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MISION D: El Fantasma
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23-07-2026, 04:14 PM
Última modificación: 23-07-2026, 07:10 PM por Narrador Tenseigan-kun.
APROBADA AQUI

El sol del 25 de verano apenas logra rasgar el espeso manto de bruma que desciende desde las colinas boscosas, proyectando sombras alargadas y tenues sobre el puesto de control forestal. El ambiente en la periferia es silencioso, roto únicamente por el crujir de las ramas mecidas por una brisa matutina que huele a pino húmedo y tierra fría. En la mesa de entrada del puesto, un mapa topográfico parcialmente desplegado muestra marcada con tinta roja una zona específica conocida asiduamente por los lugareños como el Sector del Valle sombrío. 

Junto a él, un viejo guardabosques de rostro curtido y expresión apesadumbrada aguarda la llegada de la joven genin, sosteniendo entre sus manos las pertenencias que el cazador extraviado dejó registradas antes de adentrarse en la espesura: una cantimplora oxidada y una libreta de notas con las páginas finales intocadas. 

—Me alegra que hayas tomado la encomienda, Yocko —comienza diciendo el veterano con voz ronca, señalando con un dedo calloso el punto más denso del mapa—. Goro es un cazador con años de experiencia en estos bosques; conoce cada sendero y cada refugio mejor que nadie. Que lleve tres días sin dar señales de vida no es normal. El último reporte indicaba que iba tras el rastro de una presa grande hacia la zona alta, pero la tormenta de hace dos noches pudo desorientarlo o arrastrarlo hacia los barrancos del norte. 

El hombre desliza el mapa hacia el borde de la mesa, dejándolo al alcance de la kunoichi. 

—No hay rastro de su regreso en los puestos de avanzada, y nadie se atreve a adentrarse demasiado debido a los reportes de actividad extraña en la espesura. Necesito que rastrees su ruta, averigües qué fue lo que le ocurrió y lo traigas de vuelta, cueste lo que cueste. 
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ignora la bandana de konoha la estupida ia no me dejo cambiarla TU IMAGINA QUE ES LA DE TU ALDEA 
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23-07-2026, 04:32 PM
Había saludado con una sonrisa y en lenguaje de señas. Pero ya se había acostumbrado a usar gestos que las personas encontrasen más "familiares". No era algo común que la gente supiera el lenguaje y tampoco le preocupaba demasiado; si su trabajo era eficiente, seguramente ni notarían que no importaba si se les antojaba muy callada ni muy tímida - como creía Yogan -. Eficiente, era el calificativo que esperaba.

La misión sonaba importante. Eso fue lo primero que pensó Yocko mientras observaba el mapa desplegado sobre la mesa. No porque comprendiera realmente la magnitud del problema, sino porque esta vez el desaparecido no era un pato, ni una mascota escapada, ni algún comerciante que había olvidado dónde dejó las llaves de su almacén. Era un cazador experimentado. Un hombre que, según el guardabosques, conocía aquellos bosques mejor que nadie.

Se quedó pensatiba. Si alguien capaz de orientarse entre aquellos árboles llevaba tres días sin regresar, probablemente no se había perdido por accidente. Su mirada descendió hacia la cantimplora oxidada y la libreta que el anciano había dejado sobre la mesa. Durante unos segundos las observó con atención, como si esperara que alguno de aquellos objetos decidiera explicar por sí mismo lo ocurrido. Tomó primero la libreta y hojeó con cuidado las últimas páginas. Buscaba cualquier anotación extraña, alguna referencia a la presa que perseguía, una dirección, una marca o incluso un dibujo improvisado. Después dirigió la atención hacia la cantimplora, examinando su superficie mientras intentaba imaginar al hombre que la había llevado consigo durante años.

« Tres días... » Le parecía mucho tiempo. Especialmente para alguien que conocía aquellos bosques mejor que nadie. Si el hombre realmente era tan experimentado como afirmaba el guardabosques, resultaba difícil creer que simplemente hubiera perdido el rumbo y estuviera esperando a que alguien lo encontrara. La idea de internarse sola en una zona donde incluso los lugareños evitaban adentrarse tampoco le resultaba especialmente tranquilizadora.

Mientras observaba nuevamente el mapa, repasó mentalmente todo lo que había escuchado hasta el momento. Una tormenta. Barrancos al norte. Reportes de actividad extraña en la espesura. Le pareció que, si alguien se hubiese propuesto elaborar una lista con todas las cosas que podían salir mal durante una excursión al bosque, probablemente habría escrito exactamente aquello.

Aun así, asintió con decisión. No porque se sintiera especialmente preparada para afrontar cualquiera de esos problemas, sino porque alguien tenía que buscar al cazador y ella ya estaba allí. Señaló primero el punto marcado en el mapa. Después la libreta que descansaba sobre la mesa. Finalmente levantó una ceja y movió ambas manos con lentitud, formulando una pregunta en lengua de señas. « ¿Encontraron huellas? » Pero luego tomó un boli y escribió la pregunta. No quería hacerles perder tiempo.
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23-07-2026, 04:41 PM
El viejo guardabosques parpadea un par de veces, mirando primero las manos de Yocko moverse con agilidad y luego el papel donde ha escrito la pregunta. Durante unos segundos, el veterano arruga el ceño intentando procesar si le hablaba en código ninja o si simplemente se había adelantado a su propia paciencia, hasta que lee la nota y asiente con alivio, rascándose la barba canosa.

—Ah, ¿huellas? Bien pensado, joven shinobi —se corrige carraspeando con algo de incomodidad antes de señalar con el dedo un pequeño recodo en el margen del mapa—. Sí, encontramos algunas. O al menos lo que queda de ellas. Los patrulleros de la zona llegaron hasta la orilla del arroyo seco en el límite del Valle Sombrío.

El hombre cruza los brazos, con una expresión que oscila entre la solemnidad de la búsqueda y la perplexidad más absoluta.

—Lo extraño no es que estén ahí, sino cómo están. Las pisadas se ven... bueno, totalmente desordenadas. Como si el viejo Goro hubiera estado intentando huir de algo terríficamente aterrador, o bailando una extraña coreografía sobre el lodo. No hay marcas de lucha, ni rastro de sangre, ni señales de forcejeo; solo sus botas dando giros absurdos antes de adentrarse de golpe en la parte más densa de la espesura.

El guardabosques le da una palmada ligera a la mesa, devolviendo la urgencia al asunto mientras la observa con renovada confianza.

—Si vas a seguir su rastro, te sugiero que lleves los ojos bien abiertos. Sea lo que sea que haya provocado que un cazador veterano empiece a dar pasos de baile en medio del bosque, más vale que no te coja desprevenida. El sendero norte es todo tuyo.

El sendero norte recibe a quien se adentre en él con una alfombra de hojarasca crujiente y una humedad que se adhiere a la piel como una mala costumbre. Las ramas bajas, cargadas de rocío, se apartan con un chasquido seco; a pocos metros, las huellas del cazador abandonan la vereda principal y se adentran de golpe en la maleza más densa.

Ahí están las marcas sobre el lodo: la bota izquierda pisa con firmeza, la derecha da un rodeo innecesario de medio metro, y justo frente a un tronco caído, el terreno muestra un giro de ciento ochenta grados que desafía cualquier lógica táctica.

Un par de metros más adelante, un arbusto de bayas salvajes comienza a temblar violentamente de forma sospechosa. Entre las hojas, un par de ojos desorbitados devuelven la mirada hacia el camino... seguidos de un mordisco apresurado a una tarta de manzana medio aplastada que cuelga patéticamente de una rama vecina, delatando que no hay bestias titánicas ni maldiciones ancestrales acechando en la bruma, sino una huida desesperada y quizás un tanto ridícula.
Yocko
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23-07-2026, 04:53 PM
« Bai lan do » Pensó. Quizás era una broma, una forma curiosa de describirlo, pero el sendero no tardó en demostrar que el guardabosques no había exagerado. Yocko observó las huellas durante unos instantes. Primero una pisada normal. Luego otra que se desviaba sin motivo aparente. Después un giro tan extraño que parecía que el cazador hubiera recordado de pronto que había olvidado algo importante y hubiese intentado regresar sobre sus propios pasos. « O está huyendo de algo... ¿avispas? » Levantó la mirada, buscando entre las ramas de los árboles, suspendidas sobre su cabeza. « ¿No? »
Se acuclilló para examinar mejor el barro, intentando reconstruir mentalmente lo sucedido. No era una rastreadora experta, pero incluso para ella resultaba evidente que aquellas marcas carecían de sentido. Entonces escuchó un crujido e instintivamente dirigió la mirada hacia el lugar de donde provenía.

Había un arbusto que había empezado a sacudirse como al ritmo de unas maracas. No un movimiento suave provocado por el viento, sino sacudidas nerviosas, rápidas y torpes. Yocko se quedó inmóvil. De pronto lo descubrió: la mirada de un extraño camuflado allí.
Un instante después una mano surgió entre las hojas y sujetó una tarta visiblemente maltratada. Acto seguido llegó un mordisco. « ¡Es cierto! » se dijo Yocko con desesperación « No desayuné. »

Durante unos segundos permaneció observando la escena sin terminar de comprender qué estaba ocurriendo. Su estómago rugía ante la provocación reciente. Había salido a buscar a un cazador desaparecido, con tanta emoción que olvidó comer algo. Dejando eso de lado, en algún punto del camino había esperado encontrar un asesinato, un animal salvaje super épico; no a una persona escondida detrás de un arbusto comiendo tarta. « ¿Es este? » Se preguntó, acercándose al extraño con desconfianza. Si era una amenaza, probablemente era la amenaza mejor alimentada que había visto en su vida.

Avanzó un paso. Después otro. Con cuidado apartó una rama baja que se interponía en su camino y trató de observar mejor a la figura escondida entre la vegetación. Al mismo tiempo, sus ojos descendieron inevitablemente hacia la tarta. « Manzana. » La reconoció casi de inmediato. No era especialmente grande ni tenía buen aspecto. De hecho, parecía haber sobrevivido a una guerra particularmente violenta. Aun así, seguía siendo una tarta de manzana.

Yocko tragó saliva. Tenía que concentrarse en su misión. No quería sobresaltar al sujeto, ya había aprendido que las personas reaccionaban de formas muy distintas cuando se sentían acorraladas y no tenía ninguna intención de perseguir a alguien por todo el bosque. Con la otra mano señaló las huellas impresas en el barro detrás de ella. Después señaló al individuo oculto entre las ramas y arqueó una ceja.
El gesto era sencillo. « ¿Fuiste tú? »
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23-07-2026, 05:44 PM
El crujir de las ramas se detiene de golpe ante el gesto mudo y la acusación silenciosa. Tras el follaje del arbusto se escucha un sonido ahogado, una exhalación tensa y un gulp estruendoso que traiciona un atragantamiento inmediato con media manzana.

Un par de ojos inyectados en sangre —rodeados por una barba completamente descuidada, cejas pobladas de polvo y restos de hojarasca incrustados— asoman lentamente por encima de la tarta maltrecha. El individuo sostiene el postre con ambas manos, temblando levemente como si acabara de ser descubierto en plena conspiración internacional en lugar de cometer un asalto a la repostería silvestre.

—¡Las circunstancias me obligaron! —exalta el hombre en un susurro ronco, con la voz quebrada por el pánico, el hambre y una profunda falta de dignidad, mientras una migaja traicionera sale disparada hacia el aire—. ¡Y el terreno estaba inestable! ¡Ese tronco de ahí apareció de la nada con claras intenciones hostiles! ¿Qué se supone que hiciera? ¿Dejar que una tarta de manzana con semejante nivel de azúcar y potencial casero pereciera abandonada en el lodo? ¡Eso habría sido un crimen contra la humanidad!

El autodenominado cazador experimentado intenta retroceder medio paso dentro de su improvisado escondite para adoptar una postura defensiva, pero sus botas se enredan de inmediato con su propio equipo de campamento colgado al cinto. El resultado es una reacción en cadena tan ruidosa como patética: una sartén de hierro amarrada a su mochila golpea contra una cantimplora oxidada, un rollo de cuerda de cáñamo se desenrolla en espiral atrapándole un tobillo, y una pequeña lluvia de ramitas secas cae directamente sobre su cabeza, desatando un estruendo metálico que rompe por completo la solemne quietud del Valle Sombrío.

Con la respiración agitada y medio envuelto en su propia cuerda, el hombre parpadea con desconcierto, mirando alternativamente a la kunoichi que lo observa y a los extraños trazos de barro que él mismo había dejado atrás horas antes al intentar huir de un caracol particularmente veloz.
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23-07-2026, 06:07 PM
Yocko permaneció inmóvil mientras observaba cómo el desconocido se enredaba progresivamente en una guerra que parecía estar perdiendo contra la totalidad de sus propias pertenencias. Sus ojos siguieron el recorrido de la cuerda, luego la sartén, después la cantimplora y finalmente la lluvia de ramitas que terminó cayendo sobre la cabeza del hombre.

Durante un instante llegó a preguntarse si aquella era la famosa actividad extraña de la que había hablado el guardabosques. Luego recordó que estaba buscando a un cazador experimentado. « Experto... ¿Experto? » Volvió a mirar al sujeto. Esta vez con completo desconcierto. « Ah. » La conclusión no fue especialmente alentadora: El hombre había pasado varios días librando una batalla feroz contra el bosque y, a juzgar por el resultado, el bosque estaba ganando por una diferencia considerable. Si ella podía llamarse ninja mientras disparaba químicos mata insectos en todas las direcciones, entonces seguramente era así como los cazadores se hacían expertos, siendo uno con la naturaleza.

Aquello era una buena noticia. La expresión alarmada del cazador, sumada a la apasionada defensa que acababa de hacer de la tarta, no le transmitían precisamente la imagen de alguien herido o atrapado contra su voluntad. Más bien parecía la clase de persona que había tomado una mala decisión y luego había seguido tomando decisiones cada vez peores durante tres días consecutivos. « Al menos yo cambié de estrategia y usé la manguera » pensó, mientras asentía con la cabeza.

Sacó la libreta y el lápiz que llevaba consigo. Había escuchado atentamente toda la explicación, pero aún no estaba segura de haber entendido ninguna parte - especialmente lo relacionado con el tronco agresivo -. Finalmente escribió unas pocas palabras y le mostró la hoja. « ¿Usted es Goro? » Después imitó con una mano un movimiento torpe, girando sobre sí misma como alguien que hubiera olvidado repentinamente hacia dónde iba. Sus ojos se desplazaron lentamente hacia el tronco caído que descansaba a pocos metros de distancia. Permaneció observándolo durante varios segundos, esperando quizá descubrir algo sospechoso. Una grieta con forma amenazante. Una rama levantada en actitud agresiva. Alguna evidencia que respaldara la acusación.

No encontró nada. El tronco seguía siendo, hasta donde alcanzaba su experiencia, un tronco. Aun así, decidió no descartar la teoría por completo. El bosque era enorme y ella llevaba apenas unos minutos allí. Había aprendido hacía tiempo que las cosas más extrañas solían ocurrir precisamente cuando uno estaba completamente seguro de que eran imposibles. Además, aquel hombre llevaba tres días sobreviviendo solo en la espesura. Si alguien tenía autoridad para discutir con la vegetación, probablemente era él.

Finalmente escribió una segunda pregunta. « ¿El tronco lo atacó antes o después de fumar? »

Mientras esperaba respuesta, volvió a fijarse en el equipo que colgaba de su cinturón. La cuerda seguía enredada alrededor de una de sus piernas, la sartén descansaba torcida contra una raíz y la cantimplora oscilaba de un lado a otro como si todavía estuviera intentando escapar del incidente. Por alguna razón, aquella visión terminó de convencerla de que sí había encontrado a la persona correcta. Con una paciencia que habría sorprendido incluso a sus profesores de la academia, aguardó la respuesta. Aunque una pequeña parte de ella esperaba sinceramente que el asunto del tronco fuese real. Después de todo, si regresaba a la aldea con la historia de que había localizado al desaparecido gracias a una tarta de manzana y a una disputa territorial con un árbol caído, nadie iba a creerle.
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23-07-2026, 06:13 PM
El hombre parpadea con rapidez, intentando liberar su pie derecho de la soga mientras la sartén golpea rítmicamente contra su bota en un triste compás de derrota. Al leer la primera pregunta en la libreta, asiente de forma enérgica con la cabeza, golpeándose accidentalmente la frente contra una rama baja en el proceso.

—¡Sí, soy Goro! ¡El mejor rastreador de estos sectores, el terror de la fauna local y... bueno, actualmente rehén de mi propio equipo de campamento! —balbucea, con la voz temblorosa mientras intenta incorporarse sin éxito, volviendo a enredarse en el proceso.

Sin embargo, cuando sus ojos se detienen en la segunda pregunta —la del tronco y el presunto consumo de sustancias—, toda traza de miedo desaparece de su rostro, reemplazada de inmediato por una indignación profunda y totalmente fuera de lugar. Sujeta lo que queda de la tarta de manzana contra su pecho como si fuera un escudo protector y señala el suelo con el dedo índice con dramatismo.

—¡No estaba fumando nada raro! ¡O al menos no al momento del incidente! —protesta con tono agudo, ofendido en su más hondo orgullo como cazador—. ¡Y te digo que ese madero tiene maña! ¿Viste la forma en que se interpuso en mi camino? ¡Juro que ese maldito tronco se movió dos centímetros a la izquierda justo cuando pasaba corriendo! ¡Fue una emboscada forestal en toda regla, te lo juro!

Goro suelta un suspiro cansado, rindiéndose temporalmente a su prisión de cáñamo y hojarasca, mientras deja caer los hombros con la derrota de alguien que ha aceptado que su dignidad jamás saldrá intacta de ese bosque.
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23-07-2026, 06:43 PM
« Al menos no al momento del incidente. » Aquella frase le pareció extrañamente específica. Mientras reflexionaba sobre ello, observó cómo el hombre seguía atrapado y finalmente parecía haberse rendido. El bosque había vencido y ella había sido testigo de la derrota. Por un instante consideró ayudarlo de inmediato, pero en su mente seguían apareciendo preguntas, más bien una lluvia de ideas.
« ¿Por qué corría? » Fue la única formulación completa que logró imponerse sobre las demás. La pregunta le parecía más importante que la del tronco. Porque incluso suponiendo que el árbol hubiera decidido participar activamente en los acontecimientos, seguía existiendo un problema anterior: alguien había provocado que un cazador veterano huyera tan deprisa que terminara perdiendo una guerra contra una cuerda, una sartén y su propia coordinación.

Con un pequeño suspiro guardó el lápiz entre los dedos y se acuclilló frente a él. Si algo había aprendido en sus misiones era que las personas asustadas solían explicar mejor las cosas cuando dejaban de correr... o cuando dejaban de pelear contra el mobiliario del bosque. Aunque no estaba convencida de que liberarlo fuera la decisión más inteligente, tampoco podía presentarse ante el guardabosques diciendo que había localizado al desaparecido y luego lo había dejado secuestrado por su propio equipaje.

Mientras le ayudaba a desenredarse, una nueva idea atravesó su cabeza.  « ¿Y si este es un impostor y está usando al tronco como coartada? » La idea surcó su cuerpo atravesando la espina dorsal con un tirón eléctrico que la dejó inmóvil durante un instante. Pero ya era demasiado tarde. El hombre estaba prácticamente libre. No podía hacer más que reaccionar de forma apropiada, pero ¿cómo? ¿Cuál era el protocolo en estos casos? Se le ocurrió una respuesta inmediata y probablemente terrible: tenía que golpearlo en la cabeza con algo, lo suficientemente fuerte para dejarlo inconsciente y luego arrastrarlo camino abajo, hasta entregarlo con las autoridades. Sin embargo, aquella brillante estrategia se derrumbó casi al instante, ¿Cómo comprobaría que era el impostor? ¿Qué pruebas tenía? ¿Y qué evidencias respaldaban la versión del tronco?

Tenía las manos vacías, era su palabra contra la de él.

Decidió detener aquel torbellino antes de que siguiera creciendo. Sacó nuevamente la libreta y escribió con trazos firmes: « Debe venir conmigo. Su familia lo está buscando. » Señaló el camino de regreso y trató de mostrarse tan tranquila como había estado hasta entonces.
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23-07-2026, 06:57 PM
El último lazo de cuerda cede ante un tirón torpe, permitiendo al cazador recuperar finalmente la movilidad de sus extremidades. Goro se pone de pie con dificultad, sacudiéndose las hojas secas de los hombros y adoptando la estampa patética de un náufrago urbano que ha perdido toda dignidad. Sin embargo, en cuanto sus ojos leen las palabras impresas en la libreta —«Debe venir conmigo. Su familia lo está buscando»—, todo el color se drena de su rostro de forma instantánea.

La tarta de manzana medio maltrecha se le resbala de las manos, cayendo directo al lodo con un golpe seco que parece marcar el fin de sus días. El hombre da un paso tambaleante hacia atrás, mirando a todos lados con paranoia aguda, como si los árboles mismos fueran testigos de su deshonra, y sujeta la manga de la túnica de la kunoichi con una desesperación mucho más intensa que la que mostró ante el infame tronco.

—¿Mi familia? ¿Dices que mandaron a buscarme? —susurra con un hilo de voz aterrorizada, comenzando a sudar frío a pesar de la fría neblina del bosque—. ¡No puedo volver así como así! ¡Tienes que entenderlo! No estoy perdido por culpa de una bestia salvaje, ni siquiera por el maldito madero rencoroso... ¡Estoy huyendo de una catástrofe romántica!

Goro se agarra la cabeza con ambas manos, revolviéndose los cabellos llenos de ramitas mientras confiesa su terrible secreto con total falta de filtro y dignidad:

—¡Todo empezó como una aventura clandestina! ¡Una escapada romántica de lo más prohibida con la hija menor de una de las familias más adineradas y poderosas de la región! Pero a las pocas horas descubrí que la discreción no era su fuerte, que su padre tiene guardias con contratos vitalicios y que toda su parentela estaba dispuesta a usarme como adorno de jardín si me veían cerca de la mansión. ¡Cuando quise huir discretamente para regresar a casa y fingir que nada pasó, me desorienté en la niebla y terminé acampando sin querer justo en los terrenos de su opulenta casa de campo!

El autodenominado experto en supervivencia da un respingo, mirando hacia los matorrales con pánico antes de continuar con su patética confesión:

—¡Para no morir de hambre, tuve que convertir la despensa de su propia casa de campo en mi supermercado personal durante tres días enteros! ¡He estado desvalijando quesos importados, embutidos finos y tartas de manzana bajo las narices de los sirvientes! Si los patriarcas de esa familia me atrapan, la desaparición de la que tendrán que encargarse no será la mía, sino la de mi cadáver tirado en un barranco.

Con el pecho agitado y temblando de pánico ante la perspectiva de enfrentar a los furiosos parientes de su amada, Goro se queda inmóvil, a merced de lo que la kunoichi decida escribir o hacer en su última intervención para dar cierre definitivo a esta desastrosa misión de rescate.
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23-07-2026, 07:41 PM
Yocko permaneció inmóvil durante toda la explicación. Al principio porque estaba intentando comprender exactamente qué le estaba contando el cazador. Después porque estaba intentando aceptar que lo había comprendido correctamente. La diferencia entre ambas tareas resultó mucho mayor de lo que esperaba. 
Su mirada pasó lentamente de Goro al bosque que los rodeaba. Observó los árboles, la niebla suspendida entre las ramas y el sendero que había seguido para encontrarlo. Después bajó la vista hacia la tarta de manzana, que ahora reposaba derrotada en el barro como una víctima colateral de aquella tragedia. Su estómago volvió a rugir, lo que le recordaba que había algo más importante pendiente. Finalmente volvió a observar al cazador.

Repitió aquel recorrido con la mirada una segunda vez, como si al hacerlo fuera a descubrir algún detalle que hubiera pasado por alto. El cazador seguía allí, nervioso y cubierto de ramas. La tarta continuaba hundiéndose lentamente en el barro. El bosque permanecía igual de tranquilo que antes. Nada parecía encajar con la clase de historia que ella había imaginado cuando recibió la misión. Durante buena parte del camino había considerado la posibilidad de un accidente, una caída por los barrancos o incluso alguna criatura extraña rondando la espesura. En cambio, acababa de descubrir que el desaparecido había pasado tres días escondiéndose de los problemas que él mismo había fabricado. « Qué curioso. » Pensó. « Los problemas crecen más rápido que las plantas. »

Permaneció pensativa unos instantes mientras intentaba ordenar toda aquella información. La parte romántica del asunto le resultaba especialmente difícil de analizar. No tenía experiencia suficiente para determinar si era normal huir al bosque después de enamorarse, ni si el proceso incluía robar tartas, esconderse entre arbustos o desarrollar una rivalidad personal con un tronco. Quizás sí. Después de todo, tampoco sabía mucho sobre el amor. Lo único que tenía claro era que, si algún día ella desaparecía durante tres jornadas completas, esperaba que la explicación fuera un poco más impresionante que aquella. Aunque, siendo sincera consigo misma, tampoco estaba completamente segura de poder prometerlo.

No llevar de regreso al hombre no significaría necesariamente perder su recompensa. Ya había extraviado un cargamento entero de paquetería procedente de distintas naciones y tampoco había sufrido consecuencias especialmente graves. Por otro lado, arrastrarlo de vuelta contra su voluntad supondría un problema aún mayor. Eso era un secuestro. O algo muy parecido. Yocko no estaba dispuesta a convertirse en criminal por culpa de una misión de búsqueda.

Además, cuanto más pensaba en la situación, más difícil le resultaba decidir quién era realmente la víctima de aquella historia. Goro había desaparecido, sí. Pero también llevaba tres días huyendo, escondiéndose y alimentándose de forma cuestionable por culpa de una desgracia sentimental que, según parecía, lo había expulsado de su vida normal. ¿No era él el afectado en todo aquello? Quizá la misión no consistía en encontrar al desaparecido. Quizá consistía en descubrir quién había provocado su desaparición. La idea le pareció razonable durante unos segundos. Luego se preguntó si aquella lógica resistiría una conversación de más de un minuto con el guardabosques. Fuera cual fuese la respuesta, tendría que averiguarlo por sí misma. Después de todo, la misión no terminaría hasta que entregara las noticias del rescate.

Así que emprendió el camino de regreso y, una vez estuvo de vuelta en el puesto de control, relató todo lo ocurrido. O al menos todo lo que recordaba. Incluyó la desaparición, la historia romántica, los tres días de exilio voluntario, la enemistad manifiesta con un tronco y también el injusto asesinato de una tarta de manzana que, a juzgar por su aspecto, debía valer millones.
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Masashi Kishimoto
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24-07-2026, 03:53 PM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: MISION D: El Fantasma (TID 14198)
Tipo: Misión Normal · Rango: D
  • Yocko — Participante (100%): 500 Ryos, 5 Tobis, 70 Exp
  • Akira Hyuuga — Narrador Oficial (100%): 750 Ryos, 0 Tobis, 50 Exp, Pergamino PERG002

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
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