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Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto   ›   Mundo   ›   Pais del Agua   ›   Kirigakure no Sato
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  ›   [Misión Simple] El ladrón de peces Koi [misión E con Douma Y Sozen]
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El ladrón de peces Koi [misión E con Douma Y Sozen]
Arako Heizu
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03-07-2026, 03:47 AM
La abuela Shuto era una anciana que trabaja desde que Kiri se le puso por primera vez Kiri, en un restaurante llamado “La cerveza del bagre” Uno de esos locales de comida rápida que todos frecuentaban cerca del vario más pobre y aledaña a la susodicha fábrica de antídotos Kodon, por lo que su comida jamás había sido de la mejor calidad… E incluso algunos se preguntaba si pasaba la comida por los mejores estándares de calidad, aun así, era conocida por dos cosas.

La primera era la evidente sonrisa que ponía esa amorosa señora, llamando por nietos a cada hombre y mujer que pasara por el restaurante por una buena tanda de pescado teriyaki, o que simplemente frecuentase la zona, logrando ganarse más de un corazón además del bolsillo de la misma gente, siendo a pesar de ser no más que una casucha con un patio techado para que todos coman... Un muy buen lugar para almorzar cuando uno tenía hambre después de las practicas ninja que muchos jóvenes hacían.

Lo segundo era por otro lado, su pileta aledaña a la tienda la cual se encargaba de mantener la misma doña Shuto alimentada constantemente, día a día dando migajas de pan y alimentos para peces varios, intentando siempre que estén lo mas sanos posibles, es que termino encariñándose con aquella criatura acuática que tanto le llamaba la atención.

Su nombre era “ki” un pez koi especialmente hermoso con un tono de piel blanco y especialmente cargado de energía con una profunda belleza, debido a sus tonos de manchas que normalmente era naranjas… Se mostraban en sus escamas de un azul marmolado muy hermoso, que podría ser la envidia de cualquier especialista en el tema de acuarios, razón por lo cual muchas veces tuvo que tirar gente al agua, para que no se lo robasen, pegando con su escoba favorita a quien se atreviese a meterse al estanque con malas intenciones...

Entonces un fatídico día de verano donde la niebla estuvo especialmente baja y que para las personas normales como ella era señal de no salir… El pez simplemente desapareció. Esto desato que al día siguiente la señora llamase a los ninjas generándoles la misión que actualmente se encuentran, siendo desde eso un día y medio más o menos... Debido a la baja prioridad que le dieron a su caso, sería que la mayoría de las pistas en la zona están bastante alteradas, pero por suerte para ustedes hay un sospechoso principal, un tal Daichi conocido por la zona por estudiar venenos para el clan y que… Según la dueña del recinto, suele quedarse viendo aquel pez con sumo deseo ¿Qué harán entonces? ¿Buscaran más información? ¿O simplemente irán en busca del chiquillo?
Info del pj
Crono del pj

cancion del personaje
[Video: https://www.youtube.com/watch?v=OHAjc-ay...rt_radio=1]
Sōren Mizushima
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03-07-2026, 06:06 AM
"La sombra del koi
abre las aguas de la niebla;
la luna reposa."


La neblina cubría por completo la serena aldea de Kirigakure. La luna la iluminaba por momentos, cuando la densa y espesa cortina de misticismo se lo permitía.

Abrí los ojos. Estaba en mi habitación, reposando mi enorme cuerpo sobre aquel cómodo y firme futón. Pasé una mano por mi rostro para despabilarme; cerré los ojos durante unos segundos y procedí a respirar profundamente. Mis pulmones se llenaron de aquel oxígeno húmedo y frío, propio de la neblina casi permanente que nos visitaba todos los días.

Me incorporé lentamente, levantando mi pesado torso hasta ponerme de pie y escapar, por fin, del calor de las cobijas.

El calor que estas conservaban contrastaba con el frío del ambiente, y sentí el brusco cambio de temperatura. Un ligero escalofrío recorrió mi cuerpo mientras mi piel se erizaba. Tomé una bata que descansaba sobre una pequeña mesa de noche cercana y cubrí mi pecho y espalda desnudos. Solté un largo suspiro antes de caminar hacia la puerta de tatami que separaba el pasillo del resto de mi habitación.

Me dirigí al baño y, a lo lejos, alcancé a distinguir una figura pequeña y encorvada que se escabullía entre la oscuridad del hogar. La abuela Mito servía a mi familia desde antes de que tuviera memoria y, desde entonces, preparaba mis baños calientes cada mañana.

Sonreí ante aquel gesto cotidiano, que nunca dejaba de ser una muestra de cariño y dedicación por parte de la mujer que tanto nos había dado. No era alguien carismática, ni destacaba por una personalidad efusiva. Era seria, callada y silenciosa; exactamente como la niebla que envolvía esta aldea.

Entré al baño para asearme con rapidez y prepararme para un día más.



**********************************


Deslicé suavemente la puerta de mi casa para salir al exterior. Como cada mañana, me dirigí a la Oficina de Misiones de la aldea. La noche anterior se me había informado que probablemente se nos asignaría una tarea. Como aún no conocía a mi equipo, se me había indicado que trabajaría junto a otro shinobi, algo que no representaba mayor inconveniente para mí.

Era curioso que un monje de treinta y cinco años hubiera decidido emprender el camino del ninja después de haber servido durante tantos años al monasterio y a la orden de monjes del clan Terumi.

Aunque contaba con el entrenamiento necesario, nunca me había incorporado formalmente a una misión. El mundo estaba cambiando y muchas cosas sucedían más allá de los muros de Kirigakure. Si alguien me preguntara: "Sōren, ¿quieres ser ninja?", mi respuesta sería un rotundo no. No luchaba por el deseo de convertirme en shinobi, sino por las creencias y los valores que el monasterio y el clan habían sembrado en mí. Sin embargo, comprendía que, en ocasiones, el deber deja de ser una elección.

Mis pensamientos me hicieron divagar tanto que, sin darme cuenta, ya me encontraba frente a la Oficina de Misiones. Me acerqué a una de las ventanillas y saludé con una leve inclinación de cabeza al shinobi que me atendía.

—Nombre... —preguntó con tono serio.

—Sōren... —respondí.

El joven arqueó una ceja. Comprendí de inmediato.

—Sōren Mizushima.

Buscó mi nombre entre los pergaminos repletos de registros y asignaciones, hasta detenerse en el apartado correspondiente a las misiones de rango D. Tomó un sobre de una caja donde se apilaban diversas solicitudes de los habitantes de la aldea y me lo entregó.

—Gracias... —dije con una amable sonrisa.

El shinobi ni siquiera se inmutó para responder.

No abriría el sobre que contenía la información de la misión hasta que mi compañero llegara. Era una simple cuestión de ética.
Douma Kodon
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04-07-2026, 08:31 PM
El ambiente de Kirigakure seguía manteniendo esa pesadez térmica tan típica de la temporada, dejando una humedad en el aire que a cualquiera le resultaría molesta, aunque para Douma ya era algo común. El pelinegro avanzaba con un andar pausado pero firme hacia la Oficina de Misiones, vistiendo sus acostumbradas prendas oscuras: la franela negra de siempre oculta a medias bajo esa chaqueta clara que combinaba con sus pantalones. Sus botas oscuras apenas hacían ruido contra el suelo húmedo de la calle, demostrando que a pesar de su aspecto robusto eran el calzado ideal para moverse con agilidad. No le gustaba perder el tiempo, y menos cuando se trataba de un encargo oficial de la aldea, por muy baja que fuera la categoría.

Al cruzar el umbral del edificio, sus ojos oscuros recorrieron el lugar de forma analítica hasta detenerse en la ventanilla de asignaciones. No fue difícil notar a su compañero de equipo; el sujeto era un hombre enorme, con una presencia imponente que contrastaba bastante con el resto de los shinobis comunes que rondaban el área. Douma arqueó una ceja al notar que el tipo cargaba el sobre de la misión en sus manos pero ni siquiera lo había abierto, manteniéndose estático con una tranquilidad que le pareció curiosa.
Sin perder ningún tipo de tiempo, el pelinegro mantuvo una buena postura y se acercó a paso firme, deteniéndose a una distancia prudente al lado del gigante para cortar el silencio.


– Buenas. Vengo por una misión que se me fue asignada junto a alguien más. No sé si tu eres mi compañero – dijo algo intimidado por el sujeto, cosa se notaba un poco en su voz, aunque trataba de ocultarlo con astucia – Tú eres Douma Kodon ¿no? – la pregunta del encargado fue rápida y concisa, haciendo que nuestro protagonista afirmara con su cabeza – ¡Sí! Él es tu compañero – le diría con algo de positivismo, aunque sin gritar pues estaba alli cerca — El papeleo siempre es lento, pero que bien que ya tienes la misión —soltó Douma con su habitual tono directo pero respetuoso, echándole un breve vistazo de reojo al sobre sellado antes de mirar fijamente al hombre—. Soy Douma Kodon. Un gusto. Tal vez debas abrir el pergamino y ver dónde es,  puede que ya nos estén esperando o algo. Podemos ver de qué trata la misión en camino – diria mientras extendía su mano derecha para así poder estrecharla con la de su compañero. 

A él le fastidiaba profundamente la inacción y el trabajo mal hecho, así que quedarse parado a esperar que las pistas se siguieran borrando por culpa de la burocracia no entraba en sus planes. Estaba listo para ponerse en marcha, ignorando por completo que el "gran problema" que les esperaba involucraba a una anciana armada con una escoba y un pez de colores desaparecido.
Ibuki Inuzuka
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10-07-2026, 03:44 AM
La vida de un asignador de misiones es sencilla. Trabajan burocráticamente en sus escritorios, de manera monótona, y rara vez salen a terreno más que para reponer pergaminos e informar a sus superiores. Se arriesga poco, y por sus manos pasan las desesperanzas de quienes más buscan el consuelo de un ninja o de las personas que los rodean.

Pero… ¿qué se le va a hacer?

En esta historia, una abuelita llamada Shuto tenía un problema: una viejita en medio de una aldea que vivía como podía con su restaurante de mala muerte, pero que atendía con amor. Y aunque intentó por todos los medios ser asistida con urgencia ante la pérdida de su pez, era una mujer de condiciones precarias, incapaz de pagar una cuantiosa recompensa a cambio de un aumento de rango para su misión, por lo que terminó quedando como aquel problema no grave que se le asigna a los recién egresados cuando, literalmente, ya no se requiere a nadie más en ningún lado.

O sea… su solicitud pudo permanecer en el limbo durante meses, e incluso años… y este asignador de misiones, quien fácilmente podía hacer algo para cambiar aquella situación, simplemente la ignoró.

El pergamino con la información de Shuto y sus quejas fue dejado al fondo de una lista bastante extensa de pergaminos por concluir. Y cuando aquel exmonje llegó a recopilar su informe de misión, el oficinista le entregó un pergamino de rango D con una información que, tal vez, no era muy relevante ni importante, pero que podría empezar a molestar a múltiples personas dentro de la aldea y ya era algo que debía atenderse.

El pergamino informativo indicaba una ruta: el sector comercial, donde últimamente habían ocurrido varios reportes de robos. Curiosamente, entre todos esos reportes se encontraba el del pez de la señora Shuto, pero eso es algo de lo que no nos preocupamos. Shuto es solo un bulto dentro de un sistema burocrático; no la necesitamos. Si la señora reclama y reclama, solo le haremos pasar un mal rato a quien la atienda; si el pez muere, no importa, y si aparece, nos adjudicaremos el trabajo.

La ruta era simple: había que patrullar las calles, mostrar la presencia de Kirigakure y cómo dos ninjas “expertos” recorrían la zona, funcionando como una medida de disuasión para evitar que aquel ladrón siguiera rondando por esos lugares.

La zona era el sector comercial, la misma calle donde escribas escribían sus canciones y cantantes callejeros cantaban por una hogaza de pan. Esos barrios donde la anciana Shuto lloraba de rabia por no ser atendida, y donde el tumulto de gente en la hora punta era, a veces, bastante… insoportable.

Por aquel barrio debían explorar.


OFF

Hola, yo tomaré su narración. Necesito que en este turno lleguen al barrio y narren como exploran. Pueden prestarle atención a diferentes detalles, como por ejemplo, buscar sospechosos, hablar con los artistas de las calles, hablar en el local de la anciana, o inventar sucesos. No es relevante, simplemente al menos uno de los dos debe estar en las calles patrullando para cumplir con la misión encomendada, la de rango D.

Esta misión es de rango E, sin embargo, narrativamente, haremos una D en medio de todo esto. Espero nos entretengamos!
[Imagen: 9NUo9td.gif][Imagen: He8J1ft.gif]
Douma Kodon
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14-07-2026, 12:48 AM
Para Douma, las misiones de rango D eran un trámite burocrático necesario, pero no por ello debían tomarse a la ligera. El pergamino entregado era claro en su objetivo: patrullar el sector comercial de Kirigakure para disuadir los robos recientes mediante la simple presencia militar.

El pelinegro avanzó con paso firme y constante por las calles empedradas de la zona.  Los gritos de los comerciantes ofreciendo su mercancía se mezclaban de fondo con los acordes desafinados de algunos músicos callejeros que tocaban a cambio de unas pocas monedas o algo de comer. Para cualquiera, el tumulto resultaría agobiante, pero para Douma solo representaba un mapa de variables que debía analizar.

Manteniendo una postura erguida y una expresión neutral que denotaba su estatus de shinobi en servicio, el joven Kodon comenzó el recorrido sistemático de las avenidas principales. Sus ojos oscuros no se quedaban fijos en un solo punto, escaneaban los callejones estrechos que conectaban con la vía principal, observaban las manos de las personas que se movían entre la multitud y evaluaban el lenguaje corporal de aquellos que permanecían estáticos en las esquinas, buscando cualquier actitud inusual que delatara a un carterista.

Aunque el encargo consistía principalmente en dejarse ver para espantar a los ladrones, Douma prefería ser proactivo. No iba a quedarse de brazos cruzados esperando a que el tiempo pasara. Decidió desviar sutilmente su ruta hacia los locales más pequeños y expuestos de la calle, ahí donde los pequeños comerciantes solían ser las víctimas más fáciles de la delincuencia local debido a su falta de seguridad.

Su patrullaje apenas comenzaba, y cada rincón del ruidoso distrito comercial bajo la niebla de Kiri tenía detalles que valía la pena observar antes de definir el siguiente movimiento.

Fue en medio de ese desvío que se topó con un anciano sentado en el suelo, de espaldas contra la pared húmeda de un local de verduras. Sus ojos nublados y la forma en que movía las manos delataban que era ciego. Al pasar cerca, Douma escuchó cómo el hombre se quejaba en voz baja, lamentándose de que le acababan de robar las pocas monedas que tenía. El pelinegro se detuvo un instante a observarlo, perseguir a un ladrón anónimo en medio de ese mar de gente era tácticamente inútil, pero el anciano, al notar la presencia de alguien frente a él, estiró las manos con desesperación —Por favor... Me han robado todo el dinero que tenía para comer hoy. ¿No tendrás algo que puedas darme? Aunque sea un par de billetes... lo que sea es bueno –.

Douma metió la mano en sus bolsillos, pero no llevaba efectivo y tampoco tenía la más mínima intención de regalar su propio dinero. Sin embargo, traía consigo su libreta de notas de shinobi. Sin dudarlo, arrancó un buen fajo de hojas en blanco, las dobló con cuidado a la mitad para darles una forma rectangular y compacta, y se las puso directamente en las palmas de las manos.

El anciano palpó el fajo de hojas gruesas con sus dedos temblorosos. Al sentir el fajo de papeles recortados y ordenados, su rostro arrugado se iluminó de pura felicidad —¡Oh, bendito seas, muchacho! ¡Es un fajo enorme! ¡Qué generoso eres, que los dioses te acompañen! —exclamó el viejo con lágrimas en los ojos, guardándose el montón de hojas en blanco en el pecho como si fuera el tesoro de su vida —Úsalos bien ¿Sabes algo de los robos de por aquí?—respondió Douma con su tono plano y seco de siempre. No iba a perder tiempo sacándolo de su error, pero si podia saber algo, mejor – He escuchado que es un joven el que anda por ahí robando a todos. Lo último que supe es que era muy delgado – . Douma dio mas gracias. Continuó su camino como si nada hubiera pasado. Probablemente conseguiría más historias, aunque llegó a un floristería donde parecía haber mucha gente reunida, ya vería qué es lo estaba pasando allí.
Ibuki Inuzuka
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16-07-2026, 04:58 PM
Última modificación: 16-07-2026, 05:28 PM por Moderador Sakura.
La mirada vacía de aquel hombre ciego golpeaba la escena con una fuerza inesperada. Sus ojos no veían, pero su expresión parecía guardar un desierto de esperanzas secas: hacía mucho que nadie le había dado lo suficiente para comer. No era solo que le ofrecieran migajas; le habían dado montones de papeles vacíos, promesas sin contenido, folletos que rozaban la burla. Tal vez era obra del destino, tal vez otra cara de la maldad humana: ese altruismo simulador que, con la mejor de las sonrisas, produce un pequeño terremoto en la vida de alguien desvalido. Un efecto mariposa que arrancaba hojas de una vida humilde y que, por ahora, preferíamos no analizar en profundidad.

Douma y Soren patrullaban las calles en las que se hilvanaba esa miseria cotidiana. Iban cubriendo el barrio con la rutina de quienes ya han recorrido ese laberinto de carteles y techos mojados: la moral de un ninja Kodon típico a cargo, que a simple vista ejercía autoridad y caridad, pero cuyas acciones olían a doblez. Engañar a los ciegos, a los que menos podrían defenderse, se les daba con la misma ligereza con la que un joven ladrón, esbelto y veloz, sustraía lo poco que la gente tenía para sobrevivir. Nada de aquello era novedoso en Kirigakure; las calles mismas hablaban de una ciudad que había olvidado cómo cuidar a los suyos.

Entre aromas de teriyaki y fritura se destacaba la figura pequeña y recta de la señora Shuto. Dueña de un local de comida casera, vestía un delantal manchado que contaba historias de jornadas largas y manos curtidas. Su puesto tenía la calidez de lo simple: un olor profundo a pescado y aceite que se pegaba a la ropa y a la memoria. Desde la mañana temprano, repartía volantes de “Se busca” con la ilustración de un pez koi, una criatura que parecía más símbolo de algo perdido que de libertad. La señora Shuto había pegado aquellos carteles por toda la barriada; eran muchas las copias, y sin embargo, pocos los ojos que se detenían a leerlos.

En uno de los puestos ambulantes, un anciano intentaba comprar una brocheta de pescado; el puesto era de mala muerte, atendido por un hombre que vendía frituras en bolsa, sin higiene y sin escrúpulos. La discusión entre comprador y vendedor pronto escaló: no era solo por el precio ni por la pieza de comida, sino por algo más profundo, un roce entre la dignidad y la burla. Si existiera un sistema de sanidad riguroso en la Aldea, aquel puesto no habría pasado ninguna inspección. Y sin embargo, allí estaba, con su aceite rancio y su sonrisa gruesa, enfrentándose sin miramientos a un ciego.

Casi en paralelo, un joven delgado corría cerca de Douma, sostenía una bolsa negra marcada con un signo: una S tachada verticalmente, parecida a un símbolo monetario que en ese mundo no recordábamos ver. Su huida era urgente. Tenía un antifaz que le cubría el rostro y dejaba solo pequeñas aberturas para los ojos; esas rendijas le permitían ver, pero mantenían su identidad resguardada como quien protege una herida. Podía notarse que no era un ladrón común: su andar denotaba práctica, su respiración, prisa. Había algo de misión improvisada en su carrera, como si cada paso pusiera en riesgo más de lo que se llevase.

El anciano, cegado no solo por la penuria sino por la rabia que le producían los engaños, comenzó a lanzar papeles con furia hacia el vendedor ambulante. Los folletos volaron como hojas secas, golpearon rostros, se pegaron en las paredes. El joven en fuga pasó corriendo junto al puesto, y en su desesperación por escapar o por tomar lo que buscaba, tropezó con el ciego. El choque fue abrupto; el joven cayó encima del anciano, que a su vez perdió el equilibrio. De la bolsa negra, y con manos torpes, el fugitivo intentó arrebatar a la fuerza una brocheta de koi frita de la venta, como si con ese trozo de alimento pudiera comprar tiempo.

Lo que nadie esperaba era que, junto a esa bolsa, el joven cargara cientos de panfletos hechos a mano. Había pasado la noche anterior trazando y dibujando aquellos folletos: una letra apresurada, ilustraciones toscas de un pez koi, direcciones y promesas implícitas de recompensa. Estaban pensados para ayudar a la anciana: buscaban atraer miradas, recabar información, despertar una comunidad que parecía dormida. Pero al mirarlos de cerca, la dirección que figuraba no coincidía con la que la señora Shuto había distribuido. Aquella discrepancia abría una nueva capa de duda: ¿intentaba el joven orientar la búsqueda hacia alguna redención real, o hacia un pago fácil y privado?
Douma Kodon
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20-07-2026, 03:38 AM
El caos estalló justo en frente de Douma en una fracción de segundo. El joven delgado y con antifaz, que encajaba perfectamente con la descripción que el anciano le había dado momentos antes, tropezó de forma torpe debido a la lluvia de papeles que el propio viejo ciego lanzaba enfurecido contra el vendedor ambulante.

Al caer sobre el anciano, el fajo de hojas en blanco que Douma le había entregado salió volando junto con los panfletos del pez koi que el ladrón cargaba en su bolsa negra. El suelo húmedo se inundó de papeles idénticos en tamaño y forma rectangular: las hojas en blanco del cuaderno de Douma se mezclaron por completo con los folletos hechos a mano por el fugitivo.

Para el pelinegro, la situación se resolvió con la fría lógica militar de un Kodon. Mientras el joven intentaba arrebatar desesperadamente la brocheta de koi frita para continuar su huida, Douma dio un paso corto al frente. Confiando en sus reflejos y aprovechando que el delincuente estaba atrapado en el suelo bajo el peso de su propio tropiezo, el genin extendió su mano diestra y lo sujetó con firmeza del cuello del abrigo, anulando cualquier intento de escape.

La fuerza del agarre de Douma cortó la iniciativa del muchacho, quien dejó caer la brocheta al fango mientras respiraba agitadamente, sabiéndose atrapado por un shinobi de la aldea —La persecución termina aquí —sentenció Douma con su habitual tono plano y seco, manteniendo al sospechoso inmovilizado contra las piedras mojadas de la calle.

Con la mano libre, Douma recogió uno de los panfletos que el joven había esparcido y pensó rápidamente en que algo estaba mal. Al notar la discrepancia en las direcciones impresas, el Kodon entendió el panorama completo: el joven delgado no era un criminal común buscando enriquecerse, sino que intentaba desviar de manera privada la información del pez koi perdido, probablemente para cobrar una recompensa por su cuenta o dirigir la búsqueda hacia un sector específico fuera del control de la anciana.

El vendedor ambulante del puesto de frituras retrocedió de inmediato al ver la intervención del ninja, guardando silencio, mientras el anciano ciego seguía maldiciendo al aire entre el tumulto de hojas que cubría el suelo, sin percatarse de que el fajo que tanto atesoraba se había perdido en la confusión.

Douma no se detuvo a dar explicaciones ni a mediar en el drama comunitario del distrito comercial. Levantó al joven del suelo, asegurando sus manos, y tomó la bolsa negra con los panfletos restantes como evidencia material del desorden público y los hurtos menores.

Con el sospechoso capturado en flagrancia y el flujo de la avenida comercial restablecido tras el altercado, Douma comenzó el traslado del detenido directamente hacia las oficinas de la guardia de Kirigakure para entregar el informe oficial. Las hojas en blanco de su libreta se quedaron atrás, disolviéndose bajo la niebla constante de la aldea, sirviendo como el catalizador imprevisto que puso fin a la misión de patrullaje de rango D con un éxito rotundo y pragmático.
Ibuki Inuzuka
Rango Chuunin
Clan Inuzuka
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21-07-2026, 08:11 PM
Informe de Disturbios en Kirigakure
Sector Comercial - Calle 7 - Local clandestino
El presente informe, elaborado en base a la información proporcionada por el Activo Shinobi Douma Kodon, detalla los acontecimientos ocurridos durante un patrullaje rutinario en el distrito comercial de Kirigakure.
Durante la ronda fue identificado un sujeto masculino, de complexión delgada, portando un antifaz y una bolsa negra marcada con un símbolo semejante a una "S" atravesada verticalmente. El individuo protagonizó diversos disturbios al verse involucrado en un altercado entre un vendedor ambulante y un anciano con discapacidad visual, situación que culminó con su captura tras intentar darse a la fuga.
Al momento de la detención se recuperó la bolsa del sospechoso, la cual contenía numerosos panfletos ilustrados con la imagen de un pez koi. Tras comparar dicho material con los folletos distribuidos por la comerciante Shuto, se constató que las direcciones impresas eran distintas. El análisis posterior permitió establecer que el imputado pretendía desviar la información relacionada con la búsqueda del pez desaparecido para localizarlo por cuenta propia, cobrar la recompensa ofrecida por la propietaria y posteriormente extorsionarla. Se adjuntan los antecedentes correspondientes en el anexo del caso.
El detenido fue declarado culpable de generar desórdenes públicos, intento de hurto y fraude relacionado con la investigación del pez desaparecido. Como medida inicial, se le impuso una condena de un año de prisión, además de servicio comunitario obligatorio destinado a reparar los daños ocasionados en el sector donde ocurrieron los hechos.
Durante el procedimiento también fue incautada una brocheta elaborada con carne de pez koi. El imputado declaró que dicho alimento no era de su propiedad y que intentó sustraerlo del vendedor ambulante tras recibir información de que este comercializaba ejemplares de esa especie. La declaración dio origen a una investigación paralela.
Las diligencias posteriores determinaron indicios suficientes para vincular al vendedor ambulante con un caso anexo de hurto y comercialización ilegal de animales domésticos y especies protegidas, utilizando un establecimiento clandestino para su faenado y venta. Debido a la gravedad de los antecedentes, el expediente fue derivado a la división ANBU, quienes asumirán la investigación para determinar la existencia de una red organizada dedicada al robo masivo de mascotas en la aldea.
Asimismo, durante la revisión administrativa del caso se constató que el asignador de misiones omitió antecedentes relevantes presentes en informes anteriores, catalogando erróneamente la situación como incidentes aislados de baja prioridad. Considerando la negligencia demostrada y el riesgo que ello representó para la seguridad pública, se resolvió su destitución inmediata de las funciones de asignación de misiones, iniciándose además el correspondiente proceso disciplinario.
Conclusión: Gracias a la rápida intervención de Douma y su equipo fue posible detener al principal responsable de los disturbios, descubrir una investigación criminal de mayor magnitud y reforzar los protocolos de clasificación y seguimiento de misiones dentro de Kirigakure, fortaleciendo así el sistema de seguridad de la aldea.
[Imagen: 9NUo9td.gif][Imagen: He8J1ft.gif]
Masashi Kishimoto
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22-07-2026, 12:21 PM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: El ladrón de peces Koi [misión E con Douma Y Sozen] (TID 13835)
Tipo: Misión Normal · Rango: E
  • Douma Kodon — Participante (100%): 250 Ryos, 2 Tobis, 50 Exp
  • Ibuki Inuzuka — Narrador No Oficial (100%): 250 Ryos, 0 Tobis, 35 Exp, Pergamino PERG001
  • Sōren Mizushima — Participante (20%): 50 Ryos, 0 Tobis, 10 Exp
  • Arako — Narrador No Oficial (20%): 50 Ryos, 0 Tobis, 7 Exp

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
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