por semejante falta de respeto y decoro en terreno extranjero – Definitivamente, la gente de piel azul tiene problemas para entender el espacio personal – soltó sin pensarlo mucho, recordando las extrañas técnicas que había mostrado el azulado Orión en la arena y sumándole ahora la imprudencia de esta chica.

El comentario posterior de Issei disculpando la actitud de la joven y las breves risas de Orión mejoraron el humor del Kodon – ¿Qué le pasa a ella si le falta aire? No creo que se ponga más azul – soltó de forma algo cínica. Quizás buscando algun tipo de broma de mal gusto, aunque diciéndolo por debajo, capaz le escuchaban o capaz no; lo importante es que ya estaban frente a la gente del bosque y debían comportarse. 

Respiró hondo, dejando que el aire fresco del País de las Olas aplacara la irritación del momento. Se obligó a concentrar la mente en lo que realmente le importaba: la plaza, la fuente central, la Gente del Bosque al otro lado y el comienzo de una aventura en tierra extraña que llevaba años esperando vivir.
Kana
Rango Genin
Clan Uchiha
Nivel 13
Estadísticas
Generales
Fuerza100(5)
Destreza30(2)
Ctrl. de Chakra5(1)
Inteligencia60(3)
Especiales
Salud10
Velocidad15
Tenketsu14
Sigilo10
580
495
Enlace al Post
28-07-2026, 07:47 AM
El primer gran acto de Kana como ninja de Konohagakure estaba por comenzar. El viaje fue largo y aburrido. La Uchiha permaneció en silencio la mayor parte del camino, compartiendo algunas palabras de vez en cuando con los otros shinobi que viajaban junto a ella camino a un lugar alejado de la aldea que la vio nacer. 

A la llegada al País de las Olas, todos fueron ordenados y en sus manos se colocó una capucha blanca que, a ojos de Kana, buscaba identificarlos como la Gente del Bosque, y a su vez, ocultar en última instancia cualquier símbolo o forma que pudiera delatar a la Hoja. La genin desconocía las intenciones de esto, pero siempre existía una razón para todo, una lógica, aun cuando no todos pudieran saber la verdad.

Kana se colocó la prenda blanquecina y se dispuso a reunirse junto al resto de ninjas de la Hoja, en un extremo de la plaza donde ambos líderes conversaban, el Hokage y otro más, un hombre del que nunca había oído hablar y mucho menos visto. La capa cubría gran parte de su cuerpo, incluyendo la katana y el tantō a los costados de su cintura. Sus ojos, negros y profundos, exploraban la zona con genuino interés. Edificaciones distintas a las que estaba acostumbrada a ver en Konoha y un mar enorme que se extendía más allá de lo que su mirada podía alcanzar a ver.

Entre las cosas que despertaron el interés de la Uchiha estuvo la gente de color azul en el otro lado, muy poco visible, pero lo suficiente para identificar que esas personas no tenían un color de piel común. Las capuchas negras ayudaban a ocultar la identidad de la Gente del Mar — ¿Me pregunto para qué será todo este teatro? — Esa pregunta rondaba la cabeza de Kana desde que llegaron al lugar — ¿Por qué tanto misterio? — Hasta ese momento, no había podido compartir sus inquietudes con algún conocido, no los había visto, en parte a que decidió viajar alejada y distante, pero estaba segura que tarde o temprano vería a algún amigo y pudiera compartirle sus dudas.
Hablo / Pienso
Sayuri Yuki
Rango Chuunin
Clan Yuki
Nivel 12
Estadísticas
Generales
Fuerza40(2)
Destreza35(2)
Ctrl. de Chakra80(4)
Inteligencia25(2)
Especiales
Salud12
Velocidad15
Tenketsu11
Sigilo10
490
530
Enlace al Post
28-07-2026, 12:40 PM
Última modificación: 28-07-2026, 12:45 PM por Sayuri Yuki.
Apoyé los antebrazos sobre la barandilla del Daibune cuando la costa empezó a dibujarse entre la bruma. A medida que nos acercábamos, las formas de las casas fueron apareciendo poco a poco, distintas a cualquier rincón de Kirigakure que hubiera visto antes. Las paredes blancas reflejaban la luz de una forma muy diferente, los tejados anaranjados destacaban incluso desde aquella distancia y el faro dominaba toda la península como si llevara allí desde siempre. —¡Vengan vengan, miren estas vistas! —les hice un gesto a Orión y a Arako sin apartar la vista del paisaje. —Miren eso. ¿Si que se ve bien bonito, a que si?— Esperé a que se acercaran mientras seguía recorriendo el pueblo con los ojos.

—Cien por cien segura de que aquí venden ropa preciosa...— Incliné un poco la cabeza. —Y joyas. Muchísimas joyas.— Guardé silencio apenas un segundo antes de empezar a hablar sola, como tantas otras veces. —Ay... debí traer otra maleta.— Fruncí ligeramente el ceño. —No, dos. Claramente dos.— 

Me crucé de brazos mientras seguía haciendo cuentas completamente absurdas. —Bueno... tampoco pasa nada. Orión me presta una.— Lo señalé con total naturalidad. —Y Arako otra y gg.— Giré la cabeza de un lado a otro buscando otra víctima. —¿Issei? ¿Dónde está Issei? Que me deje otra también.— Negué varias veces con la cabeza mientras soltaba una pequeña risa. —Sí, venga va, tres maletas está bien. Seguro que con tres me apaño.— Sabía perfectamente que estaba diciendo tonterías, pero imaginar todo lo que podía encontrar allí era mucho más divertido que limitarme a esperar la llegada. Además, era la primera vez que salía tan lejos de Kirigakure y no pensaba desperdiciar la oportunidad de volver con las manos vacías. —Como encuentre una tienda bonita... ya veréis.— Sonreí para mí misma mientras el Daibune terminaba de acercarse al puerto.

La capucha negra descansaba sobre mi cabeza y mis hombros cuando descendimos de la embarcación. Había dejado la trenza por delante, como siempre, por mucho que las normas nos obligaran a ocultar quiénes éramos, aquello seguía siendo parte de mí. Ya no éramos los shinobi de Kirigakure. Durante aquellas dos semanas seríamos la Gente del Mar, todos con el apellido Umi. No terminaba de convencerme la idea de dejar el nombre de mi clan a un lado, pero tampoco iba a discutir una orden directa del Mizukage. Si había que hacerlo, se hacía y punto.

Avanzamos junto al resto mientras los trabajadores descargaban las cajas y los marineros seguían dando órdenes por todas partes. Yo, en cambio, apenas podía dejar de mirar el pueblo, era precioso. Las calles de piedra, las fachadas blancas, los pequeños talleres abiertos y los puestos repartidos por la plaza hacían que todo pareciera distinto a cualquier sitio que conociera.

Entonces apareció la primera tienda y sin dudarlo le di un codazo suave a quien caminaba a mi lado. —Mira eso.— Un poco más adelante vi otra. —Esa también.— Y unos metros después otra más. —Venga va... diganme que luego tendremos tiempo libre.— Seguía caminando, pero los ojos iban por libre.

Poco a poco dejamos atrás los comercios y nos acercamos al centro de la plaza, donde esperaban los tres dirigentes. Frente a nosotros se encontraba la otra delegación. Todos llevaban capuchas blancas, igual que nosotros llevábamos las negras, así que era imposible distinguir casi nada de ellos. —Qué ganas de verles la cara...— murmuré para mí misma. No sabía quién era quién, ni de qué clan procedían, ni siquiera podía adivinar sus edades. Solo veía figuras cubiertas por aquellas capas blancas observándonos desde el otro lado de la plaza.

Mientras los líderes comenzaban a hablar, permanecí bastante atenta. Después de todo el viaje quería escuchar qué tenía que decir aquella gente y entender por qué aquella reunión era tan importante. Aunque no tardé demasiado en distraerme. Vi de reojo cómo Arako le daba una palmada en el trasero a Douma, y obvio que tuve que bajar un momento la cabeza para contener una risa. Un instante después vi a Issei adelantarse para disculparse con la otra delegación y ya no pude evitar que se me escapara una sonrisa mucho más evidente. —Madre mía...— Murmuré casi para mí y para Orion que estaba a mi lado. 

Momentos despues escuché la voz de Orión por debajito. —Equipo diez junto, murmullo de estrellas en el mar.— Lo miré de reojo unos segundos antes de responder en voz baja. —Creo que... aquí tampoco deberíamos decir lo del equipo diez.— Me rasqué la mejilla bajo la capucha mientras intentaba ordenar la idea. —O sea... seguimos siendo el equipo diez, claro... pero aquí somos la Gente del Mar... o algo así.— Fruncí un poco el ceño. —Es confuso.— No tuve mucho tiempo para seguir dándole vueltas porque enseguida vi cómo Orión dirigía unas palabras a Issei y Arako, claramente intentando poner un poco de orden. No pude evitar soltar otra risa por lo bajo. —Sí... definitivamente seguimos siendo nosotros.—

Resumen
-La primera parte es sorprendida por la apariencia de la isla y de sus casas. Invita a Orion y a Arako para que lo vean todo con ella mientras siguen en el Daibune asignado. Les comenta que quiere ver todas las tiendas y que se quiere comprar ropa y joyas, muchas... pero para eso no trajo tantas maletas, asi que sin preguntar les pide la de ellos.
-Mientras va caminando por la ciudad con la capucha puesta, sigue soprendida por las tiendas que van pasando.
-Ya una vez con ambas delegaciones presentadas, no duda en soltar una que otra pequeña risa por el momento de sus compañeros, a la par que le dedica unas palabras a Orion.
Mayura Hyuga
Rango Chuunin
Clan Hyuga
Nivel 11
Estadísticas
Generales
Fuerza1(1)
Destreza31(2)
Ctrl. de Chakra85(4)
Inteligencia3(1)
Especiales
Salud9
Velocidad16
Tenketsu9
Sigilo10
344
456
Enlace al Post
28-07-2026, 02:23 PM
¿Capuchas? En serio la estética de la aldea no podía ser más deficiente. Fueron una pesadilla en vida, una completamente blanca, tapándole medio rostro, y encima con el tremendo húmedo y caluroso clima que debían aguantar. — Esto es insólito. La tela es fatal para estas condiciones climáticas, la costura es deficiente y sin un sentido que combine la estética con la movilidad. Pero lo peoooor de todo… ¿en serio debemos cubrir nuestros rostros? No puedo culparlos, la mayoría son tan feos que pudieran asustar a nuestros aliados con sus caras, pero ¿yo? Mi belleza podría cerrar cualquier pacto entre naciones. ¿Qué rayos están pensando? Privando a nuestros aliados del regalo de deleitarse con la belleza del pavo real del océano. — Si, Mayura se mantuvo sosteniendo un monologo con temas como ese y similares a lo largo de todo el camino, al menos hasta que llegaron al mar.

Era su primera vez fuera de las puertas de la aldea, si bien había podido ver a través de las murallas gracias a su ojo blanco, su rango no era tan distante como para contemplar todo lo que veía en el camino. Pero, lo que más le sorprendió fue ver el mar. Era como un rio infinito de agua, una versión sin fin del Nakano. Por si no fuera poco, se permitió probar el agua antes de subir al barco, era tal y como describían los libros, una fuente interminable de agua salada. Sentirla fue impresionante, pero lo que le llamó aún más la atención fue todo lo que podía hacer con ella. — Exfoliantes, acelerar el proceso de broncearme, incluso quizás hasta para lavar algunas impurezas. Woooow, debería llevarme una muestra a casa, bueno quizás cuando regresemos. — Y así continuo con su monologo, fantaseando todas las cosas que podía hacer con el agua del mar, así como preguntándose que tipo de peces pudieran vivir en el mismo.

Pero, si hay algo que realmente provocó todas las experiencias que estaba viviendo en este momento, era la libertad que tanto anhelaba. Este viaje era una confirmación de que el mundo afuera realmente existía y por lo como les trataron en el pueblo donde tendrían la reunión pues no parecía ser un lugar peligroso. Pero entonces, por que el sistema y las normas de los viejos insistían tanto en mantenerlos recluidos, en cortarle las alas e impedirles brillar como la vida lo manda. Se cuestionó una y otra vez salir corriendo, a veces amagaba con irse, pero recordaba que andaba con Akira por lo que no podía causar una escena. Mayura no lograba terminar de comprender porque actuaban de esta forma si se supone que estábamos en tiempos pacíficos y que lo que encontraríamos seria aliados, a los cuales hasta les había traído un souvenir hecho por el mismo.

— Esta decidido, este mundo opresivo y sus ridículas normas insensatas no son para mí. — Murmuró hacia su hermano luego de que este terminara de hablar con Kuroto. Mayura no necesitaba ver el rostro de nadie, después de todo por algo nos habían enumerado las prendas con códigos.

Luego procedió a sonreír, y alinearse con el resto de los genins de la aldea. Desde donde estaba parado podía contemplar a los de capucha negra. — Así que estos son las personas del mar. Repito… ¿por qué actuamos de esta forma? ¿No se supone que somos aliados? — Mayura se permitió sonreírles de lejos, ellos podían ver la sonrisa carismática, genuina y sus dientes perfectos, era la parte que quedaba descubierta de la capucha. Además, levantaría su mano derecha, ondeándola con insistencia de un lado a otro, a modo de saludo, preguntándose si alguno le respondería con un gesto similar, o si en algún momento tendría chance de darles los regalos.

Estadísticas de Mayura Hyuga
Mayura Hyuga
Estadísticas Generales
Fuerza
1 M: 1
Inteligencia
3 M: 1
Destreza
31 M: 2
Ctrl. Chakra
85 M: 4
Estadísticas Especiales
Salud
9
Tenketsu
9
Sigilo
10
Velocidad
16
Vida 344 Chakra 456 Reg. Chakra 36


Inventario: Botikin... Portakunais (vacio, dejó las armas en casa por querer traer probetas con perfume)

OFF: Interaccion con = Akira Hyuga y Personajes de Kiri
[Imagen: ab4qP1h.jpeg]
Kyōraku Senju
Rango Genin
Clan Senju
Nivel 10
Estadísticas
Generales
Fuerza25(2)
Destreza75(4)
Ctrl. de Chakra45(2)
Inteligencia5(1)
Especiales
Salud9
Velocidad14
Tenketsu9
Sigilo14
410
500
Enlace al Post
28-07-2026, 03:20 PM
Última modificación: 28-07-2026, 03:21 PM por Kyōraku Senju.
Kyōraku permaneció inmóvil bajo la sombra profunda de la capucha blanca. La prenda era amplia, pesada y áspera en los bordes. Ocultaba el color de sus ropas, quebraba la línea del cabello, escondía parte del rostro y convertía a cada miembro de la delegación en una figura semejante a las demás.

Sus manos descansaban quietas a ambos lados del cuerpo, ocultas bajo las mangas largas, mientras la plaza se llenaba de movimiento.

Carros descargados. cajas abiertas, marineros ascendiendo desde el puerto, habitantes locales guiando mercancías hacia almacenes, cocinas y talleres.

El pueblo blanco respiraba sal, cal húmeda, madera vieja y pescado secándose al viento. Nada en él parecía nuevo, salvo las dos delegaciones que empezaban a ocupar sus rincones.

Blanco y negro, dos extremos de una misma plaza, como el equilibrio mismo, yin y yang, Como hormigas de especies distintas, cada grupo conservaba orden, disciplina y distancia. Se observaban sin invadirse, unidos por una necesidad que todavía no terminaba de mostrarse por completo.

Kyōraku no habló con nadie, no hacía falta, por ahora, su deber era simple; permanecer donde se le había indicado, guardar la forma y observar.

El mar estaba allí, al fondo de la plaza, abierto y azul bajo la luz de la península. Un testigo inmenso y silencioso de las circunstancias que obligaban a dos pueblos distantes a reconocerse otra vez.

Estadísticas de Kyōraku Senju
Kyōraku Senju
Estadísticas Generales
Fuerza
25 M: 2
Inteligencia
5 M: 1
Destreza
75 M: 4
Ctrl. Chakra
45 M: 2
Estadísticas Especiales
Salud
9
Tenketsu
9
Sigilo
14
Velocidad
14
Vida 410 Chakra 500 Reg. Chakra 36
Yokubari
Rango Chuunin
Clan Senju
Nivel 17
Estadísticas
Generales
Fuerza140(5)
Destreza10(1)
Ctrl. de Chakra100(5)
Inteligencia45(2)
Especiales
Salud10
Velocidad30
Tenketsu20
Sigilo15
805
830
Enlace al Post
28-07-2026, 04:13 PM
La capucha blanca no conseguía ocultar por completo la corpulencia de Ben. Entre tantos jóvenes cubiertos con prendas idénticas, su anchura de hombros, la armadura escondida bajo la tela y el enorme escudo sujeto a la espalda continuaban delatando a alguien acostumbrado a ocupar demasiado espacio. Permaneció junto al resto de la Gente del Bosque, sin abandonar la posición que les habían asignado, mientras sus ojos recorrían la plaza con la calma de quien había aprendido hacía mucho tiempo que los recibimientos amistosos también podían terminar cubiertos de sangre.

Primero observó los accesos. Después, los tejados, los callejones laterales y la distancia que separaba la plaza del puerto. Solo entonces concentró la atención en las capuchas negras. No podía distinguir nombres ni procedencias, pero sí posturas: algunos mantenían las manos cerca de sus armas; otros miraban hacia su grupo con la misma desconfianza que él reservaba para ellos. Uno de los individuos más grandes ajustaba unas nudilleras metálicas como si comprobara las amarras antes de una tormenta. Ben no interpretó el gesto como una amenaza inmediata, aunque tampoco lo ignoró.

Estaba terminando de decidir cuáles de aquellas figuras podrían convertirse en un problema cuando algo mucho más difícil de clasificar llamó su atención. A la distancia, una joven de piel ... ¿azul? Vaya.... parecía dedicarse a dar abrazos y toquetear a sus compañeros. Uno rechazó su ofrecimiento y recibió a cambio una sonora palmada en el trasero. Ben parpadeó lentamente. No sabía si aquella había sido la primera nalgada que repartía durante el recibimiento, pero, por la naturalidad con la que lo hizo, tampoco parecía que fuera a ser la última. ¿Estaban listos para pelear o estaban llenos de amor?

El veterano desplazó la mirada hacia los tres dirigentes, comprobando que la conversación diplomática continuaba con aparente normalidad. Después volvió a mirar al grupo de negro. Uno trataba de contener la risa, el agredido parecía claramente molesto y varios de sus compañeros actuaban como si aquello no fuera especialmente extraordinario.  —Dos pueblos cargando con cien años de alianza y lo primero que veo es a alguien dándole nalgadas a sus compañeros… —murmuró desde el interior de la capucha—. Al menos no todos vinieron con un palo metido en el culo.

Una sonrisa breve tiró de una esquina de su boca, aunque desapareció casi de inmediato. La escena le había quitado algo de gravedad al encuentro, no la necesidad de permanecer alerta. Ben acomodó el peso del escudo sobre la espalda, cruzó los brazos bajo la capa blanca y continuó esperando las instrucciones.
[Imagen: Chat-GPT-Image-17-jun-2026-08-28-14.png]
Ibuki Inuzuka
Rango Chuunin
Clan Inuzuka
Nivel 16
Estadísticas
Generales
Fuerza75(4)
Destreza75(4)
Ctrl. de Chakra15(1)
Inteligencia75(4)
Especiales
Salud12
Velocidad25
Tenketsu11
Sigilo11
690
620
Enlace al Post
28-07-2026, 04:55 PM
Ibuki viajaba en su caravana completamente alegre. Toda feliz, tan inocente y curiosa como siempre, no paraba de intentar asomarse por las ventanas entre la gente con la que compartía el viaje. Era... impresionante.

Nunca antes había salido de las puertas de la aldea, y hasta hacía apenas un par de días la idea de que existiera algo más allá de aquellas murallas le parecía simplemente impensable.

Sus tanukis dormían sin preocupación alguna. Kiro tenía tres o cuatro cachorros completamente desparramados sobre él, utilizándolo como si fuera una almohada viviente, mientras que otro pequeño tanuki se había acomodado sobre la cabeza de Ibuki. A diferencia del resto, este permanecía tan fascinado como ella, observando el paisaje con la misma curiosidad, buscando cada vez más cosas que descubrir.

Ne, ne, Marshal, mira, mira. - decía Ibuki mientras señalaba hacia el exterior—. Esos árboles no los hemos visto en Konoha, ¿cierto?

Y luego aparecía otro árbol.
Y otro.
Y otro más.
Y... bueno, la verdad era que, después de un rato, todo empezaba a volverse un poco monótono.

Al cabo de una hora de viaje, nada parecía tan impresionante como al principio. El viaje terminó siendo bastante aburrido. Si hubieran viajado corriendo y saltando entre los árboles, seguramente habría sido mucho más divertido... y también más rápido. Habría podido conocer más cosas. Sin embargo, allí iba, dentro de una carreta, rodeada de personas que ni siquiera conocía.

No entendía por qué. Sabía que Kyōraku también viajaba, pero lo habían llevado en otra carreta. Creía haber olido a Akira en algún momento, aunque nunca logró encontrarlo. Había demasiada gente.

Además, su familia le había encargado que durante todo el viaje cuidara las pertenencias que transportaban. Así que, ni tonta ni perezosa, Ibuki permanecía recargada sobre aquel montón de cajas y bolsas llenas de provisiones, adornos, alfombras y cojines que le habían encomendado.

Realmente... no importaba.

¿Qué pasaba si se perdía un cojín de tela de lino con hebras doradas? Nada. ¿Y si alguien robaba aquel sitial de madera de caoba con acolchado de oveja, recubierto en cuerina tratada por el artesano Sako'ho en su lecho de muerte, grabado a mano con las marcas de los diez canes más importantes de la familia y decorado con escenas de las aventuras de Ba Sing Se?

No... realmente tampoco era importante.
Todas esas cosas solo servían para aparentar.
Pero a Ibuki le gustaba hacer caso.

Así que no le quedó otra que quedarse dormida en medio de todo aquel montón de pertenencias.

Las horas pasaron lentamente. El camino, la rutina y el constante traqueteo de la carreta fueron desgastando incluso el entusiasmo de Ibuki. Intentó ser tan extrovertida como siempre; consiguió convencer a algunos compañeros para jugar un par de partidas de cartas, compartieron algunas risas, comió sandía, luego sushi, bebió agua, un poco de zumo...

Pero nada.
Nada resultó realmente memorable.
Cuando finalmente llegaron a su destino, Ibuki seguía profundamente dormida. Mientras el resto comenzaba a bajar de las carretas, ella terminó siendo la última en despertar. Descendió bostezando, restregándose uno de los ojos mientras sus tanukis saltaban al suelo y salían disparados en todas direcciones, emocionados por descubrir olores nuevos que marcar.

Ella, en cambio, apenas dio un par de pasos. El sol la obligó a cubrirse el rostro con una mano. Entrecerró los ojos, miró de reojo... 

Y volvió a maravillarse.
Las enormes casas blancas.
La tierra completamente desconocida.
Aromas que jamás había sentido.
El intenso hedor del pescado mezclado con la brisa salada.
El olor del mar.
Las gaviotas sobrevolando el puerto mientras llenaban el aire con sus gritos.
Y, a la distancia...
El océano.
Todo.
Absolutamente todo era nuevo.
Ibuki comenzó a mirar hacia todas partes. Dio unos pasos al frente y empezó a girar sobre sí misma una y otra vez, intentando observarlo todo al mismo tiempo. El horizonte, las colinas, las calles, el puerto... Entonces se quedó completamente inmóvil. Su rostro se llenó de un asombro tan puro que parecía estar a punto de romper en llanto. - No hay... montañas... ni tampoco murallas...

Guardó silencio unos segundos, incapaz de apartar la vista del horizonte. - ¿Qué es esto...? - Para Ibuki, el mundo acababa de hacerse muchísimo más grande.

Estaba tan maravillada que ni siquiera notó lo que ocurría a su alrededor. Las personas comenzaron a ser organizadas por grupos, los responsables daban órdenes de un lado a otro y empezaron a repartir aquellas túnicas blancas. Entonces lo escuchó. - ¡Inuzuka Ibuki! ¡Atención! ¡Inuzuka Ibuki, preséntese!

Era la voz de uno de los organizadores de Konoha. - ¡Ah!... ¡Sí! ¡Perdón! - Abandonó de inmediato el mundo de fantasía en el que se encontraba y corrió hasta donde la llamaban. El hombre sostenía una tabla con varios documentos sujetos a ella. Frente a él había una torre perfectamente alineada de túnicas blancas.

Tomó una de ellas y se la entregó. - Debes representar a la Hoja lo mejor posible. Sigue a Shinodera Nara y permanece con ellos. Deberás usar esto en todo momento. Oculta tu identidad lo mejor que puedas.

Ibuki recibió la prenda algo atónita. Sí...

Esto era una misión.

Buscó un rincón apartado mientras sus tanukis, completamente ajenos al protocolo, recorrían las calles como turistas, olfateándolo todo, marcando cada esquina y revisando cuanto rincón encontraban.

Ella, en cambio, observó la túnica durante unos segundos. Hacía calor. Y encima tendría que usar aquello. Además, al ver cómo el resto se la colocaba, comprendió que su enorme moño sería demasiado fácil de reconocer.

Sin pensarlo demasiado, se quitó la parte superior de su traje shinobi. Conservó únicamente el pantalón, sujeto por las telas y amarres de siempre. También dejó a un lado la máscara que acostumbraba llevar alrededor del cuello, con ese calor solo terminaría dificultándole la respiración y empapándose de humedad.

En la parte superior mantuvo únicamente la camiseta de malla oscura y su ropa interior. Luego desató su cabello. Las largas hebras oscuras cayeron por sus hombros hasta la espalda. No solía llevarlo suelto, pero le encantaba lo largo que era, así que simplemente utilizó la cinta para sujetarlo mucho más abajo.

Antes de continuar, se palpó el cuerpo casi por reflejo. Su arco seguía plegado sobre la espalda. Los tantos permanecían en su cintura. Las armas arrojadizas. El kit de trampas. Todo.

Todo seguía donde debía estar.
Ella estaba nerviosa.
Si no comprobaba que llevaba todo encima, simplemente no lograba sentirse tranquila. 

Mientras tanto, el pequeño ejército tanuki comenzó a dispersarse. Eran animales, después de todo. Algunos fueron tras las gaviotas, otros rebuscaban comida entre los desperdicios y varios simplemente desaparecieron entre callejones. Kiro, probablemente, ya se habría echado a dormir bajo la sombra de algún edificio. Solo dos pequeños cachorros permanecieron junto a Ibuki. Sin que ella hiciera nada, treparon por sus piernas, se escondieron bajo la tela del pantalón y terminaron acomodándose dentro de la amplia túnica blanca.

No supo exactamente cuáles eran. Solo notó que estaban allí. Finalmente terminó de vestirse y siguió a su guía.

Intentaba mantener la cabeza baja mientras avanzaba. Aquello parecía una ceremonia. O algo parecido. Estaba asustada. No podía distinguir los olores. No podía reconocer los rostros.

Miraba hacia un lado.
Túnicas blancas.

Miraba hacia el otro.
Más túnicas blancas.

Frente a ella...
Un mar de túnicas negras.

Fue entonces cuando lo vio.

En el grupo contrario, una muchacha de piel azulada estiró la mano y le dio una palmada en el trasero a otra figura encapuchada. Ibuki ladeó la cabeza. ¿Sería una forma de saludarse? ¿Una costumbre de la Gente del Mar? No lo sabía. Pero sonrió. Poco a poco sus nervios comenzaron a aflojarse.

Entonces escuchó una voz delante de ella. Era bastante familiar. La enorme figura dejaba claro que se trataba de una mujer por culpa de su silueta. Y aquel aroma... Lo recordaba.

Kana.

¿Me pregunto para qué será todo este teatro? - Sí. Era ella. Su amiga. La alta y linda Kana. El corazón de Ibuki comenzó a acelerarse. Sus mejillas adquirieron un ligero tono rojizo mientras la observaba - ¿Por qué tanto misterio? - continuó diciendo Kana. Se notaba que también estaba algo nerviosa.

La imagen de la muchacha azul volvió a cruzar la mente de Ibuki.

Miró a Kana.
Calculó la distancia.
Descubrió lentamente una de sus manos fuera de la manga de la túnica.
Tragó saliva.

"Debe ser una tradición..."
"Quizás así se desean suerte."
"Sí... debe ser eso."
Respiró hondo. Y, en un silencioso "sea lo que sea", extendió la mano...

Plaf.

Una pequeña nalgada aterrizó cuidadosamente sobre uno de los glúteos de Kana.

Durante un segundo entero, el mundo dejó de existir para Ibuki, todo era silencio. Ibuki sintió el calor subirle hasta las orejas. Se cubrió inmediatamente el rostro con ambas mangas. - ¡Etto!... ¡Kana-sama! ¡Perdón, perdón, perdón!

Las palabras comenzaron a salir atropelladamente. - ¡Es que... ellos!... ¡La gente del otro lado!... ¡Debe ser una clase de saludo!... ¡Algo... para darse fuerzas! ¡Sí! ¡Eso! ¡Lo escuché durante el camino! ¡Es una tradición!

Mientras hablaba, su propia mano todavía parecía recordar la extrañamente suave y casi gelatinosa sensación del golpe que acababa de dar. - Es que... - Su voz se quebró.

Bajó lentamente la cabeza. - No sé qué hago aquí... - Y, finalmente, rompió a llorar.

Ibuki...
Estaba atrapada en una situación social donde simplemente no sabía cómo actuar.

OFF
Y LO POSTEO IGUAL AUNQUE CIERRES EL TEMA LPTM! Y dentro del tiempo limite :pa:
[Imagen: 9NUo9td.gif][Imagen: He8J1ft.gif]
Narrador General
Rango Genin
Clan Senju
Nivel 6
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra0(1)
Inteligencia90(4)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu9
Sigilo15
390
300
Enlace al Post
28-07-2026, 04:57 PM
Desde los talleres y las viviendas que rodeaban la plaza, los habitantes de la península contemplaron el encuentro con una mezcla de curiosidad y familiaridad. Para los ancianos no era más que el regreso de una tradición conocida; para muchos niños, en cambio, era la primera vez que veían las calles divididas entre capuchas blancas y negras. Un alfarero observó las armas ocultas bajo las prendas, una pescadora reparó en la tensión con la que algunos extranjeros se estudiaban desde extremos opuestos y varios jóvenes intercambiaron risas cuando una muchacha de piel azul repartió abrazos y terminó golpeando el trasero de uno de sus compañeros. Tampoco pasó inadvertido el insistente saludo de una figura blanca hacia la Gente del Mar, ni las conversaciones discretas que comenzaban a formarse dentro de ambos grupos. Aunque algunos parecían esperar una batalla, los vecinos solamente vieron personas cansadas, curiosas y bastante menos diferentes de lo que sus capuchas pretendían hacer creer.

Akihiro y Renjiro terminaron su primera conversación frente a la fuente y se volvieron hacia sus respectivas delegaciones. —La hospitalidad que recibimos no debe confundirse con descanso. Desde este momento, cada una de nuestras acciones deberá corresponder a la confianza que este pueblo ha depositado en nosotros — declaró Akihiro. Renjiro recorrió con la mirada las capuchas negras antes de añadir: —Durante las próximas dos semanas, la Gente del Mar trabajará por esta región con la misma responsabilidad con la que protegemos nuestras propias costas —. Hiroto Shima cerró el intercambio con una inclinación dirigida a ambos grupos. —Sean bienvenidos una vez más. Espero que ustedes nos ayuden a recordar por qué nuestros pueblos continúan reuniéndose después de tantos años —. Dicho aquello, los tres abandonaron la plaza y ascendieron por una calle empedrada hasta un edificio de piedra situado al norte del pueblo, donde las puertas se cerraron tras ellos.

Shinodera, Shiori, Masato y Daizen permanecieron frente a la fuente mientras la conversación de los dirigentes desaparecía en la distancia. Durante unos instantes intercambiaron comentarios en voz baja, revisaron sus registros y observaron las dos formaciones. —Los suyos parecen convencidos de que los nuestros van a atacarlos — murmuró Masato. Shinodera dirigió una mirada hacia la reciente escena entre las capuchas negras. —Los suyos comenzaron golpeándose entre ellos. Comprenderá la confusión —. Una risa breve escapó del Heizu antes de que ambos estrecharan sus manos en un saludo firme. Shiori y Daizen se limitaron a intercambiar una inclinación mucho más contenida, tras lo cual los cuatro se separaron para comenzar a organizar a los presentes.

Varios trabajadores locales entraron entonces en la plaza cargando tablones, soportes y herramientas. Mientras Shinodera y Masato llamaban a todos los genin y chūnin para que cerraran las filas frente a la fuente, los habitantes levantaron dos paredes provisionales de madera, una en cada extremo de la plaza. Sobre ellas comenzaron a colocar mapas de la península, listas de recursos, avisos y espacios reservados para nuevas asignaciones. —Mientras dure la reunión, serviremos a este pueblo y a las comunidades de la región. Esa ha sido siempre la costumbre. Nuestros líderes discutirán asuntos que no pueden abandonar esa sala, pero nosotros no permaneceremos aquí esperando con los brazos cruzados. Hay mucho que hacer — explicó Shinodera cuando el martilleo disminuyó.

Masato continuó una vez que el Nara regresó a su posición. —Las misiones serán colocadas en estos tablones y distribuidas por sus superiores inmediatos. Procuren llevarse bien. No esperamos que se conviertan en amigos durante el primer día, pero sí que sepan trabajar juntos, respeten las costumbres locales y recuerden que cualquier disputa innecesaria perjudicará a todos —. Daizen señaló entonces el tablón destinado a la Gente del Mar, mientras Shiori hacía lo mismo con el de la Gente del Bosque. Las asignaciones mostrarían el lugar, el responsable local, la dificultad estimada y los integrantes convocados; nadie debía aceptar una por cuenta propia ni abandonar la península sin autorización.

—La Gente del Bosque se hospedará en el sector occidental del pueblo. Consulten con sus superiores inmediatos para saber qué vivienda, habitación o posada les ha sido asignada — informó Shiori. Daizen esperó a que terminara antes de intervenir. —La Gente del Mar ocupará el sector oriental. Sus pertenencias serán trasladadas desde los barcos durante las siguientes horas; no obstaculicen el trabajo de los encargados ni regresen a las embarcaciones sin autorización —. Después se explicaron sin más discursos los horarios de las comidas comunales, los puntos de abastecimiento de agua, la ubicación de la pequeña clínica, los almacenes reservados para cada delegación y el procedimiento para informar incidentes o solicitar equipo. También se recordó que las capuchas, los nombres Mori y Umi y las restricciones sobre información personal continuarían vigentes durante toda la estancia.

Cuando terminaron de distribuir los registros, Shinodera y Masato comprobaron por última vez que no quedaran indicaciones pendientes. Los trabajadores retiraron las herramientas utilizadas para levantar los tablones y dejaron libre nuevamente el centro de la plaza. Con los líderes reunidos al norte, las habitaciones preparadas y las primeras asignaciones aún por aparecer, los superiores dieron finalmente por concluida la formación. —Pueden retirarse —. Genin y chūnin quedaron autorizados para consultar sus alojamientos, recorrer las zonas permitidas del pueblo o permanecer en la plaza para comenzar a conocer a quienes, durante las próximas dos semanas, dejarían de ser simples figuras blancas y negras observándose desde la distancia.


Para este tema escribió:Instrucciones
  • Todo tema en el pais de las olas será en las fechas del 46 verano al 59 de verano.
  • Pueden hacer sociales, combates y misiones entre miembros de aldea. Cuidado con los combates, siempre habrán testigos y safe mode.
  • En pronto se anunciarán los primeros sidequest en el país de las olas.
  • 閉
    🔒 Tema cerrado
    Este tema ha sido cerrado.

Responder
Salto de foro:

Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)