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(Miision E para su excelecia Beru) Vendedor de armas
Akira Hyuuga
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16-07-2026, 05:42 PM
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Aprobada Aqui







El sol de verano caía a plomo sobre el pequeño pueblo de Katsuragi, convirtiendo el aire en una masa espesa y caliente que apenas se movía. Dentro de la tienda de armas de segunda mano, el ambiente no era mucho mejor; el olor a metal oxidado, aceite de mantenimiento barato y madera vieja impregnaba cada rincón.

Beru se encontraba tras el mostrador de roble carcomido, observando el desorden del lugar. Sus antiguos conocidos, aquellos criminales de Kirigakure que habían decidido colgar su vida de fugitivos para dedicarse al comercio de chatarra bélica, le habían pedido este "favor" con una insistencia que rayaba en la amenaza, o al menos en el recordatorio de deudas pasadas. Ahora, él era el encargado de vigilar el inventario: cientos de kunais mellados, shurikens con el filo desgastado y defensas de acero que probablemente habían visto mejores días en las manos de algún shinobi caído.

La puerta de la tienda estaba abierta de par en par para intentar atraer algo de corriente, pero solo conseguía atraer el polvo y a los clientes ocasionales que buscaban gangas.

Justo fuera del umbral, una cabra de pelaje grisáceo y manchas oscuras, con una expresión de insensatez absoluta en sus ojos, se había detenido. El animal no parecía tener dueño. Se quedó quieta un momento, masticando rítmicamente un trozo de cuerda vieja que había encontrado en la calle, hasta que sus pupilas rectangulares se fijaron en el mostrador. Con un movimiento deliberado, la cabra entró en el local. No mostró miedo ante la presencia de Beru, ni ante las armas que colgaban de las paredes.

Caminó con paso firme hasta el mostrador, deteniéndose justo frente a una pequeña bandeja de exposición que contenía un juego de tres kunais con el mango encintado. La cabra inclinó la cabeza, acercando su hocico a centímetros del metal, mientras sus orejas se movían como si estuviera calculando el peso o la fragilidad del cierre de la vitrina. Dejó de masticar. Un hilo de saliva cayó sobre el cristal, y sus ojos, inusualmente concentrados, no se apartaron de la bandeja de acero. Parecía estar esperando a que Beru, quien se suponía debía estar cuidando aquel inventario, apartara la vista aunque fuera por un segundo.

El calor seguía aumentando. El pueblo estaba extrañamente tranquilo, pero en esa tienda, el peligro no venía de un ataque ninja, sino de la insistente y curiosa mirada de un animal que parecía tener planes muy específicos para el inventario de la tienda.




OFF


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Beru
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18-07-2026, 10:30 PM
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Verano del año 150
Katsugari, País del Fuego

Llevabas ya un tiempo desde que, por decisiones personales, habías decidido abandonar Kirigakure y sus habitantes. ¿Qué era eso de ayudar a los demás? Aquello de aportar a un colectivo que el renegado nunca sintió ni incluido ni interesado en ayudar, aunque fuera por obligación. Eso no era para él, eso no era la esencia de Beru, tampoco quería que lo fuera. De repente, los pensamientos del chico bajaron de las nubes en las cuales estaba y volvió a aterrizar en la situación actual en la que se encontraba. Un calor que en su tierra natal no era habitual inundaba el lugar. La temperatura era tal que el olor del óxido de esas herramientas desgastadas que tenía que cuidar se podía llegar a oler incluso desde la repisa de madera en la cual se encontraba.

-Menos mal que traje la cantimplora, me estoy evaporando- dijiste, viendo cómo aquella parte Hōzuki tuya hacía que emanaras un leve vapor por todo el cuerpo. Lo que para el individuo normal habría sido sudar ante estas temperaturas, para ti implicaba empezar a evaporarse de una forma leve, teniendo que recurrir a hidratarte de forma mucho más seguida para mantenerse en un buen estado. Los clientes curiosos que pasaban a ver aquellas herramientas también notaban aquella peculiaridad del shinobi; algunos curiosos preguntaban, otros solo se quedaban con la duda.

El clima caluroso hacía parecer que el tiempo era eterno; el estar sentado esperando a que vinieran curiosos a comprar, aunque era algo de poco esfuerzo, se volvía agotador por la espera, la cual, en algún momento que no habrías esperado, pensando que sucedería la llegada a la entrada de la tienda, una cabra grisácea, con unas manchas negras que la hacían destacable a otras cabras que había conocido. -¿Cómo habrás llegado aquí?- lo pensaste y, a pesar de que te encontrabas en una localización un poco alejada de la zona central del pueblo, igual le parecía extraño, no parecía haber dueño cerca. Tal vez esa cabra podría ser la próxima cena, aunque, por los rasgos que poseía de una típica cabra alpina lechera, tal vez podría dejarla para productos lácteos. Quién sabe, podría ser más útil.

La mirada profunda que transmitía concentración de aquel chivo, junto con la curiosidad del animal por las armas y su saliva, que ensuciaba algunas herramientas y frascos, llevarían al shinobi a moverse, dejando una estela de vapor por donde caminaba, y agarrar un hilo de metal que se encontraba entre las herramientas e intentar, si es que daba sin algún problema mayor, colocarle el hilo metálico en el cuello y atarla en un poste en la entrada de la tienda.

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un dato interesante ?
Akira Hyuuga
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18-07-2026, 10:54 PM
La cabra grisácea, que hasta ese momento parecía hipnotizada por el acero frío del kunai, sintió el cambio en el ambiente. No fue un sonido, sino una alteración en la pesada y calurosa atmósfera de la tienda, cortesía de la técnica de hidratación del joven Hōzuki.

Giró lentamente su cabeza, interrumpiendo su avance a escasos centímetros de la vitrina. Sus pupilas rectangulares se clavaron en Beru. Ya no había curiosidad golosa en su mirada, sino una repentina fijeza inteligente, casi de cálculo.

El animal dio un paso atrás, abandonando su postura de ataque sobre el mostrador. Inmediatamente, levantó la cabeza y lanzó un balido agudo, lastimero y extrañamente articulado. No sonaba como el balido de un animal asustado, sino como una señal clara y estridente: un grito de auxilio que cortó el aire viciado del verano.

La respuesta fue inmediata.

Apenas un segundo después del lamento de la cabra, un estruendo sordo resonó desde la polvorienta calle, fuera de la tienda. El sonido de pezuñas golpeando la tierra con fuerza rítmica se acercaba a una velocidad alarmante.

La polvareda de la entrada se agitó violentamente. Una mole de pelambre dorado y rizado irrumpió en el umbral de la tienda. Se trataba de un macho cabrío de proporciones descomunales, con unos cuernos curvos y macizos que brillaban con la luz del sol.

El carnero no se detuvo ni un instante a evaluar el inventario. Sus ojos dorados, inyectados en furia, localizaron inmediatamente la fuente de la "amenaza" junto al mostrador. Con un resoplido que lanzó vapor por sus narices —casi emulando la peculiaridad de Beru—, el animal bajó la cabeza, apuntando sus formidables cuernos directamente al pecho del joven shinobi Kirigakure, y comenzó una carga imparable y directa a través del estrecho pasillo de la tienda.

La intención era clara: embestir con fuerza bruta a quien se había atrevido a intimidar a su compañera.

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Beru
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19-07-2026, 08:14 PM
En el momento en que el shinobi renegado intentaría acercarse con el hilo metálico hacia la misteriosa cabra lechera gricásea, la actitud de aquella cabra curiosa y, puede que, un poco altanera por la confianza que tuvo al entrar había cambiado. Sus ojos miraban fijamente a los ojos del Hōzuki, su comportamiento físico incluso había cambiado ya no parecía tan atrevida. Cuando el chico hubiera jurado estar tan cerca del cuello del animal, un balido lastimero, agudo, uno que en parte hacía sentir extraño al shinobi y, por otro lado, un ligero disgusto. Si quería hacer esto de cuidar de forma sencilla una tienda de unos colegas que les estaban cobrando unos antiguos favores, el hecho de la existencia de esta cabra lastimera, extrañamente más consciente que el resto de cabras, se le volvía inevitablemente más complejo de lo que de primeras iba a ser solo cuidar, vender y observar.

-Esta cabra la voy a terminar asando, como siga así- pensaba el psicópata de Beru. Tal vez, para un vegano local, aquellos pensamientos eran dignos de un asesino en serie. De un momento a otro, mientras el ruido del balido se escuchaba incluso hacia afuera de la tienda, lo que provocaba que algún que otro curioso mirara a la distancia la situación, de una manera para nada esperada por el shinobi todo este problema solo iría en aumento. Un macho cabrío, de un momento a otro, aparecería a socorrer a la indefensa cabra lastimera, que estaba, por sus propias decisiones, atrapada con el shinobi. -¿¡Un macho!?- dijo con sorpresa el shinobi. Era blanco y más grande que el promedio de chivos que el Hōzuki había visto.

-Deben de comer muy bien estos animales aquí, no hay de que otra- pensó el genin renegado al verlo tan en forma y dispuesto a defender a su par femenina.
Los ojos dorados del carnero, su pelaje blanco, junto con el vapor que botaba de su hocico, que en cierta forma recordaban de forma muy leve todo el vapor que estaba botando incluso en aquel momento, le darían una intuición de que el animal lo atacaría. Aquella aura que emanaba el chivo era de admirar, pero lo que tenía en su vibra le faltaba en calculador. Cuando el Hōzuki vio cómo aquel animal se abalanzaba hacia él, rápidamente agarraría a la ya cercana cabra lechera victimista para ponerla enfrente de él como escudo animal. Esperaba que el carnero frenara o en el peor de los casos para ellos dos que chocara a su par y de paso posiblemente salir disparado el hozuki hacia atrás.
Akira Hyuuga
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19-07-2026, 09:27 PM
El enorme animal dorado, que apenas un segundo antes era un proyectil viviente de pura fuerza bruta, se detuvo en seco a escasos metros del lugar donde el Hōzuki se había estrellado. Sus pezuñas, capaces de dejar marcas profundas en la madera, se clavaron en el suelo, frenando su ímpetu con una disciplina antinatural.

El carnero no volvió a cargar.

Sus ojos dorados, que antes ardían con una furia cegadora, ahora recorrían la escena con una frialdad analítica. Al ver a su compañera, la cabra grisácea, tan cerca del shinobi —prácticamente en su rango de control—, la bestia cambió su postura defensiva. Su cabeza bajó ligeramente, inclinándose hacia un lado, como si estuviera evaluando las opciones tácticas: la proximidad de la hembra al cuerpo de Beru hacía que una embestida fuera un riesgo demasiado alto para ella.

El animal comenzó a dar pequeños pasos laterales, moviéndose en semicírculo alrededor de los escombros. No era un movimiento errático; era un cálculo preciso. El vapor que emanaba de sus narices se mezclaba en el aire con la niebla que el propio cuerpo de Beru expulsaba, creando una frontera visible entre ambos. El carnero no quitaba la vista de la posición de la cabra grisácea; cada músculo de sus patas traseras estaba tenso, listo para lanzarse, pero su mente —o lo que fuera que impulsaba esa inteligencia superior— le ordenaba esperar.

Estaba midiendo cada detalle: la posición de los brazos del shinobi, la integridad de los escombros a su alrededor y, sobre todo, la seguridad de su compañera. El silencio en la tienda era absoluto, cargado de una presión que hacía que el aire se sintiera más pesado que el calor del verano exterior. El guardián estaba esperando un error, una apertura, o simplemente una señal de qué hacer a continuación.


INFORMACION MUY IMPORTANTE
el carnero es dorado no blanco

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Beru
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22-07-2026, 03:07 AM
Los cálculos del shinobi habían dado el resultado que había estimado. Aquel carnero, inusualmente de color dorado, se detuvo analizando la situación, a lo que el Hōzuki también paró para ver su alrededor. La tienda, aun que no estaba destruida gracias a aquellos animales, había dejado algunos escombros por algunos lados y roto algunas cosas. Era un problema, claro, pero tenía tiempo para ordenar cuando se pudiera encargar de estos dos animales. - Si los mato, dejaría todo un desastre. Además, nada me dice que será fácil. Si lo intento... mmm... - pensaba el genin, analizando la situación, aún sujetándose de la cabra. Hubo un pequeño lapso de segundos en el cual solo hubo silencio dentro de la sala, y solo se lograba escuchar el ruido distante de los otros habitantes de la aldea. - Carnero, hagamos las paces. Llevaré a la cabra afuera y te irás con ella, y haremos como que nada sucedió. ¿Te parece? - le dijiste, esperando que un animal con un aura ciertamente mística pudiera comprender lo dicho y las acciones no verbales.

Con cierta delicadeza, Beru intentaría llevar con cuidado a la cabra lechera alpina a la salida junto al chivo. Quería pensar que los dos animales estaban conscientes de que ni él ni ellos terminaban ganando si aquello seguía. Probablemente morirían si continuaban, pero el costo era alto para el genin, la limpieza de la tienda y, después, ver qué hacer con el cuerpo de dos animales desangrándose en el piso era algo que no tenía una utilidad para los objetivos actuales. Si todo salía acorde a lo que el genin esperaba, aquella tienda, llena de humedad por el vapor del chico y del chivo, además de algunos objetos rotos que había dejado todo el movimiento, tendría que empezar a ordenarla. Para eso era que estaba ahí: mantener todo en orden. No era cuidador de un rebaño de cabras; al menos hoy no lo debía de ser.

Por suerte para el renegado, recién el sol llegaba al mediodía. Tendría tiempo de sobra. Después de todo, sabía que aquellos colegas llegarían en la noche. No sabía con mucho detalle adónde iban o para qué iban, pero no era un tema en el cual se tuviera que estar entrometiendo. Ahora solo quería poder tener los ryos por el trabajo y, si fuera posible, descansar. Descansar de la forma más merecida posible, bebiendo algún trago. Era como el agua de su cantimplora, pero divertida. Aun que no era un consumidor habitual, cuando sentía que se merecía un relajo, sabía darse sus buenos gustos. Incluso, quién sabe, tal vez invitaría a aquellos antiguos colegas a pasar el rato. Nunca era tarde para recordar el pasado, para anhelar un mejor futuro.
Akira Hyuuga
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22-07-2026, 03:37 AM
El eco de la propuesta de Beru quedó suspendido en el aire cargado de vapor y olor a metal oxidado. El carnero dorado mantuvo su postura rígida un instante más, con los músculos todavía tensos y la mirada fija en el shinobi. Sin embargo, ante el tono pragmático del joven y el movimiento cuidadoso con el que comenzó a guiar a la cabra hacia la salida, algo pareció cambiar en la atmósfera.

Las orejas del enorme carnero rotaron hacia adelante, captando el razonamiento detrás de las acciones del Hōzuki. Ya no había hostilidad en el ambiente, sino un mutuo reconocimiento de que continuar con la trifulca no traería ningún beneficio práctico. El animal resopló una última vez, exhalando una ligera nube de vapor que se disipó rápidamente en el calor del mediodía, y con una lentitud deliberada, aflojó la tensión de sus cuartos traseros. Dio un paso lateral, abriendo el camino hacia el umbral de la tienda.

A su lado, la cabra grisácea, que aún se encontraba bajo el alcance del shinobi, dejó de forcejear por completo. Sus ojos de pupilas horizontales ya no mostraban aquella chispa de desafío o malevolencia; en su lugar, emitieron un suave balido corto, casi como si aceptara los términos del acuerdo comercial y territorial propuesto por el renegado.

Con la misma calma con la que había iniciado el altercado, la pareja de animales comenzó a retroceder de manera sincronizada hacia la salida, guiados por la dirección que Beru les indicaba. Atravesaron el marco de la puerta destrozada, pisando con cuidado sobre los restos de madera y cristal, hasta posicionarse en la polvorienta calle del pueblo. Una vez afuera, el carnero dorado le dedicó una última mirada cargada de una extraña dignidad antes de dar media vuelta, flanqueado por su compañera, y perderse con paso firme entre las callejuelas del pueblo de Katsuragi, alejándose de la tienda de armas de segunda mano como si un pacto silencioso hubiera sido sellado entre ellos.

El silencio volvió a instalarse en el local, solo roto por el murmullo lejano de los aldeanos que continuaban con su rutina diaria. Beru se quedó solo entre los escombros, con el sol del mediodía iluminando la destrucción temporal que tendría que solucionar antes del anochecer. Las horas por delante eran largas, pero al menos el problema con los guardianes del paso había terminado sin mayores complicaciones.



[Imagen: 8lVFXhO.png]
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Masashi Kishimoto
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23-07-2026, 12:12 AM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: (Miision E para su excelecia Beru) Vendedor de armas (TID 14030)
Tipo: Misión Normal · Rango: E
  • Akira Hyuuga — Narrador Oficial (100%): 500 Ryos, 0 Tobis, 35 Exp, Pergamino PERG001
  • Beru — Participante (100%): 250 Ryos, 2 Tobis, 50 Exp

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
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