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  ›   [Común] La hora del té [Akira Hyuuga]
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La hora del té [Akira Hyuuga]
Ran Kurai
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18-07-2026, 05:02 PM
Última modificación: 18-07-2026, 05:03 PM por Ran Kurai.
Ciertamente, lo único que de verdad quería hacer la chica en esos precisos instantes, era simple y sencillamente desaparecer de ese inmenso y lujoso salón, ubicado al interior del enorme y magnífico palacete perteneciente a su familia por vía paterna. Sus ojos, tan azules cómo los de su severo progenitor, ese mismo al cual la joven tanto deseaba agradar, en vez de estar posados hacia el frente, en dirección hacia donde se encontraban los demás invitados a esa rimbombante reunión social, personas a la cuales al fin y al cabo aún cuando ella misma los conocía desde siempre, al ser éstas miembros de la alta élite nobiliaria de Konoha, jamás había de verdad relacionado con ellos de manera amena y cordial, sino que todo absolutamente lo contrario, estaban extremadamente fijados hacia la taza de té prácticamente intacta. ¿Cómo la joven podría sentirse a gusto en todo ese asfixiante y tóxico ambiente, al menos para ella, si esas mismas personas sólo se habían comportado con ella de una manera tan, pero tan desagradable, de una manera tan, pero tan despectiva, que ya a estas alturas para la muchacha estar compartiendo con éstas era un auténtico suplicio? Estando la joven plenamente consciente de que si ella se iba de esa reunión y ya, algo que realmente deseaba hacer puesto que sentía que no podía seguir soportando esa tan tensa situación, pues sólo conseguiría que su padre la mirara con más rechazo que antes, ella tuvo que limitarse, a resignarse, a seguir estando sentada en aquel mismo puesto. 

Sin embargo, todo parecía indicar que la reunión no se acabaría pronto, y que hasta era más, esta misma se alargaría por mucho, pero por mucho tiempo más, a juzgar por el ritmo de conversación que estaban sosteniendo todos los presentes en aquella habitación, lo que sólo hizo que el ritmo cardíaco de la muchacha, ya latiera apresurado de por sí, no hiciera más que seguir aumentando más, más y más según los segundos que transcurrían. ¿Llegaría tal vez el día en el que la muchacha lograría efectivamente sentirse a gusto dentro de la corte de nobles de la Aldea Oculta de la Hoja, o bien era que ya todo estaba perdido para su persona…? ¿Que no importara cuánto se esmerara, el resultado siempre sería el mismo? Todavía en un absoluto silencio, sintiendo la chica que si emitía palabra alguna pues todo sólo iría en picada para ella, fue cuando para su gran sorpresa, una de las mujeres que estaba sentada relativamente cerca de su puesto, le dirigió la palabra… a lo cual la joven por primera vez en todo ese rato alzó su mirada de su taza de té, sólo para posarlo de manera prudente y cuidadosa, siempre manteniendo en todo momento  esa frialdad y gelidez tan propias de su persona, sobre la persona que le estaba hablando. —Y, Ran, querida… ¿Ya has pensado cuándo te casarás?—preguntó la mujer sin rodeo alguno, a lo cual la mirada de la chica se ensanchó en extremo. ¿Cómo podrían esos aristócratas comprender las reales ambiciones que ella tenía de vida? 

¿Cómo hacerles encender a todos ellos, que la chica creía de manera casi ciega que si conseguía ser una gran shinobi, pues sería aceptada tanto por vía Kurai cómo por vía Uchiha? —Ella ni siquiera me ha dado el gusto en eso—pero para gran asombro de la chica, ella no alcanzó a decir vocablo alguno, en vista que su padre fue quien intervino—.¿Podrás creer, Mitzutki, que a ella le ha dado con ser genin?—siguió hablando el mismísimo Hiretsu Kurai  a la mujer que le había dicho esas cosas a la joven, utilizando en el acto un tono de voz que si bien parecía coloquial, se notaba a leguas que era de molestia, cómo si él rechazara de lleno la decisión de que su única hija, y por ende heredera había tomado, a lo cual la muchacha no pudo evitar sentirse de lo más miserable. ¿Era que nunca podría ser suficiente….? ¿Era que nunca ese hombre quedaría complacido de las acciones de la propia Ran? Entonces aunque la charla entre el aristócrata y la mujer de nombre Mitsuki siguió, la muchacha de largos cabellos azabaches fue total y absolutamente incapaz de seguirle el hilo, estando ella demasiado estancada en lo dicho por su propio padre, eso de que ni siquiera le había dado el gusto en eso. Sin darle su mente descanso alguno, un pensamiento otro, otro y tras otro se comenzaron a agolpar con tal perturbación, que ya la chica no pudo seguir aguantando todo esa situación. ¿Había tal vez  un real escape urgente para ella?

Ya entonces cuando aún ninguno de los invitados se había levantado de la mesa, llegó el momento, el instante en el que la joven no pudo más. No sólo estaba en que se mente le hacía malas jugadas con todos esos reiterativos pensamientos, sino que también estaba el hecho de que ella sabía, de verdad que sabía que todavía su padre con esa tal Mitzuki  seguían charlando acerca de ella. ¿O esto último era parte de su paranoia…? Sea como sea, y ya no pudiendo la chica aguantar más, la joven se levantó bruscamente de su asiento, y sin ser ni siquiera capaz de dar excusa alguna, ante la extrañada mirada de todos los comensales, ella acto seguido salió de ese salón… siendo tal vez lo más frustrante para la joven, que nadie quiso retenerla. ¿Tan insignificante era para ellos? Caminando a buenas a primeras sin rumbo alguno, sólo guiándose por su instinto y sus impulsos, cómo no lo hacía para nada usualmente, sus pasos la llevaron finalmente al barrio comercial de la Aldea, y sintiendo la boca seca, fue que al caminar unos cuantos metros ella se encontró directamente con el salón de té. No dudando ni siquiera un solo segundo, a la vez que todavía su cabeza seguía repitiendo lo sucedido en el palacete Kurai, la chica ingresó al salón, descubriendo que ya todas las mesas estaban tomadas. —¿Puedo sentarme aquí también?—le dijo fríamente a un joven que se le hizo familiar de la Academia… por ningún motivo deseaba regresar a su casa paterna. 
Akira Hyuuga
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18-07-2026, 06:34 PM
Akira había buscado refugio en el salón de té cuando el día empezaba a pesar, encontrando en el aroma amargo del matcha un respiro necesario. Sentado en una mesa apartada, su haori de color crema, con las tres magatamas oscuras bordadas en el dobladillo, caía con elegancia sobre el conjunto de kimono y pantalones granates que vestía. Su cabello, recogido en un topknot impecable, dejaba al descubierto una expresión de calma forzada, mientras sus dedos rodeaban la cerámica caliente de su taza. 

A su lado, Makey, que hasta ese momento parecía desinteresado por el resto de los parroquianos, reaccionó al instante cuando la chica se acercó a la mesa.
El gato, abandonando su postura relajada, giró la cabeza con una lentitud deliberada, centrando toda su atención en la recién llegada. Lo inquietante no fue el movimiento, sino su mirada: un ojo azul celeste y otro de un violeta profundo y casi hipnótico se clavaron en la muchacha, escrutándola como si estuviera diseccionando sus intenciones, sus secretos y la pesada aura de nobleza que arrastraba consigo. Era un análisis silencioso, una evaluación que Akira conocía bien; pocas veces Makey se tomaba la molestia de mirar a alguien con tal nivel de detenimiento.

Akira, que no había pasado por alto el cambio de actitud de su compañero, arqueó una ceja y dejó la taza sobre la madera con un golpe seco.

—El asiento está libre —dijo Akira, su voz carente de calidez pero directa—. Aunque no estoy seguro de si este lugar es el más indicado para alguien que, parece que acaba de huir. Makey parece creer que tienes algo interesante que ocultar, o quizás solo está juzgando tu linaje. Si buscas silencio, o simplemente un lugar donde ser invisible por un rato, has llegado al sitio correcto. 

—Siéntate, pero no esperes que hable de política—.dijo con un claro tono de broma, a la par que servia te del servicio frente a el para la compañera de gremio, su cara le sonaba pero no lograba ubicar claramente el nombre—Me llamo Akira Hyuuga.—sentencio si nada mas, dejando que las palabras murieran en el murmullo que era el tipo de silencio del local.

Extraño, pensó Akira, observando cómo Makey seguía sin apartar sus ojos bicolores de ella. Maky rara vez pierde el tiempo con los extraños. Algo en la chica había captado la atención del animal, un destello de genuino conflicto interno que, bajo la mirada penetrante de los ojos azul y violeta de Makey, parecía imposible de disimular. Akira se reclinó en su silla y sorbio su te segun la etequeta.
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Ran Kurai
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20-07-2026, 09:30 PM
¿Acaso era tanto el afán de la muchacha, que hasta había cometido el atrevimiento de haberse dirigido a alguien con quien no tenía ningún tipo de relación cercana, por evitar juntarse una vez más con esos rancios nobles de la Aldea, los cuales lo único que hacían con ella era humillarla cada vez más, más y más, casi cómo si estos mismos experimentaran una especie de gozo al hacerlo? La respuesta, la verdad de las cosas, era bastante clara, bastante simple; ahora mismo, lo único que realmente necesitaba la chica era alejarse de una buena vez por todas de ese tan asfixiante y denso ambiente, el mismo que sólo producía en la joven misma tanta angustia, tanta amargura, tanto desazón. Siendo así, y sintiéndose la joven total y absolutamente fuera de lugar, y cómo no si ella misma usualmente actuaba con tanta seriedad, con tanta frialdad, hablándole por ningún motivo a personas que ella no conociera con anterioridad, fue que acto seguido los gélidos y sombríos ojos de la muchacha en vez de seguir posados sobre ese joven al cual cómo se había dicho antes no conocía de forma profunda, se fijaron con curiosidad en el gato que estaba ubicado al lado de ese mismo chico. Y sí, aunque era más que cierto que la joven no tenía mucho contacto con animales, eso no fue impedimento como para que la joven le correspondiera la mirada al felino. ¿Era sólo su imaginación, o que ese animal parecía analizarla tal cual como ella analizaba a los otros?

Sabiendo en lo más profundo de su ser que fiarse de su siempre productiva, y en ocasiones contraproducente y hasta cierto punto tramposa imaginación pues no la llevaría a buen puerto,  cosa que le pasaba sobre todo cuando ella misma asistía a esa patéticas reuniones sociales  en su hogar paterno, la familia de los Kurai, en donde su ya mencionada imaginación no hacía más que tener pensamientos paranoicos, pensamientos obsesivos que sólo entorpecían la comunicación que ella establecía con los otros, la chica después de unos eternos par de fracciones de segundo, en los cuales mantuvo curiosamente contacto visual con aquel gato en todo momento, se resolvió a sentarse en ese mismo puesto del cual ella misma había preguntado si estaba libre o no. ¿Desde cuando que un gato despertaba tanto su intriga, casi desplazando al que ella suponía que era su dueño en el acto? Sintiendo ahora  entonces inevitablemente cómo las miradas de todos los presentes de aquel preciso salón se posaban intensa y fijamente sobre su escueta y poco dotada figura,  algo de lo más usual en ella tomando en cuenta su paranoico y perseguido carácter, la muchacha fijó y enfocó toda su atención en el chico que estaba sentado con ella esa misma mesa. —Gracias por dejarme sentarme aquí—fue la primera respuesta que la chica le dio al otro genin, sonando seca, seria, cortante… casi, sólo casi maleducada. —¿Cómo es que ese gato puede sospechar tanto…?—pensó seguidamente Ran, al mismo tiempo que de un instante a otro su corazón volvía a latir muy fuertemente. 

Y es que sí, sí y otra vez sí… cuando ese chico le dijo a ella que su gato, llamado Makey, tenía la sospecha de que ella efectivamente tenía algo interesante que ocultar, no sólo hizo que su pulso creciera de una enorme forma, sino que a la vez nuevamente muchos pensamientos llenos de paranoia, se instalaran fija y obsesivamente en su alterada mente. Que de alguna manera ese muchacho sabía todo de ella, que de alguna forma él ya podía intuir con suma claridad todos esos mismos problemas que tanto le aquejaban a su persona y que, por sobre todas las cosas, hasta de alguna forma él ya hasta era capaz de adivinar lo que estaba pasando en su cabeza. ¿Acaso existía alguna posibilidad, por remota que fuera, que la muchacha consiguiera regular, controlar, domar todos esos tan poco bien recibidos pensamientos…? —Yo no tengo nada que ocultar—le respondió ella a él acto seguido, y si bien su voz sonaba prácticamente igual que antes, o sea fría, cortante y por qué no decirlo, hasta segura de sí misma y un tanto pesada, un tanto desagradable, aún cuando esto no fuese  una real intención por parte de la joven, lo cierto era que interiormente hablando la muchacha estaba viviendo una revolución a nivel mental— Y créame que lo que tengo menos ganas de hablar ese de política—añadió a continuación, siguiéndole así el hilo de la conversación a ese muchacho. ¿Acaso ella podía fiarse de él, cuando le dijo que había encontrado el lugar propicio para el silencio?

¿Acaso de verdad que la chica había dado con el sitio adecuado como para ser invisible un rato, tal cual como el joven se lo había literalmente mencionado? Siendo la muchacha totalmente sincera a ese chico cuando le dijo que no deseaba por ningún motivo hablar de política, y cómo no si después de todo precisamente su clan por vía paterna participaba de manera activa en la política de Konoha, en vista que eran parte de la nobleza y la aristocracia de la aldea, siendo ese tema de conversación más que presente en todas esas terribles reuniones sociales, fue cuando el muchacho al fin se presentó ante ella, no siendo para nada sorpresa su apellido, tomando en cuenta los ojos del joven . Pero la chica no reaccionó de la manera más óptima, más lógica a sus palabras… no, la chica sólo pudo pensar en que ese tal Akira Hyuuga, si confirmaba su apellido, deseaba exponerla, deseaba jugarle una trama, aún cuando ni siquiera la propia kunoichi sabía qué tipo de trampa podría ser esa. ¿Tanta era su paranoia? ¿Tantas eran sus obsesiones? —Mi nombre es Ran—soltó la chica después de un silencio fugaz, decidiendo así ella sólo decir su nombre de pila a secas, sin añadir el apellido de su padre, el apellido que le correspondía. Dicho esto último, la joven dejó de mirar directo a los ojos a ese joven, sólo para mirar directamente a ese gato. ¿Cómo podía ser posible que un animal, simple a primera vista, tuviera tanta capacidad de intuir lo que era verdad…? 
Akira Hyuuga
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20-07-2026, 11:44 PM
El ánimo de Akira era el de un gato que solo planeaba retozar en una tarde tranquila, sin más ambiciones que beber su té amargo y perderse en sus pensamientos en compañía de su felino. No tenía planeado lidiar con nadie más, pero cuando una pequeña polilla revoloteó cerca de la mesa y la chica pronunció su nombre, la monotonía se rompió. Si el destino le ponía una distracción enfrente, ¿por qué no divertirse un poco?

Al escucharla, sus dedos detuvieron el compás sobre la cerámica y Akira posó con suavidad la taza de té matcha en la mesa, reparando de inmediato en que ella ni siquiera había probado el suyo. Con la yema del índice, comenzó a trazar distraídamente sobre la madera pulida los trazos invisibles de lo que acababa de oír.

—Ran —murmuró, mientras su dedo delineaba formas en el aire y la superficie—. Dependiendo de cómo se escriba, puede ser 乱, que significa caos, rebelión o turbulencia... o bien 蘭, que se traduce como orquídea. —Alzó la vista, con sus ojos completamente blancos fijos en ella, y arqueó una ceja con genuina curiosidad—.Dígame, ¿cuál de los dos se le ajusta más a usted?

A pocos centímetros de ahí, un suave zumbido interrumpió el ambiente. Makey, cuyas orejas habían rotado con agudeza, fijó sus ojos bicolores —el azul celeste y el violeta profundo— en la polilla que danzaba errática cerca de un jarrón. El felino estiró una pata con parsimonia, tanteando la madera mientras el aleteo del insecto capturaba cada gramo de su interés.

Akira desvió la mirada un instante hacia el animal antes de volver a centrarse en su improvisada compañera, con la misma calma distante que lo caracterizaba.

—En el mundo shinobi, y en el mundo en general, la información es una moneda demasiado valiosa como para andar criticando modales de salón —comentó con neutralidad, restándole importancia a que ella hubiera omitido su apellido y las presentaciones formales—. Así que no voy a juzgar su falta de etiqueta al negarme el nombre de su Clan. Ya me imagino que de donde viene la obligan a memorizar protocolos estúpidos sobre quién debe decir qué y a quién.

Makey dio un lento paso al frente, bajando el cuerpo casi hasta fundirse con la mesa, con la mirada clavada incansablemente en la frágil criatura alada que revoloteaba sin sospechar el peligro. Las pupilas del gato se dilataron, concentrando toda su voluntad y tensión en un solo objetivo. Akira, observando a Ran con esa misma mezcla de paciencia felina y silenciosa intriga, mantuvo el compás: el felino agazapado con toda su atención puesta en la presa, en una estampa idéntica a la del propio Akira, que la contemplaba con calculada fascinación, esperando a ver qué movimiento daría ella a continuación.
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Ran Kurai
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22-07-2026, 07:53 PM
Todavía con su pulso cardíaco afectado, más que nada porque ella sentía que a ciencia cierta era, sin duda alguna, el foco de atención de todos los que estaban bebiendo el té en se salón, fue que acto seguido la chica hizo todo lo que estuvo, y no estuvo en sus manos, como para hacer lo posible por regular su actual estado emocional. La joven lo sabía a la perfección, si seguía permitiendo que sus nervios, su ansiedad, su paranoia se siguieran manifestando en su persona de esa manera tan libre, tan permisiva, pues con toda probabilidad no sólo se delataría a sí misma, ya que el muchacho que tenía a su frente no parecía nada tonto, sino que al mismo tiempo hasta podría correr el peligro de que la obligaran a regresar al palacete de su familia paterna, algo que ella por ningún motivo permitiría que pasara. Y es que sí, la joven tenía bastante claro en su cabeza que si ella misma regresaba ahora mismo a su ‘hogar’, que la realidad para ella era más una construcción en la cual vivía y ya,  pues correría el riesgo de encontrarse una vez más con esa pomposa reunión social, que con toda seguridad los miembros de esta, sólo seguirán tratándola con ese desdén, con esa condescendencia, con esos aires de superioridad, como si ellos fueran mejor que ella sólo por la sencilla razón, de que la chica no era el varón que todos esperaban que fuera. ¿Acaso existía una posibilidad, de que todo pudiera cambiar…?

¿De que, algún día, todos los miembros de la familia de los Kurai la miraran de buena manera, como si la chica fuese sí, digan de estos? ¿O era más bien que la joven estaba poniendo muy en alto a todo ese noble clan, al desear de una manera más que fervorosa, ser finalmente aceptada por todos sus integrantes? No teniendo la muchacha una respuesta clara ante todos esos cuestionamientos, fue que se esmeró en colocar toda su atención ese chico perteneciente al clan shinobi de los Hyuuga, sabiendo a la perfección que si ella misma sólo colocaba su foco en él y en nadie más, pues no sólo podría obviar a cabalidad a esos ruidosos pensamientos en su obsesiva mente, que le decía a través de horrible siseos que todos ahí sabían lo que estaba pasando en su interior, sino que a la vez hasta en una de esas ella hasta podría olvidar, al menos aunque fuera un breve instante, todo ese mal rato que había pasado con todos esos tan pedantes aristócratas, al punto de disfrutar en perfecta calma una humeante taza de té. ¿O era acaso mucho pedir? —Creo que me representa  mejor la definición de caos, rebelión o turbulencia—le dijo la chica primeramente al otro genin, parpadeando un par de veces, siendo ella misma  total y absolutamente sincera al decirle esto último. ¿Cómo su nombre podría significa algo tan bello y tan delicado cómo una orquídea, si ella sentía que, al fin y al cabo era una joven fría, amargada, parca y hasta gélida?

¿O acaso era que sus padres sí efectivamente, habían querido darle un nombre a ella que tuviera cómo significado algo bonito,, como si realmente sintieran una genuino afecto por su única hija? —Cómo si eso fuese posible—pensó fugazmente la muchacha, y es que ella creía saber que ni su padre, ni su madre, la querían de verdad. ¿Era que la shinobi estaba siendo tal vez demasiado injusta y hasta un poco cruel con sus progenitores, al pensar todas esas cosas acerca de éstos? No dándose entonces cuenta para nada la joven que gradual y muy lentamente ella estaba dejando de sentir que todos la observaban fijamente a su propia persona, seguidamente Ran se limitó a seguir oyendo a ese muchacho, alterando su mirada, la cual aún conservaba todo se brutal estoicismo en su azulados ojos, entre este mismo y su gato. —No fue mi intención ser maleducada con usted, Hyuuga-san—fue lo que a continuación ella le contestó a él, utilizando aún ese mismo lejano, serio y también al mismo tiempo lleno de una increíble amargor tono de voz… ¿Qué diría su tan severa y poca amorosa institutriz que la había criado desde que era pequeña, ya que su madre estaba demasiado ebria cómo para hacerlo, si se enterara de que ella había cometido tan desliz de mala educación con ese desconocido  —, pero usted comprenderá que no puedo entregar información así de valiosa a cualquiera—añadió seguidamente, no dejando de ejercer contacto visual con ese joven en ningún instante, sólo para después mirar por un breve momento a su gato.  

A ese mismo animal que tanta curiosidad había despertado en la chica. ¿Podía ser acaso posible que ese felino se diera cuenta, se percatara de manera eficaz de todos esos molestos y ruidosos pensamientos que todavía  vagaban estorbosamente en su cabeza? —Por favor, señorita, una taza de té de jazmín para mí—pidió seguidamente la joven, de una manera extremadamente educada, propia de una muchacha de rango y estatus social, tan pronto como cuando en el campo visual de esta misma, se cruzó una de las tantas dependientes de aquel salón, a la vez que intentaba convencerse a sí misma que ese gato no tenía ninguna relevancia para ella. Ya que no, ya la chica tenía más que suficiente con pensar en que era el centro de atención de todos y de todas, cómo para añadir otro factor de estrés a su actual estado emocional. —¿Y usted asiste con mucha frecuencia a este tipo de lugares?—fue lo que ella le siguió diciendo al otro genin, no abandonando en ningún motivo ese tono frío, serio, apagado… casi como si ella no experimentara emociones fuertes, emociones que podrían desequilibrarla de manera interna, cosa que no era más que contraria a la actual situación de la joven. ¿No que su ya mencionada institutriz le había educado de esa manera tan adoctrinada, como para que la chica pudiera ser capaz de esconder, camuflar, ocultar lo que le pasaba genuinamente? Y pensando que si ella establecía una charla con ese desconocido pues podría evitar regresar al palacete, ella lo miró muy intensamente   
Akira Hyuuga
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27-07-2026, 04:27 AM
El eco de la respuesta de la muchacha resonó levemente en la mente de Akira, suspendido entre el amargo regusto del té matcha y la quietud tensa que parecía seguir a cada uno de los movimientos de su inesperada compañera. Caos, rebelión o turbulencia. Una elección de definición que encajaba de manera casi quirúrgica con la tormenta invisible que ella misma se esforzaba tanto por ocultar bajo esa fachada de gélida altivez.

Akira no apartó de inmediato la mirada de los ojos azules de Ran. Había algo fascinante en la forma en que la chica intentaba erigir murallas invisibles alrededor de su persona, un muro de formalidades rígidas y distanciamiento emocional que recordaba demasiado a las dinámicas opresivas de los clanes principales de la aldea. Para un miembro de la rama principal de los Hyuuga, acostumbrado al peso asfixiante de las expectativas dinásticas, el linaje, la pureza del Byakugan y las reglas no escritas que dictaban cada respiro dentro del recinto familiar, la actitud defensiva de la muchacha no era un misterio indescifrable; era un reflejo especular.

A su lado, Makey emitió un parpadeo lento y deliberado. El felino, cuyas orejas se sacudieron sutilmente al desvanecerse la polilla que un segundo antes acaparaba toda su atención cazadora, giró de nuevo su cabeza con esa gracia felina tan característica. Sus ojos bicolores —aquel contraste tan perturbador entre el azul celeste y el violeta profundo— se posaron de nuevo en la joven justo en el momento en que esta última pedía su infusión de jazmin. Era como si el animal supiera exactamente qué hilos tocar en la frágil paciencia de la muchacha, un recordatorio viviente de que en presencia de ambos, los secretos de careta social valían bien poco.

—No tiene por qué disculparse por la desconfianza, Ran —respondió Akira finalmente, su voz manteniendo ese tono plano, desprovisto de falsa amabilidad pero cargado de una pragmática franqueza—. En este mundo, caminar por la vida regalando información o mostrando vulnerabilidad suele ser el camino más rápido hacia la ruina. Si su entorno la ha obligado a desarrollar esa armadura de hielo, no seré yo quien le reproche que mantenga la guardia en alto. Después de todo, los salones de la alta alcurnia de Konoha rara vez crían personas despreocupadas; más bien se especializan en fabricar prisioneros de sus propios apellidos.

El joven Hyuuga levantó de nuevo la taza de cerámica con elegancia, sopesando el peso del líquido verde oscuro antes de dar un sorbo medido. Sus dedos, largos y firmes, contrastaban con la suavidad del dobladillo de su haori crema, adornado con las tres magatamas oscuras que identificaban sutilmente su procedencia.

—En cuanto a su pregunta —continuó Akira, retomando el hilo de la charla con una tranquilidad pasmosa que parecía desafiar la agitación interna de su compañera—, no diría que vengo aquí con una frecuencia milimétrica, pero sí lo reconozco como uno de los pocos lugares en esta aldea donde el aire no huele a hipocresía institucional. Aquí nadie te pregunta por tu rango, por tus antepasados, ni por las metas ridículas que los ancianos de turno han trazado para tu futuro. El té es amargo, el silencio está permitido, y si uno prefiere quedarse callado mirando la madera de la mesa en lugar de participar en conversaciones vacías, nadie te mira con lástima ni con desprecio. Es un buen sitio para volverse invisible, tal como le dije antes. Si eso era lo que buscaba al huir de donde sea que viniera, ha elegido el lugar correcto.

La llegada de la dependiente del local, que con paso diligente y una breve reverencia depositó la humeante taza de té de jazmín frente a Ran, rompió momentáneamente el flujo de la conversación. El aroma dulce y floral de la infusión comenzó a mezclarse con el ambiente cargado de la tarde, creando una sutil barrera aromática contra el mundo exterior. Akira observó de reojo cómo la muchacha intentaba mantener la compostura, exigiendo su bebida con una pulcritud que delataba sus orígenes aristocráticos, incluso mientras su corazón —lo supo por la forma en que la tensión de sus hombros apenas disminuía— seguía latiendo a un ritmo acelerado.

El muchacho dejó la taza sobre la mesa con un leve chasquido seco contra la madera, decidiendo dar un paso más en esa extraña tregua silenciosa que se había formado entre ambos. No pretendía jugar al terapeuta ni le interesaba inmiscuirse en los dramas familiares de los Kurai, pero la absoluta soledad compartida tenía sus propias leyes.

—Puede relajarse, ¿sabe? —añadió Akira, inclinándose ligeramente hacia adelante, apoyando los codos en la mesa mientras sus ojos totalmente blancos, carentes de las venas abultadas de la activación del Byakugan pero igual de penetrantes, se fijaban en ella con una curiosidad genuina—. Makey no va a delatarla con nadie, y yo tengo cero interés en los cotilleos de la nobleza. Si decidió cambiar los banquetes y los discursos de etiqueta por una taza de jazmín en una mesa compartida con un desconocido y un gato de mirada extraña, supongo que el peso que llevaba encima ya era demasiado grande como para seguir cargándolo sola. Así que, a menos que prefiera pasar el resto de la tarde fingiendo que no le importa el temblor en sus propias manos, puede simplemente beber su té y dejar que el mundo exterior siga girando sin nosotros.

Makey, como si respondiera a las palabras de su dueño, estiró perezosamente sus patas delanteras sobre el borde de la mesa, emitiendo un ronroneo bajo y gutural que vibraba apenas en el aire. La atmósfera alrededor de la mesa se tornó densa, no por la incomodidad de antes, sino por una extraña clase de entendimiento tácito. Dos realidades distintas, ambas atadas a las cadenas invisibles de sus respectivos clanes, encontrando un fugaz refugio en el rincón más apartado de un salón de té en el corazón de Konoha. Akira se mantuvo a la expectativa, observando cada microgestión en el rostro de la chica, esperando a ver si el hielo de su fachada terminaría por quebrarse definitivamente o si decidiría levantar un nuevo muro para proteger lo poco que le quedaba de orgullo.
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