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Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto   ›   Mundo   ›   Pais del Fuego   ›   Konohagakure no Sato   ›   Zona Comercial
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Dos puntos de vistas
Akira Hyuuga
Rango Chuunin
Clan Hyuga
Nivel 20
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Fuerza100(5)
Destreza100(5)
Ctrl. de Chakra100(5)
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Especiales
Salud15
Velocidad25
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20-06-2026, 01:35 PM
El distrito comercial de Konoha era, en opinión de Akira, un desfile absurdo de hipocresía. El aire estaba saturado con una mezcla empalagosa de incienso caro, especias importadas y el perfume de aquellos que gastaban más dinero del que tenían para aparentar un estatus que no poseían. Mientras el resto de la aldea caminaba con la ligereza propia de quien cree que la paz es un estado permanente, Akira estaba sentado en cuclillas sobre una caja de madera de transporte, ocupando el espacio con una arrogancia natural que molestaba a los viandantes.
Su apariencia era un choque visual: vestía un chaleco de artes marciales negro con bordes carmesí que marcaba sus hombros anchos y su complexión fibrosa, rematado con unos pantalones blancos holgados que se movían con cada uno de sus gestos. Sus pies estaban descalzos, con la piel curtida y sucia de tanto caminar por los barrios bajos. Pero lo que realmente llamaba la atención eran sus guanteletes: un rojo brillante, pulidos hasta el exceso, que descansaban sobre sus rodillas. Los cuidaba como si fueran reliquias sagradas, aunque los usaba para reventar cabezas en peleas de taberna. Su banda ninja no estaba en su frente, ocultando su rostro, sino amarrada de manera rebelde alrededor de su cuello, como una bufanda barata.
A su lado, su gato blanco, un animal de una elegancia insultante y ojos heterocromáticos, observaba el mundo con la misma superioridad que Akira.
—Mira a esa gente, gato —masculló Akira, con la voz grave y rasposa—. Compran katanas decorativas que se romperían si intentan cortar una sandía. Es todo teatro. El día que tengan que defenderse de verdad, van a darse cuenta de que el "estilo" no para una kunai.
Sacó un pequeño termo de metal y bebió un sorbo de té Matcha amargo, disfrutando del sabor terroso que le recordaba que, al menos, él era real. Era un joven de contradicciones: poseía la estirpe de la rama principal de los Hyūga, pero su mirada—esferas perladas que no necesitaban parpadear para ver el flujo de la energía—estaba fija en los cargadores, en los herreros y en la gente que se ensuciaba las manos, no en los políticos que vivían en las altas esferas.
Entonces, el sonido de la realidad golpeó la calle: un ¡CRACK! seco y metálico.
A unos diez metros, un vendedor de frutas había sobrecargado su carrito con una cantidad de melones y sandías que desafiaba cualquier ley de la física y el sentido común. La rueda derecha, rendida ante la codicia del comerciante, estalló. El carrito se ladeó violentamente, soltando su carga y convirtiéndose en un proyectil de vitaminas que empezó a rodar cuesta abajo, ganando una velocidad alarmante hacia donde un grupo de civiles distraídos miraba un escaparate de joyas.
—¡Oh, brillante! ¡Día de ensalada gratuita en el asfalto! —exclamó Akira, soltando un bufido de ironía.
No hubo meditación, ni planes complejos. Su cuerpo reaccionó antes que su mente. Se puso en pie de un salto, descalzo, activando su Byakugan por puro instinto; el mundo se volvió una red de venas de chakra y trayectorias físicas. Vio a una chica cerca, alguien cuya postura delataba un entrenamiento ninja que contrastaba con la mediocridad del resto de la multitud.
Akira se lanzó hacia adelante, corriendo con una zancada felina, los guanteletes rojos brillando bajo la luz del sol mientras se ajustaba las correas con los dientes en un movimiento aprendido de mil peleas.
—¡Oye, tú! ¡La del uniforme! —gritó, su voz cortando el barullo de la calle con una urgencia brutal—. ¡No te quedes ahí mirando! ¡Si no interceptamos ese carrito de sandías ahora mismo, vamos a tener zumo de fruta por toda la calle principal y el papeleo va a ser un dolor de cabeza! ¡Ayúdame a detenerlo antes de que alguien termine convertido en mermelada!
Akira tensó los músculos de sus piernas, listo para usar sus manos como frenos, esperando que aquella chica tuviera la suficiente sangre fría para improvisar un bloqueo junto a él, sin importar lo ridículo que se viera salvar un puesto de frutas.
[Imagen: JK2RddW.png]
Lanita
Rango Genin
Clan Uchiha
Nivel 3
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22-07-2026, 06:39 PM
Última modificación: 22-07-2026, 06:42 PM por Lanita.
A ella le gustaba cuando Konoha empieza a despertar su fuego interior, cuando las calles dejaban de ser un simple lugar de paso y se llenaban de personas, voces y problemas.

Sin embargo, no estaba emocionada por ver un mercado lleno de comerciantes intentando vender más que el vecino. Ella veía otra cosa, veía las caras de los que participan, buscando a los responsables de aquella noche.

Nunca dejaba de buscar, años podían pasar y los recuerdos volverse borrosos, pero seguía convencida de que, tarde o temprano volvería a cruzarse con alguno de esas personas que la habían atacado y le habían arrebatado a su madre

Quizá por eso nunca dejaba de hacer planes. Tenía planes, muchos planes para hoy. Su cabeza era incapaz de quedarse quieta y mientras caminaba ya estaba pensando con sus ojos llenos de rabia, la mandíbula apretada, en lo siguiente…

“Los mataré. Los mataré a todos”

Quería encontrarse con estas personas de Kiri y vengarse.

Pobrecita! Ella… tan hermosa, con ese cabello rosado, esos rasgos delicados, que ni siquiera se daba cuenta como el resto la miraba. Llamaba la atención… tan fácil, pero por dentro nadie sabía de su pasado, de sus obsesiones, de su oscuridad que brilla dentro de su luz.

Estaba distraía en su venganza cuando un carrito cargado de melones y sandias frescas recien sacadas de su cosecha, desencendió sin control por una pendiente, las ruedas rebotaban.

Un muchacho reaccionó antes, se movía rapido… y la llamó “¡Oye, tú! ¡La del uniforme!”

Lanita tardó un segundo en comprender que le hablaba a ella.

Sí, cariño... te están hablando a ti. Recuerda que llevas el uniforme. Mírate. Será mejor que le hagas caso.

Escuchó mis palabras… aquellas palabras con la misma naturalidad con la que cualquiera escucharía a una persona de pie a su lado. Ni siquiera se cuestionó de dónde venían. Simplemente estaban ahí, acompañándola como siempre.

Parpadeó despacio. Sus ojos abandonaron por fin la multitud y se posaron sobre el carrito desbocado.

Su mente desquiciada calculó todo al mismo tiempo, la velocidad, la distancia, etc. La desgraciada no sentía preocupación si el carrito los arrollaba, sin embargo, llamaría demasiado la atención y llamar la atención era lo que no quería.

Soltó un leve suspiro, decepcionada por tener que actuar y avanzó con rapidez hacia la impropia situación. Corrió lanzando una patada. Su pierna impactó directamente contra la rueda que aún resistía el peso de la carga.

La rueda crujió y terminó destrozándose bajo la fuerza del impacto. La carreta perdió estabilidad, cayó de lado y comenzó a deslizarse por el suelo, arrastrando parte de la mercancía hasta que finalmente se detuvo unos metros más adelante.

Las sandías y los melones quedaron esparcidos por el empedrado, pero el peligro había desaparecido. Desde ahí, con manos descansando en su cintura, dijo con una sonrisa pícara…

—Que escándalo… Ahora me debes un favor.
Estoy buscando gente de Kiri, son… familiares, ¿sabes si vienen de visita por este evento?
Si no… ¿sabes como puedo ir a Kiri?
Akira Hyuuga
Rango Chuunin
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23-07-2026, 11:43 PM
El polvo levantado por el desastroso final de la carreta comenzó a disiparse lentamente entre los escombros de melones y sandías rotas. A su lado, el gato blanco de ojos heterocromáticos soltó un maullido seco, casi burlón, antes de estirar una pata con total elegancia.

Akira se mantuvo en cuclillas un instante más, evaluando a la chica de cabello rosado y el uniforme ninja. Sus esferas perladas la recorrieron de arriba a abajo con una mezcla de curiosidad desconfiada y fastidio. Se puso de pie con un movimiento ágil, acomodándose los brillantes guanteletes rojos en las muñecas mientras resoplaba por la nariz.

—¿Un favor? —repitió, cruzándose de brazos con una mueca de incredulidad y soltando una risa corta y áspera—. Tú destrozaste la rueda a patadas y yo puse el aviso para que nadie terminara hecho puré. Digamos que estamos a mano, niña de uniforme. No me vengas con cuentas pendientes.

Se cruzó de brazos, ensanchando la espalda mientras fruncía el ceño ante su siguiente pregunta. Sus ojos blancos parpadearon con genuina desconcierto.

¿Kiri? El nombre sonaba extraño, carente de cualquier sentido en las calles de Konoha o en los mapas mentales que había trazado de sus caminatas por los barrios y los suburbios.

—¿Kiri? —espetó, ladeando la cabeza con una expresión de total incomprensión, como si le estuviera hablando en un idioma extranjero—. ¿De qué diablos estás hablando? No he viajado por medio mundo, es verdad, pero te aseguro que no recuerdo ningún pueblo, aldea o asentamiento en todo el País del Fuego que lleve ese maldito nombre.

Akira dio un paso al frente, clavando sus ojos perlados en los de ella, buscando algún rastro de broma o locura en su mirada.

—¿Es un apodo idiota para algún bar clandestino de mala muerte o te pegaste muy duro en la cabeza con una de esas sandías cuando se volcó el carrito? Porque aquí no existe nada llamado "Kiri". Así que, si estás buscando familiares o lo que sea, vas a tener que ser más específica... o empezar a buscar en otro lado.
[Imagen: JK2RddW.png]
Lanita
Rango Genin
Clan Uchiha
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24-07-2026, 04:35 PM
El polvo del suelo se levantó por el desastre, se levantaron las partículas hasta la la altura de sus rostros, el delicado y pálido rostro de la muchacha no mostró ninguna expresión de molestia, dejó que el polvo suspendido se desvaneciera o se corriera hacia un lado gracias a una corriente de aire. No, no era molestia el polvillo. 

Se quedó parada con su postura erguida, observando los sucesos. La carreta en el suelo junto con las frutas, pero lo que le molestaba era el joven que le hablaba como si fuese… ¿quién? Eso la hizo arrugar su nariz y sus ojitos lo miraron fijamente evaluando la pose y las armas que llevaba consigo. No sintió miedo, por sus traumas del pasado sintió que la estaban amenazando

“ ¿Qué se cree este… maldito? “

❦ Al parecer el chico de verdad no sabe de lo que hablas, señorita Lanita, o puede que te esta ocultando algo, no lo sé, no leo mentes, excepto la tuya

Lanita pensativa acarició sus propias yemas y sus uñas, midiéndolas, notando que ya se encontraban lo bastante largas, duras, listas para usarlas en cualquier momento y el momento podría ser este, porque él sí podría estar queriendo ocultar la información, ¿tal vez él sabe de ella? ¿Estará haciéndose el difícil? 

❦ Vamos Lanita. Sácale la información

Haciéndome caso, sacó a flote la intensidad dentro de su cuerpo, se apresuró a dar sus primeros pasos, se acercó tanto al muchacho de ojos perlados que decía que no le debía nada, que ya estaban a mano, ¿pero cómo? Si ella no le ha pedido nada y cuando lo hizo él no le dio nada a cambio. Ya frente a él, sus manos se deslizaron sobre la ropa ajena. ¿Iba a usar las palabras? Sí, algo así…

— Que hermosa tela… es suave y de ca-li-dad.
No. creo que quieras mancharla con… tu sangre, ¿verdad?
Dime, dime donde puedo encontrar lo que se llama Kiri

Vaya, ni Lanita tenía idea. Pero no se sentía a mano. Lo que había hecho él no le era suficiente.
Su furia por encontrar a los responsables era tanto que sus manos que tocaban la tela, subieron hasta el cuello de la ropa ajena y apretó sus manos hasta hacerlos puños, lo sujetó e intentó elevarlo, hacia fuerza hacia arriba, quería levantarlo, ¿tenía la fuerza? Por ahora lo estaba midiendo.
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