22-07-2026, 04:55 AM
El aire dentro de la Armería Central se encuentra cargado con un aroma denso e inconfundible a metal frío, aceite de armas refinado, cuero curtido y trazas de pólvora seca que impregnan cada rincón del vasto almacén subterráneo. A través de las altas ventanas enrejadas situadas bajo el nivel del suelo, los rayos oblicuos de la tarde del día 34 de verano se filtran con pereza, proyectando largos haces de luz donde millares de motas de polvo bailan en suspensión sobre los pasillos flanqueados por estanterías de roble macizo.
Apiladas sobre mesas de trabajo de madera gruesa, se extienden hileras caóticas de equipamiento militar devuelto tras la última patrulla: protectores frontales con abolladuras superficiales, empuñaduras de tanto envueltas en vendas desgastadas, vainas de acero oxidado y rollos de alambre shinobi parcialmente enredados. El sonido metálico de herramientas menores chocando de forma ocasional rompe la quietud del lugar, acompañado por el crujir de las tablas bajo pisadas firmes.
De pie junto a uno de los mostradores principales, un veterano intendente de la armería, con el uniforme reglamentario cubierto por un delantal de cuero grueso y una lupa de aumento sujeta al ojo izquierdo, revisa con fastidio una serie de pergaminos de inventario desordenados. Al percibir la llegada del shinobi a la zona de recepción, el hombre levanta la vista, ajustándose la lupa a la frente, y cruza los brazos con un gesto de severa exigencia.
—Llegas a tiempo —murmura el intendente, su voz rasposa resonando con claridad entre los pasillos metálicos—. Tenemos un desastre logístico sobre las mesas. Las patrullas regresaron anoche de la frontera y dejaron todo este material tirado sin orden ni concierto. Necesito que revises cada pieza con lupa: comprueba que los sellos de seguridad térmicos de los contenedores sellados sigan intactos, separa el equipo funcional del que presenta daños estructurales y catalógalo todo en las bandejas correspondientes sin alterar la disposición del almacén. Aquí no hay margen para distracciones; un sello falso o un error de conteo puede comprometer el abastecimiento de los próximos escuadrones.
El hombre señala con un dedo calloso hacia el primer bloque de pertrechos amontonados, dejando caer de nuevo el peso de la supervisión sobre el espacio de trabajo.
Apiladas sobre mesas de trabajo de madera gruesa, se extienden hileras caóticas de equipamiento militar devuelto tras la última patrulla: protectores frontales con abolladuras superficiales, empuñaduras de tanto envueltas en vendas desgastadas, vainas de acero oxidado y rollos de alambre shinobi parcialmente enredados. El sonido metálico de herramientas menores chocando de forma ocasional rompe la quietud del lugar, acompañado por el crujir de las tablas bajo pisadas firmes.
De pie junto a uno de los mostradores principales, un veterano intendente de la armería, con el uniforme reglamentario cubierto por un delantal de cuero grueso y una lupa de aumento sujeta al ojo izquierdo, revisa con fastidio una serie de pergaminos de inventario desordenados. Al percibir la llegada del shinobi a la zona de recepción, el hombre levanta la vista, ajustándose la lupa a la frente, y cruza los brazos con un gesto de severa exigencia.
—Llegas a tiempo —murmura el intendente, su voz rasposa resonando con claridad entre los pasillos metálicos—. Tenemos un desastre logístico sobre las mesas. Las patrullas regresaron anoche de la frontera y dejaron todo este material tirado sin orden ni concierto. Necesito que revises cada pieza con lupa: comprueba que los sellos de seguridad térmicos de los contenedores sellados sigan intactos, separa el equipo funcional del que presenta daños estructurales y catalógalo todo en las bandejas correspondientes sin alterar la disposición del almacén. Aquí no hay margen para distracciones; un sello falso o un error de conteo puede comprometer el abastecimiento de los próximos escuadrones.
El hombre señala con un dedo calloso hacia el primer bloque de pertrechos amontonados, dejando caer de nuevo el peso de la supervisión sobre el espacio de trabajo.